{"id":8842,"date":"2023-09-03T00:29:14","date_gmt":"2023-09-03T00:29:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8842"},"modified":"2023-11-24T18:11:43","modified_gmt":"2023-11-24T18:11:43","slug":"dos-cuentos-de-pablo-dominguez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-pablo-dominguez\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Pablo Dom\u00ednguez"},"content":{"rendered":"<h3><strong>El capit\u00e1n y la estrella<\/strong><\/h3>\n<p>Cabecean los palos desnudos de los nav\u00edos al, al vaiv\u00e9n sosegado del agua. A lo largo de los muelles en reposo, van y vienen paseantes, quienes dejan la ciudad calurosa para buscar aqu\u00ed un poco de brisa fresca y un rato de contemplaci\u00f3n pl\u00e1cida del paisaje, sedante y contrapeso del braceo rudo en la lucha contra el otro mar, tambi\u00e9n amargo y recio, que todos los d\u00edas por el pan nuestro libra el hombre sin piedad y acaso sin mayor fortuna. Oficiales estirados, marineros indiferentes, alguna pareja rom\u00e1ntica sue\u00f1a con el \u201cviaje de novios\u201d y en la esbeltez del horizonte mira suspenderse la cortina de las equivocaciones. Recostados a los muelles, altos barcos trasatl\u00e1nticos, llenos de luces, aguardan la hora de partir. La muselina de la brisa juega entre los aparejos de las goletas ancladas y susurran en los o\u00eddos de los marinos adormilados canciones de la tierra, del mar y del viento. Llega el eco de una canci\u00f3n isle\u00f1a. Del bote raqu\u00edtico acurrucado entre quillas potentes, salta la copla hasta los andenes y riela en el aire, el aire di\u00e1fano de los recuerdos. Canta el hombre una canci\u00f3n de su tierra isle\u00f1a que es como el pan y el vino en el altar de sus recuerdos.<\/p>\n<p>Mientras tanto, por el canal de aguas tranquilas bogan las estrellas. Las obras del Astillero lucen como sombras de gigantes. El Castillo, recuerdo innoble detenido all\u00ed para que sea permanente en la conciencia de todos, ense\u00f1a sus paredes encaladas, mientras gui\u00f1an los ojos de los faros a las embarcaciones atrevidas. V\u00edstese a lo lejos, el mar, de lucecitas tiernas. El claro de luna descubre los contornos de in nav\u00edo que se acerca al puerto y a poco se precisa el bravo perfil de la Estrella virando hacia la bah\u00eda, en donde habr\u00e1 de quedarse hasta el amanecer. Pedro Esteban dicta \u00f3rdenes mientras mira la fila negra de cocoteros y se le pierde la mirada entre la espuma de las olas que se quiebran contra las pie- dras de Goigoaza. No tiene ganas de re\u00edr ahora por- que trae la alegr\u00eda metida dentro del pecho, como si lo estuviera dentro de un ata\u00fad. Apenas ve las casitas de la playa, los faroles de la ciudad y apercibe los ecos de la vida en tierra,<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Viene Pedro Esteban esta vez dispuesto a no regresar a la casa en donde sus dos chiquitines lo besaron al partir&#8230; quiz\u00e1 por \u00faltima vez. Su esposa, buena mujer, espera all\u00e1 el regreso de Pedro, con la misma alegr\u00eda de siempre, porque cada vez que su marido deja las playas coste\u00f1as para hacer el recorrido, el alma se le afina para rogarle a la Virgencita adorada que lo cuide, lo ampare y lo proteja en el viaje. Y all\u00e1 debe de estar ella ahora deshojando las cuentas de su rosario frente a la Virgen del Valle.<\/p>\n<p>Pedro Esteban acaba de ordenar las maniobras y al poco rato, la Estrella est\u00e1 segura; ma\u00f1ana temprano cruzar\u00e1n el canal y podr\u00e1n todos irse a tierra, como siempre. Tendido en su litera, Pedro Esteban repasa sus cuentas, pone orden en sus asuntos pendientes, mientras contempla las estrellas. Para llegar a la resoluci\u00f3n que ahora le pone turbio el pensamiento y acelera el ritmo card\u00edaco, ha. sido preciso agotarlo todo, todo, todo. \u00c9l no fue nunca hom-bre de pleitos y rehuy\u00f3 hasta lo imposible el lance de botiqu\u00edn, la pendencia callejera, donde muchos hombres botan la vida por un palo de aguardiente o por una frase cualquiera. Recuerda.<\/p>\n<p>Puede ser que el barbero tuviera raz\u00f3n al buscarle la vida, pero, en todo caso, \u00e9l ha sido franco al enemigo. Despu\u00e9s del lance en el and\u00e9n n\u00famero cuatro, Pedro Esteban ha quedado comprometido en su honor de hombre y ya esto no es posible evadirlo; quiere parecer todo, menos cobarde. El recuerdo de sus dos hijos y su mujer, si bien es cierto que le suavizan el rencor, tambi\u00e9n, en verdad, acicat\u00e9ale la hombr\u00eda. \u00c9l piensa sin poder comprenderlo bien, mi explic\u00e1rselo tampoco, como el hombre aquel de Tarifa; prefiere que sus hijos guarden recuerdo digno del padre muerto y nunca padre vivo con mancha de cobard\u00eda en la frente.<\/p>\n<p>La cosa sucedi\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Una noche libre como tantas otras. Por las alturas de Campo Alegre conoci\u00f3 a una mujer bonita. Marinero en tierra y con noche franca no par\u00f3 mientes en cortejarla. La mujer le dijo que era comprometida y \u00e9l con arrogancia dej\u00f3 caer estas palabras:<\/p>\n<p>\u2014Deja al hombre ese, y vente conmigo para que seas la br\u00fajula de la Estrella.<\/p>\n<p>Las paredes tienen o\u00eddos. Esta vez el viento recogi\u00f3 las palabras del marinero y fue a llev\u00e1rselas al marido.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aj\u00e1! \u00bfConque as\u00ed es la cosa?<\/p>\n<p>Y con el coraz\u00f3n arrugado y chico como uva bien pasada sentenci\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pues que se prepare, porque donde lo encuentre lo mato!<\/p>\n<p>\u00a1Ay, Virgen del Valle, qu\u00e9 cosas tan feas tiene la vida! No eran culpables. El marino dej\u00f3 caer la galanter\u00eda sin comprender, casi, lo que dec\u00eda; quiz\u00e1 por hacer una frase frente a una mujer bonita. Pedro Esteban supo que el marido hab\u00eda dicho aquello y un d\u00eda, mientras aguardaba la llegada de la carga, en el and\u00e9n, acert\u00f3 a pasar el hombre con un sartal de pargos en la mano. Pedro Esteban se le fue encima:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oye, buen hombre, s\u00e9 que me est\u00e1s buscando para matarme! \u00a1Aqu\u00ed estoy! \u00a1Hablemos! \u00bfQu\u00e9 es lo que pasa?<\/p>\n<p>El otro dio un salto:<\/p>\n<p>\u2014i\u00a1Hola, capit\u00e1n, es cierto! \u00a1No te han dicho mentiras!<\/p>\n<p>Silencio. Los dos hombres se abren. Los indiferentes se ponen en guardia. Pedro rasga el momento \u00e1lgido:<\/p>\n<p>\u2014i\u00a1Hablemos! \u00bfQu\u00e9 tiene usted conmigo?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Me est\u00e1s enamorando la mujer!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eso no es cierto!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo que no?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1As\u00ed como lo oye! \u00a1No es verdad!<\/p>\n<p>\u2014iLe has dicho a mi mujer que me deje para que se vaya contigo!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eso s\u00ed es verdad!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo dice, pues, que todo es mentira?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Lo dije porque todo hombre puede decirlo a todas las mujeres!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pero es que al hombre se respeta!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Yo no lo conoc\u00eda ni sab\u00eda que era verdad lo que dijo tu mujer!<\/p>\n<p>El di\u00e1logo, cortante y sereno, marc\u00f3 un punto. El barbero dio media vuelta, pas\u00f3 el sartal rosado de pargos a la mano izquierda y se limpi\u00f3 el sudor de la frente con la otra manga. Luego:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bien! Es bueno que sepa que lo dicho no es para olvidarlo, porque a m\u00ed nadie me ha lat\u00edo en la cueva.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Por eso es que lo busco, amigo!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vamos a hacer una cosa!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Lo que diga el amigo!<\/p>\n<p>\u2014Vamos a reservar el lance para otro d\u00eda, \u00a1porque ahora no estoy armao!<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Convenido!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPalabra de hombre?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Palabra de marinero!<\/p>\n<p>Pedro Esteban se guard\u00f3 aquello. Probablemente el otro tambi\u00e9n. Pasaron los meses, pero cada vez que hac\u00eda la escala obligada en Puerto Cabello, no faltaba nunca el comentario ir\u00f3nico entre la gente de la Caleta; esos comentarios que casi siempre tienen la culpa de todas las desgracias. Y las palabras del compromiso brotaban en voz baja, muchas veces aludiendo al marino:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hay muchas personas en el mundo que son \u00abbuchipluma\u00bb!<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 mortificaci\u00f3n, Virgen del Valle! \u00a1Alg\u00fan d\u00eda tendr\u00e1 que batirse con el hombre! \u00a1Alg\u00fan d\u00eda tendr\u00e1 que jugarse la vida por nada, por una palabra! Y repet\u00eda por lo bajo, con profunda convicci\u00f3n, con arraigada fe de creyente:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vida que cuida la Virgen del Valle, no la toca nadie!<\/p>\n<p>En este viaje, Pedro Esteban ven\u00eda dispuesto a quitarse de encima aquel peso que lo atormentaba. Y mientras repasaba los hechos, tendido en su litera, la luna iba poni\u00e9ndose ya tras de los cerros de la costa, y por sobre les aguas tranquilas, la noche ven\u00eda poniendo sus cendales de sue\u00f1o. Se rindi\u00f3 al suave terral de la noche.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Dio sus \u00f3rdenes. Contra toda costumbre, dio poderes al segundo para continuar el viaje por si los asuntos que deb\u00eda arreglar en tierra, lo obligaban a quedarse. La gente de a bordo sospech\u00f3, pero nada raro les dec\u00eda la tranquilidad del capit\u00e1n que fuera capaz de grabarles una verdad. Limpi\u00f3 su rev\u00f3lver, arregl\u00f3 sus papeles, se visti\u00f3 de limpio y, mientras la Estrella cargaba cemento para Tucacas, salt\u00f3 a tierra. Directamente lleg\u00f3 a la barber\u00eda del hombre:<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Buenos d\u00edas!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hola, Capit\u00e1n!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMe podr\u00e1 ust\u00e9 afeitar?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Con mucho gusto! \u00a1Espere su turno!<\/p>\n<p>Un cliente estaba en la poltrona. Minutos de asombro. \u00bfQu\u00e9 pensar\u00edan aquellos dos hombres en aquellos momentos? Pedro Esteban sab\u00eda a qu\u00e9 atenerse. El barbero lo sacrificar\u00eda, ciertamente, pero \u00e9l esperaba ultimarlo en las ansias de la muerte. Ten\u00eda el rev\u00f3lver montado en el bolsillo del pantal\u00f3n. Termin\u00f3 de arreglar al cliente, y el barbero, l\u00fagubre y desconcertado, lo invit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Si\u00e9ntese!<\/p>\n<p>Pedro Esteban entreg\u00f3 su cabeza al hombre que hab\u00eda jurado matarlo. Afil\u00f3 la navaja, la pas\u00f3 por la correa del asentador y comenz\u00f3 su trabajo. \u00bfQu\u00e9 extra\u00f1os y terribles pensamientos cruzaron por los recovecos de las almas de aquellos dos hombres, comprometidos a ultimarse? Pero del fondo de lo humano deber\u00eda surgir un pensamiento asimismo humano, justo.<\/p>\n<p>\u00a1Las cosas! \u00a1Nadie sabe nada! \u00a1Vida que cuida la Virgen del Valle no la toca nadie!<\/p>\n<p>Pas\u00f3 la navaja muchas veces por la aorta, desca\u00f1on\u00f3 bien la barbilla; despu\u00e9s de efectuar su trabajo, le puso vaselina perfumada en los cabellos y lo pein\u00f3. Al levantarse de la poltrona, el barbero dijo en alta voz:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mire, Capit\u00e1n, entre los dos no ha pasado nada, ust\u00e9 es hombre completo y yo quiero que sea mi amigo!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cumplo con mi deber de hombre!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mire, Capit\u00e1n, tengo cincuenta y siete a\u00f1os y nunca me hab\u00eda tropezado con un hombre como ust\u00e9! \u00a1Ust\u00e9 es un hombre!<\/p>\n<p>\u00a1Se abrazaron aquellos dos leones!<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00a1Buen viento, marinero! \u00a1Est\u00e1 zarpando la Estrella! Bajo los \u00faltimos arreboles del ocaso cruza las quietas aguas del canal. \u00a1Buen viaje, Pedro Esteban!<\/p>\n<p>Con brisa en la popa, se escurre la nave y va dejando surcos en el agua oscura.<\/p>\n<p>\u00a1Buen viento, marinero!<\/p>\n<h3><strong>Ponzo\u00f1as<\/strong><\/h3>\n<p>1<\/p>\n<p>Recuerdan vagamente la noche en que vinieron a dar en aquel dulce rinconcito, en el hogar del matrimonio burgu\u00e9s. Algo as\u00ed como un cendal muy leve se alza de cuando en cuando ante la realidad de sus vidas. Seguramente sucedi\u00f3 algo muy grave cuando ellos apenas tuvieron tiempo de huir sin haber probado ni un solo bocadito maternal.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 alg\u00fan tiempo. Sent\u00edan deseos de caminar afuera, de comer alguna cosa distinta y abundante que no fuera lo mismo de que se alimentaban, raci\u00f3n que apenas les sosten\u00eda. Por el hambre se dieron cuenta de la situaci\u00f3n y sol\u00edan preguntarse por qu\u00e9 estaban all\u00ed y cu\u00e1l causa los obligaba a vivir metidos en aquel rinc\u00f3n sin atreverse a salir al ancho mundo que miraban con ojos melanc\u00f3licos desde la guarida. No lo sab\u00edan. Las manifestaciones del instinto los obligaba a resguardarse todo lo mejor posible. Cada vez que o\u00edan pisadas cerca o alg\u00fan ruido extra\u00f1o, corr\u00edan a ocultarse mejor, en el fondo del hueco para convencerse luego de que nadie iba contra ellos. Esto ocurr\u00eda muy a menudo; cuando las pisadas del se\u00f1or se acercaban a la cama, al penetrar la mujer en el cuarto entablado, cuando el ni\u00f1o desgranaba el caracol de su risa. Era un vivir asombroso que ellos se empe\u00f1aban en desentra\u00f1ar. Pero, no lo sab\u00edan.<\/p>\n<p>Una noche, despu\u00e9s de muchas cavilaciones \u2014minutos apenas, siglos enteros para sus vidas oscuras\u2014 salieron al patio. \u00a1Qu\u00e9 hermoso silencio! \u00a1Palpitaci\u00f3n elocuente y muda del alma del Universo! Subieron cuando las respiraciones \u2014 hombre, ni\u00f1o y mujer\u2014 llenaban el cuarto con las tres sinfon\u00edas acompasadas y graves, himnos de paz y de pureza acordes en un todo \u2014augusta trinidad\u2014 con la divina misi\u00f3n sagrada. Un olor penetrante llenaba los corredores. No lejos de sus ojos vieron las sombras del jardinillo familiar, la enredadera sobre el muro, llena de florecitas blancas. Vieron todo el panorama del enorme mundo que exist\u00eda un poco m\u00e1s all\u00e1 del rinc\u00f3n del cuarto y durante mucho rato quedaron maravillados. \u00bfPor qu\u00e9 aquella luminosidad que llenaba los patios y los corredores? \u00a1No lo sab\u00edan!<\/p>\n<p>\u00a1Atravesaron el comedor, llegaron a la cocina, hallaron comida abundante!<\/p>\n<p>Desde entonces el m\u00e1s peque\u00f1o siente nuevos br\u00edos y el otro robustece m\u00e1s y m\u00e1s. \u00a1Tiene una u\u00f1a con la que es capaz de rayar un poste!<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>Estas caminatas \u2014\u00bfser\u00e1 in\u00fatil repetir la verdad incontestable de que siempre se vuelve, de alg\u00fan modo, por los mismos caminos transitados?\u2014 familiarizaron un poco m\u00e1s sus vidas reclusas; se quedaban en otros sitios d\u00edas enteros para regresar, como de vuelta del campo, de la playa, donde se pasaron horas y d\u00edas felices, al hogar sereno y confortable.<\/p>\n<p>Una tarde, el m\u00e1s peque\u00f1o, cuando se dispon\u00eda a regresar a su cueva, fue sorprendido por la sirvienta y muerto en el acto por la se\u00f1ora con un palo grueso y largo. El otro vio, desde la entrada del escondrijo, la escena tr\u00e1gica. Vio cuando la se\u00f1ora, transformada en una fiera, le dio el golpe de gracia. Vio a su hermanito repeler la agresi\u00f3n, esforz\u00e1ndose en aplicar la ponzo\u00f1a pero no pudo y all\u00ed qued\u00f3, en el patio, muerto.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s vio el regocijo de la familia entera. El padre record\u00f3 la noche en que despu\u00e9s de matar a una hembra, surgi\u00f3 ante sus ojos el espect\u00e1culo de los reci\u00e9n nacidos, comi\u00e9ndose a su madre. \u00a1Ah! \u00a1Seguramente ellos eran los hijos de aqu\u00e9lla! El ni\u00f1o bello tamborilea su juguete y r\u00ede, en brazos de la madre, con risa llena de j\u00fabilo. Es un \u00e1ngel y sin embargo se r\u00ede de un crimen. La sirvienta expresa su alegr\u00eda por ser quien descubri\u00f3 al monstruo; los due\u00f1os de la casa la felicitan; por \u00faltimo, considerando que no pod\u00eda ser arrojado a parte alguna porque el veneno pod\u00eda matar a otros animales inofensivos, pidieron gasolina y, como en los buenos tiempos de Alejandro VI, Papa y verdugo, Vicario de Cristo y asesino, le condenan a las llamas y es quemado. Alrededor del fuego r\u00eden los inquisidores; mientras tanto tamborilean los dedos del ni\u00f1o contra el pecho de la madre, a comp\u00e1s del chirrido de la materia crepitante.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 le quitaron la vida a su hermanito? No se pudo contestar. Pero sinti\u00f3 en lo hondo la sed de la venganza. Cobrar\u00eda \u2014idealismo mezquino\u2014 con la misma moneda. Y como si aquel acto fuera lo trascendental en su existencia \u2014crimen entre crimen\u2014 vio su fealdad, su cuerpo grosero, su existencia sumida en la sombra. En ese momento comprendi\u00f3 su finalidad. Todos los otros seres que observaba desde all\u00ed \u2014hombres, p\u00e1jaros, hormigas\u2014 eran objeto de otro cari\u00f1o. \u00a1\u00c9l no! Y se mir\u00f3 su cuerpo grosero, la cola fuerte. \u00a1Ten\u00eda una ponzo\u00f1a como para rayar un poste!<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Hubo fiesta en el hogar. Por la ma\u00f1ana trajeron ramos de flores y muchos regalos bonitos. Le colocaron al ni\u00f1o en el pecho una medalla de oro con la imagen de la Virgen y en la mu\u00f1eca izquierda le pusieron una figurita de azabache. El corredor y el patio estaban llenos de adornos multicolores; el jard\u00edn lo cruzaron de cintas, entre las ramas de los \u00e1rboles colocaron globitos azules, rojos y amarillos. Vinieron muchos ni\u00f1os amigos, se\u00f1oritas, se\u00f1oras que armaron por la tarde un esc\u00e1ndalo tremendo al romper una olla forrada con colorines, llena de dulces y de frutas que se balanceaba de lo alto de una cuerda. Bebieron. Comieron. Gozaron. El baile termin\u00f3 muy tarde; despu\u00e9s todo qued\u00f3 en sosegado silencio. El padre y la madre fueron a dormir. Se miran sus rostros risue\u00f1os; sisan al ni\u00f1o, lo besan, lo acarician, la madre lo duerme al fin con el susurro de su voz.<\/p>\n<p>\u2014Hemos tenido un d\u00eda muy feliz \u2014dice\u2014, \u00a1hoy es un d\u00eda muy feliz!<\/p>\n<p>Se besan, estrech\u00e1ndose; el himno supremo del amor se anuncia en el sonoro preludio de los besos, comienza ahora poniendo en sus bocas esa suerte de maravillosa armon\u00eda que ir\u00e1 en crescendo hasta alcanzar los acordes triunfales, para terminar en pian\u00edsimo de sollozos.<\/p>\n<p>\u2014Hemos tenido un buen d\u00eda \u2014repite.<\/p>\n<p>Y sus cuerpos son cajas musicales: \u00a1se tocan y vibran!<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>Desde su guarida miserable ha visto toda la fiesta del hogar. Con la alegr\u00eda de los otros, teje la venganza en las sinuosidades de su cuerpo mezquino de r\u00e9probo. Y cuando en la alta noche se dispuso a salir de su aposento, la risa asesina jugueteaba en su boca negra.<\/p>\n<p>El marido dorm\u00eda, la esposa tambi\u00e9n estaba dormida. Subi\u00f3 por una pata torneada. En la barandilla, por sobre los pliegues del mosquitero mir\u00f3 al ni\u00f1o babearse sobre la blancura de la almohada. Dorm\u00eda como un \u00e1ngel. El impulso salvaje lo empuja y baja. Ya acaricia la blanca piel fina y roza con sus patas groseras el albo trajecito; ya pasa su miseria sobre la pureza, el candor, la santidad del ni\u00f1o y como sintiera un estremecimiento, aplic\u00f3 la u\u00f1a maldita una, dos y m\u00e1s veces; no lo recuerda porque tuvo que salir de prisa hacia el refugio oscuro, al grito del ni\u00f1o herido.<\/p>\n<p>Ahora toda la casa tiembla de amargo dolor y de suprema angustia.<\/p>\n<p>5<\/p>\n<p>Goza \u00e9l con su crimen. Asiste a la tragedia de los otros, tal como asistieron a la tragedia suya. El llanto, la desesperaci\u00f3n de la madre, velando al borde de la cuna; la furia del padre, quien a veces maldec\u00eda sordamente, busc\u00e1ndolo; toda la horrible tragedia de aquella madrugada le merece delicias insospechadas, infinitas. El ni\u00f1o languidece en un largo sue\u00f1o, qui\u00e9n sabe si para no despertar jam\u00e1s. Por la ma\u00f1ana, temprano vino el m\u00e9dico, un hombre reposado y regordete. Lleg\u00f3 mucha gente, no tanto como el d\u00eda de regocijos porque es mucho m\u00e1s c\u00f3modo y agradable o\u00edr las modulaciones de un viol\u00edn que el lamento de los desesperados.<\/p>\n<p>Pero, he aqu\u00ed a la bestia transform\u00e1ndose de pronto, por una inversi\u00f3n espantosa de todo un ser feo y miserable. Sin saber por qu\u00e9 comienza a o\u00edr una voz, una voz que nunca hab\u00eda o\u00eddo y que ven\u00eda emergiendo de las profundidades, de los escondrijos de su cuerpo y que le descubre el pozo tenebroso donde ha naufragado. Comienza a darse cuenta y a comprender todo el horror de su destino. Una larga serie de fen\u00f3menos, un encadenamiento de razones le hicieron llegar al punto en que, convencido de su posici\u00f3n dentro de la gran familia resultaba peligroso y malo. \u00bfQu\u00e9 culpa era la suya para ser lo que era? \u00bfAcaso se escoge entre ser bestia y ser hombre? Y d\u00e1ndole vueltas al pensamiento llegaba a dolerse de no poder vivir sino en el mal. \u00a1Por algo le buscaban la vida! Era un animal malo; sabe Dios si a su hermanito no lo mataron en balde; qui\u00e9n sabe si algo malo hab\u00eda hecho; \u00a1\u00e9l lo vio matar como se mata a un animal malo!<\/p>\n<p>Durante largas horas retozaron al escondite las ideas que lograba enhebrar; quiso salir para libertarse de aquel peso pero, en el instante de salir fuera lo detuvo el miedo a la muerte y al justo castigo pero, m\u00e1s pudo su desesperaci\u00f3n y sali\u00f3 contone\u00e1ndose por la orilla de la pared.<\/p>\n<p>Afuera re\u00eda el sol sobre las enredaderas. Hacia lo alto el cielo limpio y sereno. Toda su ferocidad, toda su negra podredumbre de ser maldito se recogi\u00f3 en un oasis de bondad y de calma.<\/p>\n<p>Lo sorprendi\u00f3 la sirvienta. Al verla reconoci\u00f3 a la victimaria de su hermano y se consider\u00f3 perdido. La mujer grit\u00f3, llena de espanto; luego arm\u00e1ndose de una gruesa vara de hierro acribill\u00f3 el cuerpo espantoso. Muri\u00f3 sin protestar, ni siquiera alz\u00f3 la cola para defenderse. Sab\u00eda ya que los otros \u00fanicamente se cobraban.<\/p>\n<p>Todos lo vieron entonces. El padre dijo que le cortaran el vientre para pon\u00e9rselo al ni\u00f1o sobre las heridas. La madre recogi\u00f3 las piltrafas de aquella materia inmunda y las coloc\u00f3 sobre la blancura inmaculada del ni\u00f1o. \u00a1Qu\u00e9 contraste!<\/p>\n<p>El padre repiti\u00f3 y ahora con voz clara y solemne, que hicieran polvo todo el resto de aquel cuerpo en previsi\u00f3n de un fen\u00f3meno y, adem\u00e1s, porque de las malas bestias no debe quedar ni el rastro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El capit\u00e1n y la estrella Cabecean los palos desnudos de los nav\u00edos al, al vaiv\u00e9n sosegado del agua. 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