{"id":8434,"date":"2023-07-11T00:49:22","date_gmt":"2023-07-11T00:49:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8434"},"modified":"2023-11-24T18:12:49","modified_gmt":"2023-11-24T18:12:49","slug":"cuentos-de-kathy-serrano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-kathy-serrano\/","title":{"rendered":"Cuentos de Kathy Serrano"},"content":{"rendered":"<h3>Funeral para una casa cansada<\/h3>\n<p>Cuando yo era ni\u00f1a, mi madre era la casa y la casa era mi madre. Las habitaciones parec\u00edan moverse de acuerdo a su estado de \u00e1nimo. Si mam\u00e1, por milagro, re\u00eda, la casa parec\u00eda bailar. Si por el contrario, lloraba escondida en alg\u00fan rinc\u00f3n, las regaderas y los grifos se abr\u00edan y el agua se desbordaba sin control. Lo peor suced\u00eda cuando la rabia se instalaba en mi madre. Las paredes parec\u00edan crujir, las puertas se abr\u00edan y cerraban golpeando mis o\u00eddos, las ventanas se cerraban y el techo chillaba groseramente. Entonces el polvo acumulado se levantaba en breves y poderosos remolinos. Y yo sal\u00eda corriendo y me refugiaba dentro del armario de mi cuarto o debajo de la cama. Recuerdo sentirme aplastada la noche en la que todo sucedi\u00f3. Un ruido, como de arcadas y accesos de tos, fue el inicio. Esa noche me escond\u00ed bajo la cama. Escuch\u00e9 cristales, vasos, platos que volaron y se estrellaron contra alguna pared adolorida. Luego, la voz de mi madre repitiendo la letan\u00eda de siempre \u201cSi no hubiese tenido hijos, sino hubiese parido\u201d. De pronto fue como si un alarido trajera abajo el techo de mi cuarto y supiera que estaba cerca el desenlace. La escuch\u00e9 por \u00faltima vez antes de que el suelo comenzara a temblar. Dijo algo de \u201cno m\u00e1s, no m\u00e1s\u201d, dijo algo sobre el cansancio. Un terremoto dom\u00e9stico. La casa dio vueltas y qued\u00f3 boca arriba. Mam\u00e1 mor\u00eda en la cocina sobre restos de comida, vasos, platos rotos y un charco de&nbsp; sangre en movimiento rodeando su cuerpo, el rostro sereno que, por fin, sonre\u00eda.<\/p>\n<h3>Historia de un suicidio inconcluso<\/h3>\n<p>A diario yo atravesaba el Viaducto de la Concordia para ir al colegio. Era un puente infinito, peligroso en cada extremo, con ladronzuelos que se perd\u00edan por sus estrechas escaleras. Pero lo m\u00e1s com\u00fan en ese puente eran los suicidas. Ciento cincuenta metros de vac\u00edo. Debajo del viaducto se distingu\u00edan los techos multicolores de casitas hechas con lata y cart\u00f3n. Sus habitantes estaban acostumbrados a convivir con la muerte. Nosotros, los que viv\u00edamos arriba, tambi\u00e9n. Por eso corri\u00f3 tan r\u00e1pido la noticia de la mujer que cay\u00f3 sobre aquella cama vac\u00eda y sali\u00f3 ilesa. \u00ab\u00a1Milagro!\u00bb, dijeron en el barrio. \u00abEs un \u00e1ngel\u00bb, repitieron otros. Yo la vi en el Hospital Central el d\u00eda en que fui a visitar a mi bisabuela. La vi desde el pasillo. La puerta de su habitaci\u00f3n estaba abierta. Ella, sentada en la cama en medio de grandes almohadas blancas, se ve\u00eda hermosa, como un \u00e1ngel. Qued\u00e9 hipnotizada. Era excitante imaginar c\u00f3mo esa mujer hab\u00eda atravesado en ca\u00edda libre tantos metros y aterrizado sobre aquella cama, y ahora estaba all\u00ed, viva. Cuando volte\u00f3 a verme, no sent\u00ed miedo. Solo recuerdo sus ojos enormes, negros, como un abismo que me invitaba a saltar<\/p>\n<h3>Contrato con la muerte<\/h3>\n<p>La Muerte, atra\u00edda por mi curiosidad y mi veneraci\u00f3n, se anim\u00f3 una tarde de verano a visitarme. Aunque me tom\u00f3 por sorpresa, debo admitir que la esperaba con ansias. Pens\u00e9 que partir\u00edamos de inmediato, pero ella me pidi\u00f3 antes un caf\u00e9. Pasamos la tarde charlando sobre las pasiones humanas, en especial sobre aquellas que a m\u00ed m\u00e1s me gustan. Excitada por mi relato, quiso la Muerte probar un poco de lo contado. Esa noche, con mi autorizaci\u00f3n, tom\u00f3 mi cuerpo dejando que mi esp\u00edritu siguiera consciente durante toda la experiencia. El cl\u00edmax de la noche lo alcanzamos juntas cuando, despu\u00e9s de hacer el amor por quinta vez con un hermoso ejemplar masculino, decidimos clavarle un pu\u00f1al en el coraz\u00f3n. Desde entonces tenemos un contrato indefinido: cada mes, algunas noches, la acompa\u00f1o a realizar su trabajo cedi\u00e9ndole mi cuerpo. De esta manera, ella disfruta de la vida, y yo disfruto de la muerte<\/p>\n<h3>Negaci\u00f3n<\/h3>\n<p>No cerraron la puerta de tu casa esa noche. No planifiqu\u00e9 todo durante los \u00faltimos seis meses. No soborn\u00e9 al vigilante de tu casa, no le di mil d\u00f3lares a Mar\u00eda, tu empleada. No manej\u00e9 dos horas hasta La Molina. No dej\u00e9 estacionado el auto a tres calles de tu casa. No llev\u00e9 tres trozos de carne con somn\u00edferos en una bolsa negra. No les arroj\u00e9 la carne a tus perros. No me llev\u00e9 a Rebeca, tu hija de seis meses. No pagu\u00e9 por un pasaporte falso ni frag\u00fc\u00e9 los permisos de salida del pa\u00eds. No soy la madre, no soy el padre. Y ahora, yo no soy yo, y ella, tu hija, ya no es ella. Mi nombre ya no ser\u00e1 mi nombre. Su nombre ya no ser\u00e1 su nombre. Ya no somos nosotras. Ya no seremos nunca las mismas. Y t\u00fa no sabr\u00e1s nunca d\u00f3nde estamos ni c\u00f3mo vivimos. Y para ti, de ahora en adelante, la vida ya no ser\u00e1 vida.<\/p>\n<h3>Caperucita reloaded<\/h3>\n<p>Ma\u00f1ana al amanecer me liberar\u00e9. Armada hasta los dientes, me ocultar\u00e9 en alg\u00fan lugar del callej\u00f3n que da hacia la puerta trasera de tu empresa. Por radio, Blanca Nieves dar\u00e1 la orden de ataque. Bella Durmiente ya estar\u00e1 en la azotea del edificio del frente con la mira apuntando al lugar donde, en unos minutos, estar\u00e1 tu cabeza recostada en el sill\u00f3n de tu oficina. Eres un animal de costumbres. A la misma hora de siempre dejar\u00e1s el auto a dos cuadras. \u00abLobo Feroz entrando en la casita de la abuela\u00bb ser\u00e1 mi se\u00f1al cuando te vea atravesar el callej\u00f3n, abrir la puertecita por donde ingresar\u00e1s junto con Popeye y Olivia, tus nefastos asesores. Ma\u00f1ana se acaba este cuento mal\u00e9fico y yo, tu Caperucita, cambiar\u00e9 la historia. Ha llegado la hora del Lobo. El pr\u00f3ximo ser\u00e1 el Pr\u00edncipe.<\/p>\n<h3>Cita inconclusa<\/h3>\n<p>Me dijiste que te espere en la Plaza Mayor, junto a la fuente con los \u00e1ngeles que orinan agua de colores. Aqu\u00ed estoy. Solo que me siento rara. Es como si no pudiera recordar nada m\u00e1s. S\u00e9 que estoy aqu\u00ed, sentada en la fuente, o junto a la fuente. No s\u00e9\u2026 Muy cerca, una mujer est\u00e1 parada bajo un \u00e1rbol. Lleva un gorro rojo. Me gusta el rojo. En una banca, una jovencita amamanta a su beb\u00e9. A su lado hay una caja con un pastel de la panader\u00eda francesa. Creo que est\u00e1 esperando a alguien para darle una sorpresa. Un hombre le grita que se guarde su teta, que es un lugar p\u00fablico. Qu\u00e9 extra\u00f1o, est\u00e1n lejos, no s\u00e9 c\u00f3mo logro escucharlos. Quiero acercarme, defenderla del tipejo, pero no puedo. Mi cuerpo no quiere moverse, como si mi voluntad fallara. Me dijiste que llegar\u00edas puntual, pero hace mucho que ya son las cinco de la tarde. Un muchacho atraviesa la plaza corriendo, otros dos lo persiguen. Es un ladronzuelo, se ha robado un bolso de mujer. Los dos chicos logran alcanzarlo, lo arrojan al piso, lo patean con ira, con mucha ira. El ladronzuelo llora, sangra. Siento fr\u00edo. \u00bfPor qu\u00e9 no llegas? Ya estoy cans\u00e1ndome de esperarte. M\u00e1s all\u00e1, en otra banca, una colegiala se besa apasionadamente con un muchacho. Visten uniforme. \u00bfMe has besado as\u00ed? S\u00ed, creo que s\u00ed, solo que no puedo recordarlo claramente. Un hombre con saco azul y corbata roja camina apurado, habla por tel\u00e9fono. Grita, vocifera, tira el tel\u00e9fono, que se rompe en pedazos. \u00bfPor qu\u00e9 no me llamas? Busco a mi alrededor. Yo deber\u00eda tener un bolso, un tel\u00e9fono, pero no encuentro nada. Quiero levantarme, caminar. Llamo a gritos a la mujer del gorro rojo, pero no me hace caso. Parece como si no me escuchara. Y ahora veo la calle a un lado de la plaza, donde est\u00e1 la panader\u00eda francesa. Me veo a m\u00ed misma, con mi gorro rojo y mi abrigo negro. Salgo con el pastel que te compr\u00e9 de sorpresa en una mano, y mi bolso y mi tel\u00e9fono en la otra. Me escucho decirte que ya estoy por llegar a la plaza. Cruzo la calle y un auto negro viene tan r\u00e1pido que no logra frenar, y veo como mi cuerpo se eleva por los aires y cae. Caen mi cuerpo, mi gorro rojo, caen mi bolso y mi celular, que se rompe en pedazos. Cae el pastel, que se desparrama. Un hombre con saco azul y corbata roja sale del auto, se desespera, grita, vocifera. Todo est\u00e1 en silencio. Ya no escucho nada. Ahora solo veo tus ojos, tu rostro, te veo mudo, inm\u00f3vil, observando mi cuerpo sobre el asfalto, desde el otro lado de la calle. Detr\u00e1s de ti, la fuente con los \u00e1ngeles que orinan agua de colores.<\/p>\n<h3>Familia Perfecta<\/h3>\n<p>Despu\u00e9s de mucho tiempo, un d\u00eda de verano, una mujer regresa del extranjero a su ciudad natal. Toca la puerta de la que fue su casa materna. La puerta se abre sin que nadie la reciba. \u201cLa han dejado abierta\u201d, piensa. Entra en la casa; siente un aire extra\u00f1o. Avanza hacia el interior. La encuentra id\u00e9ntica a como la dej\u00f3 la \u00faltima vez que estuvo all\u00ed. La familia est\u00e1 sentada a la mesa. A diferencia del pasado, ahora la reciben con abrazos y besos. Todos est\u00e1n alegres. Comen, conversan, r\u00eden, celebran el retorno. Pasan los d\u00edas y la escena se repite una y otra vez. La mujer se siente feliz. Ha vuelto. La familia ahora es como ella la so\u00f1\u00f3, y, lo mejor de todo, es que ya ninguno respira.<\/p>\n<h6>*Publicados en: https:\/\/revistaanestesia.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Funeral para una casa cansada Cuando yo era ni\u00f1a, mi madre era la casa y la casa era mi madre. Las habitaciones parec\u00edan moverse de acuerdo a su estado de \u00e1nimo. Si mam\u00e1, por milagro, re\u00eda, la casa parec\u00eda bailar. Si por el contrario, lloraba escondida en alg\u00fan rinc\u00f3n, las regaderas y los grifos se [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":8436,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8434"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8434"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8434\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8437,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8434\/revisions\/8437"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8436"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8434"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8434"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8434"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}