{"id":9864,"date":"2023-12-09T11:18:32","date_gmt":"2023-12-09T11:18:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9864"},"modified":"2023-12-09T11:45:20","modified_gmt":"2023-12-09T11:45:20","slug":"notas-distraidas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/notas-distraidas\/","title":{"rendered":"Notas distra\u00eddas"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">C\u00e9sar Seco<\/h4>\n\n\n\n<p>2<\/p>\n\n\n\n<p>Puede parecernos la vida, como dec\u00eda Lezama, \u00abuna fiesta innombrable\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 belleza! Si no supi\u00e9ramos con Vallejo que \u00abhay golpes en la vida tan fuertes\u00bb. O como cre\u00eda alguien de quien no recuerdo el nombre: \u00abun bosque de espinos\u00bb, pero la sonrisa agradecida de un hijo nos puede de s\u00fabito embalsamar el alma. O, como a Borges, \u00abun jard\u00edn de senderos que bifurcan\u00bb cuando elegimos perdernos en el m\u00e1s absurdo de los laberintos, nos distrae la soberbia con la que se disfraza la ignorancia, la estupidez. Hay quienes se aferran a la vida con el trillo: \u00abcomo vaya viniendo vamos yendo\u00bb. Puedo decir creo tener conciencia de la m\u00eda, lo cual suena arrogante; pero lo fuera ciertamente si dijese: \u00abtengo control de ella\u00bb, en verdad nadie lo tiene, s\u00f3lo Dios. Aun cuando se ostente de poder y riqueza material: vanitas vanitatum est. Lo puse en un verso de El Viaje de los Argonautas: \u00abVivi\u00f3 como quiso y lo que quiso fue lo que vivi\u00f3\u00bb. Con su fulgor y ceniza, con todo su oro y su nada, la vida no es s\u00f3lo esta apariencia que nos basta y en la que nos sumergimos cada segundo, d\u00eda a d\u00eda; busqu\u00e9mosla antes en ese \u00abno s\u00e9 qu\u00e9 que queda balbuciendo\u00bb, con esa manera tan suya que ten\u00eda Juan de Y\u00e9pez de nombrar el misterio, y la vida, vivirla, lo es. No todo lo que est\u00e1 servido en la mesa es f\u00e1cil de digerir.<\/p>\n\n\n\n<p>17<\/p>\n\n\n\n<p>Nos asfixian h\u00e1bitos y costumbres. La monoton\u00eda de los deberes nos aprieta el cuello. La exigencia de las responsabilidades nos conmina a ser verdaderos y hay que salir a cumplir gran parte de estas en la calle, porque como afirma la voz popular \u00abbarco parado no gana flete\u00bb. El agridulce sabor de la vida nos prueba el paladar a diario. La calle, con toda su crudeza, nos acerca a la nariz la bomba de ox\u00edgeno: la voluntad. Nietzsche bien lo ped\u00eda. Es all\u00ed donde la realidad deja de espejear y hasta nos va gustando montarnos con ella sobre el cotidiano ring de las inevitables tomas de decisiones, hacerlo por sobre golpes, ca\u00eddas y levantamientos. Es all\u00ed donde la vida te habla de otra manera que los esc\u00e9pticos no aceptan. El calor que vino con la mano que estrechaste en la esquina te habl\u00f3 de manera m\u00e1s cierta, m\u00e1s real, de la tensi\u00f3n que en ese momento, en ese instante, se desplazaba por calles y avenidas. La mirada que te neg\u00f3 el saludo y esa otra que lo hizo obvio en demas\u00eda, te dijeron ambas la verdad que aplazabas y que ahora tienes que aceptar para no falsearte. La casa que derribaron en esta cuadra y la que restauraron en aquella otra, esto y, el edificio que levantaron donde estuvo el parque te cuentan otra historia, distinta \u00e9sta a la que ayer la radio redujo a noticia y el comercio a valla publicitaria. La biblioteca convertida en abandono y ruina, inevitable es que agregue al paisaje una fea mueca que te desalienta. Pero tambi\u00e9n, c\u00f3mo explic\u00e1rtelo, ese arbol donde te demoraste unos minutos, donde te detuviste por algo de aire y s\u00f3lo humo obtuviste. \u00bfTe habl\u00f3 ese \u00e1rbol como un buen padre lo hace con su hijo?: -Ya vendr\u00e1 el hacha, mientras tanto seguir\u00e9 aqu\u00ed, de pie, siendo el guardi\u00e1n de tu sombra-. Y es entonces cuando sospechas que as\u00ed es c\u00f3mo la vida pasa del mundanal ruido, incluso, de tu propio silencio, de esa intimidad muda, a ser revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>LA LUNA TRAE AGUA<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00edan as\u00ed nuestros mayores cuando el reflejo lunar se ve\u00eda borroso en la alta oscuridad del cielo nocturno, haciendo referencia a cuando la lluvia viene en camino o est\u00e1 por llegar. La ciencia reconoce la enorme influencia del ciclo lunar sobre la actividad humana en la Tierra; as\u00ed como en la funci\u00f3n metaf\u00edsica y cosmol\u00f3gica que tiene como s\u00edmbolo. Antes, cuando nuestros viejos hac\u00edan menci\u00f3n a que \u00abla luna trae agua\u00bb, la mayor posibilidad era que acertaran. Hoy d\u00eda, debido al cambio clim\u00e1tico, puede ser un simple espejismo, una ilusi\u00f3n, un deseo o una extrema necesidad en los pueblos con sed, como en el que vivo. En su estudio \u00abUna nueva filosof\u00eda de la Luna\u00bb, Mircea Eliade, se adentra de manera rigurosa en el tema de la influencia lunar, comienza por referir la inclinaci\u00f3n de los antiguos a medir el tiempo mediante el paso de la Luna, cito: \u00abEn las lenguas indogerm\u00e1nicas, la palabra que designa a la &lt;&lt;luna&gt;&gt; es la m\u00e1s antigua de todas las palabras del vocabulario astral. La ra\u00edz&nbsp; &#8216;me&#8217;, que en s\u00e1nscrito se ha transformado en &#8216;mami&#8217;, \u00abyo mido\u00bb, demuestra una vez m\u00e1s que la luna sirve para medir el orden del tiempo\u00bb. Advierte Eliade que \u00ablos ejemplos se pueden multiplicar indefinidamente\u00bb; pero a su vez se\u00f1ala que la influencia lunar sobre la conciencia humana ha de buscarse m\u00e1s all\u00e1 de esto, en su decir, \u00abdebe buscarse en otra parte\u00bb. De manera firme expresa que esta b\u00fasqueda es sobre todo en el hecho de que ha servido de unidad de medida, o m\u00e1s, \u00abexactamente, de &#8216;puente&#8217; entre varios niveles de la realidad\u00bb. El sabio rumano enfatiza en que en el nivel de comprensi\u00f3n que el hombre ha hecho de su relaci\u00f3n con el astro, no queda por fuera su reflexi\u00f3n puramente intuitiva, sostenida \u00e9sta a trav\u00e9s&nbsp; de distintas \u00e9pocas, y afirma Eliade que apunta a un Todo, \u00abpero no a un Todo abstracto, adquirido dialecticamente, sino un Todo vivo, dram\u00e1tico, r\u00edtmico\u00bb. Llevado de su mano desciendo a m\u00ed propia reflexi\u00f3n mirando desde un ala del techo de mi casa la redondez lunar como borrada en el pizarr\u00f3n del cielo. Ella, la que \u00abcrece, decrece y desaparece\u00bb. En su car\u00e1cter simbol\u00f3gico, la Luna puede representar un obolo, un ojo entre el mundo de abajo y el mundo de arriba, o un hoyo en la piel estelar que incide en la psiquis o en la actividad neuronal del hombre. Yo desde mi condici\u00f3n de epil\u00e9ptico puedo dar fe de esto como una verdad m\u00e1s que intuitiva: cuando hay luna llena es como si se acelerase el choque neuronal que desata la convulsi\u00f3n. Dejo de mirar el astro y vuelvo a Eliade, no sin recordar, como si las estuviese viendo, a las l\u00edneas de Nazca. Me detengo en est\u00e1 parte del estudio: \u00abCiertos s\u00edmbolos, como por ejemplo la espiral, tienen vast\u00edsimas significaciones, pero su origen est\u00e1 siempre en alg\u00fan parecido con la luna. La espiral, que se remonta hasta el Paleol\u00edtico, encuentra la justificaci\u00f3n de su valor astral-simb\u00f3lico en la analog\u00eda del caracol y la luna (como el caracol, la luna aparece y desaparece, sale y retrocede) o del caracol y la vulva (elemento lunar)\u00bb. Luz, agua, ca\u00edda, fecundaci\u00f3n, las circundantes l\u00edneas de la espiral al que los antepasados originarios hubieron de dar nombre. En lo alto, al subir, las nubes se dispersan. Veo fuera y dentro de m\u00ed el c\u00edrculo lunar viajar al amanecer. Lo veo cojuntar noche y d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>EL LIBRO HABLANDO DESDE EL ANAQUEL<\/p>\n\n\n\n<p>El art\u00edculo de Vernon Lee sobre <em>El esp\u00edritu del libro<\/em>, publicado por Casa del Orco como una \u00absugerencia para m\u00ed\u00bb me ha sido de buen provecho, tanto como la suculenta sopa de pata de pollo que Argelia me sirvi\u00f3 unos minutos antes de entrar en cuenta de esto. S\u00ed, como un viaje horizontal y vertical a la vez a trav\u00e9s de m\u00ed, observ\u00e1ndolos en su aparente quietud. Quiero decir, luego estuve un rato frente a los libros que a\u00fan me acompa\u00f1an. Ya he dicho en otra nota que son apenas los muy pocos que se quedaron conmigo luego de separarme, de dejar algunos en lo que fuera la Casa de la Poes\u00eda en Coro y los que he ido poniendo en mano de mis amigos, sobre todo los m\u00e1s j\u00f3venes. Pero no estaba ah\u00ed frente a mi biblioteca para arrojarles el hueso de la nostalgia o la tristeza. Si algo he tenido en la vida es desprendimiento, me dije al instante. Eso s\u00ed, no sin hacerme esta pregunta: \u00bfcu\u00e1ntas veces he intentado dar un orden personal a este peque\u00f1o universo de lomos, t\u00edtulos, car\u00e1tulas, p\u00e1ginas. Respiro. El tiempo me da la respuesta a solas y la retengo como una pel\u00edcula con sus escenas repartidas cada vez de manera distinta. Conozco y me reconozco en c\u00f3mo los fui adquiriendo, c\u00f3mo fueron pasando de mi a los anaqueles de madera. Cada d\u00eda, la atm\u00f3sfera, los seres a mi lado, pocos, ninguno o s\u00f3lo el dependiente de la librer\u00eda, del stand, cuando fue&nbsp; en una feria o evento similar; o sencillamente la mirada de extrema necesidad cuando me puso por delante a uno con su venta de libros usados. Di privilegio siempre a la poes\u00eda en ese orden por sobre la literatura, la filosof\u00eda o el arte, que confieso es lo que me ha interesado. Los poemas le\u00eddos vienen a reunirse en mi de solo detenerme part\u00edculas de segundos en los t\u00edtulos y sus autores. Sean en ediciones de tapa dura o en r\u00fastica, es lo que le\u00edste, me digo, lo que est\u00e1 en ti, de verdad que hay tambi\u00e9n una porci\u00f3n de olvido, lo que no pudo alumbrarte o llamar tu atenci\u00f3n. Imagino los subrayados que dan cuenta de donde me asombr\u00e9, donde me intern\u00e9 hasta los tu\u00e9tanos o la interrogaci\u00f3n que me trajo de vuelta a la duda, o en verdad, la p\u00e1gina limpia donde me deleit\u00e9 como si tuviera por delante el espejo, empa\u00f1ado o no, de mi existencia. Con la llegada del internet y la proliferaci\u00f3n de las ediciones digitales los libros en f\u00edsico se han vuelto objetos de museo. Mientras pueda dialogar con ellos estar\u00e1n conmigo, cercanos a mi cama y a m\u00ed sill\u00f3n de tapizado barroco. Pienso ya a qui\u00e9n dejarlos. No quiero para ellos un futuro acto p\u00fablico de donaci\u00f3n. Ellos, los libros, me piden silencio y he osado hablar. Cada ma\u00f1ana les miro y s\u00e9 que siempre tendr\u00e1n algo nuevo que ofrecerme.<\/p>\n\n\n\n<p>PESADILLA<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien me pregunta a distancia: \u00bfpor qu\u00e9 escribes ensayos? Enseguida lo siento como un disparo aunque sea con pistolita de agua. S\u00f3lo puede moverlo a hacerme esa pregunta una entrevista velada, me digo, o la intenci\u00f3n que pueden tener algunos escritores cercanos para apartar a un lado el espejo de la escritura y darse de chapuz\u00f3n en la m\u00e9dula de uno y ver hasta qu\u00e9 grado no eres un ciclista pedaleando en el agua. Uno se los agradece cuando llega aqu\u00ed, pues entiendes que s\u00f3lo te est\u00e1n pidiendo la respuesta m\u00e1s sencilla, por lo que voy y le respondo: -Porque a m\u00ed lo mejor de toda esta, a veces sufriente y a veces placentera cuesti\u00f3n, es que se escribe con toda libertad, como la poes\u00eda que hago y la que es de mi gusto, creo, o bien, la que a la vez que me eleva, me saca del caracol de mi yo. \u00bfQu\u00e9 cu\u00e1ndo comenc\u00e9 a escribirlos? Ni yo mismo me acuerdo. Ahora, no s\u00e9 si respondo tu pregunta. Recuerdo que los primeros que yo mismo me reconoc\u00ed pasables eran uno sobre mi atropellada, pero cautivante lectura de Novalis y otro sobre algo que no se s\u00ed volver\u00e9 a vivir y que romp\u00ed en sus cinco hojas para no dejar que la literatura se saliera con la suya. \u00bfQu\u00e9 si no creo que paso con mucha facilidad de un g\u00e9nero a otro? Poes\u00eda, al menos la que creo vivir y escribir. Y viene y riposta \u00e9l en menos de lo que salta un gallo: la poes\u00eda puede no tener nada que ver con la autobiograf\u00eda. Cierto, le digo sin \u00e1nimo de ofenderlo, te hablo de la poes\u00eda como existencia y algo de esto est\u00e1 en m\u00ed cuando escribo ensayos, pues no soy cr\u00edtico, aunque respete la cr\u00edtica, que puede ser una confortable, humillante o terrible ocupaci\u00f3n que muchos detestan, pero de la que desear\u00edan al menos unas dos cuartillas para ellos. \u00bfMe perd\u00ed? Creo que no, a\u00fan pedaleo por el medio de la carretera. No escribo cr\u00edtica porque no tengo la formaci\u00f3n profesional, tengo lecturas; por ello no obedezco a ning\u00fan sistema cr\u00edtico, ni soy devocionario imitador de un estilo o autor, devastador de la obra de uno o promotor a las alturas editoriales de otro. -\u00bfCreo mi viejo que usted se qued\u00f3 en la vieja guardia?-, me lo dice en tono de pregunta para guardar las distancias. Me r\u00edo de este lado del tel\u00e9fono y le digo: -Pero chico, si has podido decirme como les dice Bola\u00f1o en Los detectives salvajes: poeta f\u00f3sil-. Mi encuestador tambi\u00e9n se ech\u00f3 a re\u00edr, pero luego de unos instantes, me conmin\u00f3 a ponerme serio, que lo respetara, que no era ignorante, que sab\u00eda bien de lo que yo estaba hablando, que era Doctor en Letras y Filosof\u00eda. Entonces supe que no me hab\u00eda entendido, que s\u00f3lo pasaba a la defensiva. Est\u00e1bamos a punto de ser dos samurais en Los M\u00e9danos de Coro. Pero la noche se hizo larga como si estuviera a punto de arrojar un grito que nunca lleg\u00f3. Y me despert\u00e9. S\u00f3lo antes de tomarme el caf\u00e9 supe que mi entrevistador era una joven amiga.<\/p>\n\n\n\n<p>FUMANDO LIBROS<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy volviendo a leer novelas entre los pocos libros que a\u00fan conservo en mi habitaci\u00f3n. Me lo digo ahora teniendo presente que d\u00edas atr\u00e1s recordaba a Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n que el poeta Gregorio Mel\u00e9ndez llevaba siempre en el bolsillo de su camisa o pantal\u00f3n \u00abLos dientes de Raquel\u00bb o \u00abPiedra de mar\u00bb de Pancho Massiani. Gabriel a su vez me trajo a cuando estuvimos en su velorio, el poco de muchachos entre hijos y nietos que dej\u00f3 nuestro amigo y un libro in\u00e9dito cuyo t\u00edtulo llamaba su atenci\u00f3n: \u00abPeor es nada\u00bb. Tuve con Gregorio un trato divergente en gustos art\u00edsticos y apreciaciones literarias, pero muy afectivo y de querencia en cuanto a la amistad y la poes\u00eda que nos uni\u00f3 desde que j\u00f3venes a\u00fan rond\u00e1bamos entre bares y talleres literarios del Coro de los a\u00f1os 80&#8217;s. Apunto: \u00e9ramos aspirantes a poetas, pero lo que m\u00e1s le\u00edamos eran novelas. Gregorio se burlaba de m\u00ed y me dec\u00eda alienado porque yo, cuando hablaba, que no era todos los d\u00edas, era para referirme c\u00f3mo la estaba pasando entre las p\u00e1ginas de un Mann, un Musil, un Camus o un Durrell. \u00c9l lo apreciaba como una pedanter\u00eda que \u00able sacaba la piedra\u00bb y como una falta de lealtad con los autores nuestros. Cuando esto suced\u00eda, tragos de por medio o algo de \u00abtalco\u00bb en la u\u00f1a, yo insist\u00eda en hacerle ver que todo ven\u00eda, su aptitud me refiero, porque yo no hablaba de esos dos libros que \u00e9l llevaba consigo como las dos cajas de cigarrillos Astor rojo que se fumaba en el d\u00eda. Hoy estoy seguro de algo: Gregorio, fue un poeta \u00fanico y escribi\u00f3 durante lo que dur\u00f3 su vida la poes\u00eda que siempre quiso escribir, en cambio yo hice lo contrario, he podido seguir el hilo que me tendieron mis primeros intentos, pero siempre he seguido adelante sin volver a mirar para atr\u00e1s. Aunque siempre fue el mismo poeta, Gregorio no se repiti\u00f3 nunca, desde \u00abMarle y otras insinuaciones\u00bb hasta \u00abCoro en concierto\u00bb. De alguna manera esta relectura de novelas que he emprendido ahora, significativas para m\u00ed ayer y significativas hoy, me devuelven a Gregorio esper\u00e1ndome en el Bar El Arrierro, saliera yo de la Biblioteca P\u00fablica donde laboraba. \u00cdbamos a discutir como sol\u00eda ocurrir, pero en el fondo, qu\u00e9 bien la pas\u00e1bamos fum\u00e1ndonos unos cuantos libros y dejando una sola p\u00e1gina para los amores y desdichas que ya ten\u00edamos por compa\u00f1\u00eda y que a \u00e9l ya lo hab\u00edan arrojado a un intento de suicidio ingiriendo desinfectante Diablo Rojo, y a m\u00ed a asumirme como un loco m\u00e1s de calle para el que no hab\u00eda distingo entre la noche y el d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>PARA DECIR A RIMBAUD<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo siempre a tu palabra como el primer d\u00eda en que mis sentidos fueron atra\u00eddos por ella y siempre es distinto el instante de apertura de tu voz, como lo es ahora: \u00ab\u00a1Bueno! Lo que ocurre es que mi esp\u00edritu, absolutamente, quiere hacerse cargo de todos los crueles desarrollos que ha soportado el esp\u00edritu desde el fin de Oriente\u00bb. Debemos seguir desde ac\u00e1, de donde nos dejaste con la promesa que por el esp\u00edritu se va a Dios. Te escribo desde una soleada tierra donde la memoria prevalece al olvido. El tuyo es un caso de precocidad y talento art\u00edstico fulgurante: \u00abDesde hace mucho tiempo presum\u00eda de conocer todos los paisajes posibles y encontraba rid\u00edculas las celebridades de la pintura moderna\u00bb. Alquimia del verbo. Comenzamos a reconocernos en este espacio escritural. En letra deb\u00edamos ponerte antes que burbuja de humo desaparecieras por el callej\u00f3n de las nuevas afinidades. Como inevitable fue que ocurriera en otra edad, despu\u00e9s de la adolescencia, adelante, ya sin ti, nuevamente solo con lo que en verdad era: nadie. Conmigo el libro donde te escuch\u00e9 por primera vez: \u00abEn otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era un fest\u00edn en el que se abr\u00edan todos los corazones y en el que se derramaban todos los vinos\u00bb. Esa edad posterior dobla contigo en una esquina y tambi\u00e9n desaparece. Salto y repliegue ante tu llama. Te comprendemos mejor ahora teniendo presente nuestro arroj\u00f3 que ante el tuyo palidece como el de la vieja fotograf\u00eda que nos hace volver a trozos de una carta hace tanto ya. Quer\u00edamos saber de intensidades y s\u00f3lo supimos enmudecer. \u00bfCu\u00e1nto de lo que nos lastima no es dolor sino vac\u00edo? Cegado por tu resplandor anotaba con cautela lo que tu palabra cual espejo me devolv\u00eda tal una hoja en blanco, siempre. El silencio, ese tuyo, se me impuso. Imposible salir ileso de tu verbo. Y no obstante, otros lo hicieron al cambiar el jeans por la gabardina. Despu\u00e9s de todo, ayer y hoy, puedo leerte en esos otros aunque te esquiven como \u00abla enfermedad infantil del rimbaudianismo en la poes\u00eda\u00bb; s\u00f3lo que, pareciera volverse en este instante un sue\u00f1o ocurriendo en una pel\u00edcula: so\u00f1ar al c\u00ednico poeta que fuiste injuriando la Belleza sentada en tus rodillas. S\u00ed, fuiste aqu\u00e9l que despu\u00e9s de \u00abfijar v\u00e9rtigos\u00bb termin\u00f3 \u00abencontrando sagrado el desorden de su esp\u00edritu\u00bb. Cernuda, al imaginarte en la habitaci\u00f3n que ocupaste en Londres junto a Verlaine, vio dos p\u00e1jaros y una sola noche. Cada poeta reescribe tu obra, volviendo una y otra vez sobre tu Adios. Abrir y cerrar la p\u00e1gina de tu inmanente legado. Ten\u00edas que apostarlo todo en favor de un arte verbal ind\u00f3mito y en ese entonces desconocido. Lizcano lo razona as\u00ed: \u00abCabr\u00eda preguntarse si tomando otra v\u00eda hubiera podido escribir los maravillosos poemas suyos\u00bb. Y mucho mejor lo hace otro poeta nuestro, Silva Estrada: \u00ab\u00c9l, amo del silencio, supo encontrar una lengua y propiciar el tremendo silencio para una nueva era\u00bb. Contigo el poeta aprendi\u00f3 a negarse a s\u00ed mismo, pod\u00eda renunciar al fasto de la divinidad. Esa es la otra edad a la que nos trajiste. Estas palabras son tan s\u00f3lo un d\u00e9bito. Adi\u00f3s.<\/p>\n\n\n\n<p>SEIN UND ZEIT<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como algunos no les gusta la frase de Pessoa: \u00abEl poeta es un fingidor\u00bb, que no me disgusta porque no me la tomo literal. Me gusta la de Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez: \u00abLo mejor de la poes\u00eda es la amistad de los poetas\u00bb. A\u00fan en la enemistad causada por la perniciosa enfermedad del ego o por la disputa de una dama, lo que se recuerda son los buenos momentos vividos junto a vates a los que nos uni\u00f3 no s\u00f3lo una placentera amistad sino la libertad que nos dimos de caminar por la calle contraria a la que el resto toma. Lo que no logran lecturas desafines ni tragos distintos, separarnos pueden dos condenas civiles: el matrimonio y la pol\u00edtica. Somos en la materia tangible del tiempo y estamos expuestos a todo, al \u00e9xito o al fracaso, sea por entrega o rechazo a lo impuesto. Vulnerables como cualquiera, nada tienen que ver los poetas de hoy con los de la antig\u00fcedad, ni siquiera con los del siglo pasado. Nada que ver los de la plaza con los del auditorio aunque ahora coincidan en ferias o festivales. Al poeta se le tilda de vago o perezoso as\u00ed de clases de 8am. a 6pm. si es profesor, o taller a una hora convenida si labora en una casa de cultura y la noche la dediqu\u00e9 a su pareja (si la tiene), a una barra de bar o a espabilarse frente a la pantalla del computador pulsando en el teclado las cuatro o cinco im\u00e1genes que sobrevivieron a su pueril cotidianidad (el orden de los actos puede que si altere el resultado). Son tantos los recuerdos junto a poetas amigos (o que lo fueron) que a veces desempolvo del caj\u00f3n de la memoria uno o m\u00e1s de uno y lo traigo al ahora que estoy viviendo. Como aquella vez en un hotel de Barcelona un grupo de invitados esper\u00e1bamos el alojamiento, pero el que presid\u00eda la organizaci\u00f3n no aparec\u00eda y el protocolo no tomaba una decisi\u00f3n, por lo que a unos les sirvi\u00f3 como una excitaci\u00f3n previa a ahogar los bostezos trago a trago, campaneando vaso o botella como se dice, y abrir la puerta de la iron\u00eda acerca del susodicho que parec\u00eda haber sido borrado del libreto. Otros, algo cansados por el viaje, nos recostamos en los amplios muebles del lobby y se nos ocurri\u00f3 para lo mismo hacer juego de palabras con t\u00edtulos c\u00e9lebres, como La Habana para un difunto elefante, y chistes a partir de los nombres y apellidos de los presentes (incluyendo el m\u00edo). Cuando por f\u00edn apareci\u00f3 T., lo hizo como toda una Do\u00f1a bajando las escaleras, vestido con una curiosa franelilla de fisicoculturista y con un casi ni\u00f1o por escolta portando un neceser, por lo que B. hizo suya la posibilidad del desquite por todos zafando de su risita de perrito pequines su habla maracucha el inmenso verso de Lezama: -Ay que t\u00fa escapeis en el instante\/ en que habiais alcanzado tu definici\u00f3n mejor.\/Ay m\u00ed amiga-. T. hizo &#8216;malos ojos&#8217; a B., s\u00f3lo que no ripost\u00f3&nbsp; cuando vio aquella cantidad de vates a mand\u00edbula batiente al un\u00edsono. Esto para quienes creen que los poetas son unos tipos fastidiosos que s\u00f3lo viven metidos de pie a cabeza en los libros o emborronando papeles de lo que aspiran sean sus Obras Completas. En verdad, poetas los hay de toda variedad y a m\u00ed no me disgusta. T. es funcionario de rango mayor y B., ya en el otro \u00e1mbito, rechaz\u00f3 el Premio Nacional de Literatura porque as\u00ed lo hab\u00eda adelantado en un poema y porque para los aut\u00e9nticos poetas la \u00e9tica \u00abni se compra ni se vende\u00bb, aunque \u00abel cari\u00f1o siga siendo verdadero\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00c1MPARA ESCRITA<\/p>\n\n\n\n<p>Mi poes\u00eda est\u00e1 llena de carencias formales, ausente de lujos verbales, tropieza sucesivamente con accidentes gramaticales. Su lirismo, su escaso lirismo, es otro y, a veces lo deja en evidencia entre versos, en los inicios o en los cierres. Puede que no carezca de una ret\u00f3rica, pero en todo caso es una ret\u00f3rica muy \u00edntima. Recurrente en sus elementos, en las cosas que dice o registra su habla y que, a su vez, me busca como sujeto por todas partes, como busco yo al otro que levantar\u00e1 la l\u00e1mpara escrita delante de sus ojos. La noche, como en la realidad, viaja a la claridad del d\u00eda; o en la imaginaci\u00f3n su oscuridad se deshace en tan s\u00f3lo una palabra. El d\u00eda da vueltas por la casa que es la voz cuando mis pasos se detienen en una letra o se siguen y van escuchando un resto que, breve o largo, se desliza por mi o\u00eddo, tal la llama de luz desprendida del silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>HOY<\/p>\n\n\n\n<p>El poema es el instante, su prolongaci\u00f3n va de quien lo escribe a quien lo lee. Cuando se da cumple con aquello que Andr\u00e9 Bret\u00f3n dec\u00eda y acabo de o\u00edr en la voz de una poeta: \u00abLa poes\u00eda es lo \u00fanico que tiene futuro\u00bb. Ahora, el poeta s\u00f3lo tiene seguro a la entrada del poema que est\u00e1 dando un paso. No sabe si este paso lo llevar\u00e1 a ma\u00f1ana, sabe s\u00ed que no es ayer aunque la memoria siembre sus semillas en el agua del ahora, de ese ya inconcluso que lo tiene de pie o sentado: delante de una hoja o trozo de papel, asomado a la pantalla de la table o cazando las hormigas\/letras en las teclas del m\u00f3vil, en casa o en la calle, tratando con las palabras que llegan de la p\u00e1gina de su mudez y que las va dejando caer como lluvia, con tormenta o no. Es como dar pasos en varias direcciones para solo llegar a una. El poema traza su propia ruta por m\u00e1s que el poeta se arme de lucidez o dej\u00e9 fluir todo ardid propio de la lengua en que se expresa o de lugar a toda rigidez gramatical, importante, pero no definitoria. Siempre hay hablas paralelas y paraleerlas que aparecen como caminantes al lado mientras el poema se detenga o avance. La emoci\u00f3n puede salir a saludarte, pero otra cosa es que te derrames todo en sus brazos. Puede abrirse incluso una puerta en el recorrido o puede cerrarse otra y tendr\u00e1 que consentir para que sirven las ventanas. Ciertamente, cada l\u00ednea es un paso, pero al momento que el poema se va dando no todos los pasos son en l\u00ednea recta. Ya lo dijo otro con mayor sabidur\u00eda: \u00abHoy no es ayer, y ma\u00f1ana no es todav\u00eda\u00bb. La relectura ya es venir por otra calle a esta donde estuviste sin saber c\u00f3mo llegaste. La correcci\u00f3n sea la tachadura o el borr\u00f3n, la sustituci\u00f3n o el suprimir en la pantalla, ya no la digital sino la del sentido, es comenzar de nuevo y a su vez estar terminando. Paso a paso.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cesar-seco\/\" target=\"_blank\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Foto: cuenta de Facebook personal del autor.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00e9sar Seco 2 Puede parecernos la vida, como dec\u00eda Lezama, \u00abuna fiesta innombrable\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 belleza! Si no supi\u00e9ramos con Vallejo que \u00abhay golpes en la vida tan fuertes\u00bb. O como cre\u00eda alguien de quien no recuerdo el nombre: \u00abun bosque de espinos\u00bb, pero la sonrisa agradecida de un hijo nos puede de s\u00fabito embalsamar el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":9870,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9864"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9864"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9864\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9880,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9864\/revisions\/9880"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9870"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9864"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9864"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9864"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}