{"id":7718,"date":"2023-03-29T13:42:56","date_gmt":"2023-03-29T13:42:56","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7718"},"modified":"2023-11-24T18:22:02","modified_gmt":"2023-11-24T18:22:02","slug":"el-tercer-pais","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-tercer-pais\/","title":{"rendered":"El tercer pa\u00eds"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Karina Sainz Borgo<\/h4>\n<p>\u2014\u00bfHas o\u00eddo alguna vez el quejido de un muerto?<\/p>\n<p>\u2014No, do\u00f1a Eduviges.<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s te vale.<\/p>\n<p>JUAN RULFO, <em>Pedro P\u00e1ramo <\/em><\/p>\n<p>Cuando moristeis, con mis propias manos yo os lav\u00e9, y os arregl\u00e9.<\/p>\n<p>S\u00d3FOCLES, <em>Ant\u00edgona <\/em><\/p>\n<p>Prefer\u00edan quedarse all\u00ed con los Lot\u00f3fagos, arrancando loto, y olvid\u00e1ndose del regreso.<\/p>\n<p>HOMERO, <em>Odisea<\/em><\/p>\n<p>Llegu\u00e9 a Mezquite buscando a Visitaci\u00f3n Salazar, la mujer que sepult\u00f3 a mis hijos y me ense\u00f1\u00f3 a enterrar a los de otros. Camin\u00e9 hasta el fin del mundo, o donde yo cre\u00ed que el m\u00edo hab\u00eda acabado. La encontr\u00e9 una ma\u00f1ana de mayo junto a una torre de nichos. Vest\u00eda mallas rojas, botas de trabajo y un pa\u00f1uelo de colores atado a la cabeza. Una corona de avispas revoloteaba a su alrededor. Ten\u00eda el aspecto de una Virgen morena extraviada en un basurero.<\/p>\n<p>En aquel solar reseco, Visitaci\u00f3n Salazar era lo \u00fanico vivo. Su boca de labios oscuros escond\u00eda unos dientes blancos y cuadrados. Era una negra guapa, bien dispuesta y empulpada. De sus brazos, gruesos de tanto frisar tumbas, colgaban bolsas de piel a las que el sol sacaba brillo. En lugar de carne y hueso, parec\u00eda hecha de aceite y azabache.<\/p>\n<p>La arena tiznaba la luz y el viento taladraba los o\u00eddos; un quejido que brotaba de las grietas abiertas sobre la tierra que pis\u00e1bamos. M\u00e1s que brisa, ese aire era una advertencia, una tolvanera densa y ajena como la locura o el dolor. As\u00ed era el fin del mundo: aquel mont\u00f3n de polvo hecho de los huesos que nos dej\u00e1bamos en el camino.<\/p>\n<p>En la entrada colgaba un cartel pintado a brochazos: EL TERCER PA\u00cdS, un cementerio sin ley al que iban a parar los muertos que Visitaci\u00f3n Salazar enterraba a cambio de la voluntad, y a veces ni eso. Casi todos los que ah\u00ed reposaban nacieron y murieron en la misma fecha. Sus tumbas pobres estaban inscritas con garabatos sobre cemento fresco: la letra accidentada de los que nunca descansar\u00e1n en paz.<\/p>\n<p>Visitaci\u00f3n ni siquiera se volvi\u00f3 para mirarnos. Hablaba por tel\u00e9fono. Con la mano izquierda sosten\u00eda el aparato; con la otra, unas flores pl\u00e1sticas que hundi\u00f3 en la argamasa reci\u00e9n batida.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1S\u00ed, mi reina, te oigo!<\/p>\n<p>\u2014Angustias, \u00bfest\u00e1s segura de que esta mujer nos va a recibir? \u2014pregunt\u00f3 Salveiro.<\/p>\n<p>Asent\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Te escucho, mamita! \u2014continu\u00f3 ella, a su aire\u2014. \u00a1Te digo que hay carencia de b\u00f3vedas! \u00a1Ayyyyy! \u00a1La se\u00f1al se pierdeeeee&#8230;! \u2014insisti\u00f3, tragic\u00f3mica.<\/p>\n<p>\u2014Esta mujer no para de hablar&#8230; \u2014rezong\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00e1llate, Salveiro!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1D\u00edgale a ese hombre que espere! \u2014grit\u00f3 la mujer, dirigi\u00e9ndose, al fin, hacia nosotros\u2014. \u00a1Los muertos son pacientes! \u00a1Los muertos no tienen prisa!<\/p>\n<p>Otra r\u00e1faga de viento abras\u00f3 nuestra piel. La tierra de Mezquite era una paila cubierta de cardos y llanto, un lugar en el que no era necesario ponerse de rodillas para hacer penitencia. La que nos hab\u00eda llevado hasta all\u00ed ya era suficiente.<\/p>\n<p>As\u00ed era El Tercer Pa\u00eds, una frontera dentro de otra donde se juntaban la sierra oriental y la occidental, el bien y el mal, la leyenda y la realidad, los vivos y los muertos.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>La peste y la lluvia llegaron juntas, como los malos presagios. Las chicharras dejaron de cantar y un tumor de polvo se form\u00f3 en el cielo hasta descargar gotas de agua marr\u00f3n. A diferencia de los males que alguna vez sufrimos, este despedaz\u00f3 nuestros recuerdos y deseos.<\/p>\n<p>La peste atacaba la memoria, confundi\u00e9ndola primero y picote\u00e1ndola despu\u00e9s. Se contagiaba a gran velocidad y cuanta m\u00e1s edad tuviese el enfermo, peor era el efecto. Los ancianos ca\u00edan como moscas. Sus cuerpos no resist\u00edan el taladro de las primeras fiebres. Al comienzo dijeron que la transmit\u00eda el agua, luego los p\u00e1jaros, pero nadie era capaz de explicar nada sobre la epidemia de desmemoria que transform\u00f3 a todos en fantasmas y llen\u00f3 el cielo de zamuros. Nos hizo ineptos hasta cubrirnos de miedo y olvido. Camin\u00e1bamos sin rumbo, perdidos en un mundo de hielo y fiebre.<\/p>\n<p>Los hombres sal\u00edan a la calle a esperar. \u00bfQu\u00e9? No lo supe jam\u00e1s. Las mujeres hac\u00edamos cosas con las que espantar la desesperaci\u00f3n: recog\u00edamos comida, abr\u00edamos y cerr\u00e1bamos ventanas, trep\u00e1bamos a los tejados y barr\u00edamos los patios. Par\u00edamos pujando y gritando como locas a las que nadie ofrec\u00eda ni agua. La vida se concentr\u00f3 en nosotras, en aquello que hasta entonces fuimos capaces de retener o expulsar.<\/p>\n<p>Mi marido tambi\u00e9n contrajo el mal, pero tard\u00e9 en darme cuenta. Su car\u00e1cter se confundi\u00f3 con los primeros s\u00edntomas. Salveiro hablaba poco, era reservado y no sent\u00eda curiosidad alguna m\u00e1s all\u00e1 de sus propios asuntos. Cuando lo conoc\u00ed, trabajaba en la cauchera de su familia aflojando tuercas con una llave de cruz o tendido junto a un gato hidr\u00e1ulico para arreglar alguna aver\u00eda en las tripas de un cami\u00f3n destartalado. A diario yo pasaba frente al local renegrido sin prestar atenci\u00f3n a lo que ocurr\u00eda en su interior. Si entr\u00e9 fue porque necesitaba grasa de motor para aflojar las cerraduras de la casa: un bote de Tres en Uno, cualquier cosa que sirviera para lubricar las aldabas, pero Salveiro se ofreci\u00f3 a mirarlas.<\/p>\n<p>\u2014No son los cerrojos. Es la madera. Est\u00e1 comida por las termitas, por eso las puertas no cierran, \u00bfves? \u2014Me ense\u00f1\u00f3 un polvillo de virutas y aserr\u00edn.<\/p>\n<p>Regres\u00f3 esa misma semana para revisar el techo y el resto de la casa. La recorri\u00f3 entera. Que si esta viga tiene jej\u00e9n, que si las patas de la mesa estaban mal cortadas o esta silla mal serrada. Iba de un lado a otro con una zapa. Lijaba aqu\u00ed y martillaba all\u00e1. Todo cuanto tocaba dejaba de crujir o rechinar, como si recompusiera las cosas con solo mirarlas.<\/p>\n<p>\u2014Angustias, \u00bfy este qui\u00e9n es?<\/p>\n<p>\u2014El hijo del cauchero, pap\u00e1. Ha venido para arreglar las traviesas y las armaduras de las ventanas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cada visita lo invit\u00e1bamos a una cerveza para agradecer las molestias. \u00c9l tomaba asiento bajo la mata de tamarindo y se dejaba interrogar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no abandona la mec\u00e1nica y se dedica a esto? Se le da muy bien \u2014insist\u00eda mi padre, pero Salveiro beb\u00eda sin contestar\u2014. Angustias hizo un grado t\u00e9cnico en peluquer\u00eda. Pruebe uno; tras recibir el diploma de carpintero podr\u00eda dirigir su propio taller de ebanister\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Yo acabo de abrir un sal\u00f3n de belleza \u2014interrump\u00ed para hacerme notar\u2014. Est\u00e1 a dos calles \u00bfQuieres venir a cortarte y as\u00ed te cuento los requisitos para inscribirte en los cursos?<\/p>\n<p>Se present\u00f3 la ma\u00f1ana siguiente. Iba vestido con unos pantalones limpios y una camisa reci\u00e9n planchada. Su piel lustrosa y bien perfumada distaba mucho de aquellos brazos siempre mugrientos de aceite y grasa. Despu\u00e9s de frotarle el cabello con champ\u00fa y crema lo conduje hasta la silla, cubr\u00ed sus hombros con una capa y cort\u00e9 con mi mejor tijera. Los mechones ca\u00edan h\u00famedos al suelo.<\/p>\n<p>Salveiro no hizo el curso de carpintero, pero sigui\u00f3 viniendo a casa tres veces por semana para traer esto o reparar aquello.<\/p>\n<p>\u2014Angustias, hija, ese hombre parece un tronco, pero si a ti te gusta&#8230; \u2014me dijo mi padre al o\u00eddo antes de sonre\u00edr para la \u00fanica foto que nos hicimos, a las puertas del juzgado donde nos casamos.<\/p>\n<p>Mi marido era un buen hombre. Estaba dotado para el retozo. Sab\u00eda rozarme con la misma paciencia con la que serraba la madera. No hablaba, pero a m\u00ed me daba igual. Y ese fue el problema: no llegu\u00e9 a imaginar que sus silencios ten\u00edan algo que ver con la indolencia que ya recorr\u00eda las calles, una nube de hast\u00edo que sepult\u00f3 por completo la ciudad.<\/p>\n<p>Mi madre me bautiz\u00f3 Angustias. M\u00e1s que un nombre, eligi\u00f3 un zarpazo. Para ella, el mundo siempre hab\u00eda transcurrido en silencio. Por eso, cuando alguien me llama, \u00ab\u00a1Angustias!\u00bb, pienso en su destino de mujer sin voz. Me parezco a su sordera y su zozobra. S\u00e9 soportar. Estoy preparada para la desgracia. Hablo su idioma.<\/p>\n<p>Hasta que nacieron Higinio y Salustio no me hab\u00eda planteado dejar la ciudad, pero las cosas salieron mal. Los ni\u00f1os hab\u00edan llegado al mundo sietemesinos y con el coraz\u00f3n enfermo. Juntos no completaban dos kilos en la balanza del hospital. Sus manos peque\u00f1as y arrugadas apenas se agitaban. Ten\u00edan las u\u00f1as moradas y los ojos apretados. La vida los hab\u00eda tomado prestados de paso hacia la muerte.<\/p>\n<p>Durante tres meses esper\u00e9 ante una incubadora, temi\u00e9ndome lo peor. Aunque nadie garantizaba que sus corazones resistir\u00edan, los m\u00e9dicos decidieron operarlos. Sobrevivieron, mientras la ciudad segu\u00eda desmoron\u00e1ndose bajo la lluvia terrosa que cubr\u00eda las aceras. No quer\u00eda que mis hijos crecieran en aquel valle fantasma del que todo el mundo se marchaba.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Nos vamos!<\/p>\n<p>Salveiro me mir\u00f3, picado por la culebra del des\u00e1nimo, y sigui\u00f3 hurgando las piezas de una licuadora averiada.<\/p>\n<p>\u2014Quiero irme \u2014insist\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCrees que es tan f\u00e1cil? \u2014Dej\u00f3 a un lado el destornillador\u2014. Preparar un viaje toma tiempo.<\/p>\n<p>\u2014Puedes quedarte si quieres. Yo me marcho.<\/p>\n<p>Vendimos los muebles, la ropa de cama y las herramientas, tambi\u00e9n los espejos, las sillas y los secadores de la peluquer\u00eda. Solo conserv\u00e9 una peque\u00f1a tijera de cortar pelo, que llev\u00e9 guardada en el bolsillo y conservo a\u00fan hoy. La plata nos dio para una parte del pasaje.<\/p>\n<p>Abandonamos la capital con los ni\u00f1os atados a la espalda y emprendimos un viaje de m\u00e1s de ochocientos kil\u00f3metros, la mitad en bus y la otra andando. Llegamos a nuestro destino despu\u00e9s de atravesar ocho estados de la sierra oriental, adem\u00e1s de los tres que nos separaban de Mezquite, un pueblo de la frontera con nombre de un arbusto que sirve para hacer carb\u00f3n.<\/p>\n<p>Apenas llev\u00e1bamos unas monedas, tres mandarinas y una mochila con una muda de ropa, dos biberones y los sobres de leche evaporada que prepar\u00e1bamos en alg\u00fan arroyo. Por la Interestatal, una carretera que cruzaba la cordillera central, avanzaba la columna que form\u00e1bamos los caminantes. As\u00ed llamaban a los que escap\u00e1bamos de la peste.<\/p>\n<p>Nos acomod\u00e1bamos como pod\u00edamos y cualquier ca\u00f1ada nos val\u00eda para lavar y cocinar. Antes de reanudar la marcha, yo me sujetaba el cabello para no molestar a los ni\u00f1os con el roce de los mechones. Me promet\u00ed no cortarlo hasta llegar a nuestro destino, dondequiera que estuviese. Salveiro caminaba detr\u00e1s de m\u00ed, espantando los zancudos a manotazos y recogiendo trozos de madera que guardaba en los bolsillos. Cada d\u00eda que pasaba sent\u00eda que lo dejaba un poco m\u00e1s atr\u00e1s. Estaba convencida de que si me daba la vuelta, lo ver\u00eda derrumbado en el camino como un \u00e1rbol comido por las termitas. Muchas noches me imagin\u00e9 despertando sola, en medio de la nada, con dos ni\u00f1os a cuestas. So\u00f1aba que caminaba a cuatro patas, convertida en una leona capaz de descifrar en el viento el lugar hacia el que huyen las gacelas.<\/p>\n<p>Las carpas que levantaron los militares en la frontera se distingu\u00edan desde muy lejos. El tumulto de gente que acud\u00eda buscando comida y medicinas pod\u00eda verse incluso a un kil\u00f3metro de distancia. Los que ten\u00edan dinero consiguieron salir en autob\u00fas, el resto lo hizo a pie y llevando a cuestas lo poco que pod\u00eda cargar. En los caminos quedaban arrumbados refrigeradores, l\u00e1mparas y ollas que alguien m\u00e1s recog\u00eda para cambiar por comida.<\/p>\n<p>Cuando llegamos al primer control antes del puente, un soldado nos detuvo para inspeccionar los documentos. Era joven y delgado, y llevaba la cabeza mal afeitada, cubierta por los trasquilones que dejan quienes no saben usar la m\u00e1quina.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAd\u00f3nde van? \u2014Se dirigi\u00f3 primero a Salveiro.<\/p>\n<p>\u2014A la sierra oriental&#8230; \u2014Mi marido parec\u00eda m\u00e1s ausente que de costumbre.<\/p>\n<p>\u2014Estamos en la sierra oriental, ciudadano.<\/p>\n<p>\u2014Quiso decir occidental \u2014interrump\u00ed\u2014. Tenemos familia all\u00e1. Vamos para que conozcan a nuestros hijos.<\/p>\n<p>El cabo me mir\u00f3, descre\u00eddo. Le di mi c\u00e9dula y Salveiro la suya. Tambi\u00e9n mostr\u00e9 las partidas de nacimiento, pero apenas las ley\u00f3. Toda su atenci\u00f3n estaba concentrada en los gemelos. Los miraba con curiosidad. Primero a Salustio, que iba en brazos de mi marido, y luego a Higinio, que dorm\u00eda con la cabeza apoyada sobre mi hombro.<\/p>\n<p>Se interes\u00f3 por sus edades. Le expliqu\u00e9 que hab\u00edan nacido antes de tiempo y que por eso parec\u00edan m\u00e1s peque\u00f1os. Asinti\u00f3 y revis\u00f3 los papeles por \u00faltima vez. Su mujer reci\u00e9n hab\u00eda parido una ni\u00f1a, tambi\u00e9n prematura, explic\u00f3 mientras apuntaba nuestros nombres en una libreta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo se llama? \u2014pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n?<\/p>\n<p>\u2014Su hija&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Todav\u00eda no tiene nombre.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 en la garita y volvi\u00f3 con un salvoconducto para cruzar la frontera.<\/p>\n<p>\u2014Vayan con Dios. \u2014Y nos extendi\u00f3 el papel.<\/p>\n<p>As\u00ed nos alejamos Salveiro, los ni\u00f1os y yo. Dios jam\u00e1s se decidi\u00f3 a acompa\u00f1arnos.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/karina-sainz-borgo-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Karina Sainz Borgo \u2014\u00bfHas o\u00eddo alguna vez el quejido de un muerto? \u2014No, do\u00f1a Eduviges. \u2014M\u00e1s te vale. JUAN RULFO, Pedro P\u00e1ramo Cuando moristeis, con mis propias manos yo os lav\u00e9, y os arregl\u00e9. S\u00d3FOCLES, Ant\u00edgona Prefer\u00edan quedarse all\u00ed con los Lot\u00f3fagos, arrancando loto, y olvid\u00e1ndose del regreso. 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