{"id":8986,"date":"2023-10-01T21:47:29","date_gmt":"2023-10-01T21:47:29","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8986"},"modified":"2023-11-24T18:11:21","modified_gmt":"2023-11-24T18:11:21","slug":"dos-ensayos-de-miguel-gomes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-ensayos-de-miguel-gomes\/","title":{"rendered":"Dos ensayos de Miguel Gomes"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Eugenio Montejo y la po\u00e9tica del ensayo<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Desde sus inicios, el ensayo se ha caracterizado por su enf\u00e1tica conversi\u00f3n de la subjetividad en asunto. El \u201cAviso al lector\u201d de Michel de Montaigne era claro, aun desafiante, al respecto:<\/p>\n\n\n\n<p>Este es un libro de buena fe, lector. De entrada, te advierto que no me propuso otro fin m\u00e1s que dom\u00e9stico y privado [\u2026]. Si yo hubiera estado entre los pueblos que seg\u00fan se dice viven a\u00fan con la dulce libertad de las primeras leyes de la naturaleza, te aseguro que con gusto me hubiera pintado de cuerpo entero y completamente desnudo. As\u00ed que soy yo mismo, lector, la materia de mi libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Trasplantado a Hispanoam\u00e9rica, el g\u00e9nero no siempre ha conservado el dialogante intimismo de su g\u00e9nesis. De hecho, David Lagmanovich, uno de sus m\u00e1s perspicaces estudiosos, dijo que a lo largo del siglo XIX y residualmente en el XX la subjetividad montaigniana dio paso a un \u201censayo del nosotros\u201d en que la escritura se presenta como testimonio de voluntades colectivas de las cuales el escritor se siente int\u00e9rprete: pi\u00e9nsese en \u201cNuestra Am\u00e9rica\u201d de Jos\u00e9 Mart\u00ed o \u201cNuestros indios\u201d de Manuel Gonz\u00e1lez Prada. El plural remite a una comunidad que medita acerca de angustias pol\u00edticas inmediatas, continentales o nacionales, a trav\u00e9s del intelectual-portavoz. El ensayista del Nuevo Mundo, pudo agregar, se ha adaptado a circunstancias poscoloniales desconocidas para los <em>Ensayos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el siglo XX venezolano, ese \u201censayo del nosotros\u201d tuvo todav\u00eda fuerza hasta entrados los a\u00f1os sesenta, coincidiendo con la consagraci\u00f3n de figuras como Mariano Pic\u00f3n Salas, Arturo Uslar Pietri o Luis Beltr\u00e1n Guerrero, para quienes la patria e historia fueron principios indispensables. Junto con la colectividad, estos ensayistas de la tierra usaban ensalzar el humanismo. No solo su cosmovisi\u00f3n es antropoc\u00e9ntrica; tambi\u00e9n su ret\u00f3rica. Un vistazo a ciertos t\u00edtulos basta para darse cuenta: <em>Hora y Deshora. Temas human\u00edsticos<\/em> (1963) de Pic\u00f3n Salas, <em>Valores humanos<\/em> (1953) de Uslar Pietri y <em>Variaciones sobre el humanismo<\/em>(1952) de Beltr\u00e1n Guerrero constituyendo aptos ejemplos. En su \u201cInterpretaci\u00f3n del Bello humanista\u201d, este \u00faltimo concreto el prototipo del \u201chombre-pueblo\u201d que ser\u00e1 \u201cpadre, maestro, gu\u00eda\u201d y tendr\u00e1 como \u201cideas madres\u201d el catolicismo, el apostolado y la romanidad, lo que supone, seg\u00fan se nos dice, \u201cuniversalidad\u201d, \u201cselecci\u00f3n\u201d y \u201cjerarqu\u00eda\u201d. La condici\u00f3n af\u00edn de esas \u201cideas madres\u201d y los<em> grands r\u00e9cits<\/em>de que habla Jean-Fran\u00e7ois Lyotard es indiscutible. Nada cuesta percibir una centralizaci\u00f3n ontol\u00f3gica que re\u00fane teo y antropocentrismo, patriarcalismo y nacionalismo. Pic\u00f3n Salas, Uslar Pietri y Beltr\u00e1n Guerrero, seg\u00fan la periodizaci\u00f3n continental de Lagmanovich, no pudo haber coincidido con lo que este denomina \u201cvanguardismo-existencialismo\u201d, pero si consideramos que a tal momento se asocian Borges, Paz, Murena o Cabrera Infante, deconstructores de anquilosamientos y supersticiones conservadoras, ser\u00edan forzados asimilar el ensayo venezolano de la primera mitad del siglo XX a lo que ocurr\u00eda en otros puntos del mundo hisp\u00e1nico, como si el siglo XIX en el pa\u00eds se hubiera extendido inmoderadamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Eugenio Montejo (Caracas 1938-Valencia, Ven. 2008) empieza a cultivar el g\u00e9nero estaban produciendo importantes rupturas con dichos patrones arcaizantes. Hacia los a\u00f1os sesenta la m\u00e1s visible radica en que los avatares nacionales ya no son el obsesivo eje de cada amago de reflexi\u00f3n. Hay cambios iguales de dr\u00e1sticas en el plano de la cosmovisi\u00f3n. Para entonces, ha observado a \u00d3scar Rodr\u00edguez Ortiz, se vuelve habitual problematizar \u201cel puesto del hombre en el ombligo del mundo\u201d. Patria, dios, historia y humanismo no vertebran totalmente los discursos, aunque persisten dispersos en algunos autores. Montejo, en<em> El taller blanco<\/em><em> <\/em>(1983), rinde cuentas de ese fruct\u00edfero desarraigo: \u201csabemos que hemos llegado no solo despu\u00e9s de los dioses, como se ha repetido, sino tambi\u00e9n despu\u00e9s de las ciudades\u201d. L\u00e9ase \u201cciudad\u201d como concreci\u00f3n del espacio social y podr\u00e1 cruzar la distancia entre el nacionalismo omnipotente de los escritores teluristas y esta persecuci\u00f3n del \u00e1mbito perdido de la palabra. \u201cPoes\u00eda en un tiempo sin poes\u00eda\u201d titula Montejo su breve pieza: en sus p\u00e1ginas se insin\u00faa la l\u00edrica \u2015no la patria ni la religi\u00f3n\u2015 como instrumento para replantear los fundamentos de la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La entrega a una po\u00e9tica postelurista no solo se verifica en el mencionado volumen, sino en <em>La ventana oblicua<\/em> (1974) y en<em> El cuaderno de Blas Coll<\/em>(varias ediciones aumentadas entre 1981 y 2007). En esta trilog\u00eda compendiadora del ensayo m\u00e1s logrado de Montejo habr\u00e1 que destacar, ante todo, un redescubrimiento de las t\u00e1cticas montaignianas de creaci\u00f3n. No se trata de que el ensayo de la tierra ignorese a Montaigne: Pic\u00f3n Salas y Uslar Pietri lo citan. Pese a ello, las remisiones tienden a resaltar mensajes morales: el autor franc\u00e9s nos instruye. Si en el telurismo la primera persona de singular se repudiaba o anexaba a una entidad plural omn\u00edmoda, el hablante b\u00e1sico posterior est\u00e1 representado a solas con sus obsesiones; cuando acude al \u201cnosotros\u201d delinea m\u00e1s una alianza de lectores o escritores que un desmesurado ser venezolano o americano. Lo que se debate es tanto el conocimiento compartido como la trayectoria de las ideas en el individuo. Se intenta, por consiguiente, una s\u00edntesis menos demag\u00f3gica de la dicotom\u00eda extrospecci\u00f3n-introspecci\u00f3n. Es <em>La ventana oblicua<\/em><em> <\/em>resulta elocuente la evoluci\u00f3n enunciativa que se manifiesta desde el texto inaugural hasta los conclusivos. En la introducci\u00f3n, el \u201cnosotros\u201d literario campea y tanto el locutor como el interlocutor son conceptuables como lectores o cr\u00edticos con un mirador contempor\u00e1neo com\u00fan desde el que repasan el pasado literario \u2014sucede as\u00ed, por ejemplo, al hablar de Novalis y \u201cnuestro\u201d necesario volver a sus\u2015. Esta manera de plasmar la subjetividad, cercana a la casi ausencia cient\u00edfica del sujeto opinante, ir\u00e1 desapareciendo: en \u201cTornillos viejos en la m\u00e1quina del poema\u201d el \u201cnosotros\u201d oscila entre la impersonalidad y su biografizaci\u00f3n como poeta contempor\u00e1neo. Inmediatamente la distancia entre objeto y sujeto se borrar\u00e1: en \u201cLa fortaleza fulminada\u201d, el autor cuyos textos se comentan, C\u00e9sar D\u00e1vila Andrade, es llamado, sin m\u00e1s, \u201cC\u00e9sar\u201d y el ensayista acaba confes\u00e1ndose como su amigo personal. En los dos \u00faltimos ensayos del libro, el protagonismo del hablante es evidente, llegando a comunicarnos sus \u201ctemores\u201d m\u00e1s fant\u00e1sticos en un l\u00fadico homenaje a Kafka \u2014\u201cLos terrores de caer en K\u201d\u2014, y, poco despu\u00e9s \u2014en \u201cUn recuerdo de Jean Cassou\u201d\u2014, memorias de viajes:<\/p>\n\n\n\n<p>En un cuaderno ya perdido tengo escrito que Par\u00eds es la ciudad donde la tierra gira m\u00e1s despacio. Es all\u00ed en ese \u00e1ngulo que mi memoria superpone alg\u00fan trazo de Vermeer, donde vivi\u00f3 esa impresi\u00f3n. Escucho fluir el Sena lechoso de cada una de estas voces. Sus pausas y sus curvas, su lentitud, rebotan aqu\u00ed de una boca a la otra como bajo los arcos de los puentes. Despacio como una meditaci\u00f3n, como un susurro del agua eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>El ensayo, imbuido de intimidad, modula no menos a la poes\u00eda, en un gesto para nada ajeno a los exhibidos por Montaigne en numerosas oportunidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Los desplazamientos a lo po\u00e9tico o emotivo podr\u00edan tenerse por caprichosos, pero la conciencia de la forma ensayo que se descubre en Montejo apunta a algo distinto. Ya la introducci\u00f3n a <em>La ventana oblicua<\/em> nos hab\u00eda prevenido acerca del \u201casistematismo\u201d y la falta de \u201cacotaciones eruditas\u201d desplegadas contra el \u201cbizantinismo\u201d de la cr\u00edtica profesional universitaria. Ser\u00eda adecuado preguntarse, en este punto, la funci\u00f3n de la imagen matriz de la \u201cventana\u201d. Se trata, en realidad, de un t\u00f3pico presente en la tradici\u00f3n ensay\u00edstica venezolana desde que lo us\u00f3 el c\u00e9lebre <em>Camino de perfecci\u00f3n<\/em> (1910) de Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez:<\/p>\n\n\n\n<p>Hay hombres que no tienen sino una sola ventana en el esp\u00edritu [yo no los envidio]. A vivir grasamente en un reino ya conquistado, prefiero conquistar mi reino [\u2026]. Por eso, a los esp\u00edritus de una sola ventana, prefiero los que son como una casa de muchos pisos que, en cada piso, tienen ventanas abiertas a los cuatro vientos, o mejor \u2015porque una casa puede ser estorbada por las casas vecinas\u2015 como un castillo se\u00f1orial en medio de una vasta pradera, y con balcones, en cada piso, que dominan los cuatro puntos cardinales.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edaz Rodr\u00edguez, el alcalde de los modernistas del pa\u00eds, hab\u00eda recurrido a la analog\u00eda para formular frente a las congeladas rigideces del positivismo \u2015frente a su mente cerrada\u2015 <em>una<\/em> apertura individual a las ideas, una aceptaci\u00f3n de la indeterminaci\u00f3n y la flexibilidad. Con tales ideales convergen los de Montejo, pues la \u201csoledad de lo mirado\u201d, la fatalidad \u201cperspectiv\u00edstica\u201d y lo captado \u201climitadamente\u201d, seg\u00fan \u00e9l, constituyendo nuestra oblicuidad, nuestra imposibilidad de alcanzar la visi\u00f3n recta, objetiva. \u201cImposibilidad\u201d, pero tambi\u00e9n don: debe recordarse con Ernst Robert Curtius, como lo hace <em>La ventana oblicua<\/em>, que \u201ctoda cr\u00edtica es [en el fondo] irracional\u201d o que, con frecuencia, su raz\u00f3n es \u201csentimental\u201d. La ciencia desaparece para el ensayista como imperativo. El autor y la obra han de leerse en conjunto, en \u201ccomuni\u00f3n fraterna\u201d: \u00bfno es esa comuni\u00f3n la que se comprueba entre sujeto anal\u00edtico y objeto analizado en el transcurso de estos ensayos? El estudio del individuo como fuerza coadyuvante de la escritura se presenta paralelo a la individuaci\u00f3n del hablante. Cimentando ambas pr\u00e1cticas est\u00e1 el destierro de los excesos de impersonalidad u objetividad: as\u00ed lo confirma, en unas cavilaciones sobre el <em>I Ching<\/em>,el asedio fascinado a la noci\u00f3n junguiana de \u201csincronicidad\u201d, como subversi\u00f3n de la \u201cmanera occidental, cient\u00edfica-causal de considerar el mundo\u201d, o las observaciones, en otra ocasi\u00f3n, sobre la \u201cvitalidad\u201d de Carlos Drummond de Andrade: \u201cal inquirir por la t\u00e9cnica de su lenguaje, damos con el hombre que lo sostiene y viceversa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El taller blanco <\/em>desarrollar\u00e1 ese modo de pensar. En el ensayo que da t\u00edtulo al volumen, la fe en el individuo se complementa con la soledad como fuente \u00fanica de creaci\u00f3n verdadera, al menos desde la \u00f3ptica del \u201cyo\u201d que, para ser coherente con su vitalismo, se caracteriza autobiogr\u00e1ficamente: la voz opinante conoce desde dentro de la poes\u00eda. La negaci\u00f3n del racionalismo se extrema en esta colecci\u00f3n y el \u201cFragmentario\u201d es, en ese sentido, texto clave, donde se destacan urgencias del hombre en el fin del milenio. Nuestra conducta \u2014como escritores y seres humanos\u2014 no puede ignorar el deber de \u201caprender a sentir\u201d; antes que buenos intelectuales hemos de llegar a ser hombres, pues \u201clo dem\u00e1s se seguir\u00e1 de ello claramente\u201d; el arte intelectual es \u201cmasculino\u201d y si se separa de la \u201cm\u00fasica\u201d y de lo \u201cfemenino\u201d, conduce al \u201cvirtuosismo mental\u201d, o sea, al \u201clugar com\u00fan\u201d \u2015el vocabulario montejiano, aqu\u00ed, se vincula de nuevo a la psicolog\u00eda de CG Jung aunque ahora no lo mencione\u2015. Se sostiene, adem\u00e1s, que \u201cEl sentimiento es fecundo porque solo \u00e9l hondamente nos ilumina. El ingenio distrae, agudiza, afina: llega al cerebro, pero no al alma\u201d. Fondo-forma, masculino-femenino, ingenio-sentimiento: balance de los supuestos contrarios. \u00bfPor qu\u00e9 para exponer esas convicciones se ha elegido el fragmento? La discontinuidad discursiva impide una l\u00edmpida racionalizaci\u00f3n de las proposiciones, una concatenaci\u00f3n ordenada de causas y efectos, tesis y pruebas \u2015recu\u00e9rdese a Montaigne: \u201cmi juicio marcha vacilando, tambale\u00e1ndose, tropezando\u201d\u2015. que \u201cEl sentimiento es fecundo porque solo \u00e9l hondamente nos ilumina. El ingenio distrae, agudiza, afina: llega al cerebro, pero no al alma\u201d. Fondo-forma, masculino-femenino, ingenio-sentimiento: balance de los supuestos contrarios. \u00bfPor qu\u00e9 para exponer esas convicciones se ha elegido el fragmento? La discontinuidad discursiva impide una l\u00edmpida racionalizaci\u00f3n de las proposiciones, una concatenaci\u00f3n ordenada de causas y efectos, tesis y pruebas \u2015recu\u00e9rdese a Montaigne: \u201cmi juicio marcha vacilando, tambale\u00e1ndose, tropezando\u201d\u2015. que \u201cEl sentimiento es fecundo porque solo \u00e9l hondamente nos ilumina. El ingenio distrae, agudiza, afina: llega al cerebro, pero no al alma\u201d. Fondo-forma, masculino-femenino, ingenio-sentimiento: balance de los supuestos contrarios. \u00bfPor qu\u00e9 para exponer esas convicciones se ha elegido el fragmento? La discontinuidad discursiva impide una l\u00edmpida racionalizaci\u00f3n de las proposiciones, una concatenaci\u00f3n ordenada de causas y efectos, tesis y pruebas \u2015recu\u00e9rdese a Montaigne: \u201cmi juicio marcha vacilando, tambale\u00e1ndose, tropezando\u201d\u2015. \u00bfPor qu\u00e9 para exponer esas convicciones se ha elegido el fragmento? La discontinuidad discursiva impide una l\u00edmpida racionalizaci\u00f3n de las proposiciones, una concatenaci\u00f3n ordenada de causas y efectos, tesis y pruebas \u2015recu\u00e9rdese a Montaigne: \u201cmi juicio marcha vacilando, tambale\u00e1ndose, tropezando\u201d\u2015. \u00bfPor qu\u00e9 para exponer esas convicciones se ha elegido el fragmento? La discontinuidad discursiva impide una l\u00edmpida racionalizaci\u00f3n de las proposiciones, una concatenaci\u00f3n ordenada de causas y efectos, tesis y pruebas \u2015recu\u00e9rdese a Montaigne: \u201cmi juicio marcha vacilando, tambale\u00e1ndose, tropezando\u201d\u2015.<\/p>\n\n\n\n<p>No es arbitrario que <em>El cuaderno de Blas Coll<\/em> se componga de fragmentos. Entre los heter\u00f3nimos creados por Montejo, toca a Coll el papel de maestro; la vida y la labor de los \u201ccol\u00edgrafos\u201d se organizan a su alrededor. Si estos son poetas, aquel se expresa a trav\u00e9s de la prosa reflexiva \u2015de tintes l\u00edricos, como la de los ensayos ort\u00f3nimos ya comentados\u2015. <em>El cuaderno<\/em> constituye, en efecto, un ensayo, aunque se atribuya a un semipersonaje, lo cual no habr\u00eda de extra\u00f1ar a nadie que haya pasado por las p\u00e1ginas de los <em>Essays of Elia<\/em> (1823) de Charles Lamb, el <em>Also sprach Zarathustra<\/em> (1883) de Friedrich Nietzsche o el <em>Ariel<\/em>(1900) de Jos\u00e9 Enrique Rod\u00f3, entre muchos ejemplos que pueden traerse una colaci\u00f3n. Valga apuntar que el citado<em>Camino de perfecci\u00f3n<\/em> de D\u00edaz Rodr\u00edguez acude no menos a un semipersonaje, don Perfecto, si bien para encarnar el academicismo y el positivismo satirizado por el ensayista. Coll, tip\u00f3grafo de Puerto Malo \u2015dice el prefacio de Montejo, \u201ceditor\u201d de sus fragmentos\u2015, fue quiz\u00e1s un canario venido a Am\u00e9rica, conocido por su comportamiento extra\u00f1o y sus exc\u00e9ntricas tesis sobre la lengua espa\u00f1ola y el lenguaje en general. Dichas ideas, enigm\u00e1ticas, absurdas, cautivadoras por sus esfuerzos de restar familiaridad a nuestra relaci\u00f3n con los signos, conforman el <em>corpus<\/em> editado. <em>El cuaderno<\/em>es escritura \u201coblicua\u201d \u2014como la descrita por Montejo tanto en su libro de ensayos de 1974 como en el de 1983\u2014, cuyo ascendente localizaremos en id\u00e9ntica medida en los heter\u00f3nimos de Fernando Pessoa o el Juan de Mairena de Antonio Machado. La responsabilidad del ensayista-editor con respecto a las ideas del tip\u00f3grafo es ambigua, pero existe, y se advierte en la mirada gozosamente disparatada que arroja Coll sobre la materia ling\u00fc\u00edstica. El tip\u00f3grafo no solo se abstiene de ser cient\u00edfico, sino que opta por convertirse en el anticient\u00edfico: en sentencias como \u201cEl biling\u00fcismo conduce consciente o inconscientemente al ate\u00edsmo\u201d, \u201cToda frase debe reproducir en su construcci\u00f3n, tanto como sea posible, la forma de gravitaci\u00f3n de los astros que conocemos. El sujeto debe rotar como el sol\u201d o \u201cEl infierno deber\u00eda nombrarlo una palabra esdr\u00fajula. En cuanto al para\u00edso, para que este sea tal, requiere un monos\u00edlabo\u201d vemos c\u00f3mo la postura es, antes que intelectiva, de intuici\u00f3n desenfrenada y humor\u00edstica. No debemos tomar en serio a Coll porque s\u00ed habr\u00edamos de atender a su creador, Eugenio Montejo: poco importa si lo sostenido por la voz ensay\u00edstica es ling\u00fc\u00edsticamente incorrecta; su pasi\u00f3n cuentan por las palabras y su capacidad de expresi\u00f3n. Del apego afectivo depende una imagen del universo.<\/p>\n\n\n\n<p>La irracionalidad, con todo, tiene sus precipicios: la locura como destino po\u00e9tico y tr\u00e1gico de Coll es consecuencia del rechazo exagerado de la raz\u00f3n, as\u00ed como un aviso de los l\u00edmites que no debe traspasar el hombre. De esa demencia o ese aviso es responsable a las claras Montejo; no desde\u00f1emos lo sugerido en el \u201cFragmentario\u201d de <em>El taller blanco<\/em>: el equilibrio de los contrarios es precioso. Si en Coll \u201cel otro\u201d se constela, ha de llegarle el momento de ser \u201cel mismo\u201d. Por eso, dice el pr\u00f3logo del editor, \u201cacaso <em>El cuaderno de Blas Coll<\/em><em> <\/em>constituye la ilusoria tentativa de un arte po\u00e9tico. Pero no me atrevo a negar su existencia, como no osar\u00eda a afirmar rotundamente la m\u00eda. \u00c9l es, para decir lo menos, un grato rel\u00e1mpago en la puerta de mi caverna\u201d. Coll constituye una sutil f\u00e1bula de la necesaria b\u00fasqueda de coincidencia de los opuestos, balance que nos coloca en umbrales \u00e9ticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Que la est\u00e9tica de Montejo se haya gestado entre los a\u00f1os sesenta y los ochenta \u2015cuando ya es poeta central en el canon de su pa\u00eds\u2015 resulta significativa. Ello no solo porque su l\u00edrica, que se alimenta del mito, la naturaleza, la memoria, parece contradecir la Venezuela \u201csaudita\u201d en la que el autor se form\u00f3, sino porque su ensayismo agrega a lo anterior la formulaci\u00f3n minuciosa de una concepci\u00f3n de la subjetividad que desmiente la idolatr\u00eda de lo moderno. La Venezuela de entonces ofreci\u00f3 como imagen de s\u00ed un progresismo triunfalista potenciado por la afluencia monetaria de la industria petrolera y la adicci\u00f3n al crecimiento vertiginoso de los modos de vida urbanos. Mientras todo eso se traduc\u00eda en un optimismo pol\u00edtico casi \u201cm\u00e1gico\u201d \u2015no aludo en vano a las tesis de Fernando Coronil en <em>El estado m\u00e1gico: naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela<\/em> \u2015, poemarios de Montejo como <em>\u00c9legos<\/em> (1967), <em>Muerte y memoria<\/em> (1972), <em>Algunas palabras<\/em> (1977), <em>Terredad<\/em> (1978) y<em> Tr\u00f3pico absoluto<\/em>(1982) iban retratando, m\u00e1s bien, un mundo en que la nostalgia ocupa el vac\u00edo de las viejas ciudades desaparecidas; un mundo en que el hablante, adem\u00e1s de una naturaleza no regida por el tiempo lineal, evoca dioses ocultos, muertos de presencia melanc\u00f3lica y leyendas fundacionales como la de Manoa. Estamos ante lo que Raymond Williams llam\u00f3 \u201clo residual\u201d: un pasado que se emplea combativamente. Si ese cuadro no fuera suficiente para aseverar que hay una voluntad opositora en el proyecto montejiano, deber\u00eda tenerse en cuenta su particular rebeli\u00f3n contra el sujeto cartesiano moderno, es decir, una concepci\u00f3n escindida de la identidad en que, patriarcalmente, el intelecto prevalece sobre la emoci\u00f3n, el esp\u00edritu sobre el cuerpo, lo masculino sobre lo femenino, la cultura sobre la naturaleza. La voz l\u00edrica de Montejo desmiente los esquemas dualistas con una intersubjetividad en que las pugnas y las jerarqu\u00edas se disuelven en francas comuniones. Y algo similar cabe decir de su voz ensay\u00edstica, como aqu\u00ed hemos visto, rendida a lo memorioso, adepta de lo \u00edntimo y menor, y, sobre todo, preconizadora de un fin de las escisiones. La confusi\u00f3n de \u201cyo\u201d y de \u201cotro\u201d en sus juegos heteron\u00edmicos corona esa empresa.<\/p>\n\n\n\n<p>Que la visi\u00f3n del universo de Montejo sea \u201cmenor\u201d en el sentido de Gilles Deleuze y F\u00e9lix Guattari lo confirma la precedencia del afecto sobre cualquier otro punto de referencia: recu\u00e9rdese que en los manique\u00edsmos del patriarcado, con su cartesianismo incluido, los sentimientos suelen agruparse con lo condenado y sometido \u2014la naturaleza, lo irracional, el cuerpo, lo \u201cfemenino\u201d\u2015. El ya citado \u201cFragmentario\u201d sugiere que el rescate de lo afectivo no es casual:<\/p>\n\n\n\n<p>No sentir el mundo, no sentir la vida en su m\u00faltiple misterio y en la simplicidad con que se manifiesta comporta en verdad una mutilaci\u00f3n grave [\u2026]. Aprender a sentir: esta sola tentativa [\u2026] formar\u00eda mejor al joven poeta que el aprendizaje perseguido a trav\u00e9s del conocimiento literario.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello corrobora el cariz pol\u00edtico de esta escritura. Pocos autores hay, de hecho, tan contrarios a la \u201cmengua del afecto\u201d <em>que<\/em> destaca Fredric Jameson en el arte \u201cposmoderno\u201d de la fase tard\u00eda del capitalismo. La enunciaci\u00f3n de los textos montejianos que coloca el \u201cyo\u201d en posici\u00f3n de igualdad, de amorosa cercan\u00eda con otros seres, sin embargo, impide una resurrecci\u00f3n de lo que tambi\u00e9n Jameson denominar\u00eda \u201cego mon\u00e1dico burgu\u00e9s\u201d. Esa opci\u00f3n inteligente, en una velada cr\u00edtica de un <em>ethos<\/em> hoy \u201cglobal\u201d, evita tanto el reaccionarismo como el tentador estar al d\u00eda de las modas y el mercado literario.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>La naci\u00f3n como signo en el nuevo ensayo venezolano<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p><strong>Po\u00e9ticas de un g\u00e9nero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La historia del ensayo venezolano parece obedecer a una l\u00f3gica en varios aspectos circular que la producci\u00f3n m\u00e1s reciente confirma. Aunque me concentrar\u00e9 en esta, juzgo por ello imprescindible un vistazo a sus precedentes.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera mitad del siglo XX fue testigo de dos ensayismos de cariz opuesto: el modernista y el que en ocasiones he llamado <em>mundonovista<\/em> o <em>telurista<\/em> \u2014para evitar la excesiva apertura de t\u00e9rminos como <em>americanista<\/em> o <em>criollista<\/em>\u2014 (2008: 68). Hacia 1900, Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, Pedro Emilio Coll y Rufino Blanco Fombona, entre otros, colocaron a Venezuela a la vanguardia de la prosa de un movimiento continental conocido por sus preferencias cosmopolitas y la poderosa individuaci\u00f3n del artista como h\u00e9roe del esp\u00edritu. En la tradici\u00f3n nacional, les toc\u00f3 prestigiar est\u00e9ticamente un g\u00e9nero no afianzado del todo, pues sus mejores cultivadores anteriores, verdaderos cl\u00e1sicos como Andr\u00e9s Bello y Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, por razones de exilio y escasa circulaci\u00f3n de sus textos, no fueron reabsorbidos cabalmente en su pa\u00eds de origen hasta entrado el siglo XX. Luego del Modernismo \u2014y la ruptura podr\u00eda apreciarse internamente en la carrera de Blanco Fombona\u2014, cristaliza un ensayo que suele censurar tanto lo que se tach\u00f3 de \u201cescapismo\u201d en los gustos internacionalistas como la intimidad confesional de quienes pregonaron el \u201creino interior\u201d; la epopeya del <em>nosotros<\/em> regional se perfila como ideal en este momento: el arte o la introspecci\u00f3n importan todav\u00eda, sin duda, pero se supeditan a los intereses del Nuevo Mundo, de la patria grande o chica empe\u00f1ada en buscar su destino. En Venezuela, hasta avanzada la d\u00e9cada de 1960, el <em>ensayo del nosotros<\/em> tuvo fuerza y consagr\u00f3 figuras como la de Mariano Pic\u00f3n Salas, Augusto Mijares, R\u00f3mulo Gallegos, Arturo Uslar Pietri, Mario Brice\u00f1o Iragorry o Luis Beltr\u00e1n Guerrero, para quienes las nociones de patria e historia fueron irreemplazables. Junto al encomio de lo colectivo, los ensayistas de la tierra ensalzaron el humanismo. Bastan sus t\u00edtulos para darse cuenta de que ciertas familias l\u00e9xicas se convirtieron en blasones: <em>Hora y Deshora. Temas human\u00edsticos<\/em> (1963) de Pic\u00f3n Salas, <em>Valores humanos<\/em> (1953) de Uslar Pietri y <em>Variaciones sobre el humanismo<\/em> (1952) de Beltr\u00e1n Guerrero constituyen aptos ejemplos. Una de las piezas de este \u00faltimo volumen, \u201cInterpretaci\u00f3n del Bello humanista\u201d, concept\u00faa al hombre de letras ideal como \u201cpadre, maestro, gu\u00eda\u201d cuyas \u201cideas madres\u201d deb\u00edan ser el \u201ccatolicismo\u201d, el \u201capostolicismo\u201d y la \u201cromanidad\u201d, dep\u00f3sitos respectivos de \u201cuniversalidad\u201d, \u201cselecci\u00f3n\u201d y \u201cjerarqu\u00eda\u201d (85). La condici\u00f3n af\u00edn de esas \u201cideas madres\u201d y los <em>grands r\u00e9cits<\/em> evocados por Jean-Fran\u00e7ois Lyotard es obvia: no cuesta captar una ontolog\u00eda que re\u00fane teo y antropocentrismo, nacionalismo y patriarcalismo. El Mundonovismo venezolano habr\u00eda de coincidir con lo que en la historia del ensayo hispanoamericano que debemos a David Lagmanovich se califica de per\u00edodo \u201cvanguardista-existencialista\u201d (1984: 19), pero si consideramos que a este se asocian Jorge Luis Borges, Octavio Paz o Ernesto S\u00e1bato, revaluadores y desarticuladores de h\u00e1bitos mentales decimon\u00f3nicos, ser\u00eda forzada la asimilaci\u00f3n. Tras el fugaz par\u00e9ntesis del Modernismo, en Venezuela una sensibilidad fundacional venida del temprano siglo XIX dio indicios de vigencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Alrededor de 1970 se verifica un insoslayable giro en los gustos. Los avatares de la naci\u00f3n ya no engendran obsesivas cavilaciones. No se limita a los temas lo que singulariza a escritores entonces emergentes. Se transforma, ante todo, la cosmovisi\u00f3n; como se\u00f1ala \u00d3scar Rodr\u00edguez Ortiz, en el ensayo \u201cel orden human\u00edstico sufre una mutaci\u00f3n que tiene que ver con el concepto mismo de humanismo\u201d y con el \u201cpuesto del hombre en el ombligo del mundo\u201d (1989: 27). Los ensayistas de los a\u00f1os setenta y ochenta contrastan con los mundonovistas en lo que ata\u00f1e a credulidades. Quiz\u00e1 convenga ampliar la intuici\u00f3n de Rodr\u00edguez Ortiz acerca de la disoluci\u00f3n de un centro, el hombre: el pensamiento organizado en torno a categor\u00edas compartidas desapareci\u00f3 al menos en sus formas preestablecidas; patria, dios, historia y humanismo cesan de vertebrar conciencias. Eugenio Montejo, en <em>El taller blanco<\/em> (1983), rend\u00eda cuentas de tal reajuste: \u201csabemos que hemos llegado no solo despu\u00e9s de los dioses, sino tambi\u00e9n despu\u00e9s de las ciudades\u201d (15). L\u00e9ase \u201cciudad\u201d como cristalizaci\u00f3n del espacio social y se entrever\u00e1 la distancia entre el nacionalismo omnipotente y esta persecuci\u00f3n del \u00e1mbito extraviado de la palabra. \u201cPoes\u00eda en un tiempo sin poes\u00eda\u201d titula Montejo su breve ensayo: en sus p\u00e1ginas la l\u00edrica deviene instrumento para replantear positivamente los desarraigos metaf\u00edsicos. Otros nombres memorables del Posmundonovismo son Guillermo Sucre, Francisco Rivera, Mar\u00eda Fernanda Palacios y Rafael Cadenas. Tanto por la entronizaci\u00f3n que Sucre hizo en <em>La m\u00e1scara, la transparencia<\/em> (1975) del Modernismo \u2014para \u00e9l, cuna de una aut\u00e9ntica Modernidad\u2014 como por la mencionada invitaci\u00f3n montejiana a una salvaci\u00f3n por la poes\u00eda \u2014semejante a la de Mart\u00ed en su c\u00e9lebre \u201cPr\u00f3logo\u201d al <em>Poema del Ni\u00e1gara<\/em> de P\u00e9rez Bonalde o a las de numerosas reflexiones de Dar\u00edo\u2014 no creo equivocado destacar el aire neomodernista de esta fase del ensayo venezolano.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dr\u00e1sticos cambios pol\u00edticos a fines del siglo XX y, en lo que va del siguiente, el atroz derrumbe de la econom\u00eda y los principios b\u00e1sicos de convivencia har\u00e1n mella en la literatura. Las tendencias c\u00edclicas del ensayismo, en particular, se han robustecido con el resurgimiento de algunos rasgos mundonovistas; pero \u00fanicamente de algunos: nos las habemos con perseverantes int\u00e9rpretes de lo <em>nuestro<\/em> que ahora adoptan una actitud desenga\u00f1ada, esc\u00e9ptica, incluso sard\u00f3nica, hacia los afanes magisteriales de los humanismos de viejo cu\u00f1o. Pienso, entre otros, en Rafael Arr\u00e1iz Lucca \u2014<em>Venezuela en cuatro asaltos<\/em> (1993)\u2014, Miguel \u00c1ngel Campos \u2014<em>La ciudad velada <\/em>(2001) y<em> Desagravio del mal (<\/em>2005)\u2014, Gisela Kozak \u2014<em>Venezuela: el pa\u00eds que siempre nace<\/em> (2007)\u2014, Ana Teresa Torres \u2014<em>La herencia de la tribu<\/em> (2009)\u2014, Antonio L\u00f3pez Ortega \u2014<em>La gran regresi\u00f3n<\/em> (2017)\u2014 y Juan Carlos Chirinos \u2014<em>Venezuela: biograf\u00eda de un suicidio<\/em> (2017)\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que el Neotelurismo \u2014o como acabemos llam\u00e1ndolo: en sus ensayistas el signo <em>pa\u00eds<\/em> se integra en un sistema compartido y da se\u00f1ales constantes de uso y productividad simb\u00f3lica\u2014 se explica, ante todo, por el peso, en sectores del actual campo cultural venezolano, de un expl\u00edcito abordaje de cuestiones pol\u00edticas como fuente de autoridad. Si esto desde el punto de vista de la teor\u00eda de Pierre Bourdieu \u2014cimentada en la sociedad francesa\u2014 pudiese sonar parad\u00f3jico, cualquier examen del funcionamiento de campos culturales de origen poscolonial revelar\u00e1 que desde su establecimiento espiritualizan el \u201chacer patria\u201d tanto como los valores propiamente art\u00edsticos, lo cual explica que, con perseverancia, desde el siglo XIX hasta hoy, en Latinoam\u00e9rica la cuesti\u00f3n del deber con el pueblo renazca.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha de observarse que en la Venezuela de entre milenios el fracaso del desarrollismo, patente desde la d\u00e9cada de los ochenta \u2014con la devaluaci\u00f3n del bol\u00edvar en 1983 y el estallido de violencia de los saqueos de 1989, a los cuales se agregan los golpes de Estado de 1992, que colocaron a Hugo Ch\u00e1vez como referente en los avatares pol\u00edticos\u2014, afecta con su polarizaci\u00f3n de actitudes a casi todos los g\u00e9neros cultivados en el pa\u00eds. De hecho, cr\u00edticos como Paulette Silva se\u00f1alan \u201cel regreso de un viejo fantasma\u201d: el repunte de la heteronom\u00eda en la din\u00e1mica de la literatura venezolana (2011: s.p.). Y, si comparamos la literatura con las otras artes, el parecer se refuerza. Sandra Pinardi, con un vocabulario que se remonta al de Jacques Ranci\u00e8re y lo var\u00eda, ha postulado que la producci\u00f3n visual, por ejemplo, evidencia un \u201cr\u00e9gimen pol\u00edtico del arte\u201d (2013: 107). Pinardi se refiere ni m\u00e1s ni menos a aquello que Ranci\u00e8re denomin\u00f3 \u201cr\u00e9gimen est\u00e9tico\u201d, cuyas primeras se\u00f1ales de ruta surgieron en la comuni\u00f3n de lo art\u00edstico y lo pol\u00edtico propiciada por el Romanticismo alem\u00e1n (<em>Le Partage<\/em> 40-41). Lo est\u00e9tico, si se entiende con Ranci\u00e8re, no est\u00e1 en ri\u00f1a con la participaci\u00f3n en la vida social; por el contrario, hace de ella una condici\u00f3n <em>sine qua non<\/em> en la cual el arte se nutre cuestionadoramente de pr\u00e1cticas cotidianas.<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, examinar\u00e9 en dos ensayistas contempor\u00e1neos algunas manifestaciones de dicha comuni\u00f3n. Para asegurar una m\u00ednima representatividad en el espacio del que dispongo, mi selecci\u00f3n incluye autores de generaciones diferentes; uno, de amplia influencia en Venezuela como escritor y gestor cultural \u2014Rafael Arr\u00e1iz Lucca\u2014, y otro, si bien m\u00e1s joven y radicado en el exterior, de creciente reputaci\u00f3n \u2014Juan Carlos Chirinos\u2014. Elijo del primero una obra de principios de la etapa que estudio, mientras que del segundo opto por un t\u00edtulo reciente, lo cual ofrecer\u00e1 una idea del recorrido ya extenso del nuevo <em>ensayo del nosotros<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Venezuela en cuatro asaltos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En 1992, <em>El avi\u00f3n y la nube<\/em> de Arr\u00e1iz Lucca hab\u00eda probado su compromiso con la literatura a trav\u00e9s de la ex\u00e9gesis l\u00edrica. El asunto escogido era t\u00edpicamente posmundonovista: desplazados los discursos magisteriales a lo Pic\u00f3n Salas o a lo Uslar Pietri, el arte monopolizaba la atenci\u00f3n del sujeto. Cuando el ensayista decide un a\u00f1o despu\u00e9s, con <em>Venezuela en cuatro asaltos<\/em>, pasar del cielo de la est\u00e9tica a la dura tierra de las cuestiones pr\u00e1cticas, recobra preocupaciones casi vedadas a \u00e9l. No olvidemos que Arr\u00e1iz Lucca fue, en sus inicios, uno de los poetas de los ochenta que reclamaba el compromiso con lo que la Modernidad integraba en el imaginario urbano: en tal opci\u00f3n hab\u00eda un distanciamiento de lo sentido como demag\u00f3gico en el \u00e9nfasis rural del nacionalismo literario previo.<\/p>\n\n\n\n<p>Basta reparar en el t\u00edtulo para sospechar un regreso a inquietudes autoctonistas: \u00bfno remite acaso a otros de la primera mitad del siglo, como <em>De una a otra Venezuela<\/em> (1949) de Uslar Pietri o <em>Comprensi\u00f3n de Venezuela<\/em> (1949) de Pic\u00f3n-Salas? La remisi\u00f3n se articula como parodia, y esto es lo esencial, al sustituir la solemnidad del fil\u00f3sofo-orador por el humorismo de la met\u00e1fora guerrera o la trivialidad subversiva del argot deportivo, ya se refieran los \u201casaltos\u201d al boxeo o a la esgrima. La voz ensay\u00edstica de Arr\u00e1iz Lucca, en efecto, se esfuerza en presentarse como carente de todo poder, siquiera el did\u00e1ctico; es un individuo corriente y moliente desvelado por la comunidad donde vive sin sugerir que posea un intelecto superior:<\/p>\n\n\n\n<p>Menuda empresa la de dibujar los rasgos caracter\u00edsticos de una cultura [&#8230;]. Desde hace tiempo tengo la impresi\u00f3n de que estos textos no los lee nadie. Incluso he so\u00f1ado con la posibilidad de decir unas cuantas barbaridades para comprobar que no ocurre nada, porque nadie las ley\u00f3 [&#8230;]. Asumamos esto como una carta. Pensemos, pues, qu\u00e9 puede redactarse acerca de nuestra cultura y no perpetrar un manual antropol\u00f3gico, un ensayo acad\u00e9mico o cuatro tonter\u00edas atadas por una cuerda floja. (29)<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando en 1953, en plena era mundonovista, Brice\u00f1o Iragorry intentaba definir ideales letrados meditando acerca de Manuel Ugarte, lo equiparaba a un profeta capaz de guiar moralmente a Am\u00e9rica: \u201cUgarte ha muerto, pero la luz del faro donde vivi\u00f3 su esp\u00edritu mantiene la seguridad de las se\u00f1as. Pueden los navegantes confiar en su constancia orientadora\u201d (15). El ensayista de <em>Venezuela en cuatro asaltos<\/em>, aunque esforz\u00e1ndose en iluminar con su pensamiento personal, se ve obligado a declarar, por el contrario, que solo ha pretendido \u201cir menos a tientas en el laberinto, encender la luz que llevo apagada en la mano\u201d (5). Desde esta postura modesta \u2014de un humor af\u00edn al de la poes\u00eda de sus primeros libros\u2014 Arr\u00e1iz Lucca se sumerge en las relaciones tormentosas entre el Estado y las artes, sin desaprovechar oportunidad de continuar sus parodias del Mundonovismo. V\u00e9ase, por ejemplo, c\u00f3mo se enfrenta con iron\u00eda a uno de sus t\u00f3picos:<\/p>\n\n\n\n<p>Decir \u201csomos mestizos\u201d, \u201csomos el encuentro de esto y aquello y el resultado de esto y lo de m\u00e1s all\u00e1\u201d, decir esto \u00bfser\u00e1 realmente decir algo? Afirmar, como quien descubre un tesoro, \u201csomos el encuentro de tres culturas\u201d es mucho y es nada. Es una expresi\u00f3n cierta y cautelosa, pero nos deja un poco fr\u00edos. Yo necesito ver las cosas con claridad. (30)<\/p>\n\n\n\n<p>A la par de sard\u00f3nica, la actitud del hablante es pragm\u00e1tica. Sus observaciones y proposiciones son di\u00e1fanas y podemos llegar a ellas sin obst\u00e1culos: Venezuela est\u00e1 \u201cenferma\u201d de inconcreci\u00f3n, de ineficacia para llevar a cabo tareas necesarias (17); uno de los deberes del Estado es \u201ccivilizar\u201d y un medio \u00f3ptimo para lograrlo ser\u00eda la descentralizaci\u00f3n de las instituciones culturales (28); en vista del dispar universo al que se enfrenta, no tan racionalizable como el de la industria petrolera, un \u201cgerente cultural\u201d debe caracterizarse por la ductilidad m\u00e1s que por la rigidez de criterios (39-41); nuestras editoriales deben expandirse hacia el mercado hisp\u00e1nico poniendo la mira en ciudades claves: Buenos Aires, Bogot\u00e1, M\u00e9xico, Madrid (87). No hay mayor complejidad en sus tesis, cierto, pero eso se debe tambi\u00e9n a la llaneza con que se expresa el ensayista, que no interpela a sus conciudadanos, sino que pareciera conversar con ellos esquivando sermones o tentaciones mesi\u00e1nicas. Su papel no es el de ense\u00f1ar, sino el de estimular a que el lector \u2014probablemente connacional\u2014 lo acompa\u00f1e en la b\u00fasqueda de soluciones. La individualidad de quien habla en el texto se respeta a s\u00ed misma y respeta la de quienes acceden a \u00e9l absteni\u00e9ndose de invocaciones a identidades portentosas o trascendentales:<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no puede precisarse por d\u00f3nde soplar\u00e1 el viento, incluso a veces no sopla. En este \u00faltimo sentido es que, aunque para algunos resulte incomprensible, el estado de cosas es mejor [hoy en d\u00eda]. Simplemente, somos m\u00e1s libres. No formaremos iglesia, no pagamos tributos ideol\u00f3gicos. Cualquiera expresa lo que quiere sin otro riesgo que el del precipicio de su conciencia. (33)<\/p>\n\n\n\n<p>Vemos as\u00ed c\u00f3mo se logra revisitar territorios usuales del viejo ensayismo nacionalista sin incurrir en su hieratismo. Obs\u00e9rvese que en el pasaje anterior el <em>nosotros<\/em> tiene una \u00edndole m\u00e1s dial\u00f3gica que conminatoria por dar cabida a un individuo emancipado de la grey nacional: hay un abismo \u2014\u201cprecipicio\u201d\u2014 intocado e inalcanzable para los discursos de lo colectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>No conviene despedirse de este libro sin advertir que, pese a lo p\u00fablico e institucional de sus temas y sugerencias, aqu\u00ed y all\u00e1 nos toparemos con una voz alterna que se infiltra sigilosa y sorprende al simple lector de ideas. Me atrever\u00eda a decir que Arr\u00e1iz Lucca pone a convivir a su ensayista-gerente, en ese momento presidente de editoriales \u2014Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana\u2014, y a su anterior ensayista-poeta de <em>El avi\u00f3n y la nube<\/em> (1990) o, m\u00e1s oblicuamente, al personaje l\u00edrico de <em>Litoral<\/em> (1991), de calculada y jocosa discursividad. El p\u00e1rrafo inicial de <em>Venezuela en cuatro asaltos<\/em> recuerda, de hecho, las piezas dedicadas a cabras, topos, dantas, cascabeles y mapanares que tej\u00edan un bestiario sat\u00edrico al final de dicho poemario:<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las t\u00e1cticas de aproximaci\u00f3n que m\u00e1s admiro es la del lobo. Este feroz animal no por feroz deja de ser cauteloso y reflexivo. Solo se decide a atacar despu\u00e9s de haberle dado suficientes vueltas a la presa [&#8230;]. Imagino que puede llegar a preguntarse, mientras da vueltas, si merece la pena la presa que lo moviliza. Incluso creo que a veces la aprehende y hasta la devora sin total convencimiento. (9)<\/p>\n\n\n\n<p>El ensayista, por esa v\u00eda, se escurre de lo que \u00e9l mismo denomina \u201cel nudo de la cultura\u201d, materia oficinesca y \u00e1rida, que a otro escritor sin objetivos tan concretos habr\u00eda f\u00e1cilmente estrangulado: no conozco manera m\u00e1s exacta de describir los mecanismos mediante los cuales <em>Venezuela en cuatro asaltos<\/em> contribuy\u00f3 a resucitar el ensayismo de lo nacional justo en un per\u00edodo en que el proyecto democr\u00e1tico empezaba a colapsar por presiones econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas. La violencia latente en la met\u00e1fora de un \u201casalto\u201d, sin embargo, no hab\u00eda llegado a\u00fan a su completa manifestaci\u00f3n en la realidad. El horizonte al que se enfrenta el otro volumen del que me ocupar\u00e9, en cambio, s\u00ed la incluye y, podr\u00eda aseverarse, como punto de partida de sus argumentos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Venezuela: biograf\u00eda de un suicidio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Juan Carlos Chirinos nos ofrece un caso no menos paradigm\u00e1tico del nuevo <em>ensayo del nosotros<\/em> con un libro que tiene la particularidad de haberse distribuido bien en Espa\u00f1a y escasamente en el pa\u00eds del que trata. No solo la proyecci\u00f3n internacional lo distingue en la ensay\u00edstica venezolana; igualmente su escritura: m\u00e1s all\u00e1 de la iron\u00eda o el coloquialismo que hemos verificado en Arr\u00e1iz Lucca, la patria se retoma de modo carnavalesco, transgresor, combativo. El deterioro social de esta en 2017, -en contraste con las circunstancias de escritura de <em>Venezuela en cuatro asaltos<\/em>-es tambi\u00e9n extremo, habiendo alcanzado el chavismo, debido a la ausencia del l\u00edder fundador, una condici\u00f3n estructural. La de Chirinos es una obra de innegable densidad, acicateada por el ansia de exponer argumentos cuya suma esboza una visi\u00f3n del mundo en la cual el lenguaje desempe\u00f1a una funci\u00f3n cardinal.<\/p>\n\n\n\n<p>Tesis abundan en sus p\u00e1ginas, cuyo subt\u00edtulo, t\u00e1citamente, las emparentan con la c\u00e9lebre cr\u00f3nica de Mario Vargas Llosa publicada meses despu\u00e9s de la primera elecci\u00f3n de Hugo Ch\u00e1vez en 1998: \u201cEl suicidio de una naci\u00f3n\u201d<a>. <\/a>Contraviniendo esa g\u00e9nesis, cabe subrayar el optimismo inquebrantable de Chirinos: el suicidio ha sido fallido. El objetivo central consiste en intentar \u201cmostrar al lector no familiarizado [\u2026] qu\u00e9 es eso que llamamos Venezuela y cu\u00e1les algunas de las causas por las que ha llegado al estado en que se encuentra\u201d (2017: 20-21). Los venezolanos radicados en el exterior podr\u00edan simpatizar con la motivaci\u00f3n, en vista de las confusas pol\u00e9micas y diatribas que han enmarcado el fen\u00f3meno del chavismo; el planteamiento de Chirinos, con todo, a\u00f1ade lucidez al pragmatismo cuando organiza la discusi\u00f3n en torno a las seducciones de una Modernidad hiperb\u00f3lica, f\u00e9rtil en espejismos, que ha embaucado al pa\u00eds. Al consejo de Sim\u00f3n Rodr\u00edguez \u201co inventamos o erramos\u201d responde el ensayista:<\/p>\n\n\n\n<p>Nos pusimos [en 1998] a inventar una nueva patria distinta y novedosa; y ni la inventamos ni erramos en su construcci\u00f3n: ha sido lo de siempre. Un caudillo llena de embustes a un pueblo que lo aplaude mientras muerde el pan que le han arrojado, y cuando se acaba el pan: \u00a1tirano!, \u00a1tirano!, \u00a1tirano! Y no se hab\u00eda dado cuenta de que mientras mord\u00eda el trocito de pan que le hab\u00edan lanzado (una minucia, en verdad), la parte del le\u00f3n se la llevaba el caudillo y sus secuaces a las seguras e imperiales cuentas de los para\u00edsos fiscales (130)<\/p>\n\n\n\n<p>Fechados en \u201cMadrid, junio de 2017\u201d, los \u00faltimos razonamientos del libro despliegan una visi\u00f3n objetiva de la situaci\u00f3n en esos d\u00edas \u2014\u201cLa gente quiere libertad; [Nicol\u00e1s] Maduro, su seguridad y la de su c\u00e1rtel\u201d (132)\u2014, as\u00ed como la \u00f3ptica esperanzada a la cual me he referido: \u201clo sabe bien el gobierno, la gente jam\u00e1s se rendir\u00e1: esa es la gloria de los pueblos cuando est\u00e1n bravos\u201d (132).<\/p>\n\n\n\n<p>Las frases anteriores ilustran el ludismo de Chirinos, cuyo efecto es doble: por una parte, neutralizar la enunciaci\u00f3n prof\u00e9tica o did\u00e1ctica de la literatura tel\u00farica tradicional; por otra, amalgamar dial\u00e9ctica y expresi\u00f3n. En esta \u00faltima el <em>yo<\/em>, aparentemente opacado por la urgente entrega a lo comunitario, adquiere agencia, vigor y val\u00eda. N\u00f3tese que el juego de palabras con que concluye el ensayo enfrenta, parafraseando y reconstruyendo la letra del himno nacional venezolano, <em>Gloria al bravo pueblo<\/em>,dos acepciones del adjetivo <em>bravo<\/em>: \u2018valiente\u2019, la usual en Espa\u00f1a, donde se halla el p\u00fablico primario al que se dirige el volumen \u2014dicho sea de paso: ese es el sentido del himno, escrito en el siglo XIX\u2014; y la acepci\u00f3n hoy predominante en el habla popular venezolana, la de \u2018enojado\u2019, \u2018molesto\u2019. Pese a que el deseo de comunicaci\u00f3n con el lector europeo la propicie, la elocuci\u00f3n acaba fortaleciendo aquello de lo que se habla, <em>lo venezolano<\/em>, en la voz de quien se siente separado de su origen. Sucintamente: pensar en la naci\u00f3n, <em>su<\/em> naci\u00f3n, reinventa a un <em>yo<\/em> signado por la extranjer\u00eda. La historia que se cuenta resulta doble: la de un pa\u00eds secuestrado por el caos pol\u00edtico y la de un individuo que se reconquista mediante el acto de comprender c\u00f3mo ello pudo haber sucedido. Nelson Rivera, autor del pr\u00f3logo, est\u00e1 en lo correcto al se\u00f1alar que Chirinos se aproxima a Venezuela \u201ccomo intimidad\u201d (9). El <em>ensayo del nosotros<\/em> aprende a ser, no menos, montaigniano:<em> je suis moi-m\u00eame la mati\u00e8re de mon livre<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Son muchos los pasajes en que el ensayista se deleita, como hac\u00eda el hablante renacentista de los <em>Essais<\/em>, narrando el proceso de la escritura misma como <em>mati\u00e8re de son livre<\/em>. Resalta en las p\u00e1ginas iniciales, con ocasi\u00f3n de aclarar el m\u00e9todo con que se indagan los dilemas de Venezuela, la intersecci\u00f3n de lecturas posestructuralistas francesas del personaje autoral con la iniciativa de, sencillamente, acudir a la autora de sus d\u00edas para averiguar alguna virtud del pa\u00eds. En esa coyuntura, se revela una penetrante socarroner\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>Dice Foucault que quiere deslizarse \u201csubrepticiamente\u201d dentro de su discurso y \u201cm\u00e1s que tomar la palabra, hubiera preferido verme envuelto por ella\u201d [\u2026]. Se trataba de eso: ten\u00eda que deslizarme subrepticiamente en mi libro. Porque todo lo que el lector encontrar\u00e1 sobre Venezuela en las p\u00e1ginas que siguen es apenas la continuaci\u00f3n del discurso que cada venezolano de este tiempo lleva consigo, y rumia y desarrolla y discute y comenta y critica. No ser\u00eda necesario, entonces, pedirle a mi mam\u00e1, all\u00e1 en la arc\u00e1dica Valera, que me orientara con su sabidur\u00eda, pues esta es la \u201ccosa buena\u201d (o no) que de mi pa\u00eds querr\u00eda destacar aqu\u00ed, m\u00e1s que cualquier otra: los venezolanos hablamos de Venezuela con la propiedad del que la ha parido, sin pudor (15)<\/p>\n\n\n\n<p>Instantes como ese \u2014numerosos\u2014 socavan la solemnidad propia de la c\u00e1tedra o el p\u00falpito cultivada por el americanismo de la primera mitad del siglo XX, pero me gustar\u00eda recalcar el descaro, el desparpajo que le permite a Chirinos consustanciar su productividad expresiva y la naci\u00f3n que la motiva. Lo que afirmo se avizora desde el principio, cuando, habiendo sopesado la compulsi\u00f3n ad\u00e1nica de Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, el ensayista advierte: \u201cInvent\u00e9 o err\u00e9: lo comprobar\u00e1 el que recorra estas p\u00e1ginas\u201d (21). En otras palabras, esta escritura <em>es<\/em> Venezuela, \u201cparida\u201d verbalmente por el escritor, hecho que delata otra premisa camuflada y crucial: la naci\u00f3n se construye y deconstruye; no pertenece al orbe de lo natural o intocado por el lenguaje. El empe\u00f1o en analizarla, pintarla, refutarla termina materializ\u00e1ndola. Lo cual sugiere que, aun para una entidad tan golpeada y casi abolida, no todo est\u00e1 perdido: en el instante en que reescribimos o releemos la naci\u00f3n conseguimos resucitarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Y parece proponer Chirinos: ahora con m\u00e1s realismo, con menos grandilocuencia heroica o revolucionaria y sin olvidar los bienes inquisitivos que la risa cr\u00edtica sabe conceder.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A modo de conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Muchos debates universitarios recientes han proclamado la existencia de un estadio \u201cposnacional\u201d de la literatura latinoamericana. Casos como el del ensayismo aqu\u00ed examinado nos recomiendan redoblar la precauci\u00f3n con respecto a clich\u00e9s del mercado intelectual no siempre sustentados por el conocimiento exhaustivo de una regi\u00f3n vasta y compleja. Si bien es evidente que el potencial convocatorio de diversas especies de nacionalismo se ha agotado, el pa\u00eds como lo he abordado en estos renglones, es decir, como factor activo en el sistema literario, lejos de haberse disipado, se revitaliza e impulsa la imaginaci\u00f3n y las ideas de quienes lo invocan. Los ensayistas venezolanos de los albores del nuevo milenio no solo han conseguido variar los patrones del Mundonovismo can\u00f3nico sin evadir sus asuntos, sino que han hecho de ello una respuesta a un entorno pol\u00edtico espec\u00edfico, lo que aparta su relativo regreso al pasado literario de la acusaci\u00f3n de tradicionalismo reaccionario o indulgente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Arr\u00e1iz Lucca, Rafael. 1990. <em>El avi\u00f3n y la nube: observaciones sobre poes\u00eda venezolana<\/em>. Caracas: Contralor\u00eda General de la Rep\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Arr\u00e1iz Lucca, Rafael. 1991. <em>Litoral<\/em>. Caracas: Planeta.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Arr\u00e1iz Lucca, Rafael. 1993. <em>Venezuela en cuatro asaltos<\/em>. M\u00e9rida, Ven.: Fondo Editorial Solar.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Beltr\u00e1n Guerrero, Luis. 1973. <em>Humanismo y romanticismo<\/em>. [Incluye <em>Sobre el romanticismo y otros temas<\/em> (1942) y <em>Variaciones sobre el humanismo<\/em> (1952)]. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Brice\u00f1o Iragorry, Mario. 1955. <em>Tradici\u00f3n, Nacionalidad y Americanidad<\/em>. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Chirinos, Juan Carlos. 2017. <em>Venezuela: biograf\u00eda de un suicidio.<\/em> Madrid: La Huerta Grande.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Gomes, Miguel. 2008. <em>Po\u00e9ticas del ensayo venezolano del siglo XX.<\/em> 2da. ed. Maracaibo: Universidad del Zulia\/Universidad Cecilio Acosta.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Lagmanovich, David. 1984. \u201cHacia una teor\u00eda del ensayo hispanoamericano\u201d. <em>Hispanic Studies<\/em> 3: 17-28.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Montaigne, Michel de. 1950. <em>Essais<\/em>. A. Thibaudet, ed. Par\u00eds: Gallimard.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Montejo, Eugenio. 1996. <em>El taller blanco<\/em>. 2da. ed.M\u00e9xico: Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Pinardi, Sandra. 2013. \u201cDisposiciones pol\u00edticas de las artes visuales venezolanas contempor\u00e1neas: archivos de la violencia\u201d. <em>El tr\u00e1nsito vacilante: miradas sobre la cultura venezolana contempor\u00e1nea<\/em>. Eds. Patricia Valladares-Ruiz y Leonora Simonovis. Amsterdam\/New York: Rodopi, 107-129.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ranci\u00e8re, Jacques. 2000. <em>Le Partage du sensible: Esth\u00e9tique et politique<\/em>. Par\u00eds: La Fabrique-\u00e9ditions.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Rodr\u00edguez Ortiz, Oscar, ed. 1989. <em>Ensayistas venezolanos del siglo XX: una antolog\u00eda<\/em>. 2 vols. Caracas: Contralor\u00eda General de la Rep\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Silva Beauregard, Paulette. 2011. \u201cNovela e imaginaci\u00f3n p\u00fablica en la Venezuela actual: el regreso de viejos fantasmas\u201d. <em>Esp\u00e9culo. Revista de Estudios Literarios,<\/em> n\u00fam. 48: ucm.es\/info\/especulo\/numero48\/novimagve.html.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Sucre, Guillermo. 2016. <em>La m\u00e1scara, la transparencia<\/em>. 3ra. ed. Caracas: El Estilete.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Vargas Llosa, Mario. 1999. \u201cEl suicidio de una naci\u00f3n\u201d. <em>El Pa\u00eds,<\/em> 8\/8\/1999: https:\/\/elpais.com\/diario\/1999\/08\/08\/opinion\/934063208_850215.html<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/miguel-gomes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicados en https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org y http:\/\/www.revistadll.cl, respectivamente.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eugenio Montejo y la po\u00e9tica del ensayo Desde sus inicios, el ensayo se ha caracterizado por su enf\u00e1tica conversi\u00f3n de la subjetividad en asunto. El \u201cAviso al lector\u201d de Michel de Montaigne era claro, aun desafiante, al respecto: Este es un libro de buena fe, lector. 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