{"id":9602,"date":"2023-11-26T22:15:55","date_gmt":"2023-11-26T22:15:55","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9602"},"modified":"2023-12-26T21:36:41","modified_gmt":"2023-12-26T21:36:41","slug":"la-noche-de-mascaras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-noche-de-mascaras\/","title":{"rendered":"La noche de m\u00e1scaras"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Antonio Ros de Olano<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh, qu\u00e9 hermosa es!&#8230; \u00a1Nunca la he deseado tanto como hoy!&#8230; \u00bfY qu\u00e9? In\u00fatil todo; porque no quiere estar conmigo. Si la encontrara, me reclinar\u00eda en su regazo, y por lo menos me quedar\u00eda dormido como un mamoncillo en la cuna\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos no saben por qu\u00e9, ni de qu\u00e9 r\u00eden los reci\u00e9n nacidos durante el sue\u00f1o: y es que <em>la paz <\/em>les unge todo el cuerpo con un b\u00e1lsamo impalpable que los deleita, y por eso se r\u00eden de placer los inocentes. \u00a1Bendita se <em>la paz<\/em>! Los ni\u00f1os la besan dormiditos, y ella se les acuesta al lado para poner sus labios con los del mamoncillo peque\u00f1uelo en el pez\u00f3n de la madre.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 visto, no hay m\u00e1s mujer que la madre; su mano puesta ahora sobre mi frente me calmar\u00eda la fiebre\u2026 Pero mi madre se cay\u00f3 \u00a1infeliz! Desde el suriquete de una fragata al agua, yendo a doblar el cabo de Hornos; no s\u00e9 si se ahog\u00f3, porque a pesar de la altura en que estaba, no la vi bajar por el aire m\u00e1s que una vara y dos o tres pulgadas; pero desde entonces que no la he vuelto a ver\u2026 y por all\u00ed andaban muchas gaviotas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Ay! La cabeza me duele\u2026 \u00a1Maldita sea la cabeza! \u2013 Descartes opinaba ser su cabeza un c\u00f3modo palacio de su alma, y la gl\u00e1ndula pineal dec\u00eda ser el trono de esta reina\u2013. Yo lo que es respecto al alma, no negar\u00e9 que la tenga o no en la cabeza, pero dado este primer supuesto, creo que mi cabeza no es el palacio, sino el purgatorio de mi alma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cosa m\u00e1s rara! \u2013 \u00a1Sin querer he hecho un horroroso gesto, que ah\u00ed lo ten\u00e9is grabado en la pared de enfrente como una reflexi\u00f3n del daguerrotipo!&#8230; Vaya; no hay m\u00e1s que re\u00edrse, no parece sino que me quitado la m\u00e1scara y la he colgado de un clavo\u2026 Pues, se\u00f1or, esto quiere decir algo; ya no es un mero reflejo, sino que poco a poco ha tomado cuerpo, y bulle y se agita como quien baila\u2026 Ea, d\u00e9mosle gusto, la como y me voy al sal\u00f3n de Oriente \u2013. A bien, a bien, que puede que la m\u00fasica me distraiga: el cristianismo tiene sus bacanales. \u00bfY qu\u00e9?, \u00bfno soy yo cristiano?, viva el carnaval, v\u00e1monos a las m\u00e1scaras, v\u00e1monos a Oriente.<\/p>\n\n\n\n<p>Este maldecido gato de mi vecino el alabardero, siempre que se salgo de noche me enreda las piernas con el rabo.<\/p>\n\n\n\n<p>La careta me viene pintiparada, encaja como en su molde, pero en las sienes \u00a1ah!, en las sienes, pica como un <em>sinapismo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Al fin llegu\u00e9!, \u00a1equivocaci\u00f3n m\u00e1s torpe!, cre\u00ed entrar en un land\u00f3, y c\u00e1tate que he venido en un confesionario donde apenas cab\u00edamos el fraile y yo: el buen confesor se re\u00eda de mi careta; mi contrici\u00f3n ha sido infinita; me quit\u00f3 el padre la m\u00e1scara del rostro, se la puso, y no he visto cosa\u2026 m\u00e1s parecida a mi cara&#8230; temo que me descubra&#8230; pero, no puede ser; uno y uno son dos, mi nariz sobre mi nariz, forman un superlativo de esta facci\u00f3n muda, la m\u00e1s rid\u00edcula y trastornadora del rostro humano. \u00a1Adelante, adelante!, el caso es distraerse y sacudir la fiebre como se sacude el agua despu\u00e9s del ba\u00f1o; ni m\u00e1s ni menos, el caso es ver si <em>aqu\u00ed la encuentro<\/em>. El follet\u00edn de ma\u00f1ana est\u00e1 ya en la imprenta y s\u00f3lo me falta corregir las pruebas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCaballero\u00bb, me dijo ah\u00ed al entrar, el cobrador, hace un momento, \u00ab\u00bftrae usted billete?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed el rostro a mirarle y fue tanta la risa que le di, que ahora mismo le est\u00e1n asistiendo en sus \u00faltimos instantes. \u2014Juro que he quedado con esto muy satisfecho, porque de fijo no me conoce nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Las m\u00e1scaras encierran algo diab\u00f3lico. \u2014He aqu\u00ed este sal\u00f3n lleno de luces que a pesar de estar encendidas, no alumbran, parecen las llamecitas lancetas recortadas de oropel rojo y los espejos ofenden la vista con tan viv\u00edsimos reflejos, y desvanece mirar en ellos la multitud de grupos animados que pasan, corren, vuelven, andan, se paran, bailan, r\u00eden, lloran, se amedrentan, se abrazan, se persiguen, se alcanzan, se barajan y confunden. \u2014\u00a1Oh, gran cosa son los espejos!, porque revelan el fondo de las casas, ense\u00f1an sus muebles, el movimiento interior; descubren las acciones, todo cuanto pasa dentro, en fin, secretos de tocador, de alcoba, de despacho, de antesala y de estrado, secretos que son el alma del hogar dom\u00e9stico y la clave ignorada del mundo, con la cual se gobiernan las familias sin esc\u00e1ndalo. \u2014Los hombres debi\u00e9ramos tener un espejo no s\u00e9 en qu\u00e9 parte, para ayudar a los m\u00e9dicos en sus diagn\u00f3sticos, y para que los unos a los otros no nos conden\u00e1semos al infierno de la duda.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed viene derecho a buscarme el coronel que hace unos d\u00edas estuvo a felicitarme las pascuas sin conocerme; veo que la careta no me sirve de nada y estoy tentado de plant\u00e1rmela en el cogote como hace cierto hombrecillo a quien equivocan con el dios Jano&#8230; Cuando me mira tanto, prueba que no me conoce del todo; fingir\u00e9 la voz si me habla, y acabar\u00e1 por creer que no soy el mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1A buen amigo!, si no tiene usted el coraz\u00f3n m\u00e1s hermoso que ese espantable rostro, verdadero o supuesto (que no lo distingo) ser\u00e1 usted dichoso; y si entiende usted alguna cosa de milicia, como parece, le suplico enmiende el reglamento de retiros: a usted s\u00f3lo le digo que yo soy el coronel Pozuencos, y en prueba de esta verdad mire usted bien&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Esto dicho por el coronel, dio un bostezo y me persign\u00e9 asombrado al ver que ten\u00eda un espejo en el cielo de la boca, donde se le proyectaban el est\u00f3mago enteramente vac\u00edo y el coraz\u00f3n (que era muy grande) todo escrito y salpicado en confuso, con renglones de la ordenanza militar y de la doctrina cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSabe usted (le dije) que estoy pasmado? Y el hombre su natural sangre fr\u00eda me respondi\u00f3. \u2014Pues no s\u00e9 de qu\u00e9 cosa sea; \u00bfusted fuma? \u2014Hombre no. \u2014Le contest\u00e9 excus\u00e1ndome; a lo que su se\u00f1or\u00eda hizo una muestra de dad y p\u00fasose luego a sacar con los dedos, de dentro del bolsillo de su levita, unas migajillas de granos de p\u00f3lvora, que luego de bien colocadas en el hueco de la mano izquierda las vaci\u00f3 con buen pulso en una hoja de hoja de ma\u00edz; y mientras retorc\u00eda tan extra\u00f1a mezcla en forma de cigarrillo, me dijo: \u00ab Uso de la hoja porque en vez de ser da\u00f1ina como el papel, es por lo contrario pectoral en alto grado, a m\u00e1s de que no empuerca la dentadura; y ahora noble caballero, me marchar\u00e9 al \u00faltimo de los pasadizos, por evitar solamente la autoridad irritante de los bastoneros; la m\u00fasica, amigo m\u00edo, reviste a estos pelagatos de una fuerza moral que avasalla la alteza del fuero militar&#8230; \u00a1ah! bien haya la armon\u00eda de los combates, donde se baila al son de los ca\u00f1onazos y al comp\u00e1s del honor, sin la presencia de estos farsantes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se march\u00f3 con efecto el coronel Pozuencos, y ojal\u00e1 que no me hubiese nunca abandonado; porque, apenas ido, entre la claridad que se abri\u00f3 de s\u00fabito a mis ojos y la destemplada griter\u00eda que me her\u00eda en los o\u00eddos, me encontraba aturdido, cuando me vino un golpecito sobre el hombro derecho que hizo en m\u00ed un efecto galv\u00e1nico, al que todos mis nervios se crisparon.<\/p>\n\n\n\n<p>Con menos curiosidad que miedo, volv\u00ed la vista y encontr\u00e9 que quien as\u00ed me llamaba era la realidad de un ensue\u00f1o que tuve a los veinte a\u00f1os de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Mar\u00eda! \u2014le dije con lamentable acento\u2014, \u00a1has guardado, Mar\u00eda, esta insinuante ternura para cuando ya visten mis cabellos la blancura de esa t\u00fanica!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, t\u00fa eres joven a\u00fan, y tus canas no son nieve.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPues qu\u00e9 son, pobre de m\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Son ceniza, ceniza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tal vez, Mar\u00eda, tal vez esta melena sea lava del coraz\u00f3n, que asoma sobre la frente; severas y \u00e1ridas cenizas que alejan de junto a m\u00ed los risue\u00f1os placeres de mi edad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Nadie me compadece, Mar\u00eda, todos dicen que soy un hombre, nadie me acata como a un anciano, y de dos a\u00f1os a esta parte, tus labios son los primeros labios de mujer que me han llamado joven! \u00a1\u00a1\u00a1Si vieras qu\u00e9 desgraciado soy!!!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Le cog\u00ed una mano, vi que ten\u00eda nublados los ojos por el llanto, y entonces unas culebrillas de placer, que casi duelen, me corrieron, entre cuero y carne, por todo el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda, de l\u00e1stima o de pudor, hab\u00eda inclinado el rostro, y me dijo con pena: \u2014\u00ab\u00a1No, no eres t\u00fa tan infeliz \u2014 yo!\u00bb. Luego sent\u00ed una l\u00e1grima suya que hab\u00eda ca\u00eddo sobre mi zapato. \u2014\u00cdbale a dar un abrazo febril, delirante, sublime, todo espiritualidad y encanto, un abrazo sin profanaci\u00f3n alguna, de contacto puramente divino, todo santo; de aquellos, en fin, que se dan en los primeros amores, cuando la materia cede impasible, para que las almas se confundan&#8230; Pero de pronto, Mar\u00eda, levant\u00f3 la cabeza, como si le hubiesen dado un capirotazo en la barbilla, y hall\u00e9 que ten\u00eda los ojos muy vivarachos, y cierta sonrisa de sarcasmo en los labios. Di un salto atr\u00e1s, como quien tropieza con un lobo en su camino; y aquella mujer, antes tan ideal y llena de sentimentalismo, tom\u00f3 a continuaci\u00f3n el falsete de m\u00e1scara, y vini\u00e9ndose a m\u00ed, me chill\u00f3 estas palabras a la oreja: \u00abSi no traes dinero, bien puedes empapelar los suspiros, lloronzuelo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Mar\u00eda!, \u00a1mi bien, mi \u00fanica ilusi\u00f3n!, \u00bfte desvaneces? \u00a1En todo cuanto toco, siempre lo mismo! \u00a1S\u00f3lo, a los bordes de la felicidad y luego nada!, \u00a1y el recuerdo de lo que fue fijo en la mente siempre!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Siempre!, \u2014 exclam\u00f3 tambi\u00e9n Mar\u00eda, replegando sus facciones de nuevo a la modesta, y elevados los ojos al cielo y el esp\u00edritu de Dios, sigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Siempre!, \u00a1equivale a eternidad, y all\u00ed est\u00e1 mi alma! \u00a1Siempre!, \u00a1significa el matrimonio, y en \u00e9l est\u00e1 mi cuerpo encarcelado!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9? \u00bfSer\u00e1 posible? \u00a1Te has casado!, \u00a1no: t\u00fa vistes la blanca vesta de las doncellas de Diana! \u00a1Ah no! \u00a1Tu cuerpo ci\u00f1e la c\u00e1ndida t\u00fanica de las v\u00edrgenes del Se\u00f1or! \u00a1Cu\u00e1nto idealismo se encierre en los pliegues de tu ropaje\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Veo que eres un zote.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Mar\u00eda!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, no distingues que lo que traigo son las s\u00e1banas de mi cama&#8230; Esta mancha es de papilla de los ni\u00f1os; esta mancha me da ira y acabar\u00e1 por desesperarme, la he lavado, s\u00ed, la he lavado con mis manos, con mis pies, la he puesto en prensa entre mis dientes, todo, todo cuanto hay que hacer, y la mancha siempre sobre m\u00ed como una llaga, esta mancha, esta mancha, esta man&#8230; cham&#8230; param&#8230; tan&#8230; tar\u00e1n&#8230;tan&#8230; tan&#8230; tan&#8230; tan&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Y ech\u00f3 a andar tiesa como un granadero con el paso de veintiocho pulgadas de tal\u00f3n a tal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qui\u00e9n no se precipita all\u00ed por donde columbr\u00f3 la dicha!, m\u00e1s, cuando una terrible duda le hiende en los senos el coraz\u00f3n. Segu\u00edala yo, luchando con los codos contra las oleadas de la gente.<\/p>\n\n\n\n<p>Un estudiante con hopalanda, que maldito si me ha visto en su vida, me detuvo del brazo y con cierto misterio descorri\u00e9ndose la careta me dijo: \u2014\u00abCompa\u00f1ero, chit\u00f3n y alerta porque la polic\u00eda secreta vigila sobre usted, la nueva tesis gubernamental tiene por coeficiente al sacerdocio que interviene ya en la reacci\u00f3n internacional\u00bb. \u00a1Vaya usted muy noramala! Esto y algo m\u00e1s le dije por completo y a medias entre empujones y palabras: cre\u00edame libre, y boga que boga con los codos en pos de aquel esquife a toda vela.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda por cierto una ilusi\u00f3n completa, la atmosfera estaba cargada. los grupos impel\u00edan a los grupos, como las olas brav\u00edas a las olas: all\u00ed los gritos, los lamentos, las carcajadas, s\u00faplicas y aullidos, soltados todos a la vez por mil y mil gargantas, ya roncas o agudas: voces que en revuelto desentonadas todas y sin freno, formaban un eco monstruo de lobo y hombre, de mujer y gato, el cual volv\u00eda a los o\u00eddos rechazado de su centro de vibraci\u00f3n, como las r\u00e1fagas que rugen del hurac\u00e1n que azota. \u2014All\u00ed, sobre aquella nube amenazante, ponderosa, el\u00e9ctrica, la orquesta dominando estremec\u00eda, no de otra suerte que como cuando el Hacedor abre la diestra al rayo: y Mar\u00eda, la barquilla de mi esperanza, empavesada sin plegar sus velas, hend\u00eda aquel oc\u00e9ano tan r\u00e1pida que volaba&#8230; s\u00ed, volaba; era la paloma del arca, blanca, vers\u00e1til, fugaz y sin hallar d\u00f3nde pararse. Veinte remos por banda me hac\u00edan falta, mas que tuviera entonces que cargar en hombros con cuarenta galeotes.<\/p>\n\n\n\n<p>El sudor cubr\u00eda mi rostro, el mareo me turbaba la vista; sin embargo, tanto bogaba yo, como ella, desliz\u00e1ndose, me her\u00eda. Diez a\u00f1os enteros la hab\u00eda perseguido el pensamiento sin cansarse jam\u00e1s, y el perezoso cuerpo que a la saz\u00f3n comenzaba, ped\u00eda reposo al alma que anhelante lo mandaba volar, y volaba, y las yemas de mis dedos tocaron sus cendales un instante, a costa de desnarigar a un moro, que muy bilioso se arranc\u00f3 la careta y me detuvo del brazo dici\u00e9ndome: \u2014\u00c9sas son malas chanzas \u2014respond\u00edle, usted perdone, y volvi\u00f3me a decir: \u2014Salgamos fuera, que por la fe de cristiano que profeso sabr\u00e1 usted c\u00f3mo se las ha de haber con don Amadeo Ram\u00edrez, estanquero nacional. \u2014Muy se\u00f1or m\u00edo, crea usted que yo cre\u00ed que era usted otro muy amigo m\u00edo \u2014le contest\u00e9 sumiso, tirando suavecito de mi manga y volviendo los ojos a mi rumbo. \u2014 Y \u00bfc\u00f3mo se llama ese caballero?, porque yo conozco a todo Madrid dijo el b\u00e1rbaro sarraceno, queriendo entrar en explicaciones y con cierto aire de superioridad. \u2014Se llama (respond\u00ed en mi aturdimiento) el coronel Pozuencos. \u2014 Pues eso le salva a usted; trate usted mejor en adelante al pr\u00f3jimo: y mire usted al coronel, ese que por all\u00ed viene \u2014Y me dio un pechug\u00f3n, que no me vino mal, porque lo menos adelant\u00e9 dos varas, y torc\u00ed mi derrotero por evitar al coronel, que ya me hab\u00eda echado el ojo, y dio tras m\u00ed, y yo tras ella, dando caza, pero sin gu\u00eda cierta, todo confusi\u00f3n, todo v\u00e9rtigo, y con una fuerza motriz irresistible.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo que di tres botes sobre los talones como galgo que pierde la liebre; y en uno de esos me pareci\u00f3 traslucirla a lo lejos. Iba a partir de derecho, contra viento y marea, pero prendada sin duda de la fuerza que mostr\u00e9 tener en las piernas, me detuvo una monja y me habl\u00f3 muy dulce, diciendo: \u00abMe gustas mucho; dame el brazo y te ense\u00f1ar\u00e9 la cara\u00bb. \u2014Qu\u00edtese usted se\u00f1ora, con mil diablos, que tengo prisa \u2014le contest\u00e9: a lo que repulg\u00e1ndose la celibata me dio un pellizco propio del <em>tribunal de los diez<\/em> y qued\u00f3 vengada de mi groser\u00eda. Naturalmente di un quejido y me rodearon gentes que me cortaban el paso; y un arlequ\u00edn me zamarre\u00f3 bailando; y un gal\u00e1n de ferreruelo poni\u00e9ndose meloso, me dijo: \u2014\u00abTe conozco mascarita\u00bb \u2014y yo conoc\u00ed en \u00e9l que era tonto, pero nada le dije, y s\u00ed a todos les grit\u00e9: \u2014\u00ab\u00a1Dejadme!, \u00a1dejadme que me ahogo!\u00bb. \u00c1 estas voces corro por no verme envuelto en una causa criminal, y a favor del espacio tend\u00ed los remos, sobrenadando tan liviano y \u00e1gil que me cre\u00ed trasformado en ballenato.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh!, \u00a1qu\u00e9 nadar!, \u00a1qu\u00e9 nadar el m\u00edo, en mitad de la m\u00e1s desatada borrasca!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 voluptuosa intr\u00e9pida carrera<br>al son del trueno, al rebramar del viento<br>Y al rugido y vaivenes de la mar!<br>\u00a1Oh qu\u00e9 nadar!<br>Olas que vienen,<br>Olas que van;<br>Dejarme yo,<br>\u00a1Y ellas&#8230; pasar!&#8230;<br>\u00a1Pasar y m\u00e1s pasar!&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1ntas millas por hora hubiese corrido de aquella suerte; muchas m\u00e1s, a no dudarlo, que un vapor; pero inofensivo cet\u00e1ceo de aquel oc\u00e9ano, me sent\u00ed de pronto herido por el terrible pez espada. Era \u00e9ste el coronel Pozuencos que envain\u00f3 su brazo en el m\u00edo formando gancho; pero de una manera, que me hizo cobrar tierra con rudo sacudimiento fisico y moral.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo pronto me persuad\u00ed de que me iba a fondo; pero recobrada la raz\u00f3n, la ira que me asalt\u00f3 contra el tal coronel, estuvo a punto de hac\u00e9rmela perder de nuevo. Y as\u00ed hubiera en efecto sucedido a ser menos ingenioso, y no tan bondadoso el rostro del veterano, que advert\u00ed me contemplaba con aquella intensidad de mirada y ternura de sentimiento con que contempla a su hijo un padre avezado al infortunio, y exento ya de las pasiones locas&#8230; \u00a1Ah, s\u00ed!, el coronel Pozuencos, sin hablar ni moverse, me despert\u00f3 la idea de la paternidad entera; y aunque no sepa ni explicarme a m\u00ed propio, por qu\u00e9 tr\u00e1mites l\u00f3gicos vine a parar en esta preocupaci\u00f3n fant\u00e1stica, lo cierto es que yo me cre\u00ed llevado ante el autor de mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces formul\u00e9 este juicio con una rapidez admirable.<\/p>\n\n\n\n<p>El hijo es a su padre, lo que el universo entero al Supremo Hacedor. Sac\u00f3 Dios la creaci\u00f3n del caos, como se engendra el infante, y desde la mujer sale a la vida. El Omnipotente lanz\u00f3 derramados los orbes al espacio, y aunque todos hermanos, all\u00e1 en el t\u00e9rmino de sus distintas trayectorias: a todos y a cada uno traz\u00f3les \u00f3rbitas por separado en que errar\u00edan la vida y la carrera: no de otra suerte, un padre arroja su prole sobre la faz del mundo, y a cada edad, a cada sexo, a cada capacidad le prescribe derechos y deberes, y a todos traza un curso, Y a todos los provee del sustento.<\/p>\n\n\n\n<p>El Omnipotente resbala una ojeada sobre sus mundos y lee en el esp\u00edritu del universo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Mi padre lee en mi alma!, \u00a1mi padre penetra mi dolor!, y nadie m\u00e1s&#8230; porque tampoco hay m\u00e1s que un padre, como no hay m\u00e1s que un Dios!&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Cav\u00f3 mi frente, y en el escenario del rostro se representaba un drama sublime.<\/p>\n\n\n\n<p>El coronel sinti\u00f3 mi mano que convulsiva le apretaba, y no comprendi\u00f3 acaso, que el alma henchida de una tempestad entera buscaba un conductor el\u00e9ctrico donde descargar, como suele la nube que reventando sus rayos, rel\u00e1mpagos, truenos y granizo, se desgaja en torrentes bramadores, hasta que al fin menguando en el turbi\u00f3n de su fiereza, cobre diafanidad, y se presenta un iris.<\/p>\n\n\n\n<p>El coronel no penetraba mi acceso, supuesto que tan s\u00f3lo me respondi\u00f3 con la flaca materia, y un tanto de bilis flem\u00e1tica, que es la impotente rabia de los viejos. \u00bfYa comprender\u00e1s lo que dir\u00eda el veterano al sentirse estrujar un brazo? Pues ni m\u00e1s ni menos. Dijo: \u2014\u00ab\u00a1C\u00e1spita!, caballerito, \u00a1c\u00e1spita!, que por Cristo vivo si esa <em>pesadilla<\/em> que a\u00fan veo le dura, no es para m\u00ed harto m\u00e1s que pesada: \u00a1cuerno!, que si no afloja usted el torniquete de sus dedos, me desespero, buen hombre\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00ab\u00a1Ah, mi amado padre!, sufro lo que no es ponderable!\u00bb \u2014exclam\u00e9 abraz\u00e1ndolo con arrebato, y el buen viejo se enterneci\u00f3 hasta el punto que me bes\u00f3 la frente llam\u00e1ndome hijo suyo. \u2014\u00ab\u00a1Qu\u00e9 fiebre tienes, hijo m\u00edo!, \u00a1qu\u00e9 fiebre tienes! (a\u00f1adi\u00f3); ven, quiero presentarte a mie esposa para que la armoniosa voz de la mujer endulce tu alma.&nbsp; La mujer, hijo m\u00edo, es el arpa del sentimiento melanc\u00f3lico y apacible, a cuyos ecos se aduermen las fieras pasiones nuestras sus dolores. Estoy por decirte, hijo m\u00edo, que le hombre a no vivir asociado a la mujer, se comer\u00eda a sus semejantes, y mascar\u00eda en sus dolores, de sus propias entra\u00f1as; o si o, m\u00edralos, hijos m\u00edos, en las batallas, donde ni la presencia divina de la mujer se les ofrece, ni voz argentina de estos \u00e1ngeles se oye, s\u00edgueme, desafortunado mancebo, y experimentar\u00e1s una sensaci\u00f3n nueva si no tienes madre\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 En efecto, se\u00f1or, en el aire la perd\u00ed de vista para siempre, all\u00ed confundida entre unos p\u00e1jaros marinos, siendo yo a\u00fan muy ni\u00f1o. \u2014 \u00bfY tienes por ventura hermanas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Una que Dios me hab\u00eda dado, me la rob\u00f3 el diablo en persona en la mitad de una noche de truenos, cuando la pobre doncella se dispon\u00eda a abrir el baile coronada con la corona de nupcias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Acci\u00f3n es muy propia de Satan\u00e1s que anda siempre a caza de gangas, hijo m\u00edo: pero si despu\u00e9s de ese rapto diab\u00f3lico contrajiste matrimonio, el mismo Padre de la Providencia dispuso en sus altos juicios darte por medio de ese sacramento otra hermana de reemplazo de la primera, la que habr\u00e1s hallado en tu consorte, por m\u00e1s que fueras en busca de otra cosa quim\u00e9rica que comparan los sacr\u00edlegos con el amor al Dios de las bondades, de la caridad, de la luz y de la misericordia; con el amor al Dios de los ej\u00e9rcitos y de la bienaventuranza que as\u00ed corona la frente de los guerreros, como ci\u00f1e las sienes de los m\u00e1rtires\u2026 \u00a1hijo m\u00edo!, \u00a1hijo m\u00edo!, no ha existido hombre m\u00e1s id\u00f3latra que nuestro padre Ad\u00e1n, el cual tan s\u00f3lo ador\u00f3 a Eva por algunos minutos; y esto es tan cierto, como sabido es que despu\u00e9s del pecado, qued\u00e1ronse el uno para el otro tan amigos como antes; amigos, eso s\u00ed, porque el \u00fanico amigo posible es la mujer propia tomada a nuestra elecci\u00f3n. Bien que dir\u00e1s t\u00fa: Ad\u00e1n no ten\u00eda donde escoger; pero el Hacedor le ahorr\u00f3 ese trabajo, formando la primera mujer a pedir de boca, cosa que no nos sucede a nosotros, porque de m\u00ed s\u00e9 decir que he rodado cincuenta a\u00f1os hasta dar con la mujer; y t\u00fa si la tienes, cuenta desde el d\u00eda de tu nacimiento hasta el de tus bodas, y hallar\u00e1s en esos a\u00f1os, que por no convenir a tu baza en el juego de la vida, te has descartado de m\u00e1s mujeres que de sotas jugando a los naipes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, padre; tan miserable es mi estrella, que la esposa que hab\u00eda nacido para m\u00ed lo es ya de otro. Bien es verdad que hay ciertos per\u00edodos en que tengo la desdicha de quedarme tan desali\u00f1ado, feo, chiquito, deslavazado, y tan despose\u00eddo, en fin, de todo valor as\u00ed f\u00edsico como moral, que no parezco ni hombre siquiera, y por eso, si bien me lamento de mi existencia, no asevero el proceder, ni culpo la acci\u00f3n de la que me abandon\u00f3 por ampararse de otro que sin duda val\u00eda tanto como usted y m\u00e1s que yo de fijo&#8230; m\u00e1s que yo, s\u00ed, pobre rat\u00f3n racional, que me doy asco a m\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Mal hizo, voto a br\u00edos, quien tal obr\u00f3, rob\u00e1ndote la consorte, que no era sino tu \u00fanica y justa mitad, creada para llenar el vac\u00edo de tu lecho. Apuesto ahora mismo una columnaria! a que ni el marido le vino a ella ajustado a su condici\u00f3n y placer, ni ella a \u00e9l tampoco, sino por lo contrario, el uno para el otro muy holgachones o prietos en demas\u00eda, de donde naturalmente se deduce la torpe infidelidad conyugal, y cata t\u00fa ah\u00ed, c\u00f3mo esa hija bastarda del s\u00e9ptimo de los sacramentos, asoma coet\u00e1nea de los p\u00e1rvulos nacidos en consorcio. Y de aqu\u00ed esos mancebos de apellidos ilustres que desmienten los hechos de sus progenitores.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDe aqu\u00ed la grave p\u00e9rdida de los <em>rasgos caracter\u00edsticos de familia<\/em>; de aqu\u00ed la frialdad, la duda, la certeza asesina; y de aqu\u00ed, en fin, ese infierno del hogar dom\u00e9stico; infierno sin horizonte donde dilatar el \u00e1nimo, sin superficie por donde huir; infierno estrecho como el toro de Falaris, y que a no ser en tiempo infinito, fu\u00e9rase por su mezquino tama\u00f1o y la condici\u00f3n de sus diablos, peor cien veces, peor, que la gran mansi\u00f3n de Luzbel, donde caben las generaciones que poblaron la haz de la tierra desde Ca\u00edn ac\u00e1, y desde ac\u00e1 hasta la resurrecci\u00f3n de la carne, que preveo se acerca, porque el mundo se ha alejado mucho del fin para que fue creado; s\u00ed se\u00f1or, y entre otras cosas que han corrompido la especie humana, s\u00e1bete que Dios hizo al hombre, para que le sirviese y le amara, y el hombre, en contra de esta condici\u00f3n expresa, no s\u00f3lo trata de servirse de Dios, sino que atenta a enmendarle la plana; de modo y de manera, hijo m\u00edo, que aqu\u00ed se trama una segunda rebeli\u00f3n contra el Se\u00f1or, de la cual quisiera huir y no puedo, porque en el mundo estamos y el culpado es el mundo, el cual por&nbsp; su conspiraci\u00f3n contra el <em>saber supremo<\/em>, es ya un gran reo de muerte, que lleno de escepticismo y de hast\u00edo se sienta, sin ver ni conocer a su terrible juez; se sienta, repite, a recibir la muerte muerte en el banquillo de cien bases, denominado siglo, desde donde cabalmente, insensata la humanidad, presume <em>desvelar la ciencia<\/em>\u2026 Pero volvamos la hoja, que aqu\u00ed se acerca en mi busca mi esposa, y ella te consolar\u00e1 como llevo dicho, y puedes bailar si gustas un rigod\u00f3n con ella, que lo hace con la insinuante expresi\u00f3n y la delicada donosura de Beluci\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed el rostro y vi a Mar\u00eda; \u00a1juzga t\u00fa mi impresi\u00f3n!, era la mujer del coronel; ten\u00eda una mejilla p\u00e1lida y otra sonrosada, un ojo melanc\u00f3lico, pudibundo, humildoso, y el otro vivaracho, insolente y provocador. \u00a1Extra\u00f1a cosa por cierto!, pero sobre la cual no hay duda; porque los m\u00edos vieron c\u00f3mo su ojo derecho estaba muy avergonzado del izquierdo, y as\u00ed en ademanes contrarios se me acercaron los dos, y me fijaron, y qued\u00e9 irresoluto como nunca, sin saber a qu\u00e9 atenerme de aquella anfibolog\u00eda, que el alma articulaba por el \u00f3rgano de la vista. \u00abEsposa, dijo el anciano, te presento y encomiendo con eficacia a este mancebo mi amigo, para que con femenina terneza lo trates, porque el cuitado adolece de la enfermedad del suicidio, que es la idiosincrasia de los nacidos dentro el siglo. Mujer, ah\u00ed lo tienes, cumple t\u00fa ahora con la caridad de cristiana y el precepto de tu var\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda inclin\u00f3 la cabeza en se\u00f1al respetuosa de obediencia, y me tendi\u00f3 al punto su gracios\u00edsima mano, diciendo: rigod\u00f3n, \u00a1rigod\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Muy bien, se\u00f1ora, bailaremos, puesto que a los dos nos cumple.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Rigod\u00f3n!, \u00a1rigod\u00f3n!, \u00a1yo me pirro por el rigod\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>Y me apret\u00f3 la mano, me gui\u00f1\u00f3 el ojo izquierdo picarescamente, y el derecho se elev\u00f3 al cielo como implorando la misericordia de Dios para su pecador hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>El coronel era de estuco, insensible y fr\u00edo a una escena que me eriz\u00f3 los cabellos. La mitad de Mar\u00eda hab\u00eda desertado de su esposo para ser m\u00eda, y la otra mitad (contando de arriba abajo) le permanec\u00eda fiel. Mar\u00eda hab\u00eda agarrado mi brazo derecho con su brazo izquierdo, y me comunicaba con el roce un calor sabros\u00edsimo. El ojo izquierdo de aquella hermosura me miraba con delectaci\u00f3n morosa, y como su pupila era luz en cielo apenas azulado, como era luz, mi cuerpo parec\u00eda desnudo a la intensidad de sus miradas; sentime cierto rubor de que tal me vieran en carnes vivas; pero a la verg\u00fcenza iba unido un placer cosquilloso, o no s\u00e9 c\u00f3mo lo diga, un placer tal como si nos acariciaran todo el cutis suavemente con el m\u00e1s suave y regalado plum\u00f3n del cisne.<\/p>\n\n\n\n<p>A todo esto, el ojo derecho de Mar\u00eda fijo, de hito en hito en el inerte coronel, parec\u00eda decirle en grande ahogo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00ab\u00a1Acude, corre, amp\u00e1ranos; que mi hermano se halla pose\u00eddo de la carne, y quiere arrastrarme!, \u00a1ay\u00fadate a ti propio!, \u00a1socorre, socorre a la flaca mujer en su ca\u00edda, y afirmar\u00e1s su juramento!\u00bb. As\u00ed en efecto hablaba el ojo llevado a remolque y de por fuerza tras los sentidos corporales, que hab\u00edan sin duda hecho liga com\u00fan con el ojo izquierdo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh!, el ojo izquierdo era todo m\u00edo, todo luz, todo lenguas y besos, ojo fulgente como una plancha de bru\u00f1ido acero, donde esculpido se le\u00eda un s\u00ed, que era la puerta al bien supremo<\/p>\n\n\n\n<p>Mi orgullo hab\u00eda crecido hasta tal punto, que al mirar al coronel me dio risa, y si entonces se roza conmigo por casualidad siquiera el estanquero nacional, del bofet\u00f3n que le pego, no se le despega la careta a tres tirones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Rigod\u00f3n, rigod\u00f3n, y despu\u00e9s nos perderemos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, s\u00ed, nos perderemos en el bullicio, y luego lo dejaremos para encontrarnos solos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ah!, \u00a1qu\u00e9 gusto!, s\u00ed, solitos y sin gente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Oh, qu\u00e9 ventura la m\u00eda!<\/p>\n\n\n\n<p>Tin, tarar\u00e1, tan, tan,<br>Rigod\u00f3n, rigod\u00f3n, rigod\u00f3n,<br>Rigod\u00f3n y despu\u00e9s confusi\u00f3n,<br>Y despu\u00e9s que nos vengan a hallar<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Viol\u00f3n, viol\u00f3n, viol\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Por qu\u00e9 vienes con ese marido?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Porque el pobre infeliz lo ha querido.<\/p>\n\n\n\n<p>Por traerme y llevarme en <em>sim\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Viol\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Rigod\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Viol\u00f3n, viol\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Rigod\u00f3n&#8230; \u00a1hermoso m\u00edo, que te quiero m\u00e1s que a mi alma!, anda, corre, corre, corre, tomaremos lugar de cabecera.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la mujer hecha una ardilla y encogiendo las piernas se me colgaba del brazo con tal placer m\u00edo, que en mi vida he tenido otro mayor. A todo esto, el coronel Pozuencos nos miraba y se sonre\u00eda, hasta que por \u00faltimo viendo que me llevaba a su mujer colgada y vistosa como una cestita de flores, lleg\u00f3seme al o\u00eddo y me previno con estas palabras: \u00abPor santa Rita, cuide usted de que si mi consorte salta, no se le desprendan y pierdan las arracadas, que son las m\u00e1s ricas alhajas que entraron nunca en mi casa\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La curiosidad natural encamin\u00f3 mi vista, y vi, pero desde que el mundo es mundo que no se ha visto otra cosa; los tales pendientes no eran ni de oro ni de piedras, ni de metal ninguno, ni de nada que perteneciese a los reinos mineral, vegetal, ni animal; sino que el uno pertenec\u00eda, s\u00ed, al reino de los cielos, y el otro al de los profund\u00edsimos infiernos; los pendientes no eran de nada, eran dos esp\u00edritus, uno era un <em>\u00e1ngel, <\/em>y el otro un <em>diablo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que es el angelito lloraba el pobrecito cuando lo mir\u00e9: pero el perill\u00e1n del diablo, que era muy mono y bullidor, qued\u00f3seme encarado, me hizo dos o tres muecas de chiquillo; y luego volvi\u00f3 a su tarea, la cual era mamar la extremidad inferior de la oreja izquierda de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquiera otro menos avezado que yo a las maravillas, hubiera echado a correr a lavarse en agua bendita, o cosa semejante, pero de m\u00ed, t\u00fa sabes, que ya cuando ni\u00f1o las brujas me arrullaban en la cuna y me dorm\u00eda, me pellizcaban y no lloraba; entereza pueril la m\u00eda, de que gustaban tanto aquellas alegres viejas, que formaban corro por verme, y se afilaban las u\u00f1as para herirme; re\u00edame yo, bailaban ellas a mi alrededor y cant\u00e1banme el <em>Trailo Marica<\/em>, y las unas y las otras se arrojaban mi cuerpecillo, que no hab\u00eda m\u00e1s que pedirles, como no fuera aquello de la hiel de gato pardo, con que durante las noches de sus <em>s\u00e1bados<\/em> en enero, sol\u00edanme untar los labios para leer las maldecidas de Dios, sus hor\u00f3scopos en mis gestos, chillidos y contorsiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Respecto al \u00e1ngel, a\u00f1adir\u00e9 ahora que me pareci\u00f3 un recuerdo de lo que yo hab\u00eda sido y visto a\u00f1os ha, pero en cuanto al diablo, sea dicho en verdad, que hasta aquel momento no le hab\u00eda visto nunca, pero lo hall\u00e9 inofensivo, vistoso, incapaz de formalidad, todo acci\u00f3n, todo vida&#8230; en fin el d\u00edablo es una alhaja; a no ser que en esta noche de m\u00e1scaras se hubiese ido al sal\u00f3n disfrazado de lo que no es, cosa que a\u00fan as\u00ed, en manera alguna le quita la gran propiedad que tiene de ser port\u00e1til a lo sumo; cualidad exquisita y digna de todo encomio en esta \u00e9poca de locomoci\u00f3n en que vivimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda y yo hab\u00edamos dejado al coronel para asistiera la danza que la orquesta nos anunciaba ya con un tema del <em>Barbero<\/em> encerrado en el comp\u00e1s de tres por ocho.<\/p>\n\n\n\n<p>Bailaba yo mi rigod\u00f3n con las cortes\u00edas delicadas y la refinada pulcritud de la gavota; pero Mar\u00eda, que hab\u00eda tomado no s\u00e9 por qu\u00e9 el aire del bolero, era mi contraste; y en una de aquellas vueltas y revueltas r\u00e1pidas que daba sobre la punta de un solo pie, con la otra pierna en tanto, horizontalmente alzada, y dando campanelos, acert\u00f3me a dar de rev\u00e9s, a tiempo que mi cuerpo venciendo la gravedad por la ley del equilibrio, se elevaba sobre la base a\u00e9rea de un dif\u00edcil <em>pistolet<\/em>, y zas, de golpe y porrazo, vine al suelo entre la risa general, que fue placer para muchos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda, ayud\u00e1ndome a alzar con amorosa ternura, me coloc\u00f3 en baile a su lado nuevamente.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00fasica de esta segunda figura pertenec\u00eda a la sublime partitura de Bellini conocida por <em>Norma<\/em>; y en un adelante dos que hizo Mar\u00eda, tan vaporosa y m\u00e1gica se alzara, que cre\u00ed se me hu\u00eda hacia los cielos: no he visto nada tan a\u00e9reo, nada m\u00e1s modesto, nada m\u00e1s elegante, ni divinal: era la trasfiguraci\u00f3n de Rafael, o era una aparici\u00f3n de Murillo. Velada en luz que la iluminaba circund\u00e1ndola con una aureola de pudor, cre\u00ed que se me iba hacia los cielos. Y mis brazos se tendieron, no para asirme a ella, sino de admiraci\u00f3n asc\u00e9tica movidos; y el desolado coraz\u00f3n, al verse en la viudez y adorador ardiente como era, sent\u00eda con el sentimiento de las palabras aquellas del poeta creyente, que tr\u00e9mulos pronunciaban mis labios exclamando&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1\u00a1Y t\u00fa rompiendo el puro<br>Aire, te vas al inmortal seguro!!<br>Los antes bienhadados<br>Y los agora tristes y afligidos<br>A tus pechos criados,<br>De ti despose\u00eddos,<br>\u00bfA do convertir\u00e1n ya sus sentidos?<\/p>\n\n\n\n<p>En esto se fundieron todos los ecos para formar una sola voz, que con el tono imperioso del profeta pareci\u00f3me o\u00edr que dec\u00eda: \u00ab<em>Laudate Deum cordis et organis<\/em>\u00bb. A cuya voz, obedeciendo juntos los escogidos del concertado coro, respiraban a la vez en los sonoros tubos, o her\u00edan en las vibrantes cuerdas que gimieron: y un tono lleno, melanc\u00f3lico, solemne, ondulaba entonces por la atm\u00f3sfera y hench\u00eda el pecho de temor religioso.<\/p>\n\n\n\n<p>La divinidad vagaba en torno a m\u00ed, \u00a1cr\u00e9eme! El alma la sent\u00eda y pugnaba por huir la c\u00e1rcel de la materia torpe. \u00a1Aquella armon\u00eda el\u00e9ctrica y latente como el primer soplo de vida derramado en el primer hombre, era movida por las alas invisibles de la divinidad que hend\u00eda los aires! \u00a1La divinidad! \u00a1La divinidad! \u00a1Ante la cual el cuerpo se prosterna, si bien se eleva el esp\u00edritu en su busca!<\/p>\n\n\n\n<p>Y mis brazos con mi cerviz cayeron, y ador\u00e9 m\u00e1s que nunca a la mujer porque ella era un \u00e1ngel del Se\u00f1or, que si mezcla ni mudanza hu\u00eda hacia los cielos, era la mujer como la concibe el amor y como al alma le es dado idolatrarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi boca balbuciente como cuando en el principio de la juventud se habla a la doncella, le pronunci\u00f3 estas palabras. \u00ab\u00a1Oh, qu\u00e9 hermosa eres t\u00fa, amada m\u00eda! \u00a1Oh, qu\u00e9 hermosa eres t\u00fa!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ella con los labios m\u00e1s dulces que la miel hiblea, y m\u00edstica como la esposa del <em>Cantar de los cantares<\/em> me respondi\u00f3: \u00abHija del hombre, me ce\u00f1ir\u00e9 de cilicio; polvorear\u00e9 mi frente de ceniza; me har\u00e9 de luto unig\u00e9nito, dar\u00e9 amargo pla\u00f1ido, porque s\u00fabitamente vendr\u00e1 el destruidor sobre nosotros, y entonces me hallar\u00e1 como la virgen no conocida del var\u00f3n. A la manera que se desprende una nubecilla y pasa, cruzar\u00e1 mi esp\u00edritu los baj\u00edos de la luz, hasta que donde el sol se humilla, el Se\u00f1or sea en m\u00ed como el roc\u00edo en la azucena de los valles&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En esto daba fin la segunda figura del rigod\u00f3n, y qued\u00f3se Mar\u00eda en cierto \u00e9xtasis contemplativo; pero en sus labios peque\u00f1uelos y de color de fuego, brillaba una sonrisa parecida a los tembladores rel\u00e1mpagos del crep\u00fasculo en un d\u00eda sereno del verano.<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00e9 sus orejas y&#8230; \u00a1Oh Dios!, all\u00ed estaban los pendientes fascinadores: el diablo atarazaba su parte con dientes y u\u00f1as, y el \u00e1ngel se parec\u00eda mucho a Mar\u00eda; tanto que eran lo mismo; tanto, que eran uno mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Iba a empezar el tercer acto de la danza, y al romper el comp\u00e1s. tend\u00ed la mano para enlazarla a la de mi pareja; mas luego sintiendo rudeza en el tacto, vi que el coronel Pozuencos se hab\u00eda interpuesto entre nosotros dos y que me daba su derecha.<\/p>\n\n\n\n<p>Bostez\u00f3 el pobre coronel y volv\u00ed a verle el est\u00f3mago del todo vac\u00edo retratado en el espejo; luego me dijo: \u00abel hambre me aflige m\u00e1s que en un d\u00eda de sitio; pero sea todo por el Dios de Abraham y de los retirados\u00bb. En vista de lo cual nos encaminamos a la sala del ambig\u00fa ella colgada de mi brazo, y el coronel apoyando su debilidad en mis hombros.<\/p>\n\n\n\n<p>Entramos en la primera estancia; no hab\u00eda una mesa desocupada; pasamos a la segunda y fue lo mismo; luego la tercera y tampoco: de manera, que por entretener el tiempo quedamos en acecho y paseando de alto a bajo por aquellos comedores.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed las mujeres se reposaban con molicie, desvelados sus rostros y gargantas, com\u00edan con un desembarazo insultante a la pulcra redondez de sus facciones peque\u00f1uelas, o re\u00edan a carcajadas, o beb\u00edan vinos ardientes, bullidores y di\u00e1fanos. El cabello sometido a la acci\u00f3n del sudor, o quebrantado al sacudimiento de las r\u00e1pidas vueltas de cabeza, les colgaba desde la frente al pecho y las espaldas, en l\u00e1nguidos y pesados giros sin gracia ni vigor. tanto que parec\u00edan, los que fueron rizos voladores. v\u00edboras moribundas, entumecidas por el roc\u00edo. Y la luz artificial con sus rojizas tintas reflejadas, ba\u00f1aba los semblantes de esta porci\u00f3n del bello sexo, completando el cuadro, y dando a cada mujer un aspecto sat\u00e1nico de maravillosa hermosura.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres eran todos soldados, amadores por rutina, bebedores por afici\u00f3n, y por gala altivos en la palabra prontos en la amenaza, ejecutivos en el desagravio; los rostros altaneros y joviales, atrevidos los ojos, las manos parleras y el coraz\u00f3n un tanto apesarado&#8230; no eran sino soldados que hab\u00edan dejado las armas en pabell\u00f3n y los placeres, serenos bajo el techo en que nacieron.<\/p>\n\n\n\n<p>El abandono con que estas partes de ambos sexos dejaban solazar sus cuerpos, el desorden de las viandas y manteles, los trajes abigarrados y ex\u00f3ticos, la intemperancia, el ruido, la apicarada franqueza y el desprendimiento con que se gastaba all\u00ed el dinero, confund\u00eda la raz\u00f3n; y as\u00ed el coronel como yo mismo, nos cre\u00edmos transportados a un campamento militar, donde cada guerrero conquistador se regalaba con la prisionera de sus amores.<\/p>\n\n\n\n<p>A cada instante se o\u00edan estas palabras: \u00abmozo, Burdeos\u00bb, \u00abmozo \u00a1champagne!, \u00a1champagne!\u00bb, o si no \u00ab\u00a1vive Dios! rompo el alma&#8230;\u00bb y los tales criados daban vuelta: revueltas, llegaban manchando trajes, y se volv\u00edan m\u00e1s r\u00e1pidos que el pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Champagne!, \u00a1champagne!, \u00a1champagne eran los gritos m\u00e1s frecuentes con que clamoreaban en el concurso, al gal\u00e1n mozalbete de los vinos, que le toca ser rey de nuestros banquetes, no de otra suerte que como a su turno lo fue el Chipre en los festines de los <em>Caballeros Cruzados<\/em>, all\u00e1 cuando brindaban por la libertad del santo sepulcro, y por el amor de sus fermosas damas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en verdad, en verdad, que yo me adhiero al champagne. Comprendo que hay para ello una raz\u00f3n f\u00edsica y otra moral; la raz\u00f3n f\u00edsica es porque no tengo la robustez de un templario, y la raz\u00f3n moral est\u00e1 en que el Chipre aparenta ser manso en la copa y se desenvuelve traicionero, feroz en el est\u00f3mago; a la par que el vino champagne se anuncia con salvas al entrar en el vaso, ni m\u00e1s ni menos que un monarca en su palacio; y luego con magn\u00edfica pompa se derrama sobrado de s\u00ed mismo y sigue murmurando sonoros pl\u00e1cemes al festejo, hasta que se desliza por nuestros labios con picante dulzura&#8230; y m\u00e1s all\u00e1 se evapora como un beso de amor que arroba el alma y provoca a otro beso y a otros besos.<\/p>\n\n\n\n<p>A todo esto el coronel Pozuencos sent\u00eda que el hambre le llegaba a la nuez, tocando calacuerda, y estaba un si es no es amostazado de que hall\u00e1ndose entre tanto camarada, ni uno de entre ellos siquiera le brindase con su raci\u00f3n de tapa. Los taponazos que desped\u00edan los vinos al fermentar, eran para los avezados o\u00eddos del veterano, uno de esos frecuentes tiroteos de guerrilla de poca monta, que ni perturban el sue\u00f1o comenzado, ni hacen contramarchar a las alforjas, la fiambrera empezada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ofend\u00edale a\u00fan casi m\u00e1s que el hambre, la falta de religiosidad y de compostura que resaltaba en todas las rancher\u00edas, y frunciendo el ce\u00f1o en muestra de desagrado me dirigi\u00f3 estas palabras: \u00abLos capellanes son por lo com\u00fan los peores p\u00e1rrocos de la cristiandad porque al Se\u00f1or que les entrega ovejuelas de lana burda, ellos le devuelven lobos que no se hartan de la carne\u00bb. As\u00ed habl\u00f3 el coronel, y rez\u00f3 enseguida un adre nuestro, parte de \u00e9l por todos los pecadores, y resto por el \u00abpan de cada d\u00eda\u00bb, apoyando mucho el \u00abd\u00e1noslo hoy\u00bb; en resumen triaba el coronel Pozuencos en su oraci\u00f3n a matar dos p\u00e1jaros de un tiro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Mar\u00eda!, \u00a1mi hermosa mar\u00eda se hab\u00eda borrado por algunos minutos de mi memoria: volv\u00ed los ojos a mirarla, y no not\u00e9, sin haberme hasta entonces advertido de ello, que llevaba al lado otra mujer con la que sosten\u00eda este di\u00e1logo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Ahora vamos a cenar, a cenar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y dime, \u00bfqui\u00e9n es \u00e9se que os acompa\u00f1a?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es el pobre Leoncio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1C\u00f3mo! \u00bfNo le abandonaste?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mucho que s\u00ed: pero ahora vamos a cenar, a cenar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfSabes que me gusta m\u00e1s que tu marido?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A m\u00ed tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014L\u00e1stima que las partidas no se jueguen m\u00e1s que una vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eso les suceder\u00e1 a las tontas; vete de aqu\u00ed que quiero cenar a solas con Leoncio.<\/p>\n\n\n\n<p>La amiga de Mar\u00eda fue tan d\u00f3cil que girando en el acto como una clavija, se desapareci\u00f3: repulg\u00f3 mi adorada su boquita de perlas con cierto desenfado hacia la impertinente; me mir\u00f3 despu\u00e9s y me hizo una muequilla muy donosa y de lo m\u00e1s incisiva (para m\u00ed a lo menos).<\/p>\n\n\n\n<p>La se que abrasaba las entra\u00f1as y la gravedad espec\u00edfica del coronel que gravitaba sobre mis hombros, me ten\u00edan a punto de desfallecer, cuando felizmente se desocup\u00f3 una mesa acorralada en un oscuro rinconcillo, y tomamos asiento.<\/p>\n\n\n\n<p>A mi primer grito acudi\u00f3 un mozo corriendo sobre las puntas de los pies con pasitos muy menudos, y al llegar a nosotros nos hizo una cortes\u00eda femenil de esas que nuestras mujeres han aprendido de las damas francesas. Tendr\u00eda este criado como veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad: su cutis era blanco y sonrosado, sus facciones m\u00e1s bonitas que varoniles, llevaba sendas patillas negras y ensortijadas; y atada al cuello le colgaba hasta m\u00e1s debajo de la cintura una servilleta blanqu\u00edsima con bolsillos, de los que le sal\u00edan mangos de cuchillos, tenedores y otros cachivaches raros. Estimul\u00e9 a mis convidados a que pidieran lo que mejor apeteciesen, y adelant\u00e1ndose el coronel Pozuencos, mand\u00f3 traer tres perdices por lo pronto.<\/p>\n\n\n\n<p>El criado repiti\u00f3 su cortes\u00eda, y sin chistar palabra se march\u00f3, con los mismos pasos y repulgos en busca del manjar que se le ped\u00eda. El coronel bostezaba a toda prisa, y Mar\u00eda que hasta entonces por su fisonom\u00eda se hab\u00eda destacado del cuadro general, \u00edbase gradualmente confundiendo con las dem\u00e1s mujeres que all\u00ed estaban, y sus voluptuosos bucles desgajados parec\u00edan pesar en su cabeza, as\u00ed como antes le prestaban aquella ligereza veleidosa que tanto reclama el busto de la mujer. Volvi\u00f3 el criado con un aire muy sentado; pero contoneando la cintura, y al desocupar sus manos dejando la fuente encima de la mesa, dijo en un tono semiagudo y muy amanerado: \u00abAqu\u00ed traigo, se\u00f1ores, unas perdicitas, rellenas, enlardadas, frititas, frescas y buenas con patitas coloradas; m\u00edrenlas c\u00f3mo miran a la mesa con sus ojitos de fresa\u00bb. Y aquel botarate del g\u00e9nero com\u00fan de dos, repiti\u00f3 su saludo, y se fue luego haciendo pinitos, hasta donde le diera la gana, porque yo desde\u00f1\u00e9 seguirlo con la vista.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ea!, mi coronel, destroce usted, y que no sea con la cuchara, porque las aves de pasteler\u00eda suelen resistirse al m\u00e1s apuesto trinchador.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed habl\u00e9 yo, y el coronel ensart\u00f3 y sac\u00f3 del plato una perdiz en el tenedor.<\/p>\n\n\n\n<p>Naturalmente la suspendi\u00f3 para trinchar al aire, y el animalejo ensanch\u00f3 los alones, alarg\u00f3 el cuello, abri\u00f3 el pico y ense\u00f1\u00f3 la lengua.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Vea usted! \u2014dijo el coronel sin participar asombro\u2014. Vea usted; la infeliz tiene \u00abpepita\u00bb. \u00a1Avecitas de Dios que no tienen quien las cuide! S\u00e1casela nunca la caridad est\u00e1 de sobra&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ponla, p\u00f3nmela aqu\u00ed \u2014salt\u00f3 diciendo Mar\u00eda, con la boca ya hecha una agua, resuelta, por lo que despu\u00e9s se vio, a comerse la perdiz enferma, con la pepita por a\u00f1adiduras,<\/p>\n\n\n\n<p>El veterano la deposit\u00f3 en el plato de Mar\u00eda y tom\u00f3 otra, que como yo la rehusase, se la sirvi\u00f3, a s\u00ed propio, y empez\u00f3 a partirla muy despacio sin curarse de que el p\u00e1jaro pelado y frito, a cada trinchazo que con el tenedor recib\u00eda, se rascaba con la patita de aquel costado.<\/p>\n\n\n\n<p>Com\u00eda el coronel a dos carrillos, cuando Mar\u00eda se preparaba a imitarlo y escupi\u00f3; yo que segu\u00eda con los ojos todos y cada uno de los movimientos de aquel <em>\u00e1ngel de Estradella<\/em>, de aquel \u00e1ngel ca\u00eddo que me tra\u00eda vertiginoso, enamorado y loco, mir\u00e9 tambi\u00e9n la curva que describ\u00eda la gota de roc\u00edo vertido de sus labios, y vi que ca\u00eda en los ladrillos; pero en aquel&nbsp; mismo instante y de la misma saliva se cuaj\u00f3 un sapo, que dio tres brincos hasta llegar al rinc\u00f3n y se qued\u00f3 agazapado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh!, los cabellos se me erizaron, crisp\u00e1ronse mis nervios, grit\u00e9 \u00ab\u00a1coronel!, \u00a1coronel!, su esposa de usted estaba pose\u00edda del demonio y acaba de arrojarlo por la boca. Yo, yo lo he visto salir&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bf Y qu\u00e9 ha visto usted, buen hombre? \u2014respondi\u00f3 el coronel con flema.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Nada menos he visto que a Satan\u00e1s en la inmunda forma de un sapo \u2014Mar\u00eda solt\u00f3 una carcajada y escupi\u00f3 otro sapo, que tambi\u00e9n se fue al rinc\u00f3n, y el coronel me explic\u00f3 c\u00f3mo aquello de escupir sapirujos era de familia en las hembras de la Ilustre prosapia de su esposa; y cuando hubo acabado, Mar\u00eda tom\u00f3 la voz y dijo: \u00abNi ni\u00f1a, que no la hay m\u00e1s hermosa en todo Madrid, tiene treinta y dos meses, y ya escupe ranas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Jes\u00fas, se\u00f1ora!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ni m\u00e1s ni menos.<\/p>\n\n\n\n<p>La sed me devoraba; mi felicidad consist\u00eda en perder el juicio para olvidar lo que por m\u00ed pasaba, y ped\u00ed un ponche. Traj\u00e9ronmelo muy cargado, pero no ard\u00eda; y quej\u00e1ndome estaba de este olvido, cuando c\u00e1tate que Mar\u00eda me oye y dijo: \u00abNo te sofoques Leoncio, que si por m\u00ed no fuera, los f\u00f3sforos de Bardenet ser\u00edan de pega\u00bb, y diciendo y haciendo se meti\u00f3 el dedo \u00edndice de la mano izquierda en el o\u00eddo, frot\u00f3 un poco, lo sac\u00f3 encendido de una luz c\u00e1rdena, lo aplic\u00f3 a los bordes de mi copa, y se comunic\u00f3 la llama.<\/p>\n\n\n\n<p>Por cobarde me hubiera yo tenido en rehusar el ponche, mas que en su superficie retozaran las llamas del infierno; lo beb\u00ed; y desde aquel punto perd\u00ed la cabeza en t\u00e9rminos, que Mar\u00eda se me ostentaba como el \u00e1ngel de los castos; flor delicada que desped\u00eda m\u00edsticos aromas, recogidos tal vez entre las nubes olorosas, que bordeando en torno a los altares, remontan hasta Dios una divinidad&#8230; \u00a1Ah!, \u00a1Mar\u00eda!, eres una divinidad\u2026 y ca\u00ed de rodillas a sus plantas.<\/p>\n\n\n\n<p>El coronel me sostuvo, ella inclin\u00f3 el rostro, lleno de una bondad inefable hacia m\u00ed. \u00a1No! La belleza con que seduce la mujer honesta, no tiene formas demostrables.<\/p>\n\n\n\n<p>En la contemplaci\u00f3n de Mar\u00eda estaba mi coraz\u00f3n, mis ojos, mi alma toda, y me precipit\u00e9 hacia ella, creyendo que se desvanec\u00eda entre las primeras tintas del alba que penetraba por los cristales.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>ron <\/em>(dijo el coronel al ver mi acci\u00f3n) lo tiene embriagado, y se nos hace preciso darle escolta hasta sacarlo al aire libre.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego se apoderaron de mis brazos, y rompiendo por medio de la gente, pusi\u00e9ronme en la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Ech\u00e9 a andar desvencijado el cuerpo, y sin sombrero, hasta que al fin dando regates y pegando tumbos top\u00e9 de bruces contra la puerta de mi casa. Entr\u00e9 a tientas, sub\u00ed la&nbsp; escalera a gatas, y los criados me trasladaron en hombros a la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>La piedra disparada por la honda de David cuando rompi\u00f3 de Goliat la frente y cay\u00f3 al suelo; el rudo tronco del gigante sin vida derribado, no quedaron m\u00e1s inertes que mi cuerpo arrojado en los colchones.<\/p>\n\n\n\n<p>Siete d\u00edas me los pas\u00e9 difunto por mi cuenta, y al cabo de ellos se me abrieron los o\u00eddos para escuchar a tres medicinantes, que repantigados alrededor de mi lecho hablaban estas palabras a un mi amigo doctor en Salamanca.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00eda un m\u00e9dico: \u00abA este hombre le faltan cuatro s\u00edntomas graves para tener una enfermedad conocida: en cuyo caso nos atrever\u00edamos a responder a usted de su vida\u2026 ahora marchamos en la cl\u00ednica sin diagn\u00f3stico, y es lo probable que se muera\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos restantes m\u00e9dicos daban al orador pausadas muestras de aprobaci\u00f3n con la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ros-de-olano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Ilustraci\u00f3n: Carlos Luis de Ribera <\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio Ros de Olano I \u00a1Oh, qu\u00e9 hermosa es!&#8230; \u00a1Nunca la he deseado tanto como hoy!&#8230; \u00bfY qu\u00e9? In\u00fatil todo; porque no quiere estar conmigo. Si la encontrara, me reclinar\u00eda en su regazo, y por lo menos me quedar\u00eda dormido como un mamoncillo en la cuna\u2026 Muchos no saben por qu\u00e9, ni de qu\u00e9 r\u00eden [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":9603,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9602"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9602"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9602\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9638,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9602\/revisions\/9638"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9603"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9602"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9602"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9602"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}