{"id":8718,"date":"2023-08-21T21:07:25","date_gmt":"2023-08-21T21:07:25","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8718"},"modified":"2023-11-24T18:11:45","modified_gmt":"2023-11-24T18:11:45","slug":"no-es-tiempo-para-rosas-rojas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/no-es-tiempo-para-rosas-rojas\/","title":{"rendered":"No es tiempo para rosas rojas (Fragmentos)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Antonieta Madrid<\/h4>\n<p>1<\/p>\n<p>Te fuiste, se fue tu cara pegada al vidrio de la ventanilla del super jet, se fue perdiendo en la inmensidad del terreno del avi\u00f3n, trasteando, p\u00e1jaro abaleado. Tu cara cada vez m\u00e1s chica, chiquita, chiquitica, chiquirritica, es un punto negro en la lejura, es un lunar en la lontananza.<\/p>\n<p>El p\u00e1jaro de lata da la vuelta, se sacude, endereza las alas, las tiempla, pega la carrera, se manda a todo lo largo de la pista de despegue, se levanta, se eleva, da envionazos, se alza, se aleja sobre el mar, entre las nubes, penetra el cielo ya gris, se pierde&#8230; Y yo all\u00ed, esperando nada. Las huellas de tus besos a\u00fan h\u00famedas en mi cara.<\/p>\n<p>Apretabas mi cuerpo contra la barandilla. Los cuatro digepoles te rodeaban, daban vueltas, jugaban a do\u00f1a Ana, no est\u00e1 aqu\u00ed, est\u00e1 en el vergel, cortando la rosa, dejando el clavel&#8230; ten\u00edan que asegurarse de que part\u00edas, de que no te les ibas a escapar&#8230;<\/p>\n<p>y t\u00fa sab\u00edas que nos \u00edbamos a volver a ver, sab\u00edas que aquella no era una despedida, sino un regreso, una vuelta de tuerca, una<\/p>\n<p>el recuerdo fue como un rel\u00e1mpago que estall\u00f3 de un solo golpe en mi memoria, y pude verlo todo como si estuviera vivi\u00e9ndolo otra vez&#8230;<\/p>\n<p>aquella noche en Los Caobos, de bruces sobre la soledad del apartamento, los objetos del cuarto formando una conspiraci\u00f3n funambulesca, una merienda de locos: la liebre de marzo y el sombrero tomaban el t\u00e9 mientras el lir\u00f3n les sirve de mesa, \u00a1claro!, que ser\u00eda igual decir, respiro cuando camino que, camino cuando respiro; \u00a1claro! Que ser\u00eda igual que decir, quiero cuanto tengo que tengo cuanto quiero; \u00a1claro! que ser\u00eda lo mismo decir, hablo cuando sue\u00f1o que sue\u00f1o cuando hablo&#8230;<\/p>\n<p>y so\u00f1aba y hablaba y desde aquella honda tristeza impregnada de tu desesperaci\u00f3n, te rec\u00e9 INRI, C\u00b4est fini. Daniel y descansaba mi cabeza sobre tu almohada y ol\u00eda tu olor y recordaba tu cara de loco, el miedo subiendo por mi garganta, estrangul\u00e1ndome, impidi\u00e9ndome gritar, articular tu nombre,<\/p>\n<p>y las l\u00e1grimas ba\u00f1aban mi cara y tu olor se mezclaba con un sabor salado y cerr\u00e9 los ojos para no ver m\u00e1s los arco iris de blancos, de grises y de negro pintando todo el cuarto&#8230;<\/p>\n<p>Por el portavoz llamaban a los pasajeros de VIASA con destino a Lisboa&#8230; Te desped\u00edas. Un solo enredijo de abrazos y de besos. Dos de los polic\u00edas te acompa\u00f1aron hasta el autob\u00fas, entraron contigo, hasta el coloso. Se quedaron un rato adentro. Salieron.<\/p>\n<p>La aeromoza se asoma y cierra la puerta del confortable coj\u00edn. Retiran la escalerilla. Los polis regresan. El aire alborotado los azota. Chorros de agua al viento alcanzan de nuevo la baranda. Entran, se acercan, me miran, se miran, se alejan, se detienen detr\u00e1s de la puerta de cristal. Tienen que irse seguros, con la certeza de que lo vieron despegar&#8230;<\/p>\n<p>El sarc\u00f3fago iluminado atraviesa la pista. Sombritas de gui\u00f1ol danzan, se sientan, se arrodillan\u00a0<em>fastening their seat belts<\/em>, Sombrita de stewardess reparte chiclets, pastillitas de menta, caramelitos entre los gui\u00f1oles amarrados. El p\u00e1jaro apocal\u00edptico aletea, corre, despega, vuela&#8230; Ahora s\u00ed, las plumas apelmazadas, el \u00e1guila cruza los aires llevando humanos artificiales a sus destinos, garabateando en el espacio con su cola de humo&#8230;<\/p>\n<p>Y al regreso todo fue diferente, completamente diferente al regreso del aeropuerto: el maquillaje oxidado sobre la piel grasienta, los ojos sobremirando un camino, tras-pasando la brisa, velos de tul flotando en la atm\u00f3sfera&#8230;<\/p>\n<p>y son globos de luz que chocan contra los cristales solex, los atraviesan, rebotan en los asientos, dibujan estrellas, transforman los metales, las piedras&#8230; Las aristas se van perfilando, se dibujan las l\u00edneas y es tu historia toda que va brotando, brotando, hasta que revienta entera sobre m\u00ed, toda.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>Ya van a ser las siete, el cielo gris persiste y se va poniendo m\u00e1s y m\u00e1s gris, es plomo, es negro, apenas nos damos cuenta del ennegrecimiento de los grises. Ahora se acelera el proceso y es como en esas pel\u00edculas en que podemos ver la puesta del sol y la llegada de la noche, de un solo viaje, como si se cerrara una puerta. Pero ha sido tan largo esta vez. Ya son las siete, Mireya y yo sentadas en el\u00a0<em>Vauxhall<\/em>, ni un alma en el patio grande, cuadrado, ennegreci\u00e9ndose.<\/p>\n<p>Pienso en Vicky, en aquel apartamento, all\u00ed mismo, detr\u00e1s del cerro, esper\u00e1ndonos, mientras nosotras estamos entre el carro pariendo esta oscuridad, y ya son las siete y cuarto. Ahora s\u00ed, dice Mireya, ahora s\u00ed pod\u00e9s traer las se\u00f1ales, hace-las ya. Y halo el botoncito de las luces, el de las m\u00e1s chiquillas y relampaguea. Esas no se ven, dice Mireya, encend\u00e9 las otras, las grandes, prend\u00e9 las m\u00e1s grandes.<\/p>\n<p>Saco el bot\u00f3n de las luces grandes y las luces, como rayos, crecen y crecen, se extienden a todo lo largo y ancho del terreno, hasta las cercas y las matas del otro patio. \u00a1Cuidado!, grita Mireya. Vuelvo a hundir el bot\u00f3n y las luces se devuelven, se recogen, regresan, se esconden. Es suficiente con esto, le digo a Mireya.<\/p>\n<p>No alcanzamos a ver nada, ni una sola sombra. Hago tres cambios: alta-baja, alta-baja, alta-baja y apago. Nos quedamos quietas esperando en la oscuridad, las respiraciones trancadas, las mand\u00edbulas apretadas, las nucas tiesas, los cuerpos tensos. Mis manos aferradas al volante, mis manos en el suiche.<\/p>\n<p>Un bulto se asoma, lo vemos, es un bulto que emerge de la oscuridad, un bulto que se mueve, un bulto que camina, un bulto que se acerca, un bulto que lleva unos pantalones m\u00e1s oscuros que la noche, un bulto con una camisa marr\u00f3n; un bulto que dibuja una figura, una figura que se va vislumbrando, una figura que se perfila<\/p>\n<p>y son brazos y son piernas que se acercan y es una cabeza que se asoma y es la cabeza casta\u00f1a de Tulio y es Tulio en persona quien se acerca y es Tulio quien llega y es Tulio quien abre la puerta del asiento trasero y es Tulio quien se sienta<\/p>\n<p>y arrancamos y salimos y ya en la puerta del hospital, ni nos miran, ni siquiera nos miran, ni siquiera nos piden las c\u00e9dulas. Apenas repara en nosotros el guardia, mete los ojos entre el carro y dice: \u2014Sigan&#8230;<\/p>\n<p>Ya las piernas no dan m\u00e1s, chocan una contra otra las rodillas, pasamos por la calle de doble v\u00eda, por toda la orilla bordeando el hospital. No se oye, ni se ve nada. Todo normal&#8230; Te fij\u00e1s que el problema era para entrar, dice Mireya; s\u00f3lo para entrar. Pero ya estamos afuera y ya no importa cu\u00e1l haya sido el problema, ya no importa lo que pueda pasar, hay tantos carros de esta misma marca por aqu\u00ed y el\u00a0<em>Vauxhall<\/em>\u00a0se va perdiendo entre el tr\u00e1fico camufla-do entre la noche.<\/p>\n<p>Pasa una patrulla, sigue por la v\u00eda de Ant\u00edmano. Nosotros seguimos rodando y un silencio compacto se ha instalado entre el carro, hasta que Tulio lo rompe: lo hicimos, dice Tulio, salta y me larga un beso, le da otro beso a Mireya.<\/p>\n<p>S\u00ed, s\u00ed, lo hicimos, le contestamos nosotras a coro, las voces estranguladas por el miedo. Ya casi vamos llegando. Mejor damos unas vueltas m\u00e1s, apunta Mireya.<\/p>\n<p>Damos vueltas y m\u00e1s vueltas por la zona, por los edificios, por las avenidas. Nada anormal. Todo demasiado normal, m\u00e1s normal que todo lo normal que pueden ser las cosas a las ocho y media de la noche y era como si hubiera transcurrido una eternidad. Todo paralizado,<\/p>\n<p>la gente como sombras flotando por las calles deshabitadas de Bella Vista, la gente como dibujos flotando por las fuentes de soda, en las areperas, en los abastos, en la farmacia, en la parada de autob\u00fas, en el estacionamiento, en los pasillos del edificio, en el ascensor, en el piso once, en la puerta del ciento catorce.<\/p>\n<p>tocamos el timbre, se asoman, abren, entramos y todo fue un solo abrazo, un solo beso, un sebuc\u00e1n de risas.<\/p>\n<p>Parece mentira, s\u00ed, parece mentira, pero si todo parece mentira, el olor a incienso y esos cojines de colores, all\u00ed, quietos, sobre el suelo blanco y negro, jaspeadito, de granito blanco y negro. Los cojines amarillos, morados, naranja,<\/p>\n<p>bien quietos sobre el suelo, sobre el div\u00e1n forrado con una cobija de cuadros de lana escocesa; y la botella de champa\u00f1a, bien fr\u00eda, acostada en la nevera, llena de gotitas como de sudor la botella de Viuda Clicquot en la nevera bien fr\u00eda.<\/p>\n<p>Vicky seca las copas, Tulio se lava las manos, los hilos rojos borrados por el agua oxigenada se mezclan con el agua del chorro, se escapan por el hueco del lavamanos. El tirabuz\u00f3n penetra el corcho y el tap\u00f3n salta, hasta el techo, un disparo, un tiro, un grito que celebra \u00a1somos libres!, \u00a1libres! All\u00e1, a lo lejos, los Beatles se escuchan:\u00a0<em>yesterday, all my troubles seemed so far away<\/em>&#8230;<\/p>\n<p><em>yesterday, oh, yesterday<\/em>, ya todo qued\u00f3 atr\u00e1s, \u00a1oh! , ya todo qued\u00f3 atr\u00e1s,\u00a0<em>\u00a1oh!, I believe in yesterday<\/em>, ya todo qued\u00f3 atr\u00e1s en ese inmenso\u00a0<em>yesterday, there&#8217;s a shadow hanging over me, \u00a1Oh!, yesterday&#8230;\u00a0<\/em><\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Miraba, miraba tu cara curtida, tu cara joven, tu cara con todas las arrugas dibujadas; miraba, miraba tu pelo negro, revuelto; miraba tu cuello tenso, tu cuello flaco perderse entre la camisa azul-petunia; miraba, miraba tu mano larga con las venas brotadas; miraba, miraba el cigarrillo gastarse entre tus dedos; miraba tu boca, tus labios apretados; miraba, miraba el humo del\u00a0<em>Galloise<\/em>\u00a0salir en arabescos desde el fondo de tu garganta; miraba, miraba tus ojos, tus ojos en todos los tonos de marr\u00f3n posibles, tus ojos de c\u00edrculos conc\u00e9ntricos&#8230;<\/p>\n<p>o\u00eda, o\u00eda la voz de Julio: \u2014C\u00f3mo los conseguiste, a los galloises; o\u00eda, o\u00eda tu voz saliendo desde adentro: \u2014Me los trajeron&#8230; o\u00eda, o\u00eda tu voz nueva, o\u00eda tu voz en el recuerdo&#8230;<\/p>\n<p>tocaba, tocaba tu mano, tocaba la palma de tu mano, tocaba los nudillos de tus dedos, las callosidades; tocaba y sent\u00eda el calor de tu mano. Mucho gusto y el calor de tu mano. Mucho gusto y el sonido de tu voz&#8230;<\/p>\n<p>ol\u00eda, ol\u00eda tu cuerpo cercano, ol\u00eda tu cuerpo seco con una reminiscencia de lavanda; ol\u00eda tu cuerpo seco y era un olor como a cenizas; ol\u00eda tu ropa, tu camisa azulosa, ol\u00eda el humo del cigarrillo; ol\u00eda y era un olor como a monte y a tabaco y a Cerveza&#8230;<\/p>\n<p>Mucho gusto y tus ojos; mucho gusto y tu cara; mucho gusto y tu imagen entera como una luz sobre mi cara brillando&#8230;<\/p>\n<p>Mucho gusto y tu figura total ante mis ojos entrecerrados; mucho gusto y s\u00ed, s\u00ed, ya recuerdo, fue en Par\u00eds, en el caf\u00e9 Buci, aquel amigo y pintor que reci\u00e9n regresaba de Nepal. El pintor y aquella muchacha francesa llamada Giselle, y todos nosotros jugando a las maquinitas, y t\u00fa, s\u00ed, t\u00fa, s\u00f3lo ibas a estar uno o dos d\u00edas all\u00ed, seguir\u00edas tu viaje a Praga, y alguien te hab\u00eda invitado a una fiesta, nos invitaste a Luc\u00eda y a m\u00ed, y Luc\u00eda me dijo, bajito, en el o\u00eddo: \u2014Ni se te ocurra ir, que son muy fu en esa casa,<\/p>\n<p>y, \u00a1claro! que no ir\u00edamos, si hab\u00eda llegado Guido y esa noche pens\u00e1bamos ir a comer en el comedero que quedaba en la calle detr\u00e1s de la Mazarine, una papa completa para los cuatro y hasta nos alcanzar\u00eda para un Beaujolais, y despu\u00e9s pasar\u00edamos por la Scala y all\u00ed estar\u00edan los otros, y la noche iba a ser linda, y no pod\u00edamos malgastar nuestro preciado tiempo en fiestas fu de familias latinoamericanas peque\u00f1oburguesas y decadentes, \u00a1uy!, \u00a1cu\u00e1ndo!&#8230;<\/p>\n<p>y t\u00fa tampoco fuiste a la fiesta, sino que te viniste con nosotros y amanecimos por las orillas del Sena gritando que nos cag\u00e1bamos en Dios y en la polic\u00eda francesa&#8230;<\/p>\n<p>Me los trajeron de Par\u00eds, hab\u00edas dicho, y tu voz se hab\u00eda quedado congelada en mis o\u00eddos. Congelada junto con tu recuerdo, todo congelado, Julio y el resto de la gente, y la mesa, y todo en el Torremolinos, en la calle de la teja rodada&#8230; congelado Paco cantando el Porompomporom Porompo, y la rubia que se apretaba contra ti, y t\u00fa visiblemente molesto; y Roberto, y la voz de Roberto, y yo misma estaba congelada dentro de aquel cuadro vivo congelado<\/p>\n<p>y me hab\u00eda olvidado del lugar, y de la gente, y de todo lo que no fueras t\u00fa y tu recuerdo; y te miraba, y te escuchaba, y te sent\u00eda extra\u00f1o en medio de los otros; y miraba a la Judith que andaba con un agite. Me tengo que ir, ya van a ser las doce, tard\u00edsimo, \u00a1uy!, qu\u00e9 horror&#8230;<\/p>\n<p>Qu\u00e9date un rato m\u00e1s, le hab\u00edas dicho; y ella, no, no puedo, ma\u00f1ana tengo clases, y se levantaba del asiento, y agarraba la cartera, y el chal mexicano azul el\u00e9ctrico con flecos negros de paja brillante. Se echaba el chal por los hombros y se lo volv\u00eda a quitar, y se sentaba de nuevo, para recomenzar con el yeyo, hasta que t\u00fa, ni modo, le dijiste, ya te vamos a llevar, y aquel bar estaba lleno de gente y hac\u00eda mucho calor&#8230;<\/p>\n<p>Montado en una mesa, Paco zapateaba. Alguien le pidi\u00f3 que cantara El Toro y la luna y Paco se baj\u00f3 y se puso a cantar: \u00abY ese toro enamorao de la luna, que abandona por las noches la manaaaa\u00e1, va pintao de amapola y aceituna y se puso campanero tarar\u00e1aa\u00bb.<\/p>\n<p>Ya el calor no se aguantaba y todo estaba lleno de humo, ese gent\u00edo fumando y la Judith que ya no pod\u00eda m\u00e1s. Debo irme, dec\u00eda, toda tiesa ella, toda acad\u00e9mica ella; y t\u00fa, s\u00ed, ya vamos, y mirabas a Roberto, y Roberto te dijo: \u2014Te acompa\u00f1o, y Roberto me dice: \u2014Si quieres te vienes con nosotros; y yo les digo: \u2014Bueno, ya esto se est\u00e1 poniendo insoportable, podemos ir a otro lugar&#8230;<\/p>\n<p>Era un aquelarre aquel lugar, Marlene y Evelyn, en la mesa de al lado con el franc\u00e9s que \u00faltimamente no las desamparaba, siempre andaban los tres y no se sab\u00eda de qui\u00e9n estaba enamorado el tal franc\u00e9s. Roberto dec\u00eda que la cosa era con Marlene, pero a m\u00ed se me pon\u00eda que no era con Marlene, sino con Evelyn, lo que pasaba era que Evelyn era casada y siempre andaba con el rollo de que, yo s\u00f3lo salgo para distraerme un poco&#8230; Marlene y Evelyn, cuando se dieron cuenta de que nos \u00edbamos, saltaron y nos preguntaron: \u2014\u00bfAd\u00f3nde van? Roberto te se\u00f1ala a ti, y a la rubia y les dice: \u2014No s\u00e9, a lo mejor volvemos. Marlene y Evelyn casi irreconocibles dentro de la humareda siguen haciendo se\u00f1as de que ellas tambi\u00e9n quieren irse a otra parte,<\/p>\n<p>pero ya Judith est\u00e1 fuera de s\u00ed, y mira el reloj y te dice en voz alta: Acu\u00e9rdate que ma\u00f1ana es lunes&#8230; Y qu\u00e9 pasaba con que ma\u00f1ana fuera lunes o viernes, o lo que fuera, si est\u00e1bamos all\u00ed, felices de habernos reencontrado y no era como para desperdiciar aquel momento y dejar pasar la ocasi\u00f3n y despedirnos as\u00ed, como si nada, con un simple, chao, encantada de volverte a ver&#8230; No, no era como para permitir que aquel encuentro se quedara as\u00ed, colgando, en suspenso como cualquier otro encuentro de esos que tenemos casi a diario, y que nunca pasan de ah\u00ed, de ser un encuentro m\u00e1s.<\/p>\n<p>No, no iba a ser f\u00e1cil volvernos a ver. No iba a ser tan f\u00e1cil, hab\u00eda que hacer algo para prolongar aquellos instantes&#8230; Hab\u00eda que hacer algo para estirar aquella noche, ir\u00edamos a otro lugar, luego de dejar a la tipa \u00e9sta, a la Judith que se hab\u00eda puesto mosca. Se hab\u00eda dado cuenta de la cosa y hablaba aparte contigo&#8230;<\/p>\n<p>y regres\u00f3 tranquila, lo m\u00e1s contenta, dispuesta a quedarse, dispuesta a hacer concesiones de s\u00ed misma diciendo: \u2014Me voy a quedar un rato m\u00e1s, ch\u00e9vere&#8230;<\/p>\n<p>Pero me cay\u00f3 remal que la tipa hubiera reaccionado as\u00ed y le dije a Roberto: \u2014Mejor me quedo con Marlene y Evelyn, y le quit\u00e9 la manzanilla que se estaba tomando, casi completa la copa, y le dije: \u2014Anda con ellos, despu\u00e9s te veo, y les dije chao, encantada, a ti y a la rubia, y a Roberto, mua, mua, le tir\u00e9 dos besitos con la mano&#8230;<\/p>\n<p>Se fueron y me qued\u00e9 en la otra mesa, sentada, tom\u00e1ndome la manzanilla, batallando con el humo, escuchando los berridos de Paco, y cay\u00f3 el tel\u00f3n&#8230;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/antonieta-madrid\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonieta Madrid 1 Te fuiste, se fue tu cara pegada al vidrio de la ventanilla del super jet, se fue perdiendo en la inmensidad del terreno del avi\u00f3n, trasteando, p\u00e1jaro abaleado. Tu cara cada vez m\u00e1s chica, chiquita, chiquitica, chiquirritica, es un punto negro en la lejura, es un lunar en la lontananza. El p\u00e1jaro [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":8719,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8718"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8718"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8718\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8722,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8718\/revisions\/8722"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8719"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8718"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8718"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8718"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}