{"id":8264,"date":"2023-06-17T00:01:15","date_gmt":"2023-06-17T00:01:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8264"},"modified":"2023-11-24T18:13:08","modified_gmt":"2023-11-24T18:13:08","slug":"percusion-y-tomate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/percusion-y-tomate\/","title":{"rendered":"Percusi\u00f3n y tomate"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Sol Linares<\/h4>\n<p><strong>Tomate uno<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u2026hay que escoger: o vivir o contar. Jean-Paul Sartre<\/em><\/p>\n<p>Si pudiera escribir una gran novela, llamo gran novela a un virtuosismo muy clasic-post, algo as\u00ed como una m\u00e1quina de hacer helados de coco, que incluya dos pu\u00f1os de boxeo mec\u00e1nicos para inmovilizarnos la moral y que no tenga nada que ver, por supuesto, con temas polic\u00edacos, escribir\u00eda por ejemplo sobre el hambre de una muchacha que se come los pimentones crudos, que delira por los tomates cherry, agregu\u00e9mosle una pasi\u00f3n excesiva por el merengue, en fin una muchacha que tambi\u00e9n se come las flores del viejo Maupassant sin saber, y jam\u00e1s lo sabr\u00e1, que los p\u00e9talos de girasoles se han usado muchas veces en ensaladas gourmets y que los p\u00e9talos de rosa son buenos para mermeladas y as\u00ed sucesivamente. Pero como la historia del hambre de esta muchacha \u2014que se llamar\u00e1 l\u00f3gicamente Babela\u2014, no tendr\u00eda tanta largueza para una novela como la que yo quisiera escribir, escribir\u00eda mejor un relato. O una novela breve, las novelas breves est\u00e1n muy de moda, como las rubias. Esto nos caer\u00eda fant\u00e1stico porque Babela se est\u00e1 m\u00e1s c\u00f3moda en lugares transitorios, adem\u00e1s no pueden pasarle tantas cosas aparte del hambre, Babela siempre tiene hambre. Una novela breve est\u00e1 bien para las dos, tengo problemas para extenderme demasiado, sin duda en una novela-novela tendr\u00eda bastante tiempo para escribir algo que a\u00fan no tengo claro, y sin embargo temo aburrirme de su forma de masticar el br\u00f3coli o el jab\u00f3n, siempre con circulares movimientos de vaca; temo que caduque mi paciencia, bien sea por su incontinencia de probarse mis vestidos o por tocar el timbre de las casas y salir corriendo para que no la alcancen las vulgaridades de sus propietarios. No tiene caso, Babela es mi musa, se parece bastante a la ni\u00f1a de las barajitas the love is\u2026, tiene el mismo cabello rayado y los mismos ojos redondos que me distraen mucho de los gestos urbanos, nadie como ella puede morderse los redondeles blandos de las u\u00f1as cuando nos piden direcciones o regalos de bodas.<\/p>\n<p>Conocer a Babela dentro de los arandeles de una novela que yo escriba, que de otra manera ser\u00eda imposible, parece facilitarme las cosas. Ning\u00fan escritor me har\u00eda el favor de encajarme en una novela con Babela, se notar\u00eda muy rebuscado que yo viajara en el mismo tren de Babela hacia Ciudad Universitaria (en Valera no hay subterr\u00e1neos, ni proyectos, ni anteproyectos de subterr\u00e1neos). Tendr\u00e9 que novelarme en Caracas pese a m\u00ed misma. Perdone el lector si en lo sucesivo encuentra que estoy en otro lugar. Es que no s\u00e9 realmente d\u00f3nde quiero estar, y la ciudad que yo sue\u00f1o se parece a cualquier otra, a una \u00cdtaca fabulada por Cavafis. En el subterr\u00e1neo habr\u00eda un trovador cantando sounds of silence y un mono pidiendo propina mientras yo, mientras yo\u2026 No s\u00e9, cualquier lector sospechar\u00eda de m\u00ed, encontrar\u00eda algo falso en mi silencio y mi mirar a trav\u00e9s de la ventana el pasar violento de las paredes, ni yo misma podr\u00eda mantener esa postura falseada por mucho tiempo sin querer forzar un di\u00e1logo con ella, y decir algo as\u00ed como el monito se parece a un t\u00edo m\u00edo que muri\u00f3 de Sida. Con suerte, el narrador hablar\u00eda de m\u00ed; lo peor que pudiera suceder es que pase por encima de m\u00ed con esa mirada rasera de las cosas, que diga: \u201cuna mujer sentada (yo, in\u00fatil personaje recurso) mira por la ventana mientras F\u00e8dor (el protagonista), ojea el diario sin inter\u00e9s, mira la hora, nota que ha perdido un bot\u00f3n de la camisa, el del centro, el del centro, el importante, nota con terror que su abdomen est\u00e1 expuesto, que son visibles sus gorduras\u201d, y as\u00ed el narrador continuar\u00e1 la historia de un bot\u00f3n suicida y se olvidar\u00e1 de m\u00ed, y me dejar\u00e1 sentada en el tren donde Babela ya se habr\u00e1 bajado. No, nunca he soportado que me ignoren. Es preferible contar yo misma la historia, y si me animo lo suficiente, hasta podr\u00eda intentar superar mi afici\u00f3n a narrar sucesos tristes. Me gusta el recogimiento de la tristeza, aunque no entiendo de qu\u00e9 forma puede una mujer tan triste describir a otra tan alegre. Sin duda, esa actitud de Babela, intocable e inmortal se le ir\u00e1 ensombreciendo con los a\u00f1os. A los treinta no quedar\u00e1 en ella sino una actitud vac\u00eda y desesperada, luego ser\u00e1 una mujer triste como yo, pat\u00e9tica y adusta con los ojos iluminados por una vieja y moribunda promiscuidad, cada vez menos practicable, engre\u00edda quiz\u00e1 por haber sido bella de joven, flor carn\u00edvora. Pero no ser\u00e9 tan est\u00fapida &#8211; de escribir sobre nuestra vejez, ni aprovecharme de mi talento para vengarme de la juventud de Babela y afearla, est\u00e1 claro que no tengo ning\u00fan compromiso literario como Dorian Grey, jam\u00e1s envejecer\u00eda a Babela para escribir mi obra maestra, adem\u00e1s me gusta que Babela me use, que me pida galletas en las panader\u00edas, y mientras las sumerge en el vaso de leche prometi\u00e9ndome algo que jam\u00e1s me dar\u00e1. Ella no lo sabe pero me gusta que me soborne por tan poca cosa\u2026 Lo mejor para las dos termina siendo lo t\u00e1cito, su precio de bisuter\u00eda barata en contraste con mi actitud de pagar mejores prendas.<\/p>\n<p>Hablaba en serio cuando dije que superar\u00eda mi predisposici\u00f3n a la tristeza. Es f\u00e1cil ser triste, valga un poco la costumbre del inapetente. Alguien dijo que la tristeza era el tic nervioso de los arist\u00f3cratas, no me lo parece, tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para estar alegre, me da igual re\u00edrme o no re\u00edrme, y que yo sepa jam\u00e1s he dicho \u201choy es el d\u00eda m\u00e1s feliz de mi vida\u201d. Juro, por mi madre, que en nuestra novela nunca llover\u00e1. Jam\u00e1s llover\u00e1 delante de mi ventana. As\u00ed el mundo se incinere o comiencen a hervir lentamente los r\u00edos de Valera. No me ir\u00e9 por lo m\u00e1s f\u00e1cil, aunque muera por ver a Babela mirando la lluvia, recordando algo que nunca me dir\u00e1, aunque muera por verla encender velas en los apagones y me pierda de su pesadez entre la negrura de la sala. Muy lejos de placentero, escribir en verano se me antoja lacerante, pero vale la pena sobre todo si promete algo que no he querido buscar dentro del centro el\u00e1stico en el que Babela y yo nos movemos, ya que esta ciudad nos fermenta bajo el toldo circense que es. As\u00ed de radical soy. Mi palabra, una pobre palabra de honor, acogida a cabalidad solamente dentro de los redondeles de la literatura, tiene un valor extempor\u00e1neo: si yo digo que aplazar\u00e9 mi propio y h\u00famedo sedentarismo por la resequedad y la misantrop\u00eda que produce este sol odioso, es porque escribir\u00e9 al mediod\u00eda, contra todo nublado pron\u00f3stico, y porque ni yo ni Babela beberemos agua, ni nos ba\u00f1aremos, as\u00ed nos hieda la vagina a pastel de almejas, as\u00ed el amor salga corriendo por la ventana de la hedentina, as\u00ed llueva en otras novelas, en otras ventanas. Que llueva en otro relatar, aqu\u00ed ser\u00e9 una mujer de patios soleados, tender\u00e9 s\u00e1banas limpias pese a que yo misma friegue los vestiditos de Babela persuadi\u00e9ndome de que no soy su madre, expiar\u00e9 mi propia c\u00e1tedra de la dignidad, as\u00ed sea lo \u00faltimo que haga este ser femenino y triste.<\/p>\n<p>Anunciar\u00e9 adrede que Babela oscilar\u00e1 entre los trece y catorce a\u00f1os. Se tratar\u00e1 entonces de un deseo de barro. Ese deseo huele a rosas pisadas en el barro por cascos de caballos, todo irrumpe en su cuerpo como un prolongado estado de ternura y hambre, como los trazos del bons\u00e1i de un \u00e1rbol pr\u00f3spero en mentiras, el cuerpo de Babela explotando en flores y frutos contenidos del que alg\u00fan d\u00eda los hombres comer\u00e1n, comedia de lo vivido prolijamente, donde quiz\u00e1 su vejez acabe con el irrealista hechizo de las vidrieras al que Babela no puede escapar y a quien se somete sin reparo. Esta inveros\u00edmil transparencia me obliga a exponer con holgura el siguiente disparate, y no por esto menos cierto: Me tienta la superficialidad de Babela, su soltura en la ignorancia y su pedante pero simp\u00e1tico confort con su mediocre inteligencia, es tan bella y trivial, y no puedo negar que me enloquece aquella candidez con la que absorbe el jugo de fresa removi\u00e9ndolo con el pitillo mientras piensa en cosas breves y salteadas, ya que jam\u00e1s piensa en algo sostenidamente. Nada hay tan elocuente en ella como su frivolidad, sus u\u00f1as postizas donde manos minimalistas dibujan el s\u00edmbolo del ying-yang, mujer inolvidable, recargada y ca\u00f3tica, como sus cuadernos escolares, cubiertos con las calcoman\u00edas de los personajes de Walt Disney donde estampa incansablemente su nombre ata-cada por una especie de incontinencia narcisista. Babela, Babela, Babela. Hay que ver de qu\u00e9 se trata esta singular supervivencia del detalle, a lo cual ya yo habr\u00eda renunciado por un adem\u00e1n ins\u00edpido y concreto. As\u00ed es Babela, una ni\u00f1a que se debate entre estramb\u00f3ticos sentimientos adultos y genuinas debilidades infantiles. De no haberse adelantado Vladimir Nabokov, Babela hubiera inspirado mi propia Lolita. Babela es mi Lolita latinoamericana. Y en Latinoam\u00e9rica sobran Lolitas y Babelas.<\/p>\n<p>Sobre m\u00ed le adelantar\u00e9 al lector lo siguiente: lo que yo soy no importa. Mi coraz\u00f3n enfermizo no aguanta un amor m\u00e1s, ya no sirve, se queja por nada, sufre cuando camino por cualquier calle que suba, todo lo hago a medias, doy tres chupadas a los cigarrillos y luego los desprecio, malgastando el dinero cada tres d\u00edas, el tiempo exacto de lo que dura media caja de Belmont y m\u00e1s o menos lo que dura mi tinte color champagne, cada vez m\u00e1s escurridizo. Sin embargo, debo aclarar que soy una mujer llamada Octavia Fern\u00e1ndez (mejor conocida como Tavita). De cabello te\u00f1ido, una mujer com\u00fan y corriente, de esas que usted se topa en las calles, en los ascensores, en las panader\u00edas, en las listas policiales de maltrato conyugal y en los puestos de alquiler de tel\u00e9fonos celulares pidiendo \u00abun movilnet, por favor\u00bb. En fin, usted habr\u00e1 visto por la calle a una Octavia Fern\u00e1ndez como yo, de ojos verdes, verde opaco de puro fumar, hastiada de que el tinte baje por mis canas y desaparezca, y grito, como toda mujer nacida en este siglo de Wella y L\u00b4Or\u00e9al, insulto a los fabricantes de tintes, \u00a1malditos estafadores, mezcladores de agua y acuarela! Se sabr\u00e1 de memoria que las Octavias encanecen m\u00e1s precoz-mente que las Martas o que las Hildas, al contrario de lo que dir\u00eda mi padre antes de morir: \u00abLlevas el nombre de Octavia porque las Octavias ni envejecen ni rejuvenecen, se quedan en una misma edad siempre.\u00bb Ah, da igual, experimento la crisis de los cuarenta en su expresi\u00f3n m\u00e1s dolorosa, dado que esta crisis se caracteriza por cumplir de nuevo veinte a\u00f1os en un cuerpo de cuarenta a\u00f1os. Hasta hace poco, cuando todav\u00eda me arrancaba las canas con pinzas, estaba convencida de que el color m\u00e1s dif\u00edcil de recubrir era el negro. Humilla descubrir que nuestras canas son los grafittis indelebles del tiempo, a base de blanco, y que por cierto nada las cubre, porque ver\u00e1 usted, apreciado lector, no se trata de un blanco que est\u00e1, sino que crece.<\/p>\n<p>Otra vez vuelvo a estar triste. Corrijo, Babela se descalza. Mueve los dedos de los pies y dialoga con ellos como si les hubiera pintado ojos y boquitas. Aprovecha la ocasi\u00f3n para contarse a s\u00ed misma la puerca historia del dedo me\u00f1ique que fue al mercado a comprar un huevo. Escuchemos su micrometraje: este dedito se fue al mercado a comprar un huevo, Este otro, el anular, es\u00a0 quien pone a cocinar el huevo. Despu\u00e9s no tengo claro si el siguiente dedo lo descascara; s\u00e9 que el pr\u00f3ximo, el m\u00e1s largo dedo de Babela, le pone sal, aunque dudo que por su aspecto intelectualoso este dedo tenga algo que ver con la historia tonta de Babela, no parece echarle sal a nada, pero Babela insiste, hasta llegar al dedo mofletudo-ov\u00edparo que se traga todos los huevos.<\/p>\n<p>Babela nota que tiene mugres las u\u00f1as de los pies, la del mofletudo-ov\u00edparo dedo gordo. Con la u\u00f1a del \u00edndice de su mano izquierda comienza a escarbarla. Es una imagen repugnante. Sentada sin gracia, con las piernas abiertas m\u00e1s de la cuenta, muestra su pantaleta movida que deja ver una gamuza de pelitos j\u00f3venes. Una mujer bella no puede limpiarse las u\u00f1as de esta manera ni sentarse de esta manera. Merece que la maten. Que la castiguen, que la escupan. Pero un animal peque\u00f1o, llamado ternura, me empuja a coger la manguera de la plaza y lavarle los pies. La gente nos observa y piensa \u00a1qu\u00e9 madre tan abnegada! Mientras tanto, Babela me observa sin amor, como observan a sus padres los hijos de esa edad. Si Babela fuera mi hija tendr\u00eda que tener las cejas gruesas como de hecho las tiene, y al contrario si fuera mi novia har\u00eda falta un lunar carnoso en una curva de su boca. En todo caso, como no se trata de mi hija ni de mi novia me da igual que le falten lunares y le sobren pelos en las cejas.<\/p>\n<p>A las cinco de la tarde lav\u00e9 los pies de Babela, y a las cinco y cuarto comenzamos a jugar a que yo era su madre y Babela mi primog\u00e9nita. Nuestros juegos resumen todo aquello que adolecemos y creemos merecer, aunque lo perverso de esto venga precisamente de querer conseguir todo en una misma persona.<\/p>\n<p>A las seis, devuelta cada una a su papel real, comenzamos a subir los quinientos cincuenta pelda\u00f1os del barrio donde ella vive, que desembocan en la casa doscientos setenta y nueve, donde la madre de Babela se habr\u00e1 quedado dormida viendo tele, seguramente un reality show de lo inalcanzable. Babela va delante de m\u00ed. Juega con una ca\u00f1a de monte, son esos palitos que uno recoge en el camino como ap\u00e9ndice recurso para darse un aire bohemio. Babela sube las escaleras en la forma que le provoca. A veces se come un escal\u00f3n, estira sus piernas de garza y da tremendas zancadas para probarse l\u00edmites, sube las escaleras apoyada en un solo pie, es decir, brinca unipodalmente, como una pierna de Dal\u00ed libre y aut\u00f3noma en una ciudad latinoamericana. Ciertamente en quinientos cincuenta pelda\u00f1os cualquiera inventa formas de subir. Yo no, yo subo treinta pelda\u00f1os y descanso, me hago la que miro la ciudad como extra\u00f1ando lo que dej\u00e9 en ella. Es notorio que subir escaleras me pone de mal humor, me duele el coraz\u00f3n, salta como un sapo. Me amarga pensar que sudar\u00e9 las axilas, que se mezclar\u00e1 el olor del desodorante con el olor sint\u00e9tico de la blusa de seda, estas blusas de seda siempre se ponen hediondas, adem\u00e1s odio que se me chorree el crey\u00f3n negro y exagere mis ojeras medio verdosas y hereditarias. Una ex virgen con el delineador corrido, qu\u00e9 zen.<\/p>\n<p>\u2014Tavita&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfUm?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde vives? \u2014me pregunta Babela mientras sube las escaleras de dos en dos\u2014 \u00bfPor qu\u00e9 nunca me llevas a tu casa?<\/p>\n<p>\u2014No tengo.<\/p>\n<p>La casa de Babela es beige. Antes, amarilla, y antes, verde. Lo s\u00e9 porque la lluvia ha desmantelado paulatinamente los colores. Los venezolanos solemos pintar las paredes de nuestras casas en navidad. Sin embargo, la m\u00eda tiene el color del aire. Los arist\u00f3cratas del aire, bonito nombre para una secta. Al principio, cuando sub\u00eda este cerro, tem\u00eda que me mataran o me violaran. El primer d\u00eda no pas\u00f3 nada. El segundo tampoco. A la semana siguiente tampoco. Total que nunca me ha pasado nada y acompa\u00f1ar a Babela a su casa del barrio se ha convertido en una terapia sadomasoquista. Hoy no terminamos de subir; la madre de Babela nos ha sorprendido antes de que toquemos el descanso. Nos ha estado observando desde ese mont\u00edculo de escombros. S\u00e9 lo que piensa de m\u00ed de la misma forma en que sabe lo que pienso de ella, por eso es un desperdicio dec\u00edrnoslo. Babela se despide con la mano. Arrastra la varita, mallugada en la punta. Me hubiera gustado llevarla al zool\u00f3gico de haberlo, pero todo el mundo sabe que los elefantes son grises.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY d\u00f3nde vives, entonces? \u2014dice deteni\u00e9ndose de pronto.<\/p>\n<table>\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"8\">\n<table width=\"100%\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>a<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>\u2014Por ah\u00ed \u2014respond\u00ed la ligera.<\/p>\n<p>Tras dejar a Babela en el callej\u00f3n 23, intern\u00e1ndose en \u00e9l y olvid\u00e1ndose de m\u00ed hasta dentro de cuatro d\u00edas m\u00e1s o menos, tiempo en el que comienza a necesitarme y a agot\u00e1rsele el dinero, pens\u00e9 que los padres son h\u00e9roes. A m\u00ed la heroicidad me pica. Pero a diferencia de los h\u00e9roes del norte, emblem\u00e1ticos espantap\u00e1jaros de la moral, los padres son los h\u00e9roes m\u00e1s villanos y m\u00e1s h\u00e9roes. Pensaba en esto justamente cuando cerca de m\u00ed pas\u00f3 una mujer de edad, con ocho bolsas de v\u00edveres y dos ni\u00f1os, hero\u00edna silenciosa de una sociedad que est\u00e1 vendiendo figurines del hombre ara\u00f1a, preso de luchas inveros\u00edmiles en las que nunca destacan el hambre y la opresi\u00f3n de los pueblos del mundo. Me pregunto si de haber tenido yo hijos hubiera podido subir pelda\u00f1os de cualquier centimetraje, si hubiera competido en cualquier marat\u00f3n de esta vida por un hijo. Sospecho que mi ciudadan\u00eda contiene mucho de indisciplina, karma y comida para perros, que estoy imposibilitada a liderar algo digno, y que no merezco muchas de las canciones que escucho de Al\u00ed Primera aunque cuando las escuche me dure el fusil emocional e intelectual medio d\u00eda. Camino hacia el casco de la ciudad, las paredes de los barrios forman un collage de consignas a favor o en contra de Ch\u00e1vez, hay consignas escritas como Ch\u00e1vez te amamos, Patria o muerte, o, No.es no, etc. Ah, si yo fuera Presidenta de este pa\u00eds ser\u00eda toda una moner\u00eda como la Cristina Fern\u00e1ndez&#8230; No. No nac\u00ed para ser Presidenta de nada, a simple vista no calo en ning\u00fan oficio. No me recib\u00ed en medicina porque sufro de necrofobia, ni en ballet porque tengo los huesos blandos, ni soy mecan\u00f3grafa porque odio escribir cosas ajenas, ni budista porque me ladilla la meditaci\u00f3n, ni cien-t\u00edfica porque soy muy burra, ni librera porque regalar\u00eda todos los libros, ni puta porque el semen me da trauma, ni abogado porque me da asco defender aquello en lo que no creo, ni madre&#8230; porque no estoy segura, si aqu\u00e9l de mayo del a\u00f1o 1987, en un quir\u00f3fano helado de esta u otra ciudad, me extrajeron el \u00fatero, o el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Al parecer para lo \u00fanico que sirvo es para la ventriloquia y para escribir novelas inenarrables. Convendr\u00eda aprovechar el creciente inter\u00e9s de editoriales nacionales en incluir voces emergentes dando fin a la edad mendicante del poeta. Tal vez lo intente. En este pa\u00eds toc\u00f3 bajar del pedestal del pensamiento y trabajar como seres humanos por los seres humanos.<\/p>\n<p>Hoy el d\u00eda promete ser agresivo. Busco un caf\u00e9 donde sentarme a perder dos horas, donde exhibir mi imaginaria condici\u00f3n peque\u00f1oburguesa, donde evadir mi cuarto sin mascotas y sin \u00e1rboles. Pienso en la madre de Babela, andrajosa y simple, la impotencia que debe atravesarle el est\u00f3mago cuando busco a su hija y le compro zapatos nuevos con lo poco o nada que queda de mis prestaciones sociales. Debe estar odi\u00e1ndome esta mujer, odi\u00e1ndose a s\u00ed misma por haber perdido el hero\u00edsmo, y debe estar odiando a su hija por ser el recordatorio perenne de esta humillaci\u00f3n. Babela tiene conciencia de esto \u00faltimo y usa mis obsequios, en cierto modo, para lastimarla. Yo no me meto. No me importa la madre de Babela, quiz\u00e1 tambi\u00e9n aborrezca su pereza social, su cobard\u00eda. Sin embargo las pocas veces que nos hemos mirado a los ojos lo hemos hecho desde un mismo nivel, y creo que esto se debe precisamente a que tampoco soy mejor que ella.<\/p>\n<p>Sorbo el ins\u00edpido caf\u00e9 de la m\u00e1quina, est\u00e1 horrible, Espanto con suaves manotazos a dos abejas que sobrevuelan la taza y mi blusa de flores; es rid\u00edculo, inc\u00f3modo y desesperante el p\u00e1nico que nos producen estos animales tan peque\u00f1os y tan obstinados, aterrador el zumbido de todo lo que pica y nos persigue. Algo humano me impide matarlas. La gente me mira distra\u00edda y ecol\u00f3gicamente. Pero, \u00bfqu\u00e9 direcci\u00f3n pod\u00eda darle a Babela? Si ahora que recuerdo, vivo en Santa Teresa, en un hotelito provinciano desde hace cinco a\u00f1os, desde que a mi marido se le ocurriera enamorarse de un sujeto del que pudo enamorarse cualquier otro. Y recuerdo esto en caso de que yo pudiera llevar cuentas de lo solidaria que una se pone a veces, cuando la persona a la que amabas le da por ser honesto. Ahora tiene marido, un hombre muy guapo nativo de la Republique Francaise, exactamente de Montpellier, llamado R\u00f3quefort, muy guapo, de amplios ojos claros, como de mantecado. Bueno, qu\u00e9 carajo, aprovech\u00e9 el bochorno para largarme. Si le respondo a Babela d\u00f3nde vivo m\u00e1s tarde tendr\u00e9 que explicarle de qu\u00e9 vivo, asunto que se preguntar\u00e1 de un momento a otro, nadie soporta saber nada de la gente que te obsequia cosas. Ficcionar\u00e1 sobre m\u00ed, en su fuero m\u00e1s \u00edntimo creer\u00e1 que tr\u00e1fico con ni\u00f1os o que soy proxeneta u otra porquer\u00eda.<\/p>\n<p>El ventilador gigante se mueve pese a s\u00ed mismo, esparce in\u00fatilmente el aire caliente de la panader\u00eda y el olor a pan con canela. Hay moscas dentro de los mostradores, me fumo un Belmont a pesar del calor y pese al imbebible caf\u00e9 de m\u00e1quina, estoy esperando que sean las ocho para regresar a la residencia. Do\u00f1a Veda se compadecer\u00e1 de m\u00ed al pensar que he pasado el d\u00eda entero buscando empleo con qu\u00e9 pagarle el alquiler, existe una naturaleza de utop\u00edas que no vale la pena aclarar. Me \u00a0pregunto qu\u00e9 pasar\u00eda dentro de m\u00ed si Babela me besara, de buscar una luz perversa para iluminarle la boca&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfOctavia? \u00bfEres t\u00fa?<\/p>\n<p>Escucho una voz familiar a mis espaldas. Me volteo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Isabela, qu\u00e9 tal!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Octavia, s\u00ed eres t\u00fa, cu\u00e1nto tiempo! \u2014nos saludamos con un beso en la mejilla, yo un poco fastidiada de encontrarme a una amiga de Ant\u00f3n Ulloa, mi ex marido\u2014 \u00bfY c\u00f3mo est\u00e1s?<\/p>\n<p>\u2014Excelente \u2014ment\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Se te nota \u2014minti\u00f3\u2014. Est\u00e1s tan&#8230; tan&#8230; distinta.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, un poco delgada y m\u00e1s vieja.<\/p>\n<p>\u2014Bastante, dir\u00eda yo. Quiero decir, delgada \u2014Isabela pide un caf\u00e9 al muchacho de la m\u00e1quina y enciende un cigarrillo. Luego viene a mirarme con ojos escrutadores, con ojos de tractor, con ojos de pasado. Se mata si no me pregunta por Ant\u00f3n, si no averigua en qu\u00e9 nivel del despecho me encuentro. No me seduce el tema, me seduce otra cosa, probar su imprudencia, por ejemplo:<\/p>\n<p>\u2014Y qu\u00e9 tal tu vida, Octavia, d\u00f3nde vives.<\/p>\n<p>\u2014Estoy residenciada por ac\u00e1 cerca \u2014aclar\u00e9 la garganta\u2014, en una posada muy agradable.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY a qu\u00e9 te dedicas ahora?<\/p>\n<p>\u2014A lo mismo.<\/p>\n<p>\u2014Es dif\u00edcil sobrevivir de la ventriloquia&#8230;.<\/p>\n<p>\u2014En absoluto, tiene sus temporadas bajas, pero en general es un oficio muy apreciado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY Ant\u00f3n? Tengo a\u00f1os que no lo veo.<\/p>\n<p>\u2014Yo no lo veo nunca \u2014aclar\u00e9 complacida\u2014. No s\u00e9 nada de \u00e9l desde hace cinco a\u00f1os, desde que se fue a Francia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Caramba! \u2014dijo indignada\u2014. \u00a1Pero, qu\u00e9 pena! Has debido pasarla mal.<\/p>\n<p>\u2014No tanto. Ya sabes, el estado ideal es el del soltero, el jubilado o el divorciado \u2014brome\u00e9\u2014. Soy divorciada y no me va mal \u2014ella sonri\u00f3 e hizo una mueca de asco una vez que prob\u00f3 el caf\u00e9\u2014. \u00bfY t\u00fa, c\u00f3mo va todo?<\/p>\n<p>\u2014Bien. Acabo de comprar una linda casa en la monta\u00f1a. Deber\u00edas subir un d\u00eda de estos, mi marido y yo pronto celebraremos nuestro d\u00e9cimo aniversario.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 iba a estar subiendo yo nada, los amigos de los ex matrimonios son ex amigos, no tiene caso forzar amistades con ellos. \u00bfPor qu\u00e9 la vida de los dem\u00e1s a veces parece ser mejor que la nuestra?<\/p>\n<p>\u2014Uy \u2014profer\u00ed mirando el reloj\u2014, son las ocho. Me alegra verte y saber que est\u00e1s tan bien, pero tengo una cita \u2014ment\u00ed de nuevo, agujereada por la envidia y por un cierto despecho por mi antiguo matrimonio\u2014. M\u00e1ndale un abrazo a Elio y a tu hija.<\/p>\n<p>\u2014Claro \u2014sonri\u00f3 con falsa humildad\u2014. \u00bfMe das tu n\u00famero telef\u00f3nico?<\/p>\n<p>\u2014Por ahora no tengo \u2014ment\u00ed por cuarta vez, rogando que nadie me telefoneara en ese instante y me desmintiera\u2014, pero s\u00e9 que estaremos vi\u00e9ndonos seguidamente. Yo pago el caf\u00e9 \u2014pagu\u00e9 los caf\u00e9s y sal\u00ed de la panader\u00eda.<\/p>\n<p>Tomo el camino de regreso a mi hogar, un hogar con tres d\u00edas de retraso en el alquiler y una nevera en la que todos aportamos los manjares m\u00e1s manjares de la pobreza y los bocados m\u00e1s bocados de los periodos de bonanza, propio de una frugalidad m\u00e1s o menos epic\u00farea. Voy maldiciendo, tentada en caerle a dentelladas a un cable el\u00e9ctrico de alta tensi\u00f3n. Octavia Fern\u00e1ndez ex Ulloa. Ex casada, ex amada, exfoliada, ex feliz, ex lubricada.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sol-linares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sol Linares Tomate uno \u2026hay que escoger: o vivir o contar. Jean-Paul Sartre Si pudiera escribir una gran novela, llamo gran novela a un virtuosismo muy clasic-post, algo as\u00ed como una m\u00e1quina de hacer helados de coco, que incluya dos pu\u00f1os de boxeo mec\u00e1nicos para inmovilizarnos la moral y que no tenga nada que ver, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":8265,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8264"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8264"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8264\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8271,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8264\/revisions\/8271"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8265"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8264"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8264"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8264"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}