{"id":8670,"date":"2023-08-10T00:35:19","date_gmt":"2023-08-10T00:35:19","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8670"},"modified":"2023-11-24T18:12:29","modified_gmt":"2023-11-24T18:12:29","slug":"pais-portatil-un-mosaico-de-historias-y-de-busquedas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pais-portatil-un-mosaico-de-historias-y-de-busquedas\/","title":{"rendered":"Pa\u00eds port\u00e1til: un mosaico de historias y de b\u00fasquedas"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza<\/h4>\n<p>En 1968, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n obtuvo el premio \u201cBiblioteca Breve\u201d con su novela <em>Pa\u00eds Port\u00e1til<\/em>, al mismo tiempo que, seg\u00fan la cr\u00edtica que elogi\u00f3 la obra, incorporaba la novel\u00edstica venezolana a las corrientes de vanguardia en el continente. Antes Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n nos hab\u00eda entregado los textos cuent\u00edsticos <em>Las hogueras m\u00e1s altas, El hombre que daba sed, Asfalto e Infierno<\/em>.<\/p>\n<p>Nativo de Valera, ciudad del Estado Trujillo, Adriano Gonz\u00e1lez, extrae del ambiente de los Andes la materia e im\u00e1genes de sus relatos. En ellos descubrimos buena parte del universo de esta regi\u00f3n venezolana, as\u00ed como tambi\u00e9n giros coloquiales y hablas. En cierto sentido, al penetrar en sus textos, nos metemos en la monta\u00f1a andina.<\/p>\n<p>Tanto en sus relatos como en la novela, de la que nos ocuparemos en seguida, Adriano aborda ficticiamente el mundo de caudillos y se\u00f1ores, de godos y liberales que se enfrentan por un pedazo de tierra o por hechos de honor. Una tradici\u00f3n de violencia se\u00f1orial, de sumisi\u00f3n de la mujer, y de los peones y gentes despose\u00eddos entrar\u00e1n en las p\u00e1ginas de Pa\u00eds Port\u00e1til, novela de la violencia de varias generaciones enfrentadas y anudadas por la misma violencia de una tierra y un paisaje condenado por siglos a repetir tal violencia en diferentes tiempos, empleando distintos actores, pero envueltos siempre por la misma niebla.<\/p>\n<p>Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, de distintas maneras, fue part\u00edcipe de las actividades pol\u00edticas llevadas a cabo por los intelectuales y artistas de izquierda en los a\u00f1os sesenta, muchas de las cuales aparecen narradas en las p\u00e1ginas de su novela Pa\u00eds Port\u00e1til, texto construido sobre la idea de hacer coincidir en im\u00e1genes tres mundos de vivencias ancestrales, mediante la presentaci\u00f3n simult\u00e1nea de la lucha de generaciones distintas.<\/p>\n<p>Reducido a su motivo narrativo esencial, Pa\u00eds Port\u00e1til es la ef\u00edmera historia de un pasajero. Una historia que dura un d\u00eda. Un joven traumatizado desde la infancia por la arbitrariedad del abuelo, empe\u00f1ado en hacerlo hombre antes de tiempo. Un joven que toma, para desplazarse en la ciudad, un autob\u00fas, un carrito y luego un taxi. Un joven que lleva consigo, en el portafolios deteriorado, en lugar de papeles o documentos, una ametralladora. Andr\u00e9s Barazarte, miembro de la guerrilla urbana, integrante de una U.T.C. (unidad t\u00e1ctica de combate), que mientras cruza la ciudad de Caracas, llevando su ametralladora, piensa, recuerda su pasado inmediato y la m\u00e1s remota memoria de su familia y, por supuesto, del pa\u00eds en que vive.<\/p>\n<p>Solo al final sabremos que tras este corto viaje Barazarte se enfrentar\u00e1 a su propia muerte, despu\u00e9s de hacer reconstruido su memoria haciendo coincidir paralelamente un mundo de vivencias: las provenientes de la infancia, sumergida en la violenta provincia andina y las nacidas de la experiencia en Caracas. A trav\u00e9s de im\u00e1genes, Barazarte desanda tiempos y espacios. Otras veces recuerda el pasado inmediato: dos relatos paralelos que se interfieren, se mezclan, se cruzan y se separan.<\/p>\n<p>Ambos, sin embargo, nacen con la muerte del viejo Barazarte y terminan con la muerte de Andr\u00e9s Barazarte, el nieto. Una y otra ocasionadas por la misma causa: la violencia engendrada en el pa\u00eds. La novela estructura un doble tiempo narrativo que permite el ensamblaje de historias diversas. Con ambos instrumentos recrea una realidad tomando como punto de partida las vivencias, de las cuales surgen seres y situaciones que recuerdan el clima po\u00e9tico de los cuentos de Gonz\u00e1lez Le\u00f3n. El clima de la narraci\u00f3n se llena de memorias y reminiscencias, de mundos de ensue\u00f1o y fantas\u00eda, como si Barazarte so\u00f1ara al recordar ese mundo andino que permite la recreaci\u00f3n de un tiempo que anuda a otros en la memoria,<\/p>\n<p>Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n resuelve el problema de la coincidencia de tiempos a trav\u00e9s del recuerdo de Andr\u00e9s Barazarte. Para hacer m\u00e1s \u201crealista\u201d tal coincidencia, recurre a t\u00e9cnicas digresivas, igualmente integradas por el narrador, a partir de sue\u00f1os, experiencias y sensaciones del protagonista: unas veces recurre a la espontaneidad secuencial, propias quiz\u00e1 del surrealismo y otras mediante extrapolaci\u00f3n de un recuerdo, de un color, de una sensaci\u00f3n que cobra vida propia. Se enlaza por asociaciones y vuelve al punto de partida. Sirve de correlato que se devuelve y avanza o cambia el curso del relato: a partir de la conciencia del protagonista el relato avanza o retrocede.<\/p>\n<p>A veces un sonido trae la asociaci\u00f3n vertiginosa. La narraci\u00f3n se acelera: imita tal sonido. El motor de un veh\u00edculo recuerda una sart\u00e9n y la sart\u00e9n el aceite y la digresi\u00f3n se construye a base de calidades de aceites \u2014 de oliva, Berio, X-100. El olor del aceite trae a la memoria a Madrid. Los poderes de lubricaci\u00f3n del aceite traen al recuerdo la transmisi\u00f3n del autom\u00f3vil que \u201csuena como el batir de \u00e1ngeles celestiales que marchan con los huesos aceitados&#8230;\u201d Al final del recorrido que empez\u00f3 en Sabana Grande, el lector se encuentra en Trujillo frente a la mesa del abuelo, donde entre otras cosas hay un convoy con vinagrera, salero y aceitera,<\/p>\n<p>Otras veces, a partir de un olor, se construyen escenas de amor ocurridas casi un siglo antes entre el general Barazarte y la obediente Domitila. El general hiede a burro. Domitila est\u00e1 debajo del doctor y general \u201cseca, sin hacer movimiento, m\u00e1s muerta que viva\u201d. Y de pronto no sabe si lo que siente es la \u201ccosa del general y doctor y la parte correspondiente del burro (al cual hab\u00edan visto esa tarde en el potrero \u201ccon su cosa negra tendida al sol con algunos zamuros girando alrededor\u201d), y Domitila transforma las botas del general y doctor en picos de ave que quieren transportarla por el aire y todo el menguado placer se le va en miedo. Siente el cuerpo comido por dentro, cierra los ojos para que los zamuros no se los saquen. El relincho del general y doctor, sacudido por un goce a\u00f1ejo y agrio y los dos golpes secos de sus botas contra la madera de la cama rompen el encantamiento, cuando Domitila sent\u00eda que le estaban poniendo la enjalma mientras los zamuros la esperaban para llevarla al cielo,<\/p>\n<p>Utilizando t\u00e9cnicas digresivas que asocian experiencias y unen tiempos y espacios en la conciencia del protagonista, el narrador va fijando atm\u00f3sferas y climas. Cuenta la historia de los Barazarte y pone de manifiesto, a nivel tem\u00e1tico, la honda vivencia de las relaciones feudales de producci\u00f3n en la tierra andina y, por supuesto, en el pa\u00eds. Relaciones vividas durante a\u00f1os en el pa\u00eds y que se seguir\u00e1n repitiendo un tiempo m\u00e1s; s\u00f3lo han de cambiar los autores y la circunstancias exteriores, que repiten la misma violencia.<\/p>\n<p>La estructura se mueve en dos planos: un mundo son\u00e1mbulo-fant\u00e1stico, es presentado con tono po\u00e9tico: la escritura se hace morosa, rica en sugerencias y en atm\u00f3sferas , mediante im\u00e1genes extra\u00eddas de un mundo andino. Y otro nivel donde la escritura es directa, casi fotogr\u00e1fica, para dar la idea de simultaneidad. Surge la ciudad heter\u00f3clita, multitudinaria, llena del ruido de los motores y de los claxons: la atm\u00f3sfera se carga de mon\u00f3xido de carbono y del gas de las bombas lacrim\u00f3genas. La ciudad es otro personaje. Se describen sus calles y bares, las colas de autos y de bicicletas y motos rugientes, autobuses y patrullas de la P.T.J., de la Digepol, del Sifa. La ciudad llena de avisos de ne\u00f3n multicolor. La ciudad abrumada por veh\u00edculos detenidos, accidentados y estacionados. La ciudad llena de edificios de todos los tama\u00f1os, con avisos inmensos de Coca \u2014Cola, de la Polar, de General Electric, del Madeirense, de Cada, que bulle, con sus adolescentes puros e ingenuos que exponen la vida para gritar \u201cCuba s\u00ed, Yanky no\u201d, tomada como un motivo narrativo m\u00e1s que va a ser descrita y presentada empleando frases entrecortadas, im\u00e1genes r\u00e1pidas, atropellantes, para dar la sensaci\u00f3n de movimiento y multiplicidad.<\/p>\n<p>En la ciudad se desarrollar\u00e1 la acci\u00f3n lineal de la insurgencia: primero los m\u00edtines rel\u00e1mpago, la botadura de volantes y, m\u00e1s tarde, las acciones de mayor envergadura como la toma de un avi\u00f3n. El viaje de un personaje que cruza la ciudad para asistir a una reuni\u00f3n del partido. Cuando llegue al sitio de reuni\u00f3n ser\u00e1 demasiado tarde. Pero habr\u00e1 recorrido en ese viaje por Caracas buena parte de la memoria de su pa\u00eds.<\/p>\n<p>La historia termina all\u00ed donde hab\u00eda comenzado. Las vidas se juntan en la repetici\u00f3n de gestos ancestrales y en la misma sangre. El viejo Barazarte muere entre blasfemias en el catre de viento, delirando con la tierra perdida. Andr\u00e9s Barazarte, tambi\u00e9n delirante ante la inminente tortura y los culetazos y puntapi\u00e9s de los torturadores. El viejo Barazarte, moribundo, llama a Andr\u00e9s. En el mismo momento, gracias a los recursos alucinatorios del relato que une planos temporales lejanos, lleva el selector, hacia la posici\u00f3n \u201cTA\u201d, afinca en su hombro la metralleta, quita el seguro y presiona el disparador. La r\u00e1faga termina uniendo la violencia de las generaciones que han cruzado, tiempos distintos.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica que examin\u00f3 esta obra en la \u00e9poca en que aparece publicada, coincide en se\u00f1alar los logros de la estructura prevista por el narrador al fundir t\u00e9cnicamente historias simult\u00e1neas a trav\u00e9s de planos entrecruzados. Seg\u00fan los cr\u00edticos Orlando Araujo y Armando Navarro, el prop\u00f3sito del autor de estructurar la novela en tres planos que se relacionar\u00e1n entre s\u00ed, directa o indirectamente en las secuencias narrativas, est\u00e1 logrado de manera perfecta y sorprendente, Seg\u00fan Orlando Araujo:<\/p>\n<p>\u201cLa virtud fundamental de Pa\u00eds Port\u00e1til est\u00e1 en que, antes de sus audacias de contenido y sus atrevimientos formales, es novela: como decir que antes de ser prop\u00f3sito, intenci\u00f3n, esquema o desaf\u00edo es obra de arte. \u00a0La clave est\u00e1, sin duda, en el lenguaje. Aquella narraci\u00f3n fluvial en montajes temporales y espaciales, en planos que se cortan y se mezclan, con demarcaciones a veces claras (a cada plano una diferencia de tono), a veces en enlazamientos de tonos contrapuestos o im\u00e1genes m\u00faltiples y, en el fondo, dando a cada situaci\u00f3n y personaje su identidad expresiva, exig\u00edan conciencia ling\u00fc\u00edstica y una versatilidad en el dominio del habla que permitieran al autor sus variantes con el lenguaje culto en todas su degradaciones\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>Lo se\u00f1alado por Araujo, se ajusta perfectamente a las intenciones de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, en cuanto a proposiciones tem\u00e1ticas estructurales. En la contraportada de la primera edici\u00f3n de Pa\u00eds Port\u00e1til, lanzada por Seix Barral en 1969, leemos lo siguiente:<\/p>\n<p>\u201cLos tres planos est\u00e1n entrecruzados y de alguna manera se relacionan entre s\u00ed, directa o indirectamente, en las secuencias narrativas. Para cada uno de ellos, de acuerdo a las circunstancias, a las necesidades tonales, trat\u00e9 de utilizar un lenguaje diferente. As\u00ed, el viaje urbano est\u00e1 descrito en t\u00e9rminos de simultaneidad y con el prop\u00f3sito de que las palabras contribuyan a formar la idea de una trepidaci\u00f3n angustiosa. Las historias inmediatas se presentan de una manera lineal, respetando todas las f\u00f3rmulas convencionales\u201d.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 1969 fueron publicadas en la revista Papeles varias entrevistas con los ganadores de la Bienal Literaria \u201cJos\u00e9 Rafael Pocaterra\u201d de ese a\u00f1o. A una de las preguntas de Mary Ferrero, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n responde que en nuestra narrativa \u201c&#8230;en ning\u00fan momento han sido afrontados con coraje el mon\u00f3logo interior, la simultaneidad, la reestructuraci\u00f3n del tiempo, las audacias sint\u00e1cticas del costado joyceano\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>La simultaneidad a que se refiere Adriano Gonz\u00e1lez estar\u00eda dada por la presentaci\u00f3n, a trav\u00e9s de diversos focos de diversas unidades narrativas, m\u00faltiples acciones, diferentes temas o motivos narrativos: tal proliferaci\u00f3n tem\u00e1tica ser\u00eda integrada por el discurso del narrador que mediante la combinaci\u00f3n de puntos de vista crear\u00eda un cuerpo \u00fanico (aunque m\u00faltiple), en virtud de la intervenci\u00f3n del narrador, creado por el novelista para lograr tal cometido: los textos novel\u00edsticos de Joao Guimaraes Rosa ser\u00edan un cl\u00e1sico de la literatura latinoamericana en este sentido, como tambi\u00e9n lo ser\u00edan los textos de Jos\u00e9 Lezama y de Julio Cort\u00e1zar y de Reinaldo Arenas, Entiendo cu\u00e1les fueron las intenciones de Adriano al hablar de la simultaneidad. Tanto por la proliferaci\u00f3n de ambientes como de tiempos. Sobre esa idea se abre la novela. Hemos dicho que a tales efectos, el novelista emplea la digresi\u00f3n como recurso esencial, as\u00ed como tambi\u00e9n la yuxtaposici\u00f3n de secuencias.<\/p>\n<p>Pero, muchas veces en la escritura dicha simultaneidad est\u00e1 dada s\u00f3lo como intenci\u00f3n del novelista y no en la realizaci\u00f3n del narrador, A veces el narrador no controla el uso de la digresi\u00f3n y entonces el recurso resulta dado solamente por una larga enumeraci\u00f3n de acciones y hechos a contar (pero no expresados ni visualizados): el lector exige ver plasmados en motivos narrativos todo aquello que el narrador virtual (porque no existe narrador que urda el tejido narrativo) le enumera, pero no le narra, ni le presenta en im\u00e1genes.<\/p>\n<p>A manera ilustrativa recordemos el episodio en el aeropuerto, cuando el personaje se dispone a realizar la acci\u00f3n del secuestro (p\u00e1gs. 158-162). A trav\u00e9s de sus atropellados pensamientos se nos describen una serie de situaciones (\u201clas colas\u201d, las \u201coficinas multiplicadas\u201d ) o se nos presentan acciones que realiz\u00f3 o debi\u00f3 realizar el actante. (\u201cAntes cada quien hab\u00eda comprado su pasaje con el verdadero nombre. En agencias separadas, por supuesto\u201d) de manera natural, frente al lector o mediante el recuerdo presentado por la narraci\u00f3n. Lo que al principio fue una t\u00e9cnica efectiva, empieza a convertirse en tic o clis\u00e9 del narrador.<\/p>\n<p>La disposici\u00f3n tiende a dispersar al lector y, m\u00e1s que a dispersarlo, produce un cierto distanciamiento y la idea de la palabra escrita supone siempre un interlocutor. En funci\u00f3n de la simultaneidad propuesta (y debido tambi\u00e9n a que seg\u00fan las declaraciones del autor \u201clas historias inmediatas se presentan de manera lineal, respetando todas las f\u00f3rmulas convencionales\u201d), esperar\u00edamos del narrador que nos brinde la posibilidad de visualizar \u201cla cola enorme\u201d, las dificultades para estacionar, las oficinas multiplicadas donde nadie sabe nada, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera. \u00bfEn qu\u00e9 momento puede el lector inferir la aludida ignorancia de los empleados de tales oficinas multiplicadas? \u00bfQui\u00e9n es ese \u201ccompa\u00f1ero\u201d que no acaba de llegar y \u201cal fin\u201d lleg\u00f3? Lamentablemente, el lector no sabe de \u00e9l (como tampoco de los otros) nada y para colmo a este \u00faltimo no lo ve llegar, a pesar de que el autor se propone \u201c todas las f\u00f3rmulas convencionales \u201c del relato.<\/p>\n<p>El abuso de las t\u00e9cnicas disgresivas conduce a una carencia de unidad interna en la narraci\u00f3n: \u201cAntes cada quien hab\u00eda comprado su pasaje con el verdadero nombre, en agencias separadas, por supuesto\u201d, Y aunque nos queda \u201cpor supuesto\u201d todo lo anterior, no lo vemos si el narrador virtual no lo aclara. El narrador (para mejor logro de la forma en la novela) debi\u00f3 modular su discurso en funci\u00f3n de la pluralidad de sus voces. Por ello, ac\u00e1 luce vacilante en el empleo del recurso estructural manejado. Armando Navarro, se\u00f1ala muy brevemente cierta carencia de unidad en la novela:<\/p>\n<p>\u201cA simple vista <em>Pa\u00eds port\u00e1til<\/em> impresiona como una novela construida por una amalgama de mosaicos o historias fragmentarias, superpuestas, carentes de unidad interna; sin embargo, todo lo que se narra est\u00e1 relacionado por una secuencia casual. La coherencia de la narraci\u00f3n est\u00e1 dada por la din\u00e1mica misma de su desarrollo en cuanto a variaciones de tiempo, representaciones y evocaciones del personaje\u201d<\/p>\n<p>La aseveraci\u00f3n de Navarro implica una contradicci\u00f3n. Sencillamente, tal coherencia no puede darse solamente a trav\u00e9s de las simples evocaciones del personaje. Funciona, es verdad, cuando el personaje monologa. Pero, al pasar la narraci\u00f3n al presente inmediato, las cosas se complican para el narrador. En toda ficci\u00f3n debe darse una l\u00f3gica interna que explique incluso la ilogicidad de algunas cosas. En el plano tem\u00e1tico ( no hablando ya de estructuras) no est\u00e1 tampoco clara la relaci\u00f3n de los dos contextos, pero hay un plano bien construido, tanto tem\u00e1tica como estructuralmente, y precisamente es el del universo andino, plasmado a trav\u00e9s de s\u00edmbolos e im\u00e1genes de fuerza.<\/p>\n<p><em>Pa\u00eds Port\u00e1til<\/em>, una de las novelas m\u00e1s comentadas en nuestros medios literarios, fue un punto de llegada en la narrativa de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n. Novela a la que pueden se\u00f1alarse incoherencias estructurales, pero que pareciera resumir todas las b\u00fasquedas de este escritor que irrumpi\u00f3 en el \u00e1mbito literario con un mundo muy propio, con un universo cuent\u00edstico bien construido, pleno de resonancias y de poes\u00eda. En esta novela concluye anudando hilos dispersos en los cuentos, elaborando un discurso concluido y comenzando interminablemente ora vez difuso y lento, como vuelve y se va la niebla de los Andes, desarrollando un centro que no oculta ni acaba de revelar enteramente.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Orlando Araujo, <em>Narrativa venezolana contempor\u00e1nea, <\/em>p. 223.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Revista <em>Papeles<\/em>, Ateneo de Caracas.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-napoleon-oropeza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza En 1968, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n obtuvo el premio \u201cBiblioteca Breve\u201d con su novela Pa\u00eds Port\u00e1til, al mismo tiempo que, seg\u00fan la cr\u00edtica que elogi\u00f3 la obra, incorporaba la novel\u00edstica venezolana a las corrientes de vanguardia en el continente. Antes Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n nos hab\u00eda entregado los textos cuent\u00edsticos Las hogueras m\u00e1s altas, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":8671,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8670"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8670"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8670\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9573,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8670\/revisions\/9573"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8671"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8670"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8670"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8670"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}