{"id":9211,"date":"2023-11-04T13:23:04","date_gmt":"2023-11-04T13:23:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9211"},"modified":"2023-11-24T15:38:10","modified_gmt":"2023-11-24T15:38:10","slug":"felisberto-hernandez-el-doble-del-cuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/felisberto-hernandez-el-doble-del-cuerpo\/","title":{"rendered":"Felisberto Hern\u00e1ndez: el doble del cuerpo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por Juan Martins<\/h4>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p><em>Felisberto se <\/em>[conecta] <em>a las co\u00adsas [&#8230;] des\u00adde una intuici\u00f3n que s\u00f3lo puede ser instalada en el lenguaje por obra de la imagen po\u00e9\u00adti\u00adc\u00ada&#8230;<\/em>&nbsp;Julio Cort\u00e1zar<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p><em>Cuando era ni\u00f1o vi<\/em><em> a un enfermo al que le mostraban la mano y dec\u00eda que era de otro.<\/em> (Felisberto Hern\u00e1ndez. <em>Diario del Sinverg\u00fcenza<\/em>, 1990: 368<sup>(<a href=\"#_edn1\" id=\"_ednref1\">[1]<\/a>)<\/sup>). Como vemos, el cuerpo esta vez no es un principio org\u00e1nico por s\u00ed mismo, como s\u00ed la cimentaci\u00f3n de lo extra\u00f1o a \u00e9l. Es escritura misma que busca la diferencia. La voz de aqu\u00e9l es natural y no s\u00f3lo la <em>muestra<\/em> de la ilusi\u00f3n. Aparenta naturalidad este doblarse por otro. Mi cuerpo en otro. Es decir, ese movimiento emocional que nos produce el texto es real. Nos ofrece la sensaci\u00f3n del doble, de lo otro y, como dije, lo diferente. No procura entonces enga\u00f1arnos, la escritura parte de esa conciencia, de su aprehensi\u00f3n del mundo quien le otorga a su vez las palabras que le permiten revelar el retrato creado: <em>De nada val\u00eda que quisiera sepa\u00adrarme de \u00e9l <\/em>[el cuerpo]<em>. De \u00e9l hab\u00eda recibido las comidas y las palabras [&#8230;] \u00e9l fue un camarada infatigable y me ayud\u00f3 a conver\u00adtir los recuerdos [\u2026], en cosa escrita [&#8230;]<\/em> (<em>EL Caballo Perdido<\/em>, 1990: 122). La otredad para Hern\u00e1ndez deviene de esta realidad que se acompa\u00f1a de la nada, lo inveris\u00edmil, los re\u00adcuer\u00addos y los sue\u00f1os. Todo el cuerpo es el otro en la medida de la escritura.<\/p>\n\n\n\n<p>El vac\u00edo infalible del silencio dentro de la diversidad: <em>hace pocos meses sent\u00ed todo mi cuerpo como si fuera de otro\u2026<\/em> (1990: 369).<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo dicho el escenario es pr\u00f3ximo a lo extra\u00f1o, las palabras son las \u00abcosas\u00bb en su naturaleza de lo intraducible, lo inveros\u00edmil y, por qu\u00e9 no, de lo irreal ante el mundo recreado sobre el poder de la imaginaci\u00f3n y el futuro del doble por medio del cual se representa. Elementos que se oponen, pero que se construyen en su lenguaje desde la complejidad de lo ficcional, m\u00e1s adelante en lo fant\u00e1stico, puesto que el doble sustituye a uno por el otro. Quiere decir que somos la silueta de ese doble o acaso \u00e9l mismo. As\u00ed que este lenguaje nos construye en la narrativa. Nos renueva en ese \u00abcuerpo\u00bb de la escritura.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la imagen se devela al escri\u00adtor como una alterna\u00adti\u00adva. La imaginaci\u00f3n por su parte ser\u00e1 la di\u00e1s\u00adpora que nos permite evolu\u00adcionar en las emociones percibidas, ya sean de la memoria o de la vivencia inanimada, porque esta imagen abre su aprehensi\u00f3n al mundo. Y en este mundo los \u00e1rboles \u2014siendo objetos reales\u2014 poseen, dice Hern\u00e1ndez, <em>hojas de poes\u00eda o algo que se transforma en poes\u00eda<\/em>. Todo objeto es suscep\u00adtible de una transforma\u00adci\u00f3n po\u00e9tica, simb\u00f3lica. La materia se transfor\u00adma en s\u00edmbolo inaprehen\u00adsi\u00adble. Se introduce el hom\u00adbre en zonas inexploradas. La realidad entonces es percibida por otros sentimien\u00adtos, cre\u00e1ndose la oposici\u00f3n con la l\u00f3gica, tal como nos recuerda Cort\u00e1zar en \u00abCarta en mano propia\u00bb: <em>los presocr\u00e1ticos que nada aceptan de las categor\u00edas l\u00f3gicas porque la realidad no tiene nada de l\u00f3gica, Felisberto, nadie lo supo mejor que vos a la hora de <\/em>Menos Irene<em> y de<\/em> La casa inundada. [\u2026] (Julio Cort\u00e1zar, 1994: 268)<a href=\"#_edn2\" id=\"_ednref2\">[2]<\/a>. <a><\/a><a><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Lo subjetivo adquiere su prioridad, confundi\u00e9ndose al final sujeto y objeto sobre el tramado de la narraci\u00f3n. Esta conexi\u00f3n es posible a trav\u00e9s de la memoria, a partir de la explo\u00adra\u00adci\u00f3n de los recuerdos en tanto son el est\u00edmulo de la memoria. Pero la memoria mantiene la imagen vital de este <em>para\u00edso<\/em> privado cuando \u00e9sta se desvanece. Es un movimiento de regreso hacia las emociones y senti\u00admientos donde el lector por ejemplo se contiene de lo irracional. El narrador encuentra un hilo conductor hacia la evocaci\u00f3n. Dicho con otras palabras, es resistirse ante aquel yo biogr\u00e1\u00adfico, ese que le permite estar en relaci\u00f3n con el mundo real cuando apenas nos alejamos de \u00e9l. Y la \u00faltima felicidad del narrador es perder el temor de vernos arrui\u00adnados: <em>Ahora estoy m\u00e1s tranqui\u00adlo; pero hace algunos d\u00edas tuve como una locura de hombre que corre perdido en una selva y lo excita el roce de las plantas desconocidas<\/em> (<em>Diario del Sinverg\u00fcenza<\/em>, 1990: 374). El yo po\u00e9tico devenido en el lector.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n no ha sufrido en su ni\u00f1ez por haber\u00adse perdido en el bosque por peque\u00f1o que sea? Quedan los recuer\u00addos y la ambig\u00fcedad que en cierto momen\u00adto nos envuelve en los relatos de Hern\u00e1ndez. Esta estaci\u00f3n de la con\u00adciencia tambi\u00e9n es real como los sue\u00f1os. Es cuesti\u00f3n de tomar cuidado de la memoria, de nuestros <em>yoes<\/em>, como dije, entre acuerdos con los <em>yoes<\/em> representa\u00addos, pero mejor a\u00fan, nos acompa\u00f1an en su oposici\u00f3n: <em>Despu\u00e9s pensaba que esa idea estaba formada de pensamientos ajenos, que ellos me vigilaban desde la infan\u00adcia y hab\u00edan empezado a invadirme <\/em>&nbsp;(\u00cddem). Estable\u00adci\u00e9ndose lo extra\u00f1o ante nuestra mirada, puesto que la noci\u00f3n del mundo se ha predestinado de manera tal que todo aquello que parezca inusitado es inaceptable. El artista en cambio logra hallar otros v\u00e9rtices a la realidad. A decir verdad nos indica otro territorio alterno dentro de la poes\u00eda. Fuera de aquella l\u00f3gica. Desde el momento en que acep\u00adta\u00admos el cambio exhibimos nuestro silencio. El silen\u00adcio es el ritmo interior expresa\u00addo por el escritor. En el caso del autor el ritmo de su cuerpo \u2014por decir del narrador\u2014 se convierte en escritura como sabemos. Me explico: la imagen creada invita al lector a representarse en esa po\u00e9tica. Recrea al mundo. El doble se sustancia en el ser, en la instancia de su subjetividad desde los personajes al lector. \u00c9ste resulta de esa elaboraci\u00f3n para sustituir lo real, no tanto por otra realidad como s\u00ed por aceptarla tal como es hacia nuevos significados. En ese espacio de la significaci\u00f3n la alteridad se ordena para entender la estructura del relato. Por ejemplo la vida y c\u00f3mo se transfiere en otra cosa se sustancia todav\u00eda en aquel cuerpo, este cuerpo, el signo de lo que cambia, de lo que las emociones exigen para la compresi\u00f3n de ese discurso. Pensar desde la sensaci\u00f3n. Y esa idea de la sensaci\u00f3n es el arte.<\/p>\n\n\n\n<p>Felisberto Hern\u00e1ndez ignora salvar\u00adse de lo real y quiere entenderlo sin ajustes. Por ello, cuando leo a Hern\u00e1n\u00addez (o por semblanza a Cort\u00e1zar) evito conformarme con la an\u00e9c\u00addota, <a><\/a><a>no bien<\/a> debo \u00abreescribir\u00bb el texto junto al autor para el goce de esa libertad y&#8230;<em>saber qu\u00e9 se produce en el silen\u00adcio \u00edntimo de los dem\u00e1s<\/em>. Por decirlo de otra manera, ver al mundo desde lo l\u00fadico. Por ejemplo, <em>Toda poes\u00eda que merezca ser llama\u00adda as\u00ed debe ser ante nada un juego. Toda poes\u00eda es un juego.<\/em> (Cort\u00e1zar, <em>Poes\u00eda Permutante<\/em> 1984: 272<a href=\"#_edn3\" id=\"_ednref3\">[3]<\/a>). No esperemos de este juego un modelo ordenado cuando el caos insiste en nuestras emociones, la infancia como registro de los recuer\u00addos, del juego y el azar situado en la escritura. El doble formando su territorio en el lector.<\/p>\n\n\n\n<p>La intimidad de los personajes concierne al lector sobre esa b\u00fasqueda del recuerdo, a\u00f1orando lo extra\u00f1o como territorio todav\u00eda de la realidad. Por ello la voz del narrador recupera en el lector la imagen por el cuerpo del <em>otro<\/em>. El cuerpo del otro en tanto corresponde al instante de lo inveros\u00edmil, el doble que lo sustituye. <em>El autor persi\u00adgue su yo<\/em> \u2014asien\u00adte Felisberto\u2014 <em>todos los d\u00edas; pero s\u00f3lo escribe algunos&#8230;<\/em> Sen\u00adtirnos excepcionales por descubrir otras realidades de las que nos han mantenido inocentes. Y el asombro es hac\u00eda noso\u00adtros (los <em>otros<\/em>). Y conciliamos con nues\u00adtra cotidia\u00adnidad por medio del lenguaje y descubrir este yo ausente. De modo que a trav\u00e9s de la escritura siempre habla el <em>otro<\/em>, yo no hablo por \u00e9l. Quedo sustituido en el goce de la lectura.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy el otro cuando me asomo con cuidado a lo ficcional, sin dudar de su poder con la vida.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-martins-2\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref1\" id=\"_edn1\">[1]<\/a> Hern\u00e1ndez, F. (1990). <em>Diario del Sinverg\u00fcenza. Narraciones incomple\u00adtas<\/em>. Madrid: Ediciones Si\u00adruela.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref2\" id=\"_edn2\">[2]<\/a> <a><\/a><a><\/a><a>Cort\u00e1zar, J.<\/a> (1994). <em>Obra cr\u00edtica III<\/em>. <em>Felisberto Hern\u00e1ndez: Carta en mano propia<\/em>. Edici\u00f3n a cargo de Sa\u00fal Sosnowski. Madrid: Alfaguara.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref3\" id=\"_edn3\">[3]<\/a> ___________. (1984). <em>\u00daltimo Round. Tomo I. Poes\u00eda Permutante. <\/em>M\u00e9xico<em>: <\/em>Siglo Veintiuno Edito\u00adres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Juan Martins Felisberto se [conecta] a las co\u00adsas [&#8230;] des\u00adde una intuici\u00f3n que s\u00f3lo puede ser instalada en el lenguaje por obra de la imagen po\u00e9\u00adti\u00adc\u00ada&#8230;&nbsp;Julio Cort\u00e1zar Cuando era ni\u00f1o vi a un enfermo al que le mostraban la mano y dec\u00eda que era de otro. (Felisberto Hern\u00e1ndez. Diario del Sinverg\u00fcenza, 1990: 368([1])). 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