{"id":8731,"date":"2023-08-21T22:07:14","date_gmt":"2023-08-21T22:07:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8731"},"modified":"2024-03-14T15:47:42","modified_gmt":"2024-03-14T15:47:42","slug":"ensayo-maria-fernanda-palacios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ensayo-maria-fernanda-palacios\/","title":{"rendered":"Ensayos de Mar\u00eda Fernanda Palacios"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: left;\">La lengua del coraz\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Un idioma es una tradici\u00f3n, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de s\u00edmbolos. Jorge Luis Borges<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Jam\u00e1s vida sin juego ni juego sin vida. \u00c1ngel Rosenblat<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">La vida moderna tiende a conferir un poder excesivo a la palabra. Ese poder la hincha y la seca porque el poder de la palabra se ha concentrado en la sobrevaloraci\u00f3n de una de sus zonas en detrimento de otras. Todo el \u00e9nfasis, todos los halagos, todo el peso, se centra en los signos, en los significados. Hemos olvidado que la comunicaci\u00f3n es s\u00f3lo una de las muchas funciones de la lengua; quiz\u00e1 la m\u00e1s reductora. Una preocupaci\u00f3n excesiva por la \u201ccomunicaci\u00f3n\u201d y la \u201cinformaci\u00f3n\u201d ha empobrecido nuestra experiencia de la lengua y un habla estereotipada es hoy el patrimonio com\u00fan de los tecn\u00f3logos, los periodistas y los intelectuales. Nada hay en el diario vivir que estimule la imaginaci\u00f3n y nos devuelva el apetito por la lengua.<\/p>\n<p>La imaginaci\u00f3n ha quedado reglada al jard\u00edn de infancia, a las cl\u00ednicas psiqui\u00e1tricas o a los talleres de poes\u00eda. La ciencia, la tecnolog\u00eda, los medios de comunicaci\u00f3n de masas y los ritmos cada vez m\u00e1s uniformes del vivir han terminado por imponer sus \u201cneolenguas\u201d (lengua abreviada, estereotipada, sin figuras). Cada vez el pensamiento se hace m\u00e1s literal y el campo metaf\u00f3rico m\u00e1s invisible. Tanto en los estudios sobre la lengua como en las vanguardias literarias se tiende, cada vez m\u00e1s, a una suerte de literalizaci\u00f3n: se privilegia lo textual (los signos) en detrimento de la imagen, y al literalizar las palabras, \u00e9stas se vuelven desalmadas, se des-alman porque han perdido la virtud relacionante y fabulosa de la lengua. De ese modo la lengua se hace impersonal, en el peor sentido de la palabra, porque se la ha vaciado de toda emoci\u00f3n. Y al perder ese \u201cinstinto\u201d de la lengua, la emoci\u00f3n que cada palabra suscita, perdemos, de paso, el acceso a la lengua, la posibilidad de hacerla nuestra y de reconocernos en ella.<\/p>\n<p>Las palabras hinchadas de una supuesta eficacia han perdido humedad: son fachadas que impiden la reflexi\u00f3n. Esta palabra que se cree todopoderosa, porque todo lo nombra y todo lo explica, tacha el cuerpo de la lengua. La lengua se vuelve unidimensional, sin relieves, sin gusto: \u201cnuestra ansiedad sem\u00e1ntica nos ha hecho olvidar que las palabras tambi\u00e9n queman y se hacen carne cuando hablamos\u201d<a href=\"http:\/\/www.blogger.com\/blogger.g?blogID=2139547045997581034#_ftn1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>Basta circular un poco por la ciudad: comprar un peri\u00f3dico, escuchar la radio o ver la televisi\u00f3n, asistir a una reuni\u00f3n de gente \u201cimportante\u201d, a un mitin pol\u00edtico, a un congreso cient\u00edfico o a una clase de la Universidad, para comprobar que en todas partes reina el mismo desabor; que mientras m\u00e1s complicada la lengua, menos gusto tiene; mientras m\u00e1s conocimiento derrocha, menos sabe. En todas partes escuchamos una lengua uniforme, previsible, calculable. Una lengua que ni fabula ni simula: una lengua sin due\u00f1o, sin asombro y sin error.<\/p>\n<p>Cierta tendencia a considerar la cultura como asunto de cultos nos ha hecho suponer que la lengua sabia tiene que ver con el grado de cultura de la gente. Pero aprender las letras o hacernos \u201cletrados\u201d no garantiza nada. Al contrario, a menudo es la escuela la encargada de matar la letra, o de entontecerla y enmudecerla: nos desazonan la lengua y con ello la vida. La escuela, las escuelas, como las iglesias, nos hacen perder la propia lengua, esa sustancia adherente y viva que es anterior a cualquier alfabetizaci\u00f3n. Repito, no hablo de una cuesti\u00f3n puramente \u201cverbal\u201d ni aludo al nivel cultural de la gente; me preocupa lo que pone el sabor en la lengua y que no es del orden de la \u201ccultura\u201d (o que pertenece m\u00e1s bien a otra cultura). Aludo a lo que no aprendemos por la gram\u00e1tica ni por la ling\u00fc\u00edstica sino, como dec\u00eda Lezama, \u201cpor ese temblor que sentimos cuando recorremos la piel de un instrumento que nos rebasa en misterio y situaci\u00f3n\u201d<a href=\"http:\/\/www.blogger.com\/blogger.g?blogID=2139547045997581034#_ftn2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>Ahora entiendo por qu\u00e9 la filolog\u00eda siempre ha advertido que el deterioro de la lengua comienza desde arriba, en el habla culta, que es la que se homogeiniza, la que se afecta y se empobrece: \u201cla letra mata cuando el esp\u00edritu nutricio pasa a ella venenoso y desinflado\u201d. (Lezama Lima).<\/p>\n<p>Por todo lo que les falta, esas lenguas ins\u00edpidas pueden decirnos mucho m\u00e1s acerca de nuestra indigencia que cualquier estudio estad\u00edstico sobre la \u201ccalidad de la vida\u201d: vivimos en medio de una tendencia constante a descarnar (descorazonar) y separar la lengua de sus suburbios afectivos. Las palabras, dice Hillman, ya no son fuerzas sino instrumentos en mano de un especialista.<\/p>\n<p>Por eso perdemos el gusto y las ganas. El cultivo unidimensional de la palabra \u2014ya sea estetizante, ideologizante o formalista\u2014 mata en nosotros el apetito. Para poder dar con la lengua del coraz\u00f3n y darla, se necesita algo m\u00e1s que saber emplear el lenguaje. Hay que dejarlo entrar, hay que dejar que nos habiten las palabras; tambi\u00e9n son necesarios los desvelos y cierta desnudez ante la lengua: atenci\u00f3n y memoria, dir\u00eda Borges, dejar la vida protegida y almidonada de la costumbre, pero dejar tambi\u00e9n las terminolog\u00edas eficaces, triunfantes y triunfalistas. As\u00ed podremos acercarnos humildemente a la lengua inagotable del coraz\u00f3n (esa que sin demasiados conocimientos es la \u00fanica que sabe), la lengua de las expresiones ricas en equ\u00edvocos y resbalones, la lengua del mercado, su zona de comercio.<\/p>\n<p>La lengua con sangre entra, dice un dicho, y la sangre de la lengua est\u00e1 muy lejos de esas lenguas almidonadas y resecas. La sangre se encuentra en los suburbios de la lengua, en lo que ya no es puramente verbal, en las impurezas que nos dejan \u201cresabios\u201d. El cuerpo de la lengua est\u00e1 hoy en los \u201cbasureros\u201d del sentido: en lo que sobra despu\u00e9s del consumo. Porque hoy en d\u00eda al basurero no va lo in\u00fatil sino lo que hemos desechado.<\/p>\n<p>Para recuperar el cuerpo de la lengua hay que irse a esos suburbios del decir, irse a las fronteras de lo verbal, donde la costumbre no ha logrado instalarse. Cuando digo que hay que buscar en las fronteras de la lengua, no pienso en ninguna \u201cmisi\u00f3n de rescate\u201d de usos o vocablos perdidos: tampoco hablo literalmente de desplazamientos f\u00edsicos a determinadas regiones. La frontera de la que hablo est\u00e1 en nosotros, el basurero que digo es el que a diario llenamos con nuestros despojos vitales. Llegar hasta esos desechos es el trabajo que tenemos por delante, porque desde ah\u00ed es que podremos encontrar la pasi\u00f3n necesaria para habitar de nuevo las palabras.<\/p>\n<p>En el Persiles aparece la siguiente observaci\u00f3n: \u201cEl alma ha de estar, dijo Periandro, con un pie en los labios y el otro en la boca\u201d. El alma para Cervantes est\u00e1 m\u00e1s cerca de la lengua que de la cabeza. El alma no es la lengua pero s\u00ed su orilla o su vado: por la lengua corre el alma.<\/p>\n<p>\u00bfHasta cu\u00e1ndo el lenguaje? \u00bfPara cu\u00e1ndo el sabor? \u00bfPuede alguien en su sano juicio decir sin empacho que lo \u00fanico que le importa en la literatura es la aventura del lenguaje? Son demasiadas y muy variadas las afirmaciones de este corte para dudar de su seriedad. Esto se ha dicho con tanta insistencia que no queda m\u00e1s remedio que tomarlo en serio. Entonces hay que preguntarse de qu\u00e9 \u201clenguaje\u201d se trata. Porque los escritores, por lo general, al hacer afirmaciones de esta naturaleza, no se refieren al lenguaje como abstracto sistema de signos, tal como lo entiende un ling\u00fcista. Para el escritor, el lenguaje est\u00e1 m\u00e1s cerca de la materia del fil\u00f3logo o del etim\u00f3logo; habla de esas \u201c\u00ednfimas aventuras\u201d que podr\u00e1n devolverle el sabor del agua o el placer de una etimolog\u00eda. No se trata entonces de preocupaciones exclusivamente formales. Dar la iniciativa a las palabras, como ped\u00eda Mallarm\u00e9, es darle la palabra a esa mi lengua, a su cuerpo y su pasi\u00f3n, dejar que hablen mis m\u00e1scaras y tambi\u00e9n ese pesado silencio entre una y otra, porque experiencia de lenguaje para un escritor es siempre una aventura en la imaginaci\u00f3n y no mera invenci\u00f3n de cosas imaginarias. Entonces, cuando un escritor se preocupa por la lengua quiere decir que en \u00e9l lo que trabaja es la lengua; ella lo mueve, lo seduce; ella es la que fabula abri\u00e9ndole paso al sentir, a todo lo que rebasa la significaci\u00f3n. No se sostiene un poema por sus articulaciones ling\u00fc\u00edsticas o semiol\u00f3gicas, sino a pesar de ellas; el poema se sostiene por lo que llam\u00f3 Lezama \u201csu respirante diferencia\u201d y por la dif\u00edcil conquista de un ritmo propio.<\/p>\n<p>Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 se sigue diciendo que la literatura para ser v\u00e1lida debe ser \u201ctrabajo de lenguaje\u201d? Porque lo que se suele llamar \u201ctrabajo\u201d del escritor con la lengua no es m\u00e1s que la parte m\u00e1s artesanal de su oficio: un saber tratar la materia, cierta familiaridad que no excluye el asombro, cierto cari\u00f1o que no excluye el maltrato. Es decir, no hay que confundir el tratamiento de las formas con una t\u00e9cnica (el <em>Know how<\/em>).<\/p>\n<p>Pero a ese trabajo artesanal hay que agregarle algo m\u00e1s. Hay una parte que ya no puede llamarse trabajo porque corresponde m\u00e1s bien al ocio, al juego, al placer. Todo escritor que busca darle saz\u00f3n a su escritura tendr\u00e1 que aprender a dejarles la iniciativa a las palabras y al fog\u00f3n que las transforma. Hay que dejar que la materia trabaje en uno. Esa parte ociosa de las relaciones del escritor con la lengua est\u00e1n a\u00fan por estudiarse. Nada sabemos de este oscuro proceso y poco ayudan las teor\u00edas literarias basadas exclusivamente en el an\u00e1lisis de los signos a la hora de entrar en la oscuridad y el calor del sabor. Ah\u00ed lo impensado pero ali\u00f1ado emerge. Ah\u00ed el sabor se impregna y se instala. Ah\u00ed la sustancia deja de ser manipulable; querer acelerar o retardar esos procesos termina arruinando el gusto. Esta espera es lo que garantizar\u00e1 luego la fruici\u00f3n.<\/p>\n<p>No se trata, pues, de una experimentaci\u00f3n \u201cen fr\u00edo\u201d; todo el trabajo con el sabor se hace sobre el fog\u00f3n. La experimentaci\u00f3n concebida como un proceso exclusivamente intelectual dar\u00e1 s\u00f3lo frutos \u201cpasmados\u201d. Experimentaci\u00f3n no es otra cosa que juego, la esencia l\u00fadica de todo trabajo imaginativo. Experimentar es atreverse a jugar con las palabras, divertirse con ellas, es decir, salirse del camino recto. Dice Rosenblat: \u201cjam\u00e1s vida sin juego ni juego sin vida\u201d, refiri\u00e9ndose a la lengua del Quijote, pero agrega: \u201cjuego es tambi\u00e9n vida insensata y desesperada\u201d. Lo cual confirma plenamente Cervantes en su Viaje al Parnaso cuando afirma que sus novelas han sido \u201cun camino, por do mostrar con propiedad un desatino\u201d.<\/p>\n<p>No me gusta usar la expresi\u00f3n \u201ceficacia expresiva\u201d para referirme al buen tino o buen sabor de algunas obras. M\u00e1s que una eficacia, en este caso deber\u00eda hablarse de una resonancia, porque ninguna literatura es \u201ceficaz\u201d si no provoca en quien la lee ese efecto de eco, si no repercute de alg\u00fan modo en quien la lee. Sabemos que lo importante de la literatura es lo que desata y no lo que denota. Lo mismo ocurre con la utilizaci\u00f3n excesiva de la palabra \u201cproducci\u00f3n\u201d para referirse a la creaci\u00f3n literarias. Hoy se prefiere \u201cproducci\u00f3n\u201d porque suena m\u00e1s moderno, m\u00e1s \u201cprogresista\u201d, pero en el fondo, detr\u00e1s de esa preferencia, se esconde un viejo sentimiento de culpa ante el car\u00e1cter l\u00fadico y festivo de la literatura: su ceremonia.<\/p>\n<p>Hay mucha experimentaci\u00f3n que carece de juego; ciertas vanguardias, tanto formalistas como ideol\u00f3gicas, coinciden en tratar al lenguaje con una desaz\u00f3n, con una falta de gusto. Ellas han sustituido el juego por procesos exclusivamente mentales e intelectuales, y olvidan que la fuerza de lo l\u00fadico es necesaria porque es la que puede acercarnos a la memoria. Esta sustituci\u00f3n separa los \u201clenguajes\u201d de la verdadera fuente de la lengua: la memoria. Y parece s\u00f3lo que desde la fuerza de lo l\u00fadico podemos todav\u00eda acercarnos a ella. En tiempos desmemoriados, sin formas, sin rituales, la imaginaci\u00f3n se ha convertido en locura. \u00bfAcaso no nos volvemos \u201ccomo locos\u201d leyendo tanta literatura de vanguardia? La imaginaci\u00f3n sin memoria no hace im\u00e1genes, sino locura. Pero la memoria \u2014es bueno recordarlo\u2014 est\u00e1 hecha de las palabras que el coraz\u00f3n espera, de las palabras que perdimos, de su silencio y a\u00f1oranza.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.blogger.com\/blogger.g?blogID=2139547045997581034#_ftnref1\">[1]<\/a>\u00a0James Hillman, Revisioning Psychology, New York: Harper y Row, 1977.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.blogger.com\/blogger.g?blogID=2139547045997581034#_ftnref2\">[2]<\/a>\u00a0Jos\u00e9 Lezama Lima, \u201cTorpezas con la letra\u201d, Tratados en La Habana. Santiago de Chile: Orbe, 1970, p. 40.<\/p>\n<h3><strong>Notas sobre el ensayo en Venezuela<br \/>\n<\/strong><\/h3>\n<p>Creo que debo empezar por disculparme ante esta Casa y ante ustedes por la imposibilidad en que me encuentro de complacer\u00a0 o cumplir\u00a0 a cabalidad con las expectativas que abre el nombre de este Foro. El ordenar y clasificar una manifestaci\u00f3n cultural -en\u00a0 este caso el ensayo-, y el hacerlo de una manera sistem\u00e1tica y neutral, es algo que no est\u00e1 dentro de mis posibilidades. Para acercarme al tema he tenido que recurrir m\u00e1s bien a las \u201cafinidades electivas\u201d y ellas, ustedes lo saben, niegan de antemano cualquier visi\u00f3n de conjunto, cualquier pretensi\u00f3n a la totalidad, cualquier balance exhaustivo.<\/p>\n<p>El nombre de este evento me ahorra en cierto modo el trabajo de establecer fronteras; el ensay, figurando al lado de la novela, la poes\u00eda y el teatro, en un foro sobre literatura, implica desde ya considerar el ensayo como trabajo literario, como escritura y asunto de escritores. Pensemos pues en el ensayo como escritura, independientemente de cu\u00e1l sea su tema; ya que, se sabe, el ensayo puede hablar de lo que sea. Entonces, ser\u00e1 su tema: el tono, el humor, la mirada con que lo descubre y se mueve en torno a \u00e9l, lo que\u00a0 dar\u00e1 a una escritura la consistencia eminentemente <em>reflexiva<\/em> del ensayo.<\/p>\n<p>Parece que toda discusi\u00f3n sobre la literatura venezolana est\u00e1 condenada de antemano a un est\u00e9ril y agotador revoloteo en torno a la legitimidad de las obras que se estudian. No s\u00f3lo est\u00e1 esa pregunta de si son o no \u201cvenezolanas\u201d (de nacimiento, de intenci\u00f3n, de hecho\u2026), sino si son o no literatura de buena ley. Esto conduce fatalmente a una escurridiza guerra de definiciones. Comencemos pues por evitarla y reconozcamos que entre nosotros esa duda existe y subsiste y que ella revierte tambi\u00e9n sobre el escritor. Si hace m\u00e1s de veinte\u00a0 a\u00f1os todo parec\u00eda indicar que aqu\u00ed se escrib\u00eda desde exigencias extra\u00f1as a la literatura, y que en lo que se escrib\u00eda no siempre hab\u00eda escritura, desde hace veinte a\u00f1os parece que se escribe desde presiones exclusivamente literarias, y entonces puede ser que estemos muchas veces escribiendo <em>para<\/em> y <em>por<\/em> escribir. El ensayo ha sido quiz\u00e1 la forma m\u00e1s susceptible a estas presiones.<\/p>\n<p>Creo que tambi\u00e9n conviene tener presente que, entre nosotros, lo que se dice sobre las obras termina muy a menudo convirti\u00e9ndose en juicios y etiquetas para los hombres que las hacen. De ese modo consagramos (o estigmatizamos) como ensayistas, novelista o poeta a todo el que escribe un ensayo, una novela o una poes\u00eda. Pero recordemos que un individuo, independientemente de cu\u00e1l sean sus\u00a0 t\u00edtulos o su oficio, puede, en un momento dado, sentir la necesidad de expresarse escribiendo ensayo, novela o poes\u00eda, sin que esto necesariamente lo consagre o lo obligue de manera definitiva. A veces esta elecci\u00f3n se convierte en una fatalidad, en un destino; entonces esta fidelidad impregnar\u00e1 y contagiar\u00e1 (para bien o para mal) todo lo que haga. As\u00ed podemos reconocer en Mariano Pic\u00f3n Salas (quien fue muchas cosas) c\u00f3mo\u00a0 el ensayista tonifica y subyace en sus trabajos de humanista, de novelista y, \u00bfpor qu\u00e9 no?, de diplom\u00e1tico. Pero muchas veces se trata de una elecci\u00f3n contingente, circunstancial, cuyos resultados pueden llegar a ser muy fecundos y a tener cierta trascendencia en la literatura del pa\u00eds; pero esto no hace que el\u00a0 \u201cculpable \u201c tenga que ser etiquetado a perpetuidad como ensayista, novelista o poeta. En nuestra literatura abundan sobre todo los casos circunstanciales; y en el caso especifico del ensayo, el hallazgo y la revelaci\u00f3n de un d\u00eda son m\u00e1s usuales que la fidelidad a un oficio o una imagen.<\/p>\n<p>Tratemos ahora de abordar nuestro asunto desde la siguiente suposici\u00f3n: -supongamos que me veo en la necesidad de escribir un ensayo hoy. Tengo la fantas\u00eda de escribir un ensayo sobre cualquier cosa: un libro que acabo de leer, un autor que acaba de\u00a0morir, un suceso, un objeto cualquiera\u2026 una silla, un espejo, una peineta. Pero, antes de hacerlo, trato de ver c\u00f3mo estas ganas, esta fantas\u00eda tropiezan con un conjunto de problemas que se van revelando como amenazas o tentaciones, sucesiva o simult\u00e1neamente. Mi intenci\u00f3n es pues aproximarme a las complejidades y tensiones presentes, vivas, para alguien que se proponga escribir un ensayo aqu\u00ed y ahora.<\/p>\n<p>Entonces, lo primero que hago es tratar de reconocer y de localizar las <em>resistencias<\/em>\u00a0con que se topan mis ganas de escribirlo. Estas resistencias son de muy distinto orden y vienen de distintos sitios. Y este trabajo de localizar las resistencias es m\u00e1s necesario de lo que parece. Nosotros somos propensos al optimismo y al entusiasmo sin l\u00edmites; pero s\u00f3lo\u00a0en el roce y el trato con los obst\u00e1culos se fraguan las formas. Hacer cuerpo es hacer l\u00edmites. <em>Ensayar<\/em> es una manera de hacer cuerpo y conocer nuestros l\u00edmites. Y para nosotros esto es dif\u00edcil, porque <em>ensayar <\/em>es toparse con resistencias. La historia\u00a0 \u2013la nuestra\u2013 nos ha ense\u00f1ado, <em>no<\/em> que las resistencias <em>pueden vencernos <\/em>sino que \u201cno hay resistencia que pueda vencernos\u201d. Pero las resistencias (y las derrotas) son indispensables para que las influencias frag\u00fcen, en lugar de yuxtaponerse; y los deseos cuajen, en lugar de disiparse. Es situando en nosotros mismos las resistencias como podemos construir la mirada reflexiva que pide el ensayo.<\/p>\n<p>Las resistencias,\u00a0 como ya dijimos, son de muy distinto orden, algunas son fruto de la tradici\u00f3n; otras, m\u00e1s bien, apariciones recientes, novedades; pero todas son conflictos y tensiones que forman parte de nuestra cultura.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed s\u00f3lo podremos examinarlas desde afuera, pero la resistencia s\u00f3lo se manifiesta de manera visible, puntualmente, en la realidad un proceso de escritura.<\/p>\n<p>Una de las primeras dificultades con que tropiezo (para escribir mi ensayo) es la elecci\u00f3n de una perspectiva, una lente o un instrumento, para circunscribir y visualizar mi asunto. La tentaci\u00f3n me lleva a buscar el instrumento ya hecho, a \u201cimportarlo\u201d, como importamos todo, y adecuarlo m\u00e1s o menos bien, tanto a mi ojo como a mi objeto. He olvidado entonces que, seg\u00fan Montaigne, el tema del ensayo soy yo misma; he olvidado tambi\u00e9n que el instrumento \u00f3ptico \u2013mirada al fin\u2013 se devuelve y lo que en verdad me ofrece es una posibilidad de reconocimiento. Pero en ese instante tengo siempre a mano la excusa de nuestra \u201cjuventud hist\u00f3rica\u201d, o aquella otra de la \u201cnecesidad de estar al d\u00eda, todo con tal de ocultar mi \u00edntima inseguridad, y para ello me apresuro a investirme con alg\u00fan aparataje conceptual, ideol\u00f3gico o t\u00e9cnico que me asegure de entrada un punto de mira. Entonces reviso los aparatos m\u00e1s\u00a0 novedosos: constato que el psicoan\u00e1lisis y la ling\u00fc\u00edstica (incluida la semiolog\u00eda) se han encargado de remozar buena parte del\u00a0 viejo instrumental (positivismo, marxismo, etc.); y es as\u00ed como hoy tengo a mi disposici\u00f3n un sinn\u00famero de teor\u00edas, metodolog\u00edas y terminolog\u00edas que me garantizan una plataforma estable de trabajo. Son como un salvavidas, una barra, una cuerda, antes de iniciar el \u201censayo\u201d; una armadura antes de iniciar mi <em>roce<\/em> con el asunto. Si hace unos a\u00f1os la primera preocupaci\u00f3n a la hora de escribir un ensayo parec\u00eda ser la calidad pedag\u00f3gica del mensaje, y nos invest\u00edamos del ropaje del maestro o del misionero, hoy nos ce\u00f1imos la fantas\u00eda del cient\u00edfico; y antes de empezar a tratar con el objeto, antepongo la preocupaci\u00f3n acerca de si las f\u00f3rmulas que voy a emplear estar\u00e1n acordes con la tonalidad seudo \u2013cient\u00edfica que ha ido tomando entre nosotros el discurso intelectual. Porque la difusi\u00f3n y la popularizaci\u00f3n de cualquier corriente de pensamiento trae consigo, inevitablemente, la trivializaci\u00f3n de sus supuestos: el estereotipo y la simplificaci\u00f3n se apoderan de ella. Entonces, una primera dificultad, a la hora de escribir un ensayo, seria empezar a lidiar con esta realidad. Porque la selecci\u00f3n previa de una plataforma de pensamiento <em>puede<\/em> ser un obst\u00e1culo definitivo para el que quiere escribir un ensayo. Pero s\u00f3lo en la medida en que estas plataformas me construyan el camino, me estar\u00e1n impidiendo ensayar, ya que, de hacerlo, me estar\u00e9 limitando a repetir y aplicar f\u00f3rmulas <em>ready <\/em>made<em>.<\/em> Porque el obst\u00e1culo no est\u00e1 afuera, en el psicoan\u00e1lisis, ni en la ling\u00fc\u00edstica. Ning\u00fan m\u00e9todo, ninguna t\u00e9cnica, ninguna teor\u00eda obstaculiza o impide, por s\u00ed misma, la escritura del ensayo. Es la manera como me muevo dentro de esas disciplinas donde puede estar el obst\u00e1culo. Soy yo quien puede convertir cualquier instrumento en dogma, cualquier autor en iglesia. Puedo usar todo esto como una v\u00eda para enriquecer y precisar mi relaci\u00f3n con algunos aspectos del tema que trato, para encontrar o mostrar nuevos relieves, y as\u00ed, de paso, estar\u00eda enriqueciendo tambi\u00e9n esas tendencias o teor\u00edas, \u201censay\u00e1ndolas\u201d; pero puede ocurrir que las use como guarimba para trabajar a salvo, a la sombra de una iglesia espec\u00edfica.<\/p>\n<p>Si sigo escarbando mis resistencias, puede ser que descubra que mis fantas\u00edas o pretensiones de escribir un ensayo no pasen de ser una trampa; un enga\u00f1o para los dem\u00e1s\u00a0y una trampa para conmigo misma. Porque a menudo ocurre que, si estoy trabajando dentro de una determinada disciplina (cient\u00edfica o human\u00edstica, da igual), la fantas\u00eda del \u201censayo\u201d\u00a0se convierte en una coartada para ahorrarme el examen en profundidad de una cuesti\u00f3n, en la salida falsa para eludir una dificultad en el trabajo. En este caso, lo que pasa es que estoy usando la \u201cescritura\u201d, la presentaci\u00f3n literaria del ensayo, para tapar la inconsistencia de mis argumentos; una supuesta \u201ccreatividad\u201d, una supuesta \u201coriginalidad\u201d, se convierten en excusas para no tener que precisar; el \u00e9nfasis ret\u00f3rico, el maquillaje metaf\u00f3rico, son cortinas de humo que levanto sobre mis lagunas y mis limitaciones, y entonces no habr\u00e9 hecho sino alejarme de la escritura del verdadero ensayo. Porque el ensayo, justamente, es la forma que me permite partir de mis limitaciones. Las lagunas, las limitaciones que tenemos para abordar un asunto -cualquier asunto- son tambi\u00e9n nuestras posibilidades. S\u00f3lo desde all\u00ed podemos empezar a construir nuestros propios instrumentos.<\/p>\n<p>Pero eso de reconocer nuestras lagunas, nuestra ignorancia, nuestros l\u00edmites, equivale a reconocer y partir de nuestra pobreza. Algo que hist\u00f3ricamente no hemos dejado de ocultar y de ocultarnos. Llevamos siglos alimentando ut\u00f3picos dorados y sue\u00f1os de grandeza. Pero el ensayo arranca de una humildad a la que no estamos acostumbrados. Por lo general, antes de escribir algo sobre algo, quiero tener la certeza, la ilusi\u00f3n, de \u201cdominarlo\u201d. Creer que \u201cdomino\u201d, no s\u00f3lo el asunto que voy a tratar, sino tambi\u00e9n el camino por el que voy a llegarle. \u00bfD\u00f3nde qued\u00f3 el \u201censayo\u201d? Esta actitud, altanera e ilusoria, es la que nos lleva a asumir superficial y apresuradamente las corrientes de pensamiento, las teor\u00edas y los m\u00e9todos; y asumirlos como panaceas, como credos, la m\u00e1s de las veces pasajeros; porque ni para creer tenemos consistencia, y esto quiz\u00e1 ya es una virtud.<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 que por debajo de estas elecciones ideol\u00f3gicas, te\u00f3ricas, metodol\u00f3gicas, subyacen otras cosas? Tengo la impresi\u00f3n de que me aferro de ese modo a un andamiaje conceptual porque, en lugar de trabajar con mi realidad (recordemos que el tema del ensayo soy yo misma), antepongo una ilusi\u00f3n que carece de posibilidad en m\u00ed; que carece de germen capaz de sostenerla y cultivarla desde m\u00ed. Por ejemplo, puedo tener la fantas\u00eda de hacer una contribuci\u00f3n \u201crigurosa\u201d, o \u201cexhaustiva\u201d, dentro de una determinada disciplina o especialidad, pero sin querer (ni poder) darme el trabajo que eso requiere; sin que haya en m\u00ed, en germen, ese especialista y, lo m\u00e1s grave, sin estar dispuesta a dejar que eso vaya madurando en m\u00ed. Si es entonces cuando decido hacer un \u201censayo\u201d, me lleno de expectativas acerca de lo que voy a escribir y, lo m\u00e1s grave: acerca de lo que los dem\u00e1s (el \u201cp\u00fablico\u201d, la \u201ccomunidad cient\u00edfica\u201d, los especialistas\u2026) esperan que escriba; de lo que <em>yo supongo <\/em>que los dem\u00e1s \u201cesperan\u201d de m\u00ed; y todo esto antes de haber empezado a lidiar con eso <em>dentro de m\u00ed<\/em>; antes de reconocer la <em>necesidad<\/em> que tengo de escribirlo. Entonces resulta que empiezo a escribir para llenar esas expectativas. Es as\u00ed como llego a creer que s\u00f3lo es cuesti\u00f3n de \u201cponerme al d\u00eda\u201d, que basta con un bagaje conceptual adecuado, que basta con manejar una t\u00e9cnica, con comprender una teor\u00eda. Pero hay una parte del trabajo de escritura que no depende de cu\u00e1n informada est\u00e9 de un asunto; hay algo que no depende de mi formaci\u00f3n intelectual ni de mi inteligencia. Porque la escritura supone un proceso de <em>relaci\u00f3n <\/em>con el asunto: pide una visi\u00f3n. Es decir, la creaci\u00f3n de un espacio (en este caso, verbal) donde lo mirado quede <em>contenido<\/em> m\u00e1s que explicado. Por eso el ensayo supone una imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Volviendo a mi ensayo, \u00bfqu\u00e9 pasa cuando no tomo en cuenta esto? Ocurre que, apenas tropiezo con alguna resistencia (por ejemplo, me doy cuenta de que no domino como pensaba esa teor\u00eda, o de que el m\u00e9todo que estoy aplicando ofrece dificultades nuevas que no consigo \u201cresolver\u201d), una de dos: o bien, entro a \u201cforzar\u201d esa teor\u00eda o m\u00e9todo, encogiendo, empobreciendo, tanto la teor\u00eda como el tema que trato. O bien recurro (y esto en nosotros es lo m\u00e1s usual) a la coartada de la \u201coriginalidad\u201d, empiezo a \u201cinventar\u201d, me siento \u201crevolucionaria\u201d (el ser americanos parece que nos ha dado patente de corso para convertirnos en \u201cchapuceros\u201d de ley) y empiezo a improvisar \u201cm\u00e9todos\u201d, \u201cteor\u00edas\u201d, lo que sea. Estas acrobacias, por lo general, no son m\u00e1s que una ret\u00f3rica efectista, un maquillaje para el fracaso o la impotencia. De nuevo constato que la verdadera resistencia est\u00e1 all\u00ed. El momento en que sentimos aparecer el fracaso, la impotencia, \u00e9se es el momento verdaderamente f\u00e9rtil, y es cuando podr\u00eda empezar a nacer la verdadera <em>reflexi\u00f3n <\/em>que da origen a una visi\u00f3n consistente, a una escritura \u2013ahora s\u00ed\u2013\u00a0original: a un ensayo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hemos podido ver hasta ahora? Que detr\u00e1s de una supuesta pretensi\u00f3n de \u201cobjetividad\u201d (\u00bfno estamos cansados de escuchar tambi\u00e9n las quejas por ese excesivo y seco cientificismo?), detr\u00e1s de esas fantas\u00edas de rigurosidad \u201cobjetiva\u201d, lo que sigue subsistiendo es la ya muy vieja dificultad nuestra para salirnos del \u201csubjetivismo\u201d. Un subjetivismo que es parte de nuestra tradici\u00f3n y no una novedad. Un subjetivismo del cual deber\u00edamos partir, reconoci\u00e9ndolo y aprendiendo a conocerlo, antes de pretender erradicarlo mediante una consigna o un ropaje. Porque aqu\u00ed el recurso a teor\u00edas y m\u00e9todos impersonales lo que hace es representar ese subjetivismo, dej\u00e1ndolo intacto y oculto, listo para saltar cada vez que una resistencia aflore, ya sea desde adentro del propio trabajo \u2013como dijimos antes\u2013; ya sea despu\u00e9s, cuando alguien nos critica e iniciamos la ronda consabida de defensas, ataques y justificaciones.<\/p>\n<p>Entonces el escribir un ensayo hoy, en Venezuela, tiene que v\u00e9rselas con este tipo de obst\u00e1culos. Con un viejo obst\u00e1culo \u2013el mismo de siempre\u2013 \u00a0que con el tiempo ha adoptado nuevas formas.<\/p>\n<p>Una escritura reflexiva, ser uno mismo el tema del ensayo \u2013que es lo que ped\u00eda Montaigne\u2013 no es f\u00e1cil. Y para nosotros, creo que es \u201cgiro\u201d reflexivo es la dificultad b\u00e1sica de toda escritura; no s\u00f3lo la del ensayo, pero comenzando por ella. Porque ese giro es todo lo contrario a ponerse a hablar de s\u00ed mismo (cosa en la que, por desgracia, somos campeones). Por el contrario, la escritura reflexiva exige, en primer lugar, sacrificar las \u201copiniones\u201d. Se trata, justamente, de transformarlas y transformarnos. Se trata de \u201cprocesarlas\u201d, de valorarlas y de colocarlas dentro de un recipiente que ya no sea \u201cpersonal\u201d. Al \u201copinar\u201d, lo que hacemos es dirigir nuestras opiniones hacia afuera; proyectarlas. Pero el ensayo consiste en reflexionarlas: dejar que esas opiniones se devuelvan para poder vernos en ellas. Ese trabajo de distancia, que implica tambi\u00e9n iron\u00eda y humor, es el trabajo b\u00e1sico que debemos emprender porque es all\u00ed \u00a0donde aparecen las resistencias (esas que, como dijimos, forman parte de nuestra cultura). La mirada reflexiva del ensayo es un ejercicio para disciplinar la subjetividad. Un ejercicio donde la subjetividad deja de ser una trinchera, un asiento, para convertirse en un instrumento. Un instrumento musical que me permite <em>afinarlo<\/em> (entonarlo) con el tema y objeto que estoy tratando. Entonces, ya no se trata de poner all\u00ed \u201cmis\u201d opiniones personales (como tanto se dice) porque \u00e9stas habr\u00e1n encontrado las im\u00e1genes y las formas que le sirvan de cauce objetivo hasta convertirlas en imagen culta, en memoria culta, donde \u00a0podremos leer una aventura que ya no es personal.<\/p>\n<p>Ese trabajo de sinton\u00eda y distancia con uno mismo y con el mundo tiene que ver tanto o m\u00e1s con la intuici\u00f3n y el sentir que con el pensamiento. Entre nosotros, tenemos que empezar por reconocer que tanto la intuici\u00f3n como el sentimiento son un asunto complejo. No podemos quejarnos, como lo hacen otros pueblos, de que est\u00e9n ausentes. Por el contrario, estas facultades han estado tan a la vista, y tan en primer plano (han hecho m\u00e1s de media \u201chistoria de Venezuela\u201d), que muchas veces reaccionamos repres\u00e1ndolas. No otra cosa ha ocurrido en el campo de la literatura durante los \u00faltimos a\u00f1os. Entonces, el trabajo no ha consistido (como hubiera sido lo deseable) en educar y desarrollar esas facultades, buscando las formas que pudieran contenerlas y expresarlas; sino que, por el contrario, las hemos querido expulsar por decreto. No debe extra\u00f1arnos entonces que ahora insistan en sabotearnos el trabajo.<\/p>\n<p>En el ensayo, estas facultades se educan y se expresan. Por eso creo que el ensayo es una escritura tan necesaria y tan ardua entre nosotros.<\/p>\n<p>Creo que \u00e9stas son algunas de las tensiones y los conflictos que se presentan cuando tratamos de escribir un ensayo; al menos son algunas de las que he podido vivenciar. Estas tensiones y conflictos provienen de complejidades\u00a0 muy viejas que cre\u00edmos \u201csuperadas\u201d antes de haberlas reconocido. Pero es reconoci\u00e9ndolas y sobrellev\u00e1ndolas l\u00facidamente como se han escrito en Venezuela los ensayos m\u00e1s valiosos.<\/p>\n<p>Recordemos, para terminar, que salvar las dificultades no es posible. De estas tensiones, de nuestra historia y nuestras complejidades, no nos salva nadie ni nada. Al contrario, es movi\u00e9ndonos en ellas, vi\u00e9ndolas y sorte\u00e1ndolas, como podremos hacerlas f\u00e9rtiles. Ensayar, hacer \u201censayo\u201d es una manera de \u201csortear\u201d, y hacer suertes es \u201ctorear\u201d: \u201clidiar\u201d.<\/p>\n<p>Entonces, se trata de exponer, exponi\u00e9ndonos; de mover, movi\u00e9ndonos y movilizando una reflexi\u00f3n que, en lugar de cobijarnos bajo un bagaje conceptual, lo atraviese para revelarnos.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/maria-fernanda-palacios\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lengua del coraz\u00f3n Un idioma es una tradici\u00f3n, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de s\u00edmbolos. Jorge Luis Borges Jam\u00e1s vida sin juego ni juego sin vida. \u00c1ngel Rosenblat La vida moderna tiende a conferir un poder excesivo a la palabra. 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