{"id":9249,"date":"2023-11-09T20:19:18","date_gmt":"2023-11-09T20:19:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9249"},"modified":"2023-11-24T15:38:09","modified_gmt":"2023-11-24T15:38:09","slug":"la-otra-locura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-otra-locura\/","title":{"rendered":"La otra locura"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><strong>Armando Rojas Guardia<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Para Plat\u00f3n, en el <em>Fedro, <\/em>existen cuatro tipos de locura ben\u00e9fica. Y son \u201clocuras ben\u00e9ficas\u201d porque est\u00e1n inspiradas por los mismos dioses. Lo dice textualmente: \u201cal delirio inspirado por los dioses es al que somos deudores de&nbsp; los m\u00e1s grandes bienes\u201d. Las cuatro \u201clocuras inspiradas\u201d son, seg\u00fan Plat\u00f3n: la m\u00e1ntica, motivada por la influencia de Apolo, a trav\u00e9s de la cual un hombre o una mujer tienen, dentro de una determinada constelaci\u00f3n de acontecimientos, la intuici\u00f3n del futuro, de lo que depara el porvenir; la locura inspirada por las musas, por medio de la cual el sujeto humano se siente vocacionalmente inclinado a celebrar en un texto literario, sobre todo po\u00e9tico, un aspecto de la realidad. Plat\u00f3n afirma que \u201ctodo el que intente aproximarse al santuario de la poes\u00eda sin estar agitado por este delirio que viene de las musas (\u2026) estar\u00e1 muy distante de la perfecci\u00f3n\u201d; la locura er\u00f3tico-afectiva, inspirada por Afrodita y Eros, a trav\u00e9s de la cual, al enamorarnos, alcanzamos \u2013son palabras de Borges- a \u201cver a los otros como los ve la divinidad\u201d; y, en cuarto lugar, la locura que viene de Dyonisos, el dios del cuerpo, del vino y de la tragedia, as\u00ed como tambi\u00e9n de las emociones, mediante la cual el ser humano, a trav\u00e9s de un instante&nbsp; donde comulgan el frenes\u00ed y el sosiego sagrados, se pone en contacto con la contextura emocional org\u00e1nicamente entrelazada a su propio cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este \u00faltimo tipo de locura, el dionis\u00edaco, merece un comentario adicional. Dyonisos&nbsp; es el dios de la locura por antonomasia, tanto de la locura destructiva&nbsp; y aniquiladora, como de la iluminadora, es decir, aquella que significa el acceso a un nivel superior de conciencia. Her\u00e1clito afirma que \u201cDyonisos y Hades son uno y lo mismo\u201d \u00bfPor qu\u00e9? Porque siendo Dyinisos el dios del cuerpo, el tipo de conciencia que \u00e9l propicia es tr\u00e1gico: necesariamente involucra a la muerte (es por medio de nuestro cuerpo que tenemos conciencia de la muerte). Pero es que, adem\u00e1s, los rituales dionis\u00edacos son esencialmente inici\u00e1ticos: en toda iniciaci\u00f3n de lo que se trata es de pasar de un estado de conciencia inferior a uno superior; ese paso implica una forma de muerte. De modo que la locura dionis\u00edaca no es s\u00f3lo el delirio destructivo, el frenes\u00ed aniquilador, sino tambi\u00e9n el curativo el sanador, el que produce un sosiego iluminativo y, en verdad, superior a la mera tranquilidad intrascendente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, la locura es un fen\u00f3meno ps\u00edquico ambivalente. Existe la locura patol\u00f3gica, enferma en el sentido de que disminuye la vivacidad del sujeto y atenta, en general, contra su vida y la vida de su conciencia. Y existe la otra forma de locura, la que lo conduce a vislumbrar niveles de realidad ubicados m\u00e1s all\u00e1 de la vida ordinaria, para acceder a los cuales ella es el veh\u00edculo privilegiado. Esta es la locura \u201cinspirada\u201d, la que propulsa y libera zonas del propio ser que en la cotidianidad anestesiante se encuentran soterradamente dormidas. Un gran fil\u00f3sofo de la religi\u00f3n, espa\u00f1ol, llamado Xavier Pikaza, afirma que la aut\u00e9ntica experiencia religiosa es una especie de man\u00eda, o de posesi\u00f3n sagrada, a trav\u00e9s de la cual el sujeto se abre, en \u00faltima instancia gozosamente, a lo que se le muestra en el \u00e1mbito de lo sagrado. No olvidemos que la palabra man\u00eda viene del vocablo mana, que es aquel con el que los antrop\u00f3logos designan la energ\u00eda sagrada que desprenden ciertos objetos y estados an\u00edmicos. Hablar de la experiencia religiosa como de una especie de man\u00eda significa afirmar que ella es una forma de locura, movilizada por una energ\u00eda sagrada que nos lleva a morir a un tipo de conciencia vinculada a la vida ordinaria, la-de-todos-los-d\u00edas, para situarnos en otro, m\u00e1s entra\u00f1able y denso, donde tocamos las profundidades de la belleza visible, el fondo \u00faltimo de lo que existe. De esta manera, locura, man\u00eda e inspiraci\u00f3n se hacen equivalentes sem\u00e1nticos de la palabra entusiasmo, que significa etimol\u00f3gicamente \u201cser pose\u00eddo por el dios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Thomas Merton escribi\u00f3 un bello ensayo, incluido en su libro <em>Incursiones en lo indecible, <\/em>titulado \u201c<em>Una meditaci\u00f3n devota en memoria de Adolf Eichmann<\/em>\u201d, donde afirma que \u201cuno de los hechos m\u00e1s inquietantes que se manifestaron en el proceso de Eichmann fue que un psiquiatra lo examin\u00f3 y lo declar\u00f3 perfectamente cuerdo\u201d. Eichmann era un funcionario tranquilo, \u201cequilibrado\u201d, impert\u00e9rrito, meditativo, ordenado, sin imaginaci\u00f3n. Sent\u00eda un profundo respeto hacia el sistema, la ley y el orden. Despachaba meticulosamente su trabajo burocr\u00e1tico, su empleo administrativo, que daba la casualidad de que era la supervisi\u00f3n y ejecuci\u00f3n del crimen en masa, el asesinato \u2013t\u00e9cnicamente planificado- de seis millones de seres humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde un punto de vista estrictamente cient\u00edfico, Eichmann no estaba loco. Merton ironiza diciendo que \u201clos que calculan fr\u00edamente cu\u00e1ntos millones de v\u00edctimas puede considerarse que vale la pena sacrificar en una guerra nuclear supongo que tambi\u00e9n salen muy bien parados en los tests de Rohrschach\u201d. Este tipo de cordura est\u00e1 en las ant\u00edpodas de la locura ben\u00e9fica, inspirada, que contacta con lo sagrado al impregnar al hombre de una vitalidad psicol\u00f3gica, en medio de la cual otea in\u00e9ditas regiones del ser y formas superiores de realizaci\u00f3n humana. Quiz\u00e1 esa diferencia es a la que quiso aludir Michel de Montaigne cuando afirm\u00f3, en el cap\u00edtulo V del tomo III de sus ensayos: \u201ctiene la cordura sus excesos y no necesita menos de la moderaci\u00f3n que la locura\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Y todo este asunto nos lleva a hablar de la especificidad de la locura en el Occidente moderno, tal como ella se nos muestra en El Quijote. T\u00fa sabes que el occidente moderno se caracteriza, por el predominio de la raz\u00f3n instrumental y t\u00e9cnica como \u00fanico acceso posible a la verdad. Lo verdadero se convierte en lo emp\u00edricamente verificable y cuantificable, en lo que la mano puede palpar y manipular y utilizar. Esa identificaci\u00f3n confusa de lo verdadero con lo emp\u00edrico permite que el misterio, religiosamente entendido, sea evacuado de la realidad y \u00e9sta se torne chata, plana y superficial. Otras civilizaciones que no lograron ni logran alcanzar una \u00ednfima porci\u00f3n de los adelantos t\u00e9cnicos del Occidente moderno superan a \u00e9ste en lo espiritual y lo moral; sencillamente porque en ellas no se dio ni se da esa hegemon\u00eda de lo racionalmente instrumental como aproximaci\u00f3n privilegiada a la verdad, ni esa confusi\u00f3n entre lo verdadero y lo emp\u00edricamente \u00fatil, ni esa chatura de la superficialidad&nbsp; de la realidad como fruto de la evacuaci\u00f3n del misterio. Adem\u00e1s, el Occidente moderno tambi\u00e9n se caracteriza por el predominio de la raz\u00f3n burocr\u00e1tica y administrativa como \u00fanica manera de organizar la sociedad; en consecuencia, dentro de \u00e9l, del Occidente moderno, la cotidianidad se transforma en mero tiempo intercambiable y mec\u00e1nico: ya no podemos vivirla de modo mistag\u00f3gico, es decir, como una forma pedag\u00f3gica de acercarnos al misterio (as\u00ed la vive el monje zen que \u201ccarga la le\u00f1a y corta la grama\u201d pensando meditativamente en la soluci\u00f3n del koan que le propuso esa ma\u00f1ana su maestro; la vive abismalmente, en la frontera quemante de la iluminaci\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ello se traduce en el hecho brutal de que en el Occidente moderno se produce un empobrecimiento de la vida simb\u00f3lica. Max Weber hablaba de un \u201cdesencantamiento del mundo\u201d como fruto del advenimiento de la Modernidad. Y uno de los rasgos negativos de ese \u201cdesencantamiento\u201d es precisamente la disminuci\u00f3n, el empobrecimiento de la vida simb\u00f3lica en el hombre occidental y moderno. Al hablarte de \u201cvida simb\u00f3lica\u201d me refiero, ante todo, a la interpretaci\u00f3n que le otorgamos a nuestra existencia: \u00e9sta ser\u00e1 tanto m\u00e1s rica, ps\u00edquica y espiritualmente, cuanto la interpretaci\u00f3n que le demos est\u00e9 tambi\u00e9n llena de riqueza y densidad. Esa interpretaci\u00f3n \u2013siempre simb\u00f3lica- de nuestra existencia se encarna y concreta en el relato que nos contamos a nosotros mismos a los fines de otorgarle sentido a nuestra vida. Se trata de la narratividad \u2013en \u00faltima instancia m\u00edtica- que nos gobierna desde adentro, la ficcionalidad simb\u00f3lica donde se afinca toda la donaci\u00f3n de sentido que otorgamos a lo que somos, tenemos y hacemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, El Quijote representa, a mi juicio, la protesta contra el empobrecimiento de la vida simb\u00f3lica en el marco del Occidente moderno. Su locura significa la denuncia subjetiva del agostamiento de las posibilidades, tambi\u00e9n imaginativas, que caracteriza la psicolog\u00eda y, en general, la vida mental del ser humano en medio de la sociedad Occidental-Moderna. Alonso Quijano simplemente quiso contarse de una manera-otra, m\u00e1s imaginativamente plena, el relato que le daba sentido a su vida. Rechaz\u00f3 el tedio existencial que le adviene al hombre y a la mujer cuando se obtura la polivalencia interpretativa que hace digna de ser vivida la existencia humana. Que Cervantes tuviera la genial intuici\u00f3n antropol\u00f3gica de colocar esa protesta y esa denuncia en los umbrales de la modernidad es de una perspicacia literalmente asombrosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo creo que muchos hombres, y mujeres enloquecen en nuestros d\u00edas por hambre de vida simb\u00f3lica: su locura, como la del Quijote, es una protesta. Y existen los otros, los \u201ccuerdos\u201d como Eichmann, tan bien ajustados a la implacable maquinaria colectiva que han perdido toda capacidad de objetar, de discrepar: son pensados por esa maquinaria, no piensan ellos por s\u00ed mismos, no alcanzan la estatura de una genuina identidad espiritual. \u00bfCu\u00e1l de esas dos locuras, la que subvierte lo normativizado socialmente, o la que acata hasta el fin (y, en ese sentido es normal), resulta, a fin de cuentas, la moralmente perversa?<\/p>\n\n\n\n<p>A prop\u00f3sito de la necesidad de una verdadera vida simb\u00f3lica en el seno de la civilizaci\u00f3n occidental y moderna, cuya ausencia origina la protesta impl\u00edcita de la locura quijotesca, vale la pena releer algunos textos de Simone Weil. Como sabes, ella se plante\u00f3 echar las bases de un amplio y profundo programa de reforma de la cultura moderna, desde sus cimientos econ\u00f3micos, sociales, y pol\u00edticos, que revirtiera la amenaza que se cierne sobre esa cultura: la deshumanizaci\u00f3n. Una de las causas de esta deshumanizaci\u00f3n consiste precisamente en la disminuci\u00f3n cualitativa, en el detrimento imparable de la vida simb\u00f3lica que deber\u00eda impregnar el mundo del trabajo. Los obreros en las f\u00e1bricas y los campesinos en los medios rurales no pueden hacer su trabajo desde la \u00f3ptica de una intensa vida simb\u00f3lica porque todos los condicionamientos laborales de su actividad se lo impiden. La monoton\u00eda, la repetici\u00f3n, el gesto mec\u00e1nico constantemente hecho, la necesidad imperiosa de tener que acoplarse y adaptarse a la velocidad humana de la m\u00e1quina: todo ello, motivado no por la entrega existencial a una vocaci\u00f3n sino por la mera exigencia de \u201cganarse el pan\u201d, de sobrevivir econ\u00f3micamente, le roba al trabajador la posibilidad de la atenci\u00f3n que le permita descubrir el lenguaje espiritual del trabajo. Y este lenguaje es siempre simb\u00f3lico. El lenguaje del mundo, en tanto dirigido a nosotros los hombres, es un lenguaje simb\u00f3lico y, por eso mismo, connaturalmente polis\u00e9mico: permite m\u00faltiples lecturas (el s\u00edmbolo vehicula siempre varias lecturas posibles de \u00e9l). Es en ese sentido que Simone Weil afirmaba que para los obreros y campesinos \u201clos \u00fanicos objetos sensibles en los que pueden poner atenci\u00f3n son la materia, los utensilios, los gestos del trabajo. Si estos objetos no se transforman en espejos de la luz, es imposible que durante el trabajo la atenci\u00f3n se dirija hacia la fuente de esta luz\u201d. Para eso, \u201chay que limpiar el espejo y leer los s\u00edmbolos que desde la eternidad est\u00e1n inscritos en la materia\u201d. Afirmaba igualmente: \u201clas leyes de la m\u00e1quina que derivan de la geometr\u00eda (\u2026) contienen verdades sobrenaturales\u201d. Los campesinos, m\u00e1s all\u00e1 de la mera urgencia de trabajar para mantenerse con vida, deber\u00edan poder captar, dentro de su propia actividad, el lenguaje simb\u00f3lico de la naturaleza. Se trata de promover y fomentar, en las f\u00e1bricas y en el campo, y, en general, a todo lo largo y ancho del universo laboral, la facultad ps\u00edquica y espiritual que para Weil es el pivote de toda espiritualidad: la atenci\u00f3n. \u201c(\u2026) El peor atentado, el que tal vez merezca compararse con el delito en contra del esp\u00edritu, que no tiene perd\u00f3n, si no se comete inconscientemente, es el atentado contra la atenci\u00f3n de los trabajadores\u201d. Una consecuente e intensa vida simb\u00f3lica empieza precisamente por la atenci\u00f3n y, para Simone Weil, la verdadera atenci\u00f3n es siempre religiosa: \u201cDios es la fuente de la luz; esto significa que todas las clases de atenci\u00f3n no son m\u00e1s que formas degradadas de la atenci\u00f3n religiosa\u201d. Al desvincularse de toda tradici\u00f3n religiosa, la modernidad se proh\u00edbe a s\u00ed misma recurrir al m\u00e1s vasto y profuso&nbsp; reservorio de una vida simb\u00f3lica que posee la historia humana; se impide a s\u00ed misma buscar inspiraci\u00f3n en \u00e9l para encarar la tarea de existir sobre la tierra. Al agostar ese hontanar de vida simb\u00f3lica, el hombre occidental y moderno no alcanza el nivel de atenci\u00f3n que le permite vivir la poes\u00eda de la cotidianidad y vivirse \u00e9l mismo como el poema de Dios. Poes\u00eda y poema solo concebibles si entendemos al universo como desde hace milenios lo ha entendido la experiencia religiosa: como imagen simb\u00f3lica y met\u00e1fora de la sabidur\u00eda divina. Poes\u00eda y poema que se actualizan, impl\u00edcita y a veces inesperadamente, en las im\u00e1genes de las cosmogon\u00edas de los pueblos llamados primitivos, en el idioma ps\u00edquico de los ni\u00f1os y en el delirio psic\u00f3tico. Es en ese sentido que David Cooper, el gran anti psiquiatra brit\u00e1nico, se atrevi\u00f3 a afirmar que \u201clos esquizofr\u00e9nicos son los poetas estrangulados de nuestra sociedad\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Deseo terminar nuestra conversaci\u00f3n de hoy sobre la locura con una alusi\u00f3n a un aspecto del fen\u00f3meno antropol\u00f3gico y cultural que ella encarna y que ha sido puesto de manifiesto, me parece que de manera brillante y definitiva, por Michel Foucault. En su imponderable <em>Historia de la locura en la \u00e9poca cl\u00e1sica, <\/em>Foucault formula que, con respecto al asunto del estatuto social del loco, la modernidad burguesa supuso el pasar de una visi\u00f3n tr\u00e1gica o c\u00f3mica pero siempre respetuosa e incluso reverente de la locura, que era la que imperaba en la Antig\u00fcedad y en la Edad Media, hacia un gran temor: la locura como amenaza respecto a la raz\u00f3n moderna. Aquel respeto premoderno por la locura, que ve\u00eda a \u00e9sta como un poder casi demi\u00fargico, revelador de cosas que la raz\u00f3n prefiere ignorar, dio paso a la expulsi\u00f3n del loco hacia los m\u00e1rgenes de la sociedad y a su policial y carcelario encierro. En otra conversaci\u00f3n te refer\u00ed que, seg\u00fan Foucault, ya en el siglo XVII, en el comienzo de la formaci\u00f3n de la mentalidad moderna, al loco se lo encierra porque se entiende que no es un sujeto econ\u00f3micamente fiable y porque su desarreglo mental atentar\u00eda contra la solidez del orden familiar burgu\u00e9s. Pero ahora quiero mencionarte, siempre de acuerdo con Foucault, el \u00faltimo y m\u00e1s sofisticado resultado de aquella expulsi\u00f3n y aquel encierro: el control que ejerce la modernidad burguesa sobre sus miembros es perverso, insidioso e invisible y, en el caso del loco, ese control se vuelve superlativo al hacer que, en medio de su encierro, entre el loco y \u00e9l mismo se ahonde una distancia infranqueable: es preciso que \u00e9l tome conciencia de su&nbsp; estado, sentido como falta, como anomal\u00eda monstruosa. Se lo induce a considerarse en ese estado como distinto a lo que se querr\u00eda que fuese, distinto a lo que deber\u00eda ser. El encierro se internaliza hasta hacer que el loco sienta su locura como falta que es preciso reparar. Le toca ahora vivirla en la culpa. Esa experiencia interior de la locura como culpa se manifiesta,&nbsp; primero, a trav\u00e9s del miedo (se amenaza con castigos cualquier expresi\u00f3n exterior de demencia, a fin de que la angustia obligue al loco a un control constante sobre s\u00ed mismo); segundo, a trav\u00e9s de la vigilancia (se lo rodea de miradas inquisitivas que puedan sorprender la m\u00e1s m\u00ednima manifestaci\u00f3n de irregularidad \u2013se responde a ella con reacciones apropiadas a cada oportunidad), a objeto de que el loco acabe por interiorizar esa vigilancia y, la constituya en mirada de s\u00ed mismo sobre s\u00ed mismo, mirada que corrobora la distancia que lo separa de la norma; tercero, a trav\u00e9s de la humillaci\u00f3n (humillar al loco en su locura para que la viva desde la verg\u00fcenza y se desee ajeno a s\u00ed mismo y a\u00f1ore, mediante la angustia que significa escapar de s\u00ed, la reinserci\u00f3n en la sociedad norma(l)tivizada); y cuarto, a trav\u00e9s del juicio (se hace nacer en el loco el remordimiento perpetuo por su diferencia). El final de ese proceso punitivo y alienante consiste en que el loco llega a admitir que el m\u00e9dico y los enfermeros y enfermeras saben m\u00e1s de \u00e9l de lo que \u00e9l sabe de s\u00ed mismo. As\u00ed, se cierra la cadena circular que lo aherroja.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el aspecto oscuro de la locura como patolog\u00eda mental. Si yo me he salvado de la punici\u00f3n y la culpa, y de vivirla como una m\u00e1cula y una llaga moral, a pesar de que numerosas hospitalizaciones psiqui\u00e1tricas me han constre\u00f1ido en parte a vivirla de ese modo, es que he tenido la gracia providencial de haberme relacionado con dos terapeutas, ambos jungianos, que me insuflaron una autentica reverencia hacia ella, hacia la lecci\u00f3n espiritual que le estaba impartiendo a mi psique. El primero es Rafael L\u00f3pez Pedraza. Todav\u00eda recuerdo n\u00edtidamente el d\u00eda en que me dijo: \u201cno concibo un buen terapeuta que no sienta un profundo respeto por la locura\u201d. Y el segundo es Jean-Marc Tauszik. Una tarde, despu\u00e9s de la magn\u00edfica interpretaci\u00f3n que realiz\u00f3 de un sue\u00f1o que yo hab\u00eda llevado a la sesi\u00f3n terap\u00e9utica con \u00e9l, me dijo lo siguiente: \u201cArmando, as\u00ed como Rafael Cadenas escribi\u00f3 <em>Derrota<\/em> y <em>Fracaso, <\/em>como expresiones de una deuda de gratitud hacia la huella espiritual que le dejaron momentos muy dif\u00edciles de su vida emocional, me parece que t\u00fa deber\u00edas escribir un texto literario sobre tu propia experiencia de la locura, que ha significado para ti no solamente noches oscuras del alma y escombros ps\u00edquicos, sino tambi\u00e9n el acceso a estadios m\u00e1s altos de conciencia y libertad interior\u201d.&nbsp; Atendiendo a esta sugerencia, escrib\u00ed a finales del 2004 <em>La desnudez del loco. <\/em>Y por eso el poema est\u00e1 dedicado a Jean-Marc. Se trata de un texto que confirma en m\u00ed lo que, con gratitud y respeto hacia s\u00ed misma, escribi\u00f3 Ida Gramcko en el p\u00f3rtico de <em>Poemas de una psic\u00f3tica:<\/em> \u201cMe alegra saber que, a\u00fan durante el sufrimiento de mi enfermedad, yo continu\u00e9 siendo poeta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Para terminar, quiero leerte como obsequio a tu paciencia un poema de Emily Dickinson que expresa mejor, en tan s\u00f3lo ocho breves versos, todo lo que torpemente yo intent\u00e9 decirte hoy:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMucha locura es el m\u00e1s divino Sentido-<\/p>\n\n\n\n<p>A un Ojo discerniente-<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho Sentido \u2013la m\u00e1s total Locura-<\/p>\n\n\n\n<p>Es la Mayor\u00eda de la gente<\/p>\n\n\n\n<p>La que en esto, como en todo, prevalece-<\/p>\n\n\n\n<p>Asiente- y eres cuerdo-<\/p>\n\n\n\n<p>Objeta- y en seguida eres peligroso-<\/p>\n\n\n\n<p>Y atado con una cadena\u201d<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/armando-rojas-guardia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Armando Rojas Guardia Para Plat\u00f3n, en el Fedro, existen cuatro tipos de locura ben\u00e9fica. 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