{"id":9115,"date":"2023-10-20T23:28:34","date_gmt":"2023-10-20T23:28:34","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=9115"},"modified":"2023-11-24T18:11:00","modified_gmt":"2023-11-24T18:11:00","slug":"dos-cuentos-de-juan-carlos-mendez-guedez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-juan-carlos-mendez-guedez\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Hasta luego, m\u00edster Salinger<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El hombre y la mujer beben cerveza.<\/p>\n\n\n\n<p>Suena el tel\u00e9fono.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Al\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Jes\u00fas \u00bferes t\u00fa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed. \u00bfQui\u00e9n habla? \u2013responde el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Soy yo, Edgar. Soy yo otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfEdgar? \u2013dice el hombre, y la mujer sentada en sus piernas realiza una mueca de aburrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, viejo, soy yo. Perdona la hora. \u00bfEstabas durmiendo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No, todav\u00eda no.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Claro, ac\u00e1 en Espa\u00f1a me dicen que la gente se acuesta m\u00e1s tarde. Yo ten\u00eda muchas ganas de tomarme otra copa contigo pero dej\u00e9 de verte y luego alguien coment\u00f3 que te hab\u00edas ido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, estoy fatigado y necesito descansar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Por la rueda de prensa, imagino&#8230; bueno, si quieres pos\u00adponemos la reuni\u00f3n de ma\u00f1ana&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No, Edgar, no hay problema. Ser\u00eda una pendejada decirte que estoy demasiado ocupado. As\u00ed que hablamos luego, si te parece.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Claro, hermano, claro. Pero espera, s\u00f3lo quer\u00eda preguntarte algo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre saca una cajetilla de Marlboro desde su camisa. Enciende un cigarrillo despu\u00e9s de un par de intentos y aspira una larga bocanada. La mujer le hace se\u00f1as para que le regale uno.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Te escucho, Edgar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfNo sabes d\u00f3nde est\u00e1 Mar\u00eda Isabel?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfMar\u00eda Isabel? \u2013repite el hombre. La mujer da un par de chupadas al cigarrillo, lo lanza por la ventana y luego se arrodilla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, me dijeron que la hab\u00edan visto hablando contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfConmigo? \u2013responde el hombre repentinamente tenso al ver que la mujer le desabrocha el pantal\u00f3n y de un solo bocado se traga su miembro en un gesto goloso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed&#8230; contigo, bueno, de hecho yo mismo los vi conversando cerca de la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pues s\u00ed, es cierto, pero despu\u00e9s de eso no supe m\u00e1s&#8230; Bueno, perdona&#8230; \u2013comenta el hombre y debe apretar los dientes pues la mujer se afana en sus succiones\u2013. Creo&#8230; creo que despu\u00e9s la encontr\u00e9 hablando con el C\u00f3nsul y su esposa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfT\u00fa crees que estar\u00e1 con ellos?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Quiz\u00e1s&#8230; \u2013suspira el hombre, sintiendo en su entrepierna la h\u00fameda boca que lo envuelve\u2013. Quiz\u00e1s s\u00ed. No lo s\u00e9, Edgar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo pens\u00e9 que tal vez se hab\u00eda ido contigo un rato. Ya sabes, a beber una copa, a recordar los viejos tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Edgar, est\u00e1s borracho, \u00bfverdad?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Un poco, hermano, un poco. Perd\u00f3name. S\u00ed, creo que estoy un poco borracho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No bebas m\u00e1s. Ya sabes que te hace da\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pero es que la vieron contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Co\u00f1o, Edgar, creo que&#8230; creo que no me gusta lo que est\u00e1s insinuando&#8230; \u2013dice el hombre mientras aplasta el cigarrillo contra la pared y respira hondo para no soltar un gemido cada vez que la mujer le devora el glande.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Perdona, hermano, perdona. Es que Mar\u00eda Isabel est\u00e1 muy rara. Llega tard\u00edsimo todas las noches. Apenas me habla. Ahora incluso se pasa los fines de semana con los amigos de la oficina y vuelve borrach\u00edsima. Ella nunca fue una santa, t\u00fa lo sabes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Edgar&#8230; No.. .no creo&#8230; \u2013dice el hombre y cierra los labios con violencia pues la mujer ha comenzado a azotarle los test\u00edculos con dulces leng\u00fcetazos\u2013. No creo que debas insistir en una historia tan vieja. Ten\u00edamos diecisiete a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pero es que muchas veces pienso que ella sigue enamorada de ti. Deber\u00edas verla c\u00f3mo habla de esos a\u00f1os, c\u00f3mo te nombra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Esta conversaci\u00f3n es muy inc\u00f3moda, Edgar. Mejor acu\u00e9state un rato y&#8230; \u2013La mujer comienza a soplar el miembro del hombre y otra vez se lo traga entero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 te pasa, Jes\u00fas? Est\u00e1s extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Nada&#8230;.nada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Eso es gripe. Tienes muy extra\u00f1a la voz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, algo de gripe, creo que me dio fr\u00edo en el pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Perdona que te moleste. Debes pensar que soy un imb\u00e9cil.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No&#8230; Edgar&#8230; pero quiz\u00e1s si&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Te comprendo, hermano. Soy una pobre mierda. Mira que llamarte a esta hora para preguntarte por mi esposa. Preguntarte por una perra que a cada rato me deja botado en las reuniones. S\u00ed, Jes\u00fas, no te sorprendas. Me pasa muchas veces. Una noche incluso la encontr\u00e9 en el carro con dos camareros. Se la estaban cogiendo all\u00ed mismo, en el estacionamiento del Colegio de Periodistas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Edgar&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Perd\u00f3name, perd\u00f3name por contarte estas cosas, pero es que me estoy volviendo loco. Lo que debo hacer es pegarme un tiro de una buena vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Edgar&#8230; eso no&#8230; soluciona nada \u2013jadea el hombre al ver que la mujer comienza a combinar las succiones con una paja que realiza atenaz\u00e1ndole el pene con dos dedos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo lo s\u00e9, hermano. Yo lo s\u00e9. Pero es que todo me est\u00e1 saliendo mal. En la publicidad nunca m\u00e1s me subieron el sueldo. Tenemos que vivir del trabajo de Mar\u00eda Isabel. Y estoy seco, hermano. No he podido volver a escribir desde que termin\u00e9 esa jodida novela.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Bueno&#8230; ma\u00f1ana podremos hablar, para eso viniste.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Tienes que ayudarme, Jes\u00fas. Ay\u00fadame a publicar esa novela en Madrid, hermanito. Eso lo cambiar\u00eda todo. Te lo juro, hermanito. Yo nunca olvidar\u00eda ese favor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013C\u00e1lmate, Edgar&#8230; \u2013dice el hombre y comienza a fingir un ataque de tos cuando observa a la mujer quitarse la blusa para atrapar el pene entre sus senos\u2013. De verdad&#8230;as\u00ed, as\u00ed no debes estar. No te hagas tantas ilusiones&#8230; ac\u00e1 salen miles de libros cada a\u00f1o&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Eso dice la perra de Mar\u00eda Isabel. Claro, como ella es tan bruta. Qu\u00e9 bestia es. Te juro que la odio. Pero hoy estuvimos en la Casa del Libro y vimos tu novela en el mes\u00f3n, y entonces ella sale y me dice que nadie tiene tiempo de leer tantas vainas. Paj\u00faa. Lo dice como para consolarme, como para que yo no me sienta la mierda que ella quiere que sea.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Es verdad, Edgar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Puede ser. Puede que sea cierto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Oye, Jes\u00fas, de verdad no sabes cu\u00e1nto te agradezco que me escuches. Se te nota que est\u00e1s enfermo. Ya no te voy a fastidiar m\u00e1s, co\u00f1o, pero es que me vuelvo loco en este hotel sin saber d\u00f3nde anda mi esposa. Ella tampoco conoce demasiado esta ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Eso es lo que yo digo, no conoce Madrid y por qu\u00e9 carajo se me pierde. Yo pensaba que la encontrar\u00eda en la habitaci\u00f3n, y hasta ten\u00eda ganas de disculparme porque en la reuni\u00f3n no le hice demasiado caso. Pero bueno, estuve tratando de hablar con estos editores de Barcelona. Ah y tambi\u00e9n habl\u00e9 con tu agente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Claro&#8230; \u2013susurra el hombre mientras la mujer lo masturba con sus senos erectos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Gracias, Jes\u00fas, te agradezco mucho que tambi\u00e9n me hayas presentado a tu agente. Eso no lo hace cualquiera. T\u00fa sabes que all\u00e1 los colegas son una mierda. Pero te lo agradezco. Yo creo que le ca\u00ed bien al tipo. Me dio su tarjeta. Eso es una buena se\u00f1al, \u00bfverdad?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, supongo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Eso dijo Mar\u00eda Isabel, co\u00f1o, pero es que con ella no s\u00e9 qu\u00e9 pensar. A veces creo que se est\u00e1 burlando de m\u00ed, otras veces creo que me est\u00e1 dando apoyo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo&#8230; te dir\u00eda que le des otra oportunidad&#8230; \u2013dice el hombre y suelta un peque\u00f1o gemido pues la mujer mantiene atenazado su pene entre los senos y comienza a darle peque\u00f1os golpes con la lengua.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013A lo mejor tienes raz\u00f3n. Pero es que somos una cagada. Hoy peleamos antes de ir a la reuni\u00f3n con los editores y con los agentes. Yo le coment\u00e9 algo de ti, de tu rueda de prensa, y cuando la vi tan emocionada con tu nueva novela me sent\u00ed indignado. Le dije que te sedujera esta noche para que t\u00fa me ayudaras a publicar mi libro en Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfHiciste eso? \u2013interroga el hombre y por unos instantes cree que la erecci\u00f3n se le corta, pero la mujer comienza a darle violentos chupones en el glande.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, hermano. As\u00ed de mal estamos. Somos capaces de decirnos esas vainas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ya&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Qu\u00e9 mal te oyes, Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ya voy a dejarte. Estar\u00e1s cansado. Gracias por todo, hermano. Ah, muchas gracias por presentarme tambi\u00e9n a la muchacha esa que acaba de abrir una editorial, la rubiecita joven. \u00bfArantxa G\u00f3mez es que se llama? La que estaba junto a los profesores de la Complutense.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, s\u00ed&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Creo que le interes\u00f3 mi trabajo. La llam\u00e9 un par de veces desde que llegu\u00e9 y la noto interesada. F\u00edjate que me parece que Mar\u00eda Isabel se puso un poco celosa cuando me encontr\u00f3 hablando con ella. Esa perra de Mar\u00eda Isabel. \u00bfD\u00f3nde puede estar a esta hora? \u00bfDe verdad la viste con el C\u00f3nsul?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, Edgard&#8230; pero seguro que se distrajo con otra gente&#8230; se tom\u00f3 una ca\u00f1ita y en un rato&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Te voy a decir algo, Jes\u00fas. Es algo delicado. Es algo que te digo porque estoy borrach\u00edsimo, porque t\u00fa te has portado bien conmigo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Edgar&#8230; hablamos ma\u00f1ana&#8230; \u2013jadea el hombre al distinguir la pericia de las manos de la mujer: con una lo masturba a \u00e9l y con la otra se alza el seno lo justo para poder chuparse a s\u00ed misma un pez\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Mar\u00eda Isabel es una perra, es verdad. Pero hoy cuando le dije que te sedujera no lo hice para insultarla. A ese punto he ca\u00eddo, hermano. Soy capaz de dejar que se cojan a mi esposa con tal de publicar esa jodida novela en Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo&#8230; yo no puedo ayudarte en eso&#8230; No te lo puedo garantizar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Esto que te digo es muy privado, Jes\u00fas. Mi matrimonio est\u00e1 reventado. Pero mejor no te molesto m\u00e1s. \u00bfMa\u00f1ana nos vemos a las diez?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Hablamos&#8230; ma\u00f1ana&#8230; ma\u00f1ana \u2013dice el hombre y cuel\u00adga el tel\u00e9fono al tiempo que comienza a eyacular sobre los senos de la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Acostados sobre la alfombra, el hombre y la mujer escuchan algo de m\u00fasica. Ella sigue la melod\u00eda con sus labios y fuma interminables cigarrillos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Me da l\u00e1stima Edgar \u2013murmura el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Es un hijo de puta \u2013responde la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Bueno, pero fuimos amigos. No demasiado amigos, pero bebimos unas cuantas cervezas juntos all\u00e1 en Caracas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Es un hijo de puta. Un hijo de puta aburrido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfLo dices por la novela?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Por todo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pienso muchas veces que si debo regresarme, Edgard ser\u00e1 de los que se alegrar\u00e1n de verme.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No regreses.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ojal\u00e1 fuese tan f\u00e1cil. Deber\u00edas ver c\u00f3mo andan mis ahorros, pero nada, ahora no vamos a hablar de dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Hablemos de Edgar, entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Me da lastima. No te burles del pobre carajo.<\/p>\n\n\n\n<p>El tel\u00e9fono vuelve a sonar. El hombre se levanta; camina desnudo hasta el sal\u00f3n para responder.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Jes\u00fas, perd\u00f3name. Soy yo. S\u00e9 que es muy tarde. Pero es que Mar\u00eda Isabel acaba de llegar al cuarto. Estuvo un rato con el C\u00f3nsul y la esposa. Se qued\u00f3 dormida apenas la arrop\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ya.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pero no es eso lo que te quer\u00eda contar. Habl\u00e9 con la editora, con Arantxa G\u00f3mez. Me dice que est\u00e1n pensando firmar conmigo. Parece que hay dos editoriales muy grandes interesadas en mi novela y ella quiere picar adelante. Lo feliz que se pondr\u00e1 Mar\u00eda Isabel cuando se lo diga. Dos o tres editoriales, imag\u00ednate.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfCu\u00e1les, Edgard?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Varias editoriales importantes. No te quiero adelantar nombres. Ya sabes que soy un poco supersticioso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Me alegra, Edgard. Ahora creo que debes descansar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Mar\u00eda Isabel se durmi\u00f3. Si no, te la pasaba para que la saludaras. Est\u00e1 completamente dormida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No te preocupes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ma\u00f1ana la ver\u00e1s. Estoy seguro de que cuando se entere de esta noticia se va a alegrar. A lo mejor podemos venir a vivir ac\u00e1, o m\u00e1s bien a Barcelona, a Mar\u00eda Isabel le gusta mucho la playa. Pero eso lo hablaremos despu\u00e9s. L\u00e1stima que haya llegado con tanto sue\u00f1o. Me hubiese gustado que la saludaras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ma\u00f1ana hablaremos, Edgard. Te dejo porque me estoy cayendo de cansancio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Claro, claro. Igual pensaba que pod\u00edamos tomarnos un traguito ahora mismo. Madrid tiene tantos lugares para ir.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Hoy no. Es mi\u00e9rcoles. Te lo explico despu\u00e9s, Edgard. Quiz\u00e1s tenga fiebre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Claro, Jes\u00fas. Claro. Esto que te estoy contando no quiere decir que no me interese el contacto con tu agente. Esta muchacha apenas comienza y adem\u00e1s a m\u00ed me gusta el trabajo que ha hecho este se\u00f1or contigo. Yo estar\u00eda feliz si ese se\u00f1or quiere firmar contrato para mover mi novela.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ya. Ma\u00f1ana a las diez te espero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Mar\u00eda Isabel se molestar\u00e1 mucho porque no la despert\u00e9 para que hablase contigo, pero es que est\u00e1 muy dormida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Chao, Edgard.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre camina hasta el sitio donde la mujer termina de fumar. Un olor dulce flota en el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfEdgard otra vez?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Hijo de puta. Se merece lo que le ocurre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Le pasan muchas vainas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfApareci\u00f3 Mar\u00eda Isabel? \u2013pregunta la mujer y suelta una carcajada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed, claro. Me coment\u00f3 que estaba muy dormida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfS\u00f3lo quer\u00eda decirte eso?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Tambi\u00e9n me dijo que t\u00fa acabas de llamarlo, que tu edi\u00adtorial ten\u00eda mucho inter\u00e9s en inaugurar el cat\u00e1logo con su novela porque otras dos o tres editoriales estaban contemplando una edici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Gilipollas. No ha dejado de aburrirme desde que lleg\u00f3. Ayer lo iba a mandar a tomar por saco.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Es mi amigo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ese t\u00edo no es tu amigo. Por favor, dile ma\u00f1ana que no insista con el tema de su novela. Le enviamos una carta de rechazo hace dos semanas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Quiz\u00e1s si le cambiara el t\u00edtulo&#8230; hasta luego, m\u00edster salinger es muy soso.<\/p>\n\n\n\n<p>El tel\u00e9fono vuelve a repicar. Una, dos, tres veces.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre suspira impaciente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY ahora qu\u00e9 me ir\u00e1 a decir? \u2013susurra y descubre que la mujer comienza a entrecerrar los p\u00e1rpados. La madrugada vibra con la insistencia de cada repique. El hombre se levanta. Sigiloso camina hasta el sal\u00f3n, se queda pensativo unos instantes y luego con un gesto muy suave desconecta el cable del tel\u00e9fono.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La bicicleta de Bruno<\/h3>\n\n\n\n<p>Tuve fiebre, Gianna, mucha fiebre. Tengo otra fiebre como esta hace muchos a\u00f1os, Gianna, as\u00ed que no puedo callarme, nunca te lo he dicho pero tienes que saberlo ahora, tengo fiebre, Gianna \u00bfno comprendes? Es como la picadura de un insecto. Guardas algo, algo peque\u00f1o, tan peque\u00f1o que parece no importar pero que te va jodiendo un poco, que se inflama, que te duele, Gianna, que te duele porque no eres tan tan limpio como te piensan, y en esta jodida fiebre todo vuelve, amor, todo regresa.<\/p>\n\n\n\n<p>Fu\u00ed yo, Gianna.<\/p>\n\n\n\n<p>No, no me voy a callar. Claro que me duele la cabeza, me duelen los huesos y los ojos. Hoy al salir de la oficina olvid\u00e9 el paraguas en el escritorio. Y llov\u00eda, claro, llov\u00eda mucho. Y fue eso, claro, pero ahora quiero contarte Gianna, quiero hablarte porque la fiebre me ahoga y siento una ara\u00f1a caminando en mi garganta. Debo hablarte, debo hablar porque el aire se est\u00e1 haciendo muy h\u00famedo, apenas puedo tragarlo, apenas puedo Gianna, pero fu\u00ed yo. Fu\u00ed yo, all\u00e1 en la vereda 12 n\u00famero 3, en la casa azul, en la casa junto a la tuya.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy yo que salta en el jard\u00edn y encuentro un sapo y me quedo paralizado al ver sus ojos, hinchados, como una bolsa a punto de estallar. Soy yo. Entonces alargo mi mano y me repugna la sensaci\u00f3n de su piel y es como si algo fr\u00edo me quemase los dedos. \u00bfNunca te ha pasado, Gianna? Entro a casa corriendo y me quedo callado, pero ya en la noche estoy prendido en fiebre. Y grito porque el sapo se escucha en el jard\u00edn, croando, saltando entre las matas y los arbustos. Y algo como vidrio, como escarcha, se va regando en mis brazos, en mis hombros. Entonces mi madre me cambia la camisa empapada de sudor y me pide que duerma. Mi padre me coloca sus manos heladas en la frente y me dice que duerma, t\u00fa me abrazas y me pides que duerma, pero no, Gianna, no insistas, no voy a callarme, tengo que hablar, no quieran ustedes que me calle, porque si lo hago all\u00ed estar\u00e1 el sapo en la puerta del apartamento, y all\u00ed estar\u00e1 la ara\u00f1a colgando entre mis dientes, saltando entre mis muelas, esperando que deje de hablar para saltar sobre mi garganta y ahogarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Fu\u00ed yo, ya se los dije. Fu\u00ed yo, pap\u00e1, yo que estoy ahora con la espalda y las piernas adoloridas. Y as\u00ed me encuentras, Gianna, los o\u00eddos llenos de burbujas, los p\u00e1rpados inflados, densos. Ya despu\u00e9s me llevas al cuarto y cuando me arropas dices que estoy enfermo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPero c\u00f3mo puedes estar as\u00ed, junto a m\u00ed, con esos ojos, y esa cabellera larga, y ese cuerpo tan blanco y tan desnudo? Llegaste hace pocos meses. Te vi desde el jard\u00edn, o quiz\u00e1s apenas te distingu\u00ed pues eras un peque\u00f1o bulto entre los brazos de tu madre. Todos te vimos y alguien dijo que la vereda se iba a llenar de emigrantes porque cuando llegaba uno llegaban todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso no puedo callarme, Gianna.<\/p>\n\n\n\n<p>Escucho desde el patio las voces agudas, ese sonido que tienen ustedes cuando hablan, como de viento soplando entre botellas. Pero no. T\u00fa tienes un a\u00f1o de nacida, son ellos, tus padres, tus hermanos, quienes conversan, r\u00eden, gritan, y yo los imito burl\u00e1ndome porque me parece que nadie puede entenderse hablando con esas palabras tan extra\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces cuando pasan las semanas tu hermano Giuseppe comienza a salir a la calle y nos mira de lejos, como queriendo unirse a nosotros. Pero es tan opaco, tan p\u00e1lido, tan mal vestido, Gianna, y adem\u00e1s no habla espa\u00f1ol, y cuando un d\u00eda se nos acerca lo rodeamos entre todos y comenzamos a empujarlo y a gritarle que se vaya a comer espaguetis, a comer espaguetis, y a \u00e9l se le ponen los ojos rojos pero no llora, y cuando se da la vuelta para irse yo veo que lleva unos pantalones muy grandes, unos pantalones que no pueden ser suyos, y comienzo a decirle: culo ancho, culo ancho, culo ancho, y ya luego le doy una patada. Entonces \u00e9l comienza a correr y todos lo perseguimos hasta que logra esconderse en su casa, Gianna, all\u00ed donde t\u00fa duermes, donde lloriqueas.<\/p>\n\n\n\n<p>Fu\u00ed yo, Gianna, siempre fu\u00ed yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy yo quien m\u00e1s grita, quien m\u00e1s corre montado en la bicicleta cada vez que tu hermano sale a comprar y todos lo seguimos para lanzarle piedras.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Giuseppe es r\u00e1pido y cada vez conoce mejor la urbanizaci\u00f3n. Logra esconderse, escabullirse, Gianna, y alguna vez hasta se r\u00ede de nosotros cuando corre a nuestro lado llevando la compra en la mano y no se deja pegar ni una sola pedrada.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa apenas existes, Gianna, te oigo a veces desde mi cuarto: un quejido, un murmullo, pero s\u00f3lo comienzas a salir a la calle cuando ya caminas y Giuseppe te lleva tomada por una de tus peque\u00f1as manos. Y as\u00ed llega el d\u00eda, Gianna, en que los vemos andando juntos y yo me lanzo con los bolsillos llenos de piedras a perseguirlos pero veo que ninguno de mis amigos me sigue, entonces los llamo, los animo, pero nadie me acompa\u00f1a, \u00abco\u00f1o, va con la g\u00fcarita\u00bb, y furioso me coloco frente a ustedes dos y lanzo un pe\u00f1onazo que salta en tus pies y levanta polvo. Entonces tu hermano te carga en brazos y comienza a correr entre los \u00e1rboles, escurri\u00e9ndose entre los carros, brincando las zanjas. Giuseppe es \u00e1gil pero ahora su velocidad es menor porque tiene que cuidar que no te caigas, entonces yo aprovecho para apuntar mis pe\u00f1onazos. Acierto una, dos, tres veces, y un sonido como el de tambor sacude la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero me duele la cabeza, Gianna. Y a tu padre no lo vemos casi nunca. Ya t\u00fa me dices, claro, trabajaba doce horas en una f\u00e1brica de ropa, toda la noche, claro, y en el d\u00eda dorm\u00eda un poco para repartir n\u00fameros de loter\u00eda en la tarde, y hacer arreglos de electricidad. Y un d\u00eda frente a la casa de ustedes aparece el carro: Un volkswagen, un rojo, brillante y muy nuevo volkswagen.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucha gente lo coment\u00f3 con extra\u00f1eza, con rabia. El volkswagen en medio de la vereda era como un insulto, como una provocaci\u00f3n para todos esos carros viejos, olorosos a aceite quemado, a humo, a frituras, a sudor, que sal\u00edan cada ma\u00f1ana de las otras casas. Y fu\u00ed yo, Gianna, fu\u00ed yo el que pinchaba los cauchos cada viernes, con un clavo peque\u00f1ito, muy delgado, casi un alambre, y sent\u00eda el silbido, un soplo ligero, una agon\u00eda muy suave.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso me asomaba a ver a tu pap\u00e1 cada s\u00e1bado. Silencioso, hosco, mirando a todas partes como para adivinar al autor de la fechor\u00eda. Y sus brazos peludos, y sus manos gruesas, daban un golpe aqu\u00ed, otro all\u00e1, colocaban un parche, hasta que el volkswagen estaba otra vez erguido, alzado en cuatro cauchos negros, relucientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero encuentro el sapo en el jard\u00edn, Gianna, lo encuentro y hasta pens\u00e9 en arrojarlo al patio de ustedes para escuchar los gritos de tus hermanas, o\u00edrlas a ellas, a las dos, tan p\u00e1lidas y maravillosas, con esas bocas gruesas, con ese caminar onduladito, con esos culos alzados, orgullosos de s\u00ed mismos, con esas caderas asesinas que destrozaban la vereda cada vez que sal\u00edan a caminar. Entonces call\u00e1bamos, mi padre callaba, los vecinos callaban, los \u00e1rboles, las casas, los faros de la calle, el cielo, las nubes, el mundo entero callaba para ver c\u00f3mo tus hermanas caminaban por la Vereda 12 hasta llegar a El Obelisco. Y era mi futuro que se estaba mostrando, porque as\u00ed caminar\u00edas t\u00fa quince a\u00f1os despu\u00e9s, izquierda derecha, izquierda derecha, pa ti pa m\u00ed pa ti pa m\u00ed musiuita bella, estrujando mi coraz\u00f3n con cada paso, con esos pantalones, con esa cabellera casta\u00f1a y larga.<\/p>\n\n\n\n<p>No, Gianna, no me callo, no me digas que hasta con fiebre quiero abrazarte, que hasta con fiebre. Porque fu\u00ed yo, Gianna, fu\u00ed yo Gianna, y la nonna y tu papa y tu mamma que me abrazan el d\u00eda de nuestra boda, sin saber que fui yo Gianna, siempre fui yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque agarro el sapo con la mano y siento un escalofr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo as\u00ed como una conciencia de que algo no va bien, de que debo escapar, de que debo huir. Y en la noche es la fiebre, soy la fiebre, as\u00ed que mi madre toma agua fr\u00eda para ponerme pa\u00f1os en la cabeza. Pero yo me agito. D\u00edas atr\u00e1s tu hermano me mira, sin soltarte la mano se acerca y me da un golpe que me lanza contra la pared. All\u00ed me quedo, Gianna, odi\u00e1ndolos, jurando quemar tu casa, romper los vidrios de las ventanas. Y ahora mismo escucho sus gritos, lo escucho jugando f\u00fatbol con mis amigos, riendo con ellos, saltando, y nadie me hace caso cuando sugiero que le tiremos piedras, porque Giuseppe acaba de hacer un gol de media volea, y no s\u00f3lo habla un espa\u00f1ol perfecto, sino que le escucho expresarse en un guaro cerrado, cerrad\u00edsimo. Tengo fiebre, Gianna, ahguaropendejo mir\u00e1paquemehag\u00e1selpase bahsi\u00e9. Y tengo fiebre, Gianna, nosab\u00e9sjugar eslavainapues. Tengo fiebre, Gianna, pero le digo a mam\u00e1 que debo salir a la vereda, porque Giuseppe hace otro gol, Gianna. Ya m\u00e1s nunca mis amigos querr\u00e1n jugar conmigo. Tengo fiebre pero debo salir, aunque el sapo est\u00e9 afuera y la ara\u00f1a camine por mis enc\u00edas y quiera cerrarme la garganta.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces como no mejoraba me pusieron la televisi\u00f3n. Al principio miraba un poco. En medio de los temblores, parec\u00eda que me serenaba el olor mentolado del cuarto, el sabor de la pepsi\u2014cola, pero el sapo estaba afuera, y volv\u00eda el ardor en los ojos, la inflamaci\u00f3n de la garganta. Vuelven. Me duele el cuerpo entero, y eres tan bella, tan desnuda, Gianna, caminas tan bello, caminas como Sof\u00eda Loren paralizando el tr\u00e1fico de Roma, paralizando la respiraci\u00f3n de Mastroiani, y yo la veo, toda curvas, toda ojos, boca, toda toda, pero estoy peque\u00f1o, no s\u00e9 qui\u00e9n es Loren ni qui\u00e9n es Marcelo, ni s\u00e9 qu\u00e9 es Roma porque tengo fiebre y en la televisi\u00f3n est\u00e1n dando un ciclo de cine italiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya luego me duermo. Algo ocurre en una comisar\u00eda, reparten tazas de caf\u00e9, la Loren apenas se afeita, y aunque eso es horrible me sigue gustando c\u00f3mo camina, y t\u00fa me dices que all\u00e1 se usaba eso, pero que t\u00fa siempre te has afeitado, entonces yo te amo, pero me arde la cabeza, me estallan las sienes, yo te amo, Gianna, ti amo, pero mam\u00e1 me coloca rueditas de papa en la frente mientras tiemblo bajo las cobijas.<\/p>\n\n\n\n<p>Giuseppe ya debe haber hecho noventa goles esta tarde; cien, doscientos goles. Ahora en mitad de lo oscuro, en plena madrugada, la vereda sigue retumbando con los balonazos. Pero es mentira, ma\u00f1ana cuando salga ya no podr\u00e9 perseguirlo. Hace tres d\u00edas volvimos a pegarnos, lo sacud\u00ed un par de veces, Gianna, y \u00e9l tambi\u00e9n logr\u00f3 empujarme, pero cuando nos separaron, mis amigos no se rieron, no hablaron, alguno incluso me reclam\u00f3 que esperase que el Musi\u00fa estuviese de espaldas para tir\u00e1rmele encima, y nadie dijo m\u00e1s nada, pero yo supe que ese silencio, que esos rostros serios.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed estamos, Gianna, una concha de pl\u00e1tano en la cabeza, un sabor de tierra seca en mis enc\u00edas, y mi madre coloca agua helada en un tobo para hundirme unos segundos. Vendr\u00e1 el doctor. Lo s\u00e9. No lo llamen. Que me va a inyectar. No lo llamen. Y esas manos amarillas, ese olor de yodo, esa voz carrasposa. No lo llames, Gianna, que el sapo est\u00e1 en la puerta, el sapo quiere entrar. Te lo juro, Gianna, las ara\u00f1as cuelgan del techo, y caminan, caminan para lanzarse entre mis dientes y asfixiarme.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed hasta que ponen una nueva pel\u00edcula. Y un hombre coloca carteles en las paredes, luego avanza en su bicicleta, y coloca m\u00e1s carteles. Creo que cierro los ojos, creo que me duermo, pero alguien llega y le roba la bicicleta. El hombre corre, corre. El hombre corre desesperado.<\/p>\n\n\n\n<p>No puedo, Gianna, no puedo calmarme. El hombre corre, corre much\u00edsimo hasta que se da cuenta que es imposible alcanzar al ladr\u00f3n. Y entonces entiendo que el hombre trabaja con su bicicleta, que sin ella pasar\u00e1 hambre, que sin ella \u00e9l no puede hacer nada, no vale nada, que sin su bicicleta la vida es una mierda, y lloro un poco y mam\u00e1 no entiende.<\/p>\n\n\n\n<p>Las calles son opacas, la gente es una sombra. Los ni\u00f1os llevan los pantalones muy anchos, como Giuseppe cuando lleg\u00f3 a la vereda. All\u00ed veo al hombre caminando con tu hermano. All\u00ed est\u00e1 el hombre persiguiendo su bicicleta en medio de una ciudad blanco y negro, trist\u00edsima, poblada de rostros macilentos, huesudos. Pero la bicicleta no aparece y tu hermano que ahora se llama Bruno camina tomado de la mano con aquel hombre que tiene el miedo en los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>No, Gianna, no es la fiebre, no me coloques la mano entre las cejas, tu hermano ese d\u00eda se llamaba Bruno y estaba all\u00ed en el televisor, est\u00e1 all\u00ed caminando con aquellos pantalones inmensos que debe haber heredado de tu padre, y entonces aparezco yo y empiezo a patearlo: culo ancho, culo ancho, culo ancho. Pero me quedo paralizado unos segundos porque veo a ese hombre y a tu hermano caminando trist\u00edsimos, preguntando, corriendo por calles llenas de bicicletas ajenas. Entonces los sigo unas cuadras y ya despu\u00e9s no vuelvo a gritar culo ancho, culo ancho, porque me parece que Giuseppe no entiende que ahora todos ustedes morir\u00e1n de hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final parece que tu padre descubre al ladr\u00f3n de la bicicleta, lo captura, pero la gente lo defiende. Intentan linchar a tu pap\u00e1, Gianna, lo van a matar. Entonces Giuseppe llama un polic\u00eda, pero el mundo es esos rostros llenos de fiebre, esos ojos de yeso, esas mand\u00edbulas afiladas, esas pieles de sudor y cebolla. Tu hermano Bruno se lleva a tu padre, Gianna. S\u00ed, no insistas, Bruno, Bruno, Bruno en la vereda 12 huyendo de mis pedradas, y buscando que tu padre recupere su bicicleta.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque fu\u00ed yo, ya te lo dije. Fui yo. Una semana antes esper\u00e9 que todo el mundo durmiera y camin\u00e9 hasta el volkswagen, logr\u00e9 forzarlo y con mucho sigilo le vaci\u00e9 medio kilo de az\u00facar al motor. Entonces en la ma\u00f1ana me despert\u00e9 con los gritos de mi pap\u00e1: Hay gente co\u00f1oemadre en el mundo, envainar as\u00ed al pobre italiano, rug\u00eda y cuando me asom\u00e9 los vi a todos ustedes alrededor del volskwagen, como mirando un cuerpo hinchado que se lleva el r\u00edo. All\u00ed estaba tu padre, sentado en la acera, con el rostro ausente y los ojos vidriosos. \u00abNo importa\u00bb, dec\u00eda, \u00abno importa\u00bb y golpeaba el asfalto con una llave. \u00bfTe das cuenta? Bruno y tu pap\u00e1 desolados. Entonces en medio de la desesperaci\u00f3n, a tu padre le llega una serenidad muy extra\u00f1a; la serenidad de la agon\u00eda, y dice que la vida no puede ser tan mala, que hay que guardar alguna fe en que encontrar\u00e1n la bicicleta, y los dos se detienen en un restaurante. \u00c9l pide algo de vino y Giuseppe come una mozarella en carroza. Pero tendr\u00edas que ver la cara de tu padre en la televisi\u00f3n: una cara blanco y negro, una especie de locura en blanco y negro, una placidez en blanco y negro, y afuera se ve el volkswagen rojo, inutilizado, lleno de polvo, con el motor destruido, Gianna, porque fui yo, co\u00f1o, fui yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y desde entonces yo no recuerdo nada m\u00e1s triste, nada m\u00e1s devastador que la cara de tu padre junto a su volkswagen, o a Giuseppe, pas\u00e1ndole un trapo a los vidrios, sin saber muy bien para qu\u00e9. \u00bfNo lo ves, Gianna? Por eso odio la mozarella en carroza, por eso no puedo comerla con ustedes, porque all\u00ed estaba Giuseppe, como quien se despide de algo, como quien asiste a un final, a un cierre. Co\u00f1o, Gianna, y entonces eran tu padre y tu hermano Bruno caminando por Roma, derrotados para siempre, peque\u00f1os, muy peque\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que piensas que es la fiebre. Mam\u00e1 me da una nueva pastilla, pap\u00e1 llama al m\u00e9dico, y t\u00fa crees que se trata de la fiebre. Me tomas la temperatura y te veo con los ojos entrecerrados adivinando la l\u00ednea de mercurio en el term\u00f3metro. No lo llamen, no lo llamen, murmuro, y ya luego no s\u00e9 muy bien qu\u00e9 pasa excepto que estoy llorando, lloro mucho, y ustedes se asustan, pero es que Giuseppe y tu padre caminan destruidos, tomados de la mano. \u00bfNo lo ves? Jam\u00e1s y nunca podr\u00e9 saborear la mozarella en carroza que tu hermano come esa tarde. All\u00ed van los dos, parecen unas manchas de humedad flotando sobre el asfalto, con el carro rojo al fondo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces cuando volvi\u00f3 la madrugada, mi mam\u00e1 se qued\u00f3 dormida y yo me pongo en pie. Me tiemblan las rodillas, me duelen. Mi cuerpo es una bolsa de aire, un ardor.<\/p>\n\n\n\n<p>Abrigado con la cobija salgo a la vereda. Creo que nunca he visto tantas estrellas en el cielo. Un cielo limpio, como reci\u00e9n lavado. Y la brisa tibia se me clava en los huesos, Gianna. Pero sin pensarlo avanzo, avanzo y cuando llego frente a la casa de ustedes me detengo en la reja. Me falta el aire, Gianna. Me cuesta respirar, pero siento que la fiebre y el canto de los grillos me hunden en un sopor agradable. Me voy quedando dormido, luego abro los ojos, y entonces aparece mam\u00e1, quiere llevarme a casa y me levanta en brazos. Le grito que no, Gianna, que me deje, que por favor espere a que ustedes enciendan las luces, que Giuseppe salga a la ventana y se d\u00e9 cuenta que le he dejado mi bicicleta en su jard\u00edn, que vea c\u00f3mo brilla en medio de la noche, que vea la bicicleta, Gianna. Pero mam\u00e1 me lleva en brazos, y mi padre aparece diciendo algo del m\u00e9dico. Entonces grito, el sapo me mira con sus ojos inmensos, pero nadie me escucha, grito varias veces y pido que dejen la bicicleta en el jard\u00edn de Bruno, que la dejes all\u00ed, Gianna. Y entonces mi padre, sin entender lo que ocurre, la coloca frente a tu casa. Y all\u00ed resplandece bajo la luna. Y llamo a tu hermano, y llamo a tu padre para que le vean y no sigan desolados caminando por Roma, pero nadie me oy\u00f3, amor, nadie escuch\u00f3, s\u00f3lo persiste una ara\u00f1a caminando en mi garganta, tratando de ahogarme. Y es que soy la fiebre, amor, s\u00f3lo soy la fiebre.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro que no conoc\u00eda tu cuerpo de curvas tan peligrosas como las de la Loren, pero la bicicleta est\u00e1 bajo la luna y s\u00e9 que Giuseppe la ver\u00e1 ma\u00f1ana. All\u00ed estar\u00e1 la bicicleta para que no haya m\u00e1s Roma, ni pesadilla, ni blanco y negro, ni Volkswagen rojo, ni mozarella. Pero soy la fiebre, amor, s\u00f3lo soy la fiebre, y la bicicleta est\u00e1 all\u00ed, y ustedes nunca entendieron, t\u00fa no comprendiste que es una se\u00f1al, una disculpa, un signo incomprensible y fugaz, como la fiebre, Gianna, como esa fiebre.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que desaparezcan los sapos, amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que de una vez y para siempre se acaben las ara\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-carlos-mendez-guedez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hasta luego, m\u00edster Salinger El hombre y la mujer beben cerveza. Suena el tel\u00e9fono. \u2013Al\u00f3. \u2013Jes\u00fas \u00bferes t\u00fa? \u2013S\u00ed. \u00bfQui\u00e9n habla? \u2013responde el hombre. \u2013Soy yo, Edgar. 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