{"id":7819,"date":"2023-04-09T23:54:09","date_gmt":"2023-04-09T23:54:09","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7819"},"modified":"2023-11-24T18:21:45","modified_gmt":"2023-11-24T18:21:45","slug":"contra-industria-literaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/contra-industria-literaria\/","title":{"rendered":"Contra la industria literaria: \u00bfCr\u00edtica, asalto o juegos de poder?"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Carlos Sandoval <\/strong><\/h4>\n<p><strong>Espejos<\/strong><\/p>\n<p>En varias escenas de la segunda parte de <em>\u00c1rbol de luna<\/em>, reconstrucci\u00f3n picaresca de la vida venezolana de los \u00faltimos a\u00f1os, se describe a un analista literario sospechosamente parecido a m\u00ed: \u201cA su izquierda, destacaba un cr\u00edtico [\u2026] cuyo nombre no logro memorizar y que es bastante menudo, tan menudo que puede decirse sin ofender que es un enano\u201d. M\u00e1s adelante, se precisa: \u201cun profesor [\u2026] bastante peque\u00f1o, parece un duendecito con bigote\u201d. (M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, 2000, pp. 123,127).<\/p>\n<p>La novela hace una feroz requisitoria de nuestra historia pol\u00edtica reciente (barraganato, golpes de Estado, corrupci\u00f3n, sue\u00f1os revolucionarios), sin excluir el diagn\u00f3stico sobre otras \u00e1reas en donde la ignorancia, el clientelismo y la mediocridad revelan tambi\u00e9n la ineficiencia de una cultura. Este ser\u00eda el caso de la cr\u00edtica literaria: departamento de una industria de la sensibilidad escrita que falla, indica la obra, al momento de evaluar los productos nacionales fabricados en su rubro.<\/p>\n<p>Contin\u00faa el narrador de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez:<\/p>\n<p><em>\u2026 distingu\u00ed al cr\u00edtico enano repartiendo copias de un manuscrito. Llegaba ceremonioso, se inclinaba [\u2026] y [\u2026] entregaba una carpeta con unas p\u00e1ginas amarillentas.<\/em><\/p>\n<p><em>El enano hac\u00eda un gesto marcial cuando colocaba en las manos de las personas su texto, como si fuese el presidente de la rep\u00fablica entregando el sable a los subtenientes reci\u00e9n graduados\u2026<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando [\u2026] me dispon\u00eda a levantarme avanz\u00f3 hacia m\u00ed y [\u2026] me puso en las manos lo que \u00e9l llam\u00f3 su \u201cm\u00e1s reciente obra\u2026 Se trata \u2013[\u2026] dijo\u2013 de una exploraci\u00f3n ficcionalizada en el imaginario de la cultura popular, en la geograf\u00eda y en el l\u00e9xico de la Venezuela profunda, de la Venezuela aut\u00e9ntica, de la Venezuela venezonalizada y pura que nos legaron\u2026\u201d (M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, 2000, p. 125)<\/em><\/p>\n<p>Perm\u00edtaseme esta otra larga cita:<\/p>\n<p><em>Lo mejor es no volverme a tropezar con el enano [\u2026] le\u00ed unos pedazos del manuscrito. Se trata de una serie de chistes verdes sobre mujeres\u2026 De todas maneras, [\u2026] no me resulta antip\u00e1tico del todo. Me produce cierta compasi\u00f3n. No pudo colocar su novela en ninguna parte [\u2026]<\/em><\/p>\n<p><em>Lo escuch\u00e9 hablar pestes de todos [\u2026] comenz\u00f3 a decir que estaba siendo v\u00edctima de una estrategia internacional de sus enemigos. Seg\u00fan dice, sus rivales en Latinoam\u00e9rica forman parte de la CIA y no pueden aceptar que \u00e9l escriba desde una venezolanidad sin fisuras, reivindicando los valores eternos del telurismo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2026 se acerc\u00f3 un momento a otros profesores [\u2026] les dijo que ahora en Venezuela se iban a acabar las mariconadas extranjerizantes, los libros que no hablasen de Guatire, de la avenida P\u00e1ez del Para\u00edso, de las gestas patri\u00f3ticas, de los burdeles, de la yuca frita, del indio Yaracuy. Se alter\u00f3 tanto que alguien [\u2026] lo sent\u00f3 en un banco donde sigui\u00f3 murmurando\u2026<\/em><\/p>\n<p><em>No estoy seguro, pero supongo que estaba hablando de pol\u00edtica y del movimiento que ganar\u00e1 las elecciones en mi pa\u00eds: unos militares nacionalistas [\u2026] que intentaron dar un golpe a\u00f1os atr\u00e1s. (ib\u00eddem, pp. 137-138)<\/em><\/p>\n<p>Queda claro: entre nosotros hay una cr\u00edtica literaria al servicio de una pol\u00edtica cultural de Estado que orienta sus valoraciones hacia el an\u00e1lisis de ciertos temas supuestamente idiosincr\u00e1sicos. Al menos eso se\u00f1alan los pasajes que M\u00e9ndez Gu\u00e9dez dedica en <em>\u00c1rbol de luna <\/em>al problema de los juicios sobre la narrativa venezolana de fines del siglo XX. Una cr\u00edtica <em>enana<\/em>, atrabiliaria, del tipo de la practicada en algunas p\u00e1ginas chovinistas de Gonzalo Pic\u00f3n Febres, la cual desconf\u00eda, adem\u00e1s, de su propia especificidad al trocar al analista en un narrador de medio pelo.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la descomposici\u00f3n social que examina la novela, una met\u00e1stasis generalizada en <em>el cuerpo de la patria<\/em>, para decirlo con un lugar com\u00fan, ha enfermado por igual las idealizaciones mentales; de modo que a los edificios inconclusos, a las carencias hospitalarias, a la falta de alumbrado p\u00fablico, debe sumarse la exclusi\u00f3n del libre mercadeo de anhelos o sensaciones en el arte escrito.<\/p>\n<p>Las pruebas evacuadas por M\u00e9ndez Gu\u00e9dez enfatizan la adscripci\u00f3n de la actividad cr\u00edtica a los espacios acad\u00e9micos: el \u201cduendecito con bigote\u201d, no lo olvidemos, es profesor; en un solo trazo el protagonista de <em>\u00c1rbol de luna <\/em>cuestiona dos roles corporativos de la empresa dedicada a la literatura: el sistema de aquiescencia o rechazo de piezas y autores, fomentado, principalmente, por las universidades nacionales, y el <em>brazo ejecutor <\/em>de esa pol\u00edtica.<\/p>\n<p><strong>La industria literaria<\/strong><\/p>\n<p>El sistema se manifiesta en varias estaciones de trabajo: casas editoras, distribuidores, librer\u00edas, publicistas, pero sobre todo, en lectores profesionales, esto es, cr\u00edticos y profesores de literatura, o cr\u00edticos-profesores, como se quiera. La industria literaria: un complejo tramado que involucra, por supuesto, elementos no art\u00edsticos, en atenci\u00f3n a din\u00e1micas sociales que permiten, justamente, la existencia factual de las obras. En t\u00e9rminos de Bourdieu: el <em>campo literario<\/em>, una derivaci\u00f3n del <em>campo art\u00edstico<\/em>, a su vez dependientes de una instancia mayor: el <em>campo cultural<\/em>.<\/p>\n<p>Si los campos no son m\u00e1s que redes \u201cde relaciones objetivas (de dominaci\u00f3n o subordinaci\u00f3n, de complementariedad o antagonismo, etc.) entre posiciones\u2026\u201d (Bourdieu, 1995, p. 342); quiere decir: una tenencia, b\u00fasqueda o lucha de \u201cpoder (econ\u00f3mico, pol\u00edtico, religioso, cultural, etc.) a trav\u00e9s de objetos espec\u00edficos\u201d (Ortega, 2005), podr\u00edamos se\u00f1alar que, respecto de la cr\u00edtica literaria y de las materializaciones narrativas, la novela de M\u00e9ndez Gu\u00e9dez entra en pugna con el capital simb\u00f3lico del campo literario venezolano que cifra en el uso de una tem\u00e1tica particular su m\u00e1s visible dominio<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Un rechazo que manifiesta, se sabe, la necesidad del litigante de acceder por la fuerza de su propio capital simb\u00f3lico a los espacios de la ideolog\u00eda (y f\u00edsicos) del poder literario vigente.<\/p>\n<p>La novela ser\u00eda, entonces, el objeto mediante el cual un <em>agente de ruptura <\/em>(concepto tambi\u00e9n de Bourdieu), el autor concreto Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, intenta socavar una estrecha visi\u00f3n de lo literario \u2013el <em>habitus<\/em>:\u201c sistema din\u00e1mico de disposiciones y posiciones que se desarrolla en el campo\u201d (Bourdieu parafraseado por Ortega, 2005)\u2013, como mecanismo de <em>asalto <\/em>al poder. No obstante, estas tensiones no pasan de simples escarceos. Sin duda, <em>\u00c1rbol de luna <\/em>postula una imagen degradada del pa\u00eds, pero no rebasa la gruesa pincelada al diluir los cuestionamientos en el cielo de la nostalgia o en el hurac\u00e1n de la parodia.<\/p>\n<p><strong>Guerras de tinta<\/strong><\/p>\n<p>Cr\u00edtica a una sociedad d\u00edscola. <em>\u00c1rbol de luna <\/em>plantado en el cancel. La novela se detiene justo donde su condici\u00f3n art\u00edstica podr\u00eda haberse malogrado<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.Va a otros asuntos y descarga el tema de la funci\u00f3n narrativa y de sus evaluadores en otros especialistas: \u201cno dejo de pensar en el cr\u00edtico enano. Parece que ayer lo internaron para hacerle una cura de sue\u00f1o\u201d (M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, 2000, p. 140). Cosa de locos, la literatura. O de hiperest\u00e9sicos. En ocasiones, todo parece un s\u00edntoma de esquizofrenia, una estrategia para llegar o mantenerse en el poder: la voz ortodoxa del campo cultural, el due\u00f1o interino del capital creativo que caracteriza al pa\u00eds.<\/p>\n<p>Siendo tan reducido el campo literario venezolano, estas refriegas parecen un tanto in\u00fatiles y extempor\u00e1neas. Sin embargo, se manifiestan con regularidad, pero no en la vida de los productores (atr\u00e1s quedaron los d\u00edas de manifiestos, de grupos y vanguardias militantes), sino en el plano de los contenidos y de las tramas de las piezas. Luchas incruentas, aunque vehementes, m\u00e1s cercanas al entretenimiento que a una verdadera <em>reflexi\u00f3n narrativa<\/em>, valga la expresi\u00f3n, sobre los \u00e1mbitos de competencia de las actividades cr\u00edtica y ficcional, respectivamente.<\/p>\n<p>Veamos dos nuevos ejemplos. El primero corresponde a un autor reconocido por nuestra industria literaria como parte de la llamada \u201cnarrativa de los noventa\u201d (Cfr. Barrera, 1997; N\u00fa\u00f1ez, 1997; Sandoval, 2000): \u201cPa(i)sajes\u201d, cuento de Luis Felipe Castillo. El segundo, \u201cTextamento para detectives\u201d, tiene la firma de Luis Barrera Linares, destacado representante del conjunto de creadores que se dieron a conocer en la d\u00e9cada del ochenta. Castillo y Barrera son, adem\u00e1s, profesores de literatura; en alg\u00fan momento ambos han ejercido tambi\u00e9n la cr\u00edtica literaria.<\/p>\n<p>Resumo la historia de \u201cPa(i)sajes\u201d: en un simposio de literatura que se desarrolla en Caracas asesinan a una importante profesora. El hecho desencadena una pesquisa realizada por otra docente que, \u201cpara completarse el sueldo\u201d, ejerce funciones de detective. Pese a la incomodidad del asesinato el evento sigue su curso. Se discuten las comunicaciones y en la plenaria se devela, finalmente, al homicida.<\/p>\n<p>El dispositivo sem\u00e1ntico de esta trama policial descansa en la comprobaci\u00f3n de que el mundo de la cr\u00edtica universitaria (no s\u00f3lo venezolana) es un terreno minado: la envidia, el ascenso sin m\u00e9ritos, la chatura intelectual son las divisas de una actividad que busca por sobre todo hacer turismo gracias al mal uso de los fondos educativos. Expresa el narrador:<\/p>\n<p><em>Para los organizadores es toda una tragedia: se les terminan los almuerzos en mesones de lujo, el show, la aventura de salir en las p\u00e1ginas literarias y decir vainas como \u201csi el siglo XIX fue el de la novela, el XX es el de la cr\u00edtica y de los estudios culturales\u201d; tambi\u00e9n se les disipa la posibilidad de un intercambio con instituciones prestigiosas (Berkeley, Stanford,Yale, Pittsburgh, Columbia). (Castillo, 1998, p. 23)<\/em><\/p>\n<p>El lector se enfrenta, as\u00ed, a \u201cuna cantidad de frustrados \u00abestudiosos\u00bb (los extranjeros no pueden disfrutar de Mochima, Morrocoy, Bah\u00eda de Cata; los nacionales pierden la oportunidad de firmar convenios e ir a Brown, Boston, Nueva York, Los \u00c1ngeles, San Francisco, etc.)\u201d (ib\u00eddem, p. 24).<\/p>\n<p>En apariencia, en el texto se cuestiona, como en M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, una praxis cr\u00edtica cuyo sustrato te\u00f3rico evidencia fuertes rasgos nacionalistas en el an\u00e1lisis de los contenidos y, simult\u00e1neamente, una devaluaci\u00f3n de esa misma pr\u00e1ctica en virtud de su torcida finalidad. No se discute el valor est\u00e9tico de las obras, sino su adscripci\u00f3n tem\u00e1tica al \u201cchinchorro, el dulce de leche y el conuco\u201d (p. 26); las valoraciones no buscan generar conocimientos, tan s\u00f3lo \u201csirven para reconstruir un paisaje que m\u00e1s tarde se trocar\u00e1 en un pasaje\u2026\u201d (p. 34)<\/p>\n<p>Todo el relato se halla saturado de frases descalificadoras relativas al trabajo cr\u00edtico-docente y a los circuitos en los cuales interact\u00faan estos especialistas. Una pintura mordaz, tal vez hiriente, aunque divertida, que muestra ciertas relaciones de poder en el campo literario venezolano. Aqu\u00ed tambi\u00e9n Castillo har\u00eda las veces de un <em>agente de ruptura <\/em>en tanto denuncia, mediante el uso de estereotipos en ocasiones f\u00e1cilmente asimilables a algunas personalidades concretas, a quienes dominan el campo de la literatura local. La denuncia ser\u00eda el primer movimiento de avance hacia territorio enemigo: el anhelado para\u00edso del reconocimiento p\u00fablico.<\/p>\n<p>El cuento finaliza explicitando el m\u00f3vil del asesinato: a la doctora Del Prat la mat\u00f3 el Prof. Zeda porque aqu\u00e9lla desenmascarar\u00eda, en la plenaria del simposio, su condici\u00f3n de turista; Zeda usaba \u201clas instituciones del Estado y de las universidades, [como] la ventanilla de una agencia de viajes.\u201d (Castillo, 1998, p. 37)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>Por su parte, en \u201cTextamento para detectives\u201d el cuestionamiento al sistema de valoraci\u00f3n literario o al canon narrativo, recrudece. El esquema policial le sirve a Barrera Linares para exponer su percepci\u00f3n de la obra de Oswaldo Trejo \u2013escritor a quien est\u00e1 dedicado el cuento; adem\u00e1s sirve de modelo para la construcci\u00f3n del personaje principal\u2013, y del campo literario venezolano reciente.<\/p>\n<p>La historia se reduce a investigar el asesinato de un escritor, aprop\u00f3sito de una rese\u00f1a de prensa, un complot entre los amigos del occiso para despojarlo de sus bienes. No me interesa seguir los pormenores que comprueban un homicidio donde antes se crey\u00f3 un fallecimiento natural. Deseo mostrar c\u00f3mo Barrera incurre tambi\u00e9n en el ejercicio del descr\u00e9dito. Transcribo: \u201cDos a\u00f1os hac\u00eda ya de la muerte de Mauricio. De su escritura agresiva, burlesca, \u201cexperimental\u201d \u2013seg\u00fan los insulsos cr\u00edticos literarios posmodernos\u2013, s\u00f3lo quedaba el recuerdo\u2026\u201d (2003, p. 51).Vieja conseja: quienes analizan la literatura no saben de qu\u00e9 va la cosa.<\/p>\n<p>Para el caso que nos ocupa, lo m\u00e1s ostensible del trabajo resulta el calco de personas concretas del campo literario del pa\u00eds. Trejo:<\/p>\n<p><em>El tipo era un escritor extra\u00f1o a la vista de profesores y lectores en general. Aparte de haber sido desde muy joven su propio promotor y haber viajado a diversos lugares del mundo financiado por todos los gobiernos, siempre practic\u00f3 eso que los preceptistas llaman pomposamente ludismo verbal\u2026 (Barrera Linares, 2003, p. 53)<\/em><\/p>\n<p>\u00bfArr\u00e1iz Lucca?:<\/p>\n<p><em>Bruca, el poeta del grupo [\u2026] ahora que es adverso al gobierno de turno, se desvela mucho por su figura y su figuraci\u00f3n de hombre que ha ocupado cargos p\u00fablicos [\u2026] Sabe que alguna gente del entorno pol\u00edtico [\u2026] conservador est\u00e1 pendiente de sus movimientos y eso lo ha llevado a cuidar [\u2026] escrupulosamente sus delicados mostachos\u2026<\/em><\/p>\n<p>[\u2026]<\/p>\n<p><em>\u2026 Bruca B\u00e1ez (poetastro, tambi\u00e9n pedant\u00f3n y soberbio, presunto cr\u00edtico literario sabelotodo que en realidad conoce poco de lo que escribe, pero muy reconocido debido a la publicidad que le auspician varios fablistanes consagrados, cagatintas de su suegro ex-ministro)\u2026<\/em><\/p>\n<p>[\u2026]<\/p>\n<p><em>\u2026 adem\u00e1s [\u2026] abogado, no muy bueno que digamos pero abogado. (pp. 52, 54-55, 56)<\/em><\/p>\n<p>Y el propio Barrera Linares: \u201csoy el \u00fanico que de verdad ha estudiado la obra literaria de Mauricio\u201d, esto es, de Oswaldo Trejo. (p. 57)<\/p>\n<p>De las tres piezas presentadas, \u201cTextamento para detectives\u201d es la que mejor refleja las tensiones de nuestro campo literario. As\u00ed, la descalificaci\u00f3n ficcionalizada del posible Arr\u00e1iz Lucca implica la necesidad de establecer nuevos par\u00e1metros respecto de lo que en la actual industria literaria venezolana se considera un cr\u00edtico o un poeta. En lo relativo a la primera especialidad \u2013la cr\u00edtica\u2013 quiz\u00e1 Barrera se oferte como modelo a seguir, pues \u00e9l \u201cde verdad ha estudiado\u201d la literatura, \u201cconoce [mucho] de lo que escribe\u201d.<\/p>\n<p>Por su parte, la imagen del narrador trejiano que apuesta por la incomunicabilidad acaso deba tomarse, tambi\u00e9n, como gu\u00eda para conquistar un puesto en el emp\u00edreo del arte escrito en Venezuela.<\/p>\n<p><strong>Juegos<\/strong><\/p>\n<p>Para Bourdieu, las relaciones de poder en un campo cultural deben estudiarse como estrategias desarrolladas por agentes siempre en pugna. Seg\u00fan su posici\u00f3n de dominancia, los agentes se dividen en aut\u00f3nomos y heter\u00f3nomos. Los agentes aut\u00f3nomos \u201cs\u00f3lo buscan el poder a trav\u00e9s del capital cultural\u201d, en tanto que los agentes heter\u00f3nomos \u201cdependen de otros tipos de capital\u201d (Ortega, 2005). En el caso espec\u00edfico del campo literario, los agentes suelen ser aut\u00f3nomos, pues el estatuto de poder, el lugar, la posici\u00f3n que se ocupa en determinado momento, se sustenta en el conocimiento acumulado personalmente, no en la tenencia de capitales econ\u00f3micos o de otro tipo.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, los agentes son personas concretas que luchan por conquistar un sitio en el mundo; quiere decir: dentro del campo que satisfar\u00e1 sus anhelos. Si bien la noci\u00f3n de campo comporta elementos subjetivos, tambi\u00e9n es cierto que se materializa en las llamadas instituciones, como la instituci\u00f3n literaria (que aqu\u00ed llamo industria).<\/p>\n<p>Me parece que hay tres maneras de relacionarse con el campo cultural al cual se adscriben los productos de la literatura. Tres formas de manifestaci\u00f3n de las tensiones generadas en la din\u00e1mica propia de un sistema social: la cr\u00edtica, el asalto o el simple juego para reafirmar el sitio que se ocupa.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica se da cuando un agente pobre en capital (cultural, simb\u00f3lico) se\u00f1ala las exclusiones a las que es sometido, pero sin la capacidad ni la fuerza para producir un cambio que mejore su marginalidad. Ejemplo: los novelistas que defienden un tipo de producci\u00f3n desfasada seg\u00fan las tendencias m\u00e1s recurrentes de su momento: algo as\u00ed como el chiste de Vila- Matas cuando vino a retirar el Premio R\u00f3mulo Gallegos: \u201cen Espa\u00f1a hay narradores que no saben que existe el televisor\u201d.<\/p>\n<p>El asalto ser\u00eda el m\u00e1s vistoso mecanismo de acceso al campo cultural. Se trata de un movimiento de ruptura que se apropia por la fuerza de sus manifestaciones art\u00edsticas, contestatarias, de los instrumentos de poder en un momento espec\u00edfico de la historia. Con ello desplazan viejas formas, proponen esquemas novedosos para renovar aquellas materializaciones que consideran obsoletas. Sin duda, las vanguardias de los a\u00f1os veinte y treinta del siglo XX resultan pruebas contundentes. O la irrupci\u00f3n de los grupos literarios en los a\u00f1os sesenta en Venezuela.<\/p>\n<p>Finalmente, el juego de poder. Las piezas evaluadas: <em>\u00c1rbol de luna<\/em>, \u201cPa(i)sajes\u201d y \u201cTextamento para detectives\u201d s\u00f3lo muestran algunas relaciones del campo literario venezolano. Se trata de obras que recurren a un t\u00f3pico muy trajinado los \u00faltimos a\u00f1os: la literatura sobre literatura. Los autores concretos Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, Luis Felipe Castillo y Luis Barrera Linares no son, en absoluto, polemistas irreductibles ni menos a\u00fan agentes de poco capital simb\u00f3lico y cultural. Los tres ocupan un firme lugar en la instituci\u00f3n literaria venezolana<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. De all\u00ed que los textos funcionen como meros ejercicios recreativos, manifestaciones espejeantes de quienes se demoran en la contemplaci\u00f3n de s\u00ed mismos (y de sus colegas) en su rol de protagonistas de nuestra narrativa actual. Ludismo de grupo, cotidianidad, emp\u00edreo y guasa de vida, paso del tiempo jugando a rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>Barrera Linares, L. (1997). <em>Desacralizaci\u00f3n y parodia. (Aproximaci\u00f3n al cuento venezolano del siglo <\/em><em>XX<\/em><em>)<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila Latinoamericana.<\/li>\n<li>_______. (2003). Textamento para detectives. En: <em>Cuentos en-red-@-dos <\/em>(pp. 51-62). Caracas: Editorial ficticia La duda mel\u00f3dica.<\/li>\n<li>Bourdieu, P. (1995). <em>Las reglas del arte. G\u00e9nesis y estructura del campo literario<\/em>. Barcelona, Espa\u00f1a: Anagrama.<\/li>\n<li>Castillo, L. F. (1998). Pa(i)sajes. En <em>El placer de la falsificaci\u00f3n <\/em>(pp. 23-38). Caracas: Memorias de Altagracia.<\/li>\n<li>M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, J. C. (2000). <em>\u00c1rbol de luna<\/em>. Madrid: Lengua de Trapo.<\/li>\n<li>N\u00fa\u00f1ez, M. C. (1997). <em>Del realismo a la parodia. (Marcas para un mapa en la narrativa venezolana de los \u201990)<\/em>. Caracas: Eclepsidra.<\/li>\n<li>Ortega Gonz\u00e1lez-Rubio, M. (2005). La literatura como producto cultural en la lucha de los <em>campos <\/em>y el <em>habitus<\/em>. [Documento en l\u00ednea]. <em>Esp\u00e9culo. Revista de Estudios Literarios<\/em>. Universidad Complutense de Madrid. Disponible: http:\/\/www.ucm.es\/info\/especulo\/numero31\/litbour.html [Consulta: 2005, julio 20]<\/li>\n<li>Sandoval, C. (2000). <em>La variedad: el caos<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila Latinoamericana.<\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u201cEl <em>capital <\/em>es lo que cada individuo posee o anhela poseer: cierta posici\u00f3n social (<em>capital social<\/em>), bienes materiales (<em>capital econ\u00f3mico<\/em>), conocimientos (<em>capital cultural<\/em>) o determinada valoraci\u00f3n del mundo (<em>capital simb\u00f3lico<\/em>) [\u2026] Los <em>campos <\/em>de la actividad humana se delimitan seg\u00fan prevalezca en ellos alguno de estos tipos de capital.\u201d (Ortega, 2005)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> La obra constituye hasta ahora, en el sistema de representaci\u00f3n creativa de Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, el punto m\u00e1s alto de un proyecto que, sin apartarse de su materialidad literaria, busca dibujar una imagen idiosincr\u00e1sica del venezolano, una explicaci\u00f3n en registro novelado de lo que hoy somos. Se trata, sin duda, de un riesgo. \u00bfC\u00f3mo eludir la tendencia de algunos pasajes cercanos a la mera denuncia? En ocasiones es inevitable. Con todo, ser\u00eda injusto se\u00f1alar que <em>\u00c1rbol de luna <\/em>es una novela escrita para mostrar la escasez mental de una clase dirigente o de los funcionarios civiles y militares en el manejo de los llamados \u201casuntos p\u00fablicos\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> No se me escapa la posibilidad de otra lectura: tal vez \u201cPa(i)sajes\u201d sea la demostraci\u00f3n narrativa de las teorizaciones de Bourdieu sobre las reglas de funcionamiento del arte. Ya dije que Castillo es profesor de literatura, conoce el terreno que ataca. Acaso por ello el narrador transcribe estas l\u00edneas de la ponencia le\u00edda por la detective-profesora: \u201cEl autor no es, pues, un &#8216;outsider&#8217; o una conciencia cr\u00edtica, sino un experto encargado de materializar en el campo simb\u00f3lico la labor pol\u00edtica realizada por el grupo en el poder.\u201d<\/p>\n<p>Valga este otro ejemplo:<\/p>\n<p>\u201c&#8230; \u00bfcu\u00e1nto te pagaron?<\/p>\n<p>\u2014 Mucho<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1nto?<\/p>\n<p>\u2014Lo suficiente para irme a Par\u00eds&#8230;<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfVas a estudiar con Bourdieu&#8230;?\u201d<\/p>\n<p>No obstante, la descalificaci\u00f3n de algunas instancias acad\u00e9mico-cr\u00edticas es de tal magnitud que la posible demostraci\u00f3n narrativa se disipa en la llana mordacidad. (Castillo, 1998, pp. 25, 30).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> No s\u00f3lo en la instituci\u00f3n literaria del pa\u00eds: cuentos de estos autores han sido recogidos en varias antolog\u00edas latinoamericanas y espa\u00f1olas.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carlos-sandoval\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Publicado en: Carmen D\u00edaz Orozco (2006): <em>Laberintos del poder, <\/em>Universidad de Los Andes. Imagen: https:\/\/www.liceus.com.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Sandoval Espejos En varias escenas de la segunda parte de \u00c1rbol de luna, reconstrucci\u00f3n picaresca de la vida venezolana de los \u00faltimos a\u00f1os, se describe a un analista literario sospechosamente parecido a m\u00ed: \u201cA su izquierda, destacaba un cr\u00edtico [\u2026] cuyo nombre no logro memorizar y que es bastante menudo, tan menudo que puede [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":7820,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7819"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7819"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7819\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7824,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7819\/revisions\/7824"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7820"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7819"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7819"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7819"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}