{"id":9817,"date":"2023-12-08T12:38:24","date_gmt":"2023-12-08T12:38:24","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9817"},"modified":"2023-12-08T12:40:59","modified_gmt":"2023-12-08T12:40:59","slug":"historias-profanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/historias-profanas\/","title":{"rendered":"Historias profanas: De Gardel a Sarli"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por Edinson Mart\u00ednez<\/h4>\n\n\n\n<p>En la ciudad donde he vivido siempre, durante mi ni\u00f1ez y parte de la adolescencia, hab\u00eda dos salas de cine emblem\u00e1ticas, estaban ubicadas en el mismo per\u00edmetro urbano de su casco central, frente a la plaza principal de aquel buc\u00f3lico pueblo de entonces. &nbsp;Uno de aquellos cines exhib\u00eda las novedades de la pantalla grande que llegaban con el retraso comprensible para un apartado pueblo a orillas del lago de Maracaibo lleno de migrantes europeos y gente venida de todas partes atra\u00edda por la explotaci\u00f3n petrolera. El otro de los cines no se deten\u00eda mucho en escogencias f\u00edlmicas, todos los d\u00edas ten\u00eda cartelera de dos turnos; el primero de ellos cayendo la noche, y el otro, inmediatamente despu\u00e9s, cuando el com\u00fan de los habitantes de aquella ciudad redonda con unas cuatro calles m\u00e1s o menos importantes, comenzaba a cabecear por el cansancio de la jornada laboral. Ciudad Ojeda es su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, en esos instantes dando paso a la noche plena, la pantalla del viejo establecimiento a cielo abierto, ir\u00f3nicamente identificado como <em>Cine Nuevo,<\/em> se encend\u00eda tentadora ante sus l\u00fabricos espectadores para seducirlos durante casi dos horas con las im\u00e1genes imp\u00fadicas de la proyecci\u00f3n para adultos. Hasta el filo de la medianoche se extend\u00eda la funci\u00f3n, y luego, como una romer\u00eda de noct\u00e1mbulos impenitentes, en silencio, o en alegr\u00eda contenida, cada quien buscaba el modo de regresar a su casa en un pueblo vencido por el sue\u00f1o. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por razones de edad, como adolescente, nunca pude entrar a ninguna de esas proyecciones, pues, siendo tan peque\u00f1o el poblado, cada portero, casi siempre seleccionado por su cara de vinagre para desempe\u00f1ar su papel a cabalidad, conoc\u00eda a las generaciones de muchachos deseosos de conseguir un asiento en una de estas funciones sin tener la edad respectiva. As\u00ed que la \u00fanica opci\u00f3n consist\u00eda en burlar las prescripciones reglamentarias, entra\u00f1ando de este modo una doble infracci\u00f3n para los menores de edad: ver una pel\u00edcula pornogr\u00e1fica sin edad para ello, y, adem\u00e1s, violar la seguridad del cine para conseguir semejante prop\u00f3sito. M\u00e1s tarde, cuando aquel cine er\u00f3tico de los a\u00f1os sesenta y setenta del siglo pasado se convirti\u00f3 en una risible y atontada muestra libidinosa del g\u00e9nero, por virtud de las fronteras lujuriosos que fueron super\u00e1ndose en las grotescas escenas de las sucesivas producciones, pues dej\u00f3 de interesarnos. Al portero, pod\u00eda verlo de vez en cuando en una de las cafeter\u00edas aleda\u00f1as al cine; un pintoresco lugar propiedad de los \u00fanicos dos suizos que viv\u00edan en la ciudad. Ya no era el \u00e1cido personaje de aquellos a\u00f1os, sino un sujeto reservado, flaco y largo con cara de chino viejo que tomaba una taza de caf\u00e9 con manos temblorosas en evidente muestra de un <em>Parkinson <\/em>avanzando sin remedio.&nbsp;&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De aquellos d\u00edas inquietos que el recuerdo comienza a palidecer, tengo presente las im\u00e1genes de la fachada del <em>Cine Nuevo, <\/em>en cuyos flancos de su entrada principal se exhib\u00edan llamativos afiches o <em>posters<\/em> de la pel\u00edcula de turno, mientras en la parte superior, en grandes letras, destacaba el t\u00edtulo del estreno para adultos. De muchas de ellas tengo el recuerdo vivo anunci\u00e1ndose tentadoramente en sus carteles de promoci\u00f3n. En ellos se mostraba la figura voluptuosa de la estrella en pose sugestiva, en tanto, de manera visiblemente calculada, destacaban el nombre de la protagonista y el respectivo lema publicitario: <em>Isabel Sarli en Lujuria Tropical. Pasi\u00f3n en sus ojos, fuego en sus labios, deseo en su cuerpo<\/em><em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La ficha t\u00e9cnica de la producci\u00f3n f\u00edlmica, era lo de menos, a nadie le interesaba, apenas el nombre del director, en algunos casos, dada la filiaci\u00f3n existente entre \u00e9l y la sensual interprete, del resto, como podr\u00eda ser el guionista, edici\u00f3n y montaje, musicalizaci\u00f3n, o el nombre del conjunto de actores y actrices que asimismo formaban parte de la realizaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica, a pocos importaba. Nadie se deten\u00eda en semejantes detalles.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, esta clase de filmes era un producto de consumo masivo para hombres, correspondiendo estrictamente a los valores y cultura dominante de la sociedad machista y sexista de aquella \u00e9poca, as\u00ed que s\u00f3lo interesaban las escenas de los desnudos que realizaba la protagonista. La propia actriz argentina mencionada antes, en alg\u00fan momento, contando varias de sus an\u00e9cdotas en diversas apariciones, lleg\u00f3 a referir que, sus pel\u00edculas cuando no ten\u00edan desnudos, su \u00e9xito era muy limitado y de poca aceptaci\u00f3n del p\u00fablico. En una entrevista con Jorge Coscia en Puerto Cultura en septiembre de 2012, as\u00ed lo afirma:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u2026Y la pel\u00edcula, yo no hice desnudos porque dec\u00edan que, si Armando era un comerciante, que me pon\u00eda desnuda y as\u00ed ganaba dinero, el otro que era un intelectual, tan querido por los periodistas, y a Armando no lo quer\u00edan, era el loco, le dec\u00edan el loco\u2026bueno, yo no voy a hacer desnudos, y no hice desnudos\u2026 <em>Setenta veces siete<\/em><em> <\/em>[comenta el entrevistador], un fracaso de p\u00fablico, una pel\u00edcula con muchos valores art\u00edsticos [\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p>Habl\u00e1bamos de <em>Setenta veces siete<\/em> [continua Jorge Coscia], dirigida por Torre Nilsson, una pel\u00edcula que desilusion\u00f3 a muchos de los seguidores de las pel\u00edculas de Armando Bo porque no hab\u00eda desnudos [\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p>Viste \u2026 [refiere Isabel Sarli] Que iba siempre un hombre con un <em>cuenta ganado<\/em> para contar la gente que entra al cine y dicen que, cuando se estren\u00f3 <em>Setenta veces siete<\/em><em>,<\/em> uno dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Esta es la peor de Armando Bo!\u201d. Porque no hab\u00eda ning\u00fan desnudo\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras escribo esta cr\u00f3nica, lindando la medianoche, se desata una tormenta surgida del calor h\u00famedo que ha sofocado todo el d\u00eda; se levanta rabiosa viniendo del oeste, marcando el inicio del cambio de temporada clim\u00e1tica en la regi\u00f3n. En mayo, las lluvias se anuncian con unos calorones pegajosos que, cuando menos las personas esperamos, de pronto en el cielo incandescente que un sol como un disco leonado alumbra, se forma una ventolera que r\u00e1pidamente trasmuta en oscuros nubarrones lanzando unas gotas pareciendo proyectiles de agua. As\u00ed es nuestro tr\u00f3pico deslumbrante \u2013pienso\u2013, ese que Regis Debray con su mirada de otras latitudes, admitiera alucinado en la narrativa de una de sus novelas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfC\u00f3mo inventar la melod\u00eda de un tiempo c\u00f3mplice en una regi\u00f3n que no tiene estaciones? \u00bfC\u00f3mo componer una partitura para dos voces y un violoncelo donde hace m\u00e1s de treinta grados a la sombra desde la ma\u00f1ana a la noche y nunca menos de veinte desde el atardecer a la ma\u00f1ana? \u00bfD\u00f3nde el verano est\u00e1 separado del invierno por un aguacero y no por un oto\u00f1o? \u00bfD\u00f3nde los verdes son verdes lo mismo en julio que en enero y las corolas de los tulipanes escarlatas durante todo el a\u00f1o\u2026? El a\u00f1o de Europa es una monta\u00f1a rusa, un follet\u00edn de episodios\u2026\u201d\u00a0<em>El Indeseable <\/em>(1975). Regis Debray<\/p>\n\n\n\n<p>El 25 de abril de 1935 Carlos Gardel lleg\u00f3 a Venezuela, ven\u00eda de Puerto Rico, y era la primera vez que se encontraba en Am\u00e9rica del Sur, s\u00ed en <em>Am\u00e9rica del Sur<\/em>, si tom\u00e1ramos en serio, con la prescindencia obvia del sarcasmo impl\u00edcito que tiene aquel episodio comentado por el tambi\u00e9n argentino Tomas Eloy Mart\u00ednez, cuando de regreso a Buenos Aires, despu\u00e9s de pernoctar en Caracas, el taxista muy solemnemente le pregunta: <em>\u201c\u00bfqu\u00e9 tal van las cosas por Am\u00e9rica Latina?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, era la primera ocasi\u00f3n en que el \u00eddolo tocaba tierra tropical en el subcontinente. Fue un jueves de abril cuando arrib\u00f3 al puerto de La Guaira, una localidad del centro norte costero de Venezuela, precipitada sobre una extendida costa del mar Caribe, teniendo de fondo el paisaje verde de las monta\u00f1as que rodean la capital del pa\u00eds. El Caribe, para quienes por primera vez se le acercan, tiene una impresi\u00f3n deslumbrante, de desconcierto no siempre bien comprendida por quienes en un principio lo descubren: una realidad llena de hechos extraordinarios rodeada de un paisaje natural ex\u00f3tico, y una alucinante variedad de formas culturales que amalgama las ancestrales con las ra\u00edces africanas y la presencia europea de la Conquista, y tambi\u00e9n, adem\u00e1s, la subsiguiente a causa de los grandes conflictos armados del siglo pasado.&nbsp; Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, as\u00ed lo apunta en sus Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza, en una publicaci\u00f3n titulada <em>El olor de la guayaba<\/em> (1982).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cYo creo que el Caribe me ense\u00f1\u00f3 a ver la realidad de otra manera, a aceptar los elementos sobrenaturales como algo que forma parte de nuestra vida cotidiana. El Caribe es un mundo distinto cuya primera obra de literatura m\u00e1gica es el <em>Diario de Crist\u00f3bal Col\u00f3n,<\/em> libro que habla de plantas fabulosas y de mundos mitol\u00f3gicos.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed la historia del Caribe est\u00e1 llena de magia tra\u00edda por los esclavos negros de \u00c1frica, pero tambi\u00e9n por los piratas suecos, holandeses [\u2026]. La s\u00edntesis humana y los contrastes que hay en el Caribe no se ven en otro lugar del mundo\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel d\u00eda, Carlos Gardel se sinti\u00f3 rodeado del j\u00fabilo parroquiano de un pa\u00eds dominado por el conservadurismo y una autocracia de m\u00e1s de un cuarto de siglo. Pocas veces un suceso con esas caracter\u00edsticas ocurr\u00eda en la cotidianidad sopor\u00edfera de la dictadura. M\u00e1s tarde atemperados los \u00e1nimos en ciudad costera, Gardel y su comitiva se trasladan a Caracas en un viaje de dos horas por v\u00eda f\u00e9rrea. Su llegada a la capital caus\u00f3 el mismo entusiasmo y veneraci\u00f3n con el que fuera recibido en La Guaira.<\/p>\n\n\n\n<p>El cantante ven\u00eda a Venezuela a realizar varias presentaciones, por eso los organizadores de la gira escogieron las ciudades de mayor poblaci\u00f3n y dinamismo econ\u00f3mico, y de acuerdo con ello ofrecieron recitales en Caracas, Valencia, Maracay y Maracaibo. Ante el mism\u00edsimo dictador Juan Vicente G\u00f3mez, en la ciudad de Maracay, realiz\u00f3 una presentaci\u00f3n con exclusividad. El viejo y taimado aut\u00f3crata espantaba entonces de sus alrededores, la mosca de la muerte olfateando su destino \u2013G\u00f3mez falleci\u00f3 el 17 de diciembre de ese mismo a\u00f1o\u2013, acaso tambi\u00e9n la de alg\u00fan otro en asombrosa fatalidad poco despu\u00e9s. Enguantado, como de costumbre, y con su proceder austero, recibi\u00f3 a Gardel y sus acompa\u00f1antes, igualmente seducido por su talento. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez concluida la bien estructura gira en el centro del pa\u00eds, continu\u00f3 a Maracaibo, la capital del naciente emporio petrolero de Venezuela, donde har\u00eda una exquisita actuaci\u00f3n en los escenarios m\u00e1s importantes de la ciudad, conocidos como teatro Baralt y teatro Metro. En ellos estuvo los d\u00edas 18 y 19 de mayo de 1935, ovacionado y venerado como todo un \u00eddolo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, el \u00e9xito del periplo art\u00edstico hab\u00eda desbordado las expectativas de sus promotores. Entonces, en \u00faltimo momento, fuera de los planes iniciales, un empresario de espect\u00e1culos de nombre Giovanny Pasini, persuade a los organizadores de la prolongada gira, de la idea de incorporar una nueva presentaci\u00f3n. Ser\u00eda un evento rel\u00e1mpago, muy r\u00e1pido, a pocas horas, en una ciudad cercana, de nombre Cabimas; el verdadero epicentro de la producci\u00f3n petrolera nacional, incluso del hemisferio occidental, a la que Eduardo Galeano, el escritor uruguayo, visitar\u00eda d\u00e9cadas despu\u00e9s y bautizara como <em>El pez\u00f3n de Am\u00e9rica<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ciudad contaba con una poblaci\u00f3n de unos quince mil habitantes y era el asiento, por otra parte, de las m\u00e1s importantes empresas transnacionales que explotaban el petr\u00f3leo en todo el planeta. Para trasladarse a ella deb\u00edan viajar atravesando las aguas del lago de Maracaibo, un estuario de 13.210 km\u00b2 de superficie que separa a la capital \u2013Maracaibo\u2013 del resto de la geograf\u00eda regional. La traves\u00eda la realizar\u00edan en una embarcaci\u00f3n peque\u00f1a durante dos horas surcando el remanso lacustre.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, el 20 de mayo, el empresario y propietario del lugar \u2013Cine Internacional\u2013 donde actuar\u00eda Carlos Gardel, se visti\u00f3 de gala para recibirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una multitud se concentr\u00f3 en el muelle de Cabimas para darle la bienvenida al <em>Zorzal Criollo. <\/em>Personas de todas las edades y sexo se agolparon para ver pasar al c\u00e9lebre cantante quien, con su cortes\u00eda habitual, saludaba a todos los admiradores que m\u00e1s tarde ver\u00eda en el Cine Internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>A las 7 de la noche la locaci\u00f3n estaba de bote en bote, no cab\u00eda un alma. Todo presagiaba un \u00e9xito rotundo. Al parecer, Gardel hab\u00eda sido contratado para cantar \u00fanicamente tres temas, presumimos, s\u00f3lo eso, que fueron los tangos de mayor popularidad, entre ellos, quiz\u00e1s, el infaltable <em>Cuesta abajo<\/em>, o <em>Por una cabeza<\/em>, tal vez, <em>Tomo y obligo<\/em>, o <em>Mi Buenos Querido, <\/em>si asumi\u00e9ramos que fueron cuatro y no tres. <em>\u201cLa memoria es, al fin de cuentas, una cuesti\u00f3n de lenguaje\u201d<\/em><em>,<\/em><em> <\/em>dir\u00edamos, acompa\u00f1ando aquellas palabras de Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez durante el verano sure\u00f1o de 2006 en su art\u00edculo <em>Con el pasado que vuelve. <\/em>Pues, la cantidad no alterar\u00eda en nada, los sucesos que habr\u00edan de presentarse en poco tiempo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El caso es que, promediando las diez de la noche, el espect\u00e1culo da inicio con la aparici\u00f3n en escena del \u00eddolo tanguero, sus guitarristas acompa\u00f1aron la ejecuci\u00f3n acordada y, al finalizar, sin mayores explicaciones, Carlos Gardel se retir\u00f3 apresurado sin despedirse. El p\u00fablico, en medio del calor sofocante, del alboroto expectante cobrando fuerza, al darse cuenta, como siempre ocurre en estos casos, siguiendo a una voz incendiaria surgida de la euforia, se enardeci\u00f3 tanto que, en cuesti\u00f3n de segundos, gener\u00f3 una revuelta. Ese descontrol alcanz\u00f3 fue tan brutal que, las instalaciones del cine, ante la vista de todos, de pronto comenzaron a ser devoradas por un fuego desenfrenado que se extend\u00eda desde el fondo del austero proscenio. En pocos minutos las lenguas flameantes del candelero siniestro consumieron el cine de Pasini,<\/p>\n\n\n\n<p>Carlos Gardel regres\u00f3 a Maracaibo, probablemente no se enter\u00f3 de lo ocurrido en Cabimas, quiz\u00e1s lleg\u00f3 a tener alguna informaci\u00f3n vaga, o imprecisa del incidente, nadie lo podr\u00eda asegurar. El cantante, como estaba previsto, en poco tiempo parti\u00f3 a Curazao, posteriormente a Colombia, y a Medell\u00edn, en donde a treinta y cuatro d\u00edas de aquel incidente en la levantisca tierra petrolera, fallece en el tr\u00e1gico accidente a\u00e9reo que marca un antes y un despu\u00e9s en la historia del tango. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La leyenda urbana que surge de aquel suceso en Cabimas, registra los hechos de otra manera: una desmelenada salida del artista, perseguido por una multitud reclam\u00e1ndole por una p\u00e9sima presentaci\u00f3n, en la que nunca pudo escucharse n\u00edtidamente su voz ni los acordes de los guitarristas en la abreviada interpretaci\u00f3n. Acaso Jorge Luis Borges, en su genialidad, comprendiera este proceder humano de fabular al margen de la realidad, como el camino a la inmortalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa muerte (o su alusi\u00f3n) hace preciosos y pat\u00e9ticos a los hombres. Estos conmueven por su condici\u00f3n de fantasmas; cada acto que ejecuta puede ser el \u00faltimo; no hay rostro que no est\u00e9 por desdibujarse como el rostro de un sue\u00f1o. Todo entre los mortales tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso.\u201d <em>El Aleph<\/em> (1949<em>). <\/em>Jorge Luis Borges<\/p>\n\n\n\n<p>En mayo, el mes escogido por los indescifrables caprichos del azar, Gustavo Cerati \u2013y esto lo recuerdo ahora\u2013 nos visit\u00f3 en Venezuela para ofrecer el recital que le tra\u00eda de gira por varios pa\u00edses de la regi\u00f3n. Fue el \u00faltimo concierto del paisano de Gardel. El 15 de mayo de 2010, despu\u00e9s de ofrecer su presentaci\u00f3n en Caracas, Cerati sufri\u00f3 un accidente cerebrovascular isqu\u00e9mico del cual nunca pudo recuperarse.<\/p>\n\n\n\n<p><em>En el juego de la vida<\/em>, un poco en manifestaci\u00f3n sarc\u00e1stica al fortuito vaiv\u00e9n de los hechos que trastocan el discurrir parsimonioso de la vida, Daniel Santos canta esa reconocida melod\u00eda tropical. He aqu\u00ed el estribillo de la canci\u00f3n estrenada en 1953.<\/p>\n\n\n\n<p><em>En el juego de la vida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Juega el grande y juega el chico<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Juega el blanco y juega el negro<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Juega el pobre y juega el rico.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En el juego de la vida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Nada te vale la suerte<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Porque al fin de la partida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Gana el albur de la muerte\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y confieso que quiz\u00e1s sea una tentaci\u00f3n de escritor la de atar casualidades, donde no existe sino una circunstancia transmutando en la imaginaci\u00f3n del autor. Al fin y al cabo, el oficio, pareciera que nos va cincelando como el escultor moldea a su obra. En Panam\u00e1, en la recepci\u00f3n del hotel donde me hosped\u00e9 a\u00f1os atr\u00e1s, aquella tarde mientras esperaba por el taxi, caminaba de un lugar a otro, un poco impaciente me mov\u00eda, y de pronto, un se\u00f1or que me observaba sin percatarme, se me acerca amable y despu\u00e9s de un saludo con tanta cortes\u00eda que parec\u00eda un esgrimista de las palabras, me pregunt\u00f3: \u201c\u00bfUsted es escritor?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, pens\u00e9 \u2013mir\u00e1ndolo sonriente\u2013, que cada quien busca en este mundo de an\u00f3nimos andantes, a lo mejor sin saberlo, a sus propias contrapartes, o quiz\u00e1s la levadura de la alquimia creativa que a veces le absorta. Los celosos suelen ver infieles en el conjunto; los polic\u00edas a los maleantes; los m\u00e9dicos, los signos del enfermo en el paciente que a\u00fan no tiene. El pol\u00edtico, a un seguidor tras cada gesto inocente y, el escritor, a sus personajes del pr\u00f3ximo libro. Aquel encuentro, tambi\u00e9n fue durante un mayo caluroso presagiando tormenta, justo como ahora, cuando escribo esta cr\u00f3nica de historias profanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que suelen ser tan indescifrables las vertientes del azar, los cabos sueltos de una realidad que se muestra en episodios aislados, que, si no fuera porque es muy larga y lenta la historia de los hombres, las casualidades nunca se advertir\u00edan. En 1958 Pascual Nicol\u00e1s P\u00e9rez, boxeador argentino, campe\u00f3n mundial del peso mosca, tuvo como retador al \u00fanico venezolano que hizo m\u00e9rito para destronarlo, su nombre: Ram\u00f3n (Ramoncito) Arias, natural de Cabimas. La contienda se llev\u00f3 a cabo el 19 de abril de 1958, en Caracas, y esa noche, Arias fue derrotado por decisi\u00f3n. Su pueblo, Cabimas, atento a los pormenores, lo vio ganador.<\/p>\n\n\n\n<p>En mayo de 2007, de regreso de Buenos Aires, tal vez a unos cuatro o cinco d\u00edas, posiblemente en la semana siguiente, una noche ahora imprecisa, ya tarde, cost\u00e1ndome un poco conciliar el sue\u00f1o, decid\u00ed mirar la televisi\u00f3n para intentar dormirme. As\u00ed, jugando con el control remoto, fui pase\u00e1ndome por varios de los canales sin inter\u00e9s espec\u00edfico en ninguno, de repente, al detenerme en <em>Am\u00e9rica TV<\/em><em>,<\/em><em> <\/em>noto que, en un programa de entrevistas, al parecer de personalidades del medio art\u00edstico, una mujer mayor conversaba amenamente con el periodista. Se trataba de una anciana muy atractiva, elegante, con gran facilidad para expresarse y, sobre todo, bastante espont\u00e1nea para referir cada comentario, eso, precisamente, fue lo que hizo \u2013si obviamos el imperativo albur de las casualidades\u2013 que me quedara siguiendo la entrevista hasta conocer de qui\u00e9n se trataba. Al cabo de unos minutos, no muchos, el presentador finalmente dice su nombre: \u00a1Isabel Sarli!<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, nada m\u00e1s y nada menos, que la chica sensual, medio desnuda que aparec\u00eda en los <em>posters<\/em> de mi adolescencia anunciando sus pel\u00edculas en el <em>Cine Nuevo<\/em> de mis recuerdos. Nunca hab\u00eda visto una entrevista de ella ni tan siquiera escuchado su voz hasta esa medianoche. Hablaba de su experiencia como actriz de cine er\u00f3tico, de la censura en la Argentina para las producciones de este g\u00e9nero. De aquellas cintas que mejor recordaba por su desaf\u00edo art\u00edstico y t\u00e9cnico; de sus filmaciones en Brasil, Uruguay, Paraguay, M\u00e9xico, Estados Unidos y otros pa\u00edses; de su amor devoto por Armando Bo, su esposo, en fin, un repaso m\u00e1s o menos nost\u00e1lgico de su vida, a prop\u00f3sito del cual, el entrevistador, quiz\u00e1s aprovechando ese soplo mustio con el que en ocasiones giraba la conversaci\u00f3n, le inquiere de pronto sobre alguna an\u00e9cdota que particularmente recuerde. Aqu\u00ed, entonces, la<em> Coca Sarli<\/em>, como tambi\u00e9n se le conoci\u00f3, comienza por decir con una sonrisa llena de gracia:<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, tengo una an\u00e9cdota que recuerdo muy particularmente, fue en Venezuela [Entonces, todos mis sentidos se pusieron alerta], en una regi\u00f3n petrolera\u2026, que ahora, esper\u00e1te\u2026, no recuerdo bien\u2026, s\u00ed, ya est\u00e1, en Cabimas, fue en Cabimas\u2026, donde nos contrataron para hacer una presentaci\u00f3n, una promoci\u00f3n o algo as\u00ed, aquello estaba lleno, el cine, muchos hombres, trabajadores petroleros, seguro&#8230; El caso es que se form\u00f3 un alboroto tan grande, todos exaltados, volaron sillas y cosas, y la gente se nos ven\u00eda encima. Tuvimos que salir pr\u00e1cticamente corriendo de aquel lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>De aquella entrevista conservo n\u00edtidamente en mis recuerdos sus comentarios, y eso es justamente lo que hago al transcribirlos. No pudo ella establecer la fecha de aquel episodio ni el momento preciso en que estuvo en Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1964 se estren\u00f3 la pel\u00edcula <em>Lujuria Tropical<\/em><em>, <\/em>lleg\u00f3 a las carteleras de los cines comenzando el a\u00f1o, seg\u00fan anotaciones de la \u00e9poca, fue todo un \u00e9xito taquillero. El filme es una coproducci\u00f3n argentino-venezolana rodada en el oriente de Venezuela, en una paradisiaca playa emplazada en las costas del mar Caribe de nombre <em>playa Colorada<\/em><em>,<\/em> una verdadera incitaci\u00f3n al pecado por la calidez de sus aguas y un paisaje estimulante. All\u00ed estuvo Hilda Isabel Gorrindo Sarli (Isabel Sarli) junto al resto del elenco de la producci\u00f3n cinematogr\u00e1fica, y naturalmente, su director y guionista Armando Bo \u2013que aqu\u00ed, de acuerdo con la chispa caribe\u00f1a para referirnos a situaciones como estas, dir\u00edamos sobre \u00e9l: \u201cque era el novio de la madrina, cuarto bate y due\u00f1o del equipo\u201d\u2013.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es probable que, en la oportunidad del rodaje, la actriz haya visitado a Cabimas, o, m\u00e1s tarde, durante el estreno, en enero de 1964, y fue entonces, cuando ocurri\u00f3 el episodio contado por ella ya de manera graciosa en <em>Am\u00e9rica TV<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso es que de esa visita apenas queda el recuerdo, una luz viajando hu\u00e9rfana entre el sue\u00f1o y la realidad.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/edinson-martinez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Foto: https:\/\/primeraedicioncol.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Edinson Mart\u00ednez En la ciudad donde he vivido siempre, durante mi ni\u00f1ez y parte de la adolescencia, hab\u00eda dos salas de cine emblem\u00e1ticas, estaban ubicadas en el mismo per\u00edmetro urbano de su casco central, frente a la plaza principal de aquel buc\u00f3lico pueblo de entonces. &nbsp;Uno de aquellos cines exhib\u00eda las novedades de la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":9818,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9817"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9817"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9817\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9821,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9817\/revisions\/9821"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9818"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9817"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9817"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9817"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}