{"id":8234,"date":"2023-06-15T20:18:49","date_gmt":"2023-06-15T20:18:49","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8234"},"modified":"2023-11-24T18:13:29","modified_gmt":"2023-11-24T18:13:29","slug":"ese-animal-que-engana-mi-vientre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ese-animal-que-engana-mi-vientre\/","title":{"rendered":"Ese animal que enga\u00f1a mi vientre"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Juan Martins<\/h4>\n<p>El cortejo de esta enfermedad medieval alcanza mi rostro en el fallido intento de la mirada. Tus movimientos quieren que seas un trozo intangible del deseo que se entrega al desgarro de mis ojos. Y eso no te produce el m\u00e1s m\u00ednimo dolor, pero nadie pone en duda de que tu enfermedad se prolonga como el placer. Poco antes debo tomar este libro, leerlo, y dejar que la ciudad muera detr\u00e1s de ti, reposando del otro cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Tus manos se partieron dentro de tu voz. Sumisa y virgen por la oscuridad, tus calles encarnan el bestiario de la noche. En esta habitaci\u00f3n la presencia del espejo me recuerda que tengo que regresar al otro lado del anticuario para saludar a mi gato \u2014he recobrado el don de hablarle a los gatos\u2014, pero tendr\u00e9 que lidiar con tu boca, lenta y cansina por mentir, y reposa en mis s\u00e1banas un pedazo de amor para otra amante en el silencio del sue\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Encuentro en la inclinaci\u00f3n de tu sangre la sustancia de tu ingravidez, con la fr\u00eda voluntad de tocarme en contra de la noche. Y tu belleza cede ante la muerte por letargo. Las paredes no recuerdan tu dolor en la soledad de la casa: es una iron\u00eda de nuestra distancia querer permanecer en el abrazo. Cada vez m\u00e1s fuerte en el desamor.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Encuentro en la inclinaci\u00f3n de tu sangre la sustancia de tu ingravidez, con la fr\u00eda voluntad de tocarme en contra de la noche. Y tu belleza cede ante la muerte por letargo. Las paredes no recuerdan tu dolor en la soledad de la casa: es una iron\u00eda de nuestra distancia querer permanecer en el abrazo. Cada vez m\u00e1s fuerte en el desamor.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La luz duerme sobre la pared, doblega el rastro de la puerta, que sin esfuerzo guarda en su interior mi mayor temor de lo olvidado. Ese vac\u00edo que me acaricia la memoria abre la membrana de esta ma\u00f1ana. A pesar de la noche, tomas el resto del licor, lo disfrutas. Miras a un lado la distancia que hay entre tus manos y las horas, sin que tu odio sea esta medida de las palabras, uniendo, en un imposible, el v\u00e9rtice del retrato con el deseo c\u00e1lido de tu presencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Miro en \u00e9l la hendidura de tu rostro. Lloro entonces el residuo de las palabras donde se sella la memoria. La noche me deja aquel sabor de ciudad h\u00fameda (inexorable en unos cuerpos que se niegan). Y mi rostro en cambio duerme sometido a la postraci\u00f3n: la mujer ama en la ca\u00edda de su cuerpo, despliegas de la comisura esa voz, ser\u00e1 porque te es ajena la voluntad de su secreto. Lenta y amarga es tu despedida cuando la intenci\u00f3n es amorosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Se ha consumado ese final ante el roce del cuerpo, plegada a las paredes, su humedad no ser\u00e1 suficiente para enmudecer el movimiento que entra golpeando la piel del pasado. Una vez con el recuerdo, estoy del otro lado de las rejas, acaso para enamorarme de tu semblante.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Ese animal que enga\u00f1a mi vientre. No soy yo, sino el que embiste con arrogancia, pero yace en la mentira de tus labios, yace en el recodo de lo cotidiano, yace en la quietud de tu olvido. Y tus caderas figuran lo inexorable de la derrota, a\u00fan lamiendo la piel de mi rencor.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Destierran la presencia de tu belleza fat\u00eddica. Trazo la escritura de ese s\u00edmbolo como si me perteneciera. Ese derecho que a\u00fan no han perdido los cuerpos cuando se aman. Y la belleza es as\u00ed porque alcanza a su verso detr\u00e1s de la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Le oigo mentir con su ladrido, como si la podredumbre se resistiera en la sumisi\u00f3n de tu acento. El tiempo de los \u00e1rboles tiene ahora esa herida donde el metal se clava con la punta de mi sangre. As\u00ed el desprecio embiste tu ciudad cuando el silencio de la noche escribe el sosiego: lentamente, lo s\u00f3rdido va ocupando la sensualidad del salitre. Por lo pronto, la voz del poeta quiere evocarte como si la tarde ocupara todos los d\u00edas del mundo. Y no, es el instante que trae hacia el and\u00e9n una descripci\u00f3n de la multitud. El ni\u00f1o sigue ladrando sin detener la violencia de su ingenuidad y se desplaza con todas sus fuerzas hacia mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El insomnio de las hojas despierta nuestro delirio de la infancia, despierta la obsesi\u00f3n del recuerdo, despierta el sufrimiento, el aliento de este oto\u00f1o y, sobre esa derrota del paisaje, sellan la huida de la voz para asir de esta ruina un secreto que nos congrega hasta el amanecer.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-martins-2\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Martins El cortejo de esta enfermedad medieval alcanza mi rostro en el fallido intento de la mirada. Tus movimientos quieren que seas un trozo intangible del deseo que se entrega al desgarro de mis ojos. 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