{"id":7496,"date":"2023-02-28T00:24:45","date_gmt":"2023-02-28T00:24:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7496"},"modified":"2023-11-24T18:22:45","modified_gmt":"2023-11-24T18:22:45","slug":"dos-cuentos-de-earle-herrera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-earle-herrera\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Earle Herrera"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Caregato<\/strong><\/h3>\n<p>\u00a1C\u00f3mo no iba a impresionarse! \u00a1C\u00f3mo no iban a impresio-narlo los trece hipop\u00f3tamos de acero que comenzaban a moverse parsimoniosos y hambrientos, llenos de horribles ruidos los vientres estramb\u00f3ticos! Caregato los miraba con los ojos de este tama\u00f1o desde el chaparro en que estaba encaramado, el coraz\u00f3n en la garganta y sin saber qu\u00e9 se le hab\u00edan hecho los granos. En ese momento recordaba que su padrino le hab\u00eda dicho m\u00e1s de una vez: \u00abVaina jod\u00eda una fiera con hambre, Caregato\u00bb, y las piernas incre\u00edblemente flacas con su temblor hac\u00edan que las hojas del chaparro emitieran un ruido de cepillo de hierro que daba escalofr\u00edo. Cuando los trece bichos empezaron sus tronidos crey\u00f3 que era fin del mundo y todos sus catorce a\u00f1os se arrepintieron de haberse quedado all\u00ed. No hab\u00eda querido perderse ese espect\u00e1culo y ahora sent\u00eda unas ganas enormes de estar lej\u00edsimos. \u00abVaina jod\u00eda una fiera con hambre, Caregato\u00bb. Y Caregato sent\u00eda que una bola gelatinosa le sub\u00eda desde alg\u00fan oscuro rinc\u00f3n de las tripas hasta la misma garganta. \u00bfNo ser\u00e1 esa bola lo que est\u00e1 pensando Caregato? \u00bfNo ser\u00e1n los granos que desde hace un rato no se los siente por ninguna parte? \u00bfNo\u2026. ?<\/p>\n<p>En medio de su miedo se resist\u00eda a aceptar que al atardecer de La Leona no quedar\u00eda sino un mont\u00f3n de escombros tristes polvorosos y Caregato no ver\u00eda su casa por ning\u00fan lado. Las casas vueltas tierra, las ventanas quebradas, la vieja nevera retorcida, la mitad de un plato de peltre aqu\u00ed y all\u00e1 un pedazo de loza seguramente de la poceta, todo vuelto triza-pocilga-ruina en medio de la ancha solitaria sabana ser\u00edan una apocal\u00edptica visi\u00f3n que nunca jam\u00e1s se le borrar\u00eda de la mente a Caregato, un tatuaje indeleble en su memoria que se le avivar\u00eda aquella tarde que se puso a leer la Biblia y tropez\u00f3 con la par\u00e1bola de que \u00abno quedar\u00e1 piedra sobre piedra\u00bb.<\/p>\n<p>A decir verdad, Caregato no recordaba el d\u00eda exacto que lo llevaron a La Leona y si sab\u00eda que ten\u00eda catorce a\u00f1os era porque se lo hab\u00edan dicho. Pese a que la maestra lo llamaba Taparita, hab\u00eda aprendido m\u00e1s o menos a leer, aunque no entend\u00eda los suplementos que botaban los musi\u00fas en el quemador porque estaban en ingl\u00e9s y dec\u00eda cuando los hojeaba: \u00abAhora es que me falta, no juegue\u00bb, y se esforzaba Caregato por entender una sola palabra y deletreaba y nada y con un raro sentimiento que no sab\u00eda qu\u00e9 era regresaba a su casa cabizbajo, con pena y nostalgia y se acostaba a dormir hasta las cinco y media de la ma\u00f1ana cuando sonaba la sirena de la Mene Grande cortando de un tajo su sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Los primeros d\u00edas que fueron tan dif\u00edciles eran unos vagos recuerdos. Tendr\u00eda cinco a\u00f1os Caregato cuando su mam\u00e1 lo entreg\u00f3 a sus padrinos porque su padre hab\u00eda muerto mordido por una cascabel y ella no tendr\u00eda para educar a ese muchacho. \u00abAqu\u00ed se lo dejo, compadre, \u2014seg\u00fan sus recuerdos habr\u00eda dicho su madre antes de irse\u2014, para que lo haga un hombre de bien jecho y derecho\u00bb. \u00bfCaregato derecho con esas patas camb\u00e1s, ese pelo enmara\u00f1ado y duro, esa barriga que le crec\u00eda para adentro, esas costillas que ya se le sal\u00edan del cuerpo, esas manos huesudas que le terminan en esas u\u00f1as mugrientas, esos cerotes en el pescuezo y esos ojazos grandotes y verdes que parec\u00edan encajados a juro en esa su carita de negrito faramallero y por los que todo el mundo lo llama Caregato? \u00bfCaregato jecho, all\u00ed recostado contra la puerta de la casa de su padrino, llorando a llanto partido al ver la figura enclenque de su madre perderse, al final de la \u00fanica calle de La Leona, tragada como una tarde reacia del verano por la ancha sabana de la Mesa de Guanipa que no tiene fin?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00f3mo no, mi comai, yo le har\u00e9 de Caregato un hombre jecho y derecho, s\u00ed se\u00f1\u00f3! \u2014habr\u00eda dicho su padrino y nunca unas palabras le parecieron tan odiosas.<\/p>\n<p>Primero no se mov\u00eda para ning\u00fan sitio. Si su padrino al partir para el trabajo lo dejaba en la sala, all\u00ed lo encontraba a su regreso; si lo dejaba en la cocina, en la cocina; si en el patio, en el patio. Pero despu\u00e9s empez\u00f3 a andar detr\u00e1s de \u00abComo-t\u00fa\u00bb, el perrito que se cagaba por todas partes para darle trabajo a Caregato, y un d\u00eda camin\u00f3 toda la calle de La Leona detr\u00e1s de \u00abComo-t\u00fa\u00bb y su padrino sonri\u00f3 al verlo de regreso. El mismo Caregato no se dio cuenta cuando se acostumbr\u00f3 a todo y le perdi\u00f3 la pena a la nevera, a los muebles, al radio, a todas las cosas y entonces se pasaba horas y horas acarici\u00e1ndolas suavemente con sus manos t\u00edmidas por temor a romperlas y a echarlas a perder. Y a las cinco y media de la ma\u00f1ana, cuando la sirena de la Mene Grande interrump\u00eda el canto de los gallos, se paraba de un salto, corr\u00eda hasta la ventana de su cuarto y se quedaba mirando a los obreros sucios de petr\u00f3leo, con cascos y botas de puntas dur\u00edsimas, hasta que el \u00faltimo se met\u00eda en el cami\u00f3n que arrancaba para los taladros, un lugar del que hab\u00eda o\u00eddo hablar mucho a su padrino y que quedar\u00eda muy lejos. Pensaba que cuando fuera grande tambi\u00e9n ir\u00eda a los taladros con su ropa sucia, su casco y sus botas, luego de tomar el caf\u00e9 negro y amargo y encender un cigarro como los del padrino. Pero qu\u00e9 iba a saber Caregato, tan siquiera imaginar, lo que era la vida en los taladros, en medio del sol inclemente de la Mesa de Guanipa y la sed como una garrapata pegada en la garganta todo el d\u00eda. Abajo: el barro de petr\u00f3leo y tierra calientes. Y arriba: en la torre: los hombres empeque\u00f1ecidos, como de juguete, pendiendo de un hilo, de un pelo y del coraje \u2014de los g\u00fcevos, dec\u00eda siempre el padrino\u2014. Mediod\u00eda en los taladros: sol, sabana, taladro y brega\u2026 \u00a1Ah, y gringo! El gringo que rompe el silencio con su vozarr\u00f3n y mira todo como si todo fuera suyo y es tan extra\u00f1o como el taladro mismo. El mismo gringo que Caregato ve todos los viernes en el comisariato. \u00a1Pero qu\u00e9 iba a saber Caregato de taladros y de sudor y de gringos!<\/p>\n<p>Al principio no lo crey\u00f3, dicho mejor, no lo quer\u00eda creer; la primera vez que oy\u00f3 a su padrino decir: \u00abun d\u00eda de estos nos iremos de aqu\u00ed\u00bb, no lo quer\u00eda creer y le dio fiebre de no quererlo creer. Caregato no imaginaba a Caregato en otra parte sino en La Leona. Te jodes, Caregato, pensaba cuando iba pateando un perolito camino al quemador, si nos vamos de aqu\u00ed, si padrino se va de aqu\u00ed, te jodes. \u00bfD\u00f3nde m\u00e1s vas a estar mejor? Esto de ir al desperdicio es requetebueno. \u00bfTe acuerdas la primera vez que te la hiciste frente a aquel muchacho grande llamado Eleuto que te ense\u00f1\u00f3? Ahora todas las tardes te vas al quemador a hacerte nada m\u00e1s que puro la paja, Caregato, y m\u00e1s que aprendiste a montar las burras que se ponen mansitas y te esperan en el quemador, a la sombra del mismo chaparro. \u00bfTe acuerdas la tarde que peleaste con Eleuto porque te dijo Garabato-Caregato-Culoetrapo y cuando ya casi te jode le metiste el vidrio?<\/p>\n<p>Despu\u00e9s te fuiste a leer los suplementos de los americanos, bueno, a leerlos no, pero s\u00ed a hojearlos. Y pasabas largos ratos sobre las matas d\u00e1ndote y d\u00e1ndote en esas espinillas que te han comenzado a salir por toda la cara de gato que te gastas. \u00bfIrte de La Leona? \u00bfIrme? \u00a1Qu\u00e9 vaina, Caregato!, es como para no creerlo. T\u00fa que pensabas ir alg\u00fan d\u00eda a buscar a tu mam\u00e1 y traerla del conuco a vivir en La Leona y tambi\u00e9n al vecino para que no sigan viviendo en esas casuchas de penca de moriche donde se esconde la ratonera que aunque no muerde es una culebra que da miedo. T\u00fa que pensabas eso muy callado, que te lo ten\u00edas bien de guardado y ahora viene padrino y que nos vamos, que te dice que est\u00e1 por acabarse el trabajo en los taladros y se tendr\u00e1n que mudar para El Tigre. \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 El Tigre, tendr\u00e1 una sola calle como La Leona? \u00bfY qu\u00e9 ir\u00e1n a hacer con La Leona, con ese mont\u00f3n de casas grandes y de bloques? Nunca vas a entender nada, Caregato, como nunca pudiste leer ni una l\u00ednea de los suplementos de los musi\u00fas: Taparita, Caregato, nada m\u00e1s que sirves para vagabundear por todas partes y ni siquiera sabes por qu\u00e9 te dicen Caregato. \u00bfYa ser\u00e9 un hombre jecho y derecho? \u00bfPodr\u00e9 trabajar en los taladros? \u00bfMe podr\u00e9 quedar en La Leona? \u00bfEste. . . ?<\/p>\n<p>Ni La Leona, ni el viento que sopla hace a\u00f1os sobre el campamento, ni la sabana sin fin de la Mesa de Guanipa, ni el sol que hace crepitar la paja y ronronear a los cigarrones azules y brillantes, ni la intensa soledad que se le mete por los poros a Caregato, responden a alguna de sus preguntas. La Leona es un campo de la compa\u00f1\u00eda del petr\u00f3leo, con una sola calle como de ciento y pico de metros, un pueblo prefabricado que enclavaron un d\u00eda cualquiera en medio de la Mesa de Guanipa, donde la vida pasa con una cronom\u00e9trica rutina que s\u00f3lo no aburre a Caregato. Caregato ha enterrado sus ra\u00edces en La Leona como un palo de yuca y capaz es de secarse si lo arrancan de su medio.<\/p>\n<p>Ahora est\u00e1 all\u00ed verde de miedo, encaramado sobre el chaparro que silba con el viento y cruje de cuando en cuando amenazando delatarlo. Dentro de poco el sol calentar\u00e1 inclemente como siempre la sabana sin fin, se escuchar\u00e1n ruidos lejanos de carros, zumbidos de mosquitos, timbres de grillos y dar\u00e1n unas ganas enormes de dormir, el mismo sue\u00f1o que daba cuando iba para el quemador pateando perolitos. A estas horas ya se habr\u00e1n dado cuenta que no est\u00e1 en casa, la casa nueva que compr\u00f3 el padrino en la Quinta Carrera Norte de El Tigre con el bojote de reales que le dieron. Y qu\u00e9 importa eso, nada le importa que noten su ausencia y guarda miedoso la china con la que pensaba impedir que destruyeran La Leona y jura que si fuera un hombre jecho y derecho no dejar\u00eda tumbar las casas. En ese instante termina de jurar y un espect\u00e1culo extra\u00f1o son para sus ojos los lentos movimientos con que los operadores van subiendo a las m\u00e1quinas, animales enormes que parecen mansitos as\u00ed como est\u00e1n. \u00abVaina jod\u00eda una fiera con hambre, Caregato\u00bb. La Leona est\u00e1 all\u00ed, indiferente de manera inexplicable para \u00e9l, como si no supiera que dentro de un rato van a demoler todas sus casas. Decenas de ideas desesperadas se agolpan en su cerebro como luces intermitentes: si esos bichos no prendieran. Si los hombres esos murieran toditos de repente. Si padrino llegara ahorita, concho, y les dijera que no tumben las casas. Si empezara a llover con truenos y rel\u00e1mpagos y no acabara nunca. Si yo fuera ya un hombre jecho y derecho. Si&#8230; Si&#8230;<\/p>\n<p>Caregato se muerde los labios, aprieta los pu\u00f1os y una gran desesperanza le recorre todo el cuerpo, le tiembla en la barbilla y le causa unas ganas de llorar que reprime para demostrarse que es un hombre hecho y derecho. As\u00ed, apretando los dientes, logra un asombroso dominio de s\u00ed mismo que se le deshace apenas los tractores empiezan a tronar ensordecedores, con un ruido que se le antoja infernal a Caregato cuando, ambos \u00edndices tapone\u00e1ndole los o\u00eddos, lo sigue escuchando con los t\u00edmpanos de la angustia.<\/p>\n<p>Caregato baja del chaparro y son\u00e1mbulo camina hacia el mont\u00f3n de tierra, palos, losas, puertas, ladrillos, \u00bfcasas? Todo vuelto trizas-pocilga-ruina. Siente que La Leona fue un pueblo en el que vivi\u00f3 hace tant\u00edsimo tiempo. Siente lo mismo que sinti\u00f3 aquella vez que vio a su madre perderse como un puntito oscuro en la inmensidad de la sabana, que la vio desaparecer por la \u00fanica calle de La Leona, cada vez m\u00e1s peque\u00f1a, un puntico en lontananza y de golpe, as\u00ed, zu\u00e1s, se perdi\u00f3 para siempre de su vista. Como son\u00e1mbulo va recogiendo y botando pedazos de destrozos de aqu\u00ed y de all\u00e1. Lejos est\u00e1n los tractores del silencio que guarda la sabana ante el dolor de Caregato que no aguanta m\u00e1s y estalla en llanto y de cuando en vez se interrumpe y rezonga: \u00a1Co\u00f1o, los musi\u00fas, los musi\u00fas, no j\u00f3!<\/p>\n<p>Y Caregato, quien alg\u00fan d\u00eda ser\u00e1 un hombre jecho y derecho, sentado como sea sobre las ruinas de lo que fue La Leona, lleno de llanto y soledad y de sue\u00f1os, forma un cuadro extra\u00f1o en medio del atardecer de la Mesa de Guanipa que le bebe su sombra alargada y grotesca.<\/p>\n<h3><strong>Fiesta de luces negras<\/strong><\/h3>\n<p>A pleno pulm\u00f3n no. Las luces no deben dejarse a pleno pulm\u00f3n, desbordadas, haci\u00e9ndonos transparentes, como placas radiogr\u00e1ficas de nuestros complejos y prejuicios. Las luces, mejor, deben ser suaves y hasta c\u00f3mplices, ser casi no-luces o anti-luces, tener en su fluidez algo de niebla y picard\u00eda. Las rosadas y violetas, violadas a intervalos regulares por r\u00e1pidas r\u00e1fagas de un amarillo fugaz, forman la combinaci\u00f3n m\u00e1s agradable y excitante. En el momento en que una luz es violada por otra \u2014coito de luces\u2014, una mano se aferra a la cintura y otra a la nuca. Son dos manos que responden al mismo impulso y que se ignoran como ignoran el itinerario de caricias que han de seguir estimuladas por luces que ellas no ven, luces que a veces son m\u00e1s que subjetivas, pero luces, al fin.<\/p>\n<p>Empezar las fiestas luminosas era cosa dif\u00edcil, cuesti\u00f3n de timidez, vamos a esperar a Lombano, p\u00e1same la nota, primero hay que calentar los somas, que uno no se daba cuenta cuando empezaba la fiesta, el sue\u00f1o, \u00bfel amor, dije? Las primeras \u2014\u00bflo recordar\u00e1n ellos ahora?\u2014 fueron divinamente inocentonas y antiest\u00e9ticas y <em>kitsch <\/em>que lo \u00fanico que faltaba era una pi\u00f1ata-barco, p\u00e1jaro o casa, hasta que la cosa cambi\u00f3 con la entrada del Gato en la piel del tigre, y por cierto, \u00bfvendr\u00e1 el Gato esta noche? La gata que se gasta el Gato es una de las Tres Gracias, la mejor de las tres, la m\u00e1s de rechupete, qu\u00e9 de nalgas formidables Diosdelcielo, \u00bfvendr\u00e1 esta noche el Gato?<\/p>\n<p>(Y entre par\u00e9ntesis \u2014por qu\u00e9 no decirlo\u2014: la piel del tigre lo organizamos un d\u00eda largo y fastidioso hasta m\u00e1s no poder: domingo 10, doce meridiem, un domingo que se estiraba infinitamente de puro tedio. Ya-que-siempre andamos juntos, en-vista-de que de cuando en cuando organizamos fiestas, teniendo-en-cuenta los muchos gustos comunes que nos unen, qu\u00e9 razones, grandes o chicas, existen para que no nos organicemos en un clan: \u00abgrupo de personas unidas por cualquier inter\u00e9s\u00bb ( [<em>Peque\u00f1o Larousse<\/em>] ). Luego de una discusi\u00f3n minuciosa y desacalorada de los pro y de los contra, decidimos proclamar all\u00ed mismo, al aire libre y en medio de la grama libertina, el solemne nacimiento de La piel del tigre.<\/p>\n<p>En el susodicho clan \u2014a proposici\u00f3n de la gata o felina\u2014, todos ser\u00edamos miembros de la base y presidentes a la vez, es decir, la democracia absoluta y el derecho inalienable a pataleo, porque el centralismo fue rechazado un\u00e1nimemente en una simb\u00f3lica muerte del dogma y de todos los dogmas, lo cual fue aprobado con la se\u00f1al de costumbre: levantar la garra de fieras libres. Libres, eso es. Y fieras).<\/p>\n<p>Con La piel del tigre funcionando, las fiestas se hicieron m\u00e1s frecuente, la vida transcurr\u00eda en un abrazo permanente, por no decir eterno. El amor dej\u00f3 de ser circunstancial para inscribirse, voluptuoso, en el mundo de la cotidianidad. Todo ello ayudaba, sin dudas, a que cada quien cargara con su cruz con mayor entusiasmo, algo as\u00ed como cuando con un dolor de muela del infierno, nos encontramos con alguien que tambi\u00e9n tiene un dolor de muelas del infierno. All\u00ed nace entonces la solidaridad m\u00e1s sublime, del fondo del dolor, as\u00ed sea de lo hondo de un vulgar dolor de muelas del infierno.<\/p>\n<p>Las fiestas en La piel del tigre eran ornamentadas con luces y nada de flores (en las orales tarjetas se rogaba no enviarlas); por lo general eran luces electr\u00f3nicas que los muchachos se robaban de las grandes tiendas por departamentos, lleve hoy y pague ma\u00f1ana, as\u00ed sea: luces, fiestas, rayas, manos que iban de arribabajo-de-abajoarriba: La piel del tigre.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n eran buenas para el viaje las luces de velas de colores cuando cortaban la luz. Una amarillocandela en la repisa, una azul debajo de la foto de la imitaci\u00f3n del plagio del cuadro de la Mona Lisa que no es la Mona Lisa, una natural sobre la mesita de las bebidas y una roja, que es como un espejo de labios hambrientos de labios, frente a todos: fiesta de velas. Ah\u00ed es cuando Rosita me dice, me dice. Y yo: s\u00ed, s\u00ed. Rosita entonces se vuelve o se cree Cleopatra y empieza a pasear por el Jard\u00edn Romano, entre colores y p\u00e1jaros, con Marco Antonio, se agacha, toma una flor, la huele y se la pasa a Marco Antonio que est\u00e1 un poco fastidiado e indelicadamente la lanza hacia alguna parte y la flor, humillada, exclama: \u00a1oh!, por boca de Cleopatra, que gime y me pasa la mano por el cuello, me la pasa de nuevo y gime, me besa en el pecho y gime, sigue bajando y me besa en el est\u00f3mago y gime, me besa y me dice, me besa y yo la levanto y Rosita, otra vez Rosita, me dice: \u00ab\u00bfVerdad que es bella la fiesta de velas?\u00bb Y yo: \u00abS\u00ed, Cleo, la fiesta, las velas\u00bb.<\/p>\n<p>El Gato apareci\u00f3 con su grito de costumbre y su felina gata, Gracia. \u00abHola, brothercitos\u00bb, saludaron y se la asentaron al baile, a mill\u00f3n. Parec\u00eda que vinieran con la sed de cien soles a cuestas y tomaban como la mism\u00edsima montura de Baltazar. Rosita miraba a Gracia con cierta indisimulada envidia. La \u00faltima vez el Gato se pas\u00f3 de ego y termin\u00f3 convertido en el mono desnudo saltando sobre la mesita de centro y caoba, la trona convirti\u00e9ndolo en pr\u00f3cer. Ya le hab\u00eda dicho yo que la liga no era buena pero. Adem\u00e1s las luces. Todos saben que la amarillocandela traspasada por la voz de Jimmy Hendrix tiende a excitarlo hasta el paroxismo. Y para colmo el Gato trajo yerba y analg\u00e9sico que con gaseosa y escoc\u00e9s dan una de manicomio y B\u00e1rbula. Menos mal que esta vez vino con la felina que lo controla y lo frena de este lado de la vida, aunque el Gato hace intentos a cada rato para escaparse hacia el sue\u00f1o. Cuando el Gato se escape, porque le voy a cuadrar el ambiente, Rosita andar\u00e1 vagando por los barrios del pensamiento nebuloso, estar\u00e1 probablemente en Ori\u00f3n y entonces, ah\u00ed es cuando, entonces la felina y yo haremos el experimento. Los dem\u00e1s estar\u00e1n muy ocupados en la fiesta, muy divertidos todos, idos, lejos y aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Fue como a las once y media, a media hora para la media noche, que el Gato se meti\u00f3 en el sue\u00f1o; la felina me encandil\u00f3 con sus hermosos ojazos para advert\u00edrmelo, y yo le met\u00ed dos pastillitas juntas a Rosita para que se terminara de ir para Ori\u00f3n, dos o cuatro c\u00e1psulas, no recuerdo bien, creo que nunca recordar\u00e9 cu\u00e1ntas c\u00e1psulas le di a tomar. Todav\u00eda la felina y yo esperamos media hora m\u00e1s para iniciar el experimento. Rosita empez\u00f3 a describir un c\u00edrculo con la vista y me inform\u00f3 que la brujer\u00eda le estaba haciendo el efecto. Estaba segura que la mujer de un ministro, vecina suya, hab\u00eda regado un polvo baboso sobre su casa, pero el mayor maleficio caer\u00eda en su persona por ser ella la princesita de la casa, la puchita. En los alrededores del Nuevo Circo le hab\u00eda comprado una piedra preparada a una vendedora de talismanes y azabaches contra la mala suerte y otros males; esperaba con eso neutralizar un tanto el efecto del trabajo de la bruja del ministro. De pronto me pregunt\u00f3 si no percib\u00eda el olor a azufre de la costa, si no lo captaba y le dije que no. \u00abQu\u00e9 raro\u00bb, suspir\u00f3, \u00abtodo el mundo lo siente y lo presiente, es la presencia inminente del Rey\u00bb. \u00ab\u00bfEl Rey? \u00bfCu\u00e1l Rey?\u00bb, me extra\u00f1\u00e9. \u00abEl diablo \u2014Rosita sonre\u00eda\u2014; es la brujer\u00eda que me est\u00e1 haciendo el efecto \u00bfno ves?\u00bb. La mir\u00e9 a los ojos y not\u00e9 que estaba cerca de Ori\u00f3n. Rosita ya casi no estaba en la fiesta, a estas horas andar\u00eda por el cosmos d\u00e1ndole de patadas a las estrellas; dos, cuatro c\u00e1psulas ten\u00edan suficiente concentraci\u00f3n para disparar a cualquiera hacia el universo abierto, \u00fanico, el universo como un largo camino de rosas burlonas que le hac\u00edan cosquillas a Rosita en la planta de los pies y ella re\u00eda como siempre que yo la mandaba para Ori\u00f3n, risa y risa.<\/p>\n<p>La felina miraba a Rosita con gozada maldad, a tiempo que le daba al Gato otro trago de la liga para que viajara m\u00e1s r\u00e1pido. El Gato re\u00eda pesadamente, con una risa de plomo, mientras met\u00eda un pie en el vaporoso tranv\u00eda del sue\u00f1o. \u00abYa casi voy a arrancar, Lina\u00bb, le dijo a la felina y ella me dio el pitazo con una mirada escandalosa, anunci\u00e1ndome, con goce indisimulado, que ya el Gato hab\u00eda arrancado, pero bueno era esperar un rato m\u00e1s. \u00c9l empez\u00f3 a hablar de cosas extra\u00f1as como un cronista que relata sus viajes, cap\u00edtulo por cap\u00edtulo, y luego recoge sus andanzas en una edici\u00f3n especial de 8 por 12, tirada a todo color: \u00abAyer pas\u00e9 por La Perinola \u2014narr\u00f3 bajito, en letricas de seis puntos\u2014, que es un lugar azul turquesa donde todo gira sobre s\u00ed mismo. As\u00ed estuve descansando unas dos horas y logr\u00e9 establecer un interesante di\u00e1logo circular con los abor\u00edgenes del lugar. Es maravilloso notar c\u00f3mo toda conversaci\u00f3n termina donde comienza, menos cuando entran en las pl\u00e1ticas los espirales. Los espirales aqu\u00ed son como los bur\u00f3cratas all\u00e1, impertinentes hasta la generaci\u00f3n final. Ellos en vez de hablar en c\u00edrculos que empiecen y terminen en un punto, con los trescientos sesenta grados correspondientes para cada conversaci\u00f3n y como debe ser en un pa\u00eds como La Perinola (circular), lo hacen en c\u00edrculos que se unen a otros c\u00edrculos que se unen a otros c\u00edrculos como el cuento del gallo pel\u00f3n. Un espiral es como un pol\u00edtico, adicto al arte de las promesas pospuestas, es la relatividad absoluta, la postergaci\u00f3n permanente y la carne hecha pr\u00f3rroga y viceversa\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras relataba sus vicisitudes en La Perinola, el Gato gesticulaba con las manos dibujando curiosos arabescos que quer\u00edan capturar ipso facto el espacio in fraganti. Los dem\u00e1s muchachos estaban en lo mejor de los saltos y se dejaban llevar por la m\u00fasica y las luces \u2014<em>soul <\/em>y magenta\u2014, en un marem\u00e1gnum fren\u00e9tico de reflejos espectrales. Ellos, por supuesto, ten\u00edan una dosis m\u00e1s peque\u00f1a de la liga que no les permit\u00eda traspasar la frontera que separa la vida real de La Perinola y de Ori\u00f3n; su viaje al sue\u00f1o era m\u00e1s corto, un viaje hasta cierto punto con pies de plomo, que los hac\u00eda creer que estaban batiendo chacos con las orejas. Eso les permit\u00eda apreciar y disfrutar plenamente del coito de luces, del desgarramiento delicioso que el amarillo provocaba en la incorp\u00f3rea superficie del azul. Pero ni el Gato ni Rosita estar\u00edan para presenciar la espasm\u00f3dica eyaculaci\u00f3n del amarillo en el vientre azulviol\u00e1ceo, el esperado orgasmo luminoso, el fosforescente polvo, porque uno andar\u00eda por La Perinola, en un interminable di\u00e1logo con los espirales, y la otra estar\u00eda en Ori\u00f3n, pateando estrellas, oh Rosita.<\/p>\n<p>A todas estas, la felina se notaba inquieta. Gracia siempre se pon\u00eda as\u00ed cuando se acercaba alg\u00fan momento trascendente. El Gato hab\u00eda dejado de relatar sus peripecias, como si de pronto los espirales hubieran decidido dejar el di\u00e1logo en el aire, guindando de alg\u00fan gancho atmosf\u00e9rico. Entre la felina y uno de los muchachos del clan lo metieron en un cuarto, donde seguramente continuar\u00eda sus exploraciones de La Perinola. Rosita, por su bello lado, estaba m\u00e1s euf\u00f3rica que nunca, a lo mejor algo celebraban en Ori\u00f3n y ella tiraba y tiraba patadas y patadas hasta que se fue calmando, paulatinamente, a medida que se acercaba al cero de una cuenta regresiva que sabr\u00e1 el Yav\u00e9 de Ori\u00f3n por qu\u00e9 se puso a desnumerar a estas horas: (\u2026 5\u2026. 4\u2026. 3\u2026 2&#8230; 1&#8230; 0). Ahora s\u00ed estaba Rosita en cuerpo, alma y todo en las mism\u00edsimas entra\u00f1as de Ori\u00f3n, ya nada la un\u00eda a la fiesta ni a las velas ni a las luces. Ahora ven\u00eda lo bueno nuevo, el experimento.<\/p>\n<p>Lo del experimento \u2014valga concederle su m\u00e9rito\u2014 fue a Gracia a quien se le ocurri\u00f3. Un d\u00eda, al azar, me la encontr\u00e9 en Sabana Grande y me dijo: \u00abSer\u00e1 de lo m\u00e1s divino, algo interesant\u00edsimo, mu\u00e9rete, la s\u00edntesis entre el ser y el no ser que tanto descoc\u00f3 al pobre Hamlet, la liberaci\u00f3n absoluta, alma y materia\u00bb. Yo nunca fui esc\u00e9ptico ante los pasos dados en pro del enriquecimiento del campo sexual y lo que propon\u00eda la felina, de verdad, promet\u00eda ser suig\u00e9neris, celestial, definitivamente \u00fanico.<\/p>\n<p>Por supuesto que el Gato, pese a todo su cuerpo te\u00f3rico sobre el amor libre y a sus fanfarronadas de ser un libre pensador-universal, sin celos ni prejuicios, era un ol\u00edmpico celoso que no iba a permitir, y menos a perdonar nunca, el experimento felina-yo. La Rosita si lo llegaba tan s\u00f3lo a vislumbrar en la ventana m\u00e1s remota de las posibilidades, se mor\u00eda irremisiblemente. Por dos poderosas razones Gracia no hac\u00eda el experimento con el Gato: La primera: se necesitaba un poco de emoci\u00f3n fuerte, de sentimiento de culpa, digamos, de infidelidad, lo cual crear\u00eda las condiciones ps\u00edquicas necesarias. La segunda: era necesario aguante, resistir, llegar hasta las llamadas \u00faltimas consecuencias, y el Gato no pod\u00eda, porque seg\u00fan triste pero valiente confesi\u00f3n de la felina, estaba quedando desastrosamente impotente. El Gato no llenaba pues las condiciones psicof\u00edsicas exigidas para llevar el experimento a un Happy end. No hab\u00eda de parte de Gracia ni de la m\u00eda otro m\u00f3vil que el de aportar nuevas experiencias al c\u00famulo sexicognoscitivo de las nuevas generaciones que despuntaban; para decirlo con un horrible pero inevitable lugar com\u00fan, poner un granito de arena, nuestro-granito-de-arena para la felicidad del g\u00e9nero (o especie) humano, tan maltrecha hoy d\u00eda por aberrada maquinizaci\u00f3n de los sentimientos m\u00e1s sublimes.<\/p>\n<p>Por el gui\u00f1o que me hizo al llegar, la felina ven\u00eda resteada para todo, aunque se le notaba, no s\u00e9 si a capricho m\u00edo, un poco impaciente, como si alg\u00fan tren que se fuese a marchar para alg\u00fan lejano pa\u00eds, la fuera a dejar en alguna solitaria estaci\u00f3n, triste. A decir verdad, yo tambi\u00e9n me sent\u00eda un poco nervioso y un momento hubo en que sent\u00ed unas ganas enormes de olvidarlo todo e irme con Rosita para Ori\u00f3n, a jugar su f\u00fatbol astral, pero no le pod\u00eda echar esa vaina a la felina, no me pod\u00eda rajar a \u00faltima hora. Y al pensar en el mundo de novedades inimaginables que \u00edbamos a descubrir ella y yo, la decisi\u00f3n fue como el oc\u00e9ano donde se ahogaron de inmediato las fugaces dudas del primer momento. De nuevo estaba dispuesto a convertir al Gato y a Rosita en maravillosos cornudos so\u00f1adores. Era un rol que ellos aceptaban en su inconsciencia en aras del experimento. Dentro de poco, ya me veo, yo estar\u00e9 totalmente desnudo y la felina cabalgar\u00e1 sobre m\u00ed, voluptuosa y eterna, por una inmensa pradera reverdecida, de pasto vibrante, suave y liberado como la cabellera de Dios. Un calor h\u00famedo y fr\u00edo y un fr\u00edo h\u00famedo y caluroso nos descender\u00e1 desde el pelo mayor hasta el dedo gordo. La respiraci\u00f3n de la felina, oh Gracia, ser\u00e1 definitiva. M\u00e1s all\u00e1, Ori\u00f3n y La Perinola ser\u00e1n una y la misma cosa, donde no habr\u00e1 prejuicios ni pecado original. Gracia, como la m\u00e1s \u00e1gil de las amazonas todas, sostendr\u00e1 entre sus dientes las riendas de mis \u00edmpetus desbocados con sublime habilidad. El momento ser\u00e1 supremo. Yo me aferrar\u00e9 a sus caderas prodigiosas y espartanas como un chinche a la piel (y chupar\u00e9). Las luces ya no saldr\u00e1n por parejas, sino en explosiones m\u00faltiples y venerables de fuegos artificiales; ser\u00e1, helo all\u00ed en carne y hueso, el amor libre en su m\u00e1s sana, elevada y humana expresi\u00f3n, el hombre ante el hombre, reencontrado por fin; ser\u00e1 el hundimiento definitivo de Occidente, hip\u00f3crita y podrido, el renacer de un nuevo siglo; tal ser\u00e1 el principio del experimento.<\/p>\n<p>Pero, de repente, fue como si al c\u00edrculo crom\u00e1tico alguien lo hubiese puesto a girar vertiginosamente provocando la descomposici\u00f3n de la luz. El coito luminoso fue suspendido bruscamente y una enorme y fea y repugnante luz blanca se adue\u00f1\u00f3 del ambiente, despojando de manera arbitraria al amarillo, al azul y al violeta.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 vaina es \u00e9sta!\u00bb, se levant\u00f3, dijo y volvi\u00f3 a partir para el sue\u00f1o el Gato, despaturrado. La luz blanca se hizo m\u00e1s prepotente, como si concentrara sobre nosotros todos los ojos del mundo. Corr\u00ed y me cubr\u00ed y otro tanto hizo la felina, desconcertada y furiosa, contrariada. El polic\u00eda con casco romano y escudo ense\u00f1aba el cuerpo de Rosita y yo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 carajo le pasa a este tombo, acaso no se da cuenta que ella est\u00e1 en Ori\u00f3n?\u00bb. El agente sac\u00f3 un papel sellado y ley\u00f3 en voz alta algo acerca de sadomasoquistas, degenerados, bolcheviques, adictos, malparidos, putas, subversivos, irregulares y presos.<\/p>\n<p>\u00bfPresos? Nadie entend\u00eda la palabreja: pre-sos. P-r-e-s-o-s. \u00bfPor qu\u00e9? Mientras nos sacaban del lugar, uno a uno, en fila india y con las manos en la cabeza, el pap\u00e1 de Rosita, el senador, en la puerta y con la cara prestada, lloraba para adentro y no dejaba de gritarnos, inexplicablemente, no s\u00e9 qu\u00e9 cosa de la depravaci\u00f3n gratuita y continental. No terminaban de comprender ni el pureto ni nadie que Rosita estaba en Ori\u00f3n y que s\u00f3lo era cuesti\u00f3n de tiempo, de esperar que le pasara y ya. Tampoco era para ponerse hist\u00e9rico por tan poco, ni para estar con ofensas y calumnias.<\/p>\n<p>Pero luego supimos que la muerte fue cierta, que Rosita se qued\u00f3 para siempre en Ori\u00f3n. Gracia me mir\u00f3 de una manera extra\u00f1a, con la misma mirada del senador. \u00ab\u00bfSer\u00eda la brujer\u00eda?\u00bb, pens\u00e9 infeliz. \u00ab\u00bfCu\u00e1ntas c\u00e1psulas fue que le di de verdad?\u00bb Oh, qu\u00e9 irreversible fue el viaje hacia Ori\u00f3n, maldito Ori\u00f3n y su cancha de estrellas. Oh, Rosita, dime \u00bfnos veremos?<\/p>\n<p>Primero sacaron a Gracia y despu\u00e9s a los dem\u00e1s. Detr\u00e1s de las rejas, solo, me qued\u00e9 yo recordando cu\u00e1ntas c\u00e1psulas fue que puse en el vaso. Las luces de la fiesta me llegaban desde Ori\u00f3n con el color del miedo. Rosita re\u00eda all\u00e1, chutando estrellas. Dentro de m\u00ed se hizo una luz que se apag\u00f3 antes de que captara algo y, de pronto, la noche cay\u00f3 sobre la celda en pleno mediod\u00eda y empez\u00f3 como una fiesta de puras luces negras, enmara\u00f1adas luces negras de cuyo seno emergi\u00f3 el Gato, y no dej\u00f3 de causarme sorpresa su presencia en la c\u00e1rcel, pues yo pude ver cuando hace un rato lo pusieron en libertad con los dem\u00e1s. Al Gato en la c\u00e1rcel frente a m\u00ed, mir\u00e1ndome con la pat\u00e9tica mirada con que se mira a los tarados, le dio por hablar para intentar consolarme, se lo agradezco, pero no le creo; el Gato que dice:<\/p>\n<p>\u2014Hace media hora que est\u00e1s hablando mariqueras.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo? Es cierto todo.<\/p>\n<p>\u2014Mariqueras, no pens\u00e9 que la gasolina te fuera a volar tanto; has estado hablando de fiestas y luces y espirales y Ori\u00f3n y Cleopatra y Felina y ego y coitos luminosos y muertos, qu\u00e9 rollo, mano.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 estamos aqu\u00ed entonces?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mierda, yo qu\u00e9 s\u00e9! S\u00f3lo recuerdo cuando nos est\u00e1bamos robando unas bombillas en CADA.<\/p>\n<p>\u2014Justamente, ah\u00ed empez\u00f3 todo.<\/p>\n<p>\u2014Ah\u00ed no empez\u00f3 nada porque all\u00ed nos prensaron.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY las fiestas, entonces, y las luces?<\/p>\n<p>El Gato me dijo: \u00abest\u00e1s jodido\u00bb y se tir\u00f3 bocabajo sobre el piso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Caregato \u00a1C\u00f3mo no iba a impresionarse! \u00a1C\u00f3mo no iban a impresio-narlo los trece hipop\u00f3tamos de acero que comenzaban a moverse parsimoniosos y hambrientos, llenos de horribles ruidos los vientres estramb\u00f3ticos! 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