{"id":7873,"date":"2023-04-13T20:40:44","date_gmt":"2023-04-13T20:40:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7873"},"modified":"2023-11-24T18:21:44","modified_gmt":"2023-11-24T18:21:44","slug":"sin-partida-de-yacimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sin-partida-de-yacimiento\/","title":{"rendered":"Sin partida de yacimiento (cap. 16)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Luis Barrera Linares<\/h4>\n<p><strong>PELIGRO, PELE EL OJO, ALCABALA<\/strong><\/p>\n<p>Se vive en una pensi\u00f3n casi como en una prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La casera o casero suele imponer unas reglas que casi nunca compaginan con las expectativas de los hu\u00e9spedes.<\/p>\n<p>Sin embargo, es preciso cumplir con dicho catecismo so pena de perder la opci\u00f3n.<\/p>\n<p>Prohibido comer y beber en las habitaciones.<\/p>\n<p>\u00a1Cero visitas en el cuarto! Nada de bulla.<\/p>\n<p>No ensuciar la poceta con orines ni otros excrementos. Olv\u00eddese de llegar m\u00e1s tarde de\u2026<\/p>\n<p>No follarse a las damas de las habitaciones traseras (en las delanteras solo hay varones pero, cuidado, tampoco puedes abusar de ellos).<\/p>\n<p>Ni radios ni otros aparatos de sonido encendidos despu\u00e9s de las diez de la noche.<\/p>\n<p>No pronunciar falsos testimonios ni mentir. Tampoco jurar el nombre de Dios en vano.<\/p>\n<p>\u00a1No fornicar!<\/p>\n<p>Poca diferencia hay entre los diez mandamientos de la Iglesia cat\u00f3lica (que incitan a desechar cualquier acci\u00f3n humana posible) y las innumerables negativas que te aporta tu anfitri\u00f3n o anfitriona cuando ingresas en sus predios pensioniles.<\/p>\n<p>Parecen espacios pensados para gente sin partida de yacimiento. Con escasos derechos y muchos deberes.<\/p>\n<p>Uno o dos m\u00ednimos catres desvencijados o maltrechas camas y alg\u00fan escaparate antiguo para colgar la ropa. Humedad y cucarachas. Atm\u00f3sfera para habitantes en la carraplana.<\/p>\n<p>La urbanizaci\u00f3n caraque\u00f1a donde me estren\u00e9 como pensionista se llama La Candelaria. Ambiente de prosapia espa\u00f1ola. Se dice que no es su denominaci\u00f3n oficial, pero s\u00ed la que le dio la colonia de inmigrantes peninsulares que all\u00ed se ha aposentado desde hace muchos a\u00f1os. Lugar facil\u00edsimo de resumir contextualmente, al menos para esa \u00e9poca. El centro de Madrid en miniatura: un bar al lado de una pensi\u00f3n, una pensi\u00f3n al lado de un bar, un bar por fuera que al mismo tiempo es pensi\u00f3n por dentro, una pensi\u00f3n con un bar adentro, m\u00e1s pensiones, m\u00e1s bares\u2026<\/p>\n<p>Peque\u00f1a habitaci\u00f3n, de una gran hilera de ellas, todas m\u00ednimas, con techos muy altos y ruido fuerte durante las lluvias. Todo dentro de un caser\u00f3n antiguo, ubicado, por cierto, muy cerca del liceo donde yo estudiaba. En plena mitad de la cuadra, entre dos esquinas cuyos nombres no dejaban de tener un misterioso atractivo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde vives?<\/p>\n<p>\u2014En Caracas, de Pele el Ojo a Peligro.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bicho! Era 1969.<\/p>\n<p>180 bol\u00edvares al mes para dos hu\u00e9spedes.<\/p>\n<p>Una anfitriona gallega con un hijo adolescente reci\u00e9n llegado de aquellas tierras, que tambi\u00e9n fue inscrito en el mismo liceo y, por el azar (o la edad, nunca lo supe), hab\u00eda ca\u00eddo en la misma secci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, a pesar de todo, verdadera y nutritiva experiencia es la vida en una de tales casas de vecindad.<\/p>\n<p>Entre obreros, estudiantes, personal de servicio de las tascas de la zona, una que otra dama de noche (siempre ubicada en las habitaciones traseras, por previsi\u00f3n del propietario, a fin de hacer m\u00e1s dif\u00edciles las visitas furtivas), y todav\u00eda, ya a finales de los sesenta, alg\u00fan perseguido pol\u00edtico que anda huyendo o de la polic\u00eda o de sus propios compa\u00f1eros de lucha que lo han execrado y, a veces, hasta condenado a muerte.<\/p>\n<p>Otro rostro de una ciudad que hasta ese momento me resultaba desconocido.<\/p>\n<p>All\u00ed llegu\u00e9, huyendo ahora de la posibilidad de que mi t\u00eda Estela se transformara en mi segunda tim\u00f3pata. No le di tiempo porque, antes de que ocurriera, mi hermano mayor me hab\u00eda conminado a \u201cemprender la retirada\u201d. No obstante, motivada por una \u201cmetida de pata\u201d (y de paloma) de \u00e9l, con quien compart\u00eda la primera de tales residencias, hubo de venir la mudanza de una a otra.<\/p>\n<p>Atr\u00e1s quedaban la gallega refunfu\u00f1ona y mi condisc\u00edpulo. Ahora ser\u00eda inquilino yo solo.<\/p>\n<p>Aquel desliz sexual con su novia, hab\u00eda obligado a mi compa\u00f1ero de cuarto a regresar a la provincia y afrontar la posibilidad de un posible matrimonio.<\/p>\n<p>El traslado ocurri\u00f3 muy pronto, hacia las proximidades de otra esquina con nombre significativo: Alcabala. \u201c\u00a1Vaya nombres de esquinas caraque\u00f1as!\u201d pensaba para aquellos d\u00edas, tratando de combinarlos en una seguidilla que fuera significativa para la l\u00f3gica provinciana y la cotidianidad del momento:<\/p>\n<p>Peligro, Pele el Ojo, Alcabala. Es decir, si se descuida, pierde.<\/p>\n<p>Y yo caer\u00eda en la trampa. Me descuid\u00e9. Ya lo ver\u00e1n.<\/p>\n<p>Nuevo espacio. En el segundo piso de aquella otra posada m\u00e1s modesta, una peque\u00f1a habitaci\u00f3n improvisada sobre la azotea, armada con paredes de cart\u00f3n piedra y un techo de zinc. M\u00e1s ruidosa a\u00fan durante las lluvias, pero tambi\u00e9n con m\u00e1s atm\u00f3sfera de libertad.<\/p>\n<p>Casi como estar en la cima.<\/p>\n<p>Solo que mi nueva anfitriona ten\u00eda un peque\u00f1o pequin\u00e9s que desde el primer d\u00eda no dej\u00f3 de molestarme.<\/p>\n<p>Ladraba insistentemente frente a la puerta de mi nuevo cuarto.<\/p>\n<p>No hab\u00eda pasillos. Para acudir al ba\u00f1o era preciso bajar por las escaleras hasta la planta inferior de la residencia, al lado de la habitaci\u00f3n ocupada por el due\u00f1o del bar de enfrente, el se\u00f1or Secundino.<\/p>\n<p>Sin embargo, la paradoja que siempre acompa\u00f1a al pobre de solemnidad, la independencia de la habitaci\u00f3n traer\u00eda despu\u00e9s la necesidad de marcharme de all\u00ed tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Lo cuento en el momento en que debo concluir estas cr\u00f3nicas rescatadas de la memoria.<\/p>\n<p>Eran tiempos dif\u00edciles para cualquiera que llegara del interior del pa\u00eds. \u00c9poca de \u00e9xodo desde la provincia, ya bastante empobrecida por las componendas de dos partidos pol\u00edticos funestos altern\u00e1ndose el gobierno.<\/p>\n<p>La capital era la meca para sobrevivir. El ideal. La salvaci\u00f3n ante la debacle. La escasa posibilidad de respiraci\u00f3n ante el acoso de la pelaz\u00f3n.<\/p>\n<p>Y as\u00ed mis amigos segu\u00edan llegando desde el interior del pa\u00eds, principalmente desde Trujillo.<\/p>\n<p>Uno de ellos, Ascensi\u00f3n Perdomo, viaj\u00f3 a asentarse pr\u00e1cticamente sobre la nada.<\/p>\n<p>En otro tiempo, su hermano Joel, \u00e9l y yo, hab\u00edamos constituido una especie de inseparable tr\u00edo durante nuestra pasant\u00eda adolescente por Trujillo. Tambi\u00e9n ellos ten\u00edan alguna vinculaci\u00f3n con el estado Zulia, donde yo hab\u00eda padecido las obsesiones de do\u00f1a Elodia la Condesa ficcionauta. Su padre se hab\u00eda establecido desde hac\u00eda muchos a\u00f1os en la maracaib\u00edsima urbanizaci\u00f3n San Francisco. Y la identidad con el espacio natal de los tres de alguna manera nos hab\u00eda hermanado.<\/p>\n<p>De modo que ahora \u00e9l llegaba a la capital, igual que hab\u00eda llegado yo, y acud\u00eda a mi experiencia en busca de ayuda. Antes de partir, alguien le hab\u00eda indicado las se\u00f1as de mi nueva direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esquina de Alcabala.<\/p>\n<p>All\u00ed aparece un d\u00eda Ascensi\u00f3n, a golpe de seis de la ma\u00f1ana. No tuvo mejor manera de hacerse notar que pegando gritos y silbidos desde la calle, hasta que logr\u00f3 captar mi atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ya en conocimiento de su intempestiva llegada, lo vi desde arriba. Me luci\u00f3 trasnochado y desvalido.<\/p>\n<p>Baj\u00e9 tan pronto como pude, abr\u00ed y lo hice subir a mi habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Llevaba apenas un cambio de vestimenta en una bolsa de supermercado y \u2014seg\u00fan su confesi\u00f3n\u2014 muy poco dinero para subsistir los primeros d\u00edas. Por supuesto que no ten\u00edamos idea de d\u00f3nde podr\u00eda hospedarse, pero al d\u00eda siguiente encontr\u00f3 refugio en alguna rancher\u00eda. Unos primos o algo as\u00ed, nunca lo supe, ni tampoco d\u00f3nde. Creo que hacia una de las subidas que arrancaban desde la avenida que daba al principal camposanto de la ciudad.<\/p>\n<p>No obstante, m\u00e1s de una vez hubo de aparecer Ascensi\u00f3n de nuevo. Y lo hac\u00eda a altas horas, once, doce de la noche, para pedirme le permitiera dormir en mi cuarto y no correr el riesgo de llegar hasta donde pernoctaba regularmente.<\/p>\n<p>Por estrictas instrucciones de la due\u00f1a del nuevo hospicio, una misteriosa asturiana, \u00fanicamente yo y solo yo podr\u00eda ocupar aquella habitaci\u00f3n. Si alguna vez requer\u00eda recibir visitas deber\u00eda hacerlo en la acera de la parte anterior de la casa. O en la barra del bar de Secundino.<\/p>\n<p>\u2014No es por nada \u2014me indic\u00f3 do\u00f1a Pilarica\u2014 pero si se lo permito a uno, se me vuelve esto un atajaperros.<\/p>\n<p>De manera que ya hab\u00eda incurrido yo en una falta al bajar hasta la puerta principal y permitir al compa\u00f1ero subir a mi cuarto varias veces, lavarse y hasta dejar la muda de ropa en mi recinto alquilado. E incluso a veces quedarse a dormir.<\/p>\n<p>A la tercera vez, recib\u00ed la advertencia inicial de la casera.<\/p>\n<p>Sin que yo me percatara, do\u00f1a Pilarica hab\u00eda estado espiando todos mis movimientos. Eso me dijo. El ladrido insistente de su mascota le avisaba cada vez que alguien entraba a la casa.<\/p>\n<p>\u2014Ya lo he visto en varias ocasiones, por eso se lo digo, \u00bfeh?<\/p>\n<p>Usted debe respetar las normas, \u00bfcomprende?<\/p>\n<p>Primera falta, tarjeta amarilla. Mas nada grave.<\/p>\n<p>Ante la prohibici\u00f3n de entrar como se deb\u00eda (es decir, por la puerta principal), previo acuerdo con mi compa\u00f1ero, a la siguiente visita acud\u00ed a la estratagema f\u00edlmica de atar las dos s\u00e1banas de mi cama y utilizarlas como cuerda desde mi atalaya a fin de que, ya en horas de oscuridad y penumbra total, Ascensi\u00f3n \u201cascendiese\u201d y durmiera sobre una manta que acomod\u00e1bamos en el piso.<\/p>\n<p>Casi un hombre ara\u00f1a.<\/p>\n<p>Igual estrategia utiliz\u00e1bamos para que se marchara muy temprano, a eso de las cinco treinta de la madrugada.<\/p>\n<p>Lo hice quiz\u00e1s unas cinco veces m\u00e1s, hasta que \u00e9l encontr\u00f3 un puesto de dependiente de una tienda y ya no hubo m\u00e1s necesidad de visitas furtivas.<\/p>\n<p>Pero a su partida aparecer\u00edan sucesivamente dos amigos m\u00e1s.<\/p>\n<p>Su hermano Joel y otro referido por este.<\/p>\n<p>Total que me acostumbr\u00e9 a la rutina de lanzar la cuerda hecha de s\u00e1banas cada vez que escuchaba el silbidito que hab\u00edamos acordado como se\u00f1al.<\/p>\n<p>Ya me resultaba normal.<\/p>\n<p>Y confieso que tampoco en esos d\u00edas percib\u00ed el peque\u00f1o \u201cojo m\u00e1gico\u201d de la propietaria, la alcabala por la cual la do\u00f1a se daba cuenta de cada vez que sub\u00eda o bajaba alguien por aquella cuerda improvisada. El olfato de su perro me delataba.<\/p>\n<p>Hombre que sube. Peligro. Hombre que baja. Pele el ojo.<\/p>\n<p>Lo estamos vigilando. Alcabala. \u00a1Uau, uau!<\/p>\n<p>Hasta que lleg\u00f3 el d\u00eda en que me echaran del lugar.<\/p>\n<p>Confieso que no me molest\u00f3 la decisi\u00f3n de mi nueva generala sino la raz\u00f3n que esgrimi\u00f3.<\/p>\n<p>Siempre decente, recta, comedida, la do\u00f1a proveniente de Taramundi \u2014peque\u00f1a aldea rural de la parte norte de Asturias, seg\u00fan me hab\u00eda dicho alguna vez\u2014 me cit\u00f3 una tarde a la sala de la casona.<\/p>\n<p>\u2014Quiero hablar con usted hoy cuando llegue del liceo. Antes de irse a su trabajo.<\/p>\n<p>Obviamente, mi ma\u00f1ana de clases fue m\u00e1s que intranquila. No cesaba de preguntarme por qu\u00e9 la se\u00f1ora querr\u00eda hablar conmigo.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9? Hasta ese d\u00eda pensaba que todo andaba muy bien porque no hab\u00eda fallado ni una vez en el pago de la renta.<\/p>\n<p>Al mediod\u00eda, ya de regreso, no m\u00e1s abrir yo la puerta, apareci\u00f3 frente a m\u00ed la casera. Seria, formal, al lado de su peque\u00f1o galgo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Uau, uau!<\/p>\n<p>\u2014Mejor se lo digo de una vez. Estar\u00e9 ocupada por la tarde.<\/p>\n<p>\u2014Muy bien, do\u00f1a Pilarica, eche pa\u2019fuera \u2014intent\u00e9 bromear\u2014 soy suyo porque lo dicta un papel.<\/p>\n<p>No le result\u00f3 gracioso. M\u00e1s bien arrug\u00f3 el ce\u00f1o.<\/p>\n<p>Ech\u00f3 a un lado al peque\u00f1o pequin\u00e9s que la fastidiaba lami\u00e9ndole las piernas y adopt\u00f3 una pose sacerdotal.<\/p>\n<p>Habl\u00f3 pausadamente, remarcando sus consonantes peninsulares. Mientras tanto, el perro se hab\u00eda hecho a un lado para comenzar a jalar con su hocico un par de s\u00e1banas que reposaban sobre el sof\u00e1. Las mismas que en varias ocasiones me hab\u00edan servido de cuerda de salvamento.<\/p>\n<p>\u2014Usted es un buen chico y admiro su disposici\u00f3n para el trabajo sin abandonar sus estudios en el liceo.<\/p>\n<p>Yo continuaba mudo.<\/p>\n<p>A\u00fan no entend\u00eda de qu\u00e9 se trataba.<\/p>\n<p>El fastidioso galgo ya arrastraba las s\u00e1banas hacia el piso y se revolcaba sobre ellas.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Co\u00f1o, ahora mi cama hedionda a perro!\u201d.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 eso sin abrir todav\u00eda la boca.<\/p>\n<p>\u2014Ya le vendr\u00e1n tiempos mejores. Yo s\u00e9 cu\u00e1nto se preocupa por su madre\u2026<\/p>\n<p>Me hizo recordar que de vez en cuando le ped\u00eda prestado el tel\u00e9fono para llamar a mam\u00e1 y ella nunca se hab\u00eda negado. Solo me exig\u00eda una peque\u00f1a compensaci\u00f3n adicional que la ayudara a cubrir la factura telef\u00f3nica cada fin de mes.<\/p>\n<p>\u2014Pero\u2026<\/p>\n<p>Ya estaba que me mord\u00eda las u\u00f1as.<\/p>\n<p>\u2014Hable claro, se\u00f1ora Pilar, ya me tiene nervioso\u2026<\/p>\n<p>\u2014Yo prefiero que usted busque para donde mudarse\u2026<\/p>\n<p>\u00a1\u00bf?!<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 do\u00f1a Pilarica? No he dejado de pagarle ni un d\u00eda\u2026<\/p>\n<p>\u2014No es eso \u2014me interrumpi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Es que usted tiene malas costumbres\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u00bfC\u00f3mo es la vaina?! \u2014salt\u00e9\u2014 \u00a1el que se orina el asiento de la poceta es el se\u00f1or Secundino, el del cuarto de abajo! \u00a1Yo no!<\/p>\n<p>\u2014Pero Secundino es un hombre correcto. No hace cochinadas.<\/p>\n<p>No hubiera querido decirle que a mi juicio el canario Secundino era uno de los hombres m\u00e1s descuidados con su persona que yo hubiera conocido jam\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Nunca se ba\u00f1a! \u2014le grit\u00e9\u2014 \u00a1 Pasa m\u00e1s de un mes con la misma ropa!<\/p>\n<p>Me observ\u00f3 de arriba abajo con un gesto de conmiseraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 de reojo c\u00f3mo ahora el pequin\u00e9s pataleaba para librarse de las s\u00e1banas que lo cubr\u00edan por completo.<\/p>\n<p>Centr\u00f3 su mirada en mi rostro sobresaltado y se atrevi\u00f3 a decirlo sin miramientos.<\/p>\n<p>Con absoluta firmeza.<\/p>\n<p>\u2014Pero Secundino no es \u201chomosesual\u201d. Eso de estar metiendo hombres en el cuarto a medianoche es peor que no ba\u00f1arse.<\/p>\n<p>Seguro estoy de que Elo\u00edna no har\u00e1 m\u00e1s que re\u00edrse cuando le cuente esta cr\u00f3nica final.<\/p>\n<p>Sin embargo, si su otro yo perverso, es decir, el de la rectora m\u00e1xima de aquel albergue de exp\u00f3sitos de los primeros tiempos, se hubiera enterado del motivo esgrimido por do\u00f1a Pilarica para despacharme, seguramente habr\u00eda exclamado complacida:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Te lo dije, vergajo! \u00a1Te lo diiije! \u00a1Camar\u00f3n que se duerme con otro\u2026 gana ascenso a mariscal!<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luis-barrera-linares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Barrera Linares PELIGRO, PELE EL OJO, ALCABALA Se vive en una pensi\u00f3n casi como en una prisi\u00f3n. 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