{"id":7783,"date":"2023-04-04T00:38:53","date_gmt":"2023-04-04T00:38:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7783"},"modified":"2023-11-24T18:22:00","modified_gmt":"2023-11-24T18:22:00","slug":"lepra-de-alberto-hernandez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lepra-de-alberto-hernandez\/","title":{"rendered":"\u00abLepra\u00bb, de Alberto Hern\u00e1ndez"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Por Jos\u00e9 Ygnacio Ochoa<\/h4>\n<p>[&#8230;] <em>y pienso con obscuro pesimismo <\/em><\/p>\n<p><em style=\"font-size: revert; color: initial;\">que mi ilusi\u00f3n est\u00e1 sobre un abismo<\/em><\/p>\n<p><em>y cerca de otro abismo mi esperanza.<\/em><\/p>\n<p>Cruz Salmer\u00f3n Acosta<\/p>\n<p><em>Lepra<\/em> (Ediciones Estival, Colecci\u00f3n El Divino Narciso, 2023) de Alberto Hern\u00e1ndez. Un libro que marca y duele. Poemas que estallan en la pupila, poemas del dolor y sin esperanzas, sin embargo la palabra se manifiesta con la mirada en el <em>azul<\/em> de la vivencia. <em>Lepra<\/em> como dicci\u00f3n que marca un ritmo, dicci\u00f3n del alma y del cuerpo, como aquello que carcome y fustiga en la memoria; desnudez en lo inexplicable que se extingue en el oc\u00e9ano \u2014 \u00bfimprudente?, \u00bfincontrolable? ante la negaci\u00f3n e irrisi\u00f3n de la ignorancia\u2014. \u00a0En Salmer\u00f3n Acosta, sus sonetos; en Hern\u00e1ndez un canto extendido como una letan\u00eda que aspira a desentra\u00f1ar la incertidumbre de la muerte, surge la virtud del vocablo para acercarnos a la certidumbre que se aloja en la piel del poeta. Los poemas de la voz po\u00e9tica de Hern\u00e1ndez discurren \u00a0en min\u00fascula como la nada en compa\u00f1\u00eda de Ramos Sucre, su amigo. El orden es otro. El desasosiego se sobrepone al car\u00e1cter de las reglas establecidas. El <em>corpus<\/em> lo crea esa voz desde el dolor, se erige; cabe ac\u00e1 el t\u00e9rmino, s\u00f3lo saberse acompa\u00f1ado por la nostalgia de la palabra, suficiente para sembrarse a orillas del mar. Cuando se cree que se\u00a0 ha perdido la veneraci\u00f3n \u2014<em>obscuro pesimismo<\/em>\u2014 por la vida, florece su vocablo para salvar la fortuna de la contemplaci\u00f3n en el aislamiento y en la discreci\u00f3n, acompa\u00f1ado por la fatalidad. El subterfugio de un alfabeto creado por el poeta es la tensi\u00f3n de lo imaginado. Surte la devoci\u00f3n para llegar a lo m\u00e1s rec\u00f3ndito del pensamiento. Los virtuosos fenecen ante el dominio de otros dioses: <em>el poeta de la soledad<\/em>. Su ocupaci\u00f3n era el de escribir, pues, la muerte estaba asegurada en su recogimiento de aguas.<\/p>\n<p>A partir de estas consideraciones, el di\u00e1logo est\u00e1 trazado, en este caso Hern\u00e1ndez lo \u00a0bosqueja con la fragmentaci\u00f3n de la vida para dar cuenta en la amplitud del poema. La vigilia es del poeta que busca su ritmo deseado:<\/p>\n<p><em>En el cielo de la boca <\/em><\/p>\n<p><em>s\u00ed <\/em><\/p>\n<p><em>pudo haber sido orilla <\/em><\/p>\n<p><em>barranca en el instante de la ca\u00edda <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 pero no fue as\u00ed: <\/em><\/p>\n<p><em>hab\u00eda una manera <\/em><\/p>\n<p><em>hubo de decirlo <\/em><\/p>\n<p><em>de regarlo de esconderlo <\/em><\/p>\n<p><em>pero nada de eso <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 nada <\/em><\/p>\n<p><em>fue impreciso innecesario<\/em><\/p>\n<p>[&#8230;]<\/p>\n<p>La voz del poeta emana para desenmascarar la semblanza arraigada\u00a0 en el delirio de una enfermedad que no tiene retorno porque nombrar <em>lepra<\/em> es recaer en el sentido de la palabra, la que signa lo crudo. Es la permanencia: la carne acompa\u00f1ada de la\u00a0 mirada; pues caemos en lo inasible, lo inm\u00f3vil ante la verdad de la muerte que se prolonga en el mar, en el azul y en la piel que se descompone ante el abecedario que se desprende a pedazos donde se corta la crudeza de lo vivido. Cielo y mar unidos por el ojo-sentir del poeta. La palabra en su forma resplandeciente porque as\u00ed lo evidencia la voz po\u00e9tica. El reino sensible que siempre estar\u00e1 enmarcado entre la sensualidad de la soledad y la cotidianidad de un hombre, que al saberse enfermo, contar\u00e1 como aliado su alfabeto y el mar con todas sus connotaciones. Las caricias del ayer es una suerte de met\u00e1fora. En el libro <em>La llama doble<\/em>, Octavio Paz lo afirma: <em>la imaginaci\u00f3n cobra cuerpo y los cuerpos se vuelven im\u00e1genes.<\/em> Agregamos a esto, las palabras vuelan con el acuerdo amoroso entre el instinto y el lenguaje que adquiere su corporeidad verbal. Veamos en los siguientes grupos de los poemas de Hern\u00e1ndez.<\/p>\n<p><em>6<\/em><\/p>\n<p><em>escrib\u00eda <\/em><\/p>\n<p><em>escarbaba las letras con los huesos <\/em><\/p>\n<p><em>de la mano <\/em><\/p>\n<p><em>s\u00f3lo qued\u00f3 el mar como testigo.<\/em><\/p>\n<p>23<\/p>\n<p><em>la carne viaja hacia otros misterios <\/em><\/p>\n<p><em>negra verde asustada <\/em><\/p>\n<p><em>calla para decir \/ cae.<\/em><\/p>\n<p><em>35.-<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Soy el poema perfecto \/ me pudro <\/em><\/p>\n<p><em>Estoy vac\u00edo.<\/em><\/p>\n<p>En esta ondulaci\u00f3n de encuentros fallidos por alcanzar una suerte de paz, es inevitable quedarse en una verdad, aunque sea por r\u00e1fagas de instantes, aquello que nos perturba, bien sea por cualquier situaci\u00f3n que se padezca, estar\u00e1 presente. Despedida en el poema que se inmortaliza con el miramiento del poeta. Im\u00e1genes para alucinar, despu\u00e9s de todo, es lo que remite el canto. Es lo que nos perturba-hiere. Hern\u00e1ndez nos ayuda y nos acompa\u00f1a en este regocijo, \u00bfcontradictorio?, s\u00ed, es una andanada de im\u00e1genes que se agolpan en compa\u00f1\u00eda de la emoci\u00f3n por descubrir a Salmer\u00f3n Acosta desde lo \u00fanico que puede pertenecerle: la palabra en comuni\u00f3n con la fuerza con la discreci\u00f3n de la meditaci\u00f3n desde el dolor. Entonces, es el dolor transformado para acceder, sin impedimentos, a la <em>inquietud creadora<\/em>. All\u00ed radica su fuerza, s\u00f3lo all\u00ed. No existe m\u00e1s opci\u00f3n. Lo dem\u00e1s es como un sonido de antigua corporeidad, eso no cuenta. Este, el de Salmer\u00f3n Acosta, se reinventa en el poema.<\/p>\n<p>La mirada que no desaparecer\u00e1 porque queda en el poema. As\u00ed como Conchita \u2014su amada y blanca Beatriz de toda la vida\u2014 se alojar\u00e1 en su evocaci\u00f3n. \u00bfD\u00f3nde su destino?, \u00bfsentenciado por la llaga? La contemplaci\u00f3n del paisaje de Cruz Salmer\u00f3n est\u00e1 dibujado por Hern\u00e1ndez en el poema de largo aliento. El latido de la palabra est\u00e1 acompa\u00f1ado por la imagen derramada en su copulaci\u00f3n amorosa de la letra, leamos el poema 15: <em>la costa\u00a0 \/\/ a costa \/ de sal- \/ mer\u00f3n: \/ la cruz \/ enterrada en la arena \/ el poema\u00a0 el silencio. <\/em>Hern\u00e1ndez descubre una cruz, la cruz de un poeta: sal y arena para la eternidad sin desde\u00f1ar lo que le ha correspondido vivir. Es lo que tenemos, es lo que solo nos queda: la palabra vertida en el papel. No es Jes\u00fas el de la cruz, es <em>Cruz<\/em> el de la arena. A partir de ac\u00e1, solo miremos-contemplemos\u00a0 a <em>Lepra<\/em> de Alberto Hern\u00e1ndez.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jos\u00e9 Ygnacio Ochoa [&#8230;] y pienso con obscuro pesimismo que mi ilusi\u00f3n est\u00e1 sobre un abismo y cerca de otro abismo mi esperanza. 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