{"id":7600,"date":"2023-03-08T00:51:34","date_gmt":"2023-03-08T00:51:34","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7600"},"modified":"2023-11-24T18:22:43","modified_gmt":"2023-11-24T18:22:43","slug":"calletania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/calletania\/","title":{"rendered":"Calletania"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Israel Centeno<\/h4>\n<p>Sigue siendo la misma casa. Una casa de mundos sombr\u00edos donde siempre han asomado caras abostezadas. Los d\u00edas limpian y empalidecen aquellos rostros acostumbrados a la intriga, a las infamias tejidas detr\u00e1s de las orejas. Son rostros y cuerpos vac\u00edos, reveladores de mujeres enteras, altas, romas, delectables. De poco saber pero entendidas de la gente que pasa.<\/p>\n<p>Podr\u00eda imaginar una escuela de formaci\u00f3n. All\u00ed han estado las mejores, las resbaladizas, las que callan cuando les roban un trozo de virginidad. Han dejado testimonio debajo de la escalera, en los rincones descoloridos, en los parabanes, en las paredes forjadoras de celdas, de mazmorras, de cuartos de penitencia.<\/p>\n<p>Los comentarios var\u00edan poco y siempre son m\u00f3rbidos. Luego de tanta ausencia, yo regreso. Pregunto por la cara nueva. Es la carajita aquella, tan mu\u00f1equita linda, tan de cabellos de oro, tan dientes de perlas, tan fuera de barrio, desenfocada del entorno. Voy recordando, dribla la pelota, el maracucho se la lanza al chino y \u00e9ste la detiene en seco a la altura del pecho, mira hacia la canasta, juega, quiebra el cuerpo, no puede escap\u00e1rsele al colombiano, y luego de embestir con rebotes cortos me la tira, yo detengo el partido, le doy paso a ella que sube del colegio de monjas con el bulto a cuestas. Camina metiendo el pie, pasea una chupeta por su boca, todos le hacemos caras para que se apure y ella nos saca la lengua rosada por el caramelo. Reiniciamos el juego, hago un pase largo, el colombiano intercepta la pelota y la mete en la canasta.<\/p>\n<p>Tania se marcha despidiendo su olor a madera, a cuero; se pierde en la casa de mundos sombr\u00edos y nosotros nos quedamos con la calle como cancha, con las franelas mojadas y el final del partido.<\/p>\n<p>Hoy, un junio de un tal a\u00f1o terriblemente conservador, dejo caer mi cuerpo sobre Daniel, trato de explicar, de entender sus razones, por qu\u00e9 ahora la lucha \u00ednfima, inexpresable \u2014como dir\u00eda cualquiera\u2014 fuera de este contexto, autista. Se empe\u00f1a en hacer profilaxia social, en cerrar la calle. Me da verg\u00fcenza recordarle estupideces, pero antes habl\u00e1bamos de autodefensa popular, de lucha de masas, del pa\u00eds que ahora ha dejado fuera, del pa\u00eds que lo dej\u00f3 a \u00e9l salvando, seg\u00fan me dice, peque\u00f1os espacios pol\u00edticos en mapas a escala de una maqueta.<\/p>\n<p>El Biuti est\u00e1 frente a nosotros, mira a Daniel, se miden y yo me arrellano en la escalera donde estamos sentados.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa con \u00e9l?<\/p>\n<p>\u2014A ese carajo me lo quiebro yo o \u00e9l me quiebra a m\u00ed.<\/p>\n<p>Vuelve el recuerdo con el Biuti peque\u00f1o, en el grupito de teatro, en las faenas pol\u00edticas de los s\u00e1bados, pidiendo que lo levant\u00e1ramos en los hombros y le ense\u00f1\u00e1ramos a Dios y Dios no estaba con nosotros, \u00e9ramos \u00e1ngeles renegados, con la adolescencia revuelta, hermosa estupidez de quienes creen haber sido tocados por la revelaci\u00f3n y se yerguen haciendo el rid\u00edculo con hidalgu\u00eda.<\/p>\n<p>Papito me alcanza una botella desde su moto, que se aviene a m\u00ed flotando, envuelta en una burbuja de tiempo.<\/p>\n<p>\u2014Se van ellos o nosotros.<\/p>\n<p>\u2014Ya el Biuti te quebr\u00f3, Daniel.<\/p>\n<p>Destapo la botella, echo un chorro al piso y miro hacia el faro, donde un grupo o casi un grupo saca pancartas con consignas que apenas se pueden leer.<\/p>\n<p>\u2014Te quebr\u00f3 hace rato, porque detr\u00e1s del Biuti siempre habr\u00e1 otro, con m\u00e1s fuerza y con los brazos m\u00e1s largos.<\/p>\n<p>Dejo que corra por mi garganta aquel licor que quema, miro a las mujeres en la puerta de la casa de umbrales rotos, miro a Tania envuelta en una bata de ba\u00f1o azul, ribeteada de negro.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 va, con el Biuti, por lo menos se acaba todo aqu\u00ed \u2014me dice Daniel\u2014, rompemos el eslab\u00f3n que une a la cadena.<\/p>\n<p>Le sonr\u00edo y se me viene la imagen de un cuerpo infectado, descompuesto. Esa imagen se une a la del reverendo Jones en Guyana, toda su locura podr\u00eda repetirse en ocasiones desesperadas. Aqu\u00ed, en esta calle, por ejemplo: sacrificios impuestos, escuadrones de exterminio.<\/p>\n<p>Entonces, hablamos del grupo, del local, de aquella semilla propagadora de una revoluci\u00f3n dada por segura en una \u00e9poca y que ahora se ha convertido en una escuela con sus viejas mam\u00e1s de culos gordos, las que llamaban a la polic\u00eda y nos dec\u00edan comunistas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bf\u00c9sa es tu gente ahora?<\/p>\n<p>\u2014De eso se trata \u2014me dice Daniel\u2014. Ahora buscamos hablar el mismo lenguaje.<\/p>\n<p>\u2014El mismo lenguaje puteado y pazguato. \u00a1Viva el t\u00f3tem de las viejas caras de culo! A nosotros nos echaron vainas por comunistas y al Biuti por drogo.<\/p>\n<p>Daniel se par\u00f3, estir\u00f3 su cuerpo largando las manos sobre su cabeza, como diciendo que si no entend\u00eda era porque no me daba la gana.<\/p>\n<p>\u2014Es lo mismo.<\/p>\n<p>\u2014Casi, casi.<\/p>\n<p>Bebo largamente, all\u00ed est\u00e1 la casa. Recuerdo la m\u00eda. \u00bfMi mujer continuar\u00e1 all\u00e1, esper\u00e1ndome, mirando el techo, acariciando mi espacio vac\u00edo, o habr\u00e1 salido a pasear por los caf\u00e9s, a conseguir a alguien que la acompa\u00f1e al bautizo de un libro, para sacarse la idea de la amante? Para ella casi seguro que la tengo, lo corroboran mis faltas, los ciclos de desapariciones. Y en realidad la tengo. Ayer pens\u00e9 en salir con Raiza.<\/p>\n<p>De hecho, camin\u00e9 con ella desde la plaza del Rectorado hasta el metro. Deseaba que pas\u00e1ramos la noche juntos, proponerle una fuga a la casa de la playa. Podr\u00edamos hablar de los libros de Kundera, del futuro de Checoslovaquia y de las rep\u00fablicas b\u00e1lticas, de cualquier lugar com\u00fan o de los avances del montaje de Hamlet en danza; al final, terminar\u00edamos mir\u00e1ndonos con la intenci\u00f3n de mandar al socialismo, a Adam Smith y a la tormenta del desierto al carajo para revelarnos las partes ocultas; me aferrar\u00eda a sus nalgas como ventosas marinas, me acoplar\u00eda lentamente hasta conseguir, luego de fatigosos placeres, el verdadero motivo de estar con ella all\u00ed: tenderme de espaldas a fumar. Descorchar vino blanco, destrozarnos la lengua en un juego a\u00fan m\u00e1s er\u00f3tico que el beso: lamer ostras en sus conchas. Pero ayer le di una nalgada y le dije que la llamar\u00eda luego. Hoy, despu\u00e9s de una noche indigna de recordar por tanta vagancia en una ciudad a veces despiadada con lo que a vagancia y soledades se refiere, discuto aqu\u00ed con Daniel de cosas que considero est\u00fapidas, aunque tengo la necesidad de vivir esta estupidez, de involucrarme en una marcha antidrogas que, de m\u00e1s est\u00e1 decir, es un sinsentido a pesar de todas las razones de peso que se puedan exponer, pero tengo un impulso de resucitar una buena arremetida contra un trapo rojo y ondulante, de salir a la arena a exponerme a los toques de muleta de quienes tienen sus sinrazones, de quienes fuman sus cachitos en las esquinas y se doblan con el bazuco, aniquilados por momentos, y as\u00ed se dobla Daniel, dando voces contra ellos y lo hago yo, siguiendo a un peque\u00f1o redil impopular de beatos, de seres inexorables, como en los mejores tiempos.<\/p>\n<p>Ricardo me hace se\u00f1as desde el balc\u00f3n de su casa, mueve el dedo en torno a su sien, luego me invita a escuchar m\u00fasica de los sesenta. Qu\u00e9 iron\u00eda, detesta los sesenta y sucumbe ante Eric Clapton y <em>Layla<\/em>, entre montones de revistas <em>Playboy <\/em>y finos tabacos de marihuana. Mesiento herido, me doy cuenta de la presencia de Tania, que ha crecido y habla probablemente de m\u00ed. No s\u00e9 si me quebrar\u00e9.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 se me encima con la pancarta. Lo recuerdo unos meses atr\u00e1s, disertando de m\u00fasica dura en su habitaci\u00f3n, me dec\u00eda que suele crear situaciones, atm\u00f3sferas distintas a la de su cuarto y a las del barrio, finalmente siempre una imagen, la de ella, confusa, perdida en la neblinosa noche de un escenario, tocando la guitarra, reflejada en un espejo, al rev\u00e9s de la realidad. Me imagino que siempre ha buscado un buen fil\u00f3n para hacer trascendentes sus tenidas onan\u00edsticas, en las cuales termina con una eyaculaci\u00f3n dormida, solitaria, maldiciente. Jos\u00e9 se trag\u00f3 todas las pastillas que le di una vez con el fin de que me revelara el secreto de tener dos amantes disput\u00e1ndoselo por su habilidad de tocar la guitarra con la mano izquierda. Ambas, sajonas, chicas Penthouse. El venc\u00eda sus limitaciones atiborrado de monte o de cuanta par\u00e1sita alucin\u00f3gena le llevara, para sacar de su costilla a dos roqueras, que ten\u00edan que tener algo de Janis Joplin, un poco de Joan B\u00e1ez, otro tanto de Linda McCartney y mucho de una puta rubia que conocimos en un burdel caro. Hoy est\u00e1 a mi lado, yergue una pancarta con un rotundo MUERTE A LAS DROGAS, la camisa manchada en las axilas y la frente sudada; todos los embarcados en la marcha antidrogas sudan como si hubiesen estado sometidos a las impiedades de un gran desierto. \u00bfCu\u00e1les ser\u00e1n las expectativas de Daniel? Ahora envuelto en una turbamulta de se\u00f1oras que lo arrastran y lo agitan haci\u00e9ndole creer por momentos que vuelve sobre aquellas lejanas luchas por la libertad de los presos pol\u00edticos. Me pregunto hasta qu\u00e9 punto no ser\u00e1n pol\u00edticos los presos de las drogas, cu\u00e1l ser\u00e1 el l\u00edmite de lo pol\u00edtico en la vida de cada quien. Vamos por la calle, subimos y bajamos escaleras gritando NO A LAS DROGAS. A excepci\u00f3n de quien maneja el meg\u00e1fono y cuatro imb\u00e9ciles entre los que me incluyo, los dem\u00e1s son ni\u00f1os y se\u00f1oras culonas. Qu\u00e9 verg\u00fcenza. Hay un grupo en la esquina, uno nos muestra un bazuco preparado, otro hace el amago de sacar una navaja y pas\u00e1rsela por el pescuezo. Se\u00f1alan a Daniel, a Papito, a Jos\u00e9. Yo intento esquivar aquellos dedos tremendos, me aparto, me encojo, me acerco a la esquina, me ven con ojos luminosos, quisiera conciliar, darles una explicaci\u00f3n, esto ya no es asunto de \u00f1\u00e1ngaras que inspiraban respeto en su lucha contra el sistema. Es estar contra ellos, el barrio contra el barrio. Se marean todos los conceptos de lucha de clases y me parece rid\u00edculo ponerme a conceptualizar, a no ser que llegue a la conclusi\u00f3n de que es una locura estar reducidos a una procesi\u00f3n moralista, olvidada de las cosas esenciales, como la marginalidad, el desfase social, el capital, la enajenaci\u00f3n del mismo, las posturas aquellas de trabajar con todos para cambiar todo. G\u00fcevonadas.<\/p>\n<p>Estaba frente a un grupo de malandros en la esquina, intentando una explicaci\u00f3n, no para ellos, que me ignoraban, ellos ve\u00edan crep\u00fasculos sangrientos, callejones cerrados donde dejar\u00edan sus vidas arrumadas, junto a otras. Explicaciones para m\u00ed, el \u00faltimo de los imb\u00e9ciles, que tendr\u00eda que volver junto a los manifestantes y marchar en una cruzada de hombres con sayas blancas, cruz en el pecho y sombrero c\u00f3nico. Segu\u00eda pensando y ve\u00eda los valores trastocados y la vida se me antojaba un desorden, estaba confuso.<\/p>\n<p>Regresamos al punto de partida. Busco los ojos de Tania en la casa de los mundos sombr\u00edos. No est\u00e1. Tomo una botella de las manos de<\/p>\n<p>Jos\u00e9, bebo. Ricardo, desde la platabanda de su casa, me sigue haciendo se\u00f1as para que suba. Desde all\u00ed Catia se ve mejor.<\/p>\n<p>Ya en su casa me abrazo al viejo, que deambula tumbando vasos y floreros. Me siento ebrio. En esa casa verde todo huele a alcohol, a destiler\u00eda clandestina.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Entonces! \u2014me grita Ricardo bajando las escaleras\u2014. \u00a1Hay que tener bolas para rayarse de esa manera! Parec\u00edan un coro de Testigos de Jehov\u00e1.<\/p>\n<p>En realidad parec\u00edamos una falange. Faltaba el estandarte rojo, los pelos ralos, las camisas arremangadas. Le pas\u00e9 un brazo por el hombro y \u00e9l me acerc\u00f3 a la ventana basculante desde donde se ve\u00eda la calle. Busco a Tania. No hay nadie en la puerta de aquellas mujeres que venden sus virginidades a precio equivocado.<\/p>\n<p>\u2014Maldita coca \u2014farfulla Ricardo\u2014, por culpa de ella no se consigue monte. \u2014Me sonr\u00ede. Mete la mano en el bolsillo y saca un pucho.<\/p>\n<p>Aprieta mi hombro con la otra mano, suspira\u2014. Pero los chivos viejos siempre encontramos hierba.<\/p>\n<p>Subimos a la platabanda y nos sentamos, acariciados por un helecho anciano e inmenso, que nos va respirando, y nosotros nos quedamos con los alientos cortos como las palabras, sin tener mucho que decir. Ya es de noche. El helecho nos devuelve la neblinosa oscuridad de la calle.<\/p>\n<p>Ricardo se estira en el espaldar de la silla de extensi\u00f3n, con un petardo sin encender en la boca. Pasea su mirada por la terraza y me ve por el rabillo del ojo.<\/p>\n<p>\u2014Y qu\u00e9 \u2014enciende el cigarrillo, aspira, sostiene el humo, lo bota a pujos y me lo pasa\u2014 \u00bfY Marta?<\/p>\n<p>\u2014Estar\u00e1 en la casa. \u2014Fumo sin retener, me lloran los ojos, le se\u00f1alo con la punta del cigarrillo la puerta de la casa de los mundos sombr\u00edos<\/p>\n<p>\u2014. \u00bfY esa carajita?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTania?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tania! Pero&#8230;<\/p>\n<p>Me quita el tabaco.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 buen\u00edsima, \u00bfverdad? Es territorio virgen, como el Amazonas. Y como al Amazonas le han metido bastante mano. \u2014Chupa y cambia de conversaci\u00f3n brusca\u2014 mente\u2014. El \u00fanico serio de esos carajos es Daniel. Papito vende escondido, porque mantiene a dos mujeres. No son consecuentes. Y si es el locazo de Jos\u00e9, con sus bocetos, las mujeres de mentira-tira. A ese bicho le hace falta un roce.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCon qu\u00e9, loco?<\/p>\n<p>\u2014Con esto \u2014hace un tri\u00e1ngulo, uniendo los dedos de ambas manos\u2014 o con esto \u2014se da un golpe en el cuenco del brazo y lo yergue\u2014.<\/p>\n<p>Ahora, chico, lo de la campa\u00f1a es m\u00e1s enrollado de lo que creen. No me imagino que Daniel no lo haya pensado. \u00bfC\u00f3mo van a sacar a los j\u00edbaros de la calle, qu\u00e9 va a pasar con el Biuti, c\u00f3mo van a retirar a la polic\u00eda del negocio? Definitivamente \u2014chupa de nuevo y en la oscuridad veo c\u00f3mo se enciende, chirriante, la punta del cigarro\u2014, me parecen mariconer\u00edas de Daniel, deber\u00eda saber que detr\u00e1s de cada tubo de perico est\u00e1 la mano de alguien tan pesado que se le puede sentar encima y hacer pasta de h\u00edgado con \u00e9l.<\/p>\n<p>Las luces de Catia se meten todas en mis ojos. Recuerdo amaneceres que dieron muerte a noches interminables, en las que yo andaba con la boca espumante, pretendiendo morder la vida. Iba por el camino de una mala nota, quer\u00eda irme a la cama, volver a mi casa y olvidar toda esta truculencia. A veces ten\u00eda ganas de pedirle perd\u00f3n a Marta, jurarle fidelidad eterna y quedarme a su lado en una vida sin mayores sorpresas, debatiendo pr\u00f3logos de libros, recorriendo galer\u00edas y sacando punta en mezquinos cen\u00e1culos a cualquier acontecimiento pol\u00edtico. El cielo me daba vueltas, eran las s\u00e1banas de Ricardo, tendidas entre el helecho y nosotros. Baj\u00e9 hacia los cuartos, cog\u00ed al azar una revista; en sus p\u00e1ginas centrales hab\u00eda una mujer completamente abierta, tuve una leve erecci\u00f3n. Todav\u00eda me conmov\u00eda. Tom\u00e9 el tel\u00e9fono y disqu\u00e9 el n\u00famero de mi casa.<\/p>\n<p>Me contest\u00f3 una voz de hombre. \u00bfSe atrever\u00eda al fin, la muy puta? Colgu\u00e9. Luego marqu\u00e9 el tel\u00e9fono de Raiza. Nadie atendi\u00f3. Fui a la sala. All\u00ed estaba Ricardo con otras personas difusas para m\u00ed en aquel momento. \u00bfMe estar\u00eda rayando tambi\u00e9n con \u00e9stos? Ya parec\u00eda una cebra. Siempre le cab\u00eda una raya m\u00e1s al tigre. Poco a poco me di cuenta de que los conoc\u00eda. Sus caras hab\u00edan quedado en alg\u00fan mes, en alg\u00fan a\u00f1o, desprovistas de nombres. Son\u00f3 el tel\u00e9fono, lo cog\u00ed. Una voz ansiosa preguntaba por Ricardo. Era una voz de mujer, oscura, ronca. Ten\u00eda que negarlo. Pude sentir la zozobra, las manos en el cuello calmando las palpitaciones. Pregunt\u00f3 qui\u00e9n era yo y comenc\u00e9 a darle disuasivas. Me esmeraba en aumentar su angustia y me reconfort\u00e9 al sentirla m\u00e1s agitada, sin aire. Ahora menos le pasar\u00eda a Ricardo, me apasionaba la idea de hacerla sufrir, de crearle falsas expectativas para mantenerla al otro lado, en una terrible espera. Estaba vengado. (Marta: \u00a1te di en la cara!) Y as\u00ed oscilaba entre calmarla y excitarla. La manten\u00eda en un hilo, hasta que sent\u00ed su llanto. Me alegr\u00e9 y colgu\u00e9 el tel\u00e9fono. Busqu\u00e9 en el peri\u00f3dico la secci\u00f3n de las masajistas y disqu\u00e9 un n\u00famero al azar. Esta vez el agitado era yo. Sent\u00ed una excitaci\u00f3n extra\u00f1a, me convert\u00ed en una cosa vil, hablando entrecortadamente, siseando. No termin\u00e9 de hacer la proposici\u00f3n cuando, tras una mentada de madre, me colgaron.<\/p>\n<p>Ahora s\u00ed era verdad. Estaba disminuido en el colmo de mi ridiculez. Sent\u00eda el \u00e9xtasis de lo poca cosa en que me hab\u00eda convertido. Los dem\u00e1s se mov\u00edan por la sala, ensombrecidos por el humo y delatados por la punta de los cigarrillos que vagaban como luci\u00e9rnagas pasadas de mano en mano, figurando un c\u00e1liz. Lo hab\u00eda logrado, estos dos d\u00edas me hab\u00edan llevado a la ingrimitud, a la ausencia de mundo. Sub\u00ed de nuevo a la terraza. All\u00ed contemplaba una parte de la ciudad titilante y bullente. Pensaba en la mujer que hab\u00eda llamado con voz requisitoria. Escuchaba sonar el tel\u00e9fono de nuevo y sab\u00eda que ten\u00eda que ser ella. Me mov\u00eda bajo el techo de s\u00e1banas con lentitud, disfrutando mi desasosiego. Marta probablemente estaba con alguien y Raiza descansaba en la mesa de un caf\u00e9 pensando en su Ofelia. \u00bfY yo? Ya les hab\u00eda dejado de importar. No le importaba a nadie.<\/p>\n<p>Ricardo vino, me dijo que ten\u00eda que salir un rato, que pusiera la m\u00fasica que quisiera, que all\u00ed hab\u00eda algo de monte. El helecho se balanceaba, expel\u00eda un aliento de a\u00f1os, recogido en su densidad babosa. Seguramente era la mujer que lo llamaba insistente. Me tentaba la idea de prolongar su abstinencia, pero en todo caso, era mejor que Ricardo le llevara su gramito, un suspiro para continuar la noche. Cu\u00e1l noche. No pude imaginarla, igual a la m\u00eda, amenazante, chantajista, angustiosa. Ten\u00eda que huir del final triste, porque finalizar mal una noche era como finalizar mal la vida. Comenzaba a deprimirme cuando Jos\u00e9 emergi\u00f3 de entre las s\u00e1banas tendidas. De inmediato saqu\u00e9 el puchito y me puse a enrolar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPo-por qu\u00e9 te viniste aqu\u00ed luego de la ma-mar\u2014 cha? \u2014me reclamaba carrasposamente\u2014. No es bu-bueno que te vean en esto.<\/p>\n<p>\u2014Pero si vine a esto, me acabo de dar cuenta. Mi <em>fatum <\/em>es la platabanda donde nos encontramos, \u00bfentiendes? \u2014encend\u00ed el cigarrillo\u2014. Total, presiento que estamos aqu\u00ed por el mismo motivo, queremos que nos den la droga, no que nos la vendan. Ven \u2014puse mi rostro m\u00e1s perverso, busqu\u00e9 el gesto m\u00e1s inteligente\u2014, jala, es un rito. \u00bfNo te interesan los ritos? Todo ritualismo nos incumbe, como dir\u00eda Eliade. \u2014Volv\u00ed a fumar, esta vez contuve el humo\u2014. Contigo se puede hablar \u2014me puse erudito\u2014: el peyote, el mezcal de los aztecas, el akuyico de los incas. La vida es tan dif\u00edcil, Jos\u00e9, en este momento mi mujer est\u00e1 en la cama con otro y yo me arrecho aunque la hubiese inducido. \u2014Di un nuevo toque y segu\u00ed desbarrando\u2014. Vamos, yo siempre hago el papel de serpiente. Te toc\u00f3 el papel de Eva. En estas cosas est\u00e1 la posibilidad de comer del \u00e1rbol de la sabidur\u00eda. \u00bfPor qu\u00e9 los dem\u00e1s deben saberlo todo? Prueba un poco y hablemos un rato. \u2014Rehuye dudoso el ofrecimiento\u2014. El hecho de que fumes no va a desmeritar una postura. Mira, este helecho y el cielo de s\u00e1banas me recuerdan al dios Quetzalcoatl y a los jardines de M\u00e9xico. \u00bfEs raro, no? Que en este miserable barrio me sienta en mundos tan trascendentes. \u00bfT\u00fa crees que exista alguien putamente limpio? No me dejes hablando solo, contesta. Lo que pasa es que asumen el problema de las drogas como una cuesti\u00f3n de principios, eso no se discute. Yo s\u00ed discuto. Es una aberraci\u00f3n de la que no se salva nadie, ni t\u00fa, ni san Daniel. \u2014Le ofrezco de nuevo, \u00e9l lo toma, le tiembla el pulso, se lleva el pitillo a la boca y aspira profundo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfVolvemos a las andadas?<\/p>\n<p>\u2014Pe-pero que no trascienda \u2014titubea\u2014, siempre que las cosas se hagan as\u00ed, en secreto, en cofrad\u00eda, est\u00e1 bien. Lo malo son los entuertos de la calle.<\/p>\n<p>Ya no estaba solo, no me sent\u00eda desgraciado. Compart\u00eda la noche amenazante de finales tristes bajo un cielo peculiar que mojaba y un helecho narcotizante, m\u00e1s all\u00e1 de las simplicidades del cannabis. Buscaba aclarar un poco las ideas. Me gustaba inducir y luego me dol\u00edan las consecuencias, ten\u00eda palabras para refutar, para convencer a pesar de estar consciente de peque\u00f1as verdades. Me manejaba en el mundo de la doble moral, como todos, pero disfrutaba al reconocerlo. Por lo menos sab\u00eda que se ten\u00eda que pelear, que la vida era pelea, hab\u00eda que pararse all\u00ed, en cualquier parte frente al drag\u00f3n y reclamarle la doncella. Pero s\u00f3lo tenemos una espada y \u00e9l tiene tantas caras como ojos una mosca. En definitiva, me invade la apat\u00eda.<\/p>\n<p>Nos quedamos callados un largo rato. Yo me sent\u00eda miserable. Hab\u00eda aprendido a jugar con la gente a mi antojo. Lo hago con Marta, con Raiza y ahora estoy dispuesto a aceptar cualquier opci\u00f3n de manipular. \u00bfEsto era cinismo?, \u00bfpero acaso no ten\u00eda raz\u00f3n?, \u00bfpor qu\u00e9 he buscado siempre lo absoluto, el matrimonio, por ejemplo? Aquel estado id\u00edlico no compatible con la realidad, con la realidad de no pertenecer, de corresponder poco, de traicionar ante la primera tentaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 Raiza? \u00bfEl juego de la madurez de los sentimientos, la doble cara, las posturas movedizas, si no aceptaba realmente el doble juego de la otra? \u00bfY c\u00f3mo estos carajos pretend\u00edan defenderse de las patas del ciempi\u00e9s utilizando todas las extremidades del gusano y rechazando s\u00f3lo una, por principios? Sent\u00ed v\u00e9rtigo. Todo principio era una gelatina. Baj\u00e9 al cuarto de Ricardo, marqu\u00e9 de nuevo el tel\u00e9fono de mi casa. Estaba ocupado. Ocupado eternamente. Qu\u00e9 carajo, estar\u00e1n tirando. Los principios de Marta tambi\u00e9n eran una gelatina. Mis ojos se cargaron como si quisiera llover. Necesit\u00e9 a Raiza, pero no estaba, necesitaba de alguien fuera de m\u00ed que me guiara por las cornisas y me garantizara que un arranque de no querer estar con nadie no me lanzar\u00eda al vac\u00edo.<\/p>\n<p>All\u00e1 abajo, probablemente, estaba Tania. Jos\u00e9 y yo salimos a la calle. La brisa fr\u00eda me enrojec\u00eda la nariz. Parec\u00eda un borracho irland\u00e9s y cat\u00f3lico, pero no ten\u00eda crucifijo. La casa de los mundos sombr\u00edos hab\u00eda cerrado sus puertas y aunque se podr\u00edan asaltar sus fortificaciones por las ventanas, me empeque\u00f1ec\u00eda ante ese pensamiento. Una violenta sensaci\u00f3n de muerte se apoder\u00f3 de m\u00ed.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 entr\u00f3 al faro y pidi\u00f3 un turno para la partida de ajedrez. Calma verdadera, calma lejana de la calle, lejana de mis despechos. Calma de mar. Le hago un gesto de desgano con el brazo. Ricardo llega con su moto y le pido que me lleve a un hospital.<\/p>\n<p>\u2014Me estoy muriendo, loco. \u2014Una mano agigantada me sofoca, sent\u00eda un fr\u00edo como de clavos en las piernas, una p\u00e9rdida progresiva del conocimiento. \u00c9l se rio y me dio un trago de an\u00eds.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuieres que te deje en tu casa?<\/p>\n<p>Pens\u00e9 en la posibilidad de encontrar a Marta con su amenaza materializada.<\/p>\n<p>\u2014No. Ll\u00e9vame a Colinas de Bello Monte. \u2014Pens\u00e9 que all\u00ed podr\u00edan estar tanto Raiza como Marta en el bautizo del libro de un gordo intrascendente\u2014. As\u00ed matamos la noche bebiendo y oliendo.<\/p>\n<p>Subimos a la moto. Al principio me balance\u00e9 en la parrilla, cobramos estabilidad a medida que arrancamos, luego las calles y avenidas fueron pasando hasta achicar la ciudad como material de silic\u00f3n. Perd\u00ed el conocimiento sobre la espalda de Ricardo y s\u00f3lo volv\u00ed en m\u00ed frente al gran ventanal de la casa del bautizo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aqu\u00ed traigo el agua bendita! \u2014grit\u00e9 mientras me bajaba de la moto desabroch\u00e1ndome la bragueta\u2014 \u00a1Esp\u00e9renme! Que no comience la ceremonia&#8230; \u00a1Marta! \u00a1Marta! \u2014Le toqu\u00e9 el hombro a una se\u00f1ora\u2014. Usted no es Marta. \u00bfYa echaron el ins\u00edpido champ\u00e1n?<\/p>\n<p>\u2014La ins\u00edpida champa\u00f1a \u2014me corrigi\u00f3 un hombre gordo que se balanceaba sobre sus pies al lado de la se\u00f1ora\u2014. \u00a1Qu\u00e9 man\u00eda de masculinizarlo todo!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSab\u00eda usted que la homosexualidad es expresada por ciertos balanceos del cuerpo que el maric\u00f3n no puede ocultar ni a su mam\u00e1?<\/p>\n<p>El gordo me dio la espalda. La se\u00f1ora, toda vestida de verde como un gran p\u00e1jaro, me ense\u00f1\u00f3 sus dientes amarillos. Le pregunt\u00e9 qui\u00e9n era el gordo.<\/p>\n<p>\u2014Es el autor del libro.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! Con raz\u00f3n. As\u00ed se mueven todos los que no he le\u00eddo.<\/p>\n<p>Alguien que ven\u00eda de regreso con el gordo, se abri\u00f3 paso hasta m\u00ed y me abraz\u00f3, lanz\u00e1ndome encima todo su cuerpo. Busqu\u00e9 a Ricardo, que se perd\u00eda entre copas y escapadas a los cuartos de ba\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014Espero que no la armes, Coronel.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY Marta? \u00bfY Raiza? \u2014comenc\u00e9 a gritar. No sab\u00eda por cu\u00e1l de las dos preguntar. Tampoco recuerdo la m\u00fasica que sonaba. Para mi era<\/p>\n<p>Bob Marley cantando <em>No woman no cry, <\/em>aunque para los dem\u00e1s fuera la trinidad nefasta, es decir, Clayderman, Randall y Angelis\u2014. \u00bfY el libro?<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el libro? \u2014Varias manos me sujetaban.<\/p>\n<p>\u2014Pero chico, \u00bfqu\u00e9 te has cre\u00eddo, que porque eres el marido de Marta tienes derecho a mearte en la <em>culture<\/em>?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1D\u00e9jame mearlo, aunque sea yo solito en aquella mata! \u2014Le arranqu\u00e9 el libro de la mano y corr\u00ed debajo de un \u00e1rbol a\u00f1oso. La vieja cacat\u00faa me sigui\u00f3 estupefacta. Parado ante ella, intent\u00e9 mear, pero s\u00f3lo me salieron unas gotas, luego un chorro abierto como una regadera, que le ba\u00f1\u00f3 el vestido. Ella se tap\u00f3 la cara, pas\u00f3 un brazo sobre su pelo, temiendo que le salpicara el copete.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Esto es el colmo! \u2014grit\u00f3 altisonante el gordo, que llegaba justo a tiempo para recibir un ba\u00f1o en los zapatos.<\/p>\n<p>Busqu\u00e9 a Ricardo, preguntaba por Raiza, por Marta. Me llevaron a rastras al sal\u00f3n, me dec\u00edan que no estaba ninguna de las dos. Yo replicaba que por lo menos una deb\u00eda estar. Me dejaron sobre un sill\u00f3n, trat\u00e9 de pararme, pero me cerraron el paso. Frente a m\u00ed estaba el gordo, grande y maric\u00f3n como un boxer; balance\u00e1ndome lo empuj\u00e9 y me devolvi\u00f3 un golpe seco en un ojo que me derrib\u00f3 para siempre. Ricardo sal\u00eda de una de las habitaciones con los ojos luminosos.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 vaina con el Coronel, siempre la misma c\u00f3mica.<\/p>\n<p>Present\u00ed el final de la noche. Qu\u00e9 mala vida. Me sub\u00ed a la parrilla de la moto y le dije a Ricardo, entrecortando las palabras con un hipo llor\u00f3n, que ya no ten\u00eda amigos, ni mujer, ni pa\u00eds. Que me iba al carajo. Que me llevara a los autobuses del Nuevo Circo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuieres que te deje en tu casa?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No, no, qu\u00e9 putas! Ll\u00e9vame al Nuevo Circo. El hijo del Coronel est\u00e1 bien.<\/p>\n<p>Al bajarme de la moto, transit\u00e9 entre vendedores de perros calientes, caf\u00e9 y Toddy. Ped\u00ed un negrito y busqu\u00e9 un puesto entre la multitud que esperaba el primer autob\u00fas o simplemente dorm\u00eda. Los polic\u00edas caminaban entre nosotros, pero a esa hora no quer\u00edan molestarse ni a ellos mismos. Busqu\u00e9 acomodo en el hombro de una mujer envejecida por la intemperie. Ella, de vez en cuando, destapaba una carterita y me brindaba un ron que nunca hab\u00eda probado. Sab\u00eda a alcohol de quemar. Supuse que as\u00ed terminar\u00eda la noche, sin sufrimientos, pero agotado, entre indigentes. Sab\u00eda que \u00e9sta ser\u00eda la muerte.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de hacer sonar la corneta largamente, el autob\u00fas abri\u00f3 la puerta. Eran las puertas del cielo. Me sent\u00e9 en los primeros puestos, ech\u00e9 la cabeza sobre los brazos, me dej\u00e9 conducir por la oscuridad de los ojos cerrados y record\u00e9 una mirada, unos labios h\u00famedos.<\/p>\n<p>\u2014Me quebrar\u00e1 \u2014llegu\u00e9 a pensar, y me fui quedando dormido sobre el cuerpo de Tania.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/israel-centeno\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Israel Centeno Sigue siendo la misma casa. Una casa de mundos sombr\u00edos donde siempre han asomado caras abostezadas. Los d\u00edas limpian y empalidecen aquellos rostros acostumbrados a la intriga, a las infamias tejidas detr\u00e1s de las orejas. Son rostros y cuerpos vac\u00edos, reveladores de mujeres enteras, altas, romas, delectables. 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