{"id":9672,"date":"2023-11-29T19:56:30","date_gmt":"2023-11-29T19:56:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9672"},"modified":"2023-12-26T21:37:25","modified_gmt":"2023-12-26T21:37:25","slug":"la-escribana-del-viento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-escribana-del-viento\/","title":{"rendered":"La escribana del viento"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ana Teresa Torres<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Primer testimonio de Ana Ventura<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es el viento, dec\u00eda, el viento y la arena me han enceguecido. A veces la sent\u00eda atemorizarse por las manchas oscuras de los zamuros que revoloteaban sobre un chivo muerto y cruzaban frente a nosotras cuando nos sent\u00e1bamos a la sombra. Ella en su silla de palo y sisal; yo, a la mora, bajo el cuj\u00ed. As\u00ed escrib\u00ed su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1664 ocurrieron estos acontecimientos que comienzo a relatar; ten\u00eda entonces trece a\u00f1os. Mi nombre es Ana y fui la s\u00e9ptima de los ocho hijos de Luis Ventura y Rosa Enr\u00edquez. Mi abuelo era Diego Enr\u00edquez, un m\u00e9dico que hab\u00eda ense\u00f1ado a sus cuatro hijas a leer y escribir y recitar los salmos de David. Mi madre, por ser la mayor hab\u00eda aprendido con \u00e9l algunas artes de curaci\u00f3n; tambi\u00e9n mi padre en su juventud quiso estudiar medicina pero no tuvo ni el dinero ni la oportunidad. Los Ventura viv\u00edan en Toledo frente a la torre alta del alc\u00e1zar, que llaman de santa Leocadia, en una casa habitada por dos familias; una, la de mi abuelo Ricardo, comerciante de tejidos, y la otra de Alfonso Moreira, platero. Las mujeres, dec\u00eda mi padre, eran amigas y se ayudaban para lo que hiciese falta en la cocina y con los ni\u00f1os. Estaban todos en paz hasta que, enemistada con ellos, una vecina envidiosa compareci\u00f3 ante los inquisidores para acusar que a los Ventura y los Moreira ella los hab\u00eda visto muy acicalados un s\u00e1bado, y en cambio el domingo no tanto. Declar\u00f3 tambi\u00e9n que los hab\u00eda escuchado hablar de David y de Jacob, y del rey fara\u00f3n, y que volvi\u00f3 el s\u00e1bado siguiente para estar m\u00e1s segura y los encontr\u00f3 otra vez muy aseados y con huellas de haber comido carne en la vigilia del viernes porque todav\u00eda se ve\u00edan restos de la gallina en el puchero. Y m\u00e1s a\u00fan, que a la ca\u00edda del sol se daban cita muchas personas que entraban de dos en dos, como escondi\u00e9ndose, para rezar en voz baja oraciones que terminaban en aleluya. Y que ella les ofreci\u00f3 algunos sabrosos pedazos de la matanza y no los comieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis abuelos Ventura decidieron desaparecer de Toledo y viajaron a Sevilla para desde all\u00ed embarcar a la Nueva Espa\u00f1a. Dec\u00eda mi padre que los judaizantes se val\u00edan de muchos recursos para lograr la autorizaci\u00f3n del viaje, como cambiarse de nombre o comprar falsos permisos. Aunque nunca mencion\u00f3 cu\u00e1les emplearon ellos, lo cierto es que llegaron a M\u00e9xico donde hicieron amistad con los Enr\u00edquez que hab\u00edan estado por generaciones en aquella tierra, a la que se hab\u00edan trasladado muchos jud\u00edos de Portugal huyendo de la Inquisici\u00f3n. En casa de mis abuelos Enr\u00edquez se reun\u00eda una comunidad bastante grande a practicar sus ritos que eran una mezcla porque cre\u00edan en la salvaci\u00f3n, ten\u00edan sus propios santos, como santa Ester y san Tob\u00edas, no circuncidaban a los varones y asist\u00edan a misa; sin embargo ayunaban, no com\u00edan el cerdo y celebraban el d\u00eda puro. A fin de anunciar los rezos mandaban a un ni\u00f1o esclavo tocando tambor hasta que en una oportunidad fue detenido, y sometido a tortura los delat\u00f3. A ra\u00edz de la confesi\u00f3n de aquel ni\u00f1o se prohibi\u00f3 la entrada de los portugueses a Nueva Espa\u00f1a y se llevaron a cabo varios autos. No sufrieron da\u00f1o en esas persecuciones pero, dec\u00eda mi madre, que ten\u00edan en la mira a mi abuela Prisca y todos juraron que, en caso de arresto, negar\u00edan su origen. As\u00ed vivieron hasta 1649, cuando tuvo lugar un auto general que llamaron el Auto Grande porque perecieron en la hoguera m\u00e1s de cien personas, entre ellas gran parte de mi familia. Despu\u00e9s del quemadero mi padre pens\u00f3 que deb\u00edan escapar a Curazao.<\/p>\n\n\n\n<p>En la traves\u00eda mis padres y mis hermanos naufragaron frente a las costas de la provincia de Venezuela, y lograron alcanzar en botes el puerto de La Vela de Coro. La nave no qued\u00f3 en condiciones de continuar y se resignaron a permanecer all\u00ed por un tiempo. En La Vela no hab\u00eda poblados sino apenas algunos desembarcaderos de pescadores y les aconsejaron que se fueran a la ciudad donde encontrar\u00edan m\u00e1s posibilidades de supervivencia por el comercio de cueros y sal. Como el paso desde el puerto a la ciudad es bastante corto y sin dificultades se trasladaron a Coro y se quedaron con sus seis hijos; luego nac\u00ed yo y despu\u00e9s mi \u00faltimo hermano, Pablo. Mi padre desempe\u00f1\u00f3 en su vida varios oficios: zapatero, ropavejero, platero, sepulturero de jud\u00edos y contrabandista de sal y de palo brasil, una planta de la que se extrae tintura roja y se vende a altos precios en Espa\u00f1a. Vivi\u00f3 siempre con el horizonte en Curazao, que nunca pudo alcanzar. La isla hab\u00eda pasado a ser posesi\u00f3n de los holandeses y era puerto de refugio para la Compa\u00f1\u00eda Holandesa de las Indias Occidentales, de modo que all\u00e1 se dirigieron muchos jud\u00edos desde Amsterdam para instalarse como colonos, y construyeron una sinagoga y un cementerio. Algunos viajaban a comerciar a Coro y con ellos mi padre hab\u00eda entablado relaciones para cuando todos nos fu\u00e9semos. Eso dec\u00eda mi padre que ser\u00eda lo mejor para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de su muerte mi madre viaj\u00f3 a Curazao con los mayores y nos dej\u00f3 a los dos peque\u00f1os en Coro, repartidos en manos de la caridad ajena, con la esperanza de volver a llamarnos y reunirnos con nuestra familia. Nunca lo hizo. A Pablo tampoco lo vi m\u00e1s. Coro era entonces una ciudad muy pobre, no hab\u00eda m\u00e1s de cincuenta blancos contando los que viv\u00edan en los hatos; tanto as\u00ed que fue necesario legitimar a los mestizos y clasificarlos como blancos para que ocuparan cargos municipales, y m\u00e1s destruida qued\u00f3 cuando la invadieron los piratas ingleses en 1659. El gobernador de Jamaica envi\u00f3 tres fragatas bajo el mando de un tal Christopher Myngs para que asolaran Cuman\u00e1 y Puerto Cabello; en sus correr\u00edas llegaron tambi\u00e9n a Coro y prendieron fuego a la capilla de San Clemente y al convento de San Francisco. La catedral, que tiene el techo de paja, ardi\u00f3 toda a excepci\u00f3n de la capilla mayor que es de b\u00f3veda. Todav\u00eda quedaban astillas del incendio en los rincones cuando comenc\u00e9 de criadita a cambio de la comida y un jerg\u00f3n; trabajaba todos los d\u00edas menos los domingos, que estudiaba el catecismo por mandato del padre de\u00e1n y copiaba para \u00e9l las partidas de bautismo y matrimonio en el libro parroquial.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana estaba yo arrodillada limpiando los suelos, poco antes de la misa, cuando me llam\u00f3 la atenci\u00f3n una mujer que rezaba en la oscuridad de la nave principal; a\u00fan no hab\u00eda llegado nadie y el sacrist\u00e1n no hab\u00eda encendido los cirios. Nunca la hab\u00eda visto, por lo menos no la recordaba, me acerqu\u00e9 en silencio y esper\u00e9 a que dejara de rezar y levantara los ojos. Cuando lo hizo me pareci\u00f3 que me miraba con curiosidad y pens\u00e9 que quiz\u00e1s se trataba de una mujer principal que buscara sirvienta porque en la ciudad hab\u00eda pocas esclavas o eran muy costosas. Tomando valor me dirig\u00ed a ella y le dije que si necesitaba sirvienta yo podr\u00eda ser buena porque por ser libre no tendr\u00eda que comprarme, y estaba acostumbrada a trabajar mucho y comer poco. La mujer me sonri\u00f3 y sigui\u00f3 rezando, y como yo no me retiraba me habl\u00f3 para decirme que no necesitaba a nadie a su servicio, pero que lo pensar\u00eda. No la volv\u00ed a encontrar durante varias semanas, aunque estuve muy pendiente de su aparici\u00f3n, decidida a no perder la oportunidad de irme de la catedral donde sufr\u00eda muchas penurias y tristezas por el exceso de tareas y la poca compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin una tarde volvi\u00f3. Estaba segura de que hab\u00eda venido a buscarme porque no entr\u00f3 a rezar, sino que permaneci\u00f3 afuera sentada en un muro a un costado de la iglesia. Yo hab\u00eda salido a botar el agua sucia y ella me hizo se\u00f1as para que me aproximara. Supe entonces que se llamaba sor Juana de los \u00c1ngeles y que quer\u00eda fundar una orden con otras monjas para retirarse a las soledades de Paraguan\u00e1 y dedicarse por entero a la oraci\u00f3n interior y al amor de Dios como Teresa de Jes\u00fas. El padre de\u00e1n me hab\u00eda hablado de aquella santa y de que esperaba con mucha curiosidad que llegara a Venezuela el libro de su vida escrito por Francisco de Ribera, un jesuita que hab\u00eda sido su confesor, para saber si era cierto que era descendiente de conversos como dec\u00eda la Inquisici\u00f3n. Tambi\u00e9n hablaba el padre de\u00e1n de los muchos trabajos que hab\u00eda llevado la monja para fundar sus conventos, y por eso le pregunt\u00e9 a sor Juana si ten\u00eda licencia de fundaci\u00f3n; se ri\u00f3 y me dijo que no quer\u00eda nada con los poderes de la Iglesia. Entonces me propuso irme con ella, que era lo que yo estaba esperando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Soy hija de marranos. Y no estoy bautizada.<br>\u2014 \u00bfEso es lo que te preocupa? Pues lo arreglamos enseguida.<\/p>\n\n\n\n<p>Me arrastr\u00f3 al interior, me agach\u00f3 la cabeza en el bautisterio y me pregunt\u00f3 c\u00f3mo me llamaba, y a la vez que me mojaba el pelo con el agua de la pila pronunci\u00f3 con mucha solemnidad:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Ana, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. Ya est\u00e1s cristianada.<\/p>\n\n\n\n<p>No me hab\u00eda imaginado que pudiera ser tan f\u00e1cil, y no estaba muy segura de que aquel bautismo fuera de verdad, pero eran tantas las ganas de dejar el servicio de la Catedral que me content\u00f3 mucho ser cristiana bautizada y fundar una orden de oraci\u00f3n. No me ser\u00eda dif\u00edcil ser monja, le dije, porque hab\u00eda aprendido bastante del rito cat\u00f3lico y sab\u00eda leer y escribir.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Es el \u00fanico legado que tengo de mis padres, aunque ese conocimiento no me ha servido nunca para ganarme ni un plato de comida.<br>\u2014 Es una gran herencia \u2013me contest\u00f3\u2013. Pocas mujeres que yo haya conocido eran letradas.<br>\u2014 \u00bfCu\u00e1ndo nos iremos? \u2013le pregunt\u00e9 ansiosa.<br>\u2014 Cuando sea oportuno vendr\u00e9 a buscarte; no debes ser impaciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche me retir\u00e9 temprano a mi jerg\u00f3n sin esperar las sobras de la cena que me daba el ama de llaves, y le agradec\u00ed a Dios la suerte que me hab\u00eda deparado. Estaba segura de que mi vida cambiar\u00eda para siempre, aunque no imaginaba entonces de qu\u00e9 manera. Se dec\u00eda que la pen\u00ednsula de Paraguan\u00e1 era un lugar muy inh\u00f3spito y muy insalubre porque all\u00ed mandaban a los enfermos a que sanaran o a que murieran, y eran pocos los blancos que se adentraban, salvo algunos due\u00f1os de hatos que visitaban sus propiedades de vez en cuando. Nunca hab\u00eda hablado con alguien que viniera de la pen\u00ednsula, y muchas veces escuch\u00e9 al padre de\u00e1n compadecerse del destino de los curas de doctrina que viv\u00edan en San Nicol\u00e1s de Moruy y en Santa Ana, al parecer los \u00fanicos poblados cristianos. Los indios no eran hostiles pero ellos pasaban mucha miseria y soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de ese d\u00eda no pens\u00e9 en otra cosa que no fuese el momento de mi partida. Al fin y al cabo no ser\u00eda peor que esto.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ana-teresa-torres-semblanza\/\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en: https:\/\/www.anateresatorres.com\/2015\/02\/la-escribana-del-viento\/<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Teresa Torres Primer testimonio de Ana Ventura Es el viento, dec\u00eda, el viento y la arena me han enceguecido. 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