{"id":8913,"date":"2023-09-14T01:01:13","date_gmt":"2023-09-14T01:01:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8913"},"modified":"2023-11-24T18:11:26","modified_gmt":"2023-11-24T18:11:26","slug":"un-nobel-de-literatura-en-camino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/un-nobel-de-literatura-en-camino\/","title":{"rendered":"\u00bfUn Nobel de Literatura en camino?"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Edinson Mart\u00ednez<\/h4>\n<p>Este art\u00edculo ser\u00e1 largo, como probablemente haya sido la espera para muchos escritores a las puertas de obtener el m\u00e1s importante premio de la literatura universal. Cuando salga, estaremos a pocas semanas de conocer el veredicto de la Academia Sueca sobre el Premio Nobel de Literatura del presente a\u00f1o.<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n, por lo general, se hace p\u00fablica durante los d\u00edas iniciales de octubre, en su primera semana, de modo que todos los aspirantes, habiendo esperado con la natural ansiedad el transcurrir de varios meses, incluso de a\u00f1os, como los casos notables de reconocidos autores, ya en la recta final, no es nada aventurado imaginar que, por estos d\u00edas, cada quien de los postulados tenga d\u00e1ndole vueltas el premio en su cabeza. Es humano que as\u00ed sea, pues no se trata de cualquier decisi\u00f3n, el Nobel constituye, en un muy amplio sentido, la coronaci\u00f3n literaria de todo escritor.<\/p>\n<p>En uno de mis art\u00edculos anteriores (El peso de las palabras: 21 gramos) me refer\u00ed al caso de R\u00f3mulo Gallegos, postulado nueve veces al premio, entre 1951 y 1967, sin conseguir, como sabemos, el ansiado galard\u00f3n. Asimismo, de pasada, recordamos la injusticia cometida, a mi juicio, con Jorge Luis Borges, quien quiz\u00e1s sea uno de los m\u00e1s destacados escritores de habla hispana del siglo veinte sin obtener el mencionado premio. Acostumbrado como estaba a su reiterada nominaci\u00f3n anual sin prosperar, en cierto momento, afirm\u00f3: \u201cDe hecho creo que podr\u00eda decirse que es una tradici\u00f3n n\u00f3rdica no otorgarme el Nobel. Ya es una parte de la mitolog\u00eda n\u00f3rdica\u2026\u201d. El autor argentino, pese a no recibir la distinci\u00f3n, sin embargo, su nombre figura entre los grandes escritores de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Pablo Neruda recibi\u00f3 en 1971 el Nobel de Literatura, siendo el sexto escritor de habla hispana y el tercer latinoamericano en recibirlo, pues ya antes, en 1945, Gabriela Mistral lo hab\u00eda conseguido y Miguel \u00c1ngel Asturias en 1967, cuando, precisamente, por \u00faltima vez R\u00f3mulo Gallegos estuvo postulado.<\/p>\n<p>El poeta chileno escribe en sus memorias una extensa referencia sobre el tema que bien vale la pena citar.<\/p>\n<p>\u201cLa verdad es que todo escritor de este planeta llamado Tierra quiere alcanzar alguna vez el Premio Nobel, incluso los que no lo dicen y tambi\u00e9n los que lo niegan.\u201d<\/p>\n<p>Este comentario forma parte de su publicaci\u00f3n <em>Confieso que he vivido. Memorias.<\/em> (1974). Y, ah\u00ed, realizando una suerte de <em>confesi\u00f3n,<\/em> cuenta, por otra parte, los pormenores de su larga espera y del momento en que, finalmente, fue seleccionado.<\/p>\n<p>\u201cMi Premio Nobel tiene una larga historia. Durante muchos a\u00f1os son\u00f3 mi nombre como candidato sin que ese sonido cristalizara en nada.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 1963 la cosa fue seria. Los radios dijeron y repitieron varias veces que mi nombre se discut\u00eda firmemente en Estocolmo y que yo era el m\u00e1s probable vencedor entre los candidatos al Premio Nobel. Entonces Matilde y yo pusimos en pr\u00e1ctica el plan n\u00famero tres de defensa dom\u00e9stica. Colgamos un candado grande en el viejo port\u00f3n de Isla Negra y nos pertrechamos de alimentos y vino tino. \u00a0[\u2026]<\/p>\n<p>Los periodistas llegaron pronto. Los mantuvimos a raya. No pudieron traspasar aquel port\u00f3n, salvaguardado por un enorme candado de bronce tan bello como poderoso. Detr\u00e1s del muro exterior rondaban como tigres. \u00bfQu\u00e9 se propon\u00edan? \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda decir yo de una discusi\u00f3n en la que s\u00f3lo tomaban parte acad\u00e9micos suecos en el otro lado del mundo? [\u2026]<\/p>\n<p>La radio nos anuncia que un buen poeta griego ha obtenido el renombrado premio. Los periodistas emigraron. Matilde y yo nos quedamos finalmente tranquilos.\u201d<\/p>\n<p>Esta referencia nos remite a 1963, ocho a\u00f1os antes de que finalmente recibiera el premio. En 1971, Pablo Neruda, embajador en Francia, se enter\u00f3 de su nueva nominaci\u00f3n a trav\u00e9s de la acostumbrada v\u00eda de los rumores, los peri\u00f3dicos anunciaban una y otra vez su nombre, pero prevenido de la anual decepci\u00f3n, aburrido, como \u00e9l mismo confiesa, opt\u00f3 por una comedida precauci\u00f3n. \u201cYa me parec\u00eda irritante ver aparecer mi nombre en las competencias anuales, como si yo fuera un caballo de carreras\u201d.<\/p>\n<p>Muchos autores, con reales y efectivas probabilidades de obtener el premio, de seguro experimentaron similar, incluso, el mismo el fastidio que Neruda se\u00f1ala en su libro.<\/p>\n<p>Cuentan que el escritor Paul Val\u00e9ry, siendo nominado como uno de los m\u00e1s firmes candidatos al premio, la ma\u00f1ana en que se discut\u00eda en Estocolmo el veredicto, sali\u00f3 de su casa muy temprano a una especie de excursi\u00f3n para contener el nerviosismo, cuando regres\u00f3 pregunt\u00f3 a su secretaria si hab\u00eda tenido alguna llamada telef\u00f3nica, y entonces, esta le respondi\u00f3 afirmativamente. Ansioso, estimando que, en efecto, era lo que esperaba, de nuevo la interrog\u00f3, imaginamos algo como: \u201c\u00bfqu\u00e9 noticia le dieron?\u201d. Para su sorpresa, la secretaria contest\u00f3: \u201cera una periodista sueca que quer\u00eda saber su opini\u00f3n sobre el movimiento emancipador de las mujeres\u201d.<\/p>\n<p>El mismo escritor a veces refer\u00eda la an\u00e9cdota con la iron\u00eda que, ciertamente, contiene y que deja un lejano sabor amargo. Nunca recibi\u00f3 el Nobel.<\/p>\n<p>El caso es que, Neruda, reci\u00e9n operado y apenas recuper\u00e1ndose, en Par\u00eds, esper\u00f3 la notificaci\u00f3n oficial del embajador sueco, no obstante que la radio francesa ya daba por hecho que el Premio Nobel de Literatura le hab\u00eda sido otorgado al <em>po\u00e8te chilien<\/em> Pablo Neruda.<\/p>\n<p>\u201cYo estaba reci\u00e9n operado, an\u00e9mico y titubeante al andar, con pocas ganas de moverme. Llegaron los amigos a comer conmigo aquella noche. Matta, de Italia; Garc\u00eda M\u00e1rquez, de Barcelona; Siqueieros de M\u00e9xico; Miguel Otero Silva, de Caracas; Arturo Camacho Ram\u00edrez, del propio Par\u00eds; Cort\u00e1zar, de su escondrijo. Carlos Vasallo, chileno, viaj\u00f3 desde Roma para acompa\u00f1arme a Estocolmo. [\u2026] La ceremonia ritual del Premio Nobel tuvo un p\u00fablico inmenso, tranquilo y disciplinado, que aplaudi\u00f3 oportunamente y con cortes\u00eda. El anciano monarca nos daba la mano a cada uno; nos entregaba la medalla y el cheque; y retorn\u00e1bamos a nuestro sitio en el escenario, ya no escu\u00e1lido como en el ensayo, sino cubierto ahora de flores y de sillas ocupadas.\u201d<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del poeta chileno, hubo de esperarse en Latinoam\u00e9rica once a\u00f1os por el siguiente laureado, en 1982 le fue concedido el Nobel de Literatura Gabriel Jos\u00e9 de la Concordia Garc\u00eda M\u00e1rquez. Hac\u00eda quince a\u00f1os que se hab\u00eda publicado su obra m\u00e1s c\u00e9lebre, \u00abCien a\u00f1os de soledad\u201d.<\/p>\n<p>\u201cAll\u00ed, de pie bajo la fr\u00eda noche mexicana, vestido con una chaqueta deportiva de cuadritos y un su\u00e9ter de cuello abierto, estaba uno de sus m\u00e1s viejos y entra\u00f1ables amigos, escritor y colombiano como \u00e9l, y tambi\u00e9n residente en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Gabito! \u2013exclam\u00f3 Mutis, asombrado, ante aquel hombre que parec\u00eda temblar de pies a cabeza. Y era cierto: Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez estaba p\u00e1lido y como asustado.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 te pasa, hermano? \u2013pregunt\u00f3 Mutis.<\/p>\n<p>\u2013Necesito que me escondas en tu casa \u2013murmur\u00f3 el novelista.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY esa vaina? \u2013se extra\u00f1\u00f3 Mutis\u2013. Ya s\u00e9: peleaste con Mercedes.<\/p>\n<p>\u2013Peor, hermano \u2013dijo Garc\u00eda M\u00e1rquez, con un gran desconsuelo\u2013. Me acaban de dar el Premio Nobel&#8230;\u201d<\/p>\n<p>As\u00ed relata el periodista Juan Gossa\u00edn en una cr\u00f3nica titulada \u201cUn amigo vale m\u00e1s que un Nobel\u201d, publicada en la revista <em>Semana<\/em> el 21 de octubre de 1982, las tribulaciones de Garc\u00eda M\u00e1rquez al saberse ganador del premio el d\u00eda 20 de octubre de 1982.<\/p>\n<p>\u201cEl mi\u00e9rcoles 20 de octubre, a las nueve de la noche, son\u00f3 tres veces el timbre de la puerta. La casa de \u00c1lvaro Mutis, en el sector de San Jer\u00f3nimo, est\u00e1 situada en uno de los barrios m\u00e1s tranquilos y hermosos de M\u00e9xico. De manera que aquella persona que estaba timbrando desesperadamente desde la calle, rompiendo en astillas el silencio de la noche, debi\u00f3 provocar un moh\u00edn de censura en los vecinos.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Ya voy, ya voy! \u2013grit\u00f3 Mutis desde la sala, pregunt\u00e1ndose qui\u00e9n podr\u00eda ser el que llegara a importunar a semejante hora.\u201d<\/p>\n<p>Para la fecha reci\u00e9n se hab\u00eda publicado su libro <em>El olor de la guayaba<\/em>. (1982), bajo el sello editorial de La Oveja Negra, en Bogot\u00e1, con un tiraje de 200.000 ejemplares. En esta obra; una amena y desembarazada conversaci\u00f3n con su carnal Plinio Apuleyo Mendoza, los dos autores se pasean por diversos temas, se dir\u00eda que conversaron de lo humano y lo divino con absoluta franqueza, sin embargo, por ninguna parte figura menci\u00f3n o referencia aun cuando fuere pasajera al citado premio, como podr\u00eda haberse esperado de alguien tan reconocido ya en el mundo literario, quiz\u00e1s haya sido por prudencia, o que, efectivamente, el escritor prefer\u00eda no pensar en ese tema, dejando correr las aguas libremente en el r\u00edo.<\/p>\n<p>Una vez concedido el premio, precisamente, ese mismo a\u00f1o, todo parecer\u00eda indicar a que, en efecto, para Garc\u00eda M\u00e1rquez, aquel genio saliendo de la botella, fue una verdadera sorpresa.<\/p>\n<p>\u201cMutis se qued\u00f3 con la boca abierta. Ahora el que empez\u00f3 a temblar fue \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00c1lvaro Mutis tom\u00f3 a Garc\u00eda M\u00e1rquez del brazo, lo hizo entrar, cerr\u00f3 la puerta y regresaron al estudio.<\/p>\n<p>El anfitri\u00f3n sirvi\u00f3 whisky en dos vasos. Gabito bebi\u00f3 un trago largo.<\/p>\n<p>\u2013Ahora s\u00ed, cu\u00e9ntame el cuento \u2013le dijo Mutis, tranquiliz\u00e1ndolo, y sent\u00e1ndose frente a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2013Me llam\u00f3 Pierre Shoris&#8230; \u2013comenz\u00f3 a decir Gabito.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQui\u00e9n es ese? \u2013interrumpi\u00f3 Mutis.<\/p>\n<p>\u2013El vice-ministro de Relaciones Exteriores de Suecia \u2013explic\u00f3 Gabo\u2013. Es amigo m\u00edo y me dijo: \u201cTienes que venir a Estocolmo el 11 de diciembre, pero con frac\u201d.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Mierda! \u2013exclam\u00f3 Mutis, sorprendido.\u201d<\/p>\n<p>En 1990, ocho a\u00f1os despu\u00e9s del Nobel anterior, la Academia Sueca otorg\u00f3 a Octavio Paz el Premio Nobel de Literatura, en reconocimiento a su \u00abapasionada obra literaria de amplios horizontes, moldeada por una inteligencia sensual y un humanismo \u00edntegro\u00bb, seg\u00fan recoge el diario El Pa\u00eds, de Espa\u00f1a, el 11 de octubre de 1990. Asimismo, destaca que el escritor mexicano se refiri\u00f3 al veredicto en los t\u00e9rminos siguientes:<\/p>\n<p>\u201cMi gran satisfacci\u00f3n ha sido tener lectores, porque ese es el mejor premio para un escritor.\u201d<\/p>\n<p>Octavio Paz ya hab\u00eda recibido el Premio Cervantes en 1981, de modo que la acreditaci\u00f3n del celebrado galard\u00f3n de la literatura universal, probablemente no represent\u00f3 una sorpresa para \u00e9l, no obstante, se refiriera a este como: \u201cuna gran sorpresa, una gran alegr\u00eda, y una profunda emoci\u00f3n; no me lo esperaba\u201d.<\/p>\n<p>Aventuro esa afirmaci\u00f3n conforme hab\u00eda transcurrido su intensa vida literaria, definida por sus contempor\u00e1neos como prol\u00edfica y apasionada, acreedora, por otra parte, de los m\u00e1s relevantes reconocimientos que escritor alguno hubiera podido aspirar. De modo que, si las saetas del azar no actuaban desorientando con sus veleidosos rumbos el futuro literario del autor, de seguro el Nobel habr\u00eda de llegarle en cualquier momento.<\/p>\n<p>Pues lo hizo a sus 76 a\u00f1os, estando en Nueva York mientras preparaba una conferencia para las Naciones Unidas y decenas de periodistas intentaban llegar hasta \u00e9l para conocer sus impresiones. \u201cEl Nobel no me cambiar\u00e1, y me obligar\u00e1 a seguir escribiendo\u201d, dijo.<\/p>\n<p>El escritor, un hombre vinculado intelectualmente a la izquierda, para quien \u201cla fama es peligrosa y hay que luchar contra ella con iron\u00eda\u201d, recibi\u00f3 la noticia con pasmosa tranquilidad.<\/p>\n<p>Para su bi\u00f3grafa, la escritora Elena Poniatowska, el poeta fue \u201cun hombre que vivi\u00f3 para las letras\u201d, y, en efecto, as\u00ed lo evidencia su extensa producci\u00f3n literaria desde que publicara su primera obra, <em>Luna Silvestre<\/em> en 1933.<\/p>\n<p>De acuerdo con Poniatowska, una de las consecuencias m\u00e1s notables del premio para el autor de <em>El laberinto de la soledad<\/em>. (1950), fue que lo convirti\u00f3 en \u201cel intelectual que el pa\u00eds presentaba al mundo\u201d, un poco parecido a lo que ocurri\u00f3 en Colombia con Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez.<\/p>\n<p>Pese a la afirmaci\u00f3n sobre las consecuencias que el Nobel tendr\u00eda para \u00e9l, minimizando en cierto modo su impacto como la referencia literaria que en adelante ser\u00eda, como similarmente, ocho a\u00f1os atr\u00e1s dijera Garc\u00eda M\u00e1rquez, \u201cla vida va a seguir igual. Yo no voy a cambiar\u201d. El premio lo convirti\u00f3 en el puente entre M\u00e9xico y el resto del mundo. As\u00ed, ese mismo d\u00eda en que se conoc\u00eda el veredicto, hubo de responder a los periodistas que, apremiados por redactar sus primeras impresiones, le abordaban en el hotel Drake de Nueva York con una infinidad de interrogantes en espa\u00f1ol, ingl\u00e9s y franc\u00e9s. \u201cEl Nobel no me cambiar\u00e1, y me obligar\u00e1 a seguir escribiendo\u201d. Ya lo hab\u00eda hecho sin que pudiera evitarlo.<\/p>\n<p>Cuenta la cr\u00f3nica generalizada sobre los momentos previos al conocimiento del nuevo Premio Nobel de Literatura de 2010, que Mario Vargas Llosa se encontraba en la Universidad de Princeton preparando su clase para el curso \u201cFilosof\u00eda de la escritura\u201d, como usualmente hac\u00eda en su acostumbrada rutina acad\u00e9mica. Nada presagiaba en su habitual comparecencia antes sus estudiantes, que en unos instantes todo cambiar\u00eda, \u00fanicamente \u00e9l sabe si en aquellos momentos pasaba por su mente el Premio; si por tan s\u00f3lo en unos instantes fugaces, como le ocurre a todo el mundo, un pensamiento hu\u00e9rfano se les escapaba desde sus m\u00e1s \u00edntimas cavilaciones, para en ejercicio de fantas\u00eda incontenible, imaginarse la acreditaci\u00f3n del mencionado galard\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando de pronto son\u00f3 el tel\u00e9fono, con el secretario general de la Academia Sueca notific\u00e1ndole la decisi\u00f3n que todo autor espera alg\u00fan d\u00eda, el rostro del escritor se ilumin\u00f3: \u201cSe\u00f1or Vargas Llosa, me complace anunciarle que es el ganador del Premio Nobel de Literatura\u201d.<\/p>\n<p>Hab\u00eda transcurrido un tiempo notable desde la \u00faltima acreditaci\u00f3n para un latinoamericano, dos d\u00e9cadas, exactamente, para que de nuevo un escritor \u2013el quinto\u2013 de esta regi\u00f3n del mundo obtuviera el renombrado premio de las letras. Era la ma\u00f1ana del 7 de octubre de 2010.<\/p>\n<p>As\u00ed parec\u00eda, entonces que, de nuevo, dome\u00f1adas todas las corrientes del azar, confluyeran excepcionalmente otra vez congeniando talento, perseverancia, ingenio creativo, calidad narrativa y, especialmente, honestidad intelectual, en un solo nombre, uno de los m\u00e1s conspicuos representantes de aquello que se conoci\u00f3 entre los a\u00f1os sesenta y setenta del siglo pasado como el <em>boom<\/em> literario latinoamericano. Vargas Llosa ten\u00eda entonces 74 a\u00f1os de edad, eran ya lejanos los d\u00edas de sus inicios como narrador reconocido. En 1962 con su novela <em>La ciudad y los perros,<\/em> obtiene el Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral. Y en 1967 el Premio R\u00f3mulo Gallegos con su obra <em>La casa verde. <\/em>En 1986 es reconocido con el Premio Pr\u00edncipe de Asturias de las Letras y en 1994 el Premio Cervantes. S\u00f3lo era cuesti\u00f3n de tiempo, como antes se\u00f1al\u00e9 con Octavio Paz, que el Nobel estuviera en su camino.<\/p>\n<p>Peter Englund, secretario permanente del comit\u00e9 del Nobel, dijo que telefone\u00f3 a Vargas Llosa para darle la noticia.<\/p>\n<p>\u201cMe dio un poco de verg\u00fcenza llamarlo tan temprano. Pero estaba levantado desde las 5 de la ma\u00f1ana preparando una clase (&#8230;) Estaba euf\u00f3rico. Estaba muy, muy emocionado\u201d. Seg\u00fan se rese\u00f1\u00f3 en Reuters el 7 de octubre de 2010.<\/p>\n<p>\u201cEsta ma\u00f1ana cre\u00ed que podr\u00eda ser una broma la llamada de ese se\u00f1or que me dijo que era el secretario general de la Academia Sueca\u201d, relat\u00f3 en la conferencia de prensa que Reuters recoge ampliamente.<\/p>\n<p>El Nobel de Literatura, a diferencia de las otras distinciones, no se otorga debido a una investigaci\u00f3n o un descubrimiento particular, sino por todo un recorrido, que suele llevar una vida entera, de exploraci\u00f3n narrativa, de innovaci\u00f3n en las infinitas posibilidades que la pl\u00e1stica de las palabras, invent\u00e1ndose al amparo de la b\u00fasqueda humana para alumbrar ilusiones, pueda hacer de las capacidades expresivas una fuente de inspiraci\u00f3n para los lectores.<\/p>\n<p>Mario Vargas Llosa es uno de los intelectuales m\u00e1s relevantes de nuestro tiempo, su obra, inmensa, prol\u00edfica, como pocos, es una obligada referencia de la literatura de habla hispana del siglo pasado y de lo que va del presente. Es una fortuna, juicio personal, naturalmente, que no resultara vencedor en la contienda pol\u00edtica en la que los peruanos optaron por el dislate <em>fujimorista<\/em>. De seguro habr\u00eda sido un buen presidente, no abrigo dudas sobre eso, pero aquella experiencia, en un pa\u00eds con las complejidades estructurales del Per\u00fa, con las insospechadas tramas de conspiraciones y tragedias de toda suerte que suele ser vida de nuestros pa\u00edses, no s\u00e9 si habr\u00eda valido la pena apartarlo de su pasi\u00f3n, esa que tanto le ha aportado a nuestro tiempo, para sumergirlo en ese <em>Canudos<\/em> ingrato que el destino se empe\u00f1a en forjar para nuestros pueblos.<\/p>\n<p>\u201cSin las ficciones ser\u00edamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideolog\u00eda o una religi\u00f3n. Quienes dudan de que la literatura, adem\u00e1s de sumirnos en el sue\u00f1o de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresi\u00f3n, preg\u00fantense por qu\u00e9 todos los reg\u00edmenes empe\u00f1ados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginaci\u00f3n discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacci\u00f3n, mostrando que el mundo est\u00e1 mal hecho, que la vida de la fantas\u00eda es m\u00e1s rica que la de la rutina cotidiana.\u201d<\/p>\n<p>(Fragmento del discurso de Mario Vargas Llosa durante la entrega del Premio Nobel de Literatura 2010)<\/p>\n<p>Como al principio indiqu\u00e9, a la fecha de hoy, cuando se publica el presente art\u00edculo, pocos d\u00edas faltar\u00e1n para conocerse el veredicto sobre el Nobel de Literatura de 2023, quiera, como tambi\u00e9n antes dije, que todas las atolondradas corrientes con las que nos sorprende con frecuencia el azar, jueguen limpio y se apacienten con la serenidad, acaso rindi\u00e9ndose ante la evidente contundencia de la consecuente labor literaria de alguien como Rafael Cadenas, nuestro admirado poeta, para que pueda coronar en el sereno crep\u00fasculo de su vida, el m\u00e1s alto reconocimiento de las letras universales. \u00a1Que as\u00ed sea!<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/edinson-martinez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edinson Mart\u00ednez Este art\u00edculo ser\u00e1 largo, como probablemente haya sido la espera para muchos escritores a las puertas de obtener el m\u00e1s importante premio de la literatura universal. Cuando salga, estaremos a pocas semanas de conocer el veredicto de la Academia Sueca sobre el Premio Nobel de Literatura del presente a\u00f1o. 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