{"id":9853,"date":"2023-12-08T22:18:18","date_gmt":"2023-12-08T22:18:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9853"},"modified":"2023-12-26T21:36:40","modified_gmt":"2023-12-26T21:36:40","slug":"cuentos-rubi-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-rubi-guerra\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Rubi Guerra"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Otros mares<\/h4>\n\n\n\n<p>En abril o mayo, al comienzo de las lluvias, nos enteramos de que hab\u00edan matado a un vecino Guardia Nacional en un enfrentamiento con un grupo guerrillero que, minutos antes, hab\u00eda asaltado un banco en El Tigre. La Guardia Nacional ten\u00eda su cuartel en la entrada del Campo Petrolero, aunque la tropa y sus familiares viv\u00edan en las mismas casas que las familias obreras. Recuerdo a dos de estas familias, instaladas en viviendas cercanas a la nuestra con apenas una o dos semanas de diferencia: los Casalta y los Rodr\u00edguez. Apenas una pared com\u00fan las separaba y una cerca de alambre hac\u00eda de difuso l\u00edmite. Creo que nunca se hab\u00eda visto en nuestro pueblo mayor exhibici\u00f3n de antipat\u00eda mutua que la que se vio entre estas dos familias. Ambas eran numerosas, con profusi\u00f3n de ni\u00f1os, ni\u00f1as, t\u00edos, primos y primas, abuelos y abuelas, y en las frecuentes trifulcas originadas en los juegos infantiles interven\u00edan todos con gritos, insultos, bofetadas y cosas peores. Recuerdo a la abuela de los Rodr\u00edguez partir una botella y d\u00e1rsela a su nieto de ocho a\u00f1os para zanjar una discusi\u00f3n con uno de los Casalta de la misma edad -con ese Casalta tuve luego mi primera y \u00fanica pelea a pu\u00f1etazos-. Unos y otros eran groseros, escandalosos, sucios y se dedicaban al pillaje y a los peque\u00f1os hurtos, sobre todo de macetas con flores y plantas decorativas que al parecer eran demasiado perezosos para cultivar por s\u00ed mismos. Sin embargo, al Guardia Nacional muerto no lo conoc\u00eda en absoluto, por lo que concluyo que deb\u00eda ser un hombre discreto y decente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto se supo que un guerrillero herido se hab\u00eda escondido en los alrededores del pueblo, o quiz\u00e1s en el pueblo mismo. Las cocinas y los porches se llenaron de susurros y miradas recelosas, y aunque no pod\u00eda ser consciente de ello en toda su dimensi\u00f3n, conoc\u00ed por primera vez el ambiente envenenado del miedo colectivo. Dos o tres d\u00edas despu\u00e9s -acaso menos, el paso del tiempo no era algo muy claro para m\u00ed en ese entonces-, el ej\u00e9rcito lleg\u00f3 en grandes camiones y procedi\u00f3 a un registro casa por casa. Dos reclutas biso\u00f1os, m\u00e1s asustados que nosotros mismos, me pareci\u00f3, dieron un r\u00e1pido vistazo a nuestras tres habitaciones y a la sala\u2014comedor en la que nos hab\u00edamos api\u00f1ado, m\u00e1s compactos como grupo familiar que nunca antes o despu\u00e9s; no revisaron el ba\u00f1o ni la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>No encontraron a nadie, aunque durante varios d\u00edas se vio a las patrullas del ej\u00e9rcito ir y venir por la carretera, sin motivo aparente, esgrimiendo siempre sus largas armas y mirando a los civiles con desconfianza como si esperaran de nosotros ataques traicioneros.<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda del registro, al atardecer, mientras nos apresur\u00e1bamos a terminar la cena para poder ver en la televisi\u00f3n el Show de Dick Van Dyke, mi hermano Alonso anunci\u00f3 su intenci\u00f3n de unirse a la guerrilla \u00abdespu\u00e9s de terminar el bachillerato\u00bb. Como estaba cursando el \u00faltimo a\u00f1o, no era mucho lo que faltaba para poner en pr\u00e1ctica tan radical decisi\u00f3n, pero mis padres se lo tomaron m\u00e1s bien a la ligera. Mi madre solt\u00f3 una especie de bufido, seguido de un \u00abMuchacho pendejo\u00bb, dicho en voz baja m\u00e1s que alta, pero suficientemente clara, y continu\u00f3 rumbo a la cocina con su carga de platos sucios. Mi padre se limit\u00f3 a mirarlo en silencio, su rostro adquiri\u00f3 una difusa palidez, luego se puso rojo encarnado. Alonso no dijo nada m\u00e1s; con el resto, se dirigi\u00f3 al horrible sof\u00e1 anaranjado y blanco reci\u00e9n comprado en una muebler\u00eda de El Tigre y que era el orgullo familiar, y pocos minutos despu\u00e9s re\u00eda con las payasadas del larguirucho c\u00f3mico norteamericano. S\u00f3lo yo me tom\u00e9 en serio aquel prop\u00f3sito terrible. Alonso ten\u00eda diecisiete a\u00f1os, diez m\u00e1s que yo, y no era para m\u00ed un h\u00e9roe ni nada que se le pareciera; s\u00f3lo era mi hermano mayor. No quer\u00eda que lo mataran.<br>Alonso ten\u00eda una novia, y este hecho simple y conveniente considerando su edad, y del cual mis padres se hab\u00edan alegrado al principio, era una fuente creciente de conflictos. La muchacha en cuesti\u00f3n ten\u00eda unos irreprochables antecedentes familiares y ella misma resultaba encantadora; \u00e9ramos nosotros los inadecuados, los impresentables. Me explico, para beneficio de estos tiempos m\u00e1s democr\u00e1ticos y menos r\u00edgidos: mi hermano hab\u00eda heredado el atractivo de mi padre y el color oscuro de mi abuela; la bella Irma, en cambio, era rubia por los cuatro costados y de destellantes ojos azules. Pienso que el factor racial no hubiera significado en realidad un problema demasiado importante -despu\u00e9s de todo, la mezcla es nuestro sino desde el Descubrimiento y la Colonia, y en una misma familia suelen reunirse los m\u00e1s variados tonos de piel y color de cabello- si los padres de la muchacha no hubieran sido, adem\u00e1s, ingenieros de la Compa\u00f1\u00eda. Ingenieros venezolanos, es cierto, pero que habitaban esa otra parcela de la realidad conocida como Campo Norte, separada de nuestro lado Sur no por nada tan tangible como un muro o una cerca electrificada, pero s\u00ed por una conciencia muy clara de las jerarqu\u00edas sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Campo Norte ejerc\u00eda una definida atracci\u00f3n sobre los muchachos y ni\u00f1os de Campo Sur. Acostumbr\u00e1bamos pasearnos en las primeras horas del s\u00e1bado o domingo por sus calles siempre desiertas, como no fuera por alg\u00fan jardinero o sirvienta que se dejaba ver fugazmente. De nuestro lado hab\u00eda un club con fuente de soda, piscina y cine, y en el de ellos tambi\u00e9n, aunque m\u00e1s grandes y c\u00f3modos, y eso sin contar con el campo de golf y las canchas de tenis. Pero no eran estas cosas m\u00e1s o menos materiales las que nos alejaban tanto, sino, como ya dije, la conciencia de ellas, la separaci\u00f3n que todos -los de un lado y otro- acept\u00e1bamos como natural, necesaria y conveniente.<\/p>\n\n\n\n<p>Los padres de Irma eran un incordio para los m\u00edos -no eran gente con la que se pudiera ir los domingos a tomar cerveza y a ver un juego de softball en el estadio del Campo, ni a ba\u00f1arse en las peligrosas aguas del r\u00edo Never\u00ed-, no para Alonso, que pod\u00eda permitirse el lujo de ignorarlos con esa magn\u00edfica indiferencia de la que hacen gala los adolescentes, m\u00e1s a\u00fan si son rebeldes y piensan irse a las guerrillas. El que en verdad lograba sacarlo de sus casillas era Ismael, el hermano gemelo de Irma. \u00c9ste era tan detestable como Irma encantadora, si exceptuamos su costumbre de darme besos no solicitados, y tan pelo amarillo y ojos azules como ella. Hab\u00eda algo perturbador en aquellos rasgos repetidos en un muchacho y una muchacha sin que ninguno de los dos pareciera contaminado de la naturaleza del otro: no hab\u00eda nada masculino en Irma, ni femenino en Ismael. A\u00fan as\u00ed, verlos juntos era una experiencia extra\u00f1a y, para m\u00ed, casi aterradora. C\u00f3mo afectaba esto a Alonso es algo que s\u00f3lo puedo conjeturar. Los tres asist\u00edan al Arreaza Calatrava, el \u00fanico liceo de El Tigre -lo que provocaba una forzada convivencia democr\u00e1tica- y en sus salones, pasillos y canchas deportivas hab\u00eda nacido el amor -llam\u00e9mosle as\u00ed por comodidad y brevedad- de Alonso e Irma, y la feroz antipat\u00eda que como un corolario natural se daba entre los dos varones. Aunque es posible que la animadversi\u00f3n entre los dos muchachos se haya originado antes, en alg\u00fan incidente aislado y casual del cual yo no me enter\u00e9 nunca o acaso haya olvidado, y la relaci\u00f3n de Alonso e Irma s\u00f3lo haya magnificado. Como sea, lo cierto es que se detestaban. Por una especie de pacto, en consideraci\u00f3n a Irma, se trataban lo menos posible y as\u00ed hab\u00edan reducido las posibles causas de enfrentamiento violento, pero en ambos flu\u00eda una corriente mal disimulada de agresividad. Muchas veces escuch\u00e9 a Alonso conversar con sus amigos en los t\u00e9rminos m\u00e1s despectivos posibles sobre su \u00abcu\u00f1ado\u00bb, y en las muchas ganas que ten\u00eda de partirle la cara. Por lo que contaban sus amigos, el sentimiento era mutuo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo, puede que todo se remitiera a un problema de estilos. Mi hermano hab\u00eda adoptado el de un contestatario de la \u00e9poca, con el pelo largo y la ropa siempre descuidada, hasta donde lo permit\u00edan las normas del liceo y la severidad de mis padres, mientras que Ismael se acercaba m\u00e1s a la imagen de un descarado chico malo de los a\u00f1os cincuenta, un James Dean tropicalizado, lo que no es para asombrarse porque todo nos llegaba con diez a\u00f1os de retraso: la m\u00fasica, las pel\u00edculas, las modas. Un buen ejemplo son las peleas que durante un tiempo interrumpieron la tranquilidad de las noches. Un grupo de muchachos de la calle L, por ejemplo, se citaba con los de la M para protagonizar una multitudinaria pelea a pu\u00f1etazos. El furor que los animaba era, en parte, fingido, una representaci\u00f3n, pero los golpes eran reales, y m\u00e1s de uno deb\u00eda ser conducido al bien dotado hospital con un labio partido o los ojos hinchados. Pocas veces se hac\u00edan verdadero da\u00f1o. Como los pandilleros bailarines de West Side Story, tambi\u00e9n nuestros muchachos parec\u00edan seguir una m\u00fasica de percusi\u00f3n y trompetas sincopadas, y como aquellos, estaban m\u00e1s preocupados por la coreograf\u00eda y el ritmo que por los golpes. Alonso particip\u00f3 en m\u00e1s de uno de estos encuentros y a veces me despertaba en medio de la noche para contarme c\u00f3mo hab\u00eda sido y para mostrarme un moret\u00f3n en su cuerpo, con un orgullo que yo encontraba del todo justificado.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente todo volv\u00eda a la normalidad; los mismos muchachos que unas horas antes se arreaban patadas, compart\u00edan el autob\u00fas que los llevaba al liceo Arreaza Calatrava. S\u00e9 que en estas batallas participaban tambi\u00e9n los de Campo Norte -norteamericanos y venezolanos-, y entre ellos estaba Ismael, pero desconozco si mi hermano y \u00e9l llegaron a cruzar sus pu\u00f1os. Pienso que no, porque de otra manera no hubieran podido esperar hasta el fin del a\u00f1o escolar para tratar de arrancarse la cabeza, esta vez en serio.<\/p>\n\n\n\n<p>No deja de ser para m\u00ed un misterio c\u00f3mo soportaba Alonso ver repetidos los rasgos y muchos de los ademanes y gestos de su novia en alguien a quien detestaba, y tambi\u00e9n me pregunto si no ser\u00eda esta circunstancia una de las causas de su profunda aversi\u00f3n hacia el muchacho. La antipat\u00eda de Ismael me resulta mucho m\u00e1s comprensible. Despu\u00e9s de todo, no pod\u00eda sino considerar a Alonso y a toda mi familia como inferiores, que era m\u00e1s o menos como nos ve\u00edamos nosotros mismos. Entiendo que no quisiera ver a su hermana en tales manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas noches, Irma -vestida con la blusa sin mangas y los pantalones cortos que se hab\u00edan puesto de moda aquel a\u00f1o- ven\u00eda hasta nuestra casa, saludaba a mis padres, y luego se quedaba en el porche hablando con Alonso. Yo me dejaba caer por all\u00ed, despu\u00e9s de haber sufrido con las aventuras de la familia Robinson en Perdidos en el espacio y antes de que empezaran las noticias de El Observador Creole, se\u00f1al inequ\u00edvoca de que la hora de dormir se acercaba; con suerte, ten\u00eda la oportunidad de verlos darse un beso, pero la mayor parte del tiempo s\u00f3lo se tomaban de las manos y hablaban. Ellos no me hac\u00edan ning\u00fan caso.<\/p>\n\n\n\n<p>La visita se terminaba cuando aparec\u00eda Ismael en su vespa, se estacionaba cerca de la casa, bajo unas matas de mago, y encend\u00eda un cigarrillo. Siempre id\u00e9ntico. Jam\u00e1s se acercaba a la casa, ni dirig\u00eda una palabra a mi hermano, ni a su propia hermana. Aguardaba con paciencia o con impaciencia, no tengo forma de saberlo, a que los novios se despidieran. Luego se marchaba, con Irma en la parte trasera del asiento, haciendo sonar el motor de su m\u00e1quina como un comentario burl\u00f3n en la noche llena de luci\u00e9rnagas.<\/p>\n\n\n\n<p>En tales ocasiones el humor de Alonso se volv\u00eda tenebroso, y si bien la cosa sol\u00eda estallar en alguna de la peleas familiares que se hac\u00edan cada vez m\u00e1s frecuentes por cualquier motivo, no era tampoco inusual que terminara pagando yo los platos rotos s\u00f3lo por estar atravesado donde no deb\u00eda en el momento en que no deb\u00eda. Alg\u00fan golpe en la cabeza me sacaba, una zancadilla mal\u00e9vola o una respuesta agria y destemplada a alg\u00fan inocente comentario m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en honor a la verdad, debo reconocer que no siempre era as\u00ed y muchas veces Alonso buscaba un libro en el interior de la casa, volv\u00eda afuera, se sentaba donde hab\u00eda estado antes, abr\u00eda las tapas y le\u00eda una o dos p\u00e1ginas. Y luego permanec\u00eda en el porche mal iluminado ganado por una melancol\u00eda m\u00e1s vieja que sus diecisiete a\u00f1os, dejando que el silencio penetrara en \u00e9l y haci\u00e9ndolo suyo, contemplando m\u00e1s all\u00e1 de la sabana y sus pajonales la promesa de otros cielos y otros mares.<br>Dorm\u00edamos en el mismo cuarto. Mi hermana Alicia, de doce a\u00f1os, ten\u00eda el privilegio de un habitaci\u00f3n para ella sola. Mis padres ocupaban la otra, m\u00e1s grande. Nuestras camas estaban separadas por unos dos metros. Al apagar la luz pod\u00eda sentir, poco despu\u00e9s, el olor acre y dulce del tabaco. Abr\u00eda los ojos. Un punto rojo flotaba en la negrura que nos envolv\u00eda, al rato describ\u00eda un arco, se deten\u00eda y se hac\u00eda m\u00e1s brillante antes de volver al lugar inicial. As\u00ed una y otra vez mientras el aire se llenaba de humo y yo hac\u00eda esfuerzos para no toser.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfSabes? -me dijo una vez, como si adivinara que yo no dorm\u00eda vigilando los desplazamientos del punto rojo-, la verdad es que no me gusta el sabor del cigarrillo. Adem\u00e1s se siente como si le metieran a uno hojillas en la garganta. Es una mierda. Lo hago s\u00f3lo para llevarle la contraria a pap\u00e1 -nuestro padre s\u00f3lo fumaba de vez en cuando unos puros que ven\u00edan en cilindros de pl\u00e1stico transparente y que yo utilizaba para jugar, una vez que los hab\u00eda desechado, como si fueran tubos de ensayo-. \u00bfHas pensado en lo que vas a ser cuando seas grande? Yo no. En unos meses debo entrar a la universidad y ni siquiera s\u00e9 lo que voy a estudiar.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfNo quieres ser guerrillero?<\/p>\n\n\n\n<p>Dio una larga calada a su cigarrillo. Jurar\u00eda que escuch\u00e9 crepitar las briznas de tabaco y el papel blanco que las envolv\u00eda. Me pareci\u00f3 escuchar tambi\u00e9n una risa convulsa, una tos ahogada.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfTe parece una buena carrera?<\/p>\n\n\n\n<p>No supe qu\u00e9 contestar.<br>El a\u00f1o escolar transcurr\u00eda con la normalidad esperada: el primero para m\u00ed, el \u00faltimo de bachillerato para Alonso. A medida que nos acerc\u00e1bamos a julio, y luego, cuando ya est\u00e1bamos en ese mes y agosto se acercaba inexorable, crec\u00eda en nuestra casa una nueva tensi\u00f3n de la que yo no era demasiado consciente, pero que no dejaba de afectarme: la mudanza, la partida, la ida definitiva, el encuentro con las ra\u00edces y el desarraigo, el exilio y el reino en un mismo lugar y momento. Aguardaba el cambio de ciudad con moderada inquietud, sin angustia, pero con mucha curiosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Las peleas por el pelo demasiado largo de Alonso y sus ropas desarrapadas se hicieron m\u00e1s frecuentes, m\u00e1s violentas. Pienso en este momento que tanto para mis padres como para mi hermano y hermana, la mudanza ten\u00eda un sentido distinto y unas significaciones m\u00e1s hondas que para m\u00ed, y las constantes discusiones eran la forma perversa que ten\u00edan de manifestarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora pocas veces ven\u00eda Irma a pasar las horas en el porche de la casa; al mismo Alonso se le ve\u00eda menos. Ten\u00eda como excusa que se preparaba para los ex\u00e1menes finales en casa de sus amigos. Sin embargo, yo sab\u00eda que no era as\u00ed. \u00c9l mismo me lo hab\u00eda dicho en una de aquellas conversaciones de medianoche marcadas por el ritmo de sus cigarrillos.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfSabes?, creo que voy a marcharme cuando tengamos que hacerlo, no voy a hacer problemas por eso, ir\u00e9, dejar\u00e9 mi maleta en el piso, dar\u00e9 media vuelta y regresar\u00e9 a buscar a Irma\u2026 Eso har\u00eda, si ella fuera a estar aqu\u00ed. Pero tampoco estar\u00e1. Apenas nos graduemos sus padres la enviar\u00e1n a Caracas, y despu\u00e9s creo que se ir\u00e1 de viaje al exterior hasta que entre a la universidad. \u00bfSabes?, no creo que pueda resistir mucho tiempo sin ella. Es mentira que est\u00e9 estudiando para los ex\u00e1menes finales\u2026 Nos vemos casi todos los d\u00edas. Vamos a la sabana, a un sitio que no te puedo contar y pasamos mucho tiempo all\u00e1. Tampoco te puedo decir todo lo que hacemos. No le puedo contar a nadie. Se lo promet\u00ed a ella. Eso se llama ser un caballero. T\u00fa no sabes nada de eso, y ser\u00e1 por eso mismo que te lo cuento, pero te mato si le dices algo a pap\u00e1 o a mam\u00e1\u2026 \u00bfEst\u00e1s despierto?<\/p>\n\n\n\n<p>Deb\u00eda ser verdad que no necesitaba estudiar, porque aprob\u00f3 sus ex\u00e1menes sin dificultad. Mis padres estaban radiantes de felicidad. Me disculpan el lugar com\u00fan, pero no hay otra forma de expresarlo. Era una felicidad tan radiante que iluminaba todos los rincones de la casa, no s\u00f3lo sus rostros. Alonso se convert\u00eda en el primero de nuestra familia en terminar el bachillerato y pronto ir\u00eda a la universidad, donde se har\u00eda ingeniero o m\u00e9dico. \u00c9l mismo no estaba menos feliz, a pesar de que ante nuestros padres y sus expresiones de orgullo mostrara una especie de indiferencia desde\u00f1osa.<\/p>\n\n\n\n<p>La fiesta de fin de curso se realiz\u00f3 en el club de Campo Norte, en consideraci\u00f3n a los graduandos de aquella parte del pueblo. Alonso visti\u00f3 para la ocasi\u00f3n un traje oscuro, camisa celeste, corbata a juego, zapatos nuevos de patente; todo hab\u00eda sido comprado una semana antes a un \u00e1rabe que visitaba casa por casa arrastrando una inmensa maleta que parec\u00eda contener un bazar entero. Se cort\u00f3 el pelo, lo que debe haberle procurado no pocos problemas de conciencia. Aunque pod\u00eda ir a pie, pidi\u00f3 prestada la camioneta Ford a nuestro padre, que entreg\u00f3 las llaves sin presentar objeci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que costar\u00e1 creerlo, porque doy la impresi\u00f3n de saberlo todo sobre lo que relato, pero puedo asegurar que no conozco nada de la fiesta, ni qu\u00e9 piezas toc\u00f3 la orquesta -tra\u00edda desde Caracas-, ni si mi hermano bail\u00f3 con torpeza o pericia los presumibles, pero no demostrados boleros, mambos o guarachas, \u00bfse escuchar\u00eda, acaso, alg\u00fan rock and roll? \u00bfLos j\u00f3venes bachilleres se pasaron de tragos y alguno vomit\u00f3 en las flores de los cuidados jardines? \u00bfUna muchacha de inexpertos tacones fue a dar con traje de gala a las transparentes aguas de la piscina? \u00bfIsmael y Alonso revivieron su rivalidad ante sus respectivos amigos?<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo ignoro de aquella ocasi\u00f3n y al sitio nunca lo llegue a ver por dentro, no disfrut\u00e9 de sus instalaciones, no beb\u00ed sus aires. S\u00f3lo puedo asegurar que en un momento no determinado Alonso e Irma se marcharon sin despedirse. Al principio el asunto no llam\u00f3 la atenci\u00f3n de Ismael, pero uno de sus amigos se lo hizo notar y entonces record\u00f3 la funci\u00f3n de chaper\u00f3n encomendada por sus padres, y aunque de ninguna manera pudiera llamarse guardi\u00e1n de su hermana consider\u00f3 que era su deber ejercer tareas de tal.<br>Un toro bramaba en la sabana. Daba golpes con su torpe cabeza contra una roca negra y aullaba cada vez m\u00e1s alto. De pronto estaba en mi habitaci\u00f3n, sentado en la cama, y el toro segu\u00eda y segu\u00eda, gritando el nombre de mi hermano y estrellando sus pu\u00f1os contra la puerta de nuestra casa. En el cuarto de al lado, escuch\u00e9 a mi madre ahogar un grito y a mi padre lanzar una r\u00e1pida serie de tres o cuatro groser\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>La cama de Alonso estaba vac\u00eda. Por un momento cre\u00ed ver el punto luminoso de su cigarrillo, el breve arco rojo en el aire ennegrecido, pero no era nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00ed de la habitaci\u00f3n; me gustar\u00eda decir que en puntillas, sin embargo, nunca he logrado mantener tan peculiar posici\u00f3n; as\u00ed que me limit\u00e9 hacer el menor ruido posible, lo que de todos modos resultaba del todo superfluo al considerar el esc\u00e1ndalo que segu\u00eda en el porche: del lado de afuera de la puerta mosquitera, Ismael, nunca m\u00e1s parecido a un James Dean enfebrecido, preguntaba por su hermana, o al menos eso parec\u00eda en medio del torrente de insultos a toda mi parentela pasada, presente y futura, y amenazas a mi hermano ausente; del lado de adentro, mi madre, mi hermana Alicia y mi padre sosteniendo el marco de la puerta con su mano izquierda como si quisiera impedir que las paredes se desplomaran y el techo cayera sobre nuestras cabezas, envejecido a su pesar y sin embargo magn\u00edfico en la contenida furia que delataba la hinchada vena de su cuello y el apretado pu\u00f1o de su mano derecha. Yo me hab\u00eda acercado en silencio, apost\u00e1ndome a la derecha y un poco atr\u00e1s, y ten\u00eda una completa vista de la situaci\u00f3n iluminada por la bombilla del porche que hab\u00eda permanecido encendida o hab\u00eda sido encendida por mis padres cuando se levantaron. Estaba seguro de que mi padre se dispon\u00eda a partirle la boca al insolente. Estoy seguro de que lo habr\u00eda hecho si mi madre no hubiera interpuesto su sensata mano. De pronto Ismael ya no estaba all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Un par de gritos paternos nos devolvi\u00f3, a Alicia y a m\u00ed mismo, a nuestras respectivas habitaciones. Me encog\u00ed, temblando, bajo las s\u00e1banas, igual que cuando me despertaba en medio de la noche y me daba por pensar en todas las criaturas que viv\u00edan bajo la cama, los seres peludos, los seres con dientes, los que se arrastran, sinuosos, esperando, quietos y p\u00e9rfidos, a que cerrara los ojos para subir por mis mantas y morderme los pies.<\/p>\n\n\n\n<p>Los susurros que me llegaban desde la sala ayudaban a mi determinaci\u00f3n de mantenerme despierto (\u00ab\u00bfde qu\u00e9 hablan?, \u00bfpor qu\u00e9 no me dejan que escuche?, \u00bfqu\u00e9 pasa con Alonso?, \u00bfno se callar\u00e1n nunca?), pero ten\u00eda siete a\u00f1os, la oscuridad era una pesada mano contra mis p\u00e1rpados; luch\u00e9 durante unos instantes contra el sue\u00f1o como un pez que da breves bocanadas fuera del agua, y luego me hund\u00ed en la inconsciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Despert\u00e9 por segunda vez antes de que saliera el sol. Despert\u00e9 con un sobresalto en vez del acostumbrado suave deslizamiento del sue\u00f1o a la vigilia en el que se funden y se mezclan de dulce manera las im\u00e1genes y sonidos de uno y otra. Una claridad gris\u00e1cea entraba por la ventana: gasa ante los ojos nublando los objetos tan conocidos, haci\u00e9ndolos extra\u00f1os y vagamente amenazantes. En el cuadrado de la ventana, la aurora comenzaba a desplegar sus delicados colores, sus oros y rosados y azules\u2026 y de pronto, vi pasar a Alonso e Irma tomados de la mano. Fue una visi\u00f3n breve, el tiempo que les llev\u00f3 cruzar la ventana a unos cinco o seis metros de ella, dirigi\u00e9ndose hacia la entrada principal. Not\u00e9 que ambos estaban despeinados, ten\u00edan las ropas arrugadas y en los rostros juveniles el cansancio hab\u00eda causado estragos; sin embargo su caminata era tranquila, sin prisas. Sonre\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00edan transcurrido dos minutos cuando apareci\u00f3 Ismael en su motocicleta. Hab\u00eda sustituido la ropa de la fiesta por un jean, una franela y zapatos deportivos. Se acerc\u00f3 y estacion\u00f3 frente a la casa, fuera de mi vista. Me asom\u00e9 a la ventana, aplast\u00e9 mi cara contra la tela mosquitera, pero no pude ver nada m\u00e1s que un trozo de tierra marr\u00f3n, la carretera y la sabana. Escuch\u00e9 las voces que sub\u00edan y bajaban de tono, que se hac\u00edan lentas o r\u00e1pidas, susurrantes, apremiantes, despectivas, violentas, incluso se acallaban por completo durante unos momentos para comenzar de nuevo, sin entender nunca las palabras. Otro silencio m\u00e1s prolongado me convenci\u00f3 de que deb\u00eda irme a dormir de una buena vez, y hubiera ejecutado mi prop\u00f3sito si no hubiera visto pasar abrazados a Ismael y Alonso, cual bailarines torpes que giran sobre su eje y tropiezan con sus pies. En la ca\u00edda cada uno rod\u00f3 hacia un lado. Se incorporaron, separados por apenas una distancia de un metro, levantaron los pu\u00f1os y comenzaron a balancearse hacia adelante y hacia atr\u00e1s, con suavidad. Luego Ismael lanz\u00f3 el brazo derecho por encima de su hombro, en un gancho r\u00e1pido pero desma\u00f1ado, sin elegancia. Alonso lo bloque\u00f3 a medias con su antebrazo izquierdo; recibi\u00f3 el golpe en el p\u00f3mulo del mismo lado y retrocedi\u00f3 un paso. Ismael se adelant\u00f3, repiti\u00f3 el golpe, pero esta vez Alonso lo esquiv\u00f3 con facilidad con un movimiento de cintura y respondi\u00f3 a su vez con un gancho de izquierda a un costado de la cabeza de su rival. Me pareci\u00f3 escuchar -es posible que me lo haya inventado- el sonido de los nudillos contra el cr\u00e1neo. En todo caso, fue un buen golpe. A\u00f1os despu\u00e9s ver\u00eda a alguien desmayarse por uno semejante. Sin embargo, Ismael no cay\u00f3; se estremeci\u00f3, afirm\u00f3 los pies en la tierra y se lanz\u00f3 contra mi hermano, a quien abraz\u00f3 por la cintura. Rodaron nuevamente, esta vez en total confusi\u00f3n de brazos, piernas y cabezas; en un momento Ismael estaba sentado sobre el pecho de Alonso y lanzaba sus pu\u00f1os contra la cara de \u00e9ste, y un segundo despu\u00e9s la situaci\u00f3n era la opuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fin se levantaron, los pu\u00f1os en alto. Y esta vez fue mi hermano quien atac\u00f3 primero, con un golpe recto de su mano izquierda, directo al ojo derecho, y luego un gancho de derecha a la mand\u00edbula. Ismael toc\u00f3 con sus nalgas el suelo, y yo comenc\u00e9 a dar gritos y saltos de alegr\u00eda, alertando a mis padres y quiz\u00e1s a todos los habitantes de la cuadra.<br>Cinco d\u00edas m\u00e1s tarde nos marchamos. Ignoro si esa fecha estaba ya decidida o si por el contrario se adelant\u00f3 en vista de las circunstancias. El caso es que una madrugada iniciamos la retirada, y de mi parte no hubo una sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida irreparable ni nada de eso. Todo lo que pod\u00eda considerar m\u00edo viajaba conmigo: mis padres y hermanos, mis juguetes, yo mismo. Dejaba atr\u00e1s un paisaje, es decir: una luz particular, nubes, una forma de llover, naturaleza escueta y elemental; un paisaje horizontal de sabanas y cielos; y casas y calles sin nada destacable como no fuera su perfecta simetr\u00eda y su repetici\u00f3n id\u00e9ntica, pero a\u00fan no sab\u00eda lo que eso llegar\u00eda a significar; deber\u00edan pasar muchos a\u00f1os a\u00fan para que aquella que ya no era m\u00e1s mi tierra cobrara sentidos que la har\u00edan entra\u00f1able.<\/p>\n\n\n\n<p>Alonso hizo el viaje con un diente menos y la boca monstruosamente hinchada. Adem\u00e1s ten\u00eda moretones en diversas partes del rostro. Daba risa y pena verlo. Desde la pelea se hab\u00eda envuelto en un silencio agresivo que ni siquiera yo pod\u00eda atravesar. En los d\u00edas que precedieron al viaje, sus discusiones con mis padres se hicieron interminables, fatigosas, incomprensibles para mi entendimiento. Ahora, sentado junto a m\u00ed en la parte trasera de la camioneta, su cara de payaso tr\u00e1gico me parec\u00eda la de un desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo nada importante de la llegada -marismas, terrenos bald\u00edos, basura en las calles, playas, la estatua de un indio con un pez entre las manos-, ni de la instalaci\u00f3n en la nueva vivienda. Supongo que vinieron muchos primos y t\u00edos y t\u00edas a ayudarnos a descargas las cosas que, despu\u00e9s de todo, no eran tantas. En esa primera noche me despert\u00f3 el sonido de risas escandalosas como campanas de iglesia. Descend\u00ed de la cama en un cuarto inmenso, de alt\u00edsimo techo, caluroso, como quien desciende del puente de un barco a una tierra simple y llanamente desconocida, sin el prestigio siquiera de haber sido prometida de alguna manera, y camin\u00e9 descalzo por un pasillo en penumbras hacia las voces que se hac\u00edan m\u00e1s fuertes con cada paso. Estaban en el porche: un gran corro de familiares, de la mayor\u00eda no conoc\u00eda ni el nombre; algunos los hab\u00eda visto en las breves visitas que hab\u00edan hecho al Campo; me sent\u00e9 en el piso de la sala oscura, oculto por una de las hojas de la puerta; desde all\u00ed los escuch\u00e9 por largo, largo rato, contar historias referidas a gente que yo no sab\u00eda qui\u00e9nes eran, y al parecer muy divertidas porque todos re\u00edan de una manera contagiosa. Despu\u00e9s de una media hora de estar sentado sobre el duro cemento, me aburr\u00ed. Ten\u00eda sue\u00f1o otra vez. Me levant\u00e9 y esper\u00e9 que se me desentumieran las piernas y las nalgas. En un rinc\u00f3n de la enorme sala, sentado en uno de aquellos muebles anaranjados y blancos que hab\u00edamos tra\u00eddo con nosotros, se encontraba Alonso. No dio ninguna se\u00f1al de haberme visto o reconocido, en su rostro, a pesar de las sombras, se adivinaba el rastro de las l\u00e1grimas; las saladas fuentes de la desdicha dejaban en sus mejillas surcos sucios y brillantes, igual que en la cara de un ni\u00f1o peque\u00f1o y abandonado.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esa es la triste verdad. Pero no toda la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisiera contar c\u00f3mo un mediod\u00eda de sol aplastante Alonso se dirigi\u00f3 al puerto de Cuman\u00e1. Vio el arribo de los barcos y las maniobras de descarga. Vio a los estibadores sudorosos y a los marineros que sal\u00edan a buscar cerveza y mujeres en los bares cercanos. Vio la larga fila de hombres, mujeres y ni\u00f1os cargados con todo tipo de bultos esperando las peque\u00f1as embarcaciones que los llevar\u00edan a la otra costa del golfo, a Manicuare, Araya, Punta Arenas, lugares de los que hab\u00eda escuchado pero en los que a\u00fan no hab\u00eda puesto el pie. Vio los pel\u00edcanos en su eterno combate mortal con los peces y las olas. Las nubes pasaron sobre su cabeza y se dispersaron hacia mar afuera, como se\u00f1al\u00e1ndole un camino. Fue alcanzado y estremecido por esa m\u00fasica misteriosa que trae la brisa marina y en la que es posible identificar, si tenemos suerte, los aromas de islas lejanas (curry, azafr\u00e1n, pimienta, nuez moscada\u2026), el llamado elemental de potencias subterr\u00e1neas, voces perdidas que prometen aventuras improbables. Delicias por las que valdr\u00eda la pena desafiar a la muerte en medio de tempestades. Y as\u00ed fue como Alonso se hizo a la mar: en un barco mercante, sin saber nada del oficio, ni d\u00f3nde quedaba babor y d\u00f3nde estribor, dispuesto a aprender y soportarlo todo con tal de alejarse de la odiosa ciudad, si es que as\u00ed pod\u00eda llamarse el conjunto de casas de tejas y peque\u00f1os edificios de tres o cuatro pisos. \u00bfQu\u00e9 puertos le esperaban, qu\u00e9 soles o nevadas, cu\u00e1les y cu\u00e1ntas mujeres de cuerpos c\u00e1lidos y el\u00e1sticos? \u00bfHamburgo, New York, Tokio, San Juan?<\/p>\n\n\n\n<p>Lo ver\u00edamos una o dos veces al a\u00f1o, en regresos siempre imprevistos, y en cada vuelta constatar\u00edamos los cambios en su aspecto f\u00edsico y su personalidad con admiraci\u00f3n o alarma, seg\u00fan fuera nuestro talante. El muchacho bajo y delgado que hab\u00eda sido dio paso a un fornido individuo (nunca muy alto, es verdad) de m\u00fasculos de hierro; otro viaje nos lo traer\u00eda con tatuajes en los brazos y el pecho -una sirena, una rosa de los vientos, una cabeza de drag\u00f3n de ojos saltones- y una argolla en el l\u00f3bulo de la oreja izquierda. En c\u00e1lidas noches relatar\u00eda historias espeluznantes de cargamentos prohibidos, que ni siquiera nos atrev\u00edamos a imaginar, y persecuciones de feroces guardacostas en las aguas de pa\u00edses de nombres impronunciables. \u00a1Con cu\u00e1nta alegr\u00eda y temor lo ve\u00edamos sortear los arrecifes afilados como cuchillos de Australia, la trampa mortal del Mar de los Sargazos, el aliento de las ballenas que enloquece a los hombres m\u00e1s serenos!<\/p>\n\n\n\n<p>Es triste, ya lo dije, porque nada de eso sucedi\u00f3. Alonso se qued\u00f3 en casa. A su debido tiempo fue a la universidad, se gradu\u00f3, se cas\u00f3 y tuvo hijos. Y eso es, quiz\u00e1s, m\u00e1s triste y lamentable que su fallida historia de amor: la vida sigue y desgasta; se traga a los hermanos mayores, los tritura con suavidad y sin violencia, como lo har\u00edan unas enc\u00edas sin dientes.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El arte de desaparecer entre las hojas<\/h4>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda doce a\u00f1os cuando me obsesion\u00e9 con los libros de Lobsang Rampa, un monje tibetano, seg\u00fan se cre\u00eda en esa \u00e9poca. En su primer libro,&nbsp;<em>El tercer ojo<\/em>, narra su infancia y juventud hasta convertirse en lama. Las pr\u00e1cticas m\u00e1gicas y esot\u00e9ricas se convirtieron para m\u00ed en una ambici\u00f3n y una frustraci\u00f3n; pero en realidad, lo primero que me impact\u00f3, y al mismo tiempo me produjo un hondo placer y sensaci\u00f3n de reconocimiento, fue saber que los gatos siameses serv\u00edan de guardianes en los templos. Eran siameses feroces, con u\u00f1as el doble de largas que los gatos normales, que atacaban a cualquiera que se acercara a las abundantes joyas preciosas que se encontraban en los templos sin ninguna otra guardia. Mi amor por los gatos y mi desprecio por los perros hab\u00eda sido vindicado. Lo segundo que me interes\u00f3 fue el viaje astral y la cuerda de plata. Jam\u00e1s hab\u00eda escuchado nada de eso, ni nada de budismo tibetano, y me pareci\u00f3 fascinante. Saber que el cuerpo astral se manten\u00eda unido al cuerpo f\u00edsico por un hilo plateado de pura energ\u00eda ps\u00edquica me parec\u00eda tan asombroso que solo pod\u00eda ser verdadero.Habl\u00e9 de estas cosas con algunos amigos de la escuela, pero no se mostraron impresionados. Los deportes, la televisi\u00f3n y las muchachas eran las cosas que en verdad les preocupaban. Mi madre se mostr\u00f3 m\u00e1s receptiva. Mientras preparaba la comida o cos\u00eda en su m\u00e1quina Singer de pedales me escuchaba hablar de la proyecci\u00f3n mental, la cuerda de plata, la invasi\u00f3n china del T\u00edbet, con sonrisas indulgentes y movimientos de cabeza y, muy de cuando en vez, hac\u00eda alguna pregunta que yo me apresuraba a responder hasta donde mis conocimientos del asunto, que proven\u00edan solo de ese libro, me lo permit\u00edan. Creo que fastidi\u00e9 durante varias semanas a gran parte de mi familia con aquella historia, hasta que poco a poco la necesidad de comunicar lo que cre\u00eda entender fue disminuyendo. Guard\u00e9 silencio sobre el asunto, pero no estaba menos interesado.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi atenci\u00f3n se dirigida al dif\u00edcil arte del viaje astral. Separar la conciencia de mi cuerpo y poder viajar a cualquier lugar, sin limitaciones de distancias, monta\u00f1as o mares. Atravesar los muros de manera incorp\u00f3rea. Yo no esperaba develar secretos m\u00edsticos ni arcanos multiseculares, sino solo darme unas vueltas por ah\u00ed, flotando como fantasma. Y visitar las habitaciones de algunas muchachas. Con suerte, las ver\u00eda dormir con poca ropa.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante semanas y semanas, meses enteros, cuando deber\u00eda estar conciliando el sue\u00f1o de forma tranquila, me empe\u00f1aba en imaginar una cuerda de plata que sal\u00eda de mi est\u00f3mago y se un\u00eda a mi cuerpo astral, la nebulosa imagen de m\u00ed mismo que flotaba entre la cama y el techo. Las horas pasaban, la luna segu\u00eda su camino en el cielo, mis gatos entraban y sal\u00edan por la ventana, y yo permanec\u00eda clavado en el colch\u00f3n, inm\u00f3vil, insomne, frustrado, hasta que en alg\u00fan momento impreciso me integraba a los m\u00e1s amables territorios del sue\u00f1o. Aun as\u00ed, no perd\u00eda la esperanza y cada noche renovaba mis esfuerzos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un mediod\u00eda caminaba del liceo hacia mi casa por una avenida en la que el sol arrancaba destellos dolorosos a todas las cosas. La temperatura deb\u00eda ser muy alta, y aun as\u00ed el calor no me molestaba. Pocas cuadras antes de tomar la calle que me llevar\u00eda a mi casa, advert\u00ed que en direcci\u00f3n contraria ven\u00eda un muchacho de mi edad. Avanzaba muy r\u00e1pido, en l\u00ednea recta con mi propia trayectoria. Ya pod\u00eda ver su rostro con claridad y me pareci\u00f3 inusitadamente decidido y hostil, guiado por una determinaci\u00f3n llamativa. La alarma creci\u00f3 en mi interior; no era miedo, pero s\u00ed un sentimiento que me dec\u00eda que deb\u00eda protegerme. Estaba a menos de diez metros cuando alz\u00f3 el brazo derecho con la palma abierta en mi direcci\u00f3n, sin dejar de caminar; casi corriendo, de hecho. Yo tambi\u00e9n mantuve mi direcci\u00f3n y parec\u00eda inevitable que choc\u00e1ramos de frente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces las cosas se pusieron realmente extra\u00f1as. Su brazo derecho adquiri\u00f3 un tono azul, primero p\u00e1lido y luego brillante, y tambi\u00e9n se hinch\u00f3 como una fruta demasiado madura si es que acaso una fruta puede adquirir ese color. En respuesta, y sin que lo pensara, levant\u00e9 mis dos manos a la altura del pecho como si me dispusiera en empujarlo. El rayo azul que sali\u00f3 de su mano \u2013un torrente de energ\u00eda ca\u00f3tica\u2013 golpe\u00f3 en mis palmas abiertas. Hubo un destello blanco que borr\u00f3 todo lo que me rodeaba. Dur\u00f3 menos de un segundo o edades incontables; no tengo forma de saberlo porque mi propia conciencia desapareci\u00f3 en el fulgor cegador.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego todo volvi\u00f3 a la normalidad. Mi oponente no estaba a la vista. La gente caminaba por las aceras como siempre, abstra\u00eddos en sus ocupaciones de cada d\u00eda, los autom\u00f3viles corr\u00edan sobre el asfalto caliente arrojando mon\u00f3xido de carbono. Pero nada era tan normal. Todo brillaba, pens\u00e9, pero no de la forma punzante del mediod\u00eda, sino con la calidez del amanecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Me encontraba detenido en mitad de la acera, y a pesar de mi desconcierto comprend\u00eda deb\u00eda continuar mi camino. Fue entonces, al dar los primeros pasos, cuando advert\u00ed con asombro insuficiente que mis pies no tocaban el suelo. Era dif\u00edcil calcularlo, pero dir\u00eda que las suelas de mis zapatos se elevaban en el aire unos quince cent\u00edmetros. Bajo mis pies, el cemento de la acera parec\u00eda haber desaparecido, pero tampoco me sent\u00eda flotar, no era esa inestabilidad mitad placentera, mitad atemorizante que hab\u00eda experimentado muchas veces en sue\u00f1os. Debajo de m\u00ed el mundo era firme, solo que no era el mundo que conoc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasada la primera impresi\u00f3n, se me hizo m\u00e1s urgente llegar a mi casa, donde mi madre ya me estar\u00eda esperando. Sin atreverme a pensarlo claramente, ten\u00eda la esperanza de que ella encontrar\u00eda una soluci\u00f3n a lo que me suced\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A paso vivo, confiando en que nadie notara mi circunstancia, quise dirigirme a mi casa y descubr\u00ed que mientras m\u00e1s avanzaba, a mayor altura me encontraba, como si subiera por una rampa inclinada e invisible que no solo me separaba del nivel en el que se mov\u00edan los que inocentemente me rodeaban y parec\u00edan ignorarme, sino que, adem\u00e1s, describ\u00eda una curva poco pronunciada a la derecha. No pod\u00eda desplazarme libremente hacia donde yo quisiera; me ve\u00eda obligado a seguir unas tenues l\u00edneas luminosas \u2013rojas, para m\u00e1s se\u00f1as\u2013 que brillaban en el aire como se\u00f1ales de una autopista o luces de posici\u00f3n de un aeropuerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenc\u00e9 a correr, creyendo que la velocidad me mantendr\u00eda en el camino correcto, pero era in\u00fatil; mi desplazamiento era err\u00e1tico, con constantes subidas y bajadas, esquivando paredes de casa y edificios y ramas de \u00e1rboles, como guiado por una mano invisible que me apartaba de esos obst\u00e1culos. Por lo tanto, hice lo que me pareci\u00f3 m\u00e1s razonable: sin detenerme, reduje mi marcha a un ritmo normal. Y observ\u00e9 a mi alrededor. Por lo pronto, esperaba descubrir d\u00f3nde se ocultaba mi enemigo, ese muchacho tan parecido a m\u00ed. No lo vi en ninguna parte, ni en el suelo ni en el aire, lo que no me caus\u00f3 ning\u00fan alivio.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente, una curva en el camino&nbsp; me acerc\u00f3 otra vez a mi casa, pero pronto mi alegr\u00eda se transform\u00f3 en consternaci\u00f3n: estaba a casi dos metros del suelo y me dirig\u00eda directamente hacia una pared.<\/p>\n\n\n\n<p>Paso sobre la verja del jard\u00edn y sobre las rosas que sembr\u00f3 mi madre hace algunos a\u00f1os y a los que prodigaba unos cuidados m\u00e1s bien distra\u00eddos, y sobre las hojas anchas del \u00e1rbol de caucho que mi padre trajo de uno de sus viajes, y estoy a punto de estrellarme contra una de las paredes laterales. Cierro los ojos y me preparo para el golpe; pero no me estrello ni me rompo la nariz, como tem\u00eda, sino que atravieso la pared sin sentir ni un estremecimiento leve ni un escalofr\u00edo, ni siquiera un cosquilleo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando abro los ojos estoy en el centro de la sala de mi casa, suspendido en el aire. Las l\u00edneas rojas han desaparecido. Floto como un mu\u00f1eco de goma relleno de helio. A mi alrededor est\u00e1n las cosas de siempre, extra\u00f1adas por la perspectiva. Los viejos muebles, el gigantesco televisor levantado sobre cuatro patas delgadas y de apariencia fr\u00e1gil delante del cual sol\u00eda pasar las tardes; el equipo de sonido aun m\u00e1s aparatoso que el televisor, un caj\u00f3n en imitaci\u00f3n de madera marr\u00f3n, casi negro, f\u00fanebre, y que nadie encend\u00eda salvo yo. Mi cabeza, estando m\u00e1s cerca del techo de lo habitual, detallaba el estado de las vigas y la redondez y blancura de los huevos de ara\u00f1as que se acumulaban en las uniones de la madera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEsto es estar muerto?, me pregunt\u00e9 con un sentimiento de estupor que estaba m\u00e1s all\u00e1 de las lamentaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprendo que sigo en mi mundo, pero por siempre separado de mi vida y de los que amo, condenado a ser un testigo impotente. Una gran tristeza se apodera de mi esp\u00edritu. No soy, pienso, ni siquiera un fantasma. El sentimiento que me embarga es el de estar en un universo paralelo o en una vida intermedia de la que desconozco las reglas.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento mi madre entra a la habitaci\u00f3n. Noto, por primera vez, que no es tan vieja como yo cre\u00eda. Tiene menos de cincuenta a\u00f1os; su pelo es completamente negro y su figura delgada se mueve con agilidad, incluso ahora que solo se dedica a quitar el polvo de los muebles. Le hablo, pero no me escucha. Eso me produce un desconsuelo mayor que cualquier otra cosa. Y luego veo llegar a mi enemigo; viste el uniforme de mi liceo; coloca mis libros sobre un aparador y saluda a mi madre, que le responde sonriendo. Es m\u00e1s de lo que puedo tolerar: me agito en el aire como un insecto vivo e impotente clavado en un corcho. Le grito a mi madre que quien est\u00e1 a su lado es un impostor y mis palabras llegan a ella como un d\u00e9bil soplo de viento que agita sus cabellos y pone una expresi\u00f3n dulce en su rostro.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rubi-guerra\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Otros mares En abril o mayo, al comienzo de las lluvias, nos enteramos de que hab\u00edan matado a un vecino Guardia Nacional en un enfrentamiento con un grupo guerrillero que, minutos antes, hab\u00eda asaltado un banco en El Tigre. La Guardia Nacional ten\u00eda su cuartel en la entrada del Campo Petrolero, aunque la tropa y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":9854,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9853"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9853"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9853\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9863,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9853\/revisions\/9863"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9854"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9853"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9853"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9853"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}