{"id":9321,"date":"2023-11-14T00:09:15","date_gmt":"2023-11-14T00:09:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9321"},"modified":"2023-11-24T18:39:46","modified_gmt":"2023-11-24T18:39:46","slug":"feliz-cumpleanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/feliz-cumpleanos\/","title":{"rendered":"Feliz cumplea\u00f1os"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">In\u00e9s Mu\u00f1oz Aguirre<\/h4>\n\n\n\n<p>Nell se siente liberado. Tararea la canci\u00f3n que escucha en la radio de su carro, mientras transita las curvas de la monta\u00f1a. Piensa en que sus hijos quedaron felices, y a cargo de su hermana todo el fin de semana. Los consiente como nadie. Es una ventaja contar con ella. Se desvive por sus sobrinos y \u00e9l se aprovecha de ello cada vez que lo necesita.<\/p>\n\n\n\n<p>Observa todo a su alrededor, los grandes y centenarios \u00e1rboles que arropan el lugar. De noche se vuelven m\u00e1s imponentes. Son como gigantes que se apoderan del espacio. Decide encender las luces de apoyo del carro. La neblina est\u00e1 fuerte. Le gusta. A medida que el camino sube, se adentra en una masa gris, que se lo traga todo.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa de su amigo Gerardo queda a escasos cincuenta minutos de Caracas en medio de un bosque solitario. La zona aunque cercana a la ciudad preserva su origen selv\u00e1tico cuidando sus afluentes de agua. A pocos kil\u00f3metros est\u00e1 el embalse que surte toda el \u00e1rea metropolitana. Gerardo hered\u00f3 la propiedad de sus padres y la utiliza para dar grandes fiestas que son famosas entre sus amigos. Al bajar la colina se abre paso la gran masa de agua en la que cuenta con un peque\u00f1o muelle y una vieja embarcaci\u00f3n en la que recorre el lugar con bastante frecuencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Llega frente a la entrada. Le extra\u00f1a que el port\u00f3n de madera est\u00e1 abierto. Gruesas vigas forman un rect\u00e1ngulo que no es m\u00e1s que una formalidad con la cual se delimita el territorio. Lo abre con una patada en el centro de la estructura. Cruje. Se devuelve. Nell lo aguanta por una punta y lo lleva hasta el extremo, lo sujeta con un tronco que siempre est\u00e1 all\u00ed como apoyo. Regresa al carro. Recorre el camino despacio.<\/p>\n\n\n\n<p>Escucha el sonido de los cauchos sobre la grava. Le gusta el sonido de los miles de cascajos blancos, grises y marrones que sirven de soporte a la v\u00eda. Gerardo nunca quiso pavimentarlo. Siempre argumenta que lo que m\u00e1s le gusta del lugar es la posibilidad de vivir c\u00f3modamente pero sinti\u00e9ndose cerca de la naturaleza, con las menores intervenciones posibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Se estaciona frente a la casa. Todo est\u00e1 oscuro. Se baja a observar el cielo estrellado. Pasa un buen rato disfrutando de la enorme c\u00fapula perdida e ignorada por los citadinos a quienes los deslumbra mucho m\u00e1s una valla publicitaria. Se acuesta sobre el capot del carro y se recuesta sobre el parabrisas. Se queda all\u00ed con la mente en blanco. Siente el aire en su cara. Piensa en la posibilidad de pedirle a su amigo que le alquile la casa y mudarse. Se sentir\u00eda feliz, tan lejos y tan cerca de todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un sonido inesperado llama su atenci\u00f3n. Se incorpora de un salto. Las hojas secas crujen como que si alguien pisara sobre ellas. Mira a su alrededor, pero todo est\u00e1 demasiado oscuro. De vez en cuando distingue una luci\u00e9rnaga.<\/p>\n\n\n\n<p>Saca una peque\u00f1a linterna de la guantera que le sirve de gu\u00eda. Decide dejar encendidas las luces del carro. Se baja y camina hacia la casa. Abre la puerta, enciende las l\u00e1mparas cercanas. Todo est\u00e1 en orden. Decide regresar a cerrar el port\u00f3n y cierra las puerta del carro despu\u00e9s de bajar su malet\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Su entusiasmo ante aquella soledad va en aumento. Suelta todo en la entrada. Se dirige hacia el televisor. Busca el control remoto en una peque\u00f1a caja de madera que est\u00e1 sobre la mesa de centro. Enciende la pantalla y se tira sobre el sof\u00e1 de cuero negro colocado en todo el frente. No hacer nada era todo lo que quer\u00eda y all\u00ed est\u00e1. A sus cincuenta y tantos a\u00f1os est\u00e1 harto de dar clases de an\u00e1lisis literario en la Universidad Central. Los alumnos en la Escuela de Letras son cada vez menos, por lo que no hay grandes sorpresas. Ya nadie estudia para pasar hambre. Piensa que lo \u00fanico bueno que le ha pasado en los \u00faltimos a\u00f1os es el \u00e9xito de su obra de teatro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9xito porque aguant\u00f3 un a\u00f1o en cartelera, lo malo es que aparte de las constantes entrevistas, las portadas de las revistas y el reconocimiento p\u00fablico, ese supuesto triunfo no da para m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigue las im\u00e1genes en la pantalla mientras juega con el control remoto, sin prestarle mayor cuidado a lo que ve. Escucha un sonido en el patio posterior que llama su atenci\u00f3n. Se dirige hacia el ventanal del fondo y descubre que el vidrio del marco central est\u00e1 roto. En ese preciso momento siente una mezcla de ardor y de dolor en su pie derecho. Trata de apoyarse en el y no puede. Una gota de sangre cae sobre el piso de madera. Salta como un canguro sobre su pie izquierdo hasta la silla m\u00e1s cercana. Cuando puede levantar el pie descubre el pedazo de vidrio que como una lanza atraves\u00f3 la delgada suela de goma de sus zapatos. Siente que su frente se perla de sudor. Se dobla sobre s\u00ed mismo ante el dolor penetrante que le recorre todo el cuerpo. Tiene claro que solo tiene una opci\u00f3n, emplear toda su fuerza en remover el vidrio. Es la \u00fanica forma de descalzarse para ver el tama\u00f1o de la herida.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve a escuchar el ruido que lo oblig\u00f3 a levantarse del maldito sof\u00e1, pero el dolor es demasiado fuerte como para pararse. Por un momento recuerda que Gerardo le coment\u00f3 que ahora ten\u00eda unos gatos. Ninguno de los dos eran amantes de los animales, pero su amigo lo convenci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Son una maravilla, no dejan que entren en la casa cucarachas, culebras ni ratones. Los tipos ni me paran cuando llego y no se c\u00f3mo co\u00f1o, pero se resuelven su comida.<\/p>\n\n\n\n<p>A \u00e9l en lo particular no le gustan las mascotas, repite una y otra vez que con sus hijos ya tiene suficiente. Desde el problema con su mujer entendi\u00f3 que los ni\u00f1os son mucho m\u00e1s que unos compa\u00f1eros de juego, hay que cuidarlos, alimentarlos, ayudarlos con las tareas y nada de eso es gracioso para un padre viejo. Andr\u00e9s y Marcos tienen apenas doce y diez a\u00f1os. Son muy inquietos, hacen cientos de preguntas. Se duermen muy tarde y se levantan muy temprano para su gusto.<\/p>\n\n\n\n<p>Un grito profundo rompe el acostumbrado silencio del lugar. En su mano derecha sostiene el vidrio ensangrentado, mientras con la izquierda se soba el tobillo, intenta recuperar fuerzas. Resopla apretando los dientes, se da el tiempo como para que su respiraci\u00f3n vuelva a la normalidad. Ve caer gruesas gotas de sangre sobre la madera del piso. Se aterra del resultado, pero no tiene las fuerzas para hacer nada. Justo cuando logra calmarse percibe un dulce aroma a jazm\u00edn que lo intranquiliza, mira de un lado a otro. Aquel olor no le es para nada agradable. Asume que se col\u00f3 a trav\u00e9s de la ventana rota. Alrededor de la casa hay tantas matas que todo es posible. A su mujer le encantaba quedarse all\u00ed, precisamente por los olores, a \u00e9l en cambio le producen cierta repulsi\u00f3n, sensaci\u00f3n que est\u00e1 ligada a sus recuerdos. Los olores tienen eso \u2014piensa\u2014 te pueden amarrar a una imagen o a una emoci\u00f3n para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Suelta la trenza del zapato hasta sacarla por completo, eso le permit\u00eda descalzarse sin mover mucho el pie. La cortada es grande, supuso que tanto como para necesitar ir al m\u00e9dico, pero no est\u00e1 dispuesto a manejar de nuevo a la ciudad. \u2014 \u00a1Caf\u00e9! \u2014 Alguna vez en su vida escuch\u00f3 que el caf\u00e9 paraba la sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Salta. Llega hasta los potes de vidrio en los que est\u00e1n guardados el az\u00facar, el arroz, la harina y el caf\u00e9. Todo herm\u00e9ticamente cerrado para evitar los estragos de la humedad. Con el pote en sus manos regresa hasta la silla. Se sienta. Observa que en el recorrido dej\u00f3 un rastro de sangre que amenaza con penetrar las fibras de la madera. Se preocupa, si sucede provocar\u00e1 una marca indeleble \u2014Gerardo me puede matar\u2014 Piensa.<\/p>\n\n\n\n<p>El caf\u00e9 hace su efecto. La sangre se detiene. El dolor comienza a ceder. Se levanta apoy\u00e1ndose sobre el tal\u00f3n. Observa la ventana rota. Echa un vistazo a su alrededor, todo est\u00e1 en orden. No falta nada. Decide limpiar la sangre y los vidrios que est\u00e1n regados en toda la cocina. El dolor lo sigue atormentando. Recoge todo lo m\u00e1s r\u00e1pido que puede y Vuelve a tirarse en el sof\u00e1. Respira profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Afuera se escucha el sonido de la monta\u00f1a, grillos, sapos, se pregunta qu\u00e9 m\u00e1s. Se imagina perdido en un lugar como ese sin rastros de civilizaci\u00f3n alrededor y se aterra. Recuperada la calma se dedica a buscar una pel\u00edcula en el televisor, sin conseguir algo que llame su atenci\u00f3n. Odia las pel\u00edculas de ciencia ficci\u00f3n. Despu\u00e9s de dar vueltas y vueltas a la programaci\u00f3n se queda en Televisi\u00f3n Espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p>Nell siempre reconoce que puede tener el televisor prendido durante todo el d\u00eda y eso no significaba que est\u00e9 prest\u00e1ndole atenci\u00f3n. Sin embargo algunos programa de TVE le encantan, sobre todo los de ayuda a la comunidad, a las parejas, a los amigos. En cada programa descubre una historia que puede ser un buen cuento. Siempre se lo dice a los alumnos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vean televisi\u00f3n, lean el peri\u00f3dico, que all\u00ed est\u00e1 la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre la tranquilidad del lugar y el ronroneo del televisor Nell comienza a quedarse dormido. El sue\u00f1o lo domina por completo. Se sobresalta cuando un gran estr\u00e9pito al frente de la casa invade todos sus sentidos. Se levanta de un salto, en la acci\u00f3n se lastima el pie y por m\u00e1s que quiere correr hacia la entrada, el dolor no lo deja. Respira profundo. Unas nuevas gotas de sangre caen sobre el piso. Apoyado en el tal\u00f3n y renqueando camina hacia la entrada. Cuando sale no puede dar cr\u00e9dito a lo que ven sus ojos, una gran piedra est\u00e1 en el centro del capot de su carro.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiere correr alrededor de la casa para agarrar a quien lo hizo, pero no puede hacerlo, el pie se lo impide. El dolor es proporcional a la rabia que siente. Se acerca hasta el carro mirando de un lado para otro. Algo no anda bien. Por un momento siente miedo. La herida lo coloca en posici\u00f3n de minusval\u00eda. Levanta la piedra y descubre la pintura resquebrajada, casi un hueco, todo el frente maltratado hasta el borde del parabrisas. No puede con la rabia que siente. Grita.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Qu\u00e9 pasa aqu\u00ed? \u00bfqu\u00e9 co\u00f1o pasa? \u2014Grita con m\u00e1s fuerza\u2014 que alguien diga algo, ya. \u00bfqu\u00e9 pasa? \u00bfqu\u00e9 es lo que pasa?<\/p>\n\n\n\n<p>Da una vuelta alrededor del carro. Cojea. Revisa todo en detalle. La ventanilla de la puerta del chofer est\u00e1 abierta, por un instante no recuerda si la dej\u00f3 as\u00ed. Mete parte de su cuerpo dentro del carro y revisa con cuidado su interior. Escucha un ruido. Se sobresalta. Al moverse no calcula el espacio suficiente para enderezarse y se mete un golpe en la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Maldici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dobla sobre s\u00ed mismo y se endereza para pegar un gran grito, que sale desde lo m\u00e1s profundo de su cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Co\u00f1o de la madre!<\/p>\n\n\n\n<p>Quiere correr por todo el lugar, pero siente que no puede. Las fuerzas lo abandonan. El dolor lo domina. La Herradura es un sitio tan tranquilo que m\u00e1s de una vez ha dormido con las ventanas y las puertas abiertas. Se pregunta de d\u00f3nde sali\u00f3 esa piedra. Alrededor no hay nada cerca como para pensar que se desprendi\u00f3 y que cay\u00f3 accidentalmente sobre el carro. Se pasa las manos sobre el rostro y luego estira sus brazos. Busca relajarse. Respira profundo una y otra vez mientras sostiene las manos entrelazadas tras su cuello. El olor a jazm\u00edn vuelve a recorrer el lugar. Le molesta. Con la calma regresa el silencio, los sonidos naturales. Entre las hojas de los \u00e1rboles descubre el reflejo de la luna. Est\u00e1 en alg\u00fan lugar que no alcanza a ver, pero lo alumbra todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Decide caminar hasta el port\u00f3n. Lo hace, descalzo y cojeando. Se acerca lo m\u00e1s lento que puede como para que las piedras no le hagan da\u00f1o en las plantas de los pies. No lo logra. Se lastima. Descubre en la situaci\u00f3n un goce extra\u00f1o, una emoci\u00f3n que puede rayar en masoquismo. Empuja el port\u00f3n, lo amarra con la cadena que cuelga en su extremo. Siente el fr\u00edo de la noche, aunque la misma est\u00e1 clara. Con frecuencia el lugar se cubre de una neblina densa que no permite ver m\u00e1s all\u00e1 de medio metro de distancia, pero despu\u00e9s de que lleg\u00f3, la misma aclar\u00f3 lo suficiente como para pensar en una noche despejada.<\/p>\n\n\n\n<p>Se recuesta del port\u00f3n, estando all\u00ed, decide disfrutar la vista. Mira hacia la casa de madera, piedra y vidrio que tanto le gusta. Nunca le pregunt\u00f3 a Gerardo por qu\u00e9 la llam\u00f3 \u201cLa Herradura\u201d. Es un nombre bonito, pero no le encuentra relaci\u00f3n con el lugar. \u00c9l le hubiera buscado un nombre relacionado con el entorno, con las plantas, con los materiales de construcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de un rato se siente mucho mejor del dolor lo que lo hace sentirse m\u00e1s tranquilo, aunque la rabia sigue all\u00ed y se le despierta con fuerza cuando ve el carro desde la distancia. Murmura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfC\u00f3mo voy a hacer para sacarle ese golpe al maldito carro?<\/p>\n\n\n\n<p>El sueldo que gana en la universidad no le alcanza para nada. Es tan importante la crisis econ\u00f3mica por la que atraviesa que dej\u00f3 de pagar el seguro. Respira profundo. Piensa en todo lo que ha dejado de pagar. De nuevo coloca las manos tras su cuello para repetir en voz alta una y otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Poco a poco pierdo todo y me convierto en un prospecto de<\/p>\n\n\n\n<p>marginal, lo \u00fanico que me faltaba era un carro abollado. \u00a1Un carro<\/p>\n\n\n\n<p>abollado! \u00a1Un carro abollado!<\/p>\n\n\n\n<p>Una sombra atraviesa el sal\u00f3n de la casa. Por un momento Nell se<\/p>\n\n\n\n<p>queda paralizado. Ve la sombra cruzar de nuevo y reflejarse en las<\/p>\n\n\n\n<p>ventanas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hay alguien ah\u00ed. \u00a1Hay alguien ah\u00ed!<\/p>\n\n\n\n<p>Arranca a correr vociferando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Epa t\u00fa, p\u00e1rate all\u00ed. Ya te vi. \u2014cojea\u2014 P\u00e1rate que ya te vi.<\/p>\n\n\n\n<p>El dolor del pie lo atraviesa con la fuerza de una lanza que le recorre todo el cuerpo. Casi se dobla del dolor pero la rabia que siente puede m\u00e1s y con otro impulso logra llegar dentro de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Entra, mira de un lado a otro. Sube las escaleras que separa las habitaciones de la planta baja, revisa cada cuarto. Baja de nuevo. En esta casa sin recovecos y sin demasiadas paredes no hay mucho donde esconderse. Abre la puerta del patio trasero, la misma del vidrio roto y se asoma. No hay nada. Cuando regresa a la sala jadea. El dolor del pie llama de nuevo su atenci\u00f3n y es entonces cuando se da cuenta que una huella de sangre marca todo el recorrido que acaba de hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Dios, Gerardo me va a matar.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sienta y se ve la planta del pie. La herida est\u00e1 abierta. Repite su salto de canguro hasta el gabinete donde est\u00e1 guardado el caf\u00e9. Se lo echa, directo. Espera un rato hasta que la sangre se detiene. Se quita la franela que carga puesta, la rasga y con la tira larga que logra de ella, se amarra el pie. Fuerte. Hace un nudo sobre el empeine.<\/p>\n\n\n\n<p>Intranquilo, mira a su alrededor. Se siente agotado pero decide limpiar los rastros de sangre. Imagina que el intruso que logr\u00f3 ver ya debe estar lejos de all\u00ed \u2014 Estos rateros de ahora \u2014piensa\u2014 se asustan al sentirse descubiertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguro que mientras yo corr\u00eda hacia ac\u00e1, debe haber huido por la puerta de atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>El repique del tel\u00e9fono lo sobresalta. Camina hasta la barra de la cocina donde est\u00e1 el aparato, el trayecto a recorrer le permite poner a prueba su vendaje.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Al\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>Es Gerardo<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No hombre, no sabes todo lo que me ha pasado desde que llegu\u00e9. Un vidrio roto de la puerta de atr\u00e1s, me cort\u00e9 un pie, una piedra sobre el capot de mi carro que lo volvi\u00f3 mierda y al final vi un carajo aqu\u00ed adentro de la casa. El resumen fue perfecto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, yo s\u00e9 que aqu\u00ed a excepci\u00f3n del televisor no hay mucho m\u00e1s que robarse, pero bueno, este co\u00f1o de madre debe ser un ratero cualquiera que piensa que aqu\u00ed hay dinero, o que s\u00e9 yo que vaina. Tambi\u00e9n est\u00e1 la comida que siempre hay en la cocina, ahora que toda esa gente vive muerta de hambre, cualquier cosa que logran agarrar es buena para ellos. Yo creo que igual no hay que descuidarse, menos aqu\u00ed, donde nunca pasaba nada. El asunto ahora es que hay que resolver lo del vidrio de la puerta, aunque le pase el seguro por dentro, con meter el brazo por all\u00ed, puedes abrir y entrar. \u00bfNo ser\u00e1 que ese carajo ha estado durmiendo aqu\u00ed al saber que la casa est\u00e1 sola? Ahora todo es posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Su propio comentario le enciende una luz de alarma. Gerardo por el contrario le resta importancia a todo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Al fin y al cabo, toda esa gente es de la zona y todos saben que la casa est\u00e1 sola, que vamos y venimos, que dejamos cosas all\u00ed que les pueden servir. De verdad que a m\u00ed eso no me preocupa. Como se mueven en su territorio m\u00e1s bien pienso que son unos vigilantes indirectos del lugar, porque ante gente que no sea de la zona, estoy seguro que reaccionar\u00edan en conjunto. As\u00ed que no te des mala vida. Descansa, que es lo que fuiste a hacer. Escribe y todo eso que te imaginas ponlo en el papel.<\/p>\n\n\n\n<p>No queda muy convencido con el discurso de Gerardo. Una vez que termina la conversaci\u00f3n decide revisar las habitaciones. Vuelve a subir las escaleras, se apoya solo sobre el tal\u00f3n del pie lastimado. Piensa que si alguien decide quedarse all\u00ed a escondidas nadie puede saberlo. La distancia entre una y otra de las casas es lo suficientemente grande como para que nadie sepa lo que pasa en ellas, a menos que decidan acercarse.<\/p>\n\n\n\n<p>En la revisi\u00f3n, que realiza con mucha lentitud debido al dolor del pie lo vuelve a invadir el olor a jazm\u00edn. Se queda parado en el centro del pasillo mientras entorna los ojos. Trata de recordar. Se sobresalta. Reconoce el perfume de su mujer. <\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ines-munoz-aguirre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>In\u00e9s Mu\u00f1oz Aguirre Nell se siente liberado. Tararea la canci\u00f3n que escucha en la radio de su carro, mientras transita las curvas de la monta\u00f1a. Piensa en que sus hijos quedaron felices, y a cargo de su hermana todo el fin de semana. Los consiente como nadie. Es una ventaja contar con ella. 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