{"id":9217,"date":"2023-11-05T19:34:02","date_gmt":"2023-11-05T19:34:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9217"},"modified":"2023-11-24T15:38:10","modified_gmt":"2023-11-24T15:38:10","slug":"yo-soy-la-rumba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/yo-soy-la-rumba\/","title":{"rendered":"Yo soy la rumba"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">\u00c1ngel Gustavo Infante<\/h4>\n\n\n\n<p>Ahora entiendo por qu\u00e9 Alfi no me trajo la bater\u00eda desde San Francisco. Sus razones fueron tan pobres que s\u00f3lo un ni\u00f1o como yo pudo creerlas: el bombo no cupo porla escotilla del submarino.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo explic\u00f3 en una carta largu\u00edsima donde adem\u00e1as hablaba de una Nueva Era. De la Generaci\u00f3n Underground. Del movimiento subterr\u00e1neo que hab\u00eda cambiado su vida. De una Luz Divina que le hab\u00eda se\u00f1alado el camino del Amor y la Paz\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Yo los imaginaba \u2014Alfi and his brothers o Alfi\u00b4s Company\u2014 viviendo como topos bajo las alcantarillas de todos los pueblos de California. Mam\u00e1 no comprend\u00eda. Lloraba. Volv\u00eda a llorar. Segu\u00eda llorando, recontralloraba. Y as\u00ed, en ese llanto creciente, pasaba los d\u00edas entretenida.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras mam\u00e1 inundaba la casa, yo rele\u00eda la carta y nadaba en los sue\u00f1os de colores de ese nuevo mundo, devoraba hongos en Sausalito con Carlos Santana y presenciaba una noche diab\u00f3lica en el Filmore West. La nueva vida de Alfi me daba una nota incre\u00edble y lo dec\u00eda p\u00fablicamente en la escuela: mi hermano mayor es Hippie.<\/p>\n\n\n\n<p>La Gorda Elisa, amor secreto de Alfi y principal promotora de sus anhelos ultramarinos, tambi\u00e9n ley\u00f3 la carta y revis\u00f3 las postales con detenimiento. Comprendi\u00f3 menos que mam\u00e1, pero no llor\u00f3. Se limit\u00f3 a suspirar. Y un velero tan grande como el buque escuela Sim\u00f3n Bol\u00edvar encall\u00f3 en su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de todo, la Gorda Elisa sigui\u00f3 frecuent\u00e1ndonos con la misma religiosidad y el mismo objetivo: alimentar a mam\u00e1. Todos los d\u00edas se aparec\u00eda con una taza de sopa, despu\u00e9s de despedir a su marido, el se\u00f1or don Felisberto Hern\u00e1ndez, de profesi\u00f3n heladero, y que s\u00f3lo por coincidencias del destino llevaba nombre de escritor uruguayo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al buen Felisberto, que en su infeliz vida no tuvo m\u00e1s propiedad que las cuatro tablas donde viv\u00eda, lo afect\u00f3 indirectamente el cambio de Alfi. La decisi\u00f3n de su mujer lo sumi\u00f3 en una terrible depresi\u00f3n. Le sucedi\u00f3 lo que a cualquier mortal le puede suceder: La Gorda Elisa lo ech\u00f3 de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>La inmensa mujer se sinti\u00f3 defraudada por aquel a quien ayud\u00f3 a formar, a criar a imagen y semejanza de Felisberto pero con verdadero br\u00edo viril, naval. presa de un extra\u00f1o despecho, nadie supoc\u00f3mo ni cu\u00e1ndo comenz\u00f3 a enamorarse perdidamente de otro. No s\u00f3lo de uno ni de dos. De muchos. Se meti\u00f3 a puta.<\/p>\n\n\n\n<p>La Gorda Elisa siempre tuvo debilidad por los uniformes y aqu\u00ed encontr\u00f3 el pretexto para med\u00edrselos. Sin reparos jer\u00e1rquicos, por su cama revuelta como un mar picado navegaba desde un simple grumete \u2014como Alfi era antes de zarpar\u2014, hasta un Maestre o alg\u00fan Comandante oveja negra que se atreviera a entraren ranchos sin ser reportado y arrestado.<\/p>\n\n\n\n<p>A La Gorda no le importaba el rango, con tal de que usaran el uniforme para navegar con buen tiempo. Descubr\u00ed sus inclinaciones gracias a mi ojo m\u00e1gico, que a su vez hab\u00eda descubierto en el altar de mam\u00e1 al lado del \u00e1nima sola.<\/p>\n\n\n\n<p>Enfocando bien comenc\u00e9 por observar con absoluta nitidez los fracasos que desvelaban al aburrido Felisberto, a quien de nada le vali\u00f3 ser buena persona y marido ejemplar: la brisa jam\u00e1s estuvo a su favor, no logr\u00f3 cruzar la tempestad de Elisa La Gorda y ella lo despidi\u00f3 en la nave del olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias a la capacidad de mi ojo m\u00e1gico, m\u00e1s de una vez fui pasto de las llamas \u2014como las que envuelven al \u00e1nima sola\u2014 y apagu\u00e9 el ardor con mi mano poderosa. Tal era la calidad del visor que los Dioses tuvieron a bien concederme que, adem\u00e1s de las im\u00e1genes, registraba los sonidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Gorda llamaba a bordo al marinero de guardia, patrullaban las costas h\u00famedas y saladas, aceleraban a fondo para devolverse y cuando ya estaban a punto de llegar a puerto, obligaba al cliente\u2014tripulante a cantar las letras previamente aprendidas:<br>El cliente\u2014tripulante: Los cadetes tienen sable y la guardua su ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La Gorda Elisa: Vamo a ver a los cadetes que hoy est\u00e1n de graduaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El cliente\u2014tripulante: Los cadetes se preparan pa servirle a la naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La Gorda, despu\u00e9s de repetir el estribillo: Vamo a ver a los cadetes que hoy est\u00e1n de graduaci\u00f3n, cerraba con voz entrecortada: Pero lo que m\u00e1s me gusta y me llena de emoci\u00f3n es que pasen por mi casa en correcta formaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, entonces, dejaba el ojo m\u00e1gico, corr\u00eda hasta mi bater\u00eda (un viejo asiento rodeado de potes de leche y una tapa de olla amarrada a un list\u00f3n del techo) para dar el repique final y rematar con el platillo.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de los acantilados, la marea sub\u00eda hasta el copete de la cama y ambos atracaban felices.<br>Alfi regres\u00f3 de Estados Unidos y se provoc\u00f3 un accidente con una de las poleas cuando descargaban el submarino en La Guaira. El nudo de hierro apenas lo roz\u00f3 y estuvo inconsciente una semana. Pudo haber muerto. Despu\u00e9s de varios ex\u00e1menes se le concedi\u00f3 un permiso especial y luego la baja.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba m\u00e1s grande. Hab\u00eda vivido dos vidas: subterr\u00e1nea y submarina. Ahora emerg\u00eda a nuestra casa como un desconocido con un cargamento de discos, afiches, incienso, vicios y virtudes importadas. De tanto andar por debajo de las cosas le hab\u00eda quedado el silencio y una sonrisa extra\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Mam\u00e1 continuaba llorando. La acompa\u00f1\u00e9 en varios llantos con mis baquetas sobre el mueble roto que finalmente me regal\u00f3 para descargar la fibra loca y musical que me brotaba por todas partes, y para descargar, adem\u00e1s, la frustraci\u00f3n por la bater\u00eda que Alfi no me trajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Continu\u00e9 enfocando mi ojo y presenci\u00e9 el reencuentro de Alfi and La Gorda: guardaron silencio y en cueros se devoraron toda la tarde bajo el incesante repique de mi timbal. As\u00ed visualic\u00e9 diversos sucesos. Entre \u00e9stos, el m\u00e1s extraodinario fue el de los marineros. Desde entonces, mi vida no es la misma:<\/p>\n\n\n\n<p>Fueron tres los marineros. Estoy seguro. Mi ojo m\u00e1gico es infalible. Pertenenc\u00edan al mismo contingente de Alfi. La GOrda Elisa les hizo un precio especial. Hab\u00edan reenganchado. Deb\u00edan celebrarlo. Aceptaron la oferta y desaparecieron. En la Escuela Naval los dan por desertores. Ojal\u00e1 no aparezcan: las celdas del Cuartel San Carlos los esperan.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el mundo estaba alarmado. Aterrorizado. De un momento a otro, batallones de polic\u00edas militares invad\u00edan las casas, roleaban a quien no les permitiera las pesquisas. Acaso esperaban encontrar sus picadillos en las medias de alg\u00fan marido celoso, congelados en las neveras o enconchados en el tradicional escaparate de una amante. Eran incansables. Sab\u00edan que este fue el \u00faltimo lugar donde estuvieron despu\u00e9s de los bares de la Baralt.<\/p>\n\n\n\n<p>La cosa era seria. Nos amenazaban con los Marines. As\u00ed lo vomit\u00f3 un sargento \u2014con el rostro inflado como una bomba de sangre\u2014 sobre las caras p\u00e1lidas de la vecindad. \u00bfPor qu\u00e9 esos muchachos no se quedaron tranquilos en la Plaza Diego Ibarra conquistando caraque\u00f1as, recordando o inventando chistes? No. Algo les faltaba si no se arrastraban hasta aqu\u00ed, llenos de an\u00eds, locos por montar a la Gorda.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres por el precio de uno. Les hab\u00eda mandado a decir con Alfi. Los muchachos se alborotaron y acordaron reunir el dinero en la pr\u00f3xima franqu\u00eda. Se repartieron entre el terminal del Nuevo Circo, la plaza y las torres de El Silencio. A pesar de todo, aun los marienros inspiran respeto y, a veces, l\u00e1stima. Los incautos contribuyeron con los tres pasajeros, imaginando el t\u00edpico abrazo familiar en pueblos escondidos.<\/p>\n\n\n\n<p>A las dos horas hab\u00edan rebasado la tarifa de La Gorda Elisa y corrieron a brindar. Antes, le encendieron velas a su patrona la Virgen del Valle, en la iglesia de Santa Teresa: necesitaban fuerza, entereza, resistencia y buen tiempo, para demostrarle a La Gorda sus destrezas navales.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de ellos era el vocalista de la orquesta en la Escuela de Grumetes en Catia La Mar. Cada domingo, en el casino, divert\u00eda a los visitantes con canciones rom\u00e1nticas. Al terminar de subir y pisar tierra firme, o\u00ed su voz. Era la canci\u00f3n que hac\u00eda llorar a las novias de los internos. Aborrec\u00eda aquella voz como a una mujer fea y pegajosa que hace regalitos in\u00fatiles.<\/p>\n\n\n\n<p>Mujer si puedes t\u00fa con Dios hablar preg\u00fantale si yo alguna vez te he dejado de adorar y al amr espejo de mi coraz\u00f3n las veces que me ha visto llorar la perfidia de tu amor. Despu\u00e9s de o\u00edr aquella letra, mi boca se llen\u00f3 del sabor de la Emulsi\u00f3n de Scott. Qu\u00e9 asco.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya La Gorda no los esperaba. Estaba sepultada en su cama y ellos, en un rapto de indisciplinada anisada, acribillaron el techo a piedras. Algunos cayeron sobre nuestro zinc y mam\u00e1, desde la inconsciencia del su\u00f1o, repeli\u00f3 el ataque con algunos proyectiles de salva, muy olorosos por cierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Salt\u00e9 hasta mi ojo m\u00e1gico. No pod\u00eda marcar la entrada con los palos, mam\u00e1 pod\u00eda despertar, tendr\u00eda entonces que hacerme el dormido y dormir de verdad\u2014verdad sin asistir al espect\u00e1culo: all\u00ed estaba la marmota convertida en mujer recibiendo a los tres marineros, visiblemente excitada ante la impecabilidad de los uniformes. Inmediatamente comenz\u00f3 a ejercer su ninfoman\u00eda militar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni una insignia consigui\u00f3 la polic\u00eda en la pieza de Elisa. Ni una chapa de identidad ni los lentes del tercer marinero. Nada. Ni el m\u00e1s m\u00ednimo indicio de que estuvieron all\u00ed la noche del trece de abril. Nada. A los tres hombres se los trag\u00f3 la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue as\u00ed. Soy el \u00fanico testigo. No fue la tierra: fue Elisa La Gorda en pleno dominio de sus facultades.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que despidi\u00f3 a Felisberto, comenz\u00f3 a ejercitar el ensanchamiento vaginal para aprovechar al m\u00e1ximo su placer predilecto: la penetraci\u00f3n simult\u00e1nea de miembros y dedos, manos y mu\u00f1ecas, antebrazos y codos, hombros y hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquier falo inserto con el mayor empe\u00f1o, pasi\u00f3n o frenes\u00ed, era insuficiente. Ante tal limitaci\u00f3n, La Gorda comenz\u00f3 a levantarse muy temprano para preparar sus duchas vaginales y diversas lavativas se mandaba hasta bien entrada la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>No com\u00eda. Segu\u00eda engordando. Yo probaba la sopa de mam\u00e1 a ver si conten\u00eda el residuo de aquellas aguas. Pero, hay que reconocerlo, Elisa siempre fue legal y honesta en nuestra alimentaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Los caldos jam\u00e1s recordaban la vulva rosada que, extendi\u00e9ndose hasta las rodillas, se abr\u00eda como una enciclopedia. En ciertos momentos parec\u00eda arrastrar a una criatura, un fibroma envuelto en placenta e incluso una r\u00e9plica de la mujerzota: un doble naci\u00e9ndole bajo el pubis tan grande como una coliflor australiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar el lavado, comenzaba a estimular el cl\u00edtoris: en las horas m\u00e1s secretas de la tarde le crec\u00eda un cacho p\u00farpura, como el miembro de un pollino, y utilizando todo tipo de artefactos se prodigaba los placeres m\u00e1s extra\u00f1os y \u2014al parecer\u2014 exquisitos: se masturbaba como cualquier hombre con guantes de goma, usando ambas manos a la vez con movimientos recios; se aplicaba frascos enteros de mostaza en tan desmesurado \u00f3rgano y luego lo lam\u00eda emitiendo chillidos agud\u00edsimos que hac\u00edan estallar los cristales y paralizar a los humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cl\u00edmax sub\u00eda al escaparate, cuyas patas hab\u00eda tenido la prudencia de reforzar, se acostaba boca arriba y el cl\u00edtoris saltaba como un resorte hasta las olas met\u00e1licas del zinc, la marea del sol sobre las l\u00e1minas le produc\u00eda convulsiones y con magistrales movimientos p\u00e9lvicos evitaba zozobrar o estrellarse contra los acantilados de las paredes repletas de santos en el cuarto del altar.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi ojo m\u00e1gico lograba ver eso y mucho m\u00e1s. Al poco tiempo comenzaron los ejercicios de penetraci\u00f3n. Primero se estren\u00f3 con instrumentos de cera: midi\u00f3 el grosor de las lamparillas \u00abVirgen de la Coromoto\u00bb e introdujo una cajita completa cuyo contenido es de diez unidades.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edas despu\u00e9s, cuando ya hab\u00eda asimilado toda la cera de las l\u00e1mparas y de los labios ya no colgaban los restos de esperma seca, observ\u00e9 c\u00f3mo introduc\u00eda con destreza una cadeneta de velas blancas amarradas unas a otras por las mechas.<\/p>\n\n\n\n<p>A la vuelta de ocho d\u00edas ya hab\u00eda procesado el material. Se sent\u00f3 bien abierta frente a mi ojo y pude apreciar, m\u00e1s all\u00e1 de las carnosidades antes descritas, un t\u00fanel brillante con paredes y una peque\u00f1a luz al fondo como si una de las lamparillas hubiera quedado encendida, pero advert\u00ed \u2014exigiendo de mi ojo el mejor foco\u2014 que se trataba de luz natural. Entonces, al mirar su rostro tuve una iluminaci\u00f3n: la luz le entraba por la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, la mujer se preparaba para meterse lo que en un principio consider\u00e9 lo m\u00e1ximo. Lejos de conocer mi estrechez imaginativa, Elisa coloc\u00f3 ante s\u00ed \u2014y ante mi ojo m\u00e1gico al otro extremo\u2014 un inmenso rolo de mortadela a\u00fan envuelto en pl\u00e1stico y con sendos remaches de metal en las puntas.<\/p>\n\n\n\n<p>Con mucha paciencia, saliva y una flexibilidad corporal envidiable, fue embutiendo el embutido de su cuerpo. A los pocos minutos vi desparecer el segundo remache dentro de esa planta carn\u00edvora, origen de la raza humana.<br>A\u00fan no me explico c\u00f3mo no ingres\u00e9 en un sanatorio o, en el mejor de los casos, a un monasterio. Presenciar semejante espect\u00e1culo no es dado a cualquier mortal.<\/p>\n\n\n\n<p>Hondas cavilaciones acompa\u00f1adas de calenturas, delirios, marchas son\u00e1mbulas e insomnios devastadores (Durante los cuales intentaba componer una pieza magna para percusi\u00f3n que lograra expresar todo el desequilibrio, la pasi\u00f3n, el ardor del que fui contagiado por esa Diosa grotesca llamada Elisa), me mantuvieron alejado de mi ojo m\u00e1gico.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante la impotencia por el desconocimiento de notas y claves musicales, atribuible a mi corta edad, qued\u00e9 absolutamente convencido del escaso valor del hombre. Sinti\u00e9ndome como un miserable gusano, resolv\u00ed volver a mi escondite para presenciar la haza\u00f1a m\u00e1s espeluznante que ojo humano alguno haya registrado en la historia:<\/p>\n\n\n\n<p>A discreci\u00f3n. Firmes. Los tres marineros ante ella. En mi boca, el mal sabor del aceite de bacalao. El cantante dominical abriendo fuego: Mujer si puedes t\u00fa con Dios hablar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Los otros saltando, tomando distancia, pelando las bayonetas. La Gorda Elisa los hizo modelar, los aline\u00f3 a su antojo, les baj\u00f3 los pantalones hasta las rodillas y unt\u00f3 los tres miembros de mostaza. Comenz\u00f3 a lamerlos tres en boca simult\u00e1neamente como un adelanto de sus servicios.<\/p>\n\n\n\n<p>Los m\u00e1stiles potentes, bien desarrollados, se hund\u00edan hasta la ra\u00edz y el cabello de Elisa se confund\u00eda con los vellos p\u00fabicos de los navegantes.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente, el aullido. La pantalla del televisor explot\u00f3 al un\u00edsono con los anteojos del tercer marinero.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres perdieron el sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Quedaron paralizados.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego, encantados por preciosas melod\u00edas \u2014que no eran m\u00e1s que los estertores guturales de La Gorda inundada de semen\u2014 y con fuerza inusitada, a la voz de inmersi\u00f3n, uno a uno fueron traspasando la escotilla vaginal y, sin mayores esfuerzos, desaparecieron.<\/p>\n\n\n\n<p>La gran boca desdentada se los trag\u00f3 y La Gorda acab\u00f3 con la paz. La Armada est\u00e1 alarmada. Su orgasmo dur\u00f3 quince d\u00edas y produjo deslizamientos de tierra, eclipses de luna, maremotos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final, violentas tempestades lograron alterar los puntos cardinales del pa\u00eds, anteriormente ubicado al Sur del Continente Americano y al Norte de la Am\u00e9rica del Sur.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/angel-gustavo-infante\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en: https:\/\/ficcionbreve.org\/<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00c1ngel Gustavo Infante Ahora entiendo por qu\u00e9 Alfi no me trajo la bater\u00eda desde San Francisco. Sus razones fueron tan pobres que s\u00f3lo un ni\u00f1o como yo pudo creerlas: el bombo no cupo porla escotilla del submarino. Lo explic\u00f3 en una carta largu\u00edsima donde adem\u00e1as hablaba de una Nueva Era. 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