{"id":8054,"date":"2023-05-16T01:38:22","date_gmt":"2023-05-16T01:38:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=8054"},"modified":"2024-07-02T22:23:46","modified_gmt":"2024-07-02T22:23:46","slug":"dos-cuentos-de-carlos-eduardo-frias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-carlos-eduardo-frias\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Carlos Eduardo Fr\u00edas"},"content":{"rendered":"<h3>El camarote<\/h3>\n<p>Por el filo de la media noche, el camarote estaba ah\u00edto de oscuridad. Hac\u00eda uncalor sofocante. Las dos literas, una arriba, otra abajo, adheridas a la pared de tablas ensamblados. La de encima cruj\u00eda de continuo. Parec\u00eda iba a volcarse, con el peso del hombre aqu\u00e9l tan macizo y membrudo.<\/p>\n<p>En la de abajo, apenas destac\u00e1base de entre las s\u00e1banas, el cuerpo huesoso de otro hombre, Este \u00faltimo, varias veces experiment\u00f3 un deseo fuerte de exigirle a su compa\u00f1ero de cuarto que cambiasen. Ser\u00eda mejor, dormir\u00eda tranquilo. No se atrevi\u00f3 a despertarle. Era tan musculoso. Ten\u00eda unos ojos tan extra\u00f1os. Hab\u00edase fijado mucho en ellos durante la comida. Mejor era dejarlo roncar con aquellos resoplidos de foca en celo&#8230; \u00a1Era tan musculoso!<\/p>\n<p>El hombre esquel\u00e9tico se asfixiaba, \u00a1Malditos camarones! Pidi\u00f3 dos raciones, con aquella dispepsia que lo estaba matando. \u00a1Qu\u00e9 barbaridad! Era tanto su compa\u00f1ero, \u00a1c\u00f3mo lo envidiaba! C\u00f3mo envidiaba sus ronquidos anchos, por donde pasaba todo el aire del camarote. Y su cuello de toro. Y su estatura de gigante. Y aquella voz de caverna. Todo en \u00e9l era monumental, .. deb\u00eda ser americano del Norte&#8230;<\/p>\n<p>No pudo soportar m\u00e1s&#8230; Se incorpor\u00f3 en la litera. Para llegar al tragaluz ech\u00f3 a rodar el cubo de agua sucia. Una de las manos se le engarz\u00f3 en las \u00abel\u00e1sticas del otro, que estaban colgando.<\/p>\n<p>Tir\u00f3 del circulo de metal. Con una aspiraci\u00f3n profunda, sorbi\u00f3se un chorro de brisa empapada en luna.<\/p>\n<p>Les cabellos escasos, se le empenacharon sobre el cr\u00e1neo, El viento hizo una ronda por el camarote.<\/p>\n<p>Una luna llena impresionante, se desnudaba frente al mar. El hombre esquel\u00e9tico sintiose aliviado. Dejando el tragaluz con su boca circular abierta, fue de muevo a la litera.<\/p>\n<p>No pudo conciliar el sue\u00f1o, \u00a1Malditos camarones! Una furia enorme lo estrujaba, cada vez que de lo alto de la otra litera, bajaba \u00e9l ronquido satisfecho y ruidoso del hombre membrudo&#8230; Quiz\u00e1s hasta ser\u00eda inteligente&#8230;<\/p>\n<p>El buque fue sacudido por un cabeceo repentina. Un espejo, qu\u00e9 colgaba de la pared de enfrente, se lade\u00f3. La luna del espejo inund\u00f3se de luz de luna y se derram\u00f3 sobre las literas. El hombre esquel\u00e9tico, inclinando un poco la cabeza, logr\u00f3 evadir la claridad. Pero, en la litera de arriba, el otro, recib\u00eda de lleno, el reflejo lechoso&#8230;<\/p>\n<p>A la media hora, cesaron los ronquidos. Entonces la brisa logr\u00f3 meter dentro del camarote, el ruido de las olas contra el buque. Un ruido como de remos sigilosos y forrados en fieltro.<\/p>\n<p>A la hora, los alambres de acero, bojo la mole del hambre, parec\u00edan saltar, aplastados por la tensi\u00f3n. Y daba unas vueltas muy r\u00e1pidas dentro las bordes del lecho angosto.<\/p>\n<p>Cayeron de arriba des almohadas, El hombre esquel\u00e9tica estaba regocijado. El hombre membrudo sufr\u00eda de pesadillas. Ahora no lanzaba sus ronquidos insultantes. Prefer\u00eda ser disp\u00e9ptico.<\/p>\n<p>Cuando, a su ver, cayeron las s\u00e1banas, interceptaron un momento el resplandor del espejo. El hombre esquel\u00e9tico se re\u00eda y al volver el reflejo sobre las literas, las dientes amarillos, se le blanquearon. Estaba encantado. Ya pod\u00eda dormir. La pesadilla del otro, del hombre saludable, era su mejor narc\u00f3tico&#8230;<\/p>\n<p>Su contextura espiritual, biliosa y amargada, de hombre raqu\u00edtico, se hallaba libre de un gran peso. El pecho acanalado, sub\u00eda y bajaba, r\u00edtmicamente&#8230; Se dorm\u00eda.<\/p>\n<p>Una impresi\u00f3n de asfixia lo hizo despertar. Trat\u00f3 de incorporarse y no pudo, Con un movimiento angustioso se llev\u00f3 las manos al pecho. Sus dedos circundaron la carne de un pie. Hacienda un esfuerzo grande, logr\u00f3 apartarlo. Lanz\u00f3se al suelo.<\/p>\n<p>Con un miedo atroz, recostado contra el fondo del camarote, ve\u00eda la estatura elevada del otro, escurri\u00e9ndose de la litera alta a la de abajo. Llev\u00f3se las manos a la boca y comenz\u00f3 a comerse las u\u00f1as, a morderse los dedos. El cuerpo sacudido de temblor. En tanto el hombre membrudo se mov\u00eda, envuelto en la claridad lechosa del espejo.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 al suelo, ten\u00eda los ojos desorbitados y a pesar de la tiza de la luna, el rostro estaba rojo, apopl\u00e9tico. Parec\u00eda m\u00e1s alto y los ojos aparec\u00edan enormes, desmesurados, espantosos.<\/p>\n<p>El hombre esquel\u00e9tico subi\u00f3se a una silla. Su cabeza lleg\u00f3 al nivel del tragaluz. En su terror, sent\u00eda como si las paredes del camarote fueran acerc\u00e1ndose hasta aplastarlo.<\/p>\n<p>El otro, tambaleante, segu\u00eda ba\u00f1ado en luna. Estuvo un rato largo, oscilando. Luego cay\u00f3 al suelo, con ruido fofo&#8230;<\/p>\n<p>Todav\u00eda se revolc\u00f3 alg\u00fan tiempo&#8230; hasta que se fue quedando inm\u00f3vil&#8230; inm\u00f3vil&#8230;<\/p>\n<p>El hombre esquel\u00e9tico, incrustado contra la pared, se qued\u00f3 vi\u00e9ndolo, esperando.<\/p>\n<p>Con los ojos desorbitados, alto, m\u00e1s alto que nunca, segu\u00eda ba\u00f1ado en luna&#8230;<\/p>\n<p>Parec\u00eda que lo hubiesen estrangulado&#8230; Parec\u00eda que lo hubiesen asfixiado. ..<\/p>\n<p>El hombre esquel\u00e9tico, al trav\u00e9s de su espanto, imagin\u00f3se que al d\u00eda siguiente lo acusar\u00edan de asesino.<\/p>\n<p>Nadie m\u00e1s que \u00e9l pod\u00eda ser, nadie m\u00e1s que \u00e9l&#8230;<\/p>\n<p>Desde la silla, dio un brinco por encima del otro, abri\u00f3 la puerta del camarote y se arroj\u00f3 afuera.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a la borda, no lo hab\u00edan visto. Tenia la seguridad. Estaba en la popa. Sobre cubierta se apilonaba un cabestro, uno de esos cabestros gordos de los buques. A fuerza de empujones, luego de amarrar un extremo, lo fue lanzando al mar.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a descender&#8230; \u00e9l mismo no sabia para qu\u00e9. Confusamente sent\u00eda que as\u00ed podr\u00eda salvarse. Se esconder\u00eda. Esperar\u00eda la ma\u00f1ana. Quiz\u00e1s lograra despu\u00e9s desamarrar un bote&#8230;<\/p>\n<p>Segu\u00eda descendiendo&#8230; Un polvillo como de agua pulverizado, comenz\u00f3 a mojarle los pies&#8230;<\/p>\n<p>Entre la oscuridad, metida en el mar, estaba la h\u00e9lice dando unas volteretas vertiginosas.<\/p>\n<p>Segu\u00eda descendiendo&#8230; descendiendo,,. No ten\u00eda ya fuerzas ni deseos de sostenerse, hacia all\u00ed, bajo la curva de la popa, una frescura deliciosa. Unas oleadas mansas y tibias le ba\u00f1aron las carnes que le ard\u00edan.<\/p>\n<p>Paf&#8230; un pie. El dolor le hizo aflojar las manos&#8230;<\/p>\n<p>Paf&#8230; una pierna&#8230; Intent\u00f3 subir a lo largo del cabestro gordo&#8230; No pudo&#8230;<\/p>\n<p>Paf&#8230; el pecho&#8230; Paf&#8230; la cabeza&#8230; Paf&#8230; Paf&#8230;<\/p>\n<p>Entre la oscuridad, metida en el mar, estaba la h\u00e9lice dando unas volteretas vertiginosas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Agon\u00eda al fondo<\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\">I<\/p>\n<p>Primero la mano sobre la gastada tela de la cortina, despu\u00e9s esa tos convencional de quien anuncia su presencia estableciendo una pausa discreta, suficiente como para que las bocas se alejen o las palabras, demasiado desnudas, se vistan a toda prisa de banales adornos. Al fin, la cabeza rapada y el cuerpo enjuto, desliz\u00e1ndose por la cortina en rendija, cuyos aros de cobre despidieron un deslizado y agrio chirrido.<\/p>\n<p>&#8211; Ustedes perdonen, pero hoy no habr\u00e1 m\u00fasica&#8230; El viejo se est\u00e1 muriendo&#8230; Ustedes comprenden&#8230; \u00a1si por mi fuera!&#8230; los familiares est\u00e1n arriba con el m\u00e9dico. Les pregunt\u00e9 si deb\u00eda cerrar el restaurante y hubo una discusi\u00f3n entre ellos, sobre todo entre las mujeres que son muy sentimentales&#8230; Ja, ja&#8230; \u00a1Sentimentales! No se quitan el pa\u00f1uelo de los ojos pero no abandonan al abogado que hizo el testamento&#8230; \u00a1y c\u00f3mo lo sondean! \u00abDoctor, usted sabe que el pobre no tuvo hijos. \u00a1Qu\u00e9 l\u00e1stima! \u00a1Con lo que le gustaban los ni\u00f1os!&#8230; Menos mal que hay sobrinas que valen por las mejores hijas\u00bb. \u00abYo lo quer\u00eda mucho, pero no le ve\u00eda casi nunca. Usted sabe que la vida est\u00e1 muy complicada y mucho m\u00e1s para las que tenemos maridos pobres&#8230;\u00bb \u00ab\u00c9l siempre me dec\u00eda que era el vivo retrato de su hermana&#8230; Ser\u00eda por eso que me distingui\u00f3 tanto, a pesar de no estar de acuerdo con mis ideas&#8230; Usted sabe que una mujer moderna, choca con un familiar ya mayor, de ideas atrasadas\u201d \u201cA nosotras nunca nos interes\u00f3 el dinero del t\u00edo\u2026 esa es la pura verdad&#8230; pero ya que la fatalidad nos ha puesto en\u00a0 este trance&#8230; Este&#8230; Usted comprende, doctor, usted comprende\u201d<\/p>\n<p>Ella, con la mirada perdida, no recog\u00eda en sus o\u00eddos sino el abejeo de las palabras que sub\u00edan y bajaban, como banderines, a lo largo del m\u00e1stil cabeceante de la voz del hotelero. Ese peque\u00f1o oleaje de las palabras la transportaba hacia un mar distante, detenido en una tarde distante, cuando supo que la embriaguez que le inundaba el cuerpo no proven\u00eda del mar, del h\u00e1lito del mar, envolvente y t\u00e1ctil, de su poderoso aliento c\u00e1lido, traspalado de algas, de adioses, de peses en celo, de ramajes sumergidos, de saladas estrellas. Hasta aquella tarde crey\u00f3 que toda su embriaguez indefinible, su mundo de sensaciones inapresables, proven\u00eda del oc\u00e9ano y que lograba expresar lo Inexpresable cuando repet\u00eda con los ojos entornados: Me fascina el mar, me fascina&#8230;\u00bb Pero, ahora, sab\u00eda que no era as\u00ed porque, desde esa tarde, cada vez que \u00e9l se le aproximaba, a cualquier hora, en cualquier sitio, se repet\u00eda la misma misteriosa embriaguez y la misma deliciosa turbaci\u00f3n la invad\u00eda y, por eso, \u00e9l nunca podr\u00eda comprender el mensaje y la entrega contenidos en aquella sofocada frase, que ella sol\u00eda repetir a la orilla de sus caricias: \u00abMe fascina el mar, me fascina&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Esta noche, o\u00eda sin o\u00edr y la contemplaba desde el otro lado de la neblina de un recuerdo, que no era recuerdo, sino vaporosa Intimidad, alado deseo. Entreve\u00eda su perfil y adivinaba sus pensamientos\u00a0 siguiendo la l\u00ednea de sus labios, que vibraban siempre para ella, aun cuando permaneciera silencioso, escuchando el despezado e interminable discurso del hotelero.<\/p>\n<p>&#8211; Dos martinis- fue el comentario a su larga peroraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Est\u00e1 bien, se\u00f1or &#8211; desde la cortina volvi\u00f3se y a\u00f1adi\u00f3: &#8211; Les ruego excusarme si la atenci\u00f3n hoy es deficiente. Subo a ver c\u00f3mo sigue el viejo. Adem\u00e1s, es bueno que los parientes me vean all\u00e1 arriba, porque soy casi de la familia&#8230; &#8211; subray\u00f3 el tono c\u00ednico de la frase con un leve gui\u00f1o de ojos y desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Permanecieron muy juntos, repentinamente silenciosos. Dir\u00edase que una fina escarcha hab\u00eda descendido sobre la invisible hoguera de sus vidas, sobre aquella coruscante realidad, que su confluencia engendraba a cada encuentro. Entonces, toda la intensidad de su existir individual se multiplicaba, se refractaba de uno al otro, fundi\u00e9ndolos, arrebat\u00e1ndolos, complet\u00e1ndolos. Dejaban de ser cada quien para convertirse en un solo y poderoso \u00edmpetu vital que, naciendo de ellos, los destru\u00eda en s\u00ed mismos para hacerlos renacer, m\u00e1s all\u00e1 en la deslumbrante profundidad de una nueva existencia, subyugadora y compartida.<\/p>\n<p>Ahora, una vaga congoja esfumaba sus palabras, sus miradas, sus gestos. Una indefinible sensaci\u00f3n de cansancio invad\u00eda sus cuerpos, en los que un segundo antes, la vida se afirmaba crepitando. Sufr\u00edan la transparente presencia de la muerte, sin advertirla, equivoc\u00e1ndose, asombr\u00e1ndose m\u00e1s bien del marchitar s\u00fabito de su dicha. Al mismo tiempo, nueva melanc\u00f3lica sorpresa, todo el cursi ambiente del reservado se hab\u00eda ennoblecido imperceptiblemente. Aquellos paisajes de brocha gorda, los absurdos muebles tapizados de telas inveros\u00edmiles, los aburridos floreros con sus rosas de papel, el espejo de ro\u00eddo azogue, y hasta las consolas con su falso oro, toda aquella pacotilla escogida con un tino tan seguro por alg\u00fan genio de desv\u00e1n, que les hab\u00eda hecho sonre\u00edr y que hab\u00edan llegado a querer a fuerza de quererse, adquir\u00eda bruscamente un equilibrio solemne. Toda aquella decoraci\u00f3n detestable que la vida y el amor no alcanzaban a embellecer, se hab\u00eda impregnado de una serenidad imprevista que suavizaba las formas y los colores, comunic\u00e1ndoles una delicada armon\u00eda: y era que alguien, un ser humano, all\u00e1 arriba, agonizaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">II<\/p>\n<p>Hac\u00eda mucho rato que, sumergidos en sus pensamientos, dialogaban s\u00f3lo a trav\u00e9s de sus dedos entrelazados, cuando una voz de mujer, en franc\u00e9s, rompi\u00f3 el silencio desde el reservado vecino.<\/p>\n<p>Se intrigo, m\u00e1s por su naciente curiosidad, que se le antojaba una forma de la vida en aquel vago dominio de la muerte, que por el tono de la voz o el contenido de las frases, en s\u00ed mismas. Su instinto amoroso le impuls\u00f3 a compartir con ella la inesperada ventana que unos desconocidos abr\u00edan y que, quiz\u00e1s, renovara el aire que la muerte habla enrarecido. Como ella ignoraba el franc\u00e9s, sin musitar palabra, vert\u00edale mentalmente el di\u00e1logo, como si aun as\u00ed \u00a0pudiera escucharlo y hasta entender algunas expresiones que no traduc\u00eda. Dec\u00eda la mujer:<\/p>\n<p>&#8211; Le aseguro que todav\u00eda no s\u00e9 c\u00f3mo me encuentro aqu\u00ed, lejos de esa pesadilla. Si usted viera a Par\u00eds no lo reconocer\u00eda, porque algo est\u00e1 ausente o algo distinto lo habita. Despu\u00e9s de la liberaci\u00f3n est\u00e1bamos seguros de que nos volver\u00edamos a encontrar en nosotros mismos. <em>Pas du tout<\/em>. Somos unos fantasmas rodeados de fantasmas.<\/p>\n<p>Hablaba cansadamente. \u00abTiene arrugas hasta en la voz\u00bb, pens\u00f3 \u00e9l. Se la imagin\u00f3 muy maquillada, disimulando a\u00f1os y fatigas a fuerza de cosm\u00e9ticos. Hab\u00eda algo de marchito y desgarrado en su acento, de mujer que ha esperado noches enteras, en andenes helados, la llegada del tren. Un tren que la conducirla a cualquier parte en el desierto de su destino, ya que su destino estaba en cualquier sitio que no fuera aquel en el cual se encontraba. Que la alejara de aquellos duros bancos, de aquel enorme reloj que no marchaba, de aquel gendarme que la miraba tan extra\u00f1amente que no sabr\u00eda decir si le propon\u00eda un encuentro o si escudri\u00f1aba sus falsos papeles escondidos en el seno.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed. Es terrible, pero siempre exageramos cuando recordamos. La realidad no da tiempo para verificar la magnitud del drama que vivimos en el instante mismo en que somos actores. Despu\u00e9s, cuando recordamos, creemos reproducir fielmente lo vivido pero nos traicionan otros elementos que intervienen entonces: lecturas, sensaciones, episodios narrados por otros, que confundimos con los propios\u2026<\/p>\n<p>El Interlocutor se expresaba trabajosamente, como algunos asm\u00e1ticos. Su franc\u00e9s hab\u00eda perdido el matiz caracter\u00edstico, quiz\u00e1s por su prolongada permanencia en el extranjero. Parec\u00eda culto por sus comentarios y dejaba traslucir cierta autoridad en su tono.<\/p>\n<p>&#8211; Lo que usted dice puede ser cierto, pero es m\u00e1s cierto lo que be sufrido. Usted sabe muy bien lo que una mujer sola, en un mundo revuelto, tiene que soportar&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Y m\u00e1s si tiene su f\u00edsico&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; \u00abMerci\u00bb. Su galanter\u00eda no va a devolverme cuanto he perdido como mujer. <em>Pas du tout<\/em>. En otros tiempos, a pesar de que la cortes\u00eda es un h\u00e1bito muy franc\u00e9s, hubiese cre\u00eddo en mis encantos&#8230; Ahora, bah&#8230; Por mi cuerpo han pasado demasiados extra\u00f1os sin rostro y sin nombre como para conservar alguna ilusi\u00f3n sobre el particular. Tras cada puerta que se ha abierto ante m\u00ed, en estos horribles a\u00f1os, he ido dejando cuanto el espejo dec\u00eda que era m\u00edo. &#8211; Call\u00f3. Hubo una pausa.- Sigamos con nuestro asunto &#8211; concluy\u00f3 sarc\u00e1stica.<\/p>\n<p>&#8211; El champagne devuelve muchos encantos. Bebamos otra vez, por nuestro encuentro y por los fantasmas que no volver\u00e1n.<\/p>\n<p>Al otro lado, ella no entend\u00eda el idioma, pero conoc\u00eda admirablemente el lenguaje de los latidos de la sangre en la yema de los dedos, y se impacient\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; No est\u00e1s conmigo. \u00bfEs acaso m\u00e1s interesante lo que hablan esos que mis labios?<\/p>\n<p>La bes\u00f3 con una intensidad distante. La compar\u00f3, fresca y ardiente, con la mujer desconocida y una brusca oleada de simpat\u00eda compasiva le aguz\u00f3 el o\u00eddo.<\/p>\n<p>La otra hablaba de nuevo y hacia peque\u00f1as pausas como si apurase la champa\u00f1a en lentos sorbos, con una fruici\u00f3n temerosa.<\/p>\n<p>&#8211; Trabaj\u00e9 muy duro y con mucho riesgo. Con la Gestapo era suficiente para vivir en zozobra, pero adem\u00e1s estaban los otros.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfCu\u00e1les otros?<\/p>\n<p>&#8211; Los otros&#8230; hombres y mujeres, nuestros semejantes &#8211; ri\u00f3 hist\u00e9ricamente.- M\u00e1s champagne, por favor &#8211; a\u00f1adi\u00f3, ronca.<\/p>\n<p>&#8211; Va usted muy de prisa, amiga m\u00eda, tenemos mucho que hablar y el vino siembra la anarqu\u00eda en el esp\u00edritu. Me interesa mucho, mucho, que su memoria se estimule y que todos los detalles del pasado est\u00e9n presentes ahora; pero, eso s\u00ed, en orden, sin confusi\u00f3n. Adem\u00e1s, no olvide que ustedes las mujeres son animales sentimentales y el sentimiento desfigura los hechos, trastorna las ideas&#8230; &#8211; su fatigosa voz, gris y mesurada, hab\u00eda adquirido ese duro acento met\u00e1lico de alguien que, de pronto, quiere hacer sentir su jerarqu\u00eda.<\/p>\n<p>Un s\u00fabito silencio dej\u00f3 caer su impalpable distancia entre los interlocutores, cortando el di\u00e1logo. La vaga cordialidad anterior se fue con la \u00faltima burbuja que hizo estallar el \u00e1mbar de la copa, al borde mismo de una boca sedienta, de unos ojos nost\u00e1lgicos que, esta vez, seguramente, lanzaban imprecisos enconos. Dir\u00edase que ambos se observaban, cautos, a trav\u00e9s de la fr\u00e1gil muralla de cristal, brusca trinchera ahora.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">III<\/p>\n<p>-Exc\u00faseme, se\u00f1or -dijo azoradamente y todav\u00eda encogido a\u00f1adi\u00f3-; No estoy acostumbrado a trabajar as\u00ed. La muerte es una cosa muy seria, se\u00f1or. Esas mujeres llorando mientras sirvo una langosta a la vinagreta o este aperitivo, me descomponen. \u00a1Cu\u00e1ndo terminar\u00e1 todo esto! El viejo lleva todo el santo d\u00eda boqueando&#8230; y despu\u00e9s dicen que la vida cuelga de un hilo&#8230; \u00a1Qu\u00e9 de disparates!&#8230; \u00bfVerdad, se\u00f1or?<\/p>\n<p>\u201cNuestra noche, aqu\u00ed, parece naufragar\u201d &#8211; pens\u00f3 \u00e9l en tanto el mesonero desaparec\u00eda y se contemplaban de nuevo, \u00e1vidos, como si anhelasen recuperar su alegr\u00eda de siempre, su ardiente goce de estar juntos. Cada mirada, cada contacto les defend\u00eda de aquella turbia atm\u00f3sfera que les cercaba y que, una y otra vez, lograban disipar a trechos, alejando a la muerte, afirmando su vivo vivir.<\/p>\n<p>Movido por el h\u00e1bito, tom\u00f3 el mondadientes a cuyo extremo una aceituna gordezuela se chapuzaba en el Martini y lo alz\u00f3 hasta la boca de ella, de carnosos labios. Sus menudos dientes cercenaron, en un raudo centelleo, la pulpa verde y compacta y se retiraron luego, dejando la aceituna guillotinada por el medio. Maquinalmente hizo otro tanto y su paladar, al recibir el zumo aceitoso, percibi\u00f3, fino, ese sabor que no era sabor sino perfume, sino aliento, sino dibujo de la boca de ella. Entonces, como siempre, comenz\u00f3 a volar su imaginaci\u00f3n hacia ese mundo de las tenues sensaciones en que el recuerdo es un pasado encendido de presente, hacia aquellos distantes parajes que lo hac\u00edan regresar hasta ella. A ella que no exist\u00eda cuando \u00e9l viv\u00eda en ese otro mundo desaparecido y, con todo, era el \u00fanico rostro conocido que le sal\u00eda al encuentro cuando a \u00e9l retornaba, evoc\u00e1ndolo. Ese mismo rostro que en este instante contemplaba y que se iluminaba gradualmente, a medida que su mirada lo recorr\u00eda, poro a poro.<\/p>\n<p>Viajar su rostro era siempre una aventura deliciosa, cuyo gozoso secreto jam\u00e1s le confiar\u00eda por temor a romper su m\u00e1gico encanto y sobre todo porque intu\u00eda, sin confes\u00e1rselo a s\u00ed mismo, que revelarle su magia era, quiz\u00e1, convertirse en un prisionero. Pero era cierto, terriblemente cierto, que aquel ingenuo rostro asombrado estaba pleno de complicados mensajes que no alcanzaba a descifrar sino poniendo en juego todas sus facultades, sus sentidos, su cultura, su experiencia.<\/p>\n<p>\u201cMe hace so\u00f1ar con los ojos abiertos\u201d, se repet\u00eda cada vez que ese estado de trance, de lucidez delirante, le transportaba y a \u00e9l se entregaba voluptuosa y desmayadamente. \u00abPienso sin pensar&#8230; Desde lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de mi ser acuden las palabras no dichas, los pensamientos dormidos en el l\u00e9gamo de mis antepasados, la part\u00edcula de memoria que flota, imperceptible, en el olvido. Vivo lo que no pude vivir, recobro y doy lo que no di antes\u201d.<\/p>\n<p>La aceituna cruj\u00eda y el huesecillo, casi mondo, rodaba entre el paladar y la lengua y las papilas, al contacto del zumo, hac\u00edan del paladeo un placer m\u00e1s que sensual que se transformaba progresivamente, multiplic\u00e1ndose, diluy\u00e9ndose, hasta convertir todo su ser en una tensa vibraci\u00f3n resonante. All\u00ed estaba ella a\u00fan. S\u00ed. Pero ya casi no la ve\u00eda de tanto mirarla o m\u00e1s bien, tal vez, porque ya \u00e9l se desdoblaba y se alejaba, qued\u00e1ndose. Tapices transparentes desfilaban entre el rostro de ella y sus ojos. Gobelinos de agua, con figuras, con paisajes, de apagados o violentos tonos, pero siempre de agua porque su rostro no se enturbiaba y permanec\u00eda, tranquilo y ba\u00f1ado, estrella en remanso.<\/p>\n<p>Reconoc\u00eda en cada imagen un rasgo, un matiz, un como aire familiar, no obstante la aparente extranjer\u00eda de muchas de entre ellas. De pronto, cuando ya se esfumaba, pudo detener la \u00faltima, esa que, un segundo antes, le regalaba su impagable policrom\u00eda de vitral. La reconoc\u00eda. \u00a1Desde luego! Pero, \u00bfcu\u00e1ndo, d\u00f3nde? Aquel cielo azul, coagulado de tan azul. Ese tropel de toros, mugidores, negr\u00edsimos, de babeantes belfos rojos. Este andaluz, s\u00ed, ese mismo, el de cordob\u00e9s y barboquejo, cabalgando la jaca tresalba, de la oreja fina, finos remos y m\u00fasculos en relieve. Y aqu\u00ed mismo, inm\u00f3vil a fuerza de correr vertiginosamente, de un conf\u00edn al otro, la llanura, la interminable llanura verde, a la jineta de su propia yerba, corre que corre hacia el norte, hacia el sur, hacia el centro, sobre s\u00ed misma, corriendo su verde, verde en carrera, verde, verde. All\u00e1, lej\u00edsimos, en la comarca de m\u00e1s nunca, el l\u00edmite verdinegro de los olivares retorcidos, aplastados de soportar tanto cielo. \u00a1Ah, los olivares! Su fragante aceite embest\u00eda como un toro la criba del aire y pasaba al otro lado vuelto grumos, trompos giradores que el torno de la distancia rebajaba m\u00e1s y m\u00e1s y ya eran nueces, avellanas, ya aceitunas eran, en lluvia sobre la llanura, sobre el reba\u00f1o y el jinete, sobre su boca.<\/p>\n<p>-M\u00e1s champagne, otro sorbo, por favor -dijo la rota voz. Se enturbi\u00f3 el paisaje de agua.<\/p>\n<p>-No. Ya basta -dijo otra voz. La semilla de la aceituna le maltrat\u00f3 el paladar. Regres\u00f3 violentamente a la realidad inmediata con una indefinible sensaci\u00f3n de contrariedad. No pod\u00eda precisar si ello proven\u00eda de su destruido espejismo o de las \u00faltimas frases escuchadas que acud\u00edan, n\u00edtidas, a su memoria. \u00bfSer\u00eda acaso?&#8230; Pero ya el misterioso di\u00e1logo se reanudaba y la atenci\u00f3n ten\u00eda la fuerza de un mandato:<\/p>\n<p>-Animales sentimentales&#8230; \u00a1Qu\u00e9 risa! \u00a1Qu\u00e9 asco! \u00a1Animales nosotras, las mujeres&#8230;! \u00a1<em>Pas du tout<\/em>! \u00bfLo oye? <em>Pas du tout, du tout<\/em>&#8230; \u00a1Animales todos, todos esos que se llaman nuestros semejantes! Vivimos en un jard\u00edn zool\u00f3gico camuflado y por eso no les vemos las garras, las fauces, los nauseabundos apetitos&#8230; <em>pas du tout<\/em>&#8230; Pero ya a m\u00ed no me enga\u00f1an&#8230; Yo he vivido la guerra. S\u00ed, se\u00f1or&#8230; La guerra&#8230; La guerra. -Deletreaba la palabra en un tartamudeo ebrio y su rota voz ronca se hac\u00eda masculina, desagradablemente masculina.<\/p>\n<p>-Mi querida -intervino el hombre con un col\u00e9rico acento que se ajustaba mal a esos vocablos- Amiga m\u00eda \u2013continu\u00f3 con temerosa amabilidad Ud. me est\u00e1 demostrando que tengo la raz\u00f3n. Vea usted a lo que hemos llegado por su culpa. V\u00e1monos. Esta entrevista ya es un absurdo. Venga conmigo.<\/p>\n<p>-\u00bfCon usted? Y \u00bfqui\u00e9n es usted? Ah, s\u00ed&#8230; usted es mi jefe. \u00a1Qu\u00e9 risa&#8230;!<\/p>\n<p>-Le ordeno que me siga -el tono alterado del hombre se acompa\u00f1aba de un ruido sibilante como de crisis asm\u00e1tica- Lev\u00e1ntese. Tome su abrigo. Vamos, vamos.<\/p>\n<p>-\u201cMerci\u00bb. Qu\u00e9 galante&#8230; Ah, l\u00e1, l\u00e1&#8230; Todos los caballeros son as\u00ed&#8230; pero cuando llega la guerra&#8230; Pas du tout&#8230; Animales todos, hienas todos&#8230; Por un pedazo de pan, por un pasaporte, por&#8230; cualquier cosa que les alargue su cochina vida&#8230; venden a su pr\u00f3jimo, a su hermano&#8230; a&#8230; patria&#8230; \u00a1Qu\u00e9 asco! \u00a1Qu\u00e9 soy yo sino eso&#8230; una vendida! \u00bfY usted? \u00bfQu\u00e9 es usted?&#8230; \u00a1Un traidor! \u00a1Eso mismo! un canalla&#8230; su\u00e9lteme, \u00a1su\u00e9lteme&#8230;!<\/p>\n<p>Su incoherente discurrir se prolongaba sobre un creciente rumor de sillas que se desplazan, de sofocados forcejeos, cuando unos pasos presurosos se aproximaron hasta penetrar en el reservado.<\/p>\n<p>-Ay\u00fademe, Boris -dijo el asm\u00e1tico, ahog\u00e1ndose Madame est\u00e1 un poco indispuesta y excitada. No sabe bien lo que dice&#8230;<\/p>\n<p>La voz de la mujer se extingui\u00f3 repentinamente como si una mano la amordazara. Luego, unas pisadas confusas y un descenso vacilante por la escalera. Despu\u00e9s, un silencio bochornoso colm\u00f3 el revuelto reservado donde una botella de champa\u00f1a, panzuda, derribada, dejaba escapar su l\u00edquido enigma.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">IV<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 ha sucedido? \u2014pregunt\u00f3 con un destello de alarma en los ojos, a tiempo que, con esa sorprendente elasticidad de su joven cuerpo se hac\u00eda un ovillo de fragante carne para guarecerse bajo el alero protector de sus anchas espaldas.<\/p>\n<p>-Dime, \u00bfqu\u00e9 ha pasado? \u00bfAlgo horrible? No he comprendido lo que ellos dec\u00edan, pero esos ruidos, el tono de ese hombre, fr\u00edo, despiadado. \u00a1Pobre mujer! Tan sola, tan triste&#8230; \u00bfPor qu\u00e9 vendr\u00edamos hoy aqu\u00ed? Tengo miedo. Dime, dime&#8230;<\/p>\n<p>Era tal la atracci\u00f3n que emanaba de ella, a\u00fan as\u00ed, crispada, conmovida, que un dulce deseo apacigu\u00f3 su sorda ira. Domin\u00f3 sus impulsos hasta el punto de que, al disimular su estado de \u00e1nimo, \u00e9l mismo se sorprendi\u00f3 de escucharse hablar con aquella naturalidad, c\u00e1lida y tranquila.<\/p>\n<p>-No se asuste, mi ni\u00f1a. Tenga calma. Ya le explicar\u00e9 todo -la trataba siempre de \u00abusted\u00bb cuando rebosaba ternura porque el tuteo le parec\u00eda entonces tan desnudo, tan piel a piel, que inventaba un cendal de pr\u00f3xima lejan\u00eda para hacer m\u00e1s delicada su amorosa solicitud para con ella.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 se preocupa? \u00bfAcaso no est\u00e1 conmigo? &#8211; Continu\u00f3 con sonriente arrogancia y despu\u00e9s de una pausa concluy\u00f3 cordial, casi festivo-:Eso le pasa por perezosa, por no aprender franc\u00e9s, por no hacerme caso&#8230; \u00bfNo? A ver, c\u00f3mo se dice: Te adoro.<\/p>\n<p>Acurrucada sobre sus piernas, con los ojos entornados, tibia y estremecida, permaneci\u00f3 silenciosa, invadida de una angustia casi alegre al borde del h\u00e1lito viril que emanaba de su pecho poderoso, de los profundos acordes graves de su voz, de su mano que se perd\u00eda, segura y sabia, en su flotante cabellera. Su emoci\u00f3n callada se trasluc\u00eda s\u00f3lo en el temblor de los p\u00e1rpados, en el redondo sobresalto de sus senos, en la palpitaci\u00f3n de su fino cuello.<\/p>\n<p>En segundos se hab\u00edan escapado, otra vez, hacia la vida, hacia la euforia que de ellos flu\u00eda incesantemente y era m\u00e1s avasalladora que aquella extra\u00f1a realidad que les circundaba. Refugiados en ese \u00e1mbito inaccesible a los dem\u00e1s que su cercan\u00eda recreaba siempre, se hab\u00edan aislado ya, tan vertiginosamente que, cuando el hotelero irrumpi\u00f3, sin anunciarse, contra su costumbre, apenas le reconocieron porque apenas recordaban d\u00f3nde se encontraban.<\/p>\n<p>-Est\u00e1n pasando unos cosas hoy, se\u00f1or. \u00a1Todo se complica, todo sale mal! El cocinero se cort\u00f3 un dedo con el cuchillo. \u00a1Imag\u00ednese, nada menos que el chef, un aut\u00e9ntico chef! \u00a1El caviar sali\u00f3 rancio&#8230;! \u00bfSi usted supiera lo dif\u00edcil que es conseguir caviar&#8230; nada menos que Romanoff y de contrabando? Est\u00e1n pasando unas cosas&#8230; \u00a1Hasta el sindicato de mesoneros me ha citado al Tribunal de Trabajo&#8230;! Todo lo malo viene junto. Si se\u00f1or. \u00a1Y todo por culpa de ese viejo que no se quiere morir&#8230;! -retorc\u00eda el pa\u00f1uelo en tirabuz\u00f3n o lo hac\u00eda correr, en peque\u00f1os saltos, sobre la frente sudorosa.<\/p>\n<p>-\u00bfY la mujer? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u2014pregunt\u00f3 ella sin prestar atenci\u00f3n a sus excitadas frases.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 mujer, se\u00f1orita? \u2014y los ojos le giraban en redondo como pescando en la memoria.<\/p>\n<p>-Ella&#8230; la francesa del otro reservado -mientras inquir\u00eda se incorporaba lentamente con una expresi\u00f3n de extra\u00f1a sorpresa. \u00bfSer\u00eda posible que Boris no la recordase ya, que todo aquel peque\u00f1o drama no existiese para \u00e9l? Repentinamente, su pintoresco cinismo que en otros tiempos la hiciera sonre\u00edr, se le hizo repulsivo.<\/p>\n<p>-\u00a1Ah! \u00bfLa que se acaba de ir? Pues, nada, se\u00f1orita. Nada de particular&#8230; Hay mujeres que no saben beber&#8230; J\u00e1, j\u00e1. Si usted hubiese visto la cara de susto que ten\u00eda su amigo&#8230; J\u00e1, j\u00e1. Es un antiguo cliente, un excelente gourmet. Se lo digo yo, Boris, que le he dado la vuelta al mundo, que he pasado por los mejores restaurantes de las grandes capitales. Oiga, se\u00f1orita. \u00bfUsted quiere saber si una persona es bien nacida? \u00a1Lea su men\u00fa&#8230;! Despu\u00e9s, que le cuenten historias&#8230; J\u00e1, j\u00e1. \u2014Pero era tal el disgusto que reflejaba ella. en contraste con la ausente actitud de \u00e9l y con su propio falso regocijo que, cambiando de tono y con aire compungido, a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>-No s\u00e9 ni lo que digo. Usted perdone, se\u00f1orita. Hoy es un d\u00eda negro para m\u00ed. Yo comprendo que hay que cuidar el prestigio de la casa y que los parroquianos exigen buena atenci\u00f3n y no tienen nada que ver con lo que est\u00e1 pasando all\u00e1 arriba. Y no es que yo tenga, a estas alturas, muchos escr\u00fapulos. \u00a1Pero, llevo tantos a\u00f1os con el viejo&#8230;! Primero que todo est\u00e1 el negocio. Esa es la verdad. Ellos son los deudos y ordenan. Yo no puedo contrariarlos porque, ma\u00f1ana, pueden echarme, a lo mejor. Aunque dicen que el viejo no me ha olvidado en su testamento&#8230; Pero hay cosas de cosas, se\u00f1orita. Por ejemplo, cree usted en la mala sombra?<\/p>\n<p>Decepcionada y con un vago asco, hac\u00eda tiempo que no le escuchaba y hab\u00eda vuelto a acurrucarse contra \u00e9l, quien, ahora, segu\u00eda a distancia el discurso de Boris. Sobre todo, cada vez que dec\u00eda \u00abel viejo\u00bb, la frase her\u00eda una escondida zona de su memoria y un desva\u00eddo retrato emerg\u00eda borrosamente. Aquella nariz aguda y cer\u00falea era la misma de su abuelo amortajado. La misma piel exang\u00fce, el mismo andar despacioso de los enfermos cr\u00f3nicos que contin\u00faan marchando, sin fuerzas, pero impulsados por un inconfesado terror al lecho, a ese albo yacer tan parecido a su propia muerte y del cual, quiz\u00e1s, no podr\u00e1n arrancarse al otro d\u00eda, ni al otro, ni al otro.<\/p>\n<p>Boris, en tanto, aguardaba la respuesta que no llegaba, empu\u00f1ando el pa\u00f1uelo con ambas manos como una absurda venda, con una s\u00fabita expresi\u00f3n idiota en el semblante, cual si su misma pregunta le hubiese hipnotizado. Un inexplicable estrabismo hac\u00eda converger sus miradas hacia un invisible punto remoto y su actitud era rid\u00edculamente so\u00f1adora. Como un aut\u00f3mata, con esa voz embotellada y de singular timbre de los ventr\u00edlocuos, otro personaje insospechado comenz\u00f3 a hablar por su boca:<\/p>\n<p>-La mala sombra&#8230; En mi pueblo, all\u00e1 en Schabac, los ancianos tienen una memoria prodigiosa y narran fant\u00e1sticas historias interminables, al calor del fuego, en las blancas noches del invierno. A trav\u00e9s de esos relatos aprend\u00ed la historia y la geograf\u00eda de mi pa\u00eds, de una manera rara, porque los h\u00e9roes y los reyes y los santos, los campos de tabaco y los bosques de ciruelas, las canciones populares y los nombres de mis abuelos, que eran todos m\u00e1s o menos ver\u00eddicos, desfilaban entrelazados con silfos y duendes, hadas y vampiros, brujas y fantasmas. Como no pude ir a la escuela y me puse a correr mundo cuando era todav\u00eda un muchacho, cada vez que pienso en mi pueblo, en Schabac, como ahora, me parece que no ha existido nunca y que yo tampoco existo&#8230; No es mi culpa&#8230; Es la culpa de aquellos ancianos que escuch\u00e9, en cuclillas, junto al puchero, mientras afuera aullaban lobos. Siempre a\u00fallan lobos, para m\u00ed, hasta en las grandes ciudades.<\/p>\n<p>Le escuchaban ambos esta vez, sobrecogidos por la presencia de aquel otro personaje que bajo la apariencia del c\u00ednico Boris, hab\u00eda irrumpido en su intimidad y salmodiaba sus frases con un inhumano acento de \u00eddolo. Ten\u00eda algo de misterioso aquel nuevo Boris, tan exacto al otro por fuera y tan diferente por dentro. \u201cSi se callase\u201d pensaban. Pero, al mismo tiempo, una morbosa curiosidad les hac\u00eda desear que continuase hablando y as\u00ed fue.<\/p>\n<p>-Tienen raz\u00f3n los ancianos de Schabac y Boris vive huyendo de ellos&#8230; \u00a1Qu\u00e9 terror el suyo cuando los siente llegar con sus vampiros, con sus almas errantes en busca de un cuerpo deshabitado! \u00a1Por eso no se atreve a dormir sin pesadillas, por temor a su cuerpo vac\u00edo!&#8230; Y c\u00f3mo se parece ese viejo que agoniza all\u00e1 arriba a uno de los ancianos de su infancia. Boris cree a pies juntillas en la reencarnaci\u00f3n y por eso est\u00e1 aqu\u00ed en este restaurante cursi, \u00e9l que podr\u00eda estar en el mejor hotel del mundo. Pero el viejo no le deja escapar porque, con los ojos, le sigue narrando las mismas historias fant\u00e1sticas al Boris ni\u00f1o de Schabac, en ese extra\u00f1o idioma nuestro que no conoce y que los extranjeros nunca podr\u00e1n aprender&#8230;<\/p>\n<p>-Boris quiere vengarse, ultrajando al anciano a la hora de su muerte. \u00c9l sabe muy bien que, desde all\u00e1 arriba, est\u00e1 escuchando con sus finos o\u00eddos los gritos de los borrachos en el bar, los besos de los enamorados, el chillido del aceite en la cocina&#8230; S\u00ed, est\u00e1 escuchando, mientras muere, c\u00f3mo la vida sigue su curso aqui mismo, en su propia casa profanada&#8230; Boris cree vengarse, pero tiene miedo, un horrible miedo a la muerte del viejo. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 despu\u00e9s? \u00bfSe ir\u00e1 con \u00e9l Schabac? \u00bfSe ir\u00e1 todo su pasado, toda su infancia, toda su leyenda? \u00bfY que har\u00e1 Boris despu\u00e9s, sin su ra\u00edz? Ya rondan los vampiros, los santos, los reyes y los silfos&#8230; \u00a1Boris, Boris! \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s&#8230;?<\/p>\n<p>Las \u00faltimas frases las escuchaban lejanas, salmodiantes, desde la puerta. Sin ponerse de acuerdo, movidos por un mismo impulso, hab\u00edanse incorporado lentamente y de puntillas, esquivando la perdida mirada de Boris, hab\u00edan atravesado la habitaci\u00f3n cuyo aire estaba m\u00e1s y m\u00e1s enrarecido. Bajo la seda del traje, su brazo percib\u00eda el escalofriado sobresalto de ella, mientras rodeaba su talle. Al separar la cortina, volvi\u00f3 el rostro y a\u00fan pudo divisar a Boris que, con el pa\u00f1uelo empu\u00f1ado, continuaba hablando en un murmullo. En el pasillo, se cruzaron con un mozo que llevaba, en vilo, una bandeja humeante. A trav\u00e9s del humo, como si caminase sobre la bandeja, \u00e9l pudo divisar la silueta de un cura que descend\u00eda rodeado de enlutados acompa\u00f1antes. El escalofr\u00edo de ella lo recorri\u00f3 entonces y, tom\u00e1ndola en brazos, salt\u00f3 pelda\u00f1os hasta la calle.<\/p>\n<p>Afuera, la noche, m\u00e1s noche bajo la gigantesca sombra de aquel sam\u00e1n desmesurado que le cautivara siempre, los saludo con su helada caricia espacial. La otra noche de su cabellera, vuelta r\u00e1faga, se abati\u00f3 obre sus sentidos, barriendo el polvo de la muerte, regres\u00e1ndolo a la vida, devolvi\u00e9ndolo a ella. Un deseo incontenible, fulgurante, los recorri\u00f3 en llamarada. En aquel instante sinti\u00f3 como nunca la embriaguez l\u00facida de su carne, afirm\u00e1ndose, hundi\u00e9ndose en su destino de hombre. Un hombre como todos los dem\u00e1s, pero que, cosa rara, hab\u00eda comprendido que vivir, d\u00e1ndose al mismo tiempo cuenta de ello, es un extraordinario privilegio que muy pocos alcanzan.<\/p>\n<p>Tuvo que encender el tablero del autom\u00f3vil porque no encontraba a tientas, con la llave, la cerradura. Abrazado a ella, conduciendo con la mano izquierda, hund\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s el acelerador, abandon\u00e1ndose a la velocidad que zumbaba en el motor y lo proyectaba en la noche hacia ning\u00fan sitio. Ella estaba a su lado y con ella la vida, ubicua, inagotable, devoradora compa\u00f1era del hombre.<\/p>\n<p>Un aire marino silbaba en los cristales y les lanzaban seren\u00eds de espuma, bocanadas de salitre, playas vertiginosas. El aire tra\u00eda la voz de ella, remota y pr\u00f3xima, entre jarcias, entre delfines, en arremolinadas s\u00edlabas:<\/p>\n<p>\u00abMe fascina el mar, me fascina\u00bb&#8230;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carlos-eduardo-frias\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El camarote Por el filo de la media noche, el camarote estaba ah\u00edto de oscuridad. Hac\u00eda uncalor sofocante. Las dos literas, una arriba, otra abajo, adheridas a la pared de tablas ensamblados. La de encima cruj\u00eda de continuo. Parec\u00eda iba a volcarse, con el peso del hombre aqu\u00e9l tan macizo y membrudo. 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