{"id":8473,"date":"2023-07-13T00:57:20","date_gmt":"2023-07-13T00:57:20","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8473"},"modified":"2023-11-24T18:12:48","modified_gmt":"2023-11-24T18:12:48","slug":"dos-cuentos-de-ali-reyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-ali-reyes\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Al\u00ed Reyes"},"content":{"rendered":"<h3>El arma secreta<\/h3>\n<p>En el a\u00f1o 673 d. C., a la incontenible expansi\u00f3n \u00e1rabe solo le faltaba eliminar de su camino a lo que quedaba del otrora Imperio Bizantino. Para abril de ese a\u00f1o, la concreci\u00f3n de esa amenaza era solo cuesti\u00f3n de tiempo.<\/p>\n<p>El sitio de Constantinopla hab\u00eda comenzado.<\/p>\n<p>La luna llena se mira sobre el espejo del B\u00f3sforo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 poeta hab\u00eda dicho eso? No lo recordaba. Aunque, a decir verdad, los palos de las naves invasoras, en su extenso y boscoso api\u00f1amiento, no ten\u00edan nada que ver con una evocaci\u00f3n po\u00e9tica.<\/p>\n<p>La terraza de la fortaleza donde Cal\u00ednico se encontraba era una posici\u00f3n privilegiada que barr\u00eda el estuario de norte a sur. Y, a sus pies, en el nivel inferior, se divisaba a los servidores de las catapultas y a los vig\u00edas de la torre. \u201cSi Jehov\u00e1 no guardare la ciudad, en vano vela la guardia\u201d. Siempre que los ve\u00eda, citaba maquinalmente al salmista.<\/p>\n<p>La tos subi\u00f3 a su garganta y rompi\u00f3 el silencio. Era una tos dolorosa y que no pod\u00eda evitar aunque estuviera al lado del mism\u00edsimo Emperador. La pregunta del monarca fue inevitable:<\/p>\n<p>\u2013\u2013\u00bfQu\u00e9 te han dicho los m\u00e9dicos acerca de esa tos?<\/p>\n<p>\u2013\u2013Perd\u00f3n, su merced. Hace mucho tiempo que me dijeron que dejara de trabajar con productos vol\u00e1tiles. Y desde ese momento dej\u00e9 de consultarlos.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Pues, a partir de hoy tenemos que hacer algo al respecto. Tu salud es una prioridad del reino.<\/p>\n<p>Aunque a Cal\u00ednico la tos le parec\u00eda irrelevante al lado de la sustancia contenida en los toneles de all\u00e1 abajo. Pero no se le iba a ocurrir contradecir a Constantino IV.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Cal\u00ednico \u2013\u2013dijo el emperador, meci\u00e9ndose la barba en gesto pensativo.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Ordene, majestad.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Dime, sinceramente, qu\u00e9 es lo que se comenta en la ciudad acerca de las medidas.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Para serle sincero&#8230; hay gente que cree que si el racionamiento fuese a todos por igual, lo har\u00edan con m\u00e1s entusiasmo. Ellos piensan que en palacio debieran dar el ejemplo.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Gracias, Cal\u00ednico\u2026 Pero \u00bfQui\u00e9n ha dicho que pasar hambre entusiasma a nadie? \u00a0En verdad que la triple muralla es inexpugnable y est\u00e1 bien defendida. Pero esto, \u2013\u2013y se\u00f1al\u00f3 con los labios hacia la flota invasora\u2013\u2013 nos cort\u00f3 los suministros. \u00a1L\u00e1stima que las murallas no producen comida!<\/p>\n<p>La primera hora de espera. Un escribano voltea el reloj de arena y hace la anotaci\u00f3n correspondiente, mientras Cal\u00ednico repasaba, mentalmente y por en\u00e9sima vez, todo el proceso de la prueba desde el principio, junto a las condiciones de seguridad para la manipulaci\u00f3n del \u201cingenio\u201d. Pero lo m\u00e1s importante era que los astr\u00f3logos aseguraban que en las madrugadas de plenilunio, soplaba un viento fuerte hacia el este.<\/p>\n<p>Las naves \u00e1rabes estaban a distancia prudencial, lo que evitaba que fueran blanco de las catapultas; pero si el viento, como dec\u00edan, era fuerte, eso no importaba, pues el fuego se desplazar\u00eda sobre la superficie hacia los buques, y se acelerar\u00eda cuando trataran de apagarlo con agua.<\/p>\n<p>Constantino IV lo sac\u00f3 de sus elucubraciones.<\/p>\n<p>\u2013\u2013\u00bfC\u00f3mo percibes la moral del pueblo?<\/p>\n<p>\u2013\u2013Muy buena, su majestad. Al punto de que la gente est\u00e1 m\u00e1s preocupada por la suerte de Hagia Sof\u00eda que por su propia seguridad. Dicen que prefieren ser decapitados por una cimitarra \u00e1rabe, antes que verla convertida en una mezquita.<\/p>\n<p>Ambos desviaron la vista hacia la c\u00fapula de la bas\u00edlica que resplandec\u00eda embrujadora bajo la luz selenita. Esa visi\u00f3n merec\u00eda ser contemplada en silencio. Hasta que, sin apartar los ojos de Hagia Sof\u00eda y como hablando para s\u00ed mismo, el emperador susurr\u00f3:<\/p>\n<p>\u2013\u2013Pero, gracias a ti, nosotros no tendremos que ver ese horror.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Gracias a la providencia, su majestad.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Como gustes, Cal\u00ednico, pero es as\u00ed.<\/p>\n<p>Desde abajo, el astr\u00f3logo anunci\u00f3:<\/p>\n<p>\u2013\u2013\u00a1Se\u00f1or!&#8230; \u00a1La veleta se est\u00e1 moviendo!<\/p>\n<p>Todos se voltearon a verla y, en efecto, se mov\u00eda espasm\u00f3dicamente se\u00f1alando hacia el estuario. Y, a pesar de que las oleadas de viento no ten\u00edan fuerza y no eran continuas, esto fue suficiente para despabilar del sue\u00f1o a los presentes en medio de una inquietud expectante.<\/p>\n<p>Cal\u00ednico, al contrario, se sinti\u00f3 invadido por la duda y hasta por cierto miedo. Estaba a punto de presenciar la verdadera prueba del \u201cingenio\u201d. \u00bfDar\u00eda los mismos resultados que hab\u00eda obtenido con los modelos a escala de las naves \u00e1rabes en el estanque del palacio?<\/p>\n<p>La voz de Constantino lo sac\u00f3 de su dilema.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Tengo entendido que antes de ser alquimista, estuviste alistado en la Legi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013\u2013En efecto, su majestad. Pero sabe usted que la vida castrense tiene muchas limitantes para un esp\u00edritu curioso.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Entiendo&#8230; Pero, cu\u00e9ntame. \u00bfCu\u00e1l fue tu experiencia en Yarmuk?<\/p>\n<p>Esta pregunta lo tom\u00f3 por sorpresa. \u00bfC\u00f3mo era posible que el Emperador se enterara de algo que \u00e9l hab\u00eda mantenido en secreto por casi cuarenta a\u00f1os? Sin duda que toda su vida hab\u00eda sido indagada por los servicios de inteligencia del imperio. El hecho de haberse cambiado de nombre y de lugar de origen no le hab\u00edan servido de nada. O sea, que ya sab\u00edan que hab\u00eda sido un cobarde, al sobrevivir en donde deb\u00eda de haber muerto al lado de sus compa\u00f1eros de armas. Ahora lo acometi\u00f3 un acceso de tos y, en medio de esta, comprendi\u00f3 que era in\u00fatil tratar de ocultarle algo a quien dispon\u00eda de un sistema de informaci\u00f3n tan eficaz. Adem\u00e1s, siempre supo que en alg\u00fan momento, tendr\u00eda que exorcizar esos terrores que lo hab\u00edan acompa\u00f1ado por tantos a\u00f1os. \u00bfQu\u00e9 mejor momento que este?<\/p>\n<p>\u2013\u2013Perdone, su majestad&#8230; \u00a1Yarmuk!&#8230; Funesto lugar y funesto recuerdo.<\/p>\n<p>De\u00a0 manera deliberada y en silencio, pos\u00f3 su vista sobre la flota, como si en ella se materializaran todos los horrores que evocaba ese nombre.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Debo recordar a su merced que al principio no se le dio importancia \u00bfQu\u00e9 peligro pod\u00edan representar unas tribus de beduinos que vagaban por el desierto? Pero las derrotas del Imperio Persa, el poderoso rival de nuestro reino, hicieron comprender a vuestro abuelo que una fuerza formidable, cual nube de langostas, se estaba gestando en el seno de la pen\u00ednsula ar\u00e1biga.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Nos encontr\u00e1bamos en Siria cuando recibimos la orden de trasladarnos a Palestina, y fue en ese lugar, al sur del lago de Galilea, donde nos presentamos en orden de batalla. Yo pertenec\u00eda a la flor y nata del ej\u00e9rcito imperial, la caballer\u00eda pesada. Ten\u00edamos armadura completa, y cabalg\u00e1bamos robustos caballos, tambi\u00e9n acorazados. Est\u00e1bamos entrenados para acertar con el arco sobre la marcha, y habilitados para chocar en una carga tumultuosa, lanza en mano, y hacer a\u00f1icos a las formaciones enemigas. \u00c9ramos un ej\u00e9rcito imponente; en tanto que los \u00e1rabes se mov\u00edan en una masa aparentemente indisciplinada y an\u00e1rquica, jineteando sus peque\u00f1os caballos, pero cuidando de no ponerse a tiro de nuestros arcos.<\/p>\n<p>Al recibir la orden, cargamos, seguros de la contundencia de nuestro choque. En efecto, rompimos las l\u00edneas enemigas. Pero no sirvi\u00f3 de nada. Era como abrir un hueco en el agua. Ese amasijo de telas tremolantes llevadas por esos magros caballos nos esquivaban presurosas, dispers\u00e1ndose en todas direcciones. No pod\u00edamos perseguirlos; sus caballos volaban, y no pod\u00edamos alcanzarlos con el arco porque el cambio de armas sobre la marcha era casi imposible.<\/p>\n<p>Los \u00e1rabes se reagrupaban con sorprendente rapidez para provocarnos a una nueva embestida. Nuestros jefes no los hicieron esperar y ordenaron la segunda carga. Vano intento. El esfuerzo f\u00edsico de esta segunda carga y la frustraci\u00f3n de tratar de combatir contra fantasmas comenzaron a minar nuestra resistencia. Adem\u00e1s, la sospecha de que est\u00e1bamos siendo objeto de una perfecta celada a\u00f1adi\u00f3 un ingrediente que no hab\u00edamos tenido antes: \u201cel miedo\u201d, que crec\u00eda por momentos apresurado por los latidos del coraz\u00f3n. No s\u00e9 si fue para que el miedo no se propagara, pero nuestros jefes ordenaron la tercera carga\u2026 Esta fue extenuante. El sol se hac\u00eda m\u00e1s implacable en el cielo y, a nuestro frente, el horizonte reverberaba, y en el espejismo se reflejaban las t\u00fanicas, los caballos y el bosque de las enhiestas lanzas como espectros flotantes cada vez m\u00e1s amenazantes. Ahora, al desespero se uni\u00f3 una sed abrasadora. Las armaduras no eran m\u00e1s que pesados y sofocantes lastres, y nuestros caballos \u2013\u2013bajo el agobio de las corazas y de nuestro propio peso\u2013\u2013 estaban botando espumas por los frenos, ba\u00f1ados de sudor y temblando. Ese era el momento que el enemigo estaba esperando. Silenciosamente, comenzaron a abrirse en abanico para rodear nuestra retaguardia. En medio de la fatiga, percibimos la calma que antecede al espanto. Hasta que, de todas sus gargantas y al un\u00edsono, sali\u00f3 el escalofriante grito: \u00a1Al\u00e1 akbar! (\u00a1Al\u00e1 es grande!)<\/p>\n<p>A esta altura de la narraci\u00f3n, Cal\u00ednico guard\u00f3 un significativo silencio, que hasta el propio Emperador se cuid\u00f3 de respetar.\u00a0 Ese silencio se hubiese prolongado en el tiempo si no hubiera sido por el golpe de brisa que les lleg\u00f3 desde la espalda y que provoc\u00f3 el grito del astr\u00f3logo:<\/p>\n<p>\u2013\u2013\u00a1Viento sostenido hacia el este!<\/p>\n<p>Todos vieron c\u00f3mo su fuerza mov\u00eda el molinillo de la base de la veleta de forma sostenida.<\/p>\n<p>\u2013\u2013Permiso, su majestad. \u00a1Astr\u00f3logo, reporte las condiciones!<\/p>\n<p>\u2013\u2013\u00a1Dentro de los m\u00e1rgenes de seguridad, se\u00f1or!<\/p>\n<p>Al o\u00edr esto se volvi\u00f3 al Emperador y le dijo:<\/p>\n<p>\u2013\u2013De aqu\u00ed en adelante las \u00f3rdenes dependen de usted, majestad.<\/p>\n<p>Constantino, desde la terraza mir\u00f3 hacia abajo donde cada uno de los equipos de las catapultas estaba pendiente de sus palabras. Mientras que, en el estuario, la luna iluminaba claramente los blancos.<\/p>\n<p>\u2013\u2013\u00a1Catapulteros! \u00a1El brazo en su m\u00e1xima par\u00e1bola!<\/p>\n<p>Y all\u00e1 abajo comenz\u00f3 a repetirse la orden a lo largo de la muralla y a verse el febril movimiento de los hombres, teniendo como sonido de fondo el crujir de las poleas y los mordiscos de los engranajes.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La luna ba\u00f1aba las naves con un brillo casi deformante. Una fr\u00eda claridad que era m\u00e1s c\u00f3mplice de los espectros que las mismas tinieblas.\u00a0 Recostado en la proa, el marino de guardia semi-dormitaba, mientras que la brisa fr\u00eda de la madrugada hac\u00eda que se cubriera la cabeza con el albornoz de su t\u00fanica. Pero era el cabeceo repentino del nav\u00edo el que por instinto, lo hizo despabilar. El marino ech\u00f3 un vistazo al horizonte y trat\u00f3 de volver a su c\u00f3modo sopor, arrullado por el gorgoteo del oleaje al chocar contra el maderamen del casco\u2026 fue entonces cuando oy\u00f3 un golpe violento en el agua, y el chasquido que este dej\u00f3. Se incorpor\u00f3 inmediatamente y se asom\u00f3 a la borda. Solo sab\u00eda que el sonido hab\u00eda provenido del oeste. De manera nerviosa, se llev\u00f3 la mano a la empu\u00f1adura de su cimitarra, mientras escrutaba las aguas.<\/p>\n<p>Ahora lo vio.<\/p>\n<p>A cierta distancia distingui\u00f3 un atropellado reflujo de burbujas en medio de un gorgoteo que comenz\u00f3 a ser sustituido por un siseo cada vez m\u00e1s agudo que le record\u00f3 los relatos acerca del Leviat\u00e1n, el drag\u00f3n de las aguas, que arrojaba fuego por sus fauces. Fue solo entonces que se percat\u00f3 de que el fen\u00f3meno ven\u00eda desde el aire, pues vio unos bultos que llegaban a las inmediaciones de las naves vecinas.<\/p>\n<p>Dio la voz de alarma.<\/p>\n<p>Ya sus compa\u00f1eros estaban en cubierta con las cimitarras desenvainadas, cuando presenciaron un estallido de llamas alimentadas por unos vapores verde-azules que sal\u00edan de la propia agua, y que se acercaban hacia el buque levitando sobre la superficie con un resplandor misteriosamente danzar\u00edn que iluminaba el rostro de los marinos, en los cuales se retrataba el estupor l\u00edvido del terror.<\/p>\n<p>A esa sustancia viscosa, que pod\u00eda ser manipulada con seguridad, pero que al contacto con el agua estallaba en llamas, se la conoci\u00f3 como \u201cel fuego griego\u201d. Con ella fueron inhabilitadas muchas naves invasoras pero su mayor efecto fue avivar la superstici\u00f3n de las tripulaciones, al verse amenazadas por un aterrorizante fuego al que la mism\u00edsima agua serv\u00eda de combustible. A la larga, los marinos no estuvieron dispuestos a prolongar el bloqueo, desmoralizando a su vez a las tropas \u00e1rabes en tierra.<\/p>\n<p>Por esta vez, Constantinopla hab\u00eda sido salvada.<\/p>\n<p>Mucho tiempo despu\u00e9s, un ej\u00e9rcito musulm\u00e1n (mas no \u00e1rabe) lograr\u00eda tomar al fin la ciudad y cambiarle el nombre; ahora se le conoce como Estambul. Pero para lograrlo tuvieron que esperar setecientos a\u00f1os.<\/p>\n<p>En cuanto al \u201cfuego griego\u201d, su f\u00f3rmula fue tan celosamente guardada que nunca se la lleg\u00f3 a dilucidar.<\/p>\n<p>Y acerca del destino de Cal\u00ednico, solo se sabe que corri\u00f3 la misma suerte de su enigm\u00e1tica f\u00f3rmula. Ambos se perdieron en la oscura noche de los tiempos.<\/p>\n<h3>Tigrero<\/h3>\n<p>Nuevamente el ladrido lastimero y mortal de un perro.<\/p>\n<p>Sobre el miedo, lo \u00fanico que pudo pensar fue:<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Onza! El tigre me ha matado a Onza.<\/p>\n<p>Lo dedujo, porque ella era la que segu\u00eda en el orden de la veteran\u00eda. El primer perro era de gran olfato y probada tradici\u00f3n tigrera&#8230; Muri\u00f3 de primero. Pero ahora, la madre del resto de la jaur\u00eda, ser\u00eda el pr\u00f3ximo cad\u00e1ver que encontrar\u00eda entre los rastrojos.<\/p>\n<p>Su frente perlaba de un sudor fr\u00edo que remov\u00eda al contacto con el sombrero de cogollo, en su cintura, la vaina de cuero con el cuchillo de \u00abuna cuarta y jeme\u00bb y en ristre una lanza de un metro y tres cuartos. El perro que lo acompa\u00f1aba se adelant\u00f3 a olfatear. En efecto, al apartar el monte dio con lo que quedaba de ella; el lomo totalmente desgarrado, el cuello\u00a0 cercenado, yacente en una posici\u00f3n anti-natural, sus ojos vidriosos y los colmillos a la vista. Cuando el perro que lo acompa\u00f1aba, lam\u00eda los mortales despojos, se pod\u00eda observar que las extremidades a\u00fan se mov\u00edan en sus \u00faltimas y espasm\u00f3dicas convulsiones. No quer\u00eda ver m\u00e1s, no hab\u00eda tiempo para sentimentalismos; si quer\u00eda salvar al resto de los sabuesos ten\u00eda que apresurarse. Enfil\u00f3 decidido hacia el eco de los lejanos ladridos que retumbaban en la espesura de \u00abla mata\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>El sol ya hab\u00eda cubierto m\u00e1s de media jornada. Para \u00e9l el saldo hab\u00eda sido funesto. Alquitr\u00e1n, Onza, Montalaolla, Carabina, el Chucuto, Le\u00f3n y Camorra, hab\u00edan cobrado el premio de su puesto en la jaur\u00eda, con la muerte. Sobre el afecto filial por sus fallecidos canes, se daba cuenta que corr\u00eda inminente peligro, ten\u00eda presente, que ya dos cazadores -uno con chopo y otro con rifle- hab\u00edan muerto en su b\u00fasqueda. S\u00f3lo le quedaba un perro: Doble-seis, pero no era precisamente un animal de encerronas, era un perro faldero. \u00a1Lo que faltaba! Y a pesar de que ya hab\u00eda alcanzado un buen tama\u00f1o, todav\u00eda actuaba como un cachorro; todo el tiempo detr\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n<p>En cuanto al terrible gato, se hab\u00eda dado cuenta de su estrategia demasiado tarde, pero al menos a tiempo para salvar su propio pellejo. El felino sal\u00eda a sabana abierta, oculto en el pasto alto, con el viento a sus espaldas, para solo dejar su olor en el suelo. Y de all\u00ed, solo era cuesti\u00f3n de tiempo que los perros lo ventearan olfato a tierra, luego, cuando se cercioraba de que el puntero se alejaba del resto de sus compa\u00f1eros, desviaba la trayectoria, haciendo una circunferencia, para entrar a su primer rastro y quedar detr\u00e1s de su perseguidor; as\u00ed solo le bastaba acercarse r\u00e1pido y sigiloso a su pretendido cazador, quebrantarle el espinazo con una gran manotada y ultimarlo, desgarr\u00e1ndole el cuello.<\/p>\n<p>Seferino se percat\u00f3 de la celada, y en consecuencia, se apresur\u00f3 a buscar un claro de sabana con hierbas bajas, donde hab\u00eda algunos chaparros. No exist\u00eda el peligro de que el enemigo se \u00abpuesteara\u00bb, en la fronda de un \u00e1rbol, ni que la maleza lo cubriera. El vuelo escandaloso de los pericos que sal\u00edan de la floresta, delataba la proximidad del depredador, la selva y la sabana no le guardaban secreto. En la persecuci\u00f3n, hab\u00eda visto las huellas en la arena, e intu\u00eda que se dirig\u00eda hacia ese paraje, record\u00f3 que, cuando obtuvo un buen detalle de la pisada, complet\u00f3 el dibujo y le superpuso su mano; tuvo que separar mucho los dedos para cubrir la se\u00f1a, su tama\u00f1o era considerable.<\/p>\n<p>Se dirigi\u00f3 al centro del claro. Doble-seis lo \u00fanico que hac\u00eda era exhalar unos ladridos nerviosos, dando vueltas alrededor del hombre,\u00a0 pero sin perder de vista el per\u00edmetro del \u00e1rea, aunque en momentos, retroced\u00eda hasta sus piernas y ten\u00eda que espantarlo&#8230;<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Ahora s\u00ed me compuse yo con este pi&#8217;azo e&#8217;perro!<\/p>\n<p>Pero \u00e9l tambi\u00e9n era v\u00edctima de la impaciencia del miedo, que le trastocaba la noci\u00f3n del tiempo. Sent\u00eda que desde la boca del est\u00f3mago part\u00edan rayos que se proyectaban hacia sus extremidades produci\u00e9ndole violentos estremecimientos. Apretaba la lanza con tanta fuerza, que le produc\u00eda dolor en las manos. Su mente viaj\u00f3 hacia los tiempos de su juventud, cuando caz\u00f3 su \u00faltimo tigre con arma de fuego. Momento, desde el que tuvo que volver a contar sus a\u00f1os&#8230;El animal listo para cargar contra \u00e9l; se llev\u00f3 la escopeta a la cara, hal\u00f3 el gatillo.,. \u00a1Nada! Repiti\u00f3 el movimiento, pero estaba trabada. Grit\u00f3, para que los indios, que hac\u00edan las veces de lanceros, procedieran, pero era in\u00fatil, hab\u00edan desaparecido con todo y lanza. Se sobrepuso al vano deseo de huir, ser\u00eda precipitar su muerte, as\u00ed que opt\u00f3 por esperar la arremetida, sosteniendo el inservible trabuco por los extremos con ambas manos. Era lo \u00fanico que pod\u00eda oponerle. El animal se le vino encima, levant\u00f3 la escopeta a manera de barra, las garras de la fiera chocaron con ella y el empuje de su peso lo rechaz\u00f3 hacia atr\u00e1s, por fortuna su espalda dio con el tronco de un moriche, tomando providencial apoyo, y con la fuerza del desespero, sostuvo el ataque. La fiera permaneci\u00f3 erguida, sosteni\u00e9ndose en el arma; dos filas de pu\u00f1ales c\u00f3nicos se abr\u00edan y cerraban repetidamente a menos de cuatro palmos de su cara, tan cerca, que sent\u00eda su f\u00e9tido aliento. Pero, los rugidos y gru\u00f1idos, \u00e9l los o\u00eda lejanos, como en un sue\u00f1o. Sus fuerzas flaqueaban, toda la escena la comenz\u00f3 a vivir en una forma extra\u00f1amente lenta&#8230; Sin duda, fue Dios mismo, quien hizo que su padre, que ven\u00eda rezagado, oyera los rugidos a trav\u00e9s de la jungla y se apresurara a salvarle la vida; ese d\u00eda su padre lo engendr\u00f3 por segunda vez.<\/p>\n<p>Dur\u00f3 una semana temi\u00e9ndole al sue\u00f1o, porque al juntarse sus p\u00e1rpados ve\u00eda al tigre, era una pesadilla constante, al punto, de llegar una noche a gritar desde el chinchorro. No obstante, este trance solo le hab\u00eda hecho arrancar la promesa de que no cazar\u00eda m\u00e1s al tigre con b\u00e1cula sino con lanza, pues, como todo buen llanero, sab\u00eda que lo m\u00e1s seguro era cazar al pintica con lanza, porque \u00abLa lanza falla, si falla el amo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Divagando en sus recuerdos estaba, hasta que percibi\u00f3 el cambio de los ladridos de Doble-seis; ahora un gru\u00f1ido bajo con un dejo de aullido; ya no se apart\u00f3 de su lado. Rot\u00f3 su posici\u00f3n para ponerse de frente al sitio se\u00f1alado por los aullidos. No lo ve\u00eda, pero sab\u00eda que estaba all\u00ed y que lo estaba mirando. El animal tambi\u00e9n quer\u00eda terminar pronto con esa persecuci\u00f3n y al saberse descubierto, no rehuy\u00f3 el encuentro y emergi\u00f3 del gamelotal, con una soberana quietud. Era evidente que el jaguar estaba\u00a0 bellaquea&#8217;o; s\u00f3lo una fiera cebada pod\u00eda actuar as\u00ed. Avanzaba a pasos lentos y cortos con movimientos caprichosos en la cola. Los ladridos de Doble, eran s\u00f3lo un ruido de fondo en la inminente lucha.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Amalaya pinta menudita! &#8211; Ya nos aguaitamos las caras<\/p>\n<p>Pens\u00f3 esto de una forma maquinal, un in\u00fatil ejercicio intelectual ante la proeza\u00a0 de cuadrar un blanco en la anatom\u00eda de una bestia que dobla al lancero en peso, cuando el coraz\u00f3n quiere salirse del cuerpo en cada latido.<\/p>\n<p>\u201cHijo cuando est\u00e9 frente al pintica no le vea los ojos, pues su mirada apoca al hombre y lo vence sin luchar\u201d. Record\u00f3 esto demasiado tarde, ya hab\u00eda visto los ojos del animal; fue en menos de un segundo, cuando su humanidad se proyect\u00f3 a trav\u00e9s de un par de abismos insondables en una ca\u00edda lenta de giros r\u00e1pidos; sinti\u00f3 un v\u00e9rtigo que lo envolvi\u00f3 en un total sopor. El animal tambi\u00e9n lo supo y sin p\u00e9rdida de tiempo, se precipit\u00f3 contra el hombre. Pero ya en el aire algo torci\u00f3 su trayectoria, un cuerpo blanco con manchas negras. En ese momento Seferino reaccion\u00f3, y por instinto, adelant\u00f3 la lanza. Tigre y perro chocaron en el aire, pero una tercera fuerza fue la que logr\u00f3 que el primero se desviara&#8230; La lanza hab\u00eda traspasado a Doble-seis.<\/p>\n<p>Los cuerpos se separaron con los desgarradores aullidos del can perfor\u00e1ndole el esp\u00edritu; puso el pie con violencia sobre el abdomen, y con un movimiento en\u00e9rgico retir\u00f3 la lanza.<\/p>\n<p>Esta vez, los ojos que arrojaban fuego eran los de Seferino. El felino se absten\u00eda de cargar \u00a1Deb\u00eda cargar! No pod\u00eda mantener esa presencia frente a \u00e9l por mucho tiempo. Seferino se acerc\u00f3, poniendo todo su sistema nervioso en cada detalle de todos sus lentos movimientos, hizo apoyo en el pie izquierdo y sinti\u00f3 la tibieza de la arena entre los dedos de su pie derecho y se la arroj\u00f3 a la cara tratando de provocarlo&#8230;Tuvo que repetir esta peligrosa maniobra.<\/p>\n<p>\u201dNo deje de mirarle las patas mi&#8217;jo agu\u00e1iteselas bien, porque ellas son las que le van avisar el momento del ataque\u201d. En efecto, vio c\u00f3mo los miembros se flexionaban en el encogimiento previo al salto; levant\u00f3 la vista. Ya sab\u00eda lo que ten\u00eda que hacer. \u00abArr\u00edmele e el cabo &#8216;e lanza en el traga&#8217;ero que \u00e9l se ensarta solito\u00bb.<\/p>\n<p>El peso lo tumb\u00f3, pero \u00e9l ya se hab\u00eda apartado de la trayectoria del t\u00e1cito cad\u00e1ver. Todos los sentimientos lo sobrecogieron a una, dolor, alegr\u00eda, congoja, paz, rencor y culpa. Dio unos pasos vacilantes hacia su perro, las piernas no lo pod\u00edan sostener, se desplom\u00f3 de bruces sobre Doble-seis, con los ojos arrasados, tom\u00f3 su cabeza entre las manos, lo estrech\u00f3 en un abrazo estremecido de sollozos, tinto de sangre. Y sinti\u00f3 la lengua semiseca que lam\u00eda su brazo&#8230; Era el amigo que se desped\u00eda de \u00e9l.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El arma secreta En el a\u00f1o 673 d. C., a la incontenible expansi\u00f3n \u00e1rabe solo le faltaba eliminar de su camino a lo que quedaba del otrora Imperio Bizantino. Para abril de ese a\u00f1o, la concreci\u00f3n de esa amenaza era solo cuesti\u00f3n de tiempo. El sitio de Constantinopla hab\u00eda comenzado. 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