{"id":9274,"date":"2023-11-10T19:35:03","date_gmt":"2023-11-10T19:35:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9274"},"modified":"2023-11-24T15:38:08","modified_gmt":"2023-11-24T15:38:08","slug":"ficciones-asesinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ficciones-asesinas\/","title":{"rendered":"Ficciones asesinas (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Krina Ber<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta historia se cristaliza como tal con la muerte de Ambrosio Garza quien vol\u00f3 desde su balc\u00f3n del quinto piso en una silla de ruedas. Pero en realidad no tiene un comienzo definido, como no lo tienen las formas de las ciudades o de las rocas que esculpe el mar, ni las vidas cuando qued\u00f3 atr\u00e1s la mayor parte de ellas. Podr\u00edamos iniciarla en cualquier d\u00eda cercano a aquel suceso, en cualquier entrada que haya tecleado en su diario Elizabet Rosenberg, viuda, escritora, habitante del Conjunto Mayoral, apartamento A25 y protagonista de estos eventos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, en esta:<\/p>\n\n\n\n<p>MI\u00c9RCOLES, 28 DE MAYO<\/p>\n\n\n\n<p>He le\u00eddo posts sobre ella y hoy, en efecto, la vi, enorme en la oscuridad del s\u00f3tano, Por suerte, muerta: los gatos han hecho su trabajo, como dicen los defensores de los gatos de nuestros grupos de whatsapp. Desde que se ech\u00f3 a perder la segunda bomba de agua las alima\u00f1as se han vuelto visibles, quiz\u00e1s envalentonadas por las ca\u00f1er\u00edas vac\u00edas. A una vecina del primero le salt\u00f3 un ratoncito de la poceta. Peque\u00f1o, un beb\u00e9, precis\u00f3 casi con ternura. Brrr. Pero esa rata, la que vi, no era un beb\u00e9 ni tampoco podr\u00eda saltar, gracias a Dios: estaba tiesa, con los dientes afilados fuera de la boca y la barriga que ya comenzaba a hincharse.<\/p>\n\n\n\n<p>La vi, y el ansia de procesar lo que vi me impuls\u00f3 a releer a Clarice Lispector como se toma un vaso de agua purificadora; al menos unos sorbos de Clarice que parece tan despreocupada por la acci\u00f3n y la velocidad del relato y por no aburrir a nadie con descripciones minuciosas. Y, sin embargo, basta una rata muerta \u2014precisamente: una rata muerta\u2014 para poner en jaque a toda la creaci\u00f3n de Dios, basta un ciego mascando chicle para que tambaleen los m\u00e1s s\u00f3lidos andamios de una vida. Su narrativa me envuelve como una nube de escarcha que se extiende hacia afuera de mi cocina abarcando con su magia el pedazo de cielo y el apamate que florece en el patio y hasta los miserables balcones del edificio C que suelo espiar a veces entre sus ramas; me revitaliza la mente, hace renacer las ganas de ser y estar y escribir as\u00ed, de esa manera, Pero uno es lo que es, y t\u00fa, mi querida Bet, no posees el vuelo de los grandes, <em>Secre Clarice<\/em>. T\u00fa narras lo que ella hace intuir, T\u00fa dices, y ella lo infiltra por \u00f3smosis; t\u00fa necesitas manosear con los diez dedos lo que ella apenas roza con su ala inasible. En la prosa de Clarice hasta una gallina vuela. \u00bfPero cu\u00e1n alto puede volar una Rosenberg con sus alitas de nada y las patas de u\u00f1as rojas hechas para escarbar la tierra?, una Rosenberg falsa, para colmo, ya que ni siquiera es jud\u00eda. \u00a1Jajaja! Sin embargo, tras releer alg\u00fan fragmento de Clarice renace la ilusi\u00f3n de que existe un nivel de narrativa en que la realidad devela su dimensi\u00f3n paralela. Y por unos instantes estoy feliz. Me emociono, me sube la tensi\u00f3n, me derrito sobre una p\u00e1gina aunque sea de este diario y trato, trato.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 bien, t\u00eda, dir\u00eda Daniela, como lo dec\u00eda antes cuando todav\u00eda tra\u00eda a veces una botella de vino chileno y las copas nos soltaban la lengua, Celebro que lo est\u00e9s intentando. (Subentendido: tal vez produzcas por fin algo publicable.)<\/p>\n\n\n\n<p>Sarcasmo injusto, Bet: esto huele m\u00e1s a tus propios pensamientos que a palabras de tu Dani. Y el vinito, chileno o no, est\u00e1 entre las primeras cosas que se han acabado, son ya unos cuantos a\u00f1os. Primero fueron los vinos y los postres, luego el az\u00facar, los quesos, las manzanas y los dulces; ahora tambi\u00e9n el caf\u00e9, el t\u00e9, leche, arroz y at\u00fan en lata pasaron al rubro de art\u00edculos de lujo. Y el pan.<\/p>\n\n\n\n<p>No hables del pan, Bet. Nada de pan. Este diario no es para hablar del pan, ni de las colas para comprar el pan. Demasiada gente por aqu\u00ed se dedica a documentar estas realidades hasta que reverberen en las redes, repetidas, multiplicadas y ampliadas, como si no bastara con padecerlas. No hace falta tu voz en ese coro de cr\u00f3nicas y quejas. No obstante, las putas realidades presionan y se cuelan entre las l\u00edneas que tecleo. Por ejemplo, esa rata muerta. No ten\u00eda por qu\u00e9 mencionarla. No s\u00e9 qu\u00e9 hacer con ella en la narrativa y, en el plano pr\u00e1ctico, menos. Debo decir que tampoco lo supo la conserje: parec\u00eda una chiquilla asustada, incapaz de acercarse. Quien liquid\u00f3 el asunto en un dos por tres con una bolsa negra y un par de guantes desechables fue el italiano del sexto. \u00bfDe d\u00f3nde sac\u00f3 esos guantes? \u00bfDe su \u00e9poca de detective? Las vecinas se lo preguntaban anoche en una de las habituales tertulias que se forman en el segundo s\u00f3tano cuando hacemos cola para sacar el agua desde la trampilla del tanque con el tobo amarrado a una cadena, como nuestras abuelas la sacaban del pozo en la plaza de alg\u00fan pueblo. L\u00e1stima que nuestra plaza de pueblo sea el cuarto del hidroneum\u00e1tico alumbrado por una bombilla, con tuber\u00edas en todas partes y olor a cemento mojado, Aun as\u00ed es una interesante alternativa para las discusiones en las redes entre seud\u00f3nimos, alias raros y n\u00fameros de tel\u00e9fono sin nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno, tampoco vamos a romantizar la situaci\u00f3n. As\u00ed proced\u00edamos, en efecto, con tobo y cadena, durante los primeros d\u00edas sin agua corriente, hasta que el gordo Esteban de la junta de condominio mand\u00f3 instalar una llave y una manguera. El asunto de la bomba se alarga indefinidamente porque su reparaci\u00f3n le compete a DEMU (Departamento de Mantenimiento Urbano) de la Zona Siete, y muchos usan ese argumento para ahorrarse la cuota extra que habr\u00eda que pagar para repararla por cuenta nuestra. En teor\u00eda tienen raz\u00f3n, ya que DEMU nos cobra impuestos por el derecho de ocupar los apartamentos que hab\u00edan sido nuestros. En la pr\u00e1ctica, mejor ni hablar; de modo que la discusi\u00f3n sigue. Por ahora tenemos una manguera con poca presi\u00f3n y el agua llena los tobos con un chorrito de lentitud suficiente como para que podamos mirarnos a los ojos en la penumbra, preguntando o adivinando qui\u00e9n es qui\u00e9n en el grupo de chat del edificio. En el s\u00f3tano no hay se\u00f1al. Conversamos entre los vecinos y me divierte unir las caras familiares con los nombres que conozco de sus tuits y posts en whatsapp. Confirm\u00e9 que Carmora7 es Carmela -la menor de las Morales y la \u00fanica pelirroja- que no vive en la planta baja como sus dos hermanas, sino en el cuarto. @Walkiria debe de ser la mayor de ellas, Caridad, y le va como un guante con su porte de guerrera y perpetua expresi\u00f3n marcial.<\/p>\n\n\n\n<p>A nuestra edad, las expresiones de la gente tienden a ser perpetuas, fijadas en los pliegues, esculpidas en las arrugas. Tambi\u00e9n se parecen a las de sus mascotas. Da risa ver juntas a Maruja, la conserje, y su gorda b\u00faxer Norita. Miran igualito, de medio lado, tuercen igualito el labio inferior. Y da risa que (@Norita sea precisamente el alias de la se\u00f1ora en los grupos del Mayoral A, B y C y del conjunto Mayoral unido y del whatsapp oficial de toda la Zona Siete: una identificaci\u00f3n completa. \u00bfY t\u00fa Bet? \u00bfTe pareces a Puh? Pero si los gatos conservan su misterio bajo una apariencia inescrutable, los gatos no se parecen a nadie, ni los callejeros, ni los mimados como Puh. \u00bfQu\u00e9 expresan tus l\u00edneas y arrugas, Bet? \u00bfSe te ve tan amargada como no te sientes pero deber\u00edas, mujer, con esa vida que llevas? No lo s\u00e9. Nadie se ve a s\u00ed mismo como lo ven los dem\u00e1s. Es m\u00e1s divertido mirar a otros, a veces hay verdaderas sorpresas, Cuando se me present\u00f3 Lucinda P\u00e9rez del sexto, tuve que modificar las fichas organizadas en mi cerebro al descubrir que (Coronel, a quien, por el tono de sus posts me lo imaginaba como una suerte de militar retirado, era una mujer menuda, con el cabello blanco y la mirada ir\u00f3nica, siempre tan correcta cuando coincidimos en la calle o en el ascensor. En cambio, no me extra\u00f1\u00f3 conocer a Luzmari, tan viejita y dulce como los mensajes que postea con angelitos y lores. Y algo me dice que @Diosmecuida es Gladimir, el calvito, que vive en el Mayoral B; ese hombre habla como tuitea: en acertijos. Aunque \u00bfpor qu\u00e9 viene a buscar agua en el tanque del Mayoral A si la bomba del B no est\u00e1 averiada? As\u00ed que el calvito no es Bladimir, o no es Diosmecuida, o no vive realmente en la torre B. Aj\u00e1, \u00bfCu\u00e1ntos m\u00e1s acertijos habr\u00e1 entre esos rostros conocidos y seud\u00f3nimos que confunden? Dicen que los infiltrados del gobierno pululan entre nosotros, virtuales y anal\u00f3gicos, en nuestras urbanizaciones, conjuntos, quiz\u00e1s en cada edificio. T\u00edpica paranoia totalitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Una cosa es indiscutible: llevamos un mont\u00f3n de a\u00f1os en Residencias Mayoral, incluso en el mismo edificio A, y ten\u00edan que estropearse las dos bombas de agua para que la gente comenzara a conocerse m\u00e1s all\u00e1 del saludo en el ascensor.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Personas mayores, como Elizabet, se aferran al presente con dientes y u\u00f1as, se encierran, se aplanan y simplifican como si no tuvieran una larga vida a sus espaldas (que, sin embargo, pesa demasiado y siempre asomar\u00e1 por alg\u00fan lado cuando escribes su historia). Pero Daniela no pasa de veintitr\u00e9s, su pasado cabe en el morralito que lleva. Encuentra a Bet frente a la pantalla cuando entra a casa despu\u00e9s de su trabajo a medio tiempo en el laboratorio odontol\u00f3gico Sonrisas, incluido en nuestra Zona Siete. O sea, primero entran las gafas, luego, ella: es la impresi\u00f3n que causa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo est\u00e1s, t\u00eda? \u00bfEscribiendo?<\/p>\n\n\n\n<p>No&#8230; solo aprovech\u00e9 la conexi\u00f3n para revisar las redes, Bet miente sin raz\u00f3n, como si tener un diario fuera una ocupaci\u00f3n vergonzosa. Hay muchos art\u00edculos sobre Philip Roth. \u00c9l muri\u00f3 ayer, sabes<\/p>\n\n\n\n<p>Daniela lo sabe. En un d\u00eda la noticia lleg\u00f3 tambi\u00e9n a las redes locales. Lee mucho y conoce a los escritores; \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda ser de otra manera con la crianza de Elizabet Rosenberg? Es su nieta; para m\u00e1s exactitud: su sobrina nieta, Le dice Bet o t\u00eda; en ocasiones formales la presenta como \u00abmi t\u00eda Elizabet\u00bb. En la \u00e9poca del Gran \u00c9xodo, como muchos de su generaci\u00f3n, Bet y su marido Archi hab\u00edan aceptado la tutor\u00eda de la menor para que sus padres pudieran obtener el permiso de salida. Ellos (me refiero a los padres) -como miles de esa generaci\u00f3n intermedia que lo hab\u00edan logrado- siguen llamando cuando pueden por whatsapp y env\u00edan divisas a trav\u00e9s del Banco del Estado, pero nunca pudieron traer a la ni\u00f1a que qued\u00f3 atrapada en el pa\u00eds y, como miles de su generaci\u00f3n, al llegar a la mayor\u00eda de edad tuvo que asumir a su vez la responsabilidad de la ciudadana mayor que la hab\u00eda criado. La ley es clara y simple; uno: necesitan tutor\u00eda legal los menores de veinte y los mayores de setenta \u2014o sea, los que a\u00fan no tienen derechos civiles o les expiraron-, y dos: nadie que sea tutor de otro ser humano, menor o mayor, puede optar a pasaporte y permiso de salida.<\/p>\n\n\n\n<p>Daniela abre las ollas y se sirve un plato de frijoles con un poco de carne mechada; su t\u00eda abuela se disculpa porque no hay pan, La joven se encoge de hombros, pero el rictus de desgano que parece pegado a su carita morena se hace m\u00e1s evidente. Bet la abraza, le alisa in\u00fatilmente su cabello ensortijado, lo s\u00e9, dice, lo s\u00e9, intentar\u00e9 de nuevo por la tarde. Lo siento, cari\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella lo siente todo, que se qued\u00f3 escribiendo el diario en vez de buscar pan, que solo carne mechada con frijoles, que el costo de la vida, que ya no aporta m\u00e1s que su magra pensi\u00f3n y lo poco que gana con traducciones y correcci\u00f3n de textos, que GOB la ha amarrado como una bola de plomo a los pies de Daniela. Con su gesto m\u00e1s t\u00edpico, la muchacha se sube las gafas que siempre se le deslizan por su peque\u00f1a nariz. Tranquila. Me gusta como lo preparas t\u00fa. Con otro gesto t\u00edpico, revisa su celular. Mira, t\u00eda, todo lo que dicen de Roth. Van a reeditar todas sus obras en varios idiomas. El vigilante del laboratorio que tambi\u00e9n escribe me dijo hoy que el mejor acto de mercadeo de un escritor es morirse.<\/p>\n\n\n\n<p>Eh, suspira Bet. Si te llamas Philip Roth, seguro que s\u00ed, Pero dudo que funcione con escritores menores y enterrados aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa no eres una escritora menor.<\/p>\n\n\n\n<p>O sea, me convendr\u00eda morirme.<\/p>\n\n\n\n<p>Por Dios, t\u00eda, \u00bfqu\u00e9 barbaridad es esa? Yo solo digo que has tenido un mont\u00f3n de premios.<\/p>\n\n\n\n<p>Eh, mi peque\u00f1a. Eso era antes. Ya sabemos lo que valen esos premios ahora, o fuera de aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero aun as\u00ed. No entiendo por qu\u00e9 no te publican. (<em>Tal vez no te esfuerzas bastante<\/em>, completa Bet para sus adentros).<\/p>\n\n\n\n<p>Cari\u00f1o, \u00bfa qui\u00e9n publican hoy fuera de los escritores del gobierno?<\/p>\n\n\n\n<p>Igual, deber\u00edas seguir. No hablo del dinero (aunque nos vendr\u00eda de perlas), sino de ti. Te mejorar\u00edas enseguida de todo, hasta de los dientes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEscribir me arreglar\u00eda los dientes?<\/p>\n\n\n\n<p>Daniela se sube las gafas.<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno, tal vez los dientes no, pero el \u00e1nimo, t\u00eda&#8230;, el \u00e1nimo, A prop\u00f3sito: hoy pregunt\u00e9 por tu diente. <em>Sonrisas <\/em>me dar\u00eda un descuento de 10 %, ni un centavo m\u00e1s, Lo siento, de verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tendremos que esperar a que lo mande tu pap\u00e1, suspira Elizabet. (A la madre no la mencionan desde el divorcio. Tampoco manda dinero.) Hasta entonces, le toca seguir su tratamiento casero con amalgama de chicle y enjuagues de llant\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTe sirvo caf\u00e9, t\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>No, cari\u00f1o, ya tom\u00e9. S\u00edrvete t\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>La chica sorbe su caf\u00e9 amargo con el mismo rictus desganado en la carita enjuta. Y tan bella, piensa Bet con ternura, porque Bet no ve los lentes sino la princesa detr\u00e1s de ellos, tan angelical en ese marco de cabello casta\u00f1o, ensortijado en tirabuzones y dividido en el medio. Pocos rostros pueden llevar ese peinado. Ella, Bet, pod\u00eda cuando era joven y su cabello tambi\u00e9n. Ahora, indomable, gris y seco en las puntas, le confiere un aspecto de vieja bruja iluminada, pero no se lo va a cortar hasta que se muera. <em>\u00bfCu\u00e1ndo creciste, mi peque\u00f1a? \u00bfCu\u00e1ndo dejaste de compartir todo conmigo?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y ese diario que escribes, Bet? No creas que no lo s\u00e9, con las veces que dejas un archivo abierto, \u00bfNo se puede publicar?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh, no!, r\u00ede la se\u00f1ora mayor. Ni que yo fuera Philip Roth. Anda, cari\u00f1o, te prometo que me morir\u00eda ma\u00f1ana mismo si sirviera para que me publiquen. Pero me temo que no hay chance.<\/p>\n\n\n\n<p>Le remueve la cabellera y acaricia a Puh, el gato blanco y gris que de un salto se ha acomodado en su regazo: suele hacerlo cuando le da la gana, Pub fue el \u00faltimo regalo de Archi a Daniela, hace seis a\u00f1os. Es bueno tocar seres vivos, piensa Bet. Y desde que muri\u00f3 Archi solo le quedan esos dos.<\/p>\n\n\n\n<p>La nieta apura su caf\u00e9 y se levanta con un suspiro. El reloj cuc\u00fa de la pared avisa que son las tres.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya me toca el viejo, anuncia con desgana.<\/p>\n\n\n\n<p>Daniela completa su sueldo cuidando del vecino del quinto piso del edificio B, Ambrosio Garza, quien qued\u00f3 en estado casi vegetal despu\u00e9s del segundo aneurisma. Menos mal que R\u00f3mulo, su nieto y tutor, le ofreci\u00f3 ese trabajo. Es complicado. Daniela pasa las tardes y noches en el apartamento del anciano, lo lava con esponja, lo viste, le da su desayuno y corre para cambiarse de ropa antes de ir al laboratorio. Al menos en esa casa hay agua. Bet le ayuda a veces, le trae caf\u00e9, busca por toda la ciudad d\u00f3nde venden pa\u00f1ales de adulto y, como el due\u00f1o no protesta, aprovecha para ducharse y lavar la ropa. El joven Garza procesa datos para alguna instituci\u00f3n del gobierno que le impide venir a casa en un horario regular. El anciano se queda solo hasta la llegada de Daniela.<\/p>\n\n\n\n<p>Estar\u00e1 todo sucio, como siempre, suspira esta cuando su t\u00eda la despide con un abrazo y un autom\u00e1tico \u00abDios te bendiga, cari\u00f1o\u00bb. Ninguna de las dos es religiosa, pero la bendici\u00f3n nunca est\u00e1 de m\u00e1s. <em>\u00bfPor qu\u00e9 te ocultas en superficialidades y nunca hablamos como antes?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con un suspiro, Elizabet cierra la puerta y vuelve a su diario con un auto-rega\u00f1o mental por dejar sus archivos abiertos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una de las cosas que Daniela Mart\u00ednez ocultaba por pudor era su relaci\u00f3n con el nieto del paciente, R\u00f3mulo Garza, que se hab\u00eda ampliado m\u00e1s all\u00e1 de su empleo de cuidadora. Tampoco le relat\u00f3 a su t\u00eda abuela las circunstancias en las que se hab\u00edan conocido, pero por otros motivos. El primero era el sello del secreto que R\u00f3mulo le hab\u00eda impuesto sobre parte de esos sucesos. El segundo, evitar la angustia que le causar\u00eda a Bet la situaci\u00f3n por la que hab\u00eda pasado Daniela, situaci\u00f3n que ella calificaba de complicada, aunque para una persona m\u00e1s despierta, m\u00e1s nerviosa -o simplemente no curtida, como ella, en las desgracias cotidianas de su pa\u00eds- ser\u00eda sin duda aterradora.<\/p>\n\n\n\n<p>Ocurri\u00f3 hac\u00eda unos ocho meses. Cuando se present\u00f3 la falla el\u00e9ctrica, la muchacha se hallaba en un vag\u00f3n del Metro sin aire acondicionado, apretujada entre un hombre de mediana edad y una gorda en camiseta sin mangas que se agarraba con ambas manos al tubo superior. Por delante, recib\u00eda los efluvios a sudor y desodorante que manaban de sus axilas; por detr\u00e1s, el tipo le tocaba las nalgas por culpa de esa situaci\u00f3n o aprovech\u00e1ndose de ella. Ni siquiera pod\u00eda subirse los lentes que se le hab\u00edan deslizado por la nariz. En general, Daniela prefer\u00eda caminar muchas cuadras con sol o lluvia antes que bajar al infierno subterr\u00e1neo en que se hab\u00eda convertido el antiguo orgullo nacional de transporte urbano. Pero se dirig\u00eda al distrito administrativo del otro lado de la ciudad y no pod\u00eda usar el Aveo de su t\u00eda abuela: la gesti\u00f3n que iba a realizar era precisamente la renovaci\u00f3n del permiso de circular para ese veh\u00edculo, De paso, al estar en el distrito, se sacar\u00eda de encima dos o tres de los tr\u00e1mites que le tocaban como tutora de una persona mayor: al menos eso esperaba Daniela, atrapada en un vag\u00f3n atiborrado de hombres y mujeres que en su mayor\u00eda se dirig\u00edan al mismo sitio que ella, porque tambi\u00e9n llevaban carpetas oficiales y, para no aplastarlas, las manten\u00edan en alto como unas banderas. Cerr\u00f3 los ojos y contaba las estaciones que la separaban del final del suplicio. Faltaban solo tres: Zona Nueve, N\u00facleo Central y Administraci\u00f3n, cuando se dio cuenta de que el sujeto a sus espaldas no estaba interesado en su culo sino en los bolsillos de su bluyin donde rebuscaba cada vez con menos disimulo y m\u00e1s esperanza de que ella fuera tan gafa como para guardar algo en ellos. En la parada de Zona Nueve, aunque parec\u00eda imposible, algunas personas m\u00e1s lograron embutirse en el vag\u00f3n. El tren arranc\u00f3. Daniela estaba harta. Qu\u00edteme sus asquerosas patas o voy a gritar, le advirti\u00f3 al tipo. Los dedos se retiraron. Crey\u00f3 haberse librado de \u00e9l cuando recibi\u00f3 un bufido de aliento en el o\u00eddo junto con la respuesta <em>No lo creo, bonita<\/em>, y el fr\u00edo toque de algo cortante en su costado derecho. \u00c9l ni siquiera hab\u00eda bajado la voz: en el fragor del tren nadie m\u00e1s pod\u00eda o\u00edrlos. Dame tu tel\u00e9fono, <em>plis<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuchillo no dejaba lugar a dudas: no le estaba pidiendo su n\u00famero. Maldici\u00f3n. No hab\u00edan pasado mi tres meses desde la \u00faltima vez que la hab\u00edan asaltado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9?, chill\u00f3 con impotente rabia. Tengo que llamar a m\u00ed mam\u00e1, se burl\u00f3 \u00e9l, moviendo ligeramente la navaja. Daniela dio un respingo. Alrededor solo ve\u00eda costados y espaldas; la gorda se hab\u00eda dormido colgada del tubo superior. Dos paradas, solo faltaban dos. No sent\u00eda miedo sino fastidio: otra vez le tocaba negociar, ganar tiempo, fingir calma. Aleg\u00f3 que estaba demasiado apretada como para sacar el m\u00f3vil de su cartera \u2014era la santa verdad-, que se lo dar\u00eda en la pr\u00f3xima estaci\u00f3n apenas pudiera moverse. M\u00e1s te vale, amenaz\u00f3, \u00a1y ni se te ocurra escabullirte en el and\u00e9n! Pero no se ve\u00eda ning\u00fan and\u00e9n cuando el tren aminor\u00f3 por fin la marcha y se detuvo, no en la amplitud de la estaci\u00f3n siguiente sino en medio del t\u00fanel cuyas toscas paredes de cemento parec\u00edan casi pegadas a las ventanas. Lo que faltaba. Mierda, dijo Daniela. No era la \u00fanica; ante el conocido percance una marea de improperios recorri\u00f3 el vag\u00f3n. El meg\u00e1fono comenz\u00f3 a carraspear <em>Pedimos disculpas a los se\u00f1ores pasajeros<\/em>&#8230; pero muri\u00f3 junto con las luces en la completa negrura que se apoder\u00f3 del ambiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobrevino un instante de silencio mortal, que se llen\u00f3 de inmediato de gritos y del llanto de los ni\u00f1os. Una mujer chillaba que no pod\u00eda moverse. Nadie pod\u00eda moverse. Muchos informaban que se hab\u00eda ido la luz, como si no fuera obvio. Es un apag\u00f3n, gritaban otros. Una falla el\u00e9ctrica. Del tren. De la l\u00ednea. De toda la red del transporte subterr\u00e1neo. De la ciudad entera. Del pa\u00eds. Nada de eso era fantas\u00eda ni una novedad: ya hab\u00eda sucedido antes y todos lo sab\u00edan. Tambi\u00e9n sab\u00edan qu\u00e9 hacer: en medio de la algarab\u00eda general unos golpes sacud\u00edan el vag\u00f3n. Estaban tratando de abrir la puerta desde el interior mientras el haz de una linterna m\u00e1s fuerte se acercaba por fuera develando a ramalazos la opresiva cercan\u00eda de la pared abovedada del t\u00fanel. Estaban dentro de una serpiente, en un largo est\u00f3mago tubular que apenas conten\u00eda el tren. Un hombre gritaba, otro ped\u00eda calma, alguien en el lado exterior estaba peleando con el mecanismo atascado.<\/p>\n\n\n\n<p>Tranquilo, apenas pueda moverme saco el tel\u00e9fono y te lo doy, repet\u00eda Daniela con calma y convicci\u00f3n, y su asaltante repet\u00eda tambi\u00e9n, apretando su brazo M\u00e1s te vale, pero ya sin el vigor anterior. Deb\u00eda de tratarse de un aficionado; un malandro profesional no se inhibe por la oscuridad. Si tratas de correr te corto, recalc\u00f3; pero la puerta se abri\u00f3 con un fuerte bufido y el gent\u00edo comenz\u00f3 a manar del vag\u00f3n como de una botella descorchada. Daniela no pod\u00eda correr, desde luego, nadie pod\u00eda, pero un torrente de cuerpos la arrastr\u00f3, el tipo la solt\u00f3 y qued\u00f3 atr\u00e1s, La negrura era absoluta, dentro y fuera del vag\u00f3n. Ella se integr\u00f3 en la estampida con los brazos, los codos y la cabeza pujando en la misma direcci\u00f3n que todos, choc\u00f3 con la puerta al bajar del vag\u00f3n, pis\u00f3 mal, se torci\u00f3 el tobillo, se le cayeron los lentes y de milagro pudo recogerlos pisados y rotos. Se levant\u00f3 y sigui\u00f3 avanzando lo m\u00e1s r\u00e1pido que pod\u00eda sin escuchar las voces que instaban a regresar, estaba desesperada por huir hacia adelante, desaparecer en la oscuridad entre personas sin rostro, torpes y lentas todas, ya que no estaban escapando, como ella, de Un atraco.<\/p>\n\n\n\n<p>Ol\u00eda a cueva, a cemento h\u00famedo y orines. Finos haces de luz de los tel\u00e9fonos se entrecruzaban en el piso y en la curva de las paredes; siluetas imprecisas le lanzaban improperios cuando las empujaba en el estrecho paso a lo largo de los vagones detenidos. Despu\u00e9s del tren el t\u00fanel se abri\u00f3 ante ella con toda su anchura y Daniela respir\u00f3 hondo aunque la zona caminable segu\u00eda igual de estrecha, pues nadie se atrev\u00eda a pisar entre los rieles. Solo ahora se dio cuenta de que sus lentes estaban rotos y sinti\u00f3 el dolor en el pie. Se sac\u00f3 el zapato deportivo y masaje\u00f3 el tobillo.<\/p>\n\n\n\n<p>No sab\u00eda si hab\u00eda perdido definitivamente a su asaltante: ten\u00eda la esperanza de que se hubiera regresado con la mayor\u00eda de los pasajeros a la Zona Nueve, estaci\u00f3n que, seg\u00fan dec\u00edan, estaba m\u00e1s cerca. Hab\u00eda salvado su celular (que le cost\u00f3 mucho reponer despu\u00e9s del atraco anterior) y tambi\u00e9n la carpeta con planillas documentos que en ning\u00fan momento hab\u00eda soltado. Ahora, cuando se sent\u00eda protegida por la oscuridad, las rodillas se le aflojaron por fin con el terror que no hab\u00eda sentido durante el trayecto. Su cuerpo temblaba y un sudor fr\u00edo le empapaba el pelo y la camiseta \u00a1Ese malnacido hubiera podido acuchillarla en medio de un vag\u00f3n repleto de gente y nadie se habr\u00eda dado cuenta!<\/p>\n\n\n\n<p>Al diablo con \u00e9l, se dijo. Daniela viv\u00eda siempre un poco alelada, sin sentir mucho el miedo ni, b\u00e1sicamente, nada; era su naturaleza o la defensa adquirida al crecer en un medio como el suyo. No le contaba mucho a Bet porque no pasaba nada fuera delo normal, nunca. \u00bfVes?, se dijo, tambi\u00e9n eso ya pas\u00f3. Ese tipo no habr\u00eda podido acuchillarte, o no mucho, estaba tan apretujado como t\u00fa. A lo mejor ni sab\u00eda c\u00f3mo. Hasta el m\u00e1s inexperto de los ladrones habr\u00eda dicho te rajo; no te corto, como lo dijo \u00e9l. Era un aficionado. Se le notaba. Se sent\u00eda. Su cabello ralo con entradas. Su edad. Su corbata. Era un don nadir en esa masa humana sin ley, un empleado de taquilla, de recursos humanos, de promoci\u00f3n y mercadeo, un padre de familia que vio la ocasi\u00f3n y&#8230; Tal vez era cierto que ten\u00eda que llamar a su mam\u00e1, pens\u00f3 Daniela. Se rio, pero segu\u00eda temblando. Ahora la aterraba el t\u00fanel y su oscuridad interminable cruzada de r\u00e1pidas sombras de ratas, Y ella apenas pod\u00eda caminar tropezando sobre el estrecho bordillo. El esguince en el tabilla le dol\u00eda m\u00e1s a cada paso.<\/p>\n\n\n\n<p>El camino parec\u00eda interminable hasta que la negrura comenz\u00f3 a aclararse con las luces de emergencia de la estaci\u00f3n N\u00facleo Central y el espacio se ensanch\u00f3 de pronto en su regreso a la civilizaci\u00f3n. Bueno: a la indudable civilizaci\u00f3n que representaba aquello despu\u00e9s de la caverna por donde hab\u00edan transitado.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La estaci\u00f3n estaba custodiada por militares. Les anunciaron que el apag\u00f3n era general y que no se sab\u00eda en cu\u00e1ntas horas pudiera restablecerse el servicio; de hecho iba a durar dos d\u00edas, pero todav\u00eda nadie pod\u00eda saberlo. La mayor\u00eda de los pasajeros que, como Daniela, se dirig\u00edan al sector administrativo, una estaci\u00f3n m\u00e1s adelante, no estaban autorizados para salir a la superficie. Y no los dejaron pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>El acceso al N\u00facleo estaba restringido, tanto por arriba como por abajo. Era la zona m\u00e1s exclusiva de la ciudad, la de ampulosos jardines y rascacielos de acero y cristal, donde se hallaba el Palacio Ejecutivo, el Palacio Legislativo y de Justicia, el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas y las sedes de las instituciones selectas del gobierno, Solo los empleados de aquellas, y, desde luego, los residentes de los palacios, sus familiares y personal de servicio, ten\u00edan permiso de acceso, sujetos a minuciosas investigaciones. Esas medidas han sido reforzadas tras algunos ataques terroristas que, seg\u00fan las fuentes oficiales, ocurrieron en los a\u00f1os anteriores. Desde luego, pese a la consabida ineficiencia en el mantenimiento el\u00e9ctrico, el apag\u00f3n actual tambi\u00e9n fue calificado como tal y los medios anunciaban una ola de arrestos.<\/p>\n\n\n\n<p>No pueden mandarnos otra vez a caminar por el t\u00fanel, protestaban airados los pasajeros. Pero no les quedaba otra alternativa, y ya se escuchaban voces animando al grupo a seguir adelante. Por aqu\u00ed no podemos salir. Nos van a disparar. Es solo un kil\u00f3metro y medio.<\/p>\n\n\n\n<p>Daniela se rezag\u00f3 al lado del vigilante. Hizo acopio de todos los recursos de su juventud tratando de ablandar al soldado que custodiaba la salida de la estaci\u00f3n; se atus\u00f3 la cabellera, se mordi\u00f3 los labios para enrojecerlos, se quit\u00f3 las gafas que de todos modos ya no serv\u00edan y dej\u00f3 escapar dos o tres l\u00e1grimas, lo que no le result\u00f3 dif\u00edcil. Todo en vano: no pose\u00eda la tarjeta correcta.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero&#8230; Yo iba a la estaci\u00f3n siguiente. A Administraci\u00f3n. A renovar un permiso. \u00bfVe? Mire, por favor, Se fue la luz. Se par\u00f3 el tren.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo s\u00e9 todo eso, mami. Pero tengo mis \u00f3rdenes. Lo siento.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie que no est\u00e9 autorizado puede pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>Me trataron de atracar.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso es asunto de la polic\u00eda. Presente un reclamo en la comisar\u00eda de su zona.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY ahora qu\u00e9 hago?<\/p>\n\n\n\n<p>Siga caminando, se\u00f1orita.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no puedo caminar. Me torc\u00ed el tobillo,<\/p>\n\n\n\n<p>Puede esperar el tren.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfHabr\u00e1 otro tren?<\/p>\n\n\n\n<p>El guardia se encogi\u00f3 de hombros: siempre habr\u00e1 otro tren, dijo. Desde luego nadie sab\u00eda cu\u00e1ndo y Daniela volvi\u00f3 cojeando al and\u00e9n donde los \u00faltimos del grupo se estaban adentrando en la negrura del t\u00fanel. Trataban de darse \u00e1nimos cantando: sus veces rebotaban contra las paredes. Esperen, pidi\u00f3 en vano. El est\u00f3mago se le revolvi\u00f3 y vomit\u00f3 inclinada sobre los rieles. Cuando se recompuso un poco, estaba sola. Aunque ya hab\u00eda olvidado el atraco frustrado, la mera l\u00f3gica de supervivencia deb\u00eda azuzarla a seguir a los dem\u00e1s pasajeros, pero la l\u00f3gica no era el fuerte de Daniela. Por el momento, prefiri\u00f3 confiar en el pronto restablecimiento del servicio que seguir soportando el dolor de las pisadas. Busc\u00f3 con la mirada un banco pero no hab\u00eda ninguno. Puso la carpeta en el piso, se sent\u00f3 sobre ella y comprob\u00f3 que el tobillo se le hab\u00eda hinchado. Menos mal que hab\u00eda salvado su tel\u00e9fono. Trat\u00f3 de llamar a casa, al celular de Bet y a algunos amigos, pero la l\u00ednea estaba muerta; el apag\u00f3n hab\u00eda afectado tambi\u00e9n la telefon\u00eda celular. Mierda. Tampoco hab\u00eda mensajes, ni juegos online y no vela casi nada a trav\u00e9s de las ara\u00f1as de los cristales rotos de sus lentes. No quer\u00eda pensar en su situaci\u00f3n. Pens\u00f3 en la vaga silueta de su padre en Madrid y de su madre, no sab\u00eda d\u00f3nde. Pens\u00f3 en Archi que hab\u00eda reemplazado a su padre, pero hab\u00eda muerto. Pens\u00f3 en Bet y en Puh, la \u00fanica familia que ten\u00eda de verdad, y aunque estaba entrenada para resistir esas cosas, sucumbi\u00f3 a un ataque de autocompasi\u00f3n. Ya no le importaba nada, solo quer\u00eda acariciar al gato. Se puso a llorar acunando las rodillas que sobresal\u00edan por los desgarrones de sus bluyines. Vale acotar que eran producto del uso. Daniela segu\u00eda visti\u00e9ndose como una quincea\u00f1era porque era flaquita y le sal\u00eda m\u00e1s barato.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo eso ocurri\u00f3 hac\u00eda unos ocho meses. Desde entonces hab\u00eda habido muchas fallas el\u00e9ctricas y de transporte y el incidente qued\u00f3 olvidado, sobre todo porque al narrarlo, Daniela lo hab\u00eda deslastrado de la mayor\u00eda de los detalles capaces de alterar a su t\u00eda abuela. Bastante se alarm\u00f3 Bet al ver su esguince.<\/p>\n\n\n\n<p>La bes\u00f3 casi llorando, arregl\u00f3 su cabellera deshecha, busc\u00f3 sus lentes de repuesto y la llev\u00f3 al dispensario de la zona, donde le vendaron el tobillo hinchado y le prescribieron antiinflamatorios que consiguieron por el intercambio vecinal de medicinas. Bet supo del apag\u00f3n y del tren detenido en el t\u00fanel, pero en la versi\u00f3n preparada para ella eso hab\u00eda ocurrido a unos pasos de la estaci\u00f3n Zona Nueve, donde Daniela pudo salir a la superficie. Fue una situaci\u00f3n complicada, concluy\u00f3 la muchacha. No hab\u00eda transporte. Pero tuve suerte: me encontr\u00f3, de pura casualidad, el nieto del se\u00f1or Ambrosio Garza; lo conoces; nuestro vecino del edificio B. Pasaba por ah\u00ed con su camioneta y me reconoci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/krina-ber\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Imagen: https:\/\/talcualdigital.com.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Krina Ber 1 Esta historia se cristaliza como tal con la muerte de Ambrosio Garza quien vol\u00f3 desde su balc\u00f3n del quinto piso en una silla de ruedas. 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