{"id":8603,"date":"2023-08-04T00:45:07","date_gmt":"2023-08-04T00:45:07","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8603"},"modified":"2023-11-24T18:12:31","modified_gmt":"2023-11-24T18:12:31","slug":"la-mirada-indiscreta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-mirada-indiscreta\/","title":{"rendered":"La mirada indiscreta"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Edinson Mart\u00ednez<\/h4>\n<p>\u201cDime una cosa, \u00bfest\u00e1s dispuesta a vivir 100 a\u00f1os? Entonces vente conmigo\u201d. \u00bfD\u00f3nde lo le\u00ed?&#8230; \u00bfDe d\u00f3nde me viene esa docena de palabras y, por qu\u00e9 las record\u00e9, justo cuando le abr\u00eda la puerta a una desconocida para ingresar al lugar del cual ya me iba?&#8230;<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 pensando en eso durante un rato, un poco distra\u00eddo, ara\u00f1ando en la memoria para recordar aquella afirmaci\u00f3n precedida de tan extravagante interrogante.<\/p>\n<p>La mujer pas\u00f3 a mi lado y apenas not\u00f3 mi presencia, la segu\u00ed con una mirada prudente y me alej\u00e9 en medio de un silencio caviloso.<\/p>\n<p>En la calle, retir\u00e1ndome de aquel sitio, una nube t\u00f3xica asociada a un s\u00fabito estallido de combusti\u00f3n sonando atronador, inund\u00f3 todo a su alrededor. Entonces vi a dos sujetos metidos en el cap\u00f3 de un carro al que intentaban encender una y otra vez, como si fuesen param\u00e9dicos luchando por reanimar a un paciente. El motor del veh\u00edculo una vez que consegu\u00eda ponerse en funcionamiento, casi al instante, se desmayaba y lanzaba un estruendo burl\u00f3n para dejar como dos pasmarotes a sus exasperados socorristas. La causa del desperfecto mec\u00e1nico se sabr\u00eda d\u00edas despu\u00e9s cuando, finalmente, se convertir\u00eda en una queja general: la calidad de la gasolina era tan deficiente que da\u00f1aba filtros y bombas, adem\u00e1s de los inyectores y buj\u00edas.<\/p>\n<p>En una de las esquinas del ahora desamparado casco central de la ciudad, un joven perseguido por los resplandores feroces del sol de las tres de la tarde, cruza la avenida a toda prisa, caminando erguido con un cigarrillo humeante entre los dedos de su mano derecha, seguro de s\u00ed sobre el trayecto que media un extremo del otro de la v\u00eda, los pocos veh\u00edculos acerc\u00e1ndonos a la intersecci\u00f3n, curiosamente respetando el sem\u00e1foro, de pronto notamos que el sujeto se detiene en el centro, paralizado completamente, como congelado, pareciendo una foto o una escultura, que si antes no le hubi\u00e9ramos visto su andar decidido, podr\u00edamos creer que estaba sembrado como una estaca en plena carretera para molestarnos. \u201c\u00bfSer\u00e1 esto un desvar\u00edo de mi parte?\u201d, me pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>El joven, flaco como una vara, no se mov\u00eda, los brazos proyectaban est\u00e1ticos sus gestos de caminante apresurado, luciendo desalineados, como suspendidos en el aire cada uno por su cuenta, con el cigarrillo en la mano despidiendo una lerda nube de humo. Las piernas, una delante de la otra, figuraban los pasos que llevaba en el momento de atiesarse. \u00a0Asimismo, su rostro, de medio lado, perpendicular a su cuerpo, nos apuntaba como una estatua, r\u00edgido, con una sonrisa cansada y una mirada s\u00f3lida clavada en el vac\u00edo.<\/p>\n<p>La primera impresi\u00f3n que tuve fue la de creer que era alg\u00fan descocado haciendo uno de sus disparates habituales, sin embargo, por simple instinto, corr\u00ed mi vista en derredor, mir\u00e9 el sem\u00e1foro para cerciorarme de su funcionamiento; me fij\u00e9 en el follaje animado de los \u00e1rboles para ver dibuj\u00e1ndose las formas del viento, y prest\u00e9 atenci\u00f3n a las otras personas que se desplazaban en las cercan\u00edas, entonces, ya tuve la convicci\u00f3n de que la vida transcurr\u00eda.<\/p>\n<p>En un tris, el hombre reanud\u00f3 su marcha, como si el mismo interruptor que le hab\u00eda desactivado lo reanimara en seguida. Cruz\u00f3 la esquina con aire resuelto, tal como antes ven\u00eda, y como si nada hubiera sucedido, continu\u00f3 su rumbo por el vientre canicular de la ciudad en ruinas. A veces he cre\u00eddo que aquel instante fue como una burbuja en el tiempo, tuve la idea de que, en efecto, el mundo se hab\u00eda paralizado en una fracci\u00f3n tan imperceptiblemente peque\u00f1a que nadie lo hab\u00eda notado, como ocurr\u00eda en esas pel\u00edculas de ficci\u00f3n del viejo cine en blanco y negro de mi adolescencia.<\/p>\n<p>Estas fabulaciones pese a que, en efecto, todos los hechos referidos ocurrieron en realidad \u2013como han de imaginar\u2013, son meras conjeturas del oficio de escritor. Digamos que fueron apreciados con la intenci\u00f3n de encontrar una materialidad que no poseen, que no existe en ellos, y en tal sentido, se convierten en la levadura de la alquimia creativa que a veces absorta a un narrador, incluso, podr\u00eda decirse \u2013se me ocurre pensar\u2013 que, hasta en la vida cotidiana, quiz\u00e1s nos encontremos con personas buscando identificar en otros sus particulares desasosiegos. \u00bfY si cada quien s\u00f3lo viera en el conjunto aquello que le obsesiona? Entonces, los celosos \u00fanicamente tendr\u00edan ojos para ver infieles por doquier; los polic\u00edas a los malvivientes; los m\u00e9dicos, a los signos del enfermo en el paciente que a\u00fan no tiene. El pol\u00edtico, a un seguidor tras cada gesto inocente y, el escritor, a sus personajes del pr\u00f3ximo libro.<\/p>\n<p>En el narrador ese ejercicio de testeo, de mirada indiscreta, si se quiere, tiene un prop\u00f3sito muy espec\u00edfico: crear una realidad con fines literarios.<\/p>\n<p>El escritor venezolano Eduardo Liendo en su art\u00edculo <em>En torno al oficio de escritor<\/em> en <em>Literales<\/em> de <em>TalCual<\/em> el 21 y 22 de enero de 2012, nos comenta respecto al tema narrativo lo siguiente:<\/p>\n<p>\u201cLa capacidad de observaci\u00f3n es otra de las cualidades que parecen id\u00f3neas para el oficio de escritor. En este sentido es importante agudizar una curiosidad continua. Aunque su prop\u00f3sito no sea el de reproducir la realidad sino recrearla, las observaciones que el autor realiza de esa realidad real son fundamentales para nutrir su imaginaci\u00f3n. De manera que normalmente el escritor se mantiene abierto y receptivo ante aquellos hechos significativos que la vida le ofrece.\u201d<\/p>\n<p>Ten\u00eda quince a\u00f1os cuando le\u00ed por primera vez a Julio Cort\u00e1zar, recuerdo haberlo hecho en una compilaci\u00f3n de cuentos que ten\u00eda el t\u00edtulo de <em>La isla a mediod\u00eda y otros relatos<\/em><em>,<\/em> de Salvat Editores (1971), cuya edici\u00f3n tiene un pr\u00f3logo de Ana Mar\u00eda Matute tan exquisito como el propio libro que, en realidad, lo apreci\u00e9 mucho despu\u00e9s. La obra agrupa doce cuentos formidables, entre ellos algunos de los m\u00e1s conocidos del escritor: <em>Casa tomada<\/em>, <em>El perseguidor<\/em>, <em>Carta a una se\u00f1orita en Par\u00eds<\/em> y, uno de mis preferidos, <em>La autopista del Sur<\/em>, del cual siempre me acuerdo cada vez que estoy en una de esas insufribles colas para cargar gasolina, entonces, todos los estados de \u00e1nimo que un humano puede experimentar en su vida, se rebelan impetuosos durante la agobiante espera.<\/p>\n<p>Y es ah\u00ed, en momentos como esos, cuando de pronto, de manera inesperada, germina la idea de una creaci\u00f3n literaria, de una materialidad fant\u00e1stica a punto de convertirse en un texto. As\u00ed me sucedi\u00f3 durante los d\u00edas del infausto mega apag\u00f3n el\u00e9ctrico de marzo de 2019, cuando decid\u00ed escribir <em>Las horas perdidas<\/em> (2021). Aquella realidad de cinco d\u00edas continuos tuvo tanta seducci\u00f3n surrealista en s\u00ed misma, que la ficci\u00f3n doblegaba su vuelo imaginativo ante ella, as\u00ed que, a diferencia de otros momentos, a la observaci\u00f3n habitual para estos fines, muy poco deb\u00ed agregar, y creo que as\u00ed lo hice sin que la novela llegara a convertirse en un reportaje period\u00edstico a modo de cr\u00f3nica testimonial.<\/p>\n<p>Cuando le\u00ed el cuento <em>La autopista del Sur,<\/em> aquella situaci\u00f3n dram\u00e1tica de un atasco en una cola de veh\u00edculos que alcanza una dimensi\u00f3n fant\u00e1stica, apenas imagin\u00e9 el mecanismo literario que lo hizo posible.<\/p>\n<p>\u201cNo atardec\u00eda nunca, la vibraci\u00f3n del sol sobre la pista y las carrocer\u00edas dilataba el v\u00e9rtigo hasta la n\u00e1usea. Los anteojos negros, los pa\u00f1uelos con agua de colonia en la cabeza, los recursos improvisados para protegerse, para evitar un reflejo chirriante o las bocanadas de los ca\u00f1os de escape a cada avance, se organizaban y perfeccionaban, eran objeto de comunicaci\u00f3n y comentario. El ingeniero baj\u00f3 otra vez para estirar las piernas, cambi\u00f3 unas palabras con la pareja de aire campesino del Ariane que preced\u00eda al 2HP de las monjas. Detr\u00e1s del 2HP hab\u00eda un Volkswagen con un soldado y una muchacha que parec\u00edan reci\u00e9n casados. La tercera fila hacia el exterior dejaba de interesarle porque hubiera tenido que alejarse peligrosamente del 404; ve\u00eda colores, formas, Mercedes Benz, ID, 4R, Lancia, Skoda, Morris Minor, el cat\u00e1logo completo. A la izquierda, sobre la pista opuesta, se tend\u00eda otra maleza inalcanzable de renault, Anglia, Peugeot, Porsche, Volvo; era tan mon\u00f3tono que al final, despu\u00e9s de charlar con los dos hombres del Taunus y de intentar sin \u00e9xito un cambio de impresiones con el solitario conductor del Caravelle, no quedaba nada mejor que volver al 404 y reanudar la misma conversaci\u00f3n sobre la hora, las distancias y el cine con la muchacha del Dauphine.\u201d<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><em>La autopista del Sur<\/em> (1966). Julio Cort\u00e1zar.<\/p>\n<p>Pues resulta que Cort\u00e1zar, seg\u00fan nos comenta en 1977 durante una entrevista con Joaqu\u00edn Soler Serrano en su programa <em>A Fondo,<\/em> nunca hab\u00eda estado en un atasco automovil\u00edstico. De seguro que, como cualquier otro mortal de este tiempo, ten\u00eda una idea bastante aproximada de lo que constituye una cola de veh\u00edculos y, por tanto, conforme a esa noci\u00f3n general, pudo escribir un relato alimentado de la cotidianidad de un hecho que ocurre con mucha frecuencia en las grandes ciudades. El aspecto destacable de <em>La autopista del Sur<\/em> es su simbolismo, y eso, s\u00ed, efectivamente, corresponde a una introspecci\u00f3n del autor. Les comparto una secci\u00f3n de la entrevista donde habla del cuento referido y c\u00f3mo fue que lleg\u00f3 a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u201c\u2026La historia de ese cuento es que yo estaba en Italia y le\u00ed un art\u00edculo, uno de cuyos fragmentos es el ep\u00edgrafe del cuento, en donde un ensayista italiano despachaba el problema de los atascos, de los embotellamientos automovil\u00edsticos, diciendo que, en definitiva, es una cosa que no tiene ninguna importancia, y a m\u00ed me pareci\u00f3 superficial y fr\u00edvolo decir eso, porque los atascos y los embotellamientos automovil\u00edsticos son uno de los signos de esta triste sociedad en que vivimos y uno de los signos m\u00e1s negativos porque prueban una especie de contradicci\u00f3n con la vida humana, es decir, una especie de b\u00fasqueda de la desgracia, de la infelicidad, de la exasperaci\u00f3n a trav\u00e9s de la gran maravilla tecnol\u00f3gica que es el autom\u00f3vil que deber\u00eda darnos la libertad y, que vuelta a vuelta, nos est\u00e1 dando las peores consecuencias, entonces me molest\u00f3 esa frivolidad y creo que, inmediatamente despu\u00e9s pens\u00e9 en el cuento. Ahora yo no hab\u00eda estado jam\u00e1s en un atasco, jam\u00e1s, nunca en un atasco, hab\u00eda tenido mis problemas al salir o entrar de Par\u00eds o de Barcelona o de donde fuera, pero nunca en un atasco\u2026\u201d.<\/p>\n<p>Como se aprecia, el escritor tiene una valoraci\u00f3n del tema que es previa a la narrativa, y en consecuencia la expresa d\u00e1ndole forma al relato. En el simbolismo de dicha trama se manifiestan al lector las inquietudes de quien escribe, en este caso, por ejemplo, el tiempo, su transcurrir lento y desganado ante un acontecimiento que supera las individualidades, ah\u00ed es cuando se rebela el comportamiento humano, resumido en las interacciones que se crean con el paso de las horas; las inquietudes personales y sus expectativas sobre el curso de los hechos. Toda esta narrativa se desarrolla en concordancia, como \u00e9l mismo lo expresa, con la posici\u00f3n cuestionadora que el autor tiene sobre la sociedad y sus complejidades.<\/p>\n<p>El escritor Alberto Barrera Tyszka, en su libro <em>Alta traici\u00f3n <\/em>(2008), nos presenta un conjunto de cr\u00f3nicas que ya antes hab\u00edan sido publicadas semanalmente en el suplemento dominical de <em>El Nacional.<\/em> \u201cHay en ellas algo literario, pero tambi\u00e9n provisional. Se hunden en la historia semanal.\u201d. Escribi\u00f3 en su primera p\u00e1gina a modo de presentaci\u00f3n. Escog\u00ed una de las cr\u00f3nicas para mostrar el ritmo de la observaci\u00f3n que hace sobre el tr\u00e1nsito de veh\u00edculos en una ciudad como Caracas. Su t\u00edtulo es <em>Dos ruedas.<\/em><\/p>\n<p>\u201cUn carro es un mam\u00edfero pesado, lento. Una moto es una lagartija. M\u00e1s que moverse, se escurren. Van y vienen, cruzan, aceleran, producen extra\u00f1os sonidos, avanzan, retroceden; aparecen donde menos las esperas, hacen piruetas. S\u00f3lo las detiene el invierno. La lluvia logra arrinconarlas debajo de los puentes. Brevemente. Apenas acaban las gotas, regresan. Las lagartijas han tomado Caracas, se rigen por otras leyes, tienen c\u00f3digos diferentes. No les paran los sem\u00e1foros, pueden rodar en direcci\u00f3n contraria, a veces utilizan las aceras como canal de contraflujo. Son tantas que no es posible mirarlas\u2026\u201d<\/p>\n<p>Hay tantas maneras de realizar una observaci\u00f3n con fines literarios como escritores hay en el mundo, y me atrever\u00eda a decir que todas son v\u00e1lidas, en fin de cuentas, cada quien es due\u00f1o de su pluma y, por tanto, es libre de ensayar el estilo que mejor prefiera. Quiz\u00e1s por eso Eduardo Liendo afirma:<\/p>\n<p>\u201cEs algo aventurada la tarea de incurrir en generalizaciones para explicar una actividad como la del escritor, en la cual apreciamos el talento del individuo y la singularidad de la obra en un lugar predominante.\u201d<\/p>\n<p>Sin embargo, pienso que no hay observaci\u00f3n inocente, es decir, libre del juicio previo cuando el narrador mira una realidad. Y creo que, Jorge Luis Borges, da en el clavo cuando en cierta ocasi\u00f3n nos refiere: \u201cTodo cuento m\u00edo, aunque sea fant\u00e1stico, corresponde a una experiencia personal, sobre todo a una pasi\u00f3n personal\u201d.<\/p>\n<p>Borges es un autor obsesionado por temas existenciales: el tiempo, el olvido, la c\u00e1bala y las mitolog\u00edas.<\/p>\n<p>Y obsesionados, probablemente, seamos todos, y muchos de estos temas rond\u00e1ndonos de forma recurrente en nuestras cabezas gu\u00edan la creaci\u00f3n literaria, de modo que, ante la circunstancia de observar una realidad concreta, algunos de los temas que inquietan al autor, terminan finalmente imponiendo su perspectiva.<\/p>\n<p>Hace muchos a\u00f1os escrib\u00ed un art\u00edculo cuyo t\u00edtulo es <em>Desde mi ventana<\/em> que luego se convirti\u00f3 en el nombre de una columna semanal en un diario local, m\u00e1s tarde, en un libro de cr\u00f3nicas literarias. El tema era la ciudad, pero confieso que su t\u00edtulo se me ocurri\u00f3 por una lejana experiencia de mi ni\u00f1ez que, incluso, no relat\u00e9 sino de modo posterior como ep\u00edgrafe en otra publicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cRecuerdo aquella ma\u00f1ana cuando inclin\u00e1ndome sobre la cama, alcance a mirar la lluvia que ca\u00eda con fuerza desde temprano, miraba a trav\u00e9s de la ventana de mi cuarto.\u00a0 Las romanillas estaban cerradas para evitar la lluvia, descansaban encima de un peque\u00f1o frasco de medicinas, de pastillas que, con su tapa de goma a presi\u00f3n, guardaban el tesoro m\u00e1s preciado para mi entonces: un tr\u00edo de metras de colores azules y verde mar que esperaban por el alivio de mis dolores y fiebre de varios d\u00edas. Al mover las romanillas, el aire fresco con el aroma de la lluvia, tocaba libre mi cara mocosa mientras miraba decepcionado el campo de juego lleno de agua y lodo, era el patio de mi casa que d\u00edas despu\u00e9s ser\u00eda el terreno seco y polvoriento que todo jugador de metras anhela.\u201d<\/p>\n<p><em>Una historia por descubrir.<\/em> (2016)<\/p>\n<p>Esa escogencia del nombre para la columna fue espont\u00e1nea en su momento, as\u00ed lo cre\u00eda \u00a0\u00a0\u2013ya no tanto\u2013, al percatarme de la alusi\u00f3n frecuente a una <em>ventana<\/em> en varias de mis publicaciones.<\/p>\n<p>Recuerdo que Ernesto Sabato incluye en <em>El t\u00fanel<\/em> una pintura del personaje principal, Juan Pablo Castel, en donde aparece una ventana mostrada de modo aparentemente inocente. Aquel detalle tiene un simbolismo particular, un sino existencialista sobre los abismos de la condici\u00f3n humana en la que se inspira la novela, no es ociosa su presencia en la trama, como no es fortuito el hecho de que el autor de la obra adem\u00e1s de escritor, tambi\u00e9n era pintor.<\/p>\n<p>\u201cLos carros pasan en uno y otro sentido con la misma ritualidad de siempre, como hormigas que se miran y encuentran en di\u00e1logo fugaz e imaginario. Nada se parece m\u00e1s a las hormigas, a su rutina existencial, que los carros vistos desde arriba, desde mi ventana.<\/p>\n<p>De vez en cuando me siento a ver la ciudad, a escucharla tambi\u00e9n, a o\u00edr sus quejidos, sus sonidos naturales y artificiales que fundidos en uno solo tienen todos los pueblos y ciudades del mundo, como las personas, tambi\u00e9n, tienen su color, olor y voces particulares. La identidad, que la naturaleza y nuestras vidas les vamos dando con nuestros quehaceres colectivos, son como inmensos organismos que se van formando y deformando con nuestros aciertos y errores en la forma como interactuamos con ella.\u201d<\/p>\n<p><em>Desde mi ventana.<\/em> (1994)<\/p>\n<p>Y, entonces, noto que me he quedado desde siempre en una ventana mirando el mundo que intento encontrar.<\/p>\n<p>\u201cDime una cosa, \u00bfest\u00e1s dispuesta a vivir 100 a\u00f1os? Entonces vente conmigo\u201d. \u00bfD\u00f3nde lo le\u00ed?&#8230; \u00bfDe d\u00f3nde me viene esa docena de palabras y, por qu\u00e9 las record\u00e9, justo cuando le abr\u00eda la puerta a una desconocida para ingresar al lugar del cual ya me iba?&#8230;<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 pensando y todav\u00eda no recuerdo d\u00f3nde lo le\u00ed, mientras en la calle, como en <em>La autopista del Sur<\/em>, tres cuadras adelante del veh\u00edculo averiado, otros contin\u00faan esperando para avanzar hacia la estaci\u00f3n de gasolina, a\u00fan no hay combustible, nadie sabe cu\u00e1ndo habr\u00e1, las personas, agotadas, irascibles, apenas si tienen aliento para hablarse. \u201cCuando al atardecer soplaron bruscamente unas r\u00e1fagas tormentosas y el sol se perdi\u00f3 entre las nubes que se alzaban al oeste, la gente se alegr\u00f3 pensando que iba a refrescar. Cayeron algunas gotas, coincidiendo con un avance extraordinario de casi cien metros; a lo lejos brill\u00f3 un rel\u00e1mpago y el calor subi\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s.\u201d. Dijo Cort\u00e1zar al despedirse de <em>La<\/em> <em>mirada indiscreta<\/em>.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\">Sobre el autor<\/h4>\n<h6>N. del A.: Creo pertinente decir que no soy cr\u00edtico literario ni pretendo en <em>La mirada indiscreta <\/em>el an\u00e1lisis de los autores mencionados, as\u00ed que presento de antemano mis disculpas por los desatinos que, un narrador ensimismado como yo, haya cometido al intentar desentra\u00f1ar la <em>ciencia oculta<\/em> de la ficci\u00f3n literaria. Foto: Geczain Tovar Andueza.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edinson Mart\u00ednez \u201cDime una cosa, \u00bfest\u00e1s dispuesta a vivir 100 a\u00f1os? 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