{"id":8823,"date":"2023-08-30T23:36:59","date_gmt":"2023-08-30T23:36:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8823"},"modified":"2025-04-24T15:27:30","modified_gmt":"2025-04-24T19:57:30","slug":"gente-ingrima-de-adhely-rivero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gente-ingrima-de-adhely-rivero\/","title":{"rendered":"Gente \u00edngrima, de Adhely Rivero"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Por Carlos Rojas Malpica<\/h4>\n\n\n\n<p>La historia de las peleas de gallos parece remontarse muy lejos en la historia de la humanidad. Tres mil a\u00f1os antes de Cristo, hebreos y fenicios consideraban un arte la crianza de estos gallos. La hermosa Cleopatra fue una apasionada criadora de gallos. Se dice que Hern\u00e1n Cort\u00e9z baj\u00f3 de su nave con algunos gallos a cuestas, de manera que la presencia del gallo de pelea en Am\u00e9rica se remonta al mismo tiempo de la llegada de las carabelas ib\u00e9ricas. Sigue siendo enigm\u00e1tica la sentencia y petici\u00f3n de S\u00f3crates poco antes de morir \u201cCrit\u00f3n, le debemos un gallo al Asclep\u00edades. Paga mi deuda y no la olvides\u201d. En la cultura latinoamericana, el tema de los gallos de pelea ha sido poco trabajado, a pesar de su indiscutible importancia antropol\u00f3gica. Dijo San Agust\u00edn (354-430) \u201cVimos gallos de pelea prepar\u00e1ndose para el combate\u2026las cabezas dispuestas para la batalla, las crestas levantadas, sus ataques certeros, los h\u00e1biles quites; pura acci\u00f3n animal sin mente, y, sin embargo, qu\u00e9 h\u00e1bil en cada movimiento; porque una mente superior obra en ellos, orden\u00e1ndolo todo. Al final, el derecho del vencedor: el canto de victoria, un cuerpo tenso por el orgullo del poder. Y el rito de la derrota: las alas ca\u00eddas, la estampa disminuida; todo coincidiendo de manera extra\u00f1a, y por su armon\u00eda con el orden natural de las cosas, bello&#8230;\u201d1. En los llanos de Venezuela se oye cantar a los gallos en todos los solares. No todos son de pelea, pero galleras hay en muchas partes. Tambi\u00e9n las hay en la periferia de algunas ciudades. Pero en general se habla poco del tema. Hay un texto escrito sobre la historia de las peleas de gallo en Venezuela 2, pero no recordamos un reportaje de prensa escrita ni televisada dedicado a explorar ese mundo, a pesar de su inmensa riqueza antropol\u00f3gica y de lo que puede revelar sobre costumbres sumergidas en la historia, la tradici\u00f3n social, y a menudo, excelentemente descritas en la literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara,<\/em> la magistral obra de gallegos donde hace la m\u00e1s profunda penetraci\u00f3n antropol\u00f3gica del llanero venezolano que se haya escrito hasta hoy, se plantea el momento en que la madre de Santos Luzardo decide marcharse con su hijo a Caracas, cuando \u00e9ste apenas contaba 14 a\u00f1os de edad. Durante una pelea de gallos ocurre un filicidio. \u201cAqu\u00ed te traen a F\u00e9lix, acabo de matarlo\u201d, le dice al llegar Don Jos\u00e9 a su mujer, para entregarle el cad\u00e1ver del hijo que trae a lomos de un caballo. Con ello, el problema ed\u00edpico queda planteado en el n\u00facleo mismo de la novela, pero tambi\u00e9n el valor simb\u00f3lico del gallo de pelea. A partir de all\u00ed, Don Jos\u00e9 Luzardo decide encerrarse en la habitaci\u00f3n del primer altercado que tuvo con F\u00e9lix, hasta que le llegue la muerte mirando fijamente la lanza filicida que ha enterrado en el muro3. Tambi\u00e9n<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Rulfo trabaj\u00f3 el tema de la adicci\u00f3n y los valores vinculados a la ri\u00f1a de gallos en un po\u00e9tico relato titulado \u201c<em>El gallo de oro<\/em>\u201d4. Una novela m\u00e1s reciente de Francisco Suniaga narra el caso de un alem\u00e1n que se asienta en la Isla de Margarita y se hace adicto a la ri\u00f1a de gallos5.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>, la novela magistral de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, tiene por&nbsp;&nbsp; psicol\u00f3gico el temor al incesto y la tragedia surgida en una ri\u00f1a de gallos. Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda y \u00darsula Iguar\u00e1n son un matrimonio de primos que se casaron llenos de presagios y temores por su parentesco y el mito existente en la regi\u00f3n de que su descendencia pod\u00eda nacer con cola de cerdo. En una pelea de gallos en la que result\u00f3 muerto el animal de Prudencio Aguilar, \u00e9ste, enardecido por la derrota, le grit\u00f3 a Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda, due\u00f1o del vencedor: \u00abA ver si ese gallo le hace el favor a tu mujer\u00bb. La gente del pueblo murmuraba que Jos\u00e9 Arcadio y \u00darsula no hab\u00edan tenido relaciones en un a\u00f1o de matrimonio porque \u00darsula no quedaba embarazada. Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda reta en duelo a Prudencio y lo mata al atravesarle la garganta con una lanza. Sin embargo, su fantasma lo atormenta apareci\u00e9ndose repetidas veces en su casa lav\u00e1ndose la herida mortal con un tap\u00f3n de esparto. As\u00ed es como Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda y \u00darsula Iguar\u00e1n deciden irse a la sierra. En medio del camino Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda tiene un sue\u00f1o en que se le aparecen construcciones con paredes de espejo y, preguntando su nombre, le responden \u00abMacondo\u00bb. As\u00ed, despierto del sue\u00f1o, decide detener la caravana, hacer un claro en la selva y habitar ah\u00ed, en el lugar revelado en su sue\u00f1o. Casi parece una versi\u00f3n latinoamericana del relato b\u00edblico de Abraham conduciendo a los jud\u00edos desde Egipto hasta la tierra de Israel.<\/p>\n\n\n\n<p>En la trama literaria de Adhely Rivero se puede leer una versi\u00f3n po\u00e9tica del criador y de sus gallos en el llano venezolano. No se trata de \u201cliteratura\u201d solamente, sino de un relato surgido en el mundo vivencial de Arismendi, su terru\u00f1o natal, de profundos registros en sus paisajes interiores. All\u00ed aparece Don Elieche Manro:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Elieche Manro era misterioso, parco en el hablar, muy solitario.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi madre le mandaba dos tazas de caf\u00e9 negro muy fuerte durante el d\u00eda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando me correspond\u00eda el mandado entraba silencioso<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>para o\u00edrlo hablar con alg\u00fan gallo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Atend\u00eda veintisiete gallos de pelea todas las ma\u00f1anas,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>antes de irse al trabajo a desempe\u00f1ar su cargo de juez.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Se dec\u00eda que apestaba a excremento de ave<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>o aguardiente de ca\u00f1a que rociaba con su boca<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>para refrescar el cuerpo del animal.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Era de rostro colorado como la piel de un gallo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Viv\u00eda solo en su casa grande en la calle R\u00f3mulo Gallegos,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>frente a mi casa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Misterioso, de poco hablar, pero se comunicaba en secreto con sus gallos. Sab\u00eda cu\u00e1ndo estaban listos para el combate. El mundo interior de Don Elieche estaba consumido por la rutina y la soledad, pero se enriquec\u00eda cuando hablaba con sus gallos. No sabemos qu\u00e9 escuchaba cuando estaba lejos de sus gallos, si ocurr\u00eda un gran silencio o si segu\u00eda escuchando a los gallos que llevaba por dentro, en los rincones de su esp\u00edritu. Cuando se ama a los gallos, no desaparecen cuando te alejas, sino que siguen cantando como una extra\u00f1a sensaci\u00f3n de presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El gallo es s\u00edmbolo de vida y muerte, de esperanza que se abre con el amanecer del d\u00eda y de pasi\u00f3n rabiosa que quiere ver la sangre del adversario extra\u00edda a punta de pico y espuela. En el c\u00edrculo del combate, la batalla es a muerte, all\u00ed ocurre una transmutaci\u00f3n del hombre en gallo y del gallo en hombre. Gallo\/hombre y hombre\/gallo que va y retorna en juego de espejos del ruedo a la grada, desde que la ira se va apoderando de uno y otro, dejando atr\u00e1s el razonamiento y los sentimientos suaves, para dar paso al derroche de energ\u00eda y rabia caracter\u00edsticos del energ\u00fameno en que se va transformando el apostador. Con cada espuelazo se incrementa la tensi\u00f3n que debe terminar con la vida del m\u00e1s d\u00e9bil. Es por eso mismo que no cesa la presencia del gallo en el mundo subjetivo del gallero:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Nadie se queda absorto ante la matanza de unos gallos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No temo echarme una vaina por venganza u hombr\u00eda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los galleros somos de una raza particular como los gallos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo tengo la raza de los apure\u00f1os, indio revuelto con P\u00e1ez,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>es una raza de gente con la sangre salitrosa. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Arismendi es un pueblo tendido en un llano de sol y silencio. Hay pocas calles, poca gente y pocas cosas. Las ventanas de las casas dan a la calle, pero nadie se asoma a los postigos para mirar la vida al interior de las casas. El peat\u00f3n y el jinete son subjetividades similares, que saben por lo que sienten y no por lo poco que se oye u observa dentro de las casas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><em>Don Elieche caminaba silencioso por los aleros de las casas del pueblo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>para evitar el sol que lo tornaba colorado intenso en sus mejillas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo invitaron a las ferias de El Ba\u00fal a unas peleas,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>all\u00ed se encontr\u00f3 con el doctor Estanislao Mej\u00eda,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>profesor de la Universidad y juez en el estado Carabobo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>quien ten\u00eda un ojo defectuoso, a su espalda le dec\u00edan tuerto,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>un hombre delicado y con poder.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Don Elieche para intrigarlo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>cuando presentaban los animales en medio de la gallera,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>le agarraba la cabeza a su gallo y dec\u00eda: doctor Mej\u00eda el gallo m\u00edo ve bien.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En el desarrollo de la refriega su gallo recibi\u00f3 una espuela y perdi\u00f3 la pelea,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>molesto le grit\u00f3: doctor todo tuerto es malo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>A lo que el juez inmutable contest\u00f3: as\u00ed es colega y sonri\u00f3.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La tensi\u00f3n po\u00e9tica de <em>Gente \u00edngrima<\/em> atraviesa todo el relato. En el habla castellana de Hispanoam\u00e9rica se conoce la expresi\u00f3n \u201c\u00edngrimo y solo\u201d, ambas palabras significan casi lo mismo, pero juntas en una sola frase, expresan el colmo de la soledad. El yo po\u00e9tico de Adhely Rivero absorbe la vida interior del gallero, el gallo, las calles solitarias de Arismendi en plena can\u00edcula del mediod\u00eda y la derrota final en Barquisimeto, donde hay m\u00e1s cosas, pero tambi\u00e9n mayor soledad para Don Elieche, quien, vencido por los a\u00f1os, termina con dos gallos enjaulados por toda compa\u00f1\u00eda. El lector tambi\u00e9n viaja como un peregrino por su propia geograf\u00eda interior guiado por la palabra \u00edngrima y sola del poeta, se junta a sus para\u00edsos subjetivos y calla en religioso silencio el misterio de Don Elieche.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 Ram\u00edrez, Sergio. <em>Los gallos y el orden del universo.<\/em> Consulta en l\u00ednea. http:\/\/www.sergioramirez.org.ni\/prosa%20profana\/los%20gallos%20y%20el%20orden%20del%20universo.html. 25\/11\/2012.<\/p>\n\n\n\n<p>2 P\u00e9rez, Omar Alberto. <em>La pelea de gallos en Venezuela: L\u00e9xico, historia y literatura.<\/em> Ediciones Espada Rota: Caracas; 1984.<\/p>\n\n\n\n<p>3 Gallegos R\u00f3mulo. <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em>. Editorial PANAPO: Caracas, 1991.<\/p>\n\n\n\n<p>4 Rulfo Juan. <em>El gallo de oro<\/em>. Editorial RM, S.A. de CV: M\u00e9xico DF, 2011. 5 Suniaga, Francisco. <em>La otra isla<\/em>. Oscar Todtmann Editores: Caracas, 2005.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carlos-rojas-malpica\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rojas Malpica La historia de las peleas de gallos parece remontarse muy lejos en la historia de la humanidad. Tres mil a\u00f1os antes de Cristo, hebreos y fenicios consideraban un arte la crianza de estos gallos. La hermosa Cleopatra fue una apasionada criadora de gallos. 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