{"id":7757,"date":"2023-03-31T21:55:45","date_gmt":"2023-03-31T21:55:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7757"},"modified":"2023-11-24T18:22:01","modified_gmt":"2023-11-24T18:22:01","slug":"cuento-como-metafora-total","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuento-como-metafora-total\/","title":{"rendered":"Pedro Emilio Coll: el cuento como met\u00e1fora total"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Luis Barrera \u00a0Linares<\/h4>\n<blockquote><p><em>No es, quiz\u00e1, \u201cEl diente roto\u201d el mejor cuento de Pedro Emilio Coll. Hay en otros de sus relatos mayor seriedad en la base conceptual de la narraci\u00f3n, m\u00e1s alta intenci\u00f3n de arte, m\u00e1s rigor en la forma. (&#8230;) puede parecer demasiado sint\u00e9tico, <\/em><strong>despojado en exceso de literatura narrativa, ajeno a la profundidad<\/strong> <em>que el tema hubiera podido dar de s\u00ed. <\/em>(Guillermo Meneses, 1955, p. 14, destacado de LBL)<\/p><\/blockquote>\n<p>Con todo el respeto que implica un juicio de Guillermo Meneses, me permito introducir esta aproximaci\u00f3n al cuento m\u00e1s relevante de Pedro Emilio Coll (1872-1947) discrepando radicalmente de lo que afirma el autor de \u201cLa mano junto al muro\u201d (1951) en la presentaci\u00f3n de \u201cEl diente roto\u201d, texto que abre su ya cl\u00e1sica <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano <\/em>(Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, 1955). Porque precisamente lo que expone tan notable novelista es lo que considero uno de los mayores m\u00e9ritos del referido relato. Haberlo despojado \u201cen exceso de literatura narrativa\u201d y dise\u00f1arlo \u201cdemasiado sint\u00e9tico\u201d resultan m\u00e1s bien logros indiscutibles al perge\u00f1ar un cuento brev\u00edsimo que hurga en las profundidades de lo que Arist\u00f3teles denominara el <em>z\u00f3on politikon<\/em>, hasta el punto de convertirse posteriormente en un cl\u00e1sico de la literatura venezolana.<\/p>\n<p>Ensayista notable, individuo de n\u00famero de las Academias Venezolanas de la Lengua y de la Historia, y narrador vinculado estrechamente a dos importantes revistas culturales (<em>Cosm\u00f3polis,<\/em>1894-1895; <em>El Cojo Ilustrado, <\/em>1892-1915), Coll no ha dejado de ser un intelectual \u201cpol\u00edticamente incorrecto\u201d para quienes no olvidan su cercan\u00eda a la dictadura gomecista (1908-1935), r\u00e9gimen durante el cual lleg\u00f3 a desempe\u00f1ar importantes cargos p\u00fablicos (ministro de Fomento, secretario de Instrucci\u00f3n P\u00fablica, diputado y presidente del Congreso, entre otros, aparte de su labor como diplom\u00e1tico en varios pa\u00edses europeos). Sin embargo, nadie dudar\u00eda hoy del acierto y la originalidad de sus cr\u00f3nicas y ensayos literarios e hist\u00f3ricos y, principalmente, de su muy breve pero contundente obra narrativa.<\/p>\n<p>Coll nunca public\u00f3 un libro org\u00e1nico integrado solo por cuentos y, a decir verdad, el inventario de sus relatos no llega a la docena (algunos incluidos de manera aislada en publicaciones peri\u00f3dicas, casi todos insertos posteriormente en vol\u00famenes miscel\u00e1neos). Con independencia de que otros escritos suyos hayan sido catalogados por algunos editores o compiladores como \u201ccuentos\u201d, sin serlo en realidad, su obra narrativa breve se limita estrictamente a los textos \u201cUn borracho\u201d (denominado luego \u201cBorracho criollo\u201d), \u201cEl sue\u00f1o de una noche de lluvia\u201d, \u201cEl sue\u00f1o de una noche de verano\u201d (diferentes aunque de t\u00edtulos similares), \u201cFiguras\u201d, \u201cViejas ep\u00edstolas\u201d, \u201cOpoponax\u201d, \u201cEl diente roto\u201d, \u201cEl para\u00edso de Alonso Herr\u00e1n\u201d, \u201cLa sotana del cura\u201d y \u201cLas divinas personas\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Mas, en obvio tributo a la brevedad, su legado casi podr\u00eda considerarse la obra de un virtuoso. En esta ocasi\u00f3n me detendr\u00e9 en \u201cEl diente roto\u201d y \u201cLas divinas personas\u201d.<\/p>\n<p>Volviendo al primero de ellos, hay que decir que no es poco m\u00e9rito exponer en una extensi\u00f3n cercana a las dos cuartillas (552 palabras, 43 renglones) la hondura de una m\u00ednima historia, casi est\u00e1tica, que incluso servir\u00e1 en el futuro para fijar en nuestro pa\u00eds la posibilidad de un estereotipo pol\u00edtico universal. Porque eso es, sin lugar a dudas, la figura gigantesca dise\u00f1ada magistralmente en \u201cEl diente roto\u201d, un aut\u00e9ntico estereotipo. Decir Juan Pe\u00f1a en Venezuela es equivalente a decir Do\u00f1a B\u00e1rbara, Juan Bimba, T\u00edo Conejo o Panchito Mandefu\u00e1, cuyos rasgos y caracter\u00edsticas no requieren de mayor explicaci\u00f3n ante el colectivo hist\u00f3rico que somos. No podr\u00eda haber mayor acierto en un texto literario que convertir a un personaje en una tipolog\u00eda social. En tal sentido, Juan Pe\u00f1a alude a una serie bastante amplia de hombres y mujeres de cualquier espacio geogr\u00e1fico o temporal, colocados \u2013por la v\u00eda de las murmuraciones, los supuestos, la falsa publicidad y las comidillas interesadas\u2013 en altares cuyos falsos soportes no tolerar\u00edan un leve movimiento y, de ser removidos, podr\u00edan derrumbarse como manojos de cartas agrupadas sin ninguna base de sustentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda a\u00f1adir que la idea central plasmada en \u201cEl diente roto\u201d aparece igualmente contenida en uno de los m\u00e1s resaltantes textos humor\u00edsticos y costumbristas publicados por el autor. Me refiero a \u201cLa Delpiniada y otros temas (Cr\u00f3nica del ocaso de Guzm\u00e1n Blanco)\u201d, considerado expl\u00edcitamente por Coll como adelanto de su proyecto de \u201cun novel\u00edn, mitad hist\u00f3rico, mitad imaginario que pens\u00e9 titular <em>La noche de Santa Florentina<\/em>\u201d (2011: 57)<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> Las sard\u00f3nicas y humor\u00edsticas alusiones que hay en \u201cLa Delpiniada&#8230;\u201d, tanto a la cursiler\u00eda de cierta literatura y literatos de la \u00e9poca como a la figura casi rocambolesca de Antonio Guzm\u00e1n Blanco (\u201cEl Ilustre Americano\u201d) y, m\u00e1s importante, al burlescamente \u201creconocido\u201d (y falsamente encumbrado por sus \u201cseguidores\u201d) poeta Francisco Antonio Delpino y Lamas, permiten elucubrar acerca del falso pedestal levantado por la murmuraci\u00f3n popular al personaje Juan Pe\u00f1a. Luego de un for- mal diagn\u00f3stico emitido por un m\u00e9dico, Juan es asumido colectivamente como un \u201cfil\u00f3sofo precoz, un genio tal vez\u201d, mientras en realidad el ni\u00f1o \u201ccon la punta de la lengua&#8230; tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inm\u00f3vil, vaga la mirada \u2013sin pensar\u201d (15-16)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>Como algunos otros relatos del autor, <em>\u201c<\/em>El diente roto\u201d se publica por primera vez en <em>El Cojo Ilustrado <\/em>(15-08-1898), y aparecer\u00e1 despu\u00e9s incorporado al volumen miscel\u00e1neo del autor <em>El castillo de Elsinor <\/em>(Caracas: Tipograf\u00eda Herrera Irigoyen, 1901). A partir de ese momento, ser\u00e1 infaltable en la mayor\u00eda de las antolog\u00edas o muestras del cuento venezolano del siglo xx. Para no mencionar las diversas y dispersas selecciones extranjeras que tambi\u00e9n lo han considerado<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>, me limito a referir el camino recorrido por las compilaciones exclusivamente nacionales, desde la de A. Uslar Pietri y J. Padr\u00f3n (<em>Antolog\u00eda<\/em><em> del cuento moderno venezolano. <\/em>Caracas: Biblioteca Venezolana de Cultura, 1940), hasta <em>La vasta brevedad <\/em>(de A. L\u00f3pez Ortega, C. Pacheco y M. Gomes. Caracas: Alfaguara, 2010).<\/p>\n<p>En 1927 aparecer\u00e1 su segundo libro, tambi\u00e9n miscel\u00e1neo, <em>La escondida senda <\/em>(Madrid: Talleres Espasa-Calpe), importante porque incluir\u00e1 otro de sus cuentos en el que de manera indirecta \u2013quiz\u00e1s sin hacer de ello un prop\u00f3sito expl\u00edcito y premeditado\u2013 el autor fijar\u00e1 posici\u00f3n frente a las modalidades del llamado movimiento modernista. Me refiero a \u201cLas divinas personas\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p>\n<p>No habr\u00eda manera de comprender cabalmente la importancia de \u201cEl diente roto\u201d, su valor literario, est\u00e9tico e hist\u00f3rico, si no nos acerc\u00e1ramos primero a ese otro relato, aunque parad\u00f3jicamente haya aparecido con posterioridad.\u201cLas divinas personas\u201d se divide formalmente en tres partes, cada una subtitulada de tal manera que pudieran constituir tres cuentos independientes. La primera, \u201cCuento del padre\u201d, remite a la relaci\u00f3n entre el \u00e1ngel Azael y el Eterno, dentro de un contexto en el que se funden las escenas en el cielo con otras m\u00e1s terrenales: Azael sirve de encomendero al Eterno para verificar la situaci\u00f3n de felicidad de Job y la posibilidad de probar su paciencia a trav\u00e9s de una serie de situaciones dif\u00edciles de las que se encargar\u00e1 Luzbel. Una incursi\u00f3n en lo fant\u00e1stico a trav\u00e9s de un referente religioso. La segunda parte, el \u201cCuento del hijo\u201d, se desarrolla completamente en la tierra y se refiere a la curaci\u00f3n de un mal del que sufre un personaje popular (netamente \u201ccriollo\u201d) llamado Higinia. A ra\u00edz de unas extra\u00f1as dolencias, su amiga Severiana le aconseja a Higinia elevar una promesa al arc\u00e1ngel Miguel. La imagen tallada en madera de San Miguel reposa en una iglesia, integrada a una es- cena donde este hiere a Satan\u00e1s, quien cae al piso adolorido. Aqu\u00ed el narrador introduce algunos pasajes de humor cuya principal motivaci\u00f3n es que Higinia cae en pecado porque se equivoca de santo y hace su promesa al diablo, en la creencia de que debe ser el elemento maligno de la escena descrita porque es quien parece \u201csufrir\u201d, castigado por el otro:<\/p>\n<p><em>(&#8230;) cuando empec\u00e9 a rezar me parec\u00eda que me levantaban por las gre\u00f1as y que San Miguel sent\u00eda un dolor tan grande como el m\u00edo. \u00a1Y c\u00f3mo no, con aquella espada que le encajaban en el est\u00f3mago! Se le comprend\u00eda en los ojos que me es- taba compadeciendo como yo lo compadec\u00eda a \u00e9l, mientras el diablo se gozaba con la maldad que le estaba haciendo y le pon\u00eda el pie sobre la cabeza&#8230;<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a><\/em><\/p>\n<p>Una vez que ha escuchado el relato, su amiga Severiana le hace ver a Higinia el equ\u00edvoco que ha cometido, en cuanto que supuestamente ha sido \u201ccurada\u201d por el mismo diablo. Higinia entra as\u00ed en un terrible conflicto, pero m\u00e1s adelante una aparici\u00f3n del hijo de Dios en un sue\u00f1o suyo sirve para dar cierre al cuento: la supuesta pecadora es perdonada definitivamente y sanada.<\/p>\n<p>Con eso se da paso a la tercera parte, \u201cCuento del esp\u00edritu santo\u201d, referido a dos amantes (Ang\u00e9lica y Ben Alahmar), \u00e9l adorador de Al\u00e1 y ella del Dios cat\u00f3lico. En diferentes situaciones, ambos deciden cambiarse de religi\u00f3n a la hora de la muerte para encontrar al otro en el respectivo para\u00edso, pero igualmente toman diferentes caminos, hasta que son juntados definitivamente por el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Como hip\u00f3tesis podemos asumir que la primera parte representa la tendencia modernista del cosmopolitismo; la segunda es obvia evidencia del criollismo; en tanto que la tercera parece mucho m\u00e1s cercana al modernismo esteticista. Pero las tres partes confluyen obviamente en los ideales est\u00e9ticos del modernismo. No en balde es la tercera parte la m\u00e1s cercana a algunos de los cuentos de dos contempor\u00e1neos de Coll: Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez y Alejandro Fern\u00e1ndez Garc\u00eda. Asimismo, es dif\u00edcil obviar el criollismo de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl en el momento de recordar a un personaje como Higinia, sin olvidar, por supuesto, su familiaridad con la epifan\u00eda y lo fant\u00e1stico religioso. Por otra parte, y ahora en cuanto a lo ling\u00fc\u00edstico, el Rufino Blanco Fombona de algunos de los <em>Cuentos de poeta<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><strong>[7]<\/strong><\/a> <\/em>podr\u00eda ser emparentado con un esteticismo cercano a la tercera tendencia. Pienso en el cuen- to de ese autor intitulado \u201cIdilio roto\u201d, catalogable como magna met\u00e1fora al comparar la naturaleza socio-animal del hombre con el mono; y tambi\u00e9n en algunos pasajes de \u201cJuanito\u201d, cuya an\u00e9cdota se focaliza en lo que para un adolescente implica la ausencia de una madre, a quien el narrador describe como \u201cbella errante\u201d para no utilizar un calificativo que ofenda al hijo que por ella clama ante su padre hacendado.<\/p>\n<p>En este sentido, difiero parcialmente de la propuesta de Douglas Boh\u00f3rquez (2006), quien integra a Coll en la misma corriente modernista de D\u00edaz Rodr\u00edguez. Esto es as\u00ed solo en alusi\u00f3n a algunos de los cuentos de Coll (por ejemplo, \u201cSue\u00f1o de una noche de verano\u201d y \u201cOpoponax\u201d), mas muy poca relaci\u00f3n encuentro entre la cuent\u00edstica de D\u00edaz Rodr\u00edguez y \u201cEl diente roto\u201d o \u201cLas divinas personas\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.<\/p>\n<p>De manera que ser\u00e1 la vertiente criollista la que <em>definitivamente<\/em> d\u00e9 relevancia a la obra de Pedro Emilio Coll, con el m\u00e1s universal y mejor logrado de sus cuentos, al que ya nos hemos referido: \u201cEl diente roto\u201d. Pero habr\u00eda que pensar extenso), que tanto auge adquirir\u00e1 en la narrativa nacional despu\u00e9s de los a\u00f1os sesenta del siglo XX<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p>\n<p>Envuelto en una aparente paradoja de corte rulfiano, se trata del cuento m\u00e1s local y m\u00e1s universal de Pedro Emilio Coll. Pero no solo por la tem\u00e1tica (un zagalet\u00f3n com\u00fan y corriente a quien el azar de un golpe de guijarro convierte en aparente pensador m\u00edtico, mientras acaricia el diente roto con su lengua), sino tambi\u00e9n por el valor asignado a la brevedad y al lenguaje. No habr\u00eda mejor ejemplo para la verificaci\u00f3n de lo que significa el logro de un elevado nivel de intensidad mediante un m\u00ednimo uso de palabras. Adem\u00e1s, en este texto resalta tambi\u00e9n la habilidad par\u00f3dica del narrador que ya destacamos en \u201cLas divinas personas\u201d. Y eso sin obviar el desarrollo de una l\u00ednea de humor que m\u00e1s adelante ser\u00e1 utilizada por otro cuentista venezolano muy importante, Julio Garmendia. Baste con mencionar la escena ocurrida una vez que la preocupada madre ha decidido llamar a un m\u00e9dico para que examine a su hijo:<\/p>\n<p><em>Lleg\u00f3 el doctor y procedi\u00f3 al diagn\u00f3stico: buen pulso, mofletes sangu\u00edneos, excelente apetito, ning\u00fan s\u00edntoma de enfermedad.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Se\u00f1ora \u2013termin\u00f3 por decir el sabio despu\u00e9s de un largo examen\u2013, la santidad de mi profesi\u00f3n me impone el deber de declarar a usted&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bfQu\u00e9, se\u00f1or doctor de mi alma? \u2013interrumpi\u00f3 la angustiada madre.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Que su hijo est\u00e1 mejor que una manzana. Lo que s\u00ed es indiscutible \u2013continu\u00f3 con voz misteriosa\u2013 es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable se\u00f1ora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un fil\u00f3sofo precoz, un genio tal vez (15-16).<\/em><\/p>\n<p>Por otra parte, se trata de un cuento que viaja a contracorriente del romanticismo, por lo que se inserta perfectamente en las propuestas renovadoras y transgresoras del modernismo criollista. No obstante, es lo m\u00e1s extremo que podamos apreciar en cuanto a la adjetivaci\u00f3n redundante y ese estilo tan particular con que se ha caracterizado todo el movimiento modernista. Lo importante no es la conducta aut\u00f3ctona ni la peculiaridad del lenguaje. Puede decirse que su recurrencia a la met\u00e1fora en el nivel micro es m\u00ednima, si no inexistente: narraci\u00f3n directa, casi literal, desnuda, libre de toda ret\u00f3rica. Pero todo su contenido, su estructura global, constituye una gran met\u00e1fora acerca del modo como puede darse paso al surgimiento de un mito popular nacido de la ingenuidad y de la t\u00e9cnica del rumor. Es eso lo que hace de Juan Pe\u00f1a (el \u00fanico personaje en verdad relevante de la m\u00ednima historia de este cuento) un estereotipo lite- rario. Cabe perfectamente Juan Pe\u00f1a en la caracterizaci\u00f3n nacional retratada en la muy conocida definici\u00f3n de otro importante representante del criollismo venezolano, Manuel Vicente Romero Garc\u00eda (1861-1917): \u201cpa\u00eds de nulidades engre\u00eddas y reputaciones consagradas\u201d.<\/p>\n<p>El cuento de Coll responde entonces a una vertiente del modernismo que, partiendo de un simple incidente local y un comportamiento colectivo t\u00edpico de las todav\u00eda nacientes sociedades latinoamericanas postcoloniales, alude a un fen\u00f3meno de car\u00e1cter universal:<\/p>\n<p><em>Pasaron meses y a\u00f1os, y Juan Pe\u00f1a fue diputado, acad\u00e9mico, ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la Rep\u00fablica, cuando la apoplej\u00eda lo sorprendi\u00f3 acarici\u00e1ndose su diente roto con la punta de la lengua (16).<\/em><\/p>\n<p>Lo que en \u201cLas divinas personas\u201d ser\u00edan, a\u00f1os despu\u00e9s, atisbos o tanteos (lo par\u00f3dico, el humor, el lenguaje directo, literal, la linealidad y nitidez de la historia) se hab\u00eda concretado ya en \u201cEl diente roto\u201d, que a su vez no deja de contener un plantea- miento ideol\u00f3gico relevante, raz\u00f3n por la que tambi\u00e9n es notorio su tono expositivo. Ante el silencio abrumador y \u201cenfermizo\u201d del personaje, ante el dictamen \u201ccient\u00edfico\u201d del m\u00e9dico, el colectivo asume irreflexivamente que Pe\u00f1a est\u00e1 dedicado al oficio de \u201cpensar\u201d, cuando en realidad era lo que menos hac\u00eda.<\/p>\n<p>En otro sentido, podr\u00eda decirse que si \u201ccosmopolita y nativista\u201d son los calificativos con que Mariano Pic\u00f3n Salas (1940) caracteriza de manera magistral a la generaci\u00f3n de escritores venezolanos que se hace presente en Venezuela hacia el a\u00f1o 1895, resulta dif\u00edcil no remitirse a \u201cEl diente roto\u201d y a \u201cLas divinas personas\u201d en el momento de recordar tales calificativos. Una afirmaci\u00f3n del propio Pedro Emilio Coll nos puede ilustrar al respecto:<\/p>\n<p><em>Algunos cuentos suyos revelan tan visible intuici\u00f3n del misterio circunstante, de lo que hay de eterno en lo transitorio, de los elementos est\u00e9ticos y morales latentes para el artista y el fil\u00f3sofo en el espect\u00e1culo contempor\u00e1neo, que en ocasiones temo no se aleje en demas\u00eda de la realidad presente seducido por las confidencias y consejas&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Son palabras del autor de \u201cEl diente roto\u201d le\u00eddas en julio de 1914, en su discurso de recepci\u00f3n de Santiago Key Ayala como individuo de n\u00famero de la Academia Venezolana de la Lengua<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>. Bastar\u00eda sustituir el nombre de Key Ayala por el de Coll para argumentar que id\u00e9ntico juicio es aplicable a los dos cuentos aqu\u00ed analizados.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, escribir con plena conciencia en un per\u00edodo determinado, sali\u00e9ndose de los patrones imperantes, es sin duda un riesgo que \u2013aparte de dejar poca ganancia ante los contempor\u00e1neos\u2013 podr\u00eda significar dos cosas. Una, que se est\u00e9 escribiendo a contracorriente, pero anclado en el pasado. Otra, que se vaya contra lo imperante, adelantando el futuro. Este \u00faltimo hecho caracteriz\u00f3 por ejemplo, la poes\u00eda de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre y la obra de otros narradores venezolanos como Julio Garmendia, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez y Oswaldo Trejo. Y eso mismo podr\u00eda ser atribuido a Pedro Emilio Coll. Enfrentado a los polos del modernismo que se debaten entre la ret\u00f3rica edulcorante, cosmopolita, y la exaltaci\u00f3n de lo criollo con \u00e9nfasis en el lenguaje popular, sin necesariamente abandonar el criollismo, en \u201cEl diente roto\u201d y <em>\u201c<\/em>Las divinas personas\u201d Pedro Emilio Coll aboga por una narrativa estil\u00edsticamente plana, directa, sin mucho regodeo ling\u00fc\u00edstico ni ret\u00f3rico. Una est\u00e9tica que, sin duda, tambi\u00e9n se acercar\u00e1 a la narrativa posterior de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra \u2013parad\u00f3jicamente puesto que, como se sabe, este \u00faltimo se caracteriz\u00f3 por su lucha frontal contra el gomecismo.<\/p>\n<p>Se trata, en suma, de una obra cuent\u00edstica en la que incluso el autor se ubica desde muy temprano en ese impreciso l\u00edmite donde se difumina la frontera entre el cuento y la cr\u00f3- nica, unas veces con humor\u00edsticas y sard\u00f3nicas alusiones a escritores y obras que le son contempor\u00e1neos \u2013y de quienes difiere est\u00e9ticamente\u2013, otras, asumiendo el cuento-cr\u00f3nica como parodia de una \u00e9poca. Pero no son sus cuentos cercanos a D\u00edaz Rodr\u00edguez los m\u00e1s relevantes de su propuesta. Antes que la met\u00e1fora puntual, local, Coll prefiere el planteamiento de la macromet\u00e1fora: el texto completo como re- presentaci\u00f3n simb\u00f3lica de una realidad particular. Lo que a su vez viene a significar un quiebre con buena parte de las est\u00e9ticas narrativas m\u00e1s destacadas del momento, a excepci\u00f3n de cierta hermandad art\u00edstica con algunos cuentos de Rufino Blanco Fombona.<\/p>\n<p>As\u00ed, lo que para Guillermo Meneses parec\u00eda un defecto (la excesiva brevedad y la supuesta falta de acci\u00f3n), resultar\u00edan m\u00e1s bien virtudes, si las juzgamos a la luz de par\u00e1- metros narrativos posteriores. Muy a pesar de la m\u00ednima extensi\u00f3n de su cuento m\u00e1s relevante y de su escasa obra narrativa total, con \u201cEl diente roto\u201d, Pedro Emilio Coll ingresar\u00eda a la n\u00f3mina de narradores venezolanos que contribuyeron a desarrollar, fortalecer y ampliar los horizontes del cuento venezolano del siglo xx.<\/p>\n<p><strong>R<\/strong><strong>eferencias<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Blanco Fombona, R. (1907). <em>Cuentos de poeta<\/em>. Maracaibo: Imprenta Americana.<\/p>\n<p>Boh\u00f3rquez, D. (2006). \u201cNuevos modelos can\u00f3nicos en el cuento modernista ve- nezolano\u201d. En <em>Esp\u00e9culo. Revista de Estudios Literarios<\/em>, N\u00ba 32 (marzo-junio). Ma- drid: Universidad Complutense de Madrid. Disponible en: http:\/\/www.ucm. es\/info\/especulo\/numero32\/cuenvene.html [consulta: 25 de abril de 2010].<\/p>\n<p>Britto Garc\u00eda, L. (1987). \u201cEl homenaje de la noche de Santa Florentina\u201d. En <em>Rajatabla. <\/em>Caracas: Alfa \/ Laia, pp. 41-45. La primera edici\u00f3n de <em>Rajatabla <\/em>es de 1970 (Premio Casa de las Am\u00e9ricas).<\/p>\n<p>Larraz\u00e1bal, O., Llebot, A. y Carrera, G. L. (1975). <em>Bibliograf\u00eda del cuento venezolano<\/em>.<\/p>\n<p>Caracas: Universidad Central de Venezuela.<\/p>\n<p>Pic\u00f3n Salas, M. (1940). <em>Antolog\u00eda de costumbristas venezolanos del siglo <\/em><em>XiX<\/em>. Caracas: Biblioteca Venezolana de Cultura.<\/p>\n<p><u>\u00a0<\/u><u>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/u>\u00a0(1980). <em>Antolog\u00eda de costumbristas venezolanos del siglo <\/em><em>XiX <\/em>(6ta ed.).<\/p>\n<p>Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n<p>Rojo, V. (2009). <em>M\u00ednima expresi\u00f3n<\/em>. Caracas: Fundaci\u00f3n para la Cultura Urbana.<\/p>\n<p>Uslar Pietri, A. y Padr\u00f3n, J. (1940). <em>Antolog\u00eda del cuento moderno venezolano<\/em>. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>Casi la totalidad de ellos aparece referida en la <em>Bibliograf\u00eda del cuento ve- nezolano, <\/em>de Oswaldo Larraz\u00e1bal, Amaya Llebot y Gustavo Luis Carrera (Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1975), con excepci\u00f3n de \u201cEl sue\u00f1o de una noche de lluvia\u201d, \u201cEl sue\u00f1o de una noche de verano\u201d y \u201cLa sotana del cura\u201d, cuento este \u00faltimo dedicado a Anatole France, el cual hemos localizado en una p\u00e1gina de la Internet. Cf. <a href=\"http:\/\/es.scribd.com\/\">http:\/\/es.scribd.com\/<\/a> doc\/6011718\/ VENEZUELA-Coll-Pedro-Emilio-Seleccion-de-cuentos-El- castillo-de-Alsinor [consulta: 5 de mayo de 2011].<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Este texto se integr\u00f3 inicialmente a <em>La escondida senda <\/em>(1927) y despu\u00e9s a <em>El paso errante <\/em>(edici\u00f3n p\u00f3stuma de 1948). Tambi\u00e9n fue reproducido en la compilaci\u00f3n de Mariano Pic\u00f3n Salas, <em>Antolog\u00eda de costumbristas venezolanos <\/em><em>del siglo <\/em><em>XiX<\/em><em>. <\/em>Caracas: Monte \u00c1vila Editores (6ta ed.), 1980. Aqu\u00ed cito por la m\u00e1s reciente edici\u00f3n de <em>El paso errante. <\/em>Caracas: Fundaci\u00f3n Editorial El perro y la rana, 2011. No es casual que tambi\u00e9n en un cuento de otro es- critor venezolano, Luis Britto Garc\u00eda, se haya tomado como tema la sabrosa historia del falso homenaje al poeta popular Francisco Antonio Delpino y Lamas, tambi\u00e9n conocido como \u201cEl chirul\u00ed del Guaire\u201d, realizado en el tea- tro Caracas, el 14 de marzo de 1895, como parodia contra el gobierno de Antonio Guzm\u00e1n Blanco (cf. Luis Britto Garc\u00eda, \u201cEl homenaje de la noche de Santa Florentina\u201d, en <em>Rajatabla<\/em>. Caracas: Alfa \/ Laia, 1987, pp. 41-45). La primera edici\u00f3n de <em>Rajatabla <\/em>es de 1970 (Premio Casa de las Am\u00e9ricas).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Cito siempre por la reproducci\u00f3n del cuento en Meneses (1955)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Cf. Larraz\u00e1bal, O., Llebot, A. y Carrera, G. L. (1975, pp. 177-201).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Aparece en una publicaci\u00f3n posterior como \u201cLas tres divinas personas\u201d (cf. Coll, 1962). El resto de la obra de PEC incluye su primer libro publicado, <em>Palabras <\/em>(Caracas: Imprenta Bol\u00edvar, 1896), adem\u00e1s de tres vol\u00famenes p\u00f3s- tumos: <em>El paso errante <\/em>(Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, Biblioteca Popu- lar Venezolana, 1948, reedici\u00f3n de Fundaci\u00f3n Editorial El perro y la rana. Caracas, 2011); <em>La colina de los sue\u00f1os <\/em>(Caracas: Artes Gr\u00e1ficas, 1959) y <em>La vida literaria <\/em>(Caracas: Congreso de la Rep\u00fablica \/ Asociaci\u00f3n de Escritores Venezolanos, 1972). Se ha comentado adem\u00e1s de la existencia de un texto dram\u00e1tico que nunca se public\u00f3: <em>Hom\u00fanculus<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Cito aqu\u00ed por la versi\u00f3n inserta en Pietri, A. y Padr\u00f3n, J. (1940). <em>Antolog\u00eda del <\/em><em>cuento moderno venezolano. <\/em>Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, p. 49<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Maracaibo: Imprenta Americana, 1907. Se sabe que este mismo libro fue sucesivamente publicado, primero en franc\u00e9s, luego varias veces en espa\u00f1ol, y que dichas reediciones fueron sufriendo omisiones, modificaciones y di- versos ajustes por parte del autor; aparte de significativos cambios del t\u00edtulo general del libro: <em>Cuentos de poeta <\/em>\/ <em>Cuentos americanos <\/em>\/ <em>Ficciones m\u00ednimas<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Cf. Boh\u00f3rquez, 2006<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Cf. Rojo, 2009<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Cf. Coll, 1983: 75<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luis-barrera-linares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Barrera \u00a0Linares No es, quiz\u00e1, \u201cEl diente roto\u201d el mejor cuento de Pedro Emilio Coll. Hay en otros de sus relatos mayor seriedad en la base conceptual de la narraci\u00f3n, m\u00e1s alta intenci\u00f3n de arte, m\u00e1s rigor en la forma. 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