{"id":7839,"date":"2023-04-11T00:29:13","date_gmt":"2023-04-11T00:29:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7839"},"modified":"2025-07-20T16:53:23","modified_gmt":"2025-07-20T21:23:23","slug":"dos-relatos-de-maria-celina-nunez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-relatos-de-maria-celina-nunez\/","title":{"rendered":"Dos relatos de Mar\u00eda Celina N\u00fa\u00f1ez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Los mismos perros de presa<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Est\u00e1s en la misma ciudad de siempre, te dicen, pero sabes bien que ahora es otra y que debes ubicarte en 1989, casi diez a\u00f1os atr\u00e1s. Tienes la sensaci\u00f3n de que todo eso es muy remoto, realmente inalcanzable. Pero las coordenadas no sirven de resguardo y ahora te exigen, solapadamente, una relaci\u00f3n de la vida que llevabas entonces. Te dicen que nada te obliga, pero comprendes, en ese cuarto gris, que te conviene hablar. Alguien aduce que la ocasi\u00f3n es buena porque as\u00ed puedes recuperar ese tiempo para tu memoria, pues en los \u00faltimos a\u00f1os siempre te quejaste de que era una d\u00e9cada nebulosa en tu vida, y entonces se te clava la primera pregunta: \u00bfc\u00f3mo saben eso de ti? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s y qu\u00e9 est\u00e1 pasando? Cierras los ojos buscando una conexi\u00f3n pero no encuentras nada, s\u00f3lo te sientes suspendida en un enorme cansancio. Vuelven a preguntar, sin saber que se trata de un intento in\u00fatil: esa parte de tu vida es oscura porque, cuando fue necesario ocultarte de todos, tambi\u00e9n lo hiciste de ti misma y el miedo lanz\u00f3 un manto sobre tu memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ellos te ponen en el apremio de ser m\u00e1s precisa: saben que no siempre te ocultaste sola y sueltan por primera vez el nombre de Elvira y es como si te agujerearan el cerebro: \u00bfc\u00f3mo pueden saber de ella y de ti? Quieres decirles que ese interrogatorio es una mala idea, no tienes nada que informar: investigaron bien las apariencias y eso tan s\u00f3lo los pone al mismo nivel que t\u00fa. Viv\u00edas junto a ella al margen de todo y ahora ellos quieren saber de la ciudad de entonces. \u00bfQu\u00e9 importaba la ciudad para quienes hab\u00edan elegido una vida de topos en las alcantarillas? Podr\u00edas hablarles de algunas calles, de ciertos escondrijos, de dos muchachas golpe\u00e1ndose o bes\u00e1ndose en la madrugada. Pero todo eso ya lo saben y le dan un viraje a la conversaci\u00f3n. Retroceden a\u00fan m\u00e1s en el tiempo y te preguntan por tus veinte a\u00f1os. Quieren saber de tu temprana juventud. Les respondes que entonces no te dabas cuenta de que fueras joven. Te miran con impaciencia y te pasan a otro cuarto.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras esperas, entiendes qu\u00e9 es lo que verdaderamente les interesa. Empezaron con Elvira para que supieras cu\u00e1nto conocen de ti, pero en el fondo saben bien que no tienen nada qu\u00e9 buscar en ese per\u00edodo de tu vida; en realidad quieren saber de Alfredo, pero, \u00bfpor qu\u00e9 despu\u00e9s de tantos a\u00f1os? Todos esos a\u00f1os en los que te cre\u00edste a salvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Debes recordar canciones \u2014insisten\u2014 haber seguido una moda, estar al tanto de lo que ocurr\u00eda a tu alrededor. Dices que siempre te has peinado y vestido igual, que nunca te interes\u00f3 la m\u00fasica. No hablas de lo que ocurr\u00eda entonces \u2014de lo poqu\u00edsimo que no pudiste olvidar. Sabes que bajo ning\u00fan aspecto puedes mencionar a Alfredo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto comprendes por qu\u00e9 te cambiaron de cuarto. Proyectan im\u00e1genes en la pared: una fotograf\u00eda en la que apareces con un aire de hippie trasnochada (ya eran los \u201880) junto a un joven de barba y lo confirmas: todo esto es por Alfredo. En esa \u00e9poca todo parec\u00eda seguir un curso adecuado, dice uno de ellos con sorna. T\u00fa piensas que en verdad todos ellos saben m\u00e1s de lo que creen: todo parec\u00eda seguir un rumbo correcto en ese tiempo; y la burla en tu rostro no deja espacio para que se note la turbaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Te muestran otras fotos en las que apareces con un grupo y respondes la verdad: no recuerdas sus nombres, s\u00f3lo los ve\u00edas casualmente. No les dices que estaban muy ligados a Alfredo y que t\u00fa nunca quisiste saber demasiado. Vuelven sobre esa imagen que los muestra juntos a los dos. Te preguntas c\u00f3mo la consiguieron si t\u00fa misma llevabas a\u00f1os sin verla. Dices su nombre porque sabes que hace a\u00f1os se fue lejos. Pero no podr\u00edas decir nada sobre los dem\u00e1s: no tienes idea de qu\u00e9 pas\u00f3 con ellos, aunque te imagines algunas cosas. Cambian de imagen y de nuevo aparece la foto del grupo. Te quedas absorta mirando c\u00f3mo eras entonces. Comienzan a notar el brillo de tus ojos. Les dices la verdad: hab\u00edas olvidado por completo las vacaciones en aquella casa de campo. Insisten, pero sigues sin hablar. No comprenden que te cuesta mucho articular los recuerdos, y que justamente ese a\u00f1o se hizo inevitable el cerco que lo destruy\u00f3 todo. Que te entregaste, te encerraste como una planta marina que no despega sus hojas ni para procurarse alimento.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablas un poco a ver si te dejan en paz. Nombras gente que supones a salvo, cuentas lo que estudiabas, hablas de los bares, de las calles llenas de huecos, de las noches en que s\u00f3lo deambulaban \u00e9l y t\u00fa&#8230; Mientras tanto, notas que realmente vas recordando ciertos detalles: el barrio, el carro blanco atravesando la neblina de la monta\u00f1a, los amaneceres en la playa, el crep\u00fasculo reflejado en el espejo retrovisor, tu mano extendida fuera de la ventana tratando de detener el viento, el amor trasuntado en infinito&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Te llaman la atenci\u00f3n porque llevas mucho tiempo callada. Hacen cualquier cosa para no perder tiempo con tu silencio. Seguramente ellos tambi\u00e9n tienen su vida all\u00e1 afuera y la viven sin recordar las imprecisiones que te van arrancando y que anotan en un cuaderno. Ad\u00f3nde ir\u00e1 eso, te preguntas. \u00bfCu\u00e1ndo te dejar\u00e1n descansar?<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelven a buscarte al d\u00eda siguiente. A prop\u00f3sito no apagaron la luz, para que pudieras llamarlos en caso de que recordaras algo (hasta entonces llevabas muy bien la cuenta de las horas transcurridas). Pero no eran pacientes aquellos buscadores de memoria: a pesar de la luz inmutable, una vez comprendiste que te despertaban en plena noche. Estaban llegando a su l\u00edmite y ocurri\u00f3 algo inimaginable: te mostraron una fotograf\u00eda de Elvira y te advirtieron que la buscar\u00edan si \u00e9se era el \u00fanico modo de obtener informaci\u00f3n&#8230; Te quedaste embelesada mirando su rostro y s\u00f3lo sentiste miedo cuando te arrancaron el retrato de la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ella hab\u00edas comenzado a recuperar la normalidad despu\u00e9s de esos meses vagando a escondidas, siempre drogada, evitando los lugares fijos. El confinamiento que elegiste con ella te devolvi\u00f3 la tranquilidad perdida cuando te viste obligada a desaparecer, irremediablemente separada de Alfredo. Y durante los minutos que esos hombres te permitieron tener su retrato, volviste a sentir aquel alivio, aquella tibieza.<\/p>\n\n\n\n<p>Llevabas a\u00f1os sin tener noticias suyas; pero, si la encontraban, sab\u00edas que ella tampoco tendr\u00eda nada qu\u00e9 decir. Temiste por ella. Sin darte cuenta, a medida que perd\u00edas el control del tiempo, se hab\u00eda apoderado de ti una cautela, la sombra de un p\u00e9ndulo cada vez m\u00e1s cercano. S\u00f3lo al ver de nuevo su rostro comprendiste que ten\u00edas miedo, que deb\u00edas temer. Que ese encierro inexplicable, ese interrogatorio eterno, no acabar\u00eda s\u00f3lo porque no recordaras o no le encontraras sentido. La cara de Elvira te hizo ver que no bastaba tu conciencia del absurdo para poner fin a aquello. Por primera vez miraste un poco hacia atr\u00e1s intentando recordar los d\u00edas anteriores a esas paredes grises. Logras ver un dormitorio, un tel\u00e9fono. El sonido ininterrumpido del televisor, las cortinas cerradas. Te tra\u00edan algo de comer y cigarrillos. T\u00fa los ped\u00edas por tel\u00e9fono y dabas un n\u00famero al que cargaban la cuenta. Recuerdas las pastillas: cre\u00edste haber llevado suficiente. Lleg\u00f3 el d\u00eda de la decisi\u00f3n y tomaste todos los frascos que quedaban. No lo hiciste porque extra\u00f1aras a nadie. Ya llevabas varios a\u00f1os sola de nuevo, deambulando siempre drogada con tranquilizantes, decidida a no volver a apegarte a nada. Quisiste escribir una nota pero no supiste a qui\u00e9n dirigirla. Y, pastilla tras pastilla, en grupos de cinco, todo se fue oscureciendo. Si todo hubiera salido bien, te habr\u00edan descubierto despu\u00e9s, descompuesta. Un cad\u00e1ver que nadie habr\u00eda reclamado. \u00bfC\u00f3mo imaginar que hab\u00eda sabuesos tras de ti luego de tantos a\u00f1os? De pronto sentiste que eran ellos quienes te deb\u00edan una explicaci\u00f3n: \u00bfc\u00f3mo hab\u00edan logrado sacarte de aquel dormitorio? \u00bfPor qu\u00e9 te hab\u00edan tra\u00eddo aqu\u00ed? \u00bfC\u00f3mo hab\u00edan dado contigo? La furia sali\u00f3 como un v\u00f3mito que los sorprendi\u00f3 a todos. Luchaste. Violaste por primera vez el l\u00edmite silencioso que te hab\u00edas impuesto. Peleaste hasta que te derrib\u00f3 el primer pu\u00f1etazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora te tienen atada a una cama dura, no puedes mover la cabeza pero el fr\u00edo del metal te indica que no hay colch\u00f3n. Un ruido constante te produjo al despertar la sensaci\u00f3n de que estabas a\u00fan en aquel dormitorio en d\u00f3nde hab\u00edas decidido sepultarte. Pronto el ruido se transform\u00f3 en voces, tal vez quejidos, que llegaban del otro lado de la pared. Ya ha pasado un rato y cada vez que vuelves a despertar crees que la escuchas a ella y te recuerdas llam\u00e1ndola por tel\u00e9fono desde ese hotel donde diste todo por consumado, y te cuelgas de la dulzura de su voz mientras la oscuridad te va arropando. Un pensamiento terrible te sacude: si ya no est\u00e1s en el hotel, \u00bfc\u00f3mo puedes tener la sensaci\u00f3n de su voz? \u00bfEs posible que sean suyos los quejidos de al lado? \u00bfAcaso la entregaste? \u00bfAcaso te arrancaron lo \u00fanico que hab\u00edas decidido no olvidar? Quieres salir pero es como si estuvieras sujeta con clavos. Sientes dolor. Un dolor id\u00e9ntico al que te infligieron antes de caer en ese sue\u00f1o extra\u00f1o. Tambi\u00e9n la tienen a ella. La tuvieron desde el principio. S\u00f3lo de Elvira pod\u00edan haber obtenido esa foto que las mostraba juntas. Otras cosas tuyas, que hab\u00edas dado por perdidas para siempre, las hab\u00eda ocultado ella para que nada se interpusiera entre las dos. Ese retrato de 1980 por ejemplo. Eso probaba que la hab\u00edan encontrado primero que a ti. No. Las encontraron al mismo tiempo. T\u00fa, moribunda, le pusiste sin querer una celada al llamarla por tel\u00e9fono, y mientras te repon\u00edas, los verdugos se ocuparon de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY por qu\u00e9 no te tomaron antes si conoc\u00edan tu paradero? Tal vez pensaron que estabas en ese cuarto por otras razones y que, si esperaban, los conducir\u00edas a alguien m\u00e1s. C\u00f3mo llegaron a ti era un misterio. Sin duda, alguien hab\u00eda sido descubierto antes y hab\u00eda hablado. Quisiste controlarte, tratar de comprender c\u00f3mo hab\u00eda ocurrido esto despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, c\u00f3mo era que ellos a\u00fan segu\u00edan buscando.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviste a repetirte que en ese tiempo viv\u00edan ocultas, ajenas al mundo. Que la huida de los ojos de todo les hab\u00eda hecho imposible ser testigos de algo. Que te hab\u00edas unido a ella cuando hab\u00eda pasado demasiado tiempo de aquel asunto malogrado, cuando ya tu mente hab\u00eda dejado atr\u00e1s todo ese fracaso. Recordaste que al salir de tu ocultamiento ni siquiera hab\u00edas intentado saber lo ocurrido con los dem\u00e1s; te bastaba la certeza de que Alfredo hab\u00eda tenido tiempo de irse lejos. Luego hab\u00edas vagado evitando cualquier compa\u00f1\u00eda duradera hasta que encontraste a Elvira. Nunca le contaste nada concreto. Los pocos objetos que conservabas pose\u00edan apenas un valor personal. Pero ahora era indudable que la ten\u00edan en el otro cuarto y le hab\u00edan arrancado todo lo que hab\u00edan usado contigo: las fotos, el nombre de Alfredo, la historia de las dos. Ella no sab\u00eda nada m\u00e1s. Por eso usaban su martirio para provocarte. Los secretos de \u00e9l ella nunca los supo y t\u00fa los desterraste de la memoria porque no quer\u00edas volver a saber nada de ese episodio y porque tampoco quer\u00edas que nada se interpusiera entre las dos. Si ella guard\u00f3 la foto de Alfredo, fue s\u00f3lo para que no volviera a estar al alcance de tus ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Comienzas a gritar que traigan la foto de \u00e9l otra vez, que lo contar\u00e1s todo pero que la dejen en paz. Nadie viene. Gritas para que te oigan, para acallar los quejidos de ella o reventarte en el grito. Chillas hasta que te das cuenta de que ya no se cuela su voz entre el silencio. Como ese ruido suspendido, tu cuerpo no se mueve hasta que oyes los pasos que se aproximan: ahora te toca a ti.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el metal de la puerta se somete al repliegue del cerrojo, s\u00f3lo una imagen te viene a la mente: ella est\u00e1 ex\u00e1nime. Te rompes la cabeza tratando de recordar. Est\u00e1s totalmente dispuesta a esta delaci\u00f3n est\u00fapida, extempor\u00e1nea. Pero tu memoria no responde. Te va a pasar lo mismo que a ella, te van a destruir porque no podr\u00e1s decirles lo que quieren escuchar. No te salvar\u00e1s ni podr\u00e1s liberarla a ella. Cuando los ves entrar, s\u00f3lo puedes pensar en una cosa: igual que en ese libro que una vez leyeron muy juntas y unidas, est\u00e1s presenciando c\u00f3mo los mismos perros de presa han hallado sus distantes esqueletos, no para sacarlos de la tierra sino para sepultarlos en ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>LUMP<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p><em>Para Ana Mar\u00eda Hern\u00e1ndez<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Lydia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nunca pens\u00e9 que esto pudiera suceder, Sergio. Te juro que no se me ocurre d\u00f3nde pueda estar Irene en este momento. Si no la hubieras dejado ir. Pero claro, c\u00f3mo lo habr\u00edas impedido. De todas formas, si supi\u00e9ramos d\u00f3nde est\u00e1 \u00bfqu\u00e9 podr\u00edamos hacer? Jam\u00e1s pens\u00e9 que te hubiera ocultado aquella historia, y menos a\u00fan que siguiera siendo tan importante para ella.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Irene<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Menos mal que te encontr\u00e9, Sergio. Deb\u00ed venir de inmediato pero ten\u00eda miedo y necesitaba pensar. Pero ya han pasado dos d\u00edas y no puedo seguir esperando. No sabes cu\u00e1nto me cuesta recordar. Anteayer, cuando volv\u00ed de donde Lydia, me encerr\u00e9 en la casa: he pasado estos d\u00edas espantando recuerdos que cre\u00ed muertos, que no tendr\u00edan que haber aparecido nunca y menos en este momento. Pero despu\u00e9s de todo, tampoco es tan extra\u00f1o: fue una ma\u00f1ana demasiado parecida a aquella de 1990. S\u00e9 que nunca te habl\u00e9 de eso; realmente pens\u00e9 que lo hab\u00eda dejado atr\u00e1s. En aquel entonces, por una cuesti\u00f3n de mala suerte me vi obligada a darle una explicaci\u00f3n a Marcelo, alguna vez te lo mencion\u00e9 \u00bfrecuerdas?, pero estaba tan intoxicada que desde entonces siempre me cost\u00f3 separar la realidad de las excusas que hab\u00eda inventado. Hab\u00eda pasado una noche terrible, sin dormir, mientras a mi lado Giacomo descansaba como si ya todo no fuera inminente. Me levant\u00e9 y me fui al amanecer. Cuando sal\u00ed del hotel comenc\u00e9 a llorar y llegu\u00e9 descontrolada a casa de Lydia. Fue dif\u00edcil contarle lo sucedido, explicarle algo que se hab\u00eda venido hilvanando silenciosamente y que yo me hab\u00eda resistido a comprender. Fue como si la memoria se fracturara. A ella no quise mentirle, pero recuerdo que no lograba responder con precisi\u00f3n a sus preguntas. Al final me dio unos calmantes y me fui a mi casa. Cuando despert\u00e9 en la tarde, Marcelo hab\u00eda llamado varias veces. Yo me hab\u00eda estado mostrando indiferente, pero cautelosa, como resguardando el espacio que quedar\u00eda vac\u00edo cuando Giacomo se marchara. Peor en las \u00faltimas semanas disimulaba cada vez menos. Me dec\u00eda \u201cNo me importa nada, me la juego.\u201d Pero esa tarde ya lo sab\u00eda todo perdido y por eso tuve cuidado con Marcelo. Ahora, cuando trato de recordar, todo se me confunde y lo \u00fanico claro es el dolor profundo que cre\u00ed haber olvidado, a pesar de que han pasado cinco a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>De todos modos, despu\u00e9s de que Giacomo se fue, dej\u00e9 a Marcelo. Pero no debo quejarme. Cuando conoc\u00ed a Leonardo hace dos meses sent\u00ed que deb\u00eda poner distancia porque esa historia podr\u00eda repetirse. Y as\u00ed fue: anteanoche, cuando lo vi meci\u00e9ndose en el mar, todo se devolvi\u00f3 como una sombra que hubiera estado cerc\u00e1ndome. Otra vez s\u00e9 bien lo que sucedi\u00f3, pero no acabo de organizarlo en mi mente. Tengo clar\u00edsima la impronta del golpe, pero no s\u00e9 c\u00f3mo dec\u00edrtelo y tienes todo el derecho a preguntar porque yo vengo aqu\u00ed una vez a la semana desde hace a\u00f1os y nunca te habl\u00e9 del \u201990 y, salvo ese estruendo que salpic\u00f3 como un chasquido, las \u00fanicas palabras que me vienen son las de hace cinco a\u00f1os y comienzo a hablarte y me doy cuenta de que te digo parte de lo que dije entonces a Marcelo, mezclando con lo que habl\u00e9 hace menos de cuarenta y ocho horas con Lydia y no quiero mentir, pero a lo mejor lo estoy haciendo y sigo hablando y no puedo parar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Lydia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cre\u00ed conocerla lo suficiente, Sergio. Nunca pens\u00e9 que fuera capaz de tanto silencio conmigo y s\u00f3lo ahora comienzo a entender la magnitud de lo que ocurri\u00f3 hace cinco a\u00f1os. En aquella \u00e9poca supe desde el principio lo que Marcelo pod\u00eda significar para ella. Era suave como un muchacho, justo en ese punto que tanto la seduc\u00eda; y yo estaba segura de que cuando ella se iba con \u00e9l se disolv\u00eda sin peligro y se aligeraba de sus cargas. No hay por qu\u00e9 amar, dec\u00eda Irene y yo comprend\u00eda muy bien lo que significaba eso. Marcelo tambi\u00e9n lo entend\u00eda, por eso toleraba sus desapariciones. Sab\u00eda que ella carec\u00eda de la fuerza para enfrentar los extrav\u00edos y que, cuando sintiera el peligro, volver\u00eda a \u00e9l. Marcelo parec\u00eda decir con todo aquello; no hay por qu\u00e9 ser amado y ten\u00eda raz\u00f3n, Irene siempre volv\u00eda. Quiz\u00e1 por eso no supe comprender lo que estaba sintiendo por Giacomo. Es cierto que me perturb\u00f3 cuando se apareci\u00f3 en mi casa aquella ma\u00f1ana que yo cre\u00ed enterrada, temblorosa, perdida en las palabras, diciendo una cosa y despu\u00e9s lo contrario y repitiendo el nombre de Giacomo una y otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Irene<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMarcelo, ven a buscarme. Tienes raz\u00f3n cuando dices que no consigo estar sin ti. Tambi\u00e9n tienes raz\u00f3n con lo de las pastillas, cada d\u00eda me excedo m\u00e1s. No pod\u00eda salir de casa ni hablar por tel\u00e9fono. \u00bfSabes que no tengo ropa que ponerme desde hace d\u00edas? Ahora que estoy m\u00e1s despejada no s\u00e9 qu\u00e9 hacer para estar medianamente presentable y salir. Todo esto se me nota en los ojos; ya t\u00fa lo has dicho: lo m\u00e1s ligero es lo m\u00e1s tenaz y esas dos membranas no me responden. El sue\u00f1o del pez en el cuerpo de la mujer se me ha estado repitiendo: las espinas salen del pez y se clavan en ella. Marcelo, ven a buscarme. Ni siquiera puedo caminar hasta la ducha. \u00bfPor qu\u00e9 insistes con lo de los espejos en el techo, si ya te dije que llevo una semana sin salir de aqu\u00ed? \u00bfQu\u00e9 puedo haberte dicho? No recuerdo nada, ya sabes c\u00f3mo me ponen las pastillas. Lo de los espejos debe haber sido un sue\u00f1o. Sabes que no te miento jam\u00e1s.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Pero te estaba mintiendo, Sergio, porque estaba muerta del miedo, igual que cuando llegu\u00e9 aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Lydia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Luego, esa misma tarde, me llam\u00f3 para que le contara lo que hab\u00eda sucedido, me sorprendi\u00f3 que no recordara casi nada de lo que hab\u00edamos hablado apenas unas horas antes. Comenc\u00e9 a hablar y a cada momento me increpaba porque sus silencios me desconcertaban. Entonces pregunt\u00f3 por los espejos, eso me desarm\u00f3: lo \u00fanico claro que hab\u00eda dicho esa ma\u00f1ana era que hab\u00eda pasado la noche en vela mientras Giacomo dorm\u00eda a su lado, mirando su propia cara repetida en los espejos del techo y que esa imagen la hab\u00eda llenado de pavor. Tampoco lograba recordar en qu\u00e9 momento se lo hab\u00eda dicho a Marcelo y si hab\u00eda nombrado o no a Giacomo. Pero estaba preocupada por Marcelo. Me dijo que su \u00fanica salida era atrincherarse en la excusa de las lagunas que le produc\u00edan las pastillas y repetirle una y mil veces que deb\u00eda tratarse de un sue\u00f1o que ya hab\u00eda olvidado. Me dijo que no quer\u00eda perderlo, que s\u00f3lo \u00e9l podr\u00eda ayudarla a salir de aquello.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Irene<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No quer\u00eda que Marcelo me dejara. S\u00f3lo ve\u00eda la imagen de Giacomo tomando un avi\u00f3n, d\u00e1ndome la espalda en cualquier calle, despidi\u00e9ndose incluso con una sonrisa. Sent\u00eda que Giacomo no volver\u00eda a aparecer. Llevaba una semana sin saber de \u00e9l; estaba segura de que no hab\u00eda regresado a Madrid, pero sab\u00eda que tampoco volver\u00eda a m\u00ed. \u201cNo quiero que Marcelo me deje\u201d era lo \u00fanico que repet\u00eda. Giacomo se lo llevar\u00eda todo, que al menos su ausencia no me separara de Marcelo. No pod\u00eda creer que hubiera sido tan grande mi desvar\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Lydia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una semana despu\u00e9s encontr\u00e9 un recado de Irene. Tal como yo pens\u00e9. Giacomo la hab\u00eda llamado para decirle que esa misma tarde volver\u00eda a Madrid. Tengo que verte, fueron sus palabras, y sal\u00ed a encontrarla. Fuimos a uno de esos lugares que frecuent\u00e1bamos entonces. Me cont\u00f3 que hab\u00eda insistido en verlo antes de que viajara. Me repiti\u00f3 varias veces c\u00f3mo, luego de la despedida, no se permiti\u00f3 mirar atr\u00e1s y se fue perdiendo en las escaleras del metro. De all\u00ed fue a la universidad y almorz\u00f3 tranquilamente con una amiga. Me dijo que se sent\u00eda bloqueada, pero de inmediato comenz\u00f3 a llorar. Nunca en tantos a\u00f1os la hab\u00eda visto as\u00ed. S\u00f3lo dijo: \u201cNo puede haber sido tan grande mi desvar\u00edo\u201d, y ya no habl\u00f3 m\u00e1s. No volv\u00ed a verla en varias semanas y se neg\u00f3 durante todo ese tiempo a atender mis llamadas. Marcelo me busc\u00f3 para decirme que Irene lo hab\u00eda dejado. Ha pasado tanto tiempo, Sergio. Con los meses pareci\u00f3 recuperarse, especialmente despu\u00e9s de que comenz\u00f3 las consultas contigo; y todo volvi\u00f3 a la normalidad hasta que hace dos d\u00edas lleg\u00f3 a mi casa de ese modo tan sorpresivo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Irene<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La primera vez que vi a Leonardo supe que deb\u00eda alejarme de \u00e9l. \u00bfRecuerdas que te lo dije? Ten\u00eda esa marca en la frente de los que no pertenecen a ning\u00fan lado. No quise admitirlo en el momento, pero me record\u00f3 a Giacomo. Cuando volvimos a encontrarnos, mientras fum\u00e1bamos en aquel lugar, supe que pasar\u00eda la noche con \u00e9l. Terminamos en esa calle oscura, caminando hacia el cuarto donde \u00e9l viv\u00eda. Durante estos dos meses que no vine a tu consulta, me sent\u00eda atrapada por \u00e9l y no dejaba de resonar en mi mente aquella frase que acostumbraba decirme Marcelo: ten\u00eda raz\u00f3n cuando afirmaba que me faltaban fuerzas para enfrentar los extrav\u00edos. Comenc\u00e9 a sentir que me debilitaba y que si segu\u00eda con Leonardo acabar\u00eda por hundirme otra vez; pero nunca pens\u00e9 que todo terminar\u00eda as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Lydia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ella lleg\u00f3 a hablarme un poco de Leonardo: ya sabes que no nos ve\u00edamos tanto como antes. Por eso me sorprendi\u00f3 verla en mi casa anteayer. Lleg\u00f3 desesperada hablando de Marcelo y de Giacomo, pero sin mencionar ni por un instante a Leonardo. Era como si en su mente el tiempo hubiera retrocedido, y yo no lograba entender el motivo de su desesperaci\u00f3n. Habl\u00f3 mucho en los \u00faltimos a\u00f1os del da\u00f1o que le hab\u00edan causado las pastillas. Pero no terminaba de decir nada concreto, y jam\u00e1s me hubiera imaginado lo que ocurri\u00f3 si t\u00fa no me lo cuentas. Tampoco sab\u00eda que llevaba tantas semanas cancelando las citas contigo. Claro que creo que debemos buscarla, pero no tengo idea de d\u00f3nde haya podido ir. Por otra parte, \u00bfqu\u00e9 har\u00edamos si la encontramos? En muy poco tiempo lo sucedido se va a saber.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Palabras de Irene<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo recuerdo el golpe, Sergio. Ese sonido no ha parado de retumbarme en la cabeza; y despu\u00e9s ese aturdimiento como si todo se hubiera detenido, como si no acabara de ocurrir algo tan definitivo. La cara de Leonardo desapareci\u00f3; yo misma estaba como suspendida: escuchaba el mar como si fuera a tragarme de un momento a otro. No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo pas\u00f3 ni c\u00f3mo fui a parar a casa de Lydia; ten\u00edamos tiempo sin vernos. Fue un viaje in\u00fatil, no me atrev\u00ed a decirle nada. Pero te juro que nunca plane\u00e9 ocultarle lo de Giacomo, simplemente yo misma lo hab\u00eda olvidado, hasta que Leonardo apareci\u00f3, y fue como si todo comenzara a confundirse en mi mente: muchas cosas que nos pasaban, sent\u00eda que ya las hab\u00eda vivido con Giacomo, hab\u00eda instantes brev\u00edsimos en que sus rostros se me confund\u00edan. Comenc\u00e9 a sentir que todo volv\u00eda a ahogarme: cada vez me convenc\u00eda m\u00e1s de que \u00e9l sobrevivir\u00eda a todos esos excesos y yo volver\u00eda a sucumbir. Antenoche en la playa, la \u00faltima noche, \u00e9l estaba muy borracho y hablaba compulsivamente. Yo ya no soportaba sus palabras inconexas y quise irme, pero \u00e9l me detuvo. Entonces empec\u00e9 a golpearlo y \u00e9l me devolvi\u00f3 los golpes. Seguimos luchando hasta que de pronto se dej\u00f3 ir hacia atr\u00e1s y cay\u00f3 de espaldas en la orilla y se qued\u00f3 balance\u00e1ndose entre las olas, completamente ajeno a lo que acababa de ocurrir. Sent\u00ed la noche tan oscura, el rugido del mar tan envolvente. Me di la vuelta para marcharme y mientras caminaba imagin\u00e9 su voz al d\u00eda siguiente, diciendo que no hab\u00eda pasado nada, pregunt\u00e1ndome por qu\u00e9 lo hab\u00eda dejado solo en el mar. Entonces la furia volvi\u00f3 a apoderarse de m\u00ed. Corr\u00ed hacia los \u00e1rboles, empec\u00e9 a patearlos, a arrancar las hojas, a gritar: era la noche que estaba trag\u00e1ndome. Si no me aferraba a algo me iba a devorar. En ese momento vi la piedra y me seren\u00e9. Sent\u00ed que si no me mov\u00eda no pasar\u00eda nada y as\u00ed me qued\u00e9 un rato. Fue entonces cuando o\u00ed la voz de Leonardo que me llamaba mientras chapoteaba en la orilla. Ah\u00ed fue cuando agarr\u00e9 la piedra con las dos manos. Me voy antes de que lo encuentren. No voy a volver en mucho tiempo. Cuando me iba de la playa s\u00f3lo pensaba que no deb\u00eda mirar atr\u00e1s y, desde entonces, ese sonido no deja de retumbarme en la cabeza. Es lo \u00fanico que recuerdo con claridad del ruido del golpe cuando le tir\u00e9 la piedra. Debe haber sido porque ten\u00eda la cabeza en el agua. Son\u00f3 algo as\u00ed como LUMP.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/maria-celina-nunez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicados en: http:\/\/maria-celina-nunez.blogspot.com. Imagen: Meninas de Picasso<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los mismos perros de presa Est\u00e1s en la misma ciudad de siempre, te dicen, pero sabes bien que ahora es otra y que debes ubicarte en 1989, casi diez a\u00f1os atr\u00e1s. Tienes la sensaci\u00f3n de que todo eso es muy remoto, realmente inalcanzable. 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