{"id":8469,"date":"2023-07-13T00:40:37","date_gmt":"2023-07-13T00:40:37","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8469"},"modified":"2023-12-19T20:29:31","modified_gmt":"2023-12-19T20:29:31","slug":"dos-monstruos-juntos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-monstruos-juntos\/","title":{"rendered":"Dos monstruos juntos (fragmentos)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Boris Izaguirre<\/h4>\n<p>CAP\u00cdTULO 1: LOS HAMPTONS NUNCA JAM\u00c1S<\/p>\n<p>Patricia siempre ha escrito r\u00e1pido. Y con p\u00e9sima caligraf\u00eda. Su hermana, Manuela, debe llamarla por tel\u00e9fono para que \u00abtraduzcas lo que has escrito\u00bb. A pesar de ese defecto, trauma casi, Patricia le escribe, con una pluma que convierte sus letras en an\u00e1rquicos dibujos, una carta antes de facturar en el vuelo de British Airways a Londres desde Nueva York.<\/p>\n<p><em>Esta ser<\/em><em>\u00e1<\/em><em> la <\/em><em>\u00fa<\/em><em>ltima vez que <\/em>[ilegible] <em>en los Hamptons, Manuela. Me he aburrido como una ostra yendo de casa en casa, sonri<\/em><em>\u00e9<\/em><em>ndole a gente que promete que invertir<\/em><em>\u00e1<\/em><em>n su dinero en el restaurante y a los que tienes que llamar al d<\/em><em>\u00ed<\/em><em>a siguiente para recordarles lo que te han prometido borrachos de martinis, cosmopolitans y gin tonics aguados por el hielo derretido. Lloro, s<\/em><em>\u00ed<\/em><em>, aunque no lo creas, cuando te imagino en las mismas fiestas suplicando sponsors para tus proyectos puntocom. <\/em><em>\u00a1<\/em><em>Voy a coger la agenda de los Hamptons y lanzarla desde el avi<\/em><em>\u00f3<\/em><em>n al fondo del oc<\/em><em>\u00e9<\/em><em>ano! Solo conservar<\/em><em>\u00e9<\/em><em> los tel<\/em><em>\u00e9<\/em><em>fonos de John y Debbie, sobre todo el de Debbie, tan rubia como yo pero m<\/em><em>\u00e1<\/em><em>s escandinava, como se supone que yo deber<\/em><em>\u00ed<\/em><em>a haber sido, ja, ja <\/em>[ilegible] <em>no te escribo m<\/em><em>\u00e1<\/em><em>s porque no recordar<\/em><em>\u00e9<\/em><em> tampoco la mitad de lo que garabateo con esta pluma. Te quiero. Londres ser<\/em><em>\u00e1 <\/em><em>magn<\/em><em>\u00ed<\/em><em>fico. Y los Hamptons una l<\/em><em>\u00ed<\/em><em>nea de playa con gente fastidiosa deteni<\/em><em>\u00e9<\/em><em>ndose sobre la arena, asustados, acaso, de vernos alejarnos sobre las olas.<\/em><\/p>\n<p>Patricia sobrevuela la carta; no se entiende nada y seguramente por eso no pasar\u00e1 nada si deja el recuerdo de la mala experiencia de su hermana con las empresas puntocom. Un p\u00e9simo, p\u00e9simo recuerdo para Manuela. Vamos, estuvo a punto de quedarse en la calle a principios de 2000. Pero no hay nada peor en una carta escrita con estilogr\u00e1fica, y encima con tinta verde, que tachar una palabra. \u00abSuplicar\u00bb es muy fuerte, una palabra que distingue profundamente a Patricia de Manuela. Patricia jam\u00e1s suplicar\u00eda, ni siquiera por perd\u00f3n. Patricia siempre ofrece y luego dispone. Entre \u00absuplicar\u00bb y \u00absponsors\u00bb ha dejado algo de espacio para agregar una palabra que resuelva el entuerto. Falta poco tiempo para embarcar, hace calor, el <em>fast track, <\/em>ese invento post 11 de septiembre para, supuestamente, acelerar la inmigraci\u00f3n de los que viajan en business, est\u00e1, como siempre, colapsado. Y esa es la palabra que dibuja, cuidadosamente, sobre las letras donde antes escribi\u00f3 \u00absuplicar\u00bb. Mira la frase nueva: \u00abLloro, s\u00ed, aunque no lo creas&#8230; colapsada con sponsors para tus proyectos puntocom.\u00bb<\/p>\n<p>Sella el sobre con sus labios. Lo entrega a la funcionar\u00eda negra de gesto avinagrado. Comprensible, acepta Patricia en su pensamiento veloz, porque ha esperado a que escribiera la carta a Manuela y luego efectuara estos cambios de \u00faltima hora con una paciencia m\u00e1s bien inquietante. Si ella fuera la negra funcionar\u00eda, algo absolutamente improbable pero formaba parte de un juego silencioso que Patricia adoraba practicar, ser\u00eda no solo m\u00e1s amable, sino tambi\u00e9n ocurrente. Por ejemplo, ella es la \u00fanica persona en la ajetreada tarde que ha aparecido delante de ese mostrador para enviar unas cartas. La gente ya no escribe cartas, env\u00eda sms, llama, se proyecta en ordenadores adoptando su velocidad pero olvidando que todos los movimientos de ordenador dejan rastros. Enviar una carta sigue siendo algo \u00edntimo, de mano a mano. Y que solamente puede ser entregada mediante orden judicial en caso de que sus palabras necesiten demostrar alg\u00fan crimen.<\/p>\n<p>\u2014Es para mi hermana mayor, es muy tiquismiquis con las palabras \u2014se excusa Patricia. La negra no dice nada. Ni siquiera con Obama, si llega a ganar, que para Patricia es totalmente probable, cambiar\u00e1 ese gesto, piensa. La negra pone el sello y de nuevo la fecha, 14 de septiembre de 2008. Ma\u00f1ana estar\u00e1n en Londres y adem\u00e1s de fiesta. La negra se queda mir\u00e1ndola, esperando que le entregue el grupo de sobres que tambi\u00e9n esperan un sello. Qu\u00e9 mirada m\u00e1s triste, piensa Patricia cuidadosa de que su propia mirada no desate un juicio por racismo. Obama ganar\u00e1, est\u00e1 segura, porque demasiada gente es negra en el mundo. Y aun siendo tanta todav\u00eda se les denomina minor\u00eda. Cuando naces y creces como una minor\u00eda lo \u00fanico que atesoras son resentimientos. Los resentimientos erradican el sentido del humor hasta que alguien aparece y tiene la gestualidad f\u00edsica exacta como para devolverte la risa. Cuando empiezas a re\u00edrte de ti mismo es cuando dejas de ser minor\u00eda. Y es cuando surge un negro como Obama, que no es completamente negro sino bastante chocolate con leche, que te provoca admiraci\u00f3n, inter\u00e9s y encima habla fenomenal, con much\u00edsimo vocabulario. Se ha embalado, Patricia tiene la habilidad de embalarse en una idea y estirarla hasta el hast\u00edo; en todo caso, el triunfo de Obama les pillar\u00e1, a ella y a Alfredo, en otro pa\u00eds, de blancos, Europa otra vez, pero en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuiere sellar esos tambi\u00e9n? \u2014le pregunta la negra en espa\u00f1ol. Patricia no esconde el disgusto en su mirada. \u00bfC\u00f3mo con estas facciones, siendo absolutamente rubia, ojos verdes y bastante saltones para su gusto, labios carnosos aunque medio rotos por el inclemente calor, puede la negra asumir que es espa\u00f1ola? No es que le moleste, sino que un instante como este servir\u00eda id\u00f3neamente para explicarle a Manuela por qu\u00e9 abandonaban Nueva York: nadie habla en ingl\u00e9s. Y hay tantos espa\u00f1oles y latinoamericanos compitiendo por hacerse con el control de la ciudad que, primero, ya no es novedad ser de Barcelona, mucho menos de Madrid, y todo el mundo te observa como si fueras un cruce entre Pen\u00e9lope Cruz y Jennifer L\u00f3pez.<\/p>\n<p>\u2014Le he preguntado por los sobres \u2014contin\u00faa la negra con indudable acento neoyorquino pero en castellano\u2014. \u00bfEnviar\u00e1 esos tambi\u00e9n?<\/p>\n<p>Los sobres son cinco. Las direcciones son m\u00e1s bien siglas, pero los pa\u00edses no pueden disimularse. No se puede escribir Aruba de otra forma. Ni Liechtenstein de otra. Pero, gracias a que Patricia piensa muy bien estas cosas, en esos sobres no figuran direcciones de bancos, sino de personas, aunque el destino final sean los primeros.<\/p>\n<p>\u2014Se me ha ido el santo al cielo \u2014dice, muy castiza\u2014. Rezo para que no se pierdan.<\/p>\n<p>\u2014US Postal Service jam\u00e1s extrav\u00eda. Enviaba cartas a mi padre todos los d\u00edas a Colombia en los a\u00f1os noventa \u2014sentencia la negra.<\/p>\n<p>Patricia asiente y muestra su famosa sonrisa Patricia, dientes tan blancos y limpios que parecieran que jam\u00e1s han probado carne alguna. Con la mirada sin emociones de la negra puesta en ella, Patricia revisa tambi\u00e9n la caligraf\u00eda y las direcciones de esos cinco sobres. Graziella van der Garde, que aunque lleve el mismo apellido, no es ella, en el sobre de Liechtenstein. Patricia v.d.G. en el de Aruba y tan solo un c\u00f3digo postal. Las otras direcciones son menos evidentes: R\u00edo de Janeiro a nombre de Mar\u00eda Jes\u00fas Cobo y una direcci\u00f3n en el barrio de Lagoa; la direcci\u00f3n de un banco en Londres y debajo de un nombre novelesco, \u00ab2monstersgether\u00bb, una direcci\u00f3n m\u00e1s, de un barrio de Newtown, en Edimburgo.<\/p>\n<p>\u2014Muchos amigos \u2014expone la negra.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, muchos \u2014responde afable Patricia.<\/p>\n<p>\u2014Espero que no est\u00e9 la \u00faltima en subirse a un aeroplano \u2014contin\u00faa la negra, ahora s\u00ed equivoc\u00e1ndose a prop\u00f3sito en la elecci\u00f3n de palabras.<\/p>\n<p>\u2014No, tenemos un retraso \u2014dice al final Patricia con la voz de ni\u00f1a educada que siempre emplea cuando quiere algo de alguien.<\/p>\n<p>pero en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuiere sellar esos tambi\u00e9n? \u2014le pregunta la negra en espa\u00f1ol. Patricia no esconde el disgusto en su mirada. \u00bfC\u00f3mo con estas facciones, siendo absolutamente rubia, ojos verdes y bastante saltones para su gusto, labios carnosos aunque medio rotos por el inclemente calor, puede la negra asumir que es espa\u00f1ola? No es que le moleste, sino que un instante como este servir\u00eda id\u00f3neamente para explicarle a Manuela por qu\u00e9 abandonaban Nueva York: nadie habla en ingl\u00e9s. Y hay tantos espa\u00f1oles y latinoamericanos compitiendo por hacerse con el control de la ciudad que, primero, ya no es novedad ser de Barcelona, mucho menos de Madrid, y todo el mundo te observa como si fueras un cruce entre Pen\u00e9lope Cruz y Jennifer L\u00f3pez.<\/p>\n<p>\u2014Le he preguntado por los sobres \u2014contin\u00faa la negra con indudable acento neoyorquino pero en castellano\u2014. \u00bfEnviar\u00e1 esos tambi\u00e9n?<\/p>\n<p>Los sobres son cinco. Las direcciones son m\u00e1s bien siglas, pero los pa\u00edses no pueden disimularse. No se puede escribir Aruba de otra forma. Ni Liechtenstein de otra. Pero, gracias a que Patricia piensa muy bien estas cosas, en esos sobres no figuran direcciones de bancos, sino de personas, aunque el destino final sean los primeros.<\/p>\n<p>\u2014Se me ha ido el santo al cielo \u2014dice, muy castiza\u2014. Rezo para que no se pierdan.<\/p>\n<p>\u2014US Postal Service jam\u00e1s extrav\u00eda. Enviaba cartas a mi padre todos los d\u00edas a Colombia en los a\u00f1os noventa \u2014sentencia la negra.<\/p>\n<p>Patricia asiente y muestra su famosa sonrisa Patricia, dientes tan blancos y limpios que parecieran que jam\u00e1s han probado carne alguna. Con la mirada sin emociones de la negra puesta en ella, Patricia revisa tambi\u00e9n la caligraf\u00eda y las direcciones de esos cinco sobres. Graziella van der Garde, que aunque lleve el mismo apellido, no es ella, en el sobre de Liechtenstein. Patricia v.d.G. en el de Aruba y tan solo un c\u00f3digo postal. Las otras direcciones son menos evidentes: R\u00edo de Janeiro a nombre de Mar\u00eda Jes\u00fas Cobo y una direcci\u00f3n en el barrio de Lagoa; la direcci\u00f3n de un banco en Londres y debajo de un nombre novelesco, \u00ab2monstersgether\u00bb, una direcci\u00f3n m\u00e1s, de un barrio de Newtown, en Edimburgo.<\/p>\n<p>\u2014Muchos amigos \u2014expone la negra.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, muchos \u2014responde afable Patricia.<\/p>\n<p>\u2014Espero que no est\u00e9 la \u00faltima en subirse a un aeroplano \u2014contin\u00faa la negra, ahora s\u00ed equivoc\u00e1ndose a prop\u00f3sito en la elecci\u00f3n de palabras.<\/p>\n<p>\u2014No, tenemos un retraso \u2014dice al final Patricia con la voz de ni\u00f1a educada que siempre emplea cuando quiere algo de alguien.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO 2: POPEA AL FONDO DEL MAR<\/p>\n<p>Un fallo en el motor del avi\u00f3n de la aerol\u00ednea brit\u00e1nica los ha terminado por sentar en la aerol\u00ednea espa\u00f1ola. Todas pertenecen a la misma alianza, bautizada como \u00abOne World\u00bb. Nunca existe un solo mundo. O, a lo mejor, si colapsa este que conoce, s\u00ed que empiece a existir uno solo donde todo est\u00e9 perfectamente relacionado. Una peripecia provocar\u00e1 otra y una cat\u00e1strofe ser\u00e1 seguida por otra y una salvaci\u00f3n por la siguiente, y los milagros acumul\u00e1ndose para estallar en m\u00faltiples repeticiones. Todo est\u00e1 conectado, Patricia, le repite esa misma voz, mitad hombre, mitad mujer mayor. Como en un men\u00fa, una entrada es seguida por un principal y de final un postre. Nada puede variar algo tan sencillo.<\/p>\n<p>No hay casi brit\u00e1nicos en el pasaje, lo l\u00f3gico a esperar en un avi\u00f3n Nueva York-Londres. La mayor\u00eda son espa\u00f1oles, cargados de bolsas de Abercrombie &amp; Fitch que comentan con aspavientos lo tirado que est\u00e1 el d\u00f3lar. Peor a\u00fan, seis o siete han reconocido a Alfredo, \u00abOstras, el t\u00edo que les da de comer bien a los americanos\u00bb. Se han hecho fotos y ella se ha refugiado en su larga melena. Est\u00e1 demasiado bien vestida como para dejarse fotografiar por freakies de la gastronom\u00eda.<\/p>\n<p>Tiene por delante seis, casi siete horas de vuelo para pensar en si finalmente saludar\u00e1 o no al grupo de colegas de su pareja, que no marido. Pero ahora no quiere darle vueltas a eso. Desea despedirse de la que ha sido su ciudad los \u00faltimos siete a\u00f1os. Las seis de la tarde en Nueva York. Aunque sea 14 de septiembre es ya de noche. Al frente est\u00e1 la Estatua de la Libertad, luminosamente verde, con un \u00faltimo saludo antes de entregarlos al Atl\u00e1ntico. El avi\u00f3n gira y poco a poco la isla se convierte en una pel\u00edcula y Patricia recuerda una canci\u00f3n que escuchaban repetidamente en Brasil aquellas vacaciones en R\u00edo como embajadores de la nueva cocina espa\u00f1ola en Nueva York. Era de Eliana Printes, hablaba sobre gente muy enamorada, como ellos, y cantada en ese portugu\u00e9s que recuerda atardeceres largu\u00edsimos. Aunque no llegue a escucharla de verdad, la recuerda perfectamente sobre ese Manhattan que la despide. \u00abQu\u00e9 regalos te dar\u00eda \u2014comenzaba\u2014 para iluminar los malos pensamientos.\u00bb Y se gira hacia \u00e9l, para verle y compartir la despedida y all\u00ed est\u00e1, rodeado por esa frase: Alfredo. Tan bello. No puede evitarlo, siempre la misma frase, d\u00eda o noche, a\u00f1o tras a\u00f1o, triunfo tras triunfo, como un sortilegio: Alfredo&#8230; tan bello.<\/p>\n<p>\u2014Tienes cara de estar pensando algo muy malo \u2014le dice. Patricia se sonr\u00ede y toma su mano, se incorpora un poco y alcanza a besarlo en la mejilla. La nariz tan recta y el sonido de su respiraci\u00f3n, fuerte sin ser \u00e1spero, y el olor de su piel, a nada m\u00e1s que a \u00e9l, a Alfredo. El espacio entre la nariz y la boca es un surco amplio, caben dos, casi tres de sus dedos de mujer enamorada. Y luego los labios, prominentes, generosos.<\/p>\n<p>La Estatua de la Libertad sigue all\u00ed, ahora casi sonriente, y el Puente de Brooklyn baila rodeado de sus luces.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 vais a abandonar Nueva York si a Alfredo le va de cine con el restaurante?<\/p>\n<p>Patricia se refugia en su recuerdo, en la voz de su hermana Manuela durante su \u00faltima visita a Nueva York, con las cajas de la mudanza a la puerta del 12.\u00b0 B de la calle 16 con la Octava Avenida.<\/p>\n<p>\u2014Porque Nueva York est\u00e1 a rebosar de espa\u00f1oles. Queremos ir a una ciudad donde no haya espa\u00f1oles \u2014recuerda Patricia haber respondido. Su hermana la mir\u00f3 como si se le hubiera ocurrido vomitar sobre su mejor vajilla durante una de sus cenas para cautivar nuevos inversores.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s hablando en serio? \u2014pregunt\u00f3 Manuela.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, totalmente. Por eso hemos escogido Londres.<\/p>\n<p>\u2014All\u00ed tambi\u00e9n hay espa\u00f1oles, Patricia. No me jodas.<\/p>\n<p>\u2014Pero no se quedan. Les asusta el clima. Llegan y lo primero que dicen es que no pueden con la lluvia y la falta de sol. Se quejan de la comida, de los horarios de los restaurantes. Londres les irrita. Vienen, van a las tiendas y todo les parece caro y al final regresan al sol de Espa\u00f1a, a la tortilla y al vino y al gin tonic a cualquier hora. Por eso nos vamos. <em>Bye Bye, New York. Hello, welcome, London.<\/em><\/p>\n<p>Patricia recuerda la frase completa, incluso c\u00f3mo decidi\u00f3 terminarla con un brazo en alto, a lo Liza Minelli, y una sonrisa que fue apag\u00e1ndose ante la cara ofuscada y molesta de su hermana mayor.<\/p>\n<p>\u2014Te est\u00e1s quedando conmigo \u2014recuerda que buf\u00f3 ella.<\/p>\n<p>\u2014Es una aventura, Manuela. Alfredo y yo vamos a iniciar una aventura,<\/p>\n<p>eso es todo. Siempre quieres explicaciones y esta es la mejor que tengo: Nueva York est\u00e1 lleno de espa\u00f1oles, nadie habla ingl\u00e9s <em>anymore <\/em>sino una mezcla absurda de los dos idiomas que parece una lucha intestina: cada lengua mordiendo a la otra para que al final no se hable ninguna. Necesitamos volver a Europa, Alfredo lo siente as\u00ed y yo le acompa\u00f1o, como he venido haciendo desde hace ya diez a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014Doce \u2014le corrigi\u00f3 su hermana\u2014. O te has vuelto loca o todav\u00eda disfrutas tratando a los dem\u00e1s como si fu\u00e9ramos m\u00e1s idiotas que t\u00fa, solo que creo que esta vez no puedes sostenerte un segundo m\u00e1s con una explicaci\u00f3n tan absurda como esa.<\/p>\n<p>\u2014Vamos a aprovechar la convenci\u00f3n de mix mixers, donde a Alfredo lo reciben cada a\u00f1o como si fuera Dios. Y entonces, en vez de regresar, nos quedaremos. Alfredo tiene cita con los inversores, est\u00e1 casi cerrado; nada m\u00e1s llegar tendremos llave en mano un maravilloso local entre Knightsbridge y Chelsea. Es una calle preciosa y, si sale bien, generar\u00e1 tambi\u00e9n un centro culinario.<\/p>\n<p>\u2014Un centro culinario en Londres es perder el tiempo. Todo el mundo dice que no hay dinero, Patricia, que se acab\u00f3 el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa siempre tan pesimista. Ellos apuestan por nosotros, tenemos cerrados ya mil detalles del proyecto. Ser\u00e1 llegar, inaugurarlo, ponerlo en marcha y listo. No es tan complicado&#8230; Los ingleses se vuelven locos con Alfredo. Adem\u00e1s, no tenemos hijos, podemos movernos de aqu\u00ed para all\u00e1.<\/p>\n<p>Alfredo empez\u00f3 su carrera como mix mixer cuando todav\u00eda se le llamaba barman. Su f\u00edsico, sus brazos y dientes le ayudaron mucho. Programas de televisi\u00f3n y una pasant\u00eda muy breve pero explotada al m\u00e1ximo en el restaurante del Innombrable, hicieron de Alfredo Ravent\u00f3s, el nuevo prodigio de la cocina espa\u00f1ola. O, para otros, el ni\u00f1o mimado, el eterno aspirante al puesto de segundo mejor chef innovador de toda Espa\u00f1a. Fuera de Espa\u00f1a ser\u00eda el rey de las cacerolas en Manhattan, el cocinero m\u00e1s guapo o el \u00abgorrito sexy\u00bb, como le describieron una vez en una revista de modas y, al leerlo, Patricia supo que ese nombre le perseguir\u00eda para siempre. Tan pocos a\u00f1os, en realidad, y tantos nombres ya, tantos viajes, tanta informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Patricia se dejaba llevar por un nuevo tren de pensamiento, como llamaba, tomando prestado del ingl\u00e9s, a sus ofuscaciones. Si pudiera ir tambi\u00e9n hacia atr\u00e1s, se encontrar\u00eda igual de rubia y delgada trabajando para un experto relaciones p\u00fablicas de Barcelona y divirti\u00e9ndose con las locuras de David, el hermano de Alfredo, insuperablemente gay, indiscutiblemente menos guapo que su hermano heterosexual, castigado por esta cruel indelicadeza de la naturaleza. David y ella fueron inseparables, como les gustaba decir. Barcelona<\/p>\n<p>les adoraba por los vestuarios de ella, por el rubio de su pelo, por su aspecto de inmejorable pedigr\u00ed y la fealdad y quejica ternura de David. \u00abTienes que conocer a mi hermano, tienes que conocer a mi hermano, tienes que conocer a mi hermano\u00bb, repet\u00eda cada noche David. Y Patricia poco a poco empez\u00f3 a ver m\u00e1s y m\u00e1s fotograf\u00edas de Alfredo y de los hermanos Casas en la prensa. Eran guapos los tres, dedicados a eso tan extra\u00f1amente sexy como la cocina. \u00abTienes que conocerlo, de verdad, Pat, de verdad\u00bb, imploraba el perrito faldero gay, y ella sacud\u00eda la melena ajust\u00e1ndose un body lila debajo de una chaqueta azul el\u00e9ctrico cuando ambos colores eran considerados lo peor de lo peor. \u00abDivina, rebelde, \u00fanica, Patty, Patricia van der Garde\u00bb, exclamaba David con sus palmaditas y saltitos saliendo a la calle Verdi y de all\u00ed al coraz\u00f3n de la alta sociedad. \u00abTienes que conocer a mi hermano.\u00bb<\/p>\n<p>Se arremolina bajo la manta de la aerol\u00ednea, del mismo color que el alfombrado, quiz\u00e1s un poco m\u00e1s naranja y con la corona de Espa\u00f1a entretejida en un \u00e1ngulo. Nunca lo hab\u00eda notado, la corona tan expl\u00edcita. Pero no debe pararse en esos detalles, tiene que concentrarse. Deber\u00eda repasar qui\u00e9nes son los cocineros que les acompa\u00f1an: Miguel y Fernando, s\u00ed, los hermanos Casas de aquellas fotos del principio. Todo el mundo dice que compiten en belleza con Alfredo, aunque en realidad es el talento de su novio lo que les obliga a marcar m\u00fasculo desde hace d\u00e9cadas. \u00abTodo lo que toca Alfredo, <em>turns blonde<\/em><em>\u00bb<\/em><em>, <\/em>dec\u00edan, haciendo alusi\u00f3n al rubio del pelo de Patricia. S\u00ed, s\u00ed, muchas risitas pero en verdad Alfredo y ella no solo conven\u00edan en realidad sus sue\u00f1os, tambi\u00e9n generaban dinero. Dinero. \u00abLo hac\u00e9is parecer todo tan f\u00e1cil, vuestro \u00e9xito, vuestra belleza, vuestra uni\u00f3n\u00bb, tambi\u00e9n le hab\u00eda dicho Manuela.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe qu\u00e9 te r\u00edes? \u2014quiso saber Alfredo, entrecerrando sus maravillosos ojos, pardos, un fondo verde, como un lago que se alimenta de un sol menor.<\/p>\n<p>\u2014Del Innombrable, que me desprecia \u2014dijo Patricia.<\/p>\n<p>\u2014Sabes que eso no es verdad. Siempre pregunta por ti y por cu\u00e1ndo nos vamos a casar. \u2014Alfredo se entretiene intentando entender el mando del asiento.<\/p>\n<p>\u2014Buena cuesti\u00f3n, y \u00bfqu\u00e9 le respondes?<\/p>\n<p>\u2014Que no creemos en el matrimonio \u2014dice \u00e9l abriendo mucho los ojos y llev\u00e1ndola muy dentro de ellos. Patricia no tiene respuesta. Porque es su respuesta, la que siempre ofrece, aun sin cepillarse los dientes, cuando Alfredo insiste en el tema. No van a casarse jam\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Creo que sabe que le llamamos el Innombrable \u2014solt\u00f3, aguantando una risita\u2014. \u00bfSe lo has dicho t\u00fa?<\/p>\n<p>\u2014No, pero los hermanos Casas leen nuestra mente desde que sales conmigo \u2014respondi\u00f3 Alfredo.<\/p>\n<p>Los hermanos Casas viajan, siempre juntos, unos asientos m\u00e1s adelante. Afortunadamente, tienen fama de dormirse atufados de pastillas por el miedo a volar y, tambi\u00e9n, fama de cocinar con resaca de otro tipo de pastillas. Explotan al m\u00e1ximo los restos de su juventud d\u00edscola. Todo el mundo sabe que Patricia fue medio novia de uno de los Casas, Miguel, y novia bastante oficial de Fernando, el otro hermano. Barcelona es una ciudad peque\u00f1a. Manhattan tambi\u00e9n, Londres, a lo mejor, igual. Todas las ciudades se hacen peque\u00f1as cuando eres Patricia.<\/p>\n<p>Han esquivado la cena. Nunca cenan en la aerol\u00ednea donde cocina el Innombrable para evitar opiniones. El mundo de los chefs est\u00e1 lleno de rumores y maledicencias. Alfredo y Patricia cuidan mucho lo que se diga que hayan dicho. Son los bellos Alfredo y Patricia, educados y encantadores hasta el final, cada d\u00eda, todos los d\u00edas.<\/p>\n<p>\u2014Todos miran la pel\u00edcula de Sandra Bullock \u2014dice \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014No somos todo el mundo \u2014responde ella, y Alfredo le dirige su espl\u00e9ndida sonrisa; el olor de su colonia subiendo por sus hombros, hacia el cuello. Le abraza. Se abrazan.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTienes miedo? \u2014le pregunta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMiedo de qu\u00e9? \u2014responde ella colgada de su cuello, la cabeza apoyada cerca de su nuez, sinti\u00e9ndola latir.<\/p>\n<p>\u2014De Londres \u2014dice, la voz relajada, profunda.<\/p>\n<p>\u2014Es nuestro sue\u00f1o, \u00bfno? \u00bfC\u00f3mo vamos a tener miedo de un sue\u00f1o? \u2014pregunta Patricia escrutando sus ojos.<\/p>\n<p>Patricia se sobresalta, al fin las turbulencias, pero en realidad es el primer dedo de Alfredo acerc\u00e1ndose a su vagina por debajo de la manta de la aerol\u00ednea. Poco a poco la mueca de ni\u00f1a revoltosa va form\u00e1ndose en sus labios y sus delgadas y suaves piernas aprisionan el largo y bien formado dedo de su amor. Abre los ojos y all\u00ed est\u00e1n los suyos, c\u00f3mplices, muertos de risa y ganas. \u00abEs que Alfredo es demasiado perfecto\u00bb, siempre le hab\u00eda reprochado su hermana Manuela. Patricia tiene que reconocerlo, por eso lo escogi\u00f3, por bello pero tambi\u00e9n por c\u00f3mo le sentaba todo, la ropa, el pelo, incluso los zapatos equivocados que no lo parec\u00edan tanto gracias a su forma de caminar. Y su voz, ronca, no muy grave, escondiendo una coqueta vulnerabilidad. Y la tambi\u00e9n coqueta timidez cubriendo a su vez el secreto que imaginaba en Alfredo. Por eso le quer\u00eda, porque adivinaba que si ella escond\u00eda un secreto, \u00e9l igualmente ocultar\u00eda otro y mantener vivo ese manto de medias verdades sosten\u00eda el equilibrio de su pareja. Y ahora la manera en que introduc\u00eda sus dedos dentro de ella en primera clase; la pel\u00edcula de Sandra Bullock empezando. Va a gritar, Alfredo pr\u00e1cticamente tiene su mano dentro de ella y la mueve como si los dos estuvieran entonando entre susurros una canci\u00f3n con mucha percusi\u00f3n. Se r\u00ede encantada, sus carcajadas amortiguadas como un galope, y Alfredo la secunda. Debe de tener una erecci\u00f3n y ella no sabe c\u00f3mo mover sus manos debajo de su manta para estrecharla. Pasa una azafata mirando al frente y los dos se aquietan, Patricia observa una gota de sudor deslizarse por el cuello de Alfredo. Disfruta de la nuez, que es pronunciada y que ella siempre ha imaginado oscura, oculta semilla del mal bajo su piel blanca. Y arranca de inmediato el tren de pensamiento de alta velocidad: los dedos de Alfredo en su vagina, recorri\u00e9ndola como si fuera un ascensor lleno de botones. Un taz\u00f3n de gominolas de todos los colores, una selecci\u00f3n de <em>dim sum <\/em>humeantes. La pasta de uno de sus raviolis rellenos, ese dedo haciendo c\u00edrculos sobre el montoncito de harina que parec\u00eda una teta, una isla-teta. Un beso ven\u00eda ahora, Alfredo se le acercaba, cubri\u00e9ndola con su brazo libre y bes\u00e1ndola con la misma fuerza con que apretaba sus yemas contra las paredes de su sexo. Ahora al fin, gracias al cambio de postura, pod\u00eda alcanzar su erecci\u00f3n. Se separaba del beso y arrancaba a re\u00edr y Alfredo le indicaba que bajara el tono de esa risa, se notaba demasiado que no era ni por la pel\u00edcula ni mucho menos por viajar en primera clase. La azafata vuelve a pasar y de nuevo les ofrece m\u00e1s vino. \u00abSancerre, por favor, no podemos m\u00e1s con el Verdejo\u00bb, solicita Alfredo impasible, y la azafata le dedica una sonrisa in\u00e9dita en las costumbres y el car\u00e1cter de las profesionales de su l\u00ednea a\u00e9rea. Para Alfredo nunca hay puertas cerradas. La mano se ha quedado quieta, Patricia tiene l\u00e1grimas en los ojos, saca una mano de debajo de la manta y levanta la ventanilla. Solo hay mar oscuro. Sandra Bullock est\u00e1 hablando con un hombre guapo y ojijunto, como todos los actores de las pel\u00edculas de Sandra Bullock y nunca tan guapo como Alfredo. La azafata llega con las bebidas solicitadas, se las sirve y se marcha sonri\u00e9ndole una vez m\u00e1s a Alfredo como si ella fuera la \u00fanica mujer capaz de percibir su belleza. Puta, piensa Patricia, que siempre opina lo mismo de ese tipo de mujeres y sus miradas. Pero entonces los dedos de Alfredo vuelven a la carga y toman, como quien quita una uva de su cepa, como quien sostiene un pendiente en el l\u00f3bulo, como quien atrapa una nuez entre sus dedos, su cl\u00edtoris. Tiene que gritar y ahoga su voz y consigue apretar ella tambi\u00e9n los test\u00edculos gordos de su amor y los coloca sobre la parte interior de sus cuatro dedos, el pulgar libre para acariciarlos suavemente. Con un gesto h\u00e1bil empuja firme el escroto y mira fijamente a Alfredo. Sus dedos est\u00e1n mojados, su entrepierna tambi\u00e9n, cae agua, crema, helado de vainilla derriti\u00e9ndose a cucharadas. El l\u00edquido contin\u00faa cayendo sobre su mano, alrededor de sus muslos, y ella empieza a re\u00edr mucho mientras Sandra Bullock hace lo mismo en la pantalla del dvd de su asiento. Alfredo la besa en el o\u00eddo, le acaricia el pelo por la nuca, deja correr sus dedos por sus muslos mojados y los<\/p>\n<p>aprieta en un gesto lleno de cari\u00f1o y deseo. Comienza a moverlos otra vez con el empuje de un tren que va avanzando y retrocediendo y llegando muy adentro, deteni\u00e9ndose a la mitad del camino, regresando a la estaci\u00f3n y recogiendo algo m\u00e1s de ese l\u00edquido que resbala para volver luego a avanzar tras calentar sus m\u00e1quinas. Hace que se corra y Patricia saborea cada minuto, todo es verde y azul en la cabina, como si los ojos de Alfredo y ella se convirtieran en techo, ventana, alfombra, admir\u00e1ndola y sonriendo, parpadeando y sonriendo, y ella estuviera en mitad del sal\u00f3n bailando con pasitos cortos, acarici\u00e1ndose la melena, mir\u00e1ndole, girando y girando. Alfredo saca su mano de debajo de la manta y se lleva los dedos hacia su cara, lentamente, dej\u00e1ndolos resbalar por debajo de su nariz para aspirar ese olor de ella, un c\u00f3digo para su amor.<\/p>\n<p>Patricia consigue entrar, conteniendo una risa floja, en el ba\u00f1o de primera clase. Pasa el pestillo, se mira en el espejo. Est\u00e1 despeinada, siempre est\u00e1 m\u00e1s o menos despeinada, le sienta bien, la boca muy roja, como si en vez de estar riendo se hubiera mordido los labios conteniendo el orgasmo. Los ojos alborotados. La barriga plana pero movi\u00e9ndose a su aire, todav\u00eda agitada por el juego dactilar de Alfredo. Puede verse los muslos, esas piernas delgadas, contorneadas gracias a la hora de marat\u00f3n diaria y a los paseos en bicicleta hasta Connecticut. Son totalmente visibles las manchas que ha dejado su orgasmo a mil pies de altura. Qu\u00e9 horror limpiarse con ese agua contaminada de los aviones. Descubre toallitas desmaquillantes que sirven tambi\u00e9n para lo suyo de ahora. Menos mal que en la l\u00ednea a\u00e9rea espa\u00f1ola se han puesto las pilas y hay colonias y perfumes de fabricaci\u00f3n espa\u00f1ola, como Paco Rabanne Cl\u00e1sico, que era el perfume que Alfredo usaba antes de conocerla. Las piernas ya est\u00e1n limpias y se ajusta la falda. Siempre que viajan juntos Patricia opta por llevar falda para facilitar momentos como este, en que Alfredo prefiere los juegos de manos a una pel\u00edcula de Sandra Bullock. Saca del bolsillo de la falda una braga nueva pulcramente doblada. Tras las piernas, ahora se limpia el sexo con las mismas toallas desmaquillantes. Escuece un poquito, pero no puede ponerse una braga sin usar en zona usada, se recuerda Patricia. A continuaci\u00f3n hace otro agradable descubrimiento: hay crema hidratante de una marca que anuncia una modelo espa\u00f1ola desde hace d\u00e9cadas inamovible entre las tops nacionales. Cu\u00e1ntas cosas han cambiado en Espa\u00f1a, reconoce, y escucha otra frase que siempre acompa\u00f1a a las descripciones que los medios suelen utilizar para presentar a Alfredo: \u00abUno de los ejemplos de lo mucho que se ha transformado la sociedad espa\u00f1ola en estos quince a\u00f1os.\u00bb Se aplica un poquito de la hidratante en el pubis, zona sensible, Alfredo pareciera haberla remodelado con los nudillos. Se mira en el espejo, empieza a recuperar su aspecto de se\u00f1orita seria otra vez, de estudiante de primer\u00edsimas notas. Le duele el co\u00f1o pero puede<\/p>\n<p>colocar bien la braga nueva, bajar la falda, alisar la frente, atusar el cabello rubio, pasarse los dedos por la cara y darle la forma correcta mientras mete su camiseta bajo la cinturilla de la falda.<\/p>\n<p>Avanza inmaculada tras el orgasmo no tan silente, observando a medida que recorre el pasillo al resto de pasajeros. Lo saben, la escucharon, la acompa\u00f1aron. Se ven tan rid\u00edculos juntos, los Casas sobre todo, el mismo bucle, los mismos labios medio abiertos mientras roncan, la hilerita de dientecitos inferiores. David le confes\u00f3 que una vez, muy borrachos y con varias rayas, uno de los Casas se hab\u00eda dejado \u00aboralizar\u00bb por \u00e9l, como David llamaba al sexo oral, y que era realmente \u00abs\u00faper divino aunque no recordara nada el d\u00eda siguiente\u00bb. El repostero Paquito, que tambi\u00e9n ronca y cuya barriga sube y baja, se ha dejado el libro de su amigo novelista abierto en la p\u00e1gina diecis\u00e9is, mala publicidad para la intriga. Patricia decide rescatarlo, cerrarlo y colocarlo sobre las piernas del durmiente.<\/p>\n<p>Se vuelve a sentar al lado de Alfredo. \u00c9l tambi\u00e9n ha ido al ba\u00f1o. Sonr\u00ede, mucho, la coge con los mismos dedos que han estado dentro de ella, los mismos que ha aspirado al pas\u00e1rselos por la cara. Saca un trozo de la pastilla de su boca y se lo ofrece. Patricia lo rechaza. No quiere dormir.<\/p>\n<p>\u2014Despu\u00e9s de un orgasmo as\u00ed \u2014afirma\u2014, seguro que el sue\u00f1o ser\u00e1 una continuaci\u00f3n de los efectos especiales.<\/p>\n<p>Pero resulta lo contrario.<\/p>\n<p>Recurre a los auriculares. M\u00fasica cl\u00e1sica. No, barroca, con esos la\u00fades y el piano, ese cuyo nombre nunca recordaba. S\u00ed, clavicordio. Busc\u00f3 en la pantalla el t\u00edtulo del disco: \u00abMonteverdi, <em>La coronaci<\/em><em>\u00f3n de Popea.\u00bb <\/em>La recordaba, M\u00fasica era una de sus materias favoritas en la selecta academia donde estudiaba en Viena, la ciudad en la que naci\u00f3 y en la que vivi\u00f3 hasta los quince a\u00f1os y el motivo por el cual dominaba el espa\u00f1ol y el alem\u00e1n como lenguas maternas. El porqu\u00e9 naci\u00f3 y creci\u00f3 en Viena tambi\u00e9n formaba parte de esas explicaciones que, como lo peor de las pesadillas, aparecen y sobresaltan. No era este el momento de traerlo a su memoria, pero en su casa se veneraban las grandes damas del Imperio Romano. Las Popeas, Octavias y, desde luego, la importada Cleopatra. La abuela Graziella le dec\u00eda: \u00abFueron las \u00faltimas mujeres a las que no les hicieron falta hombres para ser ellas mismas. \u00a1Cu\u00e1nto hemos retrocedido, Patricia!\u00bb Se sobresalt\u00f3, era como si estuviera sentada detr\u00e1s de ella en el avi\u00f3n, Grandma Graziella. La m\u00fasica de la \u00f3pera de Monteverdi continuaba. Popea fue la emperatriz de Ner\u00f3n, pero conseguirlo fue todo un esfuerzo: antes de convertirse en la se\u00f1ora de Ner\u00f3n estuvo casada con Ot\u00f3n, un hombre muy<\/p>\n<p>celoso, soldado insigne pero completamente inferior ante Ner\u00f3n. Y este, a su vez, estaba casado con Octavia. La \u00f3pera de Monteverdi, su \u00faltima obra, por cierto, narraba las intrigas de Popea por ascender hasta lograr el rango de Emperatriz.<\/p>\n<p>\u00abA Patricia siempre le han atra\u00eddo las artes, todas, es incontrolable. Ve un ballet y lo sabe todo sobre \u00e9l. Ve un cuadro y averigua cada detalle, ve una colecci\u00f3n de ropa y se aprende de memoria todo sobre el dise\u00f1ador\u00bb, dec\u00eda tambi\u00e9n su abuela, que siempre le regal\u00f3 prendas, tanto de ropa como de halagos. S\u00ed, era cierto, siempre sab\u00eda de m\u00e1s. Tanto como para nunca poder destacar en ninguna de las disciplinas que le apasionaban.<\/p>\n<p>Se fustigaba, siempre pasaba cuando permanec\u00eda mucho tiempo en silencio sin hacer nada. No es que hubiera tenido oportunidades, es que era muy buena en todo lo que le llamaba la atenci\u00f3n. Dise\u00f1\u00f3 ropa, no concluy\u00f3 estudios de arquitectura, ambient\u00f3 locales, invent\u00f3 bailes y movimientos nocturnos, lleg\u00f3 a ser reconocida como mujer marcatendencias, incluso frecuent\u00f3 el plat\u00f3 de un conocido programa de humor de medianoche. Fue tantas cosas en Barcelona. Y al final sab\u00eda que no era nada si no estaba al lado de ese alguien que de verdad tuviera un talento. Alfredo fue ese alguien. \u00abPero yo me he enamorado de la mujer de la que todos hablan en Barcelona\u00bb, le dec\u00eda, es verdad, al principio. Sin embargo, ella tuvo de nuevo un impulso, como si una mano le ci\u00f1era el est\u00f3mago y le hiciera dar vueltas a su mundo. Organizar esta pareja, los bellos Patricia y Alfredo, iba a ser su mejor negocio, perd\u00f3n, su mejor logro.<\/p>\n<p>Era como Popea, una mujer inteligente obligada a convertirse en arribista para adquirir m\u00e1s que dinero, independencia, pero siempre a trav\u00e9s de un hombre, un amor y su traici\u00f3n. \u00abS\u00ed, Patricia, todo amor viene acompa\u00f1ado de una traici\u00f3n\u00bb, tambi\u00e9n le dec\u00eda Grandma Graziella. Pero no, deber\u00eda responderle en ese avi\u00f3n de gente dormida. Ella y Alfredo hab\u00edan conseguido un sue\u00f1o. J\u00f3venes, ricos, sin herencia y sin hijos. Ricos y reconocidos por su trabajo. \u00abNo te f\u00edes \u2014segu\u00eda diciendo la vieja moviendo su dedo \u00edndice en c\u00edrculos\u2014. No te f\u00edes, Patricia querida. Todo amor est\u00e1 perseguido por una traici\u00f3n. Y todo \u00e9xito por un abismo.\u00bb<\/p>\n<p><em>Come ti amo, <\/em>la declaraci\u00f3n de Popea a Ner\u00f3n al final de la \u00f3pera, cuando todo ha sido destruido y recolocado, llegaba minutos antes de que empezaran a servir el desayuno y despertar a los durmientes. \u00abPor ti amo y por ti vivo, por ti aventuro y por ti viajo, por ti pongo mi vida y la convierto en tesoro.\u00bb<\/p>\n<p>Abri\u00f3 la ventanilla. Alfredo entorn\u00f3 un ojo y ella le plant\u00f3 un beso.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s escuchando? \u2014pregunt\u00f3 con la voz pastosa.<\/p>\n<p>\u2014Una historia de amor como la nuestra.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLassie y Flipper? \u2014dijo. Ella se ri\u00f3 y volvi\u00f3 a colocarse los auriculares. El cielo se despejaba y el verde ingl\u00e9s aparec\u00eda como un manto. La campi\u00f1a se pobl\u00f3 de castillos y autopistas y trenes que se mov\u00edan a toda velocidad. La m\u00fasica le parec\u00eda augurar algo brillante, maravilloso, pl\u00e1cido. Un mundo nuevo dentro de lo anciano y reconocido. Sinti\u00f3 el olor de la ciudad mezcl\u00e1ndose con los violines que trepaban por entre las palabras cantadas de Popea. No hab\u00eda dormido, tendr\u00eda un jet lag terrible, pero se sent\u00eda feliz. Alfredo la bes\u00f3 y tom\u00f3 el auricular derecho y, muy cerca, muy pr\u00f3ximo a ella, terminaron de escuchar la declaraci\u00f3n de Popea al enamorado Ner\u00f3n. Patricia pens\u00f3 que eran ellos los que llegaban a Roma, la Roma moderna, la de la esperanza, la libra esterlina y el Puente de Londres.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/boris-izaguirre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Boris Izaguirre CAP\u00cdTULO 1: LOS HAMPTONS NUNCA JAM\u00c1S Patricia siempre ha escrito r\u00e1pido. Y con p\u00e9sima caligraf\u00eda. Su hermana, Manuela, debe llamarla por tel\u00e9fono para que \u00abtraduzcas lo que has escrito\u00bb. 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