{"id":8662,"date":"2023-08-10T00:06:22","date_gmt":"2023-08-10T00:06:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8662"},"modified":"2024-01-06T13:37:28","modified_gmt":"2024-01-06T13:37:28","slug":"resena-belleza-llamas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/resena-belleza-llamas\/","title":{"rendered":"\u00abLa belleza de las llamas\u00bb, de Ricardo Jes\u00fas Mej\u00edas Hern\u00e1ndez"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Por Jos\u00e9 Ygnacio Ochoa<\/h4>\n<p><em>Hasta en los momentos en que <\/em><\/p>\n<p><em>m\u00e1s me rindo al viento, siempre<\/em><\/p>\n<p><em>puedo predecir mi destino<\/em><\/p>\n<p><em>con cierta precisi\u00f3n. <\/em><\/p>\n<p>Orhan Pamuk<\/p>\n<p>El espejo se transparenta en la brevedad de la imagen. Esa imagen es fugaz, es un presente porque ese espejo expresa lo fundido en el fondo de lo on\u00edrico. La tentaci\u00f3n est\u00e1 en <em>La belleza de las llamas <\/em>de Ricardo Jes\u00fas Mej\u00edas Hern\u00e1ndez (El Taller Blanco Ediciones, Colecci\u00f3n Voz Aislada. 2023). El reflejo est\u00e1 contenido en la palabra. La acci\u00f3n verbal se contiene en el pensamiento para que luego se produzca el icono deseado: versos que salen en su amplitud para regarse en el espacio de los viajes. La expresi\u00f3n en tanto se prolonga al decirla con la <em>sublimaci\u00f3n<\/em> del vocablo para adquirir otra significaci\u00f3n en su ceremonia hacia el contexto po\u00e9tico.<\/p>\n<p>La circunstancia de referirse a una contenci\u00f3n en su origen, luego aparece la voz po\u00e9tica porque, ella, esa voz, \u00a0se rebasa en el revoloteo de figuras con resplandores: se despierta la voluntad de la se\u00f1al invisible entre memoria-recuerdos y miedos. La <em>intermitencia<\/em> de la palabra fluye entre el <em>fr\u00edo<\/em>, el <em>temblor<\/em>, el <em>amanecer<\/em> y los <em>sue\u00f1os, <\/em>as\u00ed como la noche, protagoniza la traducci\u00f3n de los sentires. Entonces, nos apreciamos todos en esa continuidad de la respiraci\u00f3n del poema. Afirma, el ensayista venezolano, Juan Carlos Santaella en <em>Breve tratado de la noche <\/em>(1995) que: <em>Una palabra adquiere por primera vez su aut\u00e9ntico resplandor, cuando es dicha en medio de la noche, cuando es revelada en el pavor sediento de la oscuridad. Palabras graves, solemnes, tristes, austeras nerviosas, solitarias y firmes\u2026<\/em> las palabras se acompa\u00f1an y se juntan con la voz po\u00e9tica para dar los pasos que ofrece la \u00abnoche<em>\u00bb<\/em>. El poeta \u2014en medio de la nada\u2014 acepta la experiencia con la expansi\u00f3n del eco:<\/p>\n<p><em>TU MIRADA traza <\/em><\/p>\n<p><em>la noche, las paredes <\/em><\/p>\n<p><em>de niebla que esconden <\/em><\/p>\n<p><em>tu desnudez. <\/em><\/p>\n<p><em>Cada l\u00ednea eres t\u00fa, \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/p>\n<p><em>cada hilo amarillo <\/em><\/p>\n<p><em>ser\u00e1s de nuevo t\u00fa, <\/em><\/p>\n<p><em>transparente y libre como <\/em><\/p>\n<p><em>un silbido de Dios.<\/em><\/p>\n<p>El verbo se me dimensiona en su acci\u00f3n para seducirnos en lo inmaterial del deseo que acompa\u00f1a el sonido, <em>silbido de Dios,<\/em> as\u00ed de sencillo y directo \u2014eso parece\u2014 en tanto el poeta lo acoge como su verdad. Im\u00e1genes que se erigen en lo vivido de Mej\u00edas Hern\u00e1ndez. Como lo referimos en el ep\u00edgrafe, este viento, otro no, es este quien lleva al poeta a su destino, que lo acerca al alfabeto po\u00e9tico, ese es su acomodo en tanto la palabra lo asiste con sus afanes y <em>conciencia po\u00e9tica.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em>Vuelvo a la transparencia en la existencia del poema, porque en cada lectura cambia mi espejo que me ofrece otra respiraci\u00f3n y otro di\u00e1logo fuera del trazo com\u00fan, porque desde la lectura pasa todo: lectura y poema es lo esperado \u2014solo este acontecimiento\u2014. El\u00a0 encuentro va acompa\u00f1ado de sus ausencias que se descomponen con <em>las hojas blancas del tiempo. <\/em>Cada poema es un puerto anclado en la memoria porque esas aguas son como los diferentes <em>adentros<\/em> de una casa, la casa de una voz con la certeza de un nido en llamas:<\/p>\n<p>[&#8230;]<\/p>\n<p><em>Ya, en aquella casa, <\/em><\/p>\n<p><em>las paredes buscan un techo <\/em><\/p>\n<p><em>que camine con ellas, <\/em><\/p>\n<p><em>un paisaje que sostenga <\/em><\/p>\n<p><em>sus muros.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em>Decir <em>casa<\/em> es admirar la sombra y el recuerdo que innova un discurso que nombra un <em>camino sin fin<\/em>. Sin dilaci\u00f3n, la palabra aflora en su expresi\u00f3n genuina. Ella se erige cubierta de la dimensi\u00f3n din\u00e1mica de im\u00e1genes. Im\u00e1genes que se elevan desde la palpitaci\u00f3n de un nuevo significado acompa\u00f1adas de una resonancia que se traslada al cuerpo del poema: el canto con la reiteraci\u00f3n de los vocablos: \u00abnoche\u00bb, \u00abanochece\u00bb, \u00abnoct\u00e1mbulas\u00bb y \u00absue\u00f1o\u00bb sugieren un juego \u00edntimo entre la palabra, la voz po\u00e9tica y el lector. Es as\u00ed como esta <em>llama<\/em> que recorre la totalidad del poemario, no es f\u00edsica, emerge desde el adentro del canto nocturno; la vida pues, en su esplendor. Un fuego del adentro en la excitaci\u00f3n de la palabra. La ceremonia en el trazado de los signos contenidos en el predicado perfecto con <em>los rezos del tiempo. <\/em>Sin horas, sin nada, s\u00f3lo la dicci\u00f3n que se multiplica con la adici\u00f3n de la imagen. Coexiste la franqueza al enunciado de la noche que acompa\u00f1a a la referencia del sentir, as\u00ed se aleja del concepto, al aquello preestablecido para recomponerse en el universo del poemario <em>La belleza de las llamas. <\/em><\/p>\n<p>La brevedad del poema; como la vida, importa y mucho. Nos percatamos de la existencia de la noche, no por el concepto, lo reconocemos por el convencimiento del poeta que representa la noche desde su ilusi\u00f3n. La noche, para esta voz po\u00e9tica, va por la dimensi\u00f3n del viaje. Viaje al que invita al lector. La voz nos invita, sugiere y se acomoda en el recorrido de la vigilia que tambi\u00e9n enuncia un pensamiento, una experiencia y una ausencia para volver al destino permeable, mutable y movedizo de la expresi\u00f3n. Una voz que se muestra sin temores o con todos ellos, una voz noct\u00e1mbula que llora:<\/p>\n<p><em>DESPERTAR DE ESPALDAS a la llama,<\/em><\/p>\n<p><em>casi insomne. <\/em><\/p>\n<p><em>Mirar en direcci\u00f3n <\/em><\/p>\n<p><em>al nuber\u00edo, al cielo, <\/em><\/p>\n<p><em>y clausurar sin pensarlo <\/em><\/p>\n<p><em>las pesadas ventanas. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>Oscuridad. Nada. <\/em><\/p>\n<p><em>Nadie.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em>As\u00ed recorremos una, dos, tres y m\u00e1s lecturas del poemario. En \u00e9l me consigo y en \u00e9l me descubro como los sue\u00f1os; as\u00ed pasa, y mucho en poco tiempo. En este transitar, aspiro que vuelva la otra noche para iniciar otro recorrido con el poemario, solos, como una declaraci\u00f3n de amor. Con divagaciones, sin premura; as\u00ed, con el significado distinto en su gestaci\u00f3n. Porque, justamente el enunciado da para esto, para perderme en contradicciones de la noche. Volvemos a Santaella cuando\u00a0 expresa que la palabra resplandece en la oscuridad de la noche. El sentido se revierte en su existencia para entregarle corporeidad al canto. El argumento del poemario adquiere su valor en la noche. Nos acercamos a la imagen de la <em>llama<\/em> \u00a0porque se hace acompa\u00f1ar en la vigilia; al instante, se convierte en luz, claridad, lumbre y fulgor en un estado de vehemencia y excitaci\u00f3n por \u00a0el vuelo org\u00e1nico de la escritura.<\/p>\n<p>El ritmo est\u00e1 dado en la intencionalidad del vocablo, nos une, nos acerca al signo, nos aprehendemos de \u00e9l por la fuerza que compone el contorno po\u00e9tico. El signo nos acerca en su intenci\u00f3n sonora; las combinaciones fon\u00e9ticas \u2014en tanto pronunciaciones y lecturas\u2014 me suman al canto, despiertan otro estruendo, emiten una figuraci\u00f3n que dispone al lector para el encuentro\u00a0 del verbo: <em>como un ciego que se pierde \/\/ en la arboleda.<\/em> Nos perdemos en el poema y nos reencontramos en \u00e9l. El poema no nos delimita; m\u00e1s a\u00fan, nos redimensiona en su magnitud como respuesta po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Leer <em>La belleza de las llamas<\/em> es leernos en la noche. Leernos en el encuentro con la soledad con sus variaciones de rigor. La sustancia del sonido se torna en el componente pronunciado porque cada poema es un llamado al gesto que proviene como aquel c\u00e1ntico para dar gracias a Dios por la existencia de un beneficio, en este caso, la existencia del signo po\u00e9tico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jos\u00e9 Ygnacio Ochoa Hasta en los momentos en que m\u00e1s me rindo al viento, siempre puedo predecir mi destino con cierta precisi\u00f3n. Orhan Pamuk El espejo se transparenta en la brevedad de la imagen. Esa imagen es fugaz, es un presente porque ese espejo expresa lo fundido en el fondo de lo on\u00edrico. 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