{"id":9623,"date":"2023-11-27T19:25:39","date_gmt":"2023-11-27T19:25:39","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9623"},"modified":"2023-12-26T21:37:25","modified_gmt":"2023-12-26T21:37:25","slug":"diablo-carga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/diablo-carga\/","title":{"rendered":"El diablo las carga (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Antonio Ros de Olano<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>CAPITULO PRIMERO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEra una de aquellas noches de insomnio, tempestuosas, terribles, en que el alma tiene fiebre, en que el coraz\u00f3n se anubla y se compunje, y en que nuestros nervios crispados por el estertor del alma nos botan de improviso contra el lecho como cad\u00e1veres galvanizados: una de aquellas noches en que los ojos velan para que los recuerdos asesinen; y yo lloraba con pueril flaqueza, y con un complicado indefinible pesar, semejante al que en mi juicio debe sentir la mujer honesta luego que ha cometido su primer adulterio.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAl reflejo de la l\u00e1mpara se proyectaron en la pared, y las vi por el prisma de mis l\u00e1grimas, las formas de dos mujeres que arrastraban tras si mis ilusiones, v\u00edrgenes un tiempo, siempre queridas, y marchitadas hoy. Iban aquellas mujeres como de partida, y para nunca volver\u2026 Una, t\u00fa no la conoces; fue tan pura un d\u00eda como ahora es infeliz, y su fant\u00e1stico reflejo en aquella noche era el de su primera edad: la otra mujer eras t\u00fa; pero ya aparentabas tener veinte a\u00f1os; hu\u00edas temerosa, me miraste, y llorabas como yo, tal vez arrepentida, cuando ya era tarde!\u2026 porque junta con mis ilusiones ibas caminando <em>para nunca volver!\u00bb\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estos renglones de humilde prosa los escribi\u00f3 el joven Fernando en el <em>\u00e1lbum<\/em> de Teresa, libro tan atildado como su due\u00f1a, y tan rebozado en brilladoras galas, lleno de juventud y de tersura, envuelto en oro y vanidad como la doncella, la cual erig\u00eda en su \u00e1lbum un monumento al orgullo, amasado con los despojos da sus triunfos, blasonado con las inscripciones de sus victorias\u2026 En una palabra, Teresa, el Napole\u00f3n de las mujeres, quer\u00eda tambi\u00e9n una columna de Vendoma.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edan pasado meses como leves d\u00edas para Teresa, y d\u00edas como tardos a\u00f1os para Fernando, desde que el \u00e1lbum sali\u00f3 de manos de este para que por el conductor el\u00e9ctrico de su veleidosa se\u00f1ora, recayera el turno apetecido en alg\u00fan versificador de diez y ocho primaveras, taciturno y desenga\u00f1ado fil\u00f3sofo, reci\u00e9n salido de un colegio de humanidades. Es lo probable que este poeta desempe\u00f1ara al punto su encargo, porque las <em>inspiraciones<\/em> son r\u00e1pidas y ejecutivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n es probable que del poeta pasara el libro a alg\u00fan pintor <em>\u00e1<\/em> <em>l&#8217;acquarella<\/em>, pur\u00edsimo aficionado, rom\u00e1ntico absoluto, admirador de Vel\u00e1zquez por su valent\u00eda, que ve los efectos de sus tintas y los imita mal, porque desde\u00f1a descender al estudio de las causas; que elije siempre para sus obras grupos de trovadores en la calle, y tapadas a la ventana, noches de luna, trajes de ropilla, ri\u00f1as, rondas y espadas que se cruzan.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n es probable que del pintor fuese el \u00e1lbum a poder del m\u00fasico, que a fuer de buen artista deplora la muerte de Bellini, y le roba sin embargo sus armon\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi no cabe duda en que el libro anduvo en manos de muchas <em>capacidades<\/em> hasta recaer en un <em>escritor moralista<\/em>, redactor de folletines y folletos, escritor de esos que copian de la escena del mundo malos cuadros de costumbres en grosero lenguaje que juegan con las palabras de una anfibolog\u00eda obscena, y lucen a su parecer el ingenio con bastardos retru\u00e9canos: hombres osados que yo conozco, que no se conocen ellos, los cuales escalan el recinto de la buena sociedad armados de impudencia, y all\u00ed se presentan a desnaturalizarla con todos los lunares de una mala educaci\u00f3n, y con el chiste de una imaginaci\u00f3n picante.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuanto he dicho es casi indudable; pero lo que de todo punto puede afirmarse es, que aquellos <em>c\u00e9lebres artistas<\/em> leyeron todos con desde\u00f1oso sarcasmo los sentidos renglones de Fernando: ayes del alma, articulaciones prof\u00e9ticas formuladas con la l\u00f3gica del coraz\u00f3n, que una mano febril temblaba al escribirlas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CAPITULO SEGUNDO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con la frente reclinada en la mano derecha, el codo apoyado sobre una mesa, el brazo izquierdo l\u00e1nguidamente abandonado, y la vista al parecer fija en un punto, pero en realidad distra\u00edda, se hallaba Fernando a solas en su cuarto, a tiempo que entr\u00f3 a visitarle un hombre enjuto, moreno, bien portado, y como de treinta y tres a\u00f1os, que es la edad de Cristo seg\u00fan la Biblia, y la del Diablo tambi\u00e9n, seg\u00fan mis muchas observaciones sobre el particular.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Fernando! mi querido Fernando! Exclam\u00f3 el caballero estrechando en sus brazos con arrebato al joven enamorado y continu\u00f3 sin soltarle: Por una feliz casualidad he descubierto que te hallabas en esta corte: s\u00e1bete que acabo de llegar, pero sin tomar descanso he corrido a recordarte nuestra antigua amistad\u2026 ah! la amistad es antes que todo! la amistad es mi \u00eddolo!<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin dar treguas al aliento, continuaba apretando el pecho de Fernando contra el suyo.<\/p>\n\n\n\n<p>At\u00f3nito y de hito en hito contemplaba el joven al inc\u00f3gnito; y aunque aquellas facciones no le parecieran totalmente nuevas, no acertaba sin embargo a distinguir qui\u00e9n fuese el que tan familiarmente demostraba quererle; parec\u00edale haber visto aquel hombre mas de una vez, pero no acertaba en d\u00f3nde ni cu\u00e1ndo; y bien examinado, encontraba semejanza entre su aparecido y cuantos conocidos tenia poco mas \u00f3 menos de la edad aquella.<\/p>\n\n\n\n<p>Fernando con el embarazo natural en estos casos le respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 No desconozco a Vd., pero hablando en verdad, ni recuerdo cual sea su nombre, ni desde donde datan nuestras relaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Oh! no lo extra\u00f1o; las \u00faltimas impresiones te han borrado las primeras del coraz\u00f3n, y ya hasta has olvidado \u00e1 un amigo de colegio, que por ser mayor te amparaba contra tus adversarios condisc\u00edpulos, traviesos como estudiantes y mal intencionados como ni\u00f1os\u2026 has olvidado en fin a Gustavo por Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Ah! s\u00ed, te reconozco por el nombre, recuerdo nuestra antigua amistad\u2026 pero tus mismos parientes me aseguraron que hab\u00edas muerto\u2026\u2014 Mas dime, dime, t\u00fa has nombrado a Teresa! quien te ha informado de mi paradero! de Teresa! de mis relaciones con ella!\u2026 \u00a1Ay! sabes mi delirio! sabes su ingratitud!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Y su vanidad Fernando!\u2026 tranquil\u00edzate\u2026. un amigo que como yo posee el recurso de la experiencia, puede ser muy \u00fatil al joven impresionable, que abandonado a s\u00ed propio, seguir\u00eda solo los impulsos de su fogosidad. El coraz\u00f3n que manda en la cabeza, corre a despe\u00f1arse como el ciego que cabalga y aguija un poderoso potro andaluz. Entiende que la mujer de pocos a\u00f1os es un gusano a quien de s\u00fabito brotaron las alas\u2026 \u00a1pobrecillas!! Su primer vuelo es hacia la llama del orgullo. Si Teresa insensata se agita y revolotea en torno de esa luz que la fascina, d\u00e9jala; que pronto caer\u00e1 abrasada y arrepentida a tus pies La estrechar\u00e1s entonces en tus brazos, la levantar\u00e1s hasta ti, no lo dudo; pero luego de muchos besos y caricias, que son felicidad y mentira, palpar\u00e1s la verdad y hallar\u00e1s el hast\u00edo hasta rechazarla de ti como a un gusano\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Imposible Gustavo, es imposible\u2026 ni ella ser\u00e1 ya m\u00eda, ni yo pudiera nunca despreciarla!<\/p>\n\n\n\n<p>Gustavo asom\u00f3 cierta negligente sonrisa a los labios, se recost\u00f3 en un sof\u00e1 y empez\u00f3 \u00e1 morderse las u\u00f1as, sin responder palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Dices que la mujer es un gusano.\u2014Replico Fernando\u2014 \u00a1Cuanto se diferencian nuestros juicios! Es la mujer en mi sentir un esp\u00edritu celeste que perfecciona la forma terrenal en que se anida: es un esp\u00edritu \u00a1para mi mal impasible! y el hombre es la vil materia que en pos de \u00e9l se arrastra. Nota, sino, como los mas sublimes pensamientos de todas las religiones nos son trasmitidos bajo el tipo de la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 En efecto, Fernando, la <em>Divina Mar\u00eda<\/em> es virgen y madre, es el deseo y el logro sin destruirse el uno al otro, es la incomprensible uni\u00f3n de dos ideas opuestas\u2026 <em>\u00a1Mar\u00eda!!<\/em> he aqu\u00ed lo mas bello, lo mas sublime de todas las religiones\u2026 pero esa Mar\u00eda advierte que es una sola, la cual no pertenece a nuestro suelo. Y si es que t\u00fa la concibes al trav\u00e9s de su impenetrable misterio, comp\u00e1rala, Fernando, con las dem\u00e1s mujeres, y hallar\u00e1s que una es el complemento del idealismo, las otras la imperfecci\u00f3n; esto saltar\u00e1 naturalmente a tus ojos; al paso que el moralista San Vicente Ferrer profetiz\u00f3 para todos que los hombres tendr\u00edamos que encaramarnos a los \u00e1rboles, huyendo, acosados de las mujeres\u2026 Dejo a un lado la condici\u00f3n humana, que hasta nos hace apartar con repugnancia los ojos de las viandas despu\u00e9s del banquete.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Calla, que son amargas tus palabras, Gustavo!! \u00a1Cuanta ponzo\u00f1a destilan para quien como yo vislumbra cierta realidad en ellas, y siente solo en su coraz\u00f3n debilidad y amor!! Todos cuantos errores esclarezcas a mi raz\u00f3n, todas cuantas ideas me imbuyas, vendr\u00e1n a luchar contra estos dos tenaces enemigos; y yo sucumbir\u00e9 al fin, sin haber recibido de tu amistad galard\u00f3n alguno, como no sea el tr\u00e1nsito de un martirio lento a otra m\u00e1quina de tormento mejor combinada y mas r\u00e1pida. He agotado buscando la salud del alma casi todo mi dinero; busqu\u00e9 la guerra, apel\u00e9 a los viajes; pero la guerra, quiz\u00e1 porque ya no tiene gloria, lo cierto es que tampoco tiene Dios, en los viajes no nos acompa\u00f1a Mentor, y el amor tiene una deidad, tiene un Dios, y este Dios es la mujer que amamos \u00a1Terrible es el Dios que impera sobre m\u00ed!! Lo s\u00e9, no me lo digas; pero huy\u00e9ndolo, mis caballos han muerto jadeando, hostigados por la impiedad de mis espuelas; y all\u00ed donde ca\u00edan, por entre los \u00e1rboles como S\u00edlfida, sobre las nubes como \u00c1ngel, all\u00ed, en todas partes, me parec\u00eda verla, all\u00ed estaba ella. \u00a1Ay! in\u00fatil es huir del amor, cuando el amor nos manda huir! El nos empuja, nosotros le llevamos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Y no ser\u00e9 yo por cierto quien te aconseje la fuga: el amor es una gu\u00eda desenfrenada hacia un determinado manjar. Mira t\u00fa ahora, si yo que tanto te quiero, ir\u00e9 a aconsejarte que viajes en posta para matar el hambre.\u2014 Ea! d\u00e9jate guiar, sacude esa molicie, incorp\u00f3rate, ali\u00f1a tu corbat\u00edn, abrocha tu frac, acomp\u00e1\u00f1ame a la fonda donde vivo, y avisa a los criados que no comes en casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Fernando, para quien lo mismo era su casa que la fonda, que la c\u00e1rcel, as\u00ed lo hizo con una distracci\u00f3n que rayaba en estupidez; y los dos amigos bajaron la escalera, uno, mordi\u00e9ndose los labios como el que padece, y otro, mordi\u00e9ndose las u\u00f1as como el que imagina.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CAPITULO TERCERO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hoy se cumple un mes y algunas horas desde la primera entrevista de Fernando y Gustavo; amigos inseparables desde entonces, son el olmo y la yedra, \u00f3 por valernos de una comparaci\u00f3n menos vulgar, diremos que son el peregrino y el b\u00e1culo. Fernando, como si desfalleciera por efecto de una hemorragia, est\u00e1 blanco como este papel estaba antes que yo lo escribiera; sus cabellos en revuelto remolino, nublan no obstante su frente, y el arquear de las cejas y su ce\u00f1o adusto indican que por su mente pasan ideas siniestras, que se reproducen bajo mil formas, como las creaciones fant\u00e1sticas de un enfermo, como los monstruos de un delirio.<\/p>\n\n\n\n<p>Gustavo al parecer se ocupa poco de Fernando; est\u00e1 demasiadamente atareado en ponerse un negro pantal\u00f3n colan, tan ajustado que apenas permite paso al pie, ce\u00f1ido de delicada media de seda negra y leve zapato de charol; hecha esta dif\u00edcil operaci\u00f3n se amold\u00f3 Gustavo sobre la pulcra camisa una corbata del g\u00e9nero y color del de las medias; luego un chaleco de reluciente raso como las alas de un cuervo; y por \u00faltimo, un esmerado frac de <em>soir\u00e9e<\/em> que vestirlo pudiera el m\u00e1s extremado <em>dandy<\/em> un d\u00eda de luto.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa del antiguo favorito de Fernando VII, la casa del conde de X, del caballero Gran-Cruz, esta iluminada. El continuo ruido de los carruajes agrava a los enfermos y turba el descanso de los vecinos pac\u00edficos de la calle de N. Muchos curiosos, gente toda de segundo orden, expuestos al sereno, contemplan las r\u00e1fagas de viv\u00edsima lumbre, y prestan o\u00eddo a las estruendosas armon\u00edas y a la algazara, que los salones del Gentil-hombre no son capaces a contener en s\u00ed, y por sus balcones las arrojan a la atm\u00f3sfera, de la misma manera que se desahoga un volc\u00e1n, lanzando por su cr\u00e1ter truenos y llamaradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Entra, lector, conmigo bajo lo dorados artesones del antiguo favorito, que nosotros ya somos hombres viciados que solo nos contentamos con el todo de los goces, qu\u00e9dese para la median\u00eda y el populacho percibir a medias el canto de la sirena; nosotros nos debemos precipitar tras el deleite, mas que luego nos ahoguemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este pa\u00f1o que reviste la escalera pudieran cubrir su desnudez cien pobres, sin embargo halla tanto sabor un rico en pisarlo como el mendigo en arroparse.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta aqu\u00ed el pa\u00f1o que cubre el pavimento ha sido azul-celeste, en dando el primer paso hacia adelante pisaremos pa\u00f1o blanco.\u2014 Lector, ambos llegamos al baile por nuestros pasos contados, procuremos que no lo infieran por las huellas, porque seriamos tenidos en poco: limpia como yo, lector amado, las suelas de tu calzado en el pa\u00f1o azul y entremos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras cortes\u00edas deben dirigirse a aquel personaje de la placa de brillantes que tiene la cabeza gris, a aquel caballero de elegantes modales, de afabilidad pueril y recelosa mirada. Este es el due\u00f1o de la casa; desposado hoy mismo con aquella joven de diez y siete a\u00f1os, que al soslayo no cesa de mirarse al espejo, que llama oficiosamente a los criados para que la den tratamiento. Esa ni\u00f1a es mi se\u00f1ora do\u00f1a Teresa; ofrezc\u00e1monos a sus pies, pero que de modo alguno se te escape llamarla Teresita, porque en esta noche seria ofender la dignidad de su estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucha y brillante es la concurrencia; son las doce y poco mas de la noche; apenas hay una silla vacante, y aun veinte coches esperan turno unos tras otros para desocupar a la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas de quinientas velas de esperma, sobre bases de cristal y oro, prestan a los salones una claridad r\u00edente.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos orquestas brotan alternativamente robustas armon\u00edas desde elegantes tribunas colaterales; los m\u00fasicos asoman como un coro de m\u00e1gicos soplando en sus <em>varitas de virtudes<\/em> para ridiculizar a su antojo la especie humana. Pero los tales m\u00e1gicos con sus carrillos hinchados, y sus ademanes furiosos, no est\u00e1n menos rid\u00edculos que sus subordinados. El sal\u00f3n principal est\u00e1 vestido de raso perla, y el cortinaje de los balcones flota de vez en cuando impelido por el ambiente de la noche, que aspiran con avidez cien hermosas agitadas por el vals. Los vestidos de estas Pen\u00e9lopes son escotados como requiere la etiqueta, y sus pechos donde se mece el aliento, reposados en cunas de batista palpitan de dos en dos, como armi\u00f1os dormidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres, unos se pasean, otros juegan en las salas interiores y algunos en muy corto n\u00famero, conversan con las damas; porque la moda es hablar poco y ligero, bailar mal y despacio.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi se\u00f1ora do\u00f1a Luisa con capota trasparente y traje de blonda, recibe tambi\u00e9n a los concurrentes\u2026 nada hay en esto que no est\u00e9 en el circulo de sus atribuciones, es suegra del conde, es madre de un hombre que naci\u00f3 antes que ella\u2026\u2026 nuestra cortes\u00eda debe ser con esta se\u00f1ora mas que profunda, galante, y no importa que la llamemos Luisita.<\/p>\n\n\n\n<p>Es mas de la una y media, se han bailado una mazurca y un rigod\u00f3n; las bandejas con dulces y helados empiezan a circular; si la tierna desposada hubiera de comerse todas las yemas que uno por uno le presentan los elegantes, sufrir\u00eda una cruel penitencia. La amable condesa no desde\u00f1a aceptarlas, pero de sus manos caen con disimulo al pa\u00f1uelo\u2026 A esta hora y en el oscuro aposento de una fonda, las l\u00e1grimas amargas de Fernando van tambi\u00e9n a perderse en un pa\u00f1uelo!!!<\/p>\n\n\n\n<p>El caballero gran cruz se manifiesta con su esposa mas esmerado que celoso: cierto es que en la primera noche de boda ning\u00fan marido debe desconfiar de su mujer. Se acerca a ella cada veinte minutos, le habla tres \u00f3 cuatro palabras, sonr\u00ede y vuelve al circulo de concurrentes, donde antes se hallaba.<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento acaba de entrar un hombre que por vestir completamente de negro olvida hasta el buen tono de los guantes blancos.<\/p>\n\n\n\n<p>Escusado parecer\u00e1 tal vez que yo declare que es Gustavo. Descuella este sujeto entre la hidalga juventud por sus modales <em>fashionables<\/em>; Gustavo al entrar tiende la mano al conde; le llama por su nombre bautismal, y le recuerda la semejanza entre su <em>soir\u00e9e<\/em> y otra a que asistieron ambos en Berl\u00edn, siendo el conde enviado secreto de Fernando VII en aquella corte.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi se\u00f1ora do\u00f1a Luisa acepta de Gustavo un torrente de lisonjas que le hacen olvidar veinte a\u00f1os matrimoniales.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa luego nuestro fashionable a ofrecerse a los pies de Teresa, y escita la curiosidad de la concurrencia ver que la lind\u00edsima, desposada con ninguno de entre tantos galanes se ha mostrado tan complacida como con Gustavo.<\/p>\n\n\n\n<p>Empieza desde luego el hombre enlutado a dominar la sociedad y la recorre y alterna en ella como si le fuese familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Las miradas de los circunstantes se fijan no solo en la espiritualidad de su rostro, sino tambi\u00e9n en la condecoraci\u00f3n extra\u00f1a que adorna su pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Parece la orden de Calatrava, dicen unos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas luego comparada con la de otro condecorado resulta que no.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 No es tampoco la de Santiago, dicen otros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Ser\u00e1 extranjera.<\/p>\n\n\n\n<p>Los j\u00f3venes de la legaci\u00f3n francesa no la conocen; los de la inglesa tampoco; y nos hubi\u00e9ramos quedado todos probablemente con la duda, a no iluminarnos un fidalgo portugu\u00e9s que salt\u00f3 y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 <em>Es \u00e1 cruz da orden de Christo, mais t\u00e9 aes brazos trocados<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pareci\u00f3 en efecto despu\u00e9s de la aclaraci\u00f3n dada, y yo me conform\u00e9 sin examen con la afirmativa del portugu\u00e9s, porque estas gentes son muy entendidas en materias her\u00e1ldicas. Choc\u00f3 a todos, sin embargo, que el caballero enlutado llevase la cruz de Cristo puesta patas arriba.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 la atareada do\u00f1a Luisa una silla vac\u00eda junto a Teresa, y en el instante la ocup\u00f3 Gustavo.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed el di\u00e1logo de la mujer de diez y ocho a\u00f1os y del hombre de treinta y tres:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Condesa, \u00bfest\u00e1 Vd. pensativa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 No, Gustavo. Miraba como las luces se van consumiendo, y me da pena, porque indican que el baile empez\u00f3 ha mucho rato, y que acabar\u00e1 pronto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Esa contemplaci\u00f3n, condesa, es harto triste, y es menester desecharla: el recuerdo de lo que fue y el pensamiento de lo que ser\u00e1, cuando se nos ofrecen a la vez, afectan el coraz\u00f3n y destruyen la alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No pensaba yo en eso; pero como el baile es tan brillante! tan seductor!!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Es cierto: dentro de dos horas, condesa, dir\u00e1 Vd., el baile <em>era<\/em> tan brillante, <em>era<\/em> tan seductor! Es el primero y el \u00faltimo a que asiste en toda su vida la mujer que ocupa la posici\u00f3n de Vd. en esta noche.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Me entristece Vd., Gustavo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Ah! no, condesa, no ser\u00e9 yo quien con el h\u00e1lito de sus palabras aje la flor mas linda de la creaci\u00f3n; flor que ayer la adoraban en capullo, y que ma\u00f1ana, abierta su corola, la respetaremos todos sin dejar de admirarla. Nadie respeta tanto a la condesa como yo pero\u2026 \u00a1Qu\u00e9 hermosa es Vd! No hay duda que la belleza del medio d\u00eda encierra mas atractivos morales que la del norte: son totalmente opuestas: la una reside en la materia, la otra se manifiesta en el esp\u00edritu\u2026 Esas pupilas negras sobre un blanco azulado; esas corvas pesta\u00f1as que sombrean unos p\u00e1rpados mansos como las olas que acarician las playas andaluzas: esas leves tintas more\u00f1as y sonrosadas, que forman sobre la tez un m\u00e1gico contraste; la morbidez en fin de las formas sin superfluo desarrollo; la flexibilidad de la cintura, la brevedad de los extremos son dotes caracter\u00edsticas de las mujeres meridionales; y ademas en estos cuerpos de pulcritud y donosura asilan luego un alma ardiente como su sol, alma que enciende sus miradas y vivifica sus palabras hasta que con los ojos y la boca nos abrasan el coraz\u00f3n\u2026 Pero no, condesa, no as\u00ed repliegue Vd. sus facciones con desde\u00f1oso disgusto. Esa es otra propiedad de las andaluzas: pudorosas como la sensitiva, mudas y expresivas a la par muestran su timidez al mas leve contacto\u2026 Mas como Vd. se ha enojado, mi se\u00f1ora condesa, le soy deudor de una aclaraci\u00f3n que ata\u00f1e a mi proceder de caballero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 No, Gustavo; puede Vd. excusarla sin ofensa de entrambos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Eso no; mi sincera amiga la condesa me permitir\u00e1 la diga que no he sido yo nunca v\u00edctima de sus encantos. Soy ya viejo por desgracia, condesa; y los hombres, \u00f3 por la \u00edndole del sexo, \u00f3 por nuestra condici\u00f3n en la sociedad, a los treinta a\u00f1os dejamos de adorar el amor para disfrutar la hermosura; de suerte se\u00f1ora, que lejos de considerarnos v\u00edctimas, podemos antes ser reputados como sacerdotes, que inmolamos a las mujeres en su tierna edad n\u00fabil sobre las aras de nuestro capricho.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa examin\u00f3 el rostro de Gustavo, sorprendida al ver que espont\u00e1neamente confesara ser ya viejo; y con un cambio r\u00e1pido, derram\u00f3 una indagadora ojeada sobre la encanecida frente de su marido; Gustavo aparent\u00f3 no haberlo notado, y prosigui\u00f3 con tono afable:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Solo conozco dos v\u00edctimas inmoladas a la <em>excelencia<\/em> de mi se\u00f1ora la condesa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Gustavo! Por m\u00ed nadie es infeliz\u2026 so pena de serlo yo tambi\u00e9n toda la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Esa es la trist\u00edsima realidad, se\u00f1ora. Una v\u00edctima es en efecto la misma Teresa\u2026 otra\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Pronto! que vienen! por Dios!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Otra?\u2026 Fernando.<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento volv\u00eda intempestivamente do\u00f1a Luisa, y Gustavo tuvo que cederle la silla. Levant\u00e1ndose ya, dijo este a Teresa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfBailaremos el primer rigod\u00f3n, condesa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 S\u00ed, dijo la desposada con expresi\u00f3n melanc\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ros-de-olano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio Ros de Olano CAPITULO PRIMERO \u00abEra una de aquellas noches de insomnio, tempestuosas, terribles, en que el alma tiene fiebre, en que el coraz\u00f3n se anubla y se compunje, y en que nuestros nervios crispados por el estertor del alma nos botan de improviso contra el lecho como cad\u00e1veres galvanizados: una de aquellas noches [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":9624,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9623"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9623"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9623\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9631,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9623\/revisions\/9631"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9624"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9623"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9623"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9623"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}