{"id":9300,"date":"2023-11-10T21:43:04","date_gmt":"2023-11-10T21:43:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9300"},"modified":"2023-11-24T18:39:47","modified_gmt":"2023-11-24T18:39:47","slug":"que-nadie-sepa-mi-sufrir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/que-nadie-sepa-mi-sufrir\/","title":{"rendered":"Que nadie sepa mi sufrir"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Edinson Mart\u00ednez<\/h4>\n\n\n\n<p>No trat\u00e1ndose de mis pesares, debo aclarar a mis lectores que el t\u00edtulo del presente texto corresponde a una vieja canci\u00f3n escrita en 1936 por un argentino de nombre Enrique Dizeo, poeta y compositor dedicado al g\u00e9nero del tango. Es una de esas letras corta venas, angustiante y sufriente, a la usanza de las tragedias del desamor cantadas en los tangos que, sin embargo, fue arreglada en ritmo de vals peruano por el tambi\u00e9n argentino \u00c1ngel Cabral. Creo, de acuerdo con los entendidos, en que fue la pieza musical de mayor reconocimiento para su autor. \u00a1Y vaya que tuvo una extensa lista de composiciones!<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique Dizeo tuvo una larga vida, muri\u00f3 a los 87 a\u00f1os, despu\u00e9s de vivir entre dos siglos y conocer a las glorias m\u00e1s destacadas del g\u00e9nero al que dedic\u00f3 su talento. Muri\u00f3 en Buenos Aires, durante el oto\u00f1o de 1980, mientras las hojas de cada Jacarand\u00e1 se desprend\u00edan marchitas a causa del ciclo estacional que cambia el clima de la ciudad. Llev\u00f3 una vida de contumaz solter\u00eda y con ella se despidi\u00f3 de este mundo, como quiz\u00e1s podr\u00eda expresar la letra de cualquiera de sus inspiraciones. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La canci\u00f3n me despert\u00f3 el inter\u00e9s a partir de un comentario inocente realizado por un viejo amigo sobre Julio Jaramillo, el cantante ecuatoriano que anduvo de gira \u2013y de farra tambi\u00e9n\u2013&nbsp; por varios rincones de nuestro pa\u00eds, dejando, sino un hijo, al menos varios corazones rotos entre muchas de sus admiradoras.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Ruise\u00f1or de Am\u00e9rica<\/em>, como se le conoc\u00eda al \u00eddolo musical, estren\u00f3 la ya casi olvidada melod\u00eda en 1973. De inmediato se convirti\u00f3 en todo un \u00e9xito, como casi todas sus interpretaciones, pues no hab\u00eda rocola que no sonara la canci\u00f3n ni despecho que no la exigiera para alimentar la congoja. Cincuenta a\u00f1os atr\u00e1s las penas de amor se saldaban con licor y m\u00fasica, no s\u00e9 ahora c\u00f3mo se resolver\u00e1n, si es que acaso todav\u00eda existen desconsuelos del coraz\u00f3n. El caso es que esta canci\u00f3n, como muchas otras, seg\u00fan la moda de la \u00e9poca, estaba hecha a la medida para aliviar las aflicciones de Cupido. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No te asombres si te digo lo que fuiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ingrato con mi pobre coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el fuego de tus lindos ojos negros.<\/p>\n\n\n\n<p>Alumbraron el camino de otro amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y pensar que te adoraba tiernamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Que a tu lado como nunca me sent\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y por estas cosas raras de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin el beso de tu boca yo me vi.<\/p>\n\n\n\n<p>Amor de mis amores, amor m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 me hiciste?<\/p>\n\n\n\n<p>Que no puedo conformarme<\/p>\n\n\n\n<p>Sin poderte contemplar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><em>Que nadie sepa mi sufrir<\/em> suena reinventada en la voz de Julio Jaramillo en acordes de bolero, dej\u00e1ndose escuchar con ese tono tan particular que los especialistas denominan <em>tenor ligero<\/em> mientras que, para el com\u00fan, sus interpretaciones simplemente estaban realizadas con un acento suave y delicado similar al movimiento que despliega una bailarina de ballet. Ya pocos recordaban aquella vieja canci\u00f3n cuando el ecuatoriano la puso de nuevo entre los gustos de la gente, no obstante, que la melod\u00eda ya hab\u00eda alcanzado un importante \u00e9xito a mitad del siglo pasado en la voz de la leyenda francesa Edith Piaf, quien tom\u00f3 sus acordes y la version\u00f3 con otra letra bajo un t\u00edtulo diferente, d\u00e1ndola a conocer as\u00ed internacionalmente como si en realidad se tratara de una novedad arm\u00f3nica. Una osad\u00eda musical de alguien que se hab\u00eda convertido en un mito viviente, aport\u00e1ndole al encanto de la composici\u00f3n, el valor agregado del talento de su voz. El t\u00edtulo en franc\u00e9s de dicha versi\u00f3n es <em>La foule<\/em> (La multitud). &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al parecer el origen de esta curiosidad musical se remonta a una visita de la cantante parisina a la Argentina en 1953, a la ciudad de Buenos Aires, donde realiz\u00f3 varias presentaciones. Eran los tiempos de gloria del peronismo (1946-1955), y una cierta admiraci\u00f3n est\u00e9tica por el \u00e1mbito cultural y arquitect\u00f3nico franc\u00e9s, pues, por alguna raz\u00f3n, a la capital del pa\u00eds sure\u00f1o, alguna vez se le conoci\u00f3 como la Paris de Sudam\u00e9rica. As\u00ed entonces, la renombrada figura de la canci\u00f3n, pudo escucharla en la voz de un cantante de nombre Alberto Castillo. De inmediato se prend\u00f3 de la pieza musical y en 1957, por encargo a Michel Rivgauche (1923-2005), letrista y arreglista franc\u00e9s, se estren\u00f3 la nueva versi\u00f3n resultando en todo un \u00e9xito. Desconozco si se libraron los respectivos derechos de autor y dem\u00e1s asuntos legales concernientes a la difusi\u00f3n de <em>La foule <\/em>dada la similitud de sus acordes con la pieza original. En nuestros tiempos, sin las validaciones de rigor, eso habr\u00eda significado una reclamaci\u00f3n legal de grandes proporciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo a ver la ciudad en fiesta y en el delirio.<\/p>\n\n\n\n<p>Asfixiando bajo el sol y bajo la alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y oigo en la m\u00fasica los gritos, las risas.<\/p>\n\n\n\n<p>Que estallan y reverberan a mi alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y perdida entre esta gente que me empuja.<\/p>\n\n\n\n<p>Despistada, desamparada, me quedo all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando de pronto me doy la vuelta, \u00e9l retrocede.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la muchedumbre viene y me tira entre sus brazos<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;<em>&nbsp;&nbsp; <\/em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Versi\u00f3n en espa\u00f1ol de <em>La foule<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Como puede notarse son letras diferentes, pero, como antes se\u00f1al\u00e9, tienen una id\u00e9ntica cadencia musical.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1973, fecha del estreno de la canci\u00f3n por Julio Jaramillo, en Venezuela se viv\u00eda un clima de efervescencia pol\u00edtica derivada de las elecciones presidenciales que se llevar\u00edan a cabo en diciembre. En junio de ese a\u00f1o, el Consejo Supremo Electoral rechaz\u00f3 la inscripci\u00f3n de la candidatura de Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez, solicitada por el partido Cruzada C\u00edvica Nacionalista. La resoluci\u00f3n se fundament\u00f3 en la enmienda constitucional que lo inhabilit\u00f3 pol\u00edticamente. A cincuenta a\u00f1os de aquella decisi\u00f3n, el pa\u00eds todav\u00eda apela a inhabilitaciones pol\u00edticas como instrumento de contenci\u00f3n para garantizar la estabilidad del <em>statu quo.<\/em> &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como el llamado <em>boom<\/em> literario latinoamericano iniciado en la d\u00e9cada precedente transform\u00f3 para siempre la percepci\u00f3n del resto del mundo sobre nuestra literatura, a partir de 1973, entre octubre y diciembre de dicho a\u00f1o, las relaciones de los pa\u00edses exportadores de petr\u00f3leo, entre ellos, naturalmente Venezuela, y las econom\u00edas desarrolladas, en t\u00e9rminos de la din\u00e1mica de precios y producci\u00f3n de crudo, ya no ser\u00edan nunca m\u00e1s las mismas. En ese lapso de unos pocos meses, las cotizaciones internacionales del petr\u00f3leo se cuadruplicaron, ubic\u00e1ndose en casi 12 d\u00f3lares el barril. De modo que, en diciembre, el aspirante presidencial victorioso, ya sab\u00eda que su periodo gubernamental contar\u00eda, al menos, durante su primer a\u00f1o, con abundantes ingresos fiscales para sus planes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn octubre de 1973, la OPEP dispuso suspender sus env\u00edos de petr\u00f3leo a Estados Unidos, en represalia por el apoyo de Washington a Israel durante la guerra de Yom Kipur. Al mismo tiempo, decidi\u00f3 recortar su producci\u00f3n y fijar precios de exportaci\u00f3n m\u00e1s altos, que pasaron de US$ 2,90 a mediados de 1973 a US$ 5,12 en octubre y a US$ 11,65 en diciembre.<\/p>\n\n\n\n<p>La multiplicaci\u00f3n por cuatro de los precios provocada por el embargo del petr\u00f3leo \u00e1rabe y la asunci\u00f3n por los exportadores del control completo para fijar esos precios, produjeron grandes cambios en todos los rincones de la econom\u00eda mundial.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Tomado de El Economista. Versi\u00f3n digital. Por Pablo Maas. (8 de julio de 2021)<\/p>\n\n\n\n<p>Entre 1973 y 1977, varias veces el \u00eddolo ecuatoriano anduvo de gira por nuestro pa\u00eds, en la regi\u00f3n donde vivo era frecuente verlo presentarse y concitar alrededor suyo una multitud de seguidores. En ocasiones, huy\u00e9ndole en cierto modo a las impertinencias de muchos de sus admiradores, daba sus paseos acompa\u00f1ado de sus m\u00e1s \u00edntimos bajo la mayor reserva posible, sin embargo, aquello resultaba in\u00fatil, le era inevitable disimular aquel semblante cobrizo de risa f\u00e1cil sembrado en la memoria colectiva con tanto afecto.<\/p>\n\n\n\n<p>De la mano de un empresario art\u00edstico con nombre de personaje novelesco vino a tierras zulianas incontables cantidad de veces. Pedro Camacho se llamaba, como aquel de <em>La t\u00eda Julia y el escribidor<\/em> de Mario Vargas Llosa, quien acompa\u00f1\u00e1ndolo en los trajines de sus presentaciones siempre resultaba admirado por el hondo calado del cantante en el sentimiento popular. En ocasiones, tratando de evadir el asedio de las personas, intentaba ocultar su figura con alg\u00fan ingenio inocente que al final resultaba in\u00fatil.<\/p>\n\n\n\n<p>Julio Jaramillo era un hombre de mediana estatura, de cabello negro como una noche sin luna, siempre domesticado por el <em>Brylcreem<\/em> para que ni un solo pelo estuviera fuera de lugar. Se esmeraba en su cuidado personal siendo consciente del im\u00e1n que atra\u00edan a las multitudes. Ten\u00eda un andar aplacado, como si midiera cada movimiento antes de proceder a ejecutarlo. Sus devociones, plenas de los excesos que en el medio abundaban, contrastaban con esa manera aliviada de conducirse. Ten\u00eda el aspecto natural de un seductor sin que debiera gui\u00f1ar un ojo para comunicar su encanto. Era como un gato salvaje ponderando su presa cuando se quedaba callado, siempre vestido con una impecable guayabera blanca que rara vez dejaba de usar. Tuvo, seg\u00fan cuentan, 27 hijos y una infinita cantidad de mujeres.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Julio Jaramillo muri\u00f3 en 1978, con apenas 42 a\u00f1os de edad, debido a una complicaci\u00f3n vesicular que lo condujo a dos intervenciones seguidas para que, finalmente, un paro cardiaco lo despachara de este mundo en Guayaquil, su tierra natal. Fue un jueves, quiz\u00e1s como aquel que escribiera para s\u00ed C\u00e9sar Vallejo en Piedra blanca sobre piedra negra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMe morir\u00e9 en Par\u00eds con aguacero, un d\u00eda del cual tengo ya el recuerdo. Me morir\u00e9 en Par\u00eds -y no me corro- tal vez un jueves, como es hoy de oto\u00f1o\u2026\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte del celebrado cantante se convirti\u00f3 en la noticia impacto para toda la regi\u00f3n. No hubo qui\u00e9n no lamentara su fallecimiento ni estaci\u00f3n radial que no dedicara un programa especial con ocasi\u00f3n de su repentino deceso. Aquel d\u00eda, en evidente muestra de su cercan\u00eda popular, en extra\u00f1o giro de las cabriolas del azar, como igualmente ocurre ahora mientras escribo este texto, Juvencio Pulgar, diputado y secretario general del MAS en el estado Zulia, en la reuni\u00f3n ordinaria de su Comit\u00e9 Regional, al enterarse de la noticia, solicit\u00f3 con la m\u00e1s absoluta solemnidad, un minuto de silencio en sentido homenaje al cantor popular. Debo decir ahora, escribiendo estas l\u00edneas que debo suspender por un rato, que Juvencio Pulgar tambi\u00e9n acaba de fallecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Una madrugada, navegando en las nebulosas sendas de los recuerdos, cuenta uno de los testigos de aquellos d\u00edas que el olvido ir\u00e1 sepultando, cercano el amanecer, en la recta final de unos tragos extendidos m\u00e1s all\u00e1 de lo debido. De pronto, cuando ya no se esperaba a ning\u00fan otro cliente debido a las horas despe\u00f1\u00e1ndose atribuladas por la pendiente del nuevo d\u00eda, un veh\u00edculo grande, de lujo, color blanco, movi\u00e9ndose a paso lento, como si primero husmeara antes de decidirse a llegar, se detiene en el estacionamiento del club nocturno donde \u00e9l y otros amigos despachaban sus \u00faltimos tragos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAquel lugar era un establecimiento amplio, casi al aire libre, con muchas plantas y luces de colores en los techos de los corredores, siempre con un viento fresco que a esas horas era una bendici\u00f3n, mientras la m\u00fasica sonaba fuerte por todas partes, pero, sin embargo, dejaba fluir la conversaci\u00f3n sin ese calibre atronador de estos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>En una de las esquinas, pese al aire libre que circulaba, un ventilador inmenso no dejaba nunca de soplarnos generoso. Detr\u00e1s de \u00e9l, una mujer grande, con su mirada puesta en los clientes, no perd\u00eda detalles del cosmos et\u00edlico del sal\u00f3n. El caso es que, una vez aparcado el veh\u00edculo, un sujeto desciende de este con toda calma, se acerca caminando firme, pero pausado, erguido como una vara, de cabello oscuro y brillante, acompa\u00f1ado de quien salta presto del lado del chofer,<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que se acercaban al recinto, su figura se fue haciendo m\u00e1s n\u00edtida ante la iluminaci\u00f3n de aquel club nocturno. El hombre vest\u00eda una guayabera blanca, manga larga, haci\u00e9ndolo ver m\u00e1s elegante y sobrio en aquel lugar. En seguida, me doy cuenta del porte del individuo, de sus ademanes en el caminar, y al observar su cara de adolecente alegre, ciertamente, me pareci\u00f3 conocida, y por eso comienzo a buscarle las semejanzas con el \u00eddolo ecuatoriano. Ni la ropa ni su andar eran propios del resto de los presentes.<\/p>\n\n\n\n<p>A todas estas, el resto de quienes estaban en el sal\u00f3n, no se dieron cuenta de su presencia. Cada quien estaba en lo suyo y, como es de suponer, con mucho licor encima. Pero siempre hay un ojo que mira y un o\u00eddo que escucha. La mujer detr\u00e1s del ventilador cuando vio entrar al corredor principal aquella silueta en su impecable guayabera blanca, su cuerpo se irgui\u00f3 en reacci\u00f3n autom\u00e1tica, como si viera un espanto, obedeciendo de inmediato a un impulso no consciente, como esas reacciones que se expresan s\u00fabitamente sin control alguno. Despu\u00e9s, cuando reconoce la certeza de su presunci\u00f3n, en dominio pleno de sus gestos de perplejidad, se levanta del asiento r\u00e1pidamente, y entonces toda su humanidad se despliega franca, como una pantera saliendo del tedio al estirar sus extremidades en ex\u00f3tica estampa.&nbsp; De sus labios, en n\u00edtida locuci\u00f3n, salieron las dos palabras que hicieron girar los rostros de varios clientes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Julio Jaramillo!\u201d, exclam\u00f3 jubilosa, poni\u00e9ndose, en acto seguido, la mano en su boca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY, era de verdad, Julio Jaramillo? \u2013le pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Claro que lo era!<\/p>\n\n\n\n<p>Al pronunciar aquel nombre, los individuos que est\u00e1bamos en sus cercan\u00edas nos sorprendimos, uno de ellos, el m\u00e1s joven y animado, se levant\u00f3 de la silla, pidi\u00e9ndole que lo acompa\u00f1ara para dar la bienvenida al famoso cantante. Lo cierto es que cuando la pareja de improvisados anfitriones va en direcci\u00f3n al sujeto, la persona que ven\u00eda junto a \u00e9l los detuvo a muy poca distancia, as\u00ed como hacen los escoltas con sus protegidos, cerr\u00e1ndoles el paso casi al frente de quien se cre\u00eda era e<em>l Ruise\u00f1or de Am\u00e9rica.<\/em> Entonces la mujer, burl\u00e1ndolo, dobl\u00f3 su mano en abierta coqueter\u00eda y se la extendi\u00f3 embelesada para darle la bienvenida. \u201c\u00a1Bienvenido, Julio Jaramillo, al Campestre!\u201d, le dijo euf\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre se sonri\u00f3 guardando silencio. Tom\u00f3 delicadamente su mano y se la llev\u00f3 cort\u00e9smente hasta sus labios, bes\u00e1ndola en caballerosa muestra de su condici\u00f3n de seductor. All\u00ed, en ese instante, me convenc\u00ed de que realmente era Julio Jaramillo. La rocola, entonces, a todo volumen, son\u00f3 fren\u00e9tica <em>Que nadie sepa mi sufrir<\/em>.\u201d<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/edinson-martinez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edinson Mart\u00ednez No trat\u00e1ndose de mis pesares, debo aclarar a mis lectores que el t\u00edtulo del presente texto corresponde a una vieja canci\u00f3n escrita en 1936 por un argentino de nombre Enrique Dizeo, poeta y compositor dedicado al g\u00e9nero del tango. Es una de esas letras corta venas, angustiante y sufriente, a la usanza de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":9301,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9300"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9300"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9300\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9302,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9300\/revisions\/9302"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9301"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9300"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9300"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9300"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}