{"id":9743,"date":"2023-12-04T15:23:39","date_gmt":"2023-12-04T15:23:39","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9743"},"modified":"2023-12-04T20:30:23","modified_gmt":"2023-12-04T20:30:23","slug":"julian-y-el-monologo-interior","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julian-y-el-monologo-interior\/","title":{"rendered":"\u00abJuli\u00e1n\u00bb y el mon\u00f3logo interior"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Domingo Miliani<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>1. Las novelas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A Jos\u00e9 Gil Fortoul se le aplic\u00f3 la consabida f\u00f3rmula de aprisionarlo en un solo aspecto de su actividad intelectual: \u201cautor de la <em>Historia cons\u0002titucional de Venezuela<\/em>\u201d, como si hubiera sido su \u00fanica obra. \u00bfSobra preguntar qu\u00e9 vigencia tiene su producci\u00f3n restante en nuestros d\u00edas? Su narrativa fue la m\u00e1s afectada. La cr\u00edtica regionalista ley\u00f3 despectiva\u0002mente sus novelas. Pic\u00f3n Febres hab\u00eda impuesto un criterio de exclusi\u00f3n que fue entendido casi como un axioma: lo nacional = lo rural. La novela <em>Juli\u00e1n<\/em> no entraba en semejante cuadr\u00edcula. Su autor la escribi\u00f3 a los 27 a\u00f1os, cuando resid\u00eda en Alemania. La primera edici\u00f3n es de Leipzig, Imprenta de Julius Klinkhardt, 1888. Solo fue reeditada en sus <em>Obras Completas<\/em>(1).<\/p>\n\n\n\n<p>Nacido en Barquisimeto, el 29 de noviembre de 1861, la vocaci\u00f3n literaria de Gil Fortoul es precoz. En El Tocuyo, edit\u00f3 dos peri\u00f3dicos estudiantiles: El aura juvenil (1873) y El ciudadano (1880). Graduado de Bachiller en Filosof\u00eda en el Colegio \u201cLa Concordia\u201d, con un primer libro de poemas titulado Infancia de mi musa, se marcha a Caracas. Funda un tercer peri\u00f3dico: Flores del \u00c1vila. Gana premio en un certa\u0002men conmemorativo del centenario del nacimiento de Bol\u00edvar, con un poema cuyo t\u00edtulo m\u00e1s bien pareciera adecuado a un ensayo: \u201cLa obra de Col\u00f3n y su influencia en los destinos del mundo\u201d. Su iniciaci\u00f3n intelectual es, pues, literaria antes que hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Estudia Ciencias Pol\u00edticas en la Universidad Central, donde el po\u0002sitivismo y el evolucionismo ense\u00f1ados respectivamente por Rafael Villavicencio y Adolfo Ernst estaban en auge. R\u00e1pidamente se identifica con aquellas orientaciones doctrinarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Ideol\u00f3gicamente, los a\u00f1os caraque\u00f1os fueron para Gil Fortoul de ar\u0002duas pol\u00e9micas en defensa del positivismo, contra las argumentacio\u0002nes escol\u00e1sticas de los sacerdotes Est\u00e9vez y Rodr\u00edguez e, incluso, con el Arzobispo de Caracas, Doctor Juan Bautista Castro. El centro de acti\u0002vidad doctrinaria m\u00e1s importante fue la Sociedad de Amigos del Saber, donde se divulgaba el pensamiento de Darwin, Comte y Spencer, a<br>trav\u00e9s de las p\u00e1ginas de la revista <em>Vargasia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la maduraci\u00f3n intelectual de Gil Fortoul debi\u00f3 ser decisiva la visi\u0002ta y permanencia de Jos\u00e9 Mart\u00ed en Caracas a comienzos de 1881. Seg\u00fan uno de sus bi\u00f3grafos m\u00e1s recientes(2), Gil Fortoul fue asiduo oyente y admirador del poeta revolucionario cubano en los cursos que dictara en los colegios \u201cSanta Ana\u201d y \u201cVillegas\u201d as\u00ed como en las memorables conferencias del Club Venezuela. <\/p>\n\n\n\n<p>En 1885, despu\u00e9s de obtener su Doctorado en Ciencias Pol\u00edticas, Gil Fortoul regres\u00f3 a su estado natal. Ejerci\u00f3 la profesi\u00f3n de abo\u0002gado en Barquisimeto y El Tocuyo. En marzo de 1886 se marcha a Europa. Lleva investidura diplom\u00e1tica: C\u00f3nsul en Burdeos y luego en Hamburgo. Francia, Alemania e Inglaterra contribuyen al crecimiento decisivo del escritor. El a\u00f1o de su llegada a Europa es el de la aparici\u00f3n del Manifiesto Simbolista.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde las principales ciudades europeas escribe cr\u00f3nicas period\u00edsticas y comentarios de libros, donde se vislumbra su visi\u00f3n cosmopolita del mundo. Entre Zola y el simbolismo oscila su primer contacto directo con la narrativa francesa.<\/p>\n\n\n\n<p>En Francia vivi\u00f3 casi un a\u00f1o. Estableci\u00f3 r\u00e1pidamente contactos in\u0002telectuales. Frecuenta la tertulia de la condesa de Noailles, la misma donde transcurrir\u00edan los primeros a\u00f1os literarios de Proust y Val\u00e9ry. Escribe Recuerdos de Par\u00eds, editados en Espa\u00f1a en 1887. Son vivencias entre galantes y literarias. En la tertulia de la condesa, se concentra el simbolismo. Paul Bourget es el gran dilettante. Sic\u00f3logo y novelis\u0002ta, hab\u00eda encabezado la ruptura con la llamada \u201cescuela naturalista de Medan\u201d e iniciado la implantaci\u00f3n del c\u00f3digo narrativo que habr\u00eda de institucionalizar la novela de gran mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las lecturas de Bourget \u2014Un divorcio, Ensayos de psicolog\u00eda contem\u0002por\u00e1nea\u2014 y <em>La cartuja de Parma<\/em> de Stendhal, despiertan en el venezola\u0002no la vocaci\u00f3n de novelista. Entre 1886-87 vive en Madrid. La Sociedad Iberoamericana y el Ateneo son sus lugares de m\u00e1xima frecuentaci\u00f3n. Se hace miembro de la Academia M\u00e9dico Quir\u00fargica Espa\u00f1ola con un ensayo sobre \u201cLos m\u00e9dicos alienistas y los tribunales de justicia\u201d (1887).<\/p>\n\n\n\n<p>El ambiente de la capital espa\u00f1ola seguramente le hizo rememorar sus traviesos d\u00edas caraque\u00f1os de pol\u00e9micas con los cl\u00e9rigos que refutaban el evolucionismo y el positivismo. Ahora en el Ateneo ocurren debates similares. Desde Madrid env\u00eda colaboraciones regulares a La opini\u00f3n nacional. El cosmopolitismo rezuma en cada p\u00e1gina. Poco tiempo des\u0002pu\u00e9s se marcha a Liverpool y Leipzig.<\/p>\n\n\n\n<p>En Liverpool escribe su primera novela: <em>\u00bfIdilio?<\/em> (1887) que solo edi\u0002tar\u00e1 en 1892. En Leipzig concluye la escritura de Juli\u00e1n. Cuando apare\u0002ce esta (1888) la novela venezolana fluctuaba entre un romanticismo<br>naturalista acicateado por la est\u00e9tica de la novela-verdad \u2014introducida en Venezuela desde 1880\u2014 y las tentativas de un regionalismo m\u00e1s consistente que los cuadros de costumbres. El idilio rom\u00e1ntico segu\u00eda siendo soporte estructural de las di\u00e9gesis narrativas. El objetivismo art\u00eds\u0002tico al modo de Flaubert apenas interes\u00f3 a nuestros narradores.<\/p>\n\n\n\n<p>Juli\u00e1n intent\u00f3 anticiparse como novela art\u00edstica en una Caracas a\u00fan parroquiana. Fue un momento poco afortunado. Dos a\u00f1os despu\u00e9s de su aparici\u00f3n, la novela <em>Peon\u00eda<\/em> (1890) institucionalizaba un ruralismo encabalgado entre el romanticismo y el positivismo, como cimiento para definir literariamente \u201clo nacional\u201d. No es para sorprender que la peque\u00f1a novela de Gil Fortoul, ambientada en Madrid, pasara poco menos que inadvertida. A\u00f1\u00e1dase que el autor, en los a\u00f1os siguientes, se orient\u00f3 m\u00e1s hacia la investigaci\u00f3n historiogr\u00e1fica o a la reflexi\u00f3n filos\u00f3\u0002fica del Derecho, con lo cual la cr\u00edtica coet\u00e1nea hall\u00f3 argumentos para estimar a Juli\u00e1n como excentricidad literaria de un cient\u00edfico social.<\/p>\n\n\n\n<p>Con <em>\u00bfIdilio?<\/em> Gil Fortoul se avecin\u00f3 a la novela de crecimiento (bil\u0002dungsroman), como el <em>Trafalgar<\/em> (1873) de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s, cuyo personaje Gabriel Araceli guarda analog\u00edas algo m\u00e1s que homof\u00f3nicas con Enrique Aracil, a quien el narrador venezolano transfiere desde <em>\u00bfIdilio?<\/em> hasta su tercera novela: <em>Pasiones<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfIdilio?<\/em> se ubica en un villorrio imaginario: Baroa.  Pese a la intenci\u00f3n de no precisar el espacio geogr\u00e1fico, en la escritura de esta novela se sostienen apegos un tanto ir\u00f3nicos con el regionalismo literario. Hay evocaciones de la juventud larense del novelista. La pareja Enrique\/Isabel sigue el modelo rom\u00e1ntico-sentimental de ensanchado abolengo en nuestra narrativa. Con todo, esta novela tampoco fue considerada digna de figurar dentro del incipiente romanticismo rural, quiz\u00e1 por haber sido publicada dos a\u00f1os despu\u00e9s de Peon\u00eda. Ya se\u00f1alamos que la cr\u00edtica posterior a la novela de Romerogarc\u00eda discrimin\u00f3 cuanto texto narrativo mostrara s\u00edntomas de desapego a los limos locales de la tierru\u0002ca. Eso explica en buena parte la incomprensi\u00f3n frente al modernismo, cuyos anuncios en Venezuela no fueron tan anacr\u00f3nicos. La opini\u00f3n  nacional hab\u00eda recogido la carta de Juan Valera sobre <em>Azul <\/em>de Rub\u00e9n  Dar\u00edo. El famoso ensayo epistolar hab\u00eda circulado originalmente el 22  de octubre de 1888 en <em>El imparcial<\/em> de Madrid. El diario caraque\u00f1o lo  reprodujo en enero de 1889, como ha precisado Rafael \u00c1ngel Insausti  en un estudio(3). <\/p>\n\n\n\n<p>Con motivo de su reedici\u00f3n en Obras Completas de Gil Fortoul,  <em>Juli\u00e1n <\/em>fue rele\u00edda con visi\u00f3n m\u00e1s moderna por dos cr\u00edticos: Hermann  Garmendia \u2014prologuista del volumen Tres novelas\u2014 y Rafael \u00c1ngel  Insausti. Garmendia reconoce \u201catisbos de t\u00e9cnicas europeas, desco\u0002nocidas en nuestro medio, procedentes de los laboratorios de Zola,  Maupassant o Bourget, or\u00e1culos de la \u00e9poca\u201d(4). Y agrega, respecto a  Juli\u00e1n, que debe asign\u00e1rsele \u201cvalor notable en la evoluci\u00f3n de nuestra  literatura&#8230;\u201d, pero no precisa ni el valor ni las t\u00e9cnicas a que alude. <\/p>\n\n\n\n<p>Insausti rese\u00f1\u00f3 el vol. VI de <em>Obras Completas<\/em> en la <em>Revista Nacional de  Cultura<\/em>. A prop\u00f3sito de <em>Juli\u00e1n <\/em>destaca a Gil Fortoul como \u201cuno de los  precursores de la novela psicol\u00f3gica en Am\u00e9rica\u201d(5). Estima el conjunto  de las tres novelas, <em>Juli\u00e1n, \u00bfIdilio? y Pasiones <\/em>como rom\u00e1nticas y realistas,  pero admite que ellas \u201cse\u00f1alan nuevos rumbos. Contra la mojigater\u00eda  circundante se da rienda suelta a un desenfado que debi\u00f3 irritar grande\u0002mente a los moralistas de la Venezuela conservadora y timorata de en\u0002tonces. En ella se hace presente el gozo de los sentidos, un refinamiento extra\u00f1o al arte y a las costumbres de esos d\u00edas\u201d. Concluye admitiendo que Gil Fortoul \u201c\u2026se adelanta en algunos aspectos ideol\u00f3gicos \u2014no ciertamente formales\u2014 al Modernismo venezolano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00edda con una \u00f3ptica m\u00e1s pr\u00f3xima a nuestros d\u00edas, Juli\u00e1n cobra relieve particular, no s\u00f3lo como fen\u00f3meno hist\u00f3rico en la evoluci\u00f3n de la novela venezolana e hispanoamericana del momento en el cual aparece. Justamente es 1888. El mismo a\u00f1o en que la publicaci\u00f3n de <em>Azul<\/em> de Rub\u00e9n Dar\u00edo institucionalizaba los c\u00f3digos del modernismo hispanoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>Los prejuicios de otros momentos, el cosmopolitismo encarado a Dar\u00edo como se\u00f1alamiento de traici\u00f3n a su territorio de origen, pasan cada vez m\u00e1s a la categor\u00eda de tab\u00faes que la cr\u00edtica moderna revisa y pone en sitio. La realidad americana, connotada simb\u00f3licamente en cuentos de Azul \u2014\u201cEl rey burgu\u00e9s\u201d, \u201cEl s\u00e1tiro sordo\u201d\u2014 ha sido revelada por cr\u00edticos orientados hacia la Sociolog\u00eda de la Literatura, como Noel Salom\u00f3n(6).<\/p>\n\n\n\n<p>Gil Fortoul fue un cosmopolita por convicci\u00f3n y vocaci\u00f3n. En Europa le\u00eda directamente a los mismos simbolistas que nutrieron la po\u00e9tica de los modernistas. Terci\u00f3 en las pol\u00e9micas sobre decadentismo y ameri\u0002canismo en sus \u201cCartas a Pascual\u201d, publicadas a partir de 1894. Lo de mayor relevancia en Juli\u00e1n no pod\u00eda buscarse, pues, en un mayor o me\u0002nor apego a un regionalismo que, por lo dem\u00e1s, a\u00fan estaba en ciernes y vertido en prosa sin decantar, e incluso Peon\u00eda hubo de tardar dos a\u00f1os en aparecer para imponer esa especie de despotismo rural-positivista. Sobrada raz\u00f3n tiene Insausti cuando asevera que \u201cGil Fortoul se inicia en la novela cuando \u00e9sta no ha tenido en el medio venezolano ningu\u0002na manifestaci\u00f3n que se pueda calificar de extraordinaria y cuando la mayor\u00eda toma como dechado los folletones rom\u00e1nticos que llegaban de Francia\u201d(7).<\/p>\n\n\n\n<p>A nuestro juicio, <em>Juli\u00e1n<\/em> presenta rasgos significativos, aportaciones t\u00e9cnicas y de lenguaje, sumamente novedosos para el desarrollo de la novela venezolana y, por ende, fueron excepcionales en el tiempo del escritor. El que la peque\u00f1a novela hubiese o no influido entre narrado\u0002res venezolanos coet\u00e1neos de su autor, es otro asunto. Los rasgos que estimamos de singular inter\u00e9s ocupan el resto del presente ensayo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2. Quiebra del idilio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Juli\u00e1n rompi\u00f3 de manera intencional con los esquemas rom\u00e1nticos del sentimentalismo y del idilio, un elemento estructurante que prevale\u0002ci\u00f3 en la novel\u00edstica hispanoamericana desde <em>La cautiva<\/em>, de Echeverr\u00eda pasando por <em>Amalia<\/em>, de M\u00e1rmol, <em>Cumand\u00e1<\/em>, de Le\u00f3n Mera, <em>Mar\u00eda<\/em>, de Isaacs, hasta <em>Peon\u00eda<\/em>, de Romerogarc\u00eda. Se impuso como modelo desde <em>Atala<\/em> (1801) de Chateaubriand y sostuvo su redundancia esquem\u00e1ti\u0002ca dentro del Modernismo en la <em>Peregrina<\/em> de D\u00edaz Rodr\u00edguez, hasta Gallegos, en algunos de cuyos personajes persiste la relaci\u00f3n funcional id\u00edlica, como ocurre entre Santos Luzardo\/Marisela o Marcos Vargas\/ La Bordona, aunque en <em>Canaima<\/em> ya se provoca la ruptura con Marcos Vargas mitificado en el fondo de la selva, donde convive libremente con una mujer india.<\/p>\n\n\n\n<p>Juli\u00e1n M\u00e9rida aborda sus relaciones con expl\u00edcito desenfado para nar\u0002rar su intimidad er\u00f3tica. Es en este sentido novela de gran mundo a lo Bourget. Espacialmente la novela se aleja del costumbrismo rural para ubicar sus acciones en un medio urbano: Madrid. Por debajo de las referencias a la capital espa\u00f1ola despuntan acontecimientos que aluden a una Caracas sacudida por las pol\u00e9micas del Positivismo de los a\u00f1os ochenta, a lo cual ya se hizo menci\u00f3n. Una de las recriminaciones t\u00edpi\u0002cas del momento fue que se trataba de una novela ex\u00f3tica, es decir, no rural, por el hecho de que la acci\u00f3n se desarrollaba en medios intelec\u0002tuales y sociales ficticiamente ubicados en una ciudad no venezolana. <\/p>\n\n\n\n<p>A esto se a\u00f1ad\u00eda el hecho de que la escritura de Juli\u00e1n tend\u00eda a ser culta; es decir, que elud\u00eda a conciencia la ca\u00edda en el l\u00e9xico localista de nuestro costumbrismo. Los procesos de la acci\u00f3n se van desarrollando como in\u0002teriorizaciones en la conciencia de Juli\u00e1n M\u00e9rida. Hay referencias al ha\u0002bla coloquial madrile\u00f1a cuando Juli\u00e1n se desliza por la calle de Toledo hasta la plaza de la Cebada y el narrador de tercera persona apunta: \u201cEl lenguaje pintoresco, animado y grosero de aquella gente se le met\u00eda por los o\u00eddos e iba a imprimirse persistentemente en su memoria, unido a infinidad de fisonom\u00edas distintas\u201d(8). Con este recurso se va produciendo en el texto una polarizaci\u00f3n entre la tendencia idealizadora de la mujer en la literatura id\u00edlica y una realidad exterior observada en su crudeza palpitante pero desde una perspectiva m\u00e1s intelectual que coloquial.<\/p>\n\n\n\n<p>El novelista en proyecto que es Juli\u00e1n M\u00e9rida oscila, pues, en este sentido, entre la percepci\u00f3n directa de un medio social captado en masa y una propensi\u00f3n a intelectualizar la realidad bajo forma de una novela que ser\u00e1 escrita a lo largo de la novela misma. As\u00ed, en el texto puede leerse:<\/p>\n\n\n\n<p><em>A veces sufr\u00eda dolorosos chascos. Ve\u00eda llegar, acompa\u00f1ada por anciana se\u00f1ora, a una muchacha fresca y risue\u00f1a, repicando con los tacones de las botas sobre el entarimado y moviendo gra\u0002ciosamente todo el cuerpo bajo las ondas de holgado mant\u00f3n. Juli\u00e1n se entusiasmaba y echaba a volar la fantas\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 hermosa! \u00a1Cu\u00e1nta miel  en esos labios y qu\u00e9 dulces palabras deben salir  por ellos! \u00a1Y los ojos! \u00a1Valen m\u00e1s que dos soles! Y bajo ese blanco seno debe de palpitar un coraz\u00f3n tierno, sencillo y candoroso como el de un ni\u00f1o. No sabr\u00e1 fingir. Es una mariposa que vuela sobre las suciedades del mercado, sin mancharse las alas\u2026 Qu\u00e9 felicidad poseer una mujer as\u00ed, de condici\u00f3n humilde, pura de toda pasi\u00f3n, inocente hasta en sus pensamientos\u2026 Y la segu\u00eda extasiado con miradas suplicantes; hasta que ve\u00eda que un chulo se le acercaba, le recordaba una promesa dada la noche anterior y le tiraba familiarmente de una oreja. La inocente ni\u00f1a respon\u0002d\u00eda con una carcajada desvergonzada, cit\u00e1ndole para la noche, o correspondiendo al tir\u00f3n de orejas con una bofetada<\/em> (p. 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no solo en el plano del discurso se intenta esta contrastaci\u00f3n. En las acciones mismas, la relaci\u00f3n Juli\u00e1n\/Amparo se entabla de manera directa. Median apenas algunas frases voluptuosas muy de la nueva es\u0002t\u00e9tica de la sensualidad, ciertas descripciones para sugerir el sensualismo de Amparo y luego se presenta la intimidad inmediata, para concluir as\u00ed: \u201cUna hora despu\u00e9s, Juli\u00e1n y Amparo almorzaban alegremente en el comedor de do\u00f1a Br\u00edgida, sin que la patrona revelase extra\u00f1eza alguna por aquel cambio de novio\u201d (p. 32).<\/p>\n\n\n\n<p>La ret\u00f3rica de los sentimientos quedaba abolida. Y hay m\u00e1s: en el plano interior de Juli\u00e1n M\u00e9rida, la materia id\u00edlica queda escarnecida abiertamente en una sustituci\u00f3n conceptual por el amor libre:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfEl amor? S\u00ed, distracci\u00f3n, juego, combate, poco importa su esencia. La exterioridad, la parte material, era lo \u00fanico serio: satisfacer el deseo, contentar la vanidad, mantener los nervios en deliciosas vibraciones y arrullar el alma con deleites perpetua\u0002mente renovados; circular entre hermosas, como poeta o como abeja, quitarle a cada cual una flor, y alejarse oliendo, con satis\u0002facci\u00f3n diab\u00f3lica, el ramillete multicolor. (\u2026) Distribu\u00eda, como heredero pr\u00f3digo, el calor de su cuerpo y las riquezas de su esp\u00edritu (p. 40)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de Amparo sigue el amor de Consuelo, su querida por un mes; su amante intelectual. La imagen termina interiorizada como un contratipo del ideal rom\u00e1ntico: \u201cSi yo pudiera enamorarme, como los dem\u00e1s, para siempre, me enamorar\u00eda de Consuelo\u2026 Las otras me dar\u00edan hijos; me mimar\u00edan con su afecto, al fin fastidioso; me dar\u00edan la vida de todo el mundo, apacible, mon\u00f3tona, sin negros dolores, pero sin embriagueces de alegr\u00eda. \u00a1Bah! Consuelo en cambio sabe dar, con las llamas devoradoras de la carne imp\u00fadica, las auroras siempre nuevas de una carne en flor. \u00a1Vale m\u00e1s, mucho m\u00e1s!\u2026\u201d (p. 45).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, Juli\u00e1n se enamora de Laura y padece los desaires, pero comparte tambi\u00e9n su intimidad. La ruptura est\u00e1 en la negativa de man\u0002tener clandestinizada su pasi\u00f3n. Decepcionado, finalmente desemboca en la embriaguez del ajenjo, la manida v\u00e1lvula de escape del mal del siglo. Es ya el desgaste del Eros.<\/p>\n\n\n\n<p>Se puede percibir, como conclusi\u00f3n de este aspecto, que no es el idilio amoroso, la idealizaci\u00f3n de los sentimientos, lo que construye el soporte de la novela. Poco antes del viaje a San Sebasti\u00e1n y del encuentro con Laura, Juli\u00e1n reencuentra a Consuelo, a trav\u00e9s de quien conocemos p\u00e1\u0002rrafos de teor\u00edas sensualistas sobre el amor: \u201cEl amor no es m\u00e1s que un t\u00e9rmino sint\u00e9tico para expresar la serie de transformaciones que sufre un deseo\u201d (p. 63). Y en el di\u00e1logo revela a Consuelo: \u201cVivo en un mun\u0002do distinto, lleno de fantasmas, de seres impalpables, de idealidades fugitivas. La voluptuosidad de la carne se transforma en voluptuosidad del esp\u00edritu\u201d (p. 66). Si por momentos hay ca\u00eddas en la melancol\u00eda ro\u0002m\u00e1ntica dentro del plano de la escritura, lo dominante es el sensualis\u0002mo que describe o la teorizaci\u00f3n intelectualista que equipara relaciones dentro de una amoralidad que ya es ruptura con el esquema id\u00edlico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3. La novela dentro de la novela<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desgastado el idilio como elemento estructurante, Juli\u00e1n presenta el caso de una novela que va desarroll\u00e1ndose alrededor de un sujeto de la acci\u00f3n, Juli\u00e1n M\u00e9rida, un intelectual que busca su afirmaci\u00f3n como creador de la propia novela que est\u00e1 viviendo en tanto personaje. En este aspecto, Juli\u00e1n adquiere jerarqu\u00eda inusitada en nuestra narrativa: la historia de\u0002viene en novela de la novela. Un metalenguaje que define el proyecto de Juli\u00e1n M\u00e9rida de escribir una novela dentro del propio texto. As\u00ed, el plano de la escritura y el de las acciones se transfunden e intercomunican en una solidaridad funcional centrada en Juli\u00e1n, quien es al mismo tiempo sujeto de la escritura novel\u00edstica y de la acci\u00f3n narrada en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Este procedimiento, considerado modern\u00edsimo, de novela de la nove\u0002la, insurge como materia narrativa reiterada en el siglo XX. Ciertamente Balzac (en Ilusiones perdidas, 1837-1843) traza ya la figura del escritor que degenera en periodista corrompido y, por tanto, frustrado. Pero quien lo\u0002gr\u00f3 hacer del propio acto de escribir una acci\u00f3n de novela fue Andr\u00e9 Gide (Les faux monayeurs, 1923). Esa modalidad terminar\u00eda por constituir la base sustancial de lo que se llama hoy el meta-objeto novel\u00edstico, la novela de la propia escritura novel\u00edstica, presente en Cort\u00e1zar el de Rayuela lo  mismo que en Garc\u00eda M\u00e1rquez, cuyos Cien a\u00f1os de soledad se van escri\u0002biendo por mano de Melqu\u00edades a medida que la historia de Macondo se despliega. El procedimiento es habitual y reiterado tanto en Europa como en Hispanoam\u00e9rica a partir del nouveau roman.<\/p>\n\n\n\n<p>En la narrativa venezolana contempor\u00e1nea fue solo a partir de Guillermo Meneses cuando la novela comenz\u00f3 a ser materia de su pro\u0002pia narraci\u00f3n, discurso reflexivo de su existencia est\u00e9tica. Por eso no fue poco el m\u00e9rito de que Gil Fortoul, novelista de 27 a\u00f1os, en 1888, an\u0002duviera planteando semejante formulaci\u00f3n en su breve libro, con todo lo balbuciente que pudiese parecer a un lector de hoy<\/p>\n\n\n\n<p>Juli\u00e1n abre su texto con un ep\u00edgrafe de Paul Bourget, iniciador de la novela de an\u00e1lisis, decodificador del naturalismo de Medan, como se anot\u00f3 antes. Bourget prolongaba la l\u00ednea introspectiva iniciada por Stendhal, otro influjo reconocible en Gil Fortoul. La novela Cruel enig\u0002ma y los Ensayos de psicolog\u00eda contempor\u00e1nea de Bourget, constituyen \u00e9xito en Francia desde 1885. Eran comentario habitual en las tertulias frecuentadas por Gil Fortoul, a las cuales tambi\u00e9n concurr\u00eda Bourget. La perfecci\u00f3n de dise\u00f1o y la reflexi\u00f3n anal\u00edtica dentro del texto hab\u00edan sido reiteradas preocupaciones del novelista franc\u00e9s. Era la reacci\u00f3n an\u0002ti-naturalista. No es exagerado conjeturar entonces que en ese autor abrevaron los proyectos del venezolano.<\/p>\n\n\n\n<p>Juli\u00e1n M\u00e9rida lucha en la novela por alcanzar fama literaria. Lo intenta como orador en las tertulias del Ateneo de Madrid. All\u00ed expone una teo\u0002r\u00eda del estilo, pr\u00f3xima a la est\u00e9tica modernista por el rechazo al arrebato sentimental de los rom\u00e1nticos y la exaltaci\u00f3n del sensualismo art\u00edstico de los simbolistas. Cito dos p\u00e1rrafos de su lectura ante el Conde de Rada y Enrique Aracil, sus contertulios. El primero expone la voluntad renova\u0002dora del lenguaje y el distanciamiento del romanticismo crepuscular:<\/p>\n\n\n\n<p>Existen dos escollos funestos: el uno, aquel en que caen los simples coloristas, cinceladores de joyas microsc\u00f3picas; el otro, aquel en que tropiezan los puristas intransigentes, que escriben en estilo incoloro e ins\u00edpido. Nada m\u00e1s \u00e1rido que los per\u00edodos de estos ascetas ni m\u00e1s eficaz para conmover o convencer al lector, que es el fin supremo de cuantos escriben. Las lenguas no deben quedarse nunca inm\u00f3viles: si se quedan as\u00ed, huelen a muerto. Inmovilizarse en el arca\u00edsmo es tan nefasto como precipitarse en las vaguedades del romanticismo. Lo primero, petrifica el len\u0002guaje; lo otro, lo convierte en vaporosa quintaesencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo p\u00e1rrafo incide en una nueva concepci\u00f3n de la libertad expresiva, en la conciencia del trabajo verbal de la escritura, concebida dentro del sensualismo y la eufon\u00eda que habr\u00edan de proclamar e institucionalizar en c\u00f3digo los modernistas hispanoamericanos: <\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;Libertad absoluta para el pensamiento; pero bridas fuertes  para el pensamiento loco. Que la frase no llegue nunca al pa\u0002roxismo; que el per\u00edodo termine en curva armoniosa, como las  olas en una playa de pendiente suave. Frases fluidas y lucientes;  per\u00edodos que se muevan y palpiten como el cuerpo desnudo de  una muchacha virgen despu\u00e9s de un beso&#8230; Eso prefiero yo en  mis autores favoritos. Con lo cual no digo que despu\u00e9s de haber  le\u00eddo una novela deleitosa de Gald\u00f3s o un art\u00edculo perfect\u00edsimo  de Valera, no me agraden tambi\u00e9n como fresqu\u00edsimas cremas,  un cuento regocijado de Armand Silvestre, una historieta de  Banville o una p\u00e1gina voluptuosa de Catulle Mendes (p. 52). <\/p>\n\n\n\n<p>Los planteamientos citados eran a prop\u00f3sito de una revista que en la  acci\u00f3n narrativa proyectaban fundar los j\u00f3venes. Pero el otro proyecto,  el primordial, para Juli\u00e1n M\u00e9rida, era el de escribir su propia novela.  Desde el primer cap\u00edtulo del texto se perfila esa lucha y esa b\u00fasqueda  del libro, que solo concluir\u00e1 con el personaje mismo: <\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00eda hacia aquellas escenas poderosa atracci\u00f3n. Huele mal  eso \u2014pensaba\u2014 pero esa es la vida desnuda, sin ropajes hi\u0002p\u00f3critas. \u00a1Si yo pudiera! Har\u00eda un libro palpitante, hermoso,  cuajado de tipos reales, de pasiones violentas, de sentimientos  verdaderamente conmovedores. Los personajes se mover\u00edan por  s\u00ed mismos, hablar\u00edan esa lengua pintoresca e intencionada del  mercado, se destacar\u00edan sobre un fondo lleno de luz meridional;  no ser\u00edan enfermizas creaciones de la fantas\u00eda; ser\u00edan esos mis\u0002mos que acabo de ver&#8230; Sin embargo, el proyecto de una novela conceptuada como rom\u00e1nti\u0002co-realista deviene gradualmente en una novela intelectual. Los perso\u0002najes no hablan en di\u00e1logos pintorescos de mercado porque pertenecen  al gran mundo que va siendo escarnecido en la acci\u00f3n misma y est\u00e1n vistos con \u00f3ptica intelectual. A lo largo de la novela domina la visi\u00f3n libresca del mundo del escritor que proyecta la obra mientras la act\u00faa.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre el amor cambiante y los contactos con el grupo atene\u00edsta se mo\u0002dela el af\u00e1n solitario del escritor. Abandona el camino de la oratoria, primera vocaci\u00f3n de la b\u00fasqueda, que no le da renombre pero lo provee de amigos y le abre las puertas del gran mundo. El conflicto se plantea ahora entre las fiestas y los compromisos de los amigos, de una parte, y el apremio de las cuartillas desordenadas en la mesa de trabajo, a las que vuelve cuando lo retiene alg\u00fan malestar org\u00e1nico. Al otro margen el Eros. Consuelo significa en dos momentos la relaci\u00f3n funcional entre el amor y la escritura: \u201cTendido en un sof\u00e1, paseando la mirada por las molduras del techo y las ondas de las cortinas, \u00e9l le dictaba con la mis\u0002ma rapidez con que hablaba en la tribuna, y ella s\u00f3lo le interrump\u00eda con observaciones ingeniosas y comentarios discret\u00edsimos que serv\u00edan para aclarar una idea o rematar hermosamente un per\u00edodo\u201d (p. 44).<\/p>\n\n\n\n<p>En otros momentos la novela se vislumbra como proyecto a medias, interferido por la premura de un art\u00edculo para la revista, que Juli\u00e1n tam\u0002poco escribe, abrumado por la fatiga bohemia. Luego, Amparo y otra vez el Eros, como oponente del trabajo de escritura, cuando ya ha to\u0002mado conciencia del vac\u00edo que le provoca la oratoria: \u201cesos discursos del Ateneo no dan m\u00e1s que aplausos, ruido, ruido que apenas dura mientras las ondulaciones del aire llegan hasta los retratos de Alcal\u00e1 Galiano y Moreno Nieto\u2026 Por hoy, ese art\u00edculo para la revista. Y ma\u00f1ana\u2026 ma\u00f1a\u0002na ya veremos. He de concluir esa novela\u2026 si se vender\u00e1\u2026\u201d (p. 55).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando queda en soledad reflexiva para ambientar la acci\u00f3n de escri\u0002bir \u201cUna voluptuosidad resultante de recuerdos de placeres carnales y de aspiraciones castas, le manten\u00eda clavado en la silla. Era un combate entre la carne comida por deseos brutales y el esp\u00edritu volando hacia horizontes serenos; entre las \u00faltimas vibraciones de los besos de Amparo y los primeros transportes de la concepci\u00f3n est\u00e9tica\u201d (p. 55).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, cuando a seguidas del t\u00edtulo \u201cDeseos confusos\u201d arremete sobre las cuartillas para escribir el art\u00edculo, la interferencia es entonces la correcci\u00f3n, al final de la cual s\u00f3lo queda, literalmente, \u201cuna sucesi\u00f3n de frases, muy hermosas, pero sin lazo alguno de uni\u00f3n\u201d (p. 58). Termina, pues, por dictar, sobre la marcha, entre el grupo de sus compa\u00f1eros, el art\u00edculo para la revista: el escribir es sustituido por el dictado. Esa constante suspensi\u00f3n del acto de la escritura va constituyendo, en la historia narrativa, el elemento tensor de la novela que se est\u00e1 escribien\u0002do interiormente en la conciencia de Juli\u00e1n mientras dura su vida. Las secuencias del Eros y de las tertulias o las fiestas se cierran sobre s\u00ed mis\u0002mas. La escritura de la novela queda abierta ante el lector que la observa con atenci\u00f3n, como una expectativa renovada.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuera de las treinta cuartillas de la alegor\u00eda dictada a Z\u00fa\u00f1iga en la redac\u0002ci\u00f3n de la revista, que Juli\u00e1n, adem\u00e1s, se niega a corregir para no destruir\u0002las, como lectores logramos ver una rendija de escritura directa, gracias a la segunda visita de Consuelo a la pensi\u00f3n de do\u00f1a Br\u00edgida. Son las tres cuartillas sobre el amor. Y es todo cuanto sabemos del hilo subyacente del escritor en acci\u00f3n de producir texto escrito. En cambio, oralmente, Juli\u00e1n narra a Consuelo el cuento de sus amores y \u00e9sta refiere su propia versi\u00f3n, en un trueque de perspectivas interrumpidas por alusiones al tiempo, marcadas con los interrogantes reiterados de \u201c\u00bfte acuerdas?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego del desencanto amoroso que le provoca Laura en las vacacio\u0002nes de San Sebasti\u00e1n, Juli\u00e1n M\u00e9rida regresa enfermo a su habitaci\u00f3n y a sus cuartillas, pero busca una nueva puerta de escape a la escritura: el ajenjo. La separaci\u00f3n catal\u00edtica de la escritura respecto al lector es el recuento de los amores con Laura. <\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, sabemos por indicios discursivos que, en medio de la embriaguez del ajenjo, que en los primeros d\u00edas \u201cle produjo efec\u0002tos deliciosos\u201d, se lanza a escribir sin tregua y, ahora s\u00ed, omitidas las correcciones. Pero esta vez tampoco se revela al lector el contenido de  dichas cuartillas. Nos enteramos de su recuperaci\u00f3n luego de los delirios  alcoh\u00f3licos que lo atormentan y lanzan hacia la calle. En el paseo en\u0002cuentra a Isabel, el \u00fanico amor no llevado hasta la posesi\u00f3n, vivido ideal  o galantemente en San Sebasti\u00e1n, como alternancia id\u00edlica que Laura le  prodiga para lastimarlo. Isabel es el \u00fanico nexo sentimental que se man\u0002tiene inconcluso. Juli\u00e1n escribe ahora el recuento de sus experiencias  amorosas, pero no en novela, sino en versos encendidos que definan  consecutivamente a Consuelo \u2014\u201cel entusiasmo ef\u00edmero del artista\u201d\u2014;  Laura \u2014\u201cla tempestad de la pasi\u00f3n brutal\u201d\u2014; e Isabel, \u201c\u00bfLa hab\u00eda ama\u0002do acaso?\u201d. Queda omitida Amparo. <\/p>\n\n\n\n<p>La acci\u00f3n concluye con el suicidio inconsciente o delirante de Juli\u00e1n  M\u00e9rida quien, ebrio de ajenjo, se lanza por la ventana de su cuarto. Y  a\u00fan en el ep\u00edlogo el lector vuelve a preguntarse qu\u00e9 fue de las abundantes cuartillas escritas por Juli\u00e1n en sus \u00faltimos d\u00edas. Quiz\u00e1 sean la  novela Juli\u00e1n, subtitulada \u201cBosquejo de un temperamento\u201d. Es el juego  ficcional en que nos entrampa Gil Fortoul, quien por lo dem\u00e1s, repe\u0002tir\u00e1 la t\u00e9cnica de una novela de la novela, en su tercer intento. En este,  Enrique Aracil, el gran amigo de Juli\u00e1n M\u00e9rida, da cuenta muy r\u00e1pida  de la muerte de su compa\u00f1ero en Madrid, sin mencionar la ciudad.  Enrique vive en Caracas. Y erigido novelista, act\u00faa como sujeto de una  novela que se titular\u00e1 Pasiones, en la cual ocurre todo cuando acaba de  mencionarse.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4. Los puntos de vista<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el proceso del simbolismo franc\u00e9s, uno de sus poetas de segun\u0002do orden, nacido en Normand\u00eda en 1861, Edouard Dujardin, hab\u00eda explorado un procedimiento discursivo destinado a ocupar posici\u00f3n extraordinaria en el desarrollo de la narrativa del siglo XX. En efecto, ese poeta simbolista public\u00f3 en Par\u00eds y en 1888, una novela: Les lauriers sont coup\u00e9s (Los laureles est\u00e1n cortados). Era la primera novela europea donde conscientemente se aplicaba el recurso del mon\u00f3logo interior.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los m\u00e1s agudos historiadores de la novela contempor\u00e1nea, Ren\u00e9 Marie Alb\u00e8res, comenta sobre Dujardin lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed nos encontramos metidos en el universo tan complejo de la sensaci\u00f3n subjetiva; y sobre todo en una novela en donde ya no es el autor quien regula el orden de las ideas, de los sentimientos y de las sensaciones. El ejemplo m\u00e1s cl\u00e1sico es el de Edouard Dujardin, a quien se considera como el inventor ocasional del mon\u00f3logo interior, gracias a su novela <em>Les lauriers sont coup\u00e9s<\/em>, de 1887. En efecto, este novelista insulso de la \u00e9poca simbolista cede la palabra a su personaje y le hace expresar sus sensaciones. Sin darse cuenta de la originalidad p\u00f3stuma que alcanzar\u00eda su invento, nos va transmitiendo en primera persona, bajo el signo del yo, los escalofr\u00edos m\u00e1s rudimentarios de su grotesco h\u00e9roe, Daniel Prince(9).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Les lauriers sont coup\u00e9s<\/em> apareci\u00f3 primero por entregas en la Revue ind\u00e9\u0002pendante (1887), fundada por el propio Dujardin. Los cap\u00edtulos fueron insertos en los n\u00fameros de mayo a agosto de ese a\u00f1o. La redacci\u00f3n de la novela transcurri\u00f3 entre abril de 1886 y abril de 1887. El libro, editado en la imprenta de la revista, circul\u00f3 en 1888. Su autor, en coincidencia con Gil Fortoul, ten\u00eda entonces 27 a\u00f1os. Ambos hab\u00edan nacido en 1861.<\/p>\n\n\n\n<p>El juicio de Alb\u00e8res suena un tanto duro y arbitrario. El hecho de que Dujard\u00edn hubiera descubierto ocasionalmente el recurso del mon\u00f3logo interior, no indica que su introductor en la novela desconociese la ori\u0002ginalidad de su hallazgo y, en consecuencia, la suya no fue una fama p\u00f3stuma. La novela fue reimpresa en 1897 en el Mercure de France y reapareci\u00f3 como libro, con modificaciones del autor, en 1925 (Editions Messein). Era \u00e9ste el mismo a\u00f1o en que Valery Larbaud daba a co\u0002nocer a los franceses la obra de Joyce. Larbaud escribi\u00f3 el Prefacio a Gente de Dubl\u00edn para la versi\u00f3n francesa realizada por Y. Fernandez, H. de Pasquier y J. P. Reynaud, editada en 1926. (Recu\u00e9rdese que el Ulises hab\u00eda aparecido en Francia, publicado por Edit. Shakespeare and Co., en 1922). <\/p>\n\n\n\n<p>En su ensayo, Larbaud analizaba el recurso aplicado por Joyce. Un a\u00f1o antes, en 1925, Larbaud hab\u00eda escrito el Prefacio a la segunda edici\u00f3n en libro de Les lauriers sont coup\u00e9s. Al texto de Valery Larbaud segu\u00eda un estudio introductorio muy amplio, de Olivier de Magny. Dujardin hab\u00eda pedido expresamente a Larbaud que prologara aquella segunda edici\u00f3n de su novela, para \u201caclarar algunos puntos de historia literaria\u201d. Es decir, reclamaba paternidad narrativa sobre el uso inicial del mon\u00f3logo interior. Y Larbaud sostiene, entre otras cosas, que les lauriers sont coup\u00e9s est\u00e1 lejos de ser una simple \u201ccuriosidad de historia literaria, una anticipaci\u00f3n fortuita de la forma consagrada y difundida treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde por James Joyce\u201d10.<\/p>\n\n\n\n<p>Dujardin no s\u00f3lo estaba consciente de la trascendencia de su obra, sino que en 1931, en las mismas prensas de Messein, public\u00f3 un libro completo sobre el tema: <em>Le monologue interieur. Son apparition, ses ori\u0002gines, sa place dans l\u2019oeuvre de James Joyce<\/em>. Ser\u00eda casi temerario afirmar que Gil Fortoul hubiera conocido la no\u0002vela de Dujardin, en la versi\u00f3n hemerogr\u00e1fica de 1887, cuando estaba radicado en Leipzig y conclu\u00eda la redacci\u00f3n de Juli\u00e1n. Pero lo cierto es que en la novela del intelectual venezolano, como se ver\u00e1 seguidamente, el recurso del mon\u00f3logo interior es palpable y, a\u00fan m\u00e1s, se reitera de modo persistente en la tercera novela <em>Pasiones<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Una \u00faltima digresi\u00f3n de historia narrativa. Alb\u00e8res se\u00f1ala que ya hab\u00eda atisbos de mon\u00f3logo interior antes de Dujardin. Menciona por caso el Adolphe de Benjam\u00edn Constant, La cartuja de Parma, de Stendhal. En estos autores, como en Dujardin, por supuesto que el mon\u00f3logo inte\u0002rior no se pod\u00eda manifestar en todas las consecuencias que asumi\u00f3 a partir de su aplicaci\u00f3n novel\u00edstica dentro de un proceso psicol\u00f3gico lla\u0002mado <em>stream of consciousness<\/em> (fluir s\u00edquico o corriente de la conciencia).<\/p>\n\n\n\n<p>El primero que estudi\u00f3 este fen\u00f3meno ps\u00edquico fue William James en su Psicolog\u00eda General de 1890. Por lo dem\u00e1s, el fluir s\u00edquico imbricado plenamente en el mon\u00f3logo interior como discurso narrativo s\u00f3lo ser\u00eda procedimiento natural de la novela con sintaxis dislocada a partir del genial desarrollo realizado por James Joyce en su Ulises y llegar\u00eda a trav\u00e9s del <em>nouveau roman <\/em>a nuestra \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea como fuere, en las tentativas de Stendhal y m\u00e1s palpablemente en la de Dujardin, ocurr\u00eda algo esencial a prop\u00f3sito del despliegue de una interiorizaci\u00f3n literaria de las sensaciones: \u201cel novelista se calla. Habla el personaje. Consecuentemente, la novela adopta el estilo interior del personaje, en vez de conservar el estilo personal \u2014y paternalista\u2014 del novelista. Era una especie de descolonizaci\u00f3n de la novela\u201d(11).<\/p>\n\n\n\n<p>En la novela de Dujardin el mon\u00f3logo todav\u00eda se produce como un mecanismo para desahogar las sensaciones amorosas que discurren por el interior de su personaje, aunque no logra la implicitaci\u00f3n total. Se entabla una suerte de polarizaci\u00f3n contrapunt\u00edstica entre el plano ex\u0002terno, de tercera persona y el plano interior de un yo que ya no habla con nadie, como no sea su propia conciencia, es decir, que hay ausencia de interlocutor.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Juli\u00e1n<\/em> apareci\u00f3 apenas un a\u00f1o despu\u00e9s de la primera versi\u00f3n (en revis\u0002ta) de la novela de Dujardin. No se podr\u00eda pedir, por lo tanto, una obra maestra acabada en la aplicaci\u00f3n de una t\u00e9cnica narrativa que apenas comenzaba a difundirse. Lo importante es que en un novelista vene\u0002zolano de 27 a\u00f1os ese recurso estuviera notoriamente utilizado. <em>Juli\u00e1n<\/em> adquiere entonces el relieve de ser la primera novela de lengua espa\u00f1ola que se propone y logra utilizar en atisbos el mon\u00f3logo interior.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela se estratifica en dos planos discursivos perfectamente dife\u0002renciables para el lector. Una tercera persona narra la peripecia exterior de Juli\u00e1n M\u00e9rida, en contacto con el mundo intelectual y bohemio del Madrid de los ochenta. Otro plano, interno, propuesto desde un yo, im\u0002pl\u00edcita en el espacio rec\u00f3ndito del personaje sus angustias, delirios, pesa\u0002dillas de ajenjo, proyectos de una novela que Juli\u00e1n M\u00e9rida aspira escribir; pero s\u00f3lo esboza a retazos de temporalidad en el interior de su conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La implicitaci\u00f3n de esos estados de conciencia, sus \u201csensaciones\u201d, sus conflictos, devienen en soportes b\u00e1sicos de la acci\u00f3n narrativa y son comunicados al lector a trav\u00e9s de varios mon\u00f3logos interiores. Quede claro que no se trata ya de la escritura confesional de un yo rom\u00e1ntico que busca en el lector a su interlocutor para plantearle entre l\u00e1grimas las confidencias sentimentales, ni tampoco la auto-confesi\u00f3n vertida en diario \u00edntimo. Juli\u00e1n M\u00e9rida no habr\u00eda podido escribirlo por la corro\u0002si\u00f3n de su lenguaje oral, oratorio, que lo persegu\u00eda e inhib\u00eda frente a la p\u00e1gina en blanco. Juli\u00e1n vive en su yo silencioso las ebulliciones de su reflexi\u00f3n intelectual, angustias, sue\u00f1os, proyectos, delirios, dilemas si\u0002col\u00f3gicos, que en el texto no van dirigidos a ning\u00fan destinatario virtual o expl\u00edcito. El discurso volcado hacia adentro del personaje est\u00e1 perfec\u0002tamente desmembrado del plano omnisciente.<\/p>\n\n\n\n<p>El dilema fundamental de Juli\u00e1n est\u00e1 en el hecho de que el proyecto de novela no se realiza. Se enuncia en el plano discursivo de tercera persona y continuamente es interrumpido por la interiorizaci\u00f3n donde el proyecto existe. Al final, muerto el personaje, nos tendr\u00edamos que plantear el interrogante de qui\u00e9n es el otro narrador, pues el yo mo\u0002nologante ha desaparecido con el suicidio de Juli\u00e1n M\u00e9rida. Y la \u00fanica posibilidad que nos resta es afirmar que se trata de un otro que es tes\u0002tigo: Enrique Aracil. Este reaparece en <em>Pasiones <\/em>para evocar la muerte de su amigo Juli\u00e1n, como arquetipo de la frustraci\u00f3n intelectual y para asumir por relevo, \u00e9l tambi\u00e9n, la funci\u00f3n de un novelista que proyecta una novela sico-socio-pol\u00edtica, la cual tampoco va a ser realizada como escritura. El juego de intertextualidades tejida por Gil Fortoul entre <em>Juli\u00e1n y Pasiones<\/em>, a trav\u00e9s de los dos amigos constituye la base de nues\u0002tra conjetura y en cuanto al autor, ambas obras se interconectan como variaciones de una b\u00fasqueda de metalenguajes novel\u00edsticos dentro de las novelas mismas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cito para concluir, algunas microsecuencias donde se producen mo\u0002n\u00f3logos de Juli\u00e1n M\u00e9rida. Con ello, tal vez otros lectores quieren com\u0002probar por s\u00ed mismos que, sin ser regional ni regionalista, anterior a <em>Peon\u00eda<\/em>, pese al silencio de la cr\u00edtica coet\u00e1nea a su aparici\u00f3n, Juli\u00e1n no s\u00f3lo acepta y soporta una relectura de hoy, sino que ella se efect\u00faa con agrado aunque no hallemos m\u00e1s que una buena novela venezolana dig\u0002na de mejor suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Vamos al texto. Juli\u00e1n M\u00e9rida transita por una calle madrile\u00f1a, des\u0002crita a medida que el personaje \u2014intelectual en agraz\u2014 se va despla\u0002zando. Notaremos que el plano externo \u2014de tercera persona\u2014 est\u00e1 marcado por un copret\u00e9rito del discurso y, sin embargo, en el plano de la acci\u00f3n, estamos transitando un presente narrativo. En cambio, Juli\u00e1n M\u00e9rida, desde su interioridad, habla para s\u00ed en un tiempo de futuro, sobre el proyecto de novela que, ya sabemos, no escribir\u00e1, pero que en todo caso significa la simultaneidad del plano interno sobre el que est\u00e1 soportada la acci\u00f3n. En el primer trozo a citar puede notarse a\u00fan una ingenuidad de Gil Fortoul: la de anteponer al mon\u00f3logo interior el explicativo \u201cpensaba\u201d. Sin embargo, en la segunda cita y en otras nume\u0002rosas microsecuencias del texto, quedan eliminadas las explicaciones y, aunque mantiene el gui\u00f3n convencional del di\u00e1logo, el personaje carece de interlocutor, est\u00e1 apartado de la acci\u00f3n externa, el espacio est\u00e1 dentro del propio Juli\u00e1n M\u00e9rida, quien habla consigo mismo y, en consecuencia, el tono de la escritura es reflexivo en lugar de transitivo:<\/p>\n\n\n\n<p>Texto N.\u00b0 1. De plano externo a plano interno<strong><br><\/strong><em>\u201cSent\u00eda hacia aquella escena poderosa atracci\u00f3n. Huele mal eso \u2014pensaba\u2014 pero esa es la vida desnuda, sin ropajes hip\u00f3\u0002critas\u2026 \u00a1si yo pudiera! Har\u00eda un libro palpitante, hermoso, cuajado de tipos reales, de pasiones violentas, de sentimientos verdadera\u0002mente conmovedores\u201d<\/em> (p. 26).<\/p>\n\n\n\n<p>Texto N.\u00b0 2. De plano interno a plano externo<br><em>\u201cVeamos \u2014se dijo\u2014. Esto es un delirio escrito por un ebrio. Pero algo queda. He suprimido las vestiduras in\u00fatiles. Yo quiero un cuerpo desnudo y hermoso; la correcci\u00f3n de las formas y las palpitaciones de la vida sobre la carne fresca y blanda. Que la idea est\u00e9 caliente como acabada de nacer, y que la lengua vibre como la hoja de una espada. Veamos. Veamos. Empez\u00f3 a leer de nuevo, y en la primera cuartilla tropez\u00f3 con una ancha l\u00ednea de tinta\u2026\u201d<\/em> (pp. 57-58).<\/p>\n\n\n\n<p>Texto N.\u00b0 3. De plano externo a interno<br><em>\u201cDiez minutos despu\u00e9s ya estaba a inmensa distancia de la plaza de la Cebada. \u2014As\u00ed vencer\u00e9 gigantes en las contiendas literarias. Mis ver\u0002sos ser\u00e1n espadas encendidas; mis dramas, batallas; mis novelas, triunfos\u2026 Me silbar\u00e1n la primera vez. \u00a1Qu\u00e9 importa! Contestar\u00e9 con una sonrisa desde\u00f1osa. Al d\u00eda siguiente me aplaudir\u00e1n con delirio: formar\u00e9 escuela: llevar\u00e9 por todas partes un s\u00e9quito de admiradores. En los salones, en la calle, en el teatro, me mirar\u00e1n con expresivas miradas que querr\u00e1n decir: \u00a1ese es! Mi nombre ir\u00e1 surgiendo de la oscuridad como un sol. \u00a1Llevo algo aqu\u00ed! Se golpeaba con la mano la frente; y continuaba con sus desorde\u0002nados delirios, hasta que, al llegar a la Puerta del Sol, un codazo le volv\u00eda a la realidad\u201d<\/em> (p. 27).<\/p>\n\n\n\n<p>Solo nos resta a\u00f1adir que el Gil Fortoul novelista, anterior intelec\u0002tualmente al estudioso de las Ciencias Sociales, campo donde hall\u00f3 con\u0002sagraci\u00f3n, ha sido injustamente soslayado en la historia de la narrativa venezolana. M\u00e1s que juicios, se han diseminado prejuicios en torno a su relevancia como narrador, sin que ahora eso nos autorice a la hip\u00e9rbole de pensar que este autor aport\u00f3 obras geniales a la novela. No las hubo, por lo dem\u00e1s, en los a\u00f1os de su actividad narrativa. Eran tiempos de fundaci\u00f3n para la novela. Dentro de ese contexto aport\u00f3 \u2014eso es lo justo de reconocerle\u2014 valores de renovaci\u00f3n que no fueron siquiera imaginados por otros contempor\u00e1neos suyos en el pa\u00eds. Novedades t\u00e9c\u0002nicas que habr\u00edan de esperar al siglo XX para alcanzar madurez plena.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos son el m\u00e9rito y el lugar que reclama, particularmente, su novela Juli\u00e1n. Y si la generosidad cultural llegara a tanto, la novela podr\u00eda ser simplemente reeditada, un siglo despu\u00e9s de su primera edici\u00f3n, como lo hicieron los franceses con Les latiriers sont coup\u00e9s, a ochenta a\u00f1os de su primera aparici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>[1]_ Tres novelas. Obras Completas. Caracas, Edic. del Ministerio de Educaci\u00f3n, 1956; vol. VI.<\/p>\n\n\n\n<p>[2]_ Cf. Juan Penzini Hern\u00e1ndez. Vida y obra de Jos\u00e9 Gil Fortoul. Caracas, Edics. del Ministerio de Relaciones Exteriores, 1972.<\/p>\n\n\n\n<p>[3]_ Cf. El modernismo literario de Venezuela en sus or\u00edgenes. Par\u00eds, Edics. de la Delegaci\u00f3n Permanente de Venezuela ante la Unesco, 1971. (El mismo ensayo es pr\u00f3logo a: Pedro Emilio Coll. Caracas, Edics. de la Academia Venezolana de la Lengua. Col. Cl\u00e1sicos Venezolanos, vol. 14, 1966).<\/p>\n\n\n\n<p>[4]_ \u201cJos\u00e9 Gil Fortoul y sus intervenciones en la historia literaria venezolana\u201d. En: Obras Completas, t. VI. Puede leerse tambi\u00e9n en: Rev. Nacional de Cultura, N.\u00ba 108, enero-febrero 1955, pp. 97-104.<\/p>\n\n\n\n<p>[5]_ \u201cJos\u00e9 Gil Fortoul\u201d. Obras Completas. Vol. VI. En: Rev. Nacional de Cultura, N.\u00ba 117-118, jul.-oct., 1956, pp. 172-174.<\/p>\n\n\n\n<p>[6]_ En efecto, el desaparecido maestro de la Universidad de Burdeos, en agosto de 1976, ley\u00f3 un texto sobre la simbolizaci\u00f3n de la realidad hispanoamericana en los dos cuentos de Dar\u00edo. Fue en un Coloquio Internacional de Hispanistas. Ignoramos si el trabajo fue publicado. Su autor falleci\u00f3 en febrero de 1977.<\/p>\n\n\n\n<p>[7]_ Insausti, loc. cit., p. 172.<\/p>\n\n\n\n<p>[8]_ Esta y las dem\u00e1s citas de Juli\u00e1n van referidas a la edici\u00f3n de Obras Completas, vol. VI; pp. 23-88.<\/p>\n\n\n\n<p>[9]_ R. M. Alb\u00e8res. Metamorfosis de la novela. Madrid, Taurus, 1971, p. 207.<\/p>\n\n\n\n<p>[10]_ \u201cAussi faut-il voir dans les lauriers sont coup\u00e9s tout le contraire d\u2019une curiosit\u00e9 de l\u2019histoire litteraire, d\u2019une anticipation fortuite de la forme consacr\u00e9e et repandue trent ans plus tard par James Joyce\u201d. (V. Larbaud. Prefacc. Les lauriers sont coup\u00e9s (3\u00aa ed.). Par\u00eds, Presses de L\u2019impremerie Bussiere Saint-Amand, 1968; p. 12).<\/p>\n\n\n\n<p>[11]_ Alb\u00e8res, op. cit., p. 203.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/domingo-miliani\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a> <\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo Miliani 1. 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