{"id":9161,"date":"2023-10-27T00:35:15","date_gmt":"2023-10-27T00:35:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9161"},"modified":"2023-11-24T15:38:12","modified_gmt":"2023-11-24T15:38:12","slug":"maleficio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/maleficio\/","title":{"rendered":"Maleficio (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Alberto Jim\u00e9nez Ure<\/h4>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Parto<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La noche del viernes -cuando beb\u00eda vino en su estudio- Rom\u00e1n oy\u00f3 quejidos. Proven\u00edan de la habitaci\u00f3n principal: ah\u00ed, dos horas antes, hab\u00eda dejado a su esposa. Varias lagartijas recorr\u00edan las paredes y la biblioteca. El reproductor de m\u00fasica difund\u00eda <em>Let it Be <\/em>(Beatles).<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de una ventanilla barroca, vio el bosque de pino. Regres\u00f3 al recinto matrimonial, mir\u00f3 el abultado vientre de Alicia e interrog\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfEs el momento?<\/p>\n\n\n\n<p>-No s\u00e9, querido -sin levantarse de la cama, replic\u00f3 ella.<\/p>\n\n\n\n<p>-Cambia tu vestido. Iremos a la Cl\u00ednica Maternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En pocos minutos, ambos estuvieron listos. Luego, el hombre ayudaba a su mujer a caminar. En el garaje, una docena de gatos dorm\u00eda encima del autom\u00f3vil (<em>Volvo<\/em>, 1985). Abri\u00f3 el port\u00f3n (pintadas de gris,<br>rejas de acero inoxidable) y, sin darse cuenta, se hall\u00f3 en el interior del carro. Con ansiedad y en velocidad neutral, aceler\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>Arranc\u00f3. Segundos despu\u00e9s, se detuvo y retrocedi\u00f3 hasta su casa. Su compa\u00f1era lo escrut\u00f3 e indag\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfOlvidaste algo?<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed -parco, respondi\u00f3 su c\u00f3nyuge.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPuedes decirme qu\u00e9 cosa?<\/p>\n\n\n\n<p>Intent\u00f3 (mentir) <em>hablar<\/em>. Sin embargo, descendi\u00f3 y corri\u00f3 hacia la vivienda. M\u00e1s tarde, sali\u00f3 aferrado a un malet\u00edn negro (forjado con <em>cuero de chivo<\/em>). P\u00e1jaros nocturnos sobrevolaban el poste del alumbrado frontal hacia su casa, escup\u00edan el bombillo y escapaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin, parti\u00f3. Las luces del veh\u00edculo fallaban. A causa de los fort\u00edsimos dolores, la mujer llor\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>-Ten paciencia -la consolaba Rom\u00e1n-. Pronto llegaremos. Todo suceder\u00e1 perfectamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya calmada, la chica quiso abrir el malet\u00edn de su marido. Empero, \u00e9l lo impidi\u00f3 separ\u00e1ndole la mano con la suya.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 ocurre? -consternada, lo inquiri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>-Silencio: all\u00e1 <em>est\u00e1 tu paz<\/em> -evadi\u00f3 su interlocutor.<\/p>\n\n\n\n<p>-Expl\u00edcate\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez m\u00e1s, Rom\u00e1n ayud\u00f3 a su pareja a deambular. En la recepci\u00f3n, una enfermera trajo una camilla. La pulcritud del local era excesiva. La subieron e introdujeron a la sala de partos. Sentado en una butaca, el<br>futuro padre esperar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>De improviso, surgieron tres <em>aves<\/em> (al parecer, las mismas de la v\u00edspera). Le orinaron la cabeza y escaparon. A carcajadas, los espectadores re\u00edan. Sin soltar el malet\u00edn, Rom\u00e1n sec\u00f3 su rostro con un pa\u00f1uelo. Ante la actitud severa del infortunado, la gente cort\u00f3 la risa.<\/p>\n\n\n\n<p>El obstetra apresur\u00f3 sus movimientos. Pidi\u00f3 un <em>instrumentista<\/em>, un <em>anestesi\u00f3logo<\/em>, dos <em>enfermeras<\/em> y un <em>m\u00e9dico auxiliar<\/em>. Se preparaba contra una probable complicaci\u00f3n. Los signos de la paciente no eran buenos. Anexo a la <em>Sala de Partos<\/em>, estaba disponible un s\u00faper equipado <em>quir\u00f3fano<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue necesario operar. Con las piernas estiradas, Alicia grit\u00f3 y una criatura asom\u00f3 su nariz por entre los labios vulvares. Despu\u00e9s la cabeza. Abruptamente y sin un esterilizado traje, Rom\u00e1n apareci\u00f3 en el lugar. Padre e hijo cruzaron hostiles miradas. El peque\u00f1o, quien no terminaba de nacer, sac\u00f3 de la reci\u00e9n rota placenta una enorme <em>daga<\/em> (de <em>bronce <\/em>y casera elaboraci\u00f3n). Por su parte, Rom\u00e1n extrajo de su malet\u00edn una filosa <em>hachuela<\/em>. Al un\u00edsono, gritaron y sus cabezas cayeron simult\u00e1neamente al piso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Quir\u00f3fano<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>PREFACIO<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como todo <em>quir\u00f3fano<\/em> tiene una sala de espera, ninguna operaci\u00f3n se ejecuta sin una atm\u00f3sfera previa de \u00abp\u00e1nico\u00bb. Entonces, el tiempo no le es indiferente a un sujeto v\u00edctima de la impotencia. Por lo contrario, lo siente transcurrir a la velocidad de la tortuga. Al cambio de las cosas, he aceptado, amigo lector, mi inconmensurable ignorancia. Lo digo porque, cuando este <em>prefacio<\/em> ascendi\u00f3 a mi conciencia, a mi raz\u00f3n, jam\u00e1s hab\u00eda imaginado presenciar\u00eda y compartir\u00eda la impotencia de un paciente sometido a la anestesia.<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>La primera semana del mes de Junio de 1982, un domingo, a las ocho horas, Carla fue introducida al <em>quir\u00f3fano<\/em>. Yo me sent\u00eda tranquilo, imperturbable, convencido de que la <em>intervenci\u00f3n quir\u00fargica <\/em>ser\u00eda un \u00e9xito. Ya mi apreciad\u00edsimo amigo, el Doctor Philips, se ha trajeado para <em>intervenirla <\/em>(con un mono verde, ancho y esterilizado).<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;<em>Carlita est\u00e1 nerviosa<\/em> -murmur\u00f3, sonre\u00eddo, el cirujano mientras secaba sus manos en la sala de espera-. <em>Le teme a la anestesia; ja, ja, je [\u2026] Las operaciones en las par\u00f3tidas son sencillas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Me contagi\u00f3 aquella franca carcajada. Philips penetr\u00f3, nuevamente, al <em>quir\u00f3fano<\/em>. Me di la tarea de leer los peri\u00f3dicos. El fr\u00edo me molestaba. Escrut\u00e9 las pl\u00e1ntulas que daban un hermoso aspecto, casi <em>supranormal<\/em>, al finito y frontal patio. Mir\u00e9 al cielo. Las golondrinas retozaban en el firmamento. Respir\u00e9 hondo, quiz\u00e1 en extremo, como lo hacen los asm\u00e1ticos. Dobl\u00e9 el matutino. Record\u00e9 cu\u00e1nto detesto las verdades matem\u00e1ticas evidentes. Cada minuto era un <em>axioma<\/em>, una de esas realidades aritm\u00e9ticamente infalibles:<em> sin zapatos, mis pies miden 48 cent\u00edmetros<\/em>. Y, con ellos, sin darme cuenta, recorr\u00ed la distancia entre el banquillo de la sala de espera y el mencionado patio delantero.<\/p>\n\n\n\n<p>III<br>Pens\u00e9 que la intervenci\u00f3n terminar\u00eda pronto y, gracias a la benevolencia de Dios, volver\u00eda junto a Carla. Pero, me equivoqu\u00e9. M\u00e1s tarde, el reloj me anunci\u00f3 la hora y cuarenta minutos de <em>operaci\u00f3n<\/em>. Repentinamente, la enfermera sali\u00f3 y (sin quitarse la mascarilla) me inquiri\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfEres Alberto, cierto?<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed -respond\u00ed sorprendido.<\/p>\n\n\n\n<p>-El Doctor Philips desea verte en el <em>quir\u00f3fano<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Me llev\u00f3 hacia una habitaci\u00f3n contigua al <em>quir\u00f3fano<\/em> donde, aparte de dos estantes llenos de frascos, s\u00f3lo vi <em>trajes esterilizados<\/em> y <em>mascarillas<\/em>. Me puse uno de ellos e irrump\u00ed a la sala. La instrumentista me salud\u00f3 con un movimiento de cabeza. El anestesi\u00f3logo me mir\u00f3 inexpresivo. Philips orden\u00f3 que me aproximara. Carla respiraba <em>profundo<\/em>, muy profundo. Nunca la vi tan indefensa, tan impotente, atrapada, con una <em>m\u00e1scara de ox\u00edgeno<\/em> en una estrecha cama. Tuve la sensaci\u00f3n de percibir a un ser ajeno a mi mundo. Empero, simult\u00e1neamente, padec\u00ed la misma impotencia que inspiraba su cuerpo ante el cirujano.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;<em>Este es el nervio facial<\/em> -me indic\u00f3 el m\u00e9dico, con rostro severo-. <em>Observa: le rasp\u00e9 bastante la zona afectada por los tumorcitos, cinco en total, y le extraje la par\u00f3tida completa<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>De s\u00fabito, apareci\u00f3 un enorme <em>murci\u00e9lago<\/em> vestido de plomo. El Doctor Philips, el anestesi\u00f3logo, la enfermera y la instrumentista parec\u00edan estar en <em>trance hipn\u00f3tico<\/em>. Eran estatuas. Yo desafi\u00e9 al pajarraco extraterrestre. Como lo he declarado otras veces, me placen infinitamente los duelos. Por tal causa, sent\u00ed una dureza f\u00edsica superior a la del <em>diamante<\/em>, al <em>acero<\/em>, al <em>adjetivo invulnerable<\/em>. El ave, cuyas alas med\u00edan un metro cada una, me abraz\u00f3 enfurecido. Nos envilecimos en una ardua lucha a muerte.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuerpo a cuerpo<\/em>, el combate se prolong\u00f3 durante diez o m\u00e1s minutos. Mi enemigo se fundi\u00f3 transform\u00e1ndose en un trozo de carne con cinco tumorcitos: sin duda, inocuos. Philips despert\u00f3 del trance y me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfTe das cuenta? No volver\u00e1n a reproducirse\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-Comparto su opini\u00f3n, Doctor -repliqu\u00e9 maravillado.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrarecido, el ambiente se <em>sobre ilumin\u00f3<\/em>. El Doctor procedi\u00f3 a suturar la herida. Ejecut\u00e9 varios pasos hacia la salida. Me detuve en el cuarto de los trajes <em>esterilizados<\/em>. Me quit\u00e9 el que me ocultaba. Sal\u00ed. Afuera, erguida, Carla me esperaba. Con mirada apacible, me pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;<em>\u00bfSe recuperar\u00e1 el murci\u00e9lago?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Extirpaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La chica de ojos grises, cabello mal te\u00f1ido de amarillo, tez p\u00e1lida y pulcramente vestida de blanco, irrumpi\u00f3 en mi habit\u00e1culo de hospital. Portaba un plato (acero inoxidable) en cuya superficie vi una <em>afeitadora desechable<\/em>, trozos de algod\u00f3n, un frasco de <em>alcohol<\/em> y espuma <em>ablandadora de vellos<\/em>. Tras mi cabeza, hab\u00eda un ventanal que volv\u00eda perceptible un patio h\u00famedo. Las perdices lo rondaban.<\/p>\n\n\n\n<p>-Qu\u00edtese la camisa -me orden\u00f3-. <em>Tengo que rasurarlo antes de la operaci\u00f3n<\/em>\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Un hombre viejo, que compart\u00eda el recinto conmigo, <em>tosi\u00f3<\/em> (rumi\u00f3). Convalec\u00eda de una amputaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>-De acuerdo -dije a la enfermera-. Ser\u00e1 f\u00e1cil.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez, el anciano emiti\u00f3 ruidos bucales. Volte\u00e9 con sorna. Una de sus dieciocho hijas, la \u00fanica all\u00ed presente, fue m\u00e1s implacable: lo mir\u00f3 con odio. Empero, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda -aquella joven- evitar sentir repudio hacia quien vivi\u00f3 para procrear y beber licor sin punidad?<\/p>\n\n\n\n<p>Media hora m\u00e1s tarde, otra enfermera entr\u00f3. Empujaba una silla rodante. Me sonri\u00f3 y sugiri\u00f3 que me sentase en el veh\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Fabuloso autom\u00f3vil -exclam\u00e9 y fij\u00e9 mis ojos en los suyos-. \u00bfAd\u00f3nde me llevar\u00e1s?<\/p>\n\n\n\n<p>-Al <em>quir\u00f3fano<\/em> -parca, replic\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>En el corredor, varias personas me observaron vestido con esa camiseta ancha que los interventores eligieron para uniformar a sus pacientes. Penetramos al habit\u00e1culo donde Philips, trajeado de verde y con el rostro parcialmente cubierto con un <em>tapaboca<\/em> de tela, ordenaba los utensilios de uso com\u00fan en las operaciones: <em>bistur\u00ed<\/em>,<em> tijeras, pinzas, electrocoagulador, hilo de sutura, gasas, alcohol<\/em> [\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p>Me acost\u00e9 encima de la estrecha camilla y vi la <em>multifocal <\/em>y m\u00f3vil l\u00e1mpara cuyo nombre en franc\u00e9s parece ser <em>scialytique<\/em>. Mi esposa, que fue autorizada para escrutar, aparc\u00f3 a mi lado derecho. El Doctor Vicente Philips me inyect\u00f3 la <em>anestesia local<\/em>. Luego de pocos minutos, tom\u00f3 el bistur\u00ed y produjo una incisi\u00f3n obl\u00edcua, a la altura media de mi biceps izquierdo. R\u00e1pido, extirp\u00f3 un lipoma de dos cent\u00edmetros c\u00fabicos. Yo temblaba de <em>fr\u00edo o miedo<\/em>, no s\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>-Es <em>benigno<\/em> -diagnostic\u00f3, al tacto, el cirujano-. \u00bfLo ves, Alberto? Lo guardar\u00e9 en un recipiente. T\u00fa decidir\u00e1s si pagas una <em>biopsia<\/em> [\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p>La enfermera asistente activaba el <em>electrocoagulador<\/em> y disparaba descargas en la zona afectada. Philips, con un curioso <em>cortahilo y portagujas<\/em>, suturaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando sal\u00ed del <em>quir\u00f3fano<\/em> y me regresaban a la habitaci\u00f3n -acostado en la camilla rodante-, la chica tom\u00f3 un pasillo diferente. Le reclam\u00e9 y no me respondi\u00f3. Indiferente a mis movimientos y palabras, silbaba una melod\u00eda en boga. Se detuvo frente a una puerta donde un letrero advert\u00eda lo siguiente: <em>Morgue. Prohibido el acceso a los visitantes<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/alberto-jimenez-ure\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Jim\u00e9nez Ure Parto La noche del viernes -cuando beb\u00eda vino en su estudio- Rom\u00e1n oy\u00f3 quejidos. Proven\u00edan de la habitaci\u00f3n principal: ah\u00ed, dos horas antes, hab\u00eda dejado a su esposa. Varias lagartijas recorr\u00edan las paredes y la biblioteca. El reproductor de m\u00fasica difund\u00eda Let it Be (Beatles). 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