{"id":8188,"date":"2023-06-07T23:57:00","date_gmt":"2023-06-07T23:57:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8188"},"modified":"2023-11-24T18:13:30","modified_gmt":"2023-11-24T18:13:30","slug":"cuentos-jalados-por-los-cabellos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-jalados-por-los-cabellos\/","title":{"rendered":"Cuentos jalados por los cabellos"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Roberto Molinares<\/h4>\n<p><strong>EL VIENTRE DE LOS LAGARTIJOS<\/strong><\/p>\n<p>Observo el mar desde mi ventana; parece que se avecina una tormenta. Percibo un tenue olor a caf\u00e9 reci\u00e9n colado. Observo a Chanteclair dando saltos y chillidos en su jaula. El viejo V\u00edctor me dijo alguna vez: \u00abNo te acerques demasiado. El p\u00e1jaro ver\u00e1 su propia imagen en tus pupilas, y creer\u00e1 que es un abejorro. Tu luz puede apagarse de un solo picotazo\u00bb.<\/p>\n<p>Estoy en mi casa de playa y me propongo desenterrar un tesoro. Voy hasta una de las habitaciones. Descorro la puerta del closet. Hay abrigos y sombreros. Abajo, zapatos femeninos de todos los colores y estilos. Hago un espacio barri\u00e9ndolos con mis pies y comienzo a cavar en el piso con una piqueta de alba\u00f1il. El primer golpe cuartea el granito y dibuja una tela de ara\u00f1a. Tomo impulso y agrando la herida. El olor a caf\u00e9 comienza a esparcirse por toda la casa. Chanteclair canta, acompa\u00f1ando la cadencia de mis golpes. Ha empezado a llover. Pronto el hoyo se hace lo suficiente grande para engullirme. He dejado atr\u00e1s el granito y ahora estoy sobre tierra compacta, que luego da paso a una arenisca oscura y mojada que huele a playa. Con una pala, extraigo c\u00famulos de arena. El crujido de la pala contra algo grande y s\u00f3lido me saca una sonrisa. En efecto, es lo que pienso: un cofre pesado. Vuelo a martillazos el seguro. Al abrir la tapa, se escapa una fuerte luz de su interior, y debo apantallar mis ojos con las manos. La luz mengua poco a poco como una linterna que agota sus bater\u00edas. Deber\u00eda sorprenderme o desconcertarme, pero no ocurre as\u00ed. Dentro hay un coraz\u00f3n palpitando. Es una entidad viva y viscosa. Tomo una decisi\u00f3n guiado m\u00e1s por la curiosidad que por el instinto. Lo corto de cuajo de inmediato sin que sangre.<\/p>\n<p>En su interior hay un cilindro que tiene una etiqueta con una fecha que no puedo distinguir. \u00bfUna c\u00e1psula de tiempo? Parece un tubo de ensayo met\u00e1lico. Lo abro y me llevo otra sorpresa. De su interior sale una peque\u00f1a salamandra de color violeta que sube por mi mano, adhiriendo su vientre fr\u00edo a mis dedos. Me asalta un nuevo recuerdo del viejo V\u00edctor: \u00abLa felicidad se encuentra en el vientre de los Lagartijos\u00bb. El violeta es un bello color.<\/p>\n<p>Me debato. No s\u00e9 si deba abrir el vientre del lagartijo. Admito que me gustar\u00eda saber lo que lleva adentro, aunque creo que la salamandra ignora mis intenciones.<\/p>\n<p>Emerjo del hueco y voy hasta la sala. Observo el mar emborrascado desde mi ventana mientras tomo una taza de caf\u00e9.<\/p>\n<p>La tormenta ya est\u00e1 aqu\u00ed y efectivamente se desgarra el cielo con una espada de luz que toca las aguas en el horizonte. Es un trueno descomunal y extenso que me saca con sobresalto de mi cama y de mis s\u00e1banas.<\/p>\n<p>Estrujo mis ojos y dejo caer mi almohada. Resulta que he estado de gira por mundos alternativos gracias a mis dotes de onironauta, y encuentro en ambas realidades algunas sincron\u00edas: el acecho de la tormenta y la lluvia.<\/p>\n<p>Me preocupa Chanteclair por su temor a los truenos. Voy presuroso en su b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>Contemplo una escena de horror. El ave tiene un barrote de su jaula atravesado en el pico como si pretendiera escapar o buscara ox\u00edgeno a toda costa. Algunas peque\u00f1as plumas a\u00fan flotan. El estruendo le ha cortado el h\u00e1lito aunque el rayo debe haber ca\u00eddo en alg\u00fan punto muy lejano del mar.<\/p>\n<p>Es extra\u00f1o\u2026 todav\u00eda danza el aroma de caf\u00e9 reci\u00e9n colado a pesar de que estoy completamente solo en la casa.<\/p>\n<p><strong>EN ESPERA DE SER LLAMADO<\/strong><\/p>\n<p>El piso es as\u00e9ptico y brillante como el de un hospital. De arriba emana una luz muy blanca, casi cegadora, que impide ver la fuente que lo origina. No hay paredes. Se vislumbra un blanco sinf\u00edn que se derrama hacia los cuatro costados. Sus pasos resuenan amortiguados por un eco met\u00e1lico como si estuviera encajonado en un recinto extremadamente grande y alto. El hombre va descalzo. Lleva ropajes blancos. No tiene recuerdos. Ning\u00fan concepto en su cerebro. Ninguna idea previa.&nbsp; No sabe por qu\u00e9, ni para qu\u00e9 se encuentra all\u00ed. No sabe qui\u00e9n es. No posee palabras para interpretar o describir. Carece de im\u00e1genes o medidores comparativos. A\u00fan as\u00ed, no siente angustia.<\/p>\n<p>Camina como aut\u00f3mata hasta que divisa a lo lejos algo peque\u00f1o que va agrand\u00e1ndose mientras se acerca. Es una silla en medio de la nada. La mira con detenimiento. Se acerca con cautela y la toca. Es blanca,&nbsp; centelleante como el sinf\u00edn que lo rodea. Se imagina sentado luego de copiar la forma del objeto. Flexiona las rodillas y coloca la espalda recta, dibuja con su propio cuerpo una l\u00ednea quebrada en \u00e1ngulos rectos como la mitad de una esv\u00e1stica. Se sienta. Experimenta un ligero alivio en sus pies, espalda y caderas. Algo parecido al placer, un descanso.<\/p>\n<p>Transcurre un tiempo indefinido.<\/p>\n<p>No posee conciencia temporal, ignora si han pasado minutos u horas. Sus dedos tamborilean sobre sus rodillas, es la insinuaci\u00f3n de una peque\u00f1a impaciencia. El tamborileo genera un tic tac acompasado. Tiene la frecuencia casi exacta de un reloj. Su rostro mira al frente, sus ojos bailan, las pupilas est\u00e1n contra\u00eddas por la luz. Comienza a sentir el rigor de la dureza de la silla; se revuelve inc\u00f3modo. De sus pies sube un hormigueo. Sus pies se est\u00e1n adormeciendo. Es una sensaci\u00f3n molesta de pesadez. De pronto, oye un chasquido. Es un ruido profundo y confuso como la voz deformada que sale de un parlante de aeropuerto. Jam\u00e1s ha o\u00eddo algo as\u00ed, pero sus ojos se elevan hacia la luz como buscando el origen. Entrecierra los ojos y se apantalla con el dorso de la mano. Entre sus dedos se cuelan hilos luminosos que hieren sus ojos. Se pone en pie como si respondiera, como si hubiese sido llamado, como si de pronto recordara que tiene un nombre. En la distancia comienza a aparecer una incisi\u00f3n que surge del sinf\u00edn con un zumbido penetrante. Comienza a abrirse una compuerta. Inicia un recorrido: pasos vacilantes que se vuelven decididos y seguros. Una corriente lo hala. Parece un insecto atra\u00eddo por la luz. Se detiene frente a la herida vertical reci\u00e9n abierta. Puntos de luz se encienden y apagan alrededor de ella. Es una vagina c\u00f3smica. Por fin puede mirar m\u00e1s all\u00e1, fuera del recinto absurdamente grande donde ha estado retenido. Lo que mira es asombroso y le sobrecoge. Le sobrecoge a pesar de no tener par\u00e1metros para interpretar la belleza. Ante s\u00ed, tiene un paisaje extra\u00f1o. Es un espect\u00e1culo incomprensible, eterno, desconcertante. Sus ojos palpan y recorren la negritud del espacio sideral abarrotado de estrellas fenecidas hace millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Es una sensaci\u00f3n extra\u00f1a y familiar. Sus ropajes se agitan con levedad como las aletas de tul de un pez bailarina. Tiembla mientras una brisa g\u00e9lida lo azota. Da un paso hacia el vac\u00edo. Flota.<\/p>\n<p><strong>EL GLOBO AMARILLO<\/strong><\/p>\n<p>El tiovivo da vueltas al son de una musiquilla insoportable. Una voz chillona de payaso emana desde un altavoz colgado de una torre: Vea la asombrosa transformaci\u00f3n de una hermosa mujer en una bestia peluda. En la entrada de la tienda, est\u00e1 pintado un monstruo parecido al Abominable Hombre de las Nieves.<\/p>\n<p>Pap\u00e1 me compra un globo amarillo y lo amarra a mi dedo. El globo tira hacia arriba como si quisiera arrancarlo.<\/p>\n<p>Voy sobre los hombros de pap\u00e1. El hilo corta mi carne. Me fastidia. Me saco el hilo y el globo se aleja. Grito y se\u00f1alo el globo fugitivo con el dedo a\u00fan marcado por el hilo.<\/p>\n<p>Nada se puede hacer. No hay salto humano que lo alcance. Es una sensaci\u00f3n absurda de vac\u00edo en mi est\u00f3mago, una sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida. \u00bfA d\u00f3nde va? \u00bfLlegar\u00e1 hasta el techo del cielo? Pap\u00e1 me aclara que el cielo no tiene techo. \u00bfY eso negro donde est\u00e1n las estrellas y donde est\u00e1 colgando la luna, no es un techo? No, no es un techo, responde pap\u00e1. El cielo es infinito. \u00bfQu\u00e9 es el infinito? Pap\u00e1 se esfuerza por hallar una respuesta para mi edad: El cielo no se acaba nunca, el globo subir\u00e1 y subir\u00e1 hasta que no lo podamos ver m\u00e1s. \u00bfVes? Cada vez es m\u00e1s peque\u00f1o: eso es el infinito.<\/p>\n<p>No lo puedo entender. Es un concepto aterrador. Una distancia inimaginable e incomprensible. Siento angustia. Un desesperante vac\u00edo de ca\u00edda invertida. Un v\u00e9rtigo ascendente y vertical. Eso de subir por siempre sin nunca alcanzar un punto definitivo es escalofriante.<\/p>\n<p>Siento que soy el globo amarillo. Lucho contra la ingravidez de mi cuerpo. Tengo mucho temor a pesar de no haber entrado en la carpa del Abominable Hombre de las Nieves. No es para menos: el cielo no tiene techo.<\/p>\n<p>Tengo ganas de llorar.<\/p>\n<p><strong>FANTASMA ENAMORADO<\/strong><\/p>\n<p>La atemorizante figura de Sir Henry Morgan es casi transparente. Su mano sana descansa sobre la empu\u00f1adura de su espada, responsable de cientos de decapitaciones. En su frente tiene una arruga similar a una cicatriz. Nadie conoce su secreto, pero Morgan es un fantasma que a\u00fan pena en altamar despu\u00e9s de cuatro siglos, pero no por sus cr\u00edmenes de guerra. Anida un dolor en su coraz\u00f3n. Inconsolable, el pirata sufre por una eterna pena de amor.<\/p>\n<p>Sobre su hombro lleva un asombroso p\u00e1jaro que ostenta el color de la hierba del Caribe, un ave que puede hablar. Cuando el p\u00e1jaro lo hace, el rostro del pirata cambia, sonr\u00ede y la arruga de la frente desaparece. La criatura lleva por nombre Rita Watford, como la chica de ojos azules que le brind\u00f3 el primer beso en su natal Gales y le inspir\u00f3 sus iniciales y torpes sonetos. Ten\u00edan trece a\u00f1os cuando se juraron amor, hasta que un hecho terrible trunc\u00f3 el idilio. Morgan fue secuestrado en Bristol y vendido como esclavo en las Bermudas. Se convirti\u00f3 en un desalmado, un personaje de leyenda, el pirata m\u00e1s temido de la historia.<\/p>\n<p>Rechina la cubierta por el taconeo de su pata de palo. Su nav\u00edo destartalado y neblinoso huele a p\u00f3lvora. En lo alto ondea la bandera de la muerte. Morgan intenta hacer hablar a Rita. El ave se niega y ladea la cabeza, observa al pirata desde la perspectiva de un solo ojo.<\/p>\n<p><em>Dame un besito Rita, por favor, \u00a1anda preciosa!<\/em><\/p>\n<p>Curiosamente, Morgan no suplica en su idioma. Tiene un fluido castellano gracias al intercambio con sus prisioneros hispanos y caribe\u00f1os. Deja caer con desd\u00e9n el brazo terminado en garfio. <em>\u00bfPara qui\u00e9n habr\u00e1n sido sus besos y aquella mirada azul que tanto se me parece al mar?<\/em><\/p>\n<p>Morgan es un fantasma enamorado y triste. Rita, finalmente, imita el chasquido de un beso. Morgan sonr\u00ede y la arruga de su frente desaparece.<\/p>\n<p><strong>UN EXTRA\u00d1O AVE DE RAPI\u00d1A<\/strong><\/p>\n<p>Rub\u00e9n hab\u00eda ido de cacer\u00eda y regres\u00f3 con un ave dif\u00edcil de identificar. Lo hab\u00eda bajado de una pedrada, pero no se conform\u00f3 con matarlo. Le at\u00f3 las patas y ech\u00f3 a correr arrastrando al animal contra el pavimento. Iba del poste de la esquina hasta el abasto de Manuele. Era un gran espect\u00e1culo y pronto tuvo lo que quer\u00eda: p\u00fablico. Los vecinos se preguntaban qu\u00e9 clase de ave era. Ten\u00eda que ser de rapi\u00f1a por el pico, por las garras y sobre todo por el tama\u00f1o. Ten\u00eda un penacho de plumas blancas, el resto del cuerpo era negro. Era una terrible crueldad hacerle eso aunque estuviera muerto. Por incre\u00edble que parezca, nadie le recrimin\u00f3, ninguno lo confront\u00f3. As\u00ed \u00e9ramos, indolentes como Rub\u00e9n. Esa era la forma de exhibir su triunfo, su punter\u00eda, su extra\u00f1o animal cazado. La travesura nos sacaba del tedio y el bochorno de la tarde era algo nuevo y distinto.<\/p>\n<p>Las plumas se desprendieron y quedaron regadas a lo largo de la cuadra. Cuando Rub\u00e9n ya no pod\u00eda por el cansancio, decidi\u00f3 desatarlo. Le tom\u00f3 algunos minutos. Lo hizo con pulso tembloroso por el agotamiento. Probablemente har\u00eda una sopa con \u00e9l. El ave ten\u00eda el pico entreabierto, la pupila contra\u00edda, el elegante penacho sucio y despeinado.<\/p>\n<p>De pronto la criatura se sacudi\u00f3. Rub\u00e9n se ech\u00f3 hacia atr\u00e1s. La calle se llen\u00f3 de exclamaciones. Aprovechando la sorpresa de su verdugo, el ave se incorpor\u00f3 intuyendo que ten\u00eda una m\u00ednima posibilidad. Sacudi\u00f3 las alas con el poco plumaje que quedaba. \u00bfQu\u00e9 p\u00e1jaro pod\u00eda soportar una pedrada? \u00bfQu\u00e9 animal pod\u00eda sobrevivir despu\u00e9s de ser arrastrado una y otra vez contra el pavimento? Uno muy resistente, uno muy raro, uno desconocido.<\/p>\n<p>Ech\u00f3 a volar. Rub\u00e9n estaba muy confundido, ten\u00eda una mueca de horror. Un graznido se oy\u00f3 en la lejan\u00eda. Algunas plumas todav\u00eda flotaban. Todos miramos las nubes te\u00f1idas del ocaso. Parec\u00eda el tel\u00f3n del juicio final.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/roberto-molinares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Molinares EL VIENTRE DE LOS LAGARTIJOS Observo el mar desde mi ventana; parece que se avecina una tormenta. 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