{"id":7457,"date":"2023-02-18T21:31:58","date_gmt":"2023-02-18T21:31:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7457"},"modified":"2023-11-24T18:22:59","modified_gmt":"2023-11-24T18:22:59","slug":"dos-cuentos-de-milagros-socorro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-milagros-socorro\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Milagros Socorro"},"content":{"rendered":"<h3>Cambio de guardia<\/h3>\n<div class=\"entry\">\n<p>Elisa estaba perfecta esa ma\u00f1ana. Todo en su presentaci\u00f3n correspond\u00eda a lo que se espera de alguien en su primer d\u00eda de trabajo. Su piel brillaba en forma tenue en lo alto de la habitaci\u00f3n, muy cerca del techo, donde flotaba completamente desnuda; a no ser por sus enormes alas que aquel d\u00eda estrenaban un barniz de bronce.<\/p>\n<p>En espera de la hora de mayor actividad, Elisa jugaba con su cabello, una melenita muy lisa y negra que ca\u00eda sobre sus mejillas, hasta el ment\u00f3n, donde terminaba en una l\u00ednea completamente recta (el juego consist\u00eda en mover la cabeza con el objeto de agitar el sedoso casco que la cubr\u00eda desde la frente hasta la nuca). Las reducidas dimensiones del cuarto de Juan le imped\u00edan entretenerse volando un poco o extendiendo sus alas a todo lo que daban, como se hab\u00eda aficionado a hacer en los \u00faltimos tiempos. S\u00f3lo le quedaba menear la cabeza de un lado a otro y soplar en direcci\u00f3n a las cejas para ver el flequillo alzarse y volverse a posar, muy cerca de sus ojos. De vez en cuando hac\u00eda m\u00ednimas tijeretas con las piernas, m\u00e1s que todo para contempl\u00e1rselas.<\/p>\n<p>Dado que era su primer d\u00eda all\u00ed, desconoc\u00eda las costumbres de Juan. Ten\u00eda, desde luego, la carpeta que le hab\u00edan suministrado en el Centro, en cuyo interior se guardaban dos o tres hojitas que resum\u00edan, a rasgos un poco burdos, los datos y actividad de su nuevo protegido. Elisa no pod\u00eda creer que un hombre tan joven como Juan tuviera una vida tan aburrida; por lo que atribu\u00eda a la tradicional molicie del Departamento de Archivo la escasez de los datos consignados. Seg\u00fan la planilla del Centro \u2014cuidadosamente mecanografiada, eso s\u00ed\u2014 Juan estaba terminando sus estudios de especializaci\u00f3n y en pocos meses obtendr\u00eda su t\u00edtulo de obstetra. La mayor parte del d\u00eda, por no decir que todo, se lo pasaba en el hospital, donde los riesgos a su integridad f\u00edsica y moral era realmente limitados (Elisa comenz\u00f3 a temerse una temporada de poca animaci\u00f3n); una vez por semana iba a visitar a su madre, una mujer delgad\u00edsima y de pocas palabras (\u00abatendida desde hace treintiseis a\u00f1os por Eudora, la griega\u00bb, anotaba escuetamente la planilla); ten\u00eda un solo amigo, un compa\u00f1ero de estudios; no ve\u00eda a ninguna mujer.<\/p>\n<p>En la \u00faltima parte se dejaba constancia del nombre del anterior guardi\u00e1n de Juan y las razones por las que hab\u00eda sido removido del puesto. Elisa conoc\u00eda vagamente la historia. Era algo referido a un tal Roberto que consider\u00f3 que pod\u00eda dejar su trabajo por unas horas en manos de los otros gendarmes alados que acud\u00edan al hospital y dedicarse a merodear por all\u00ed. Fue descubierto y destinado, como castigo, a vigilar a un reportero de pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Pensando en estas cosas, Elisa se hab\u00eda acercado a la ventana de la habitaci\u00f3n de Juan, \u00fanica gracia del recinto. Estaba decorada con unas puertas de madera muy altas que dejaban colar la luz a trav\u00e9s de una filigrana, s\u00f3lo que \u00e9sta se encontraba en la parte superior de la ventana, recodo en el que aparentemente nadie estaba interesado, ya que el polvo lo hab\u00eda ganado de tal forma que algunos agujeros se encontraban tapados. Contrariada por el da\u00f1o obrado en el tejido de madera, Elisa sopl\u00f3 para alejar el polvo, logrando \u00fanicamente que una nubecilla se posara en su pecho, lo cual dio el efecto de un fino velo doblemente abombado por el viento. R\u00e1pidamente se dio vuelta para que el polvo se desprendiera de sus senos, y estaba sacudiendo sus pezones cuando Juan se removi\u00f3 en la cama.<\/p>\n<p>Elisa se coloc\u00f3 en posici\u00f3n vertical y descendi\u00f3 suavemente hasta ponerse entre la pared y la cabecera de la cama. Su vello p\u00fabico se encontraba enmascarado por restos del polvo. Juan abri\u00f3 los ojos e inmediatamente salt\u00f3 de la cama. Con las manos sobre su vientre, en gesto de sorpresa, Elisa alete\u00f3 y se puso detr\u00e1s de Juan, dispuesta a seguirlo donde fuera. En vez de dirigirse al ba\u00f1o, como hacen todos, Juan se plant\u00f3 en el centro de la habitaci\u00f3n y se puso a olisquear el aire. Con el pelo alborotado, una erecci\u00f3n mediana pero ostensible bajo el pantal\u00f3n de la piyama, y la expresi\u00f3n de lobo viejo en la cara, Juan luc\u00eda, en verdad, temible.<\/p>\n<p>Elisa pesta\u00f1e\u00f3 varias veces, confundida, pero no se alej\u00f3 de la espalda de Juan. De pronto, ella supo lo que \u00e9l estaba pensando (esto no es raro, los \u00e1ngeles guardianes adivinan el pensamiento de sus custodiados cuando de all\u00ed proviene el peligro). Juan hab\u00eda detectado en el aire un olor que no percib\u00eda desde que era ni\u00f1o: una mezcla de tamarindos precipitados sobre el hirviente techo de su casa en Ar\u00e1nega, asoleados y reblandecidos despu\u00e9s de varios d\u00edas recibiendo agua de lluvia, hasta formar una oscura papilla donde sobresal\u00edan las c\u00e1scaras y asomaban, relucientes, las semillas, de la que exhalaba un olorcillo dulce y \u00e1cido que algunas veces a lo largo de su vida fuera de Ar\u00e1nega hab\u00eda cre\u00eddo percibir, pero nunca con tanta claridad como en aquel momento. A veces, cuando m\u00e1s agobiado por el cansancio se encontraba, cre\u00eda identificarlo en alg\u00fan vaho que azotaba su olfato; entrecerraba los ojos y se concentraba, pero siempre el olor se disolv\u00eda sin darle tiempo a encontrarle un lugar en el destartalado anaquel de su memoria.<\/p>\n<p>Elisa tuvo menos, mucho menos, de un segundo para anticipar (clave de su oficio) lo que pas\u00f3 despu\u00e9s. Pero no pudo evitarlo. Como un latigazo se le impuso la certeza de que la emanaci\u00f3n que hab\u00eda enloquecido a Juan proven\u00eda justamente de su cuerpo, de esa fruta de espesa madurez aprisionada entre sus muslos. Ella lo intuy\u00f3 y cuando quiso protegerse con sus alas sinti\u00f3 el primer navajazo, helado y fugaz, cortando el aire y el fino esplendor de su piel.<\/p>\n<\/div>\n<h3>Sangre en la boca<\/h3>\n<p class=\"has-text-align-justify\" data-adtags-visited=\"true\">Incluso meses despu\u00e9s del gran recibimiento, cada vez que Manolo Alvia se emborrachaba, se pon\u00eda a contar el momento en que un chorro de sangre salt\u00f3 de la boca de sus oponentes indicando al mundo que \u00e9l era el propietario de una medalla de plata en boxeo en las Olimpiadas de Montreal. Si contaba con un auditorio interesado, Alvia agregaba detalles con respecto a la estela roja en la lona y al sabor que la sangre de su contendor hab\u00eda dejado en su propia boca. Sus antiguos compa\u00f1eros en B\u00e9bsara gritaban \u00abaaag\u00bb y \u00e9se era el momento en que Judith, la esposa de Alvia, sal\u00eda de un rinc\u00f3n para llev\u00e1rselo a casa.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\" data-adtags-visited=\"true\">Es necesario recordar que la recepci\u00f3n que el pueblo de B\u00e9bsara organiz\u00f3 para su primer campe\u00f3n ol\u00edmpico fue verdaderamente extraordinaria. Claro que el j\u00fabilo hab\u00eda comenzado durante las eliminatorias del torneo ol\u00edmpico, que Alvia parec\u00eda superar con la facilidad con que derribaba muchachitos en las arenas de B\u00e9bsara. En esos d\u00edas el pueblo se cubri\u00f3 de ni\u00f1os que peleaban con su propia sombra como la pi\u00f1a madura convoca las moscas en los mediod\u00edas de mayo. El d\u00eda de su llegada, puede decirse que m\u00e1s de la mitad del pueblo se hallaba congregado en el matapalo que indica la entrada a B\u00e9bsara. El carro que lo transportaba pas\u00f3 veloz a trav\u00e9s de una pancarta decorada con su nombre y con dos enormes c\u00edrculos plateados, puestos en cada extremo de la cinta. A los pocos metros el carro se detuvo y el campe\u00f3n se baj\u00f3, se quit\u00f3 la chaqueta y la corbata, tir\u00f3 ambas prendas en el interior del veh\u00edculo y ret\u00f3 a los presentes a una carrera hasta el centro de B\u00e9bsara. El jubiloso marat\u00f3n se inici\u00f3 con un impresionante rugido que no ces\u00f3 hasta que el presidente del concejo municipal tom\u00f3 el micr\u00f3fono para ensalzar al h\u00e9roe y hacerle promesas referidas al futuro que le esperaba en el boxeo profesional del mundo.<span id=\"inline-ad-0__complain-btn\" class=\"ata-controls__complain-btn\"><\/span><\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\" data-adtags-visited=\"true\">Al acto en la Plaza Bol\u00edvar de B\u00e9bsara siguieron almuerzos, ruedas de prensa con la multitud de periodistas que invadi\u00f3 el pueblo, fiestas en el club de ganaderos y visitas a las escuelas. Por las noches se reun\u00eda con sus verdaderos amigos en parrandas que duraban hasta el amanecer. En aquellos d\u00edas Judith estaba embarazada de su primer hijo, condici\u00f3n que le serv\u00eda de excusa para sustraerse a los festines y sesiones de fotograf\u00edas con la gente del barrio. Apenas si cambiaba palabra con Alvia porque a las diez de la ma\u00f1ana, cuando \u00e9l regresaba del espeso sopor en que se hab\u00eda sumido nada m\u00e1s recibir la oleada de sangre ajena en la lejana Montreal, le preguntaba con su humildad habitual cu\u00e1ndo iba a ponerse a entrenar.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">\u2014El profesor Patino estuvo por aqu\u00ed, dice que ya viene el Torneo Batalla de Carabobo y que si no te preparas\u2026 \u2014le dec\u00eda extendi\u00e9ndole una taza de caf\u00e9.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">\u2014Si no me preparo qu\u00e9 \u2014le respond\u00eda \u00e9l sacando una pierna de la hamaca\u2014. Yo soy el campe\u00f3n, los gringos me dieron una medalla, Pati\u00f1o no es nadie en el boxeo.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Y era verdad. El nombre de Iv\u00e1n Pati\u00f1o era completamente desconocido fuera de los dos o tres colegios donde daba clases de educaci\u00f3n f\u00edsica a ni\u00f1os de primaria. Pero hab\u00eda sido \u00e9l quien lo hab\u00eda visto pelear una tarde en el gimnasio, adivinando en el acto las grandes posibilidades de Alvia, en aquel tiempo un muchacho cuya protuberancia corporal m\u00e1s notable era la constituida por sus rodillas, que parec\u00edan pugnar por rajar su tostada piel. En descargo de los principales de B\u00e9bsara hay que decir que Pati\u00f1o fue invitado a casi todos los actos de celebraci\u00f3n, y que el propio presidente del concejo hab\u00eda dejado en sus manos la elecci\u00f3n de un entrenador \u00abprofesional\u00bb que ser\u00eda contratado inmediatamente en Maracaibo, \u00abEn Caracas si es preciso\u00bb, hab\u00eda concluido, en medio de los v\u00edtores.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Pero las semanas fueron pasando y el entrenador profesional nunca se dej\u00f3 ver, a pesar de que Pati\u00f1o hab\u00eda consignado los nombres de tres muy buenos. B\u00e9bsara volvi\u00f3 a su vida. Judith tuvo a su hijo al que bautiz\u00f3 con el nombre de Ivan Dar\u00edo, despu\u00e9s de librar un verdadero pugilato con los amigotes de Alvia \u2014y con \u00e9l mismo\u2014 que hab\u00edan decidido llamarlo Montreal. Y Manolo Alvia sigui\u00f3 encabezando las farras nocturnas, aguardando el momento en que sintiera las piernas bien flojas y la cabeza pesada para narrar, con detalles, el instante en que la cara del oponente se disolvi\u00f3 como manteca puesta al sol, bajo su pu\u00f1o poderoso, y una r\u00e1faga de sangre le ti\u00f1\u00f3 el protector dental. Una de esas noches, Pati\u00f1o se present\u00f3 en el bar donde se reun\u00edan y antes de que Manolo iniciara su n\u00famero estelar, lo agarr\u00f3 por los hombros y lo sac\u00f3 a la calle. Lo golpe\u00f3 dos veces con el pu\u00f1o cerrado y le dijo que lo esperaba al otro d\u00eda en el gimnasio para comenzar a entrenar.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">A las diez de la ma\u00f1ana siguiente, Alvia lleg\u00f3 al gimnasio. Todav\u00eda le esperaba un homenaje m\u00e1s conmovedor que todos los que lo hab\u00edan precedido; m\u00e1s importante incluso que la foto publicada en la primera plana de todos los peri\u00f3dicos, donde Alvia aparec\u00eda junto \u2014en realidad abrazadoai presidente de la Rep\u00fablica; todos los muchachos que estaban entrenando, absolutamente todos, hicieron un profundo silencio, y cuando Alvia se acerc\u00f3 a Pati\u00f1o, rompieron a aplaudir El campe\u00f3n los mir\u00f3 a todos como si fuera la primera vez que alguien reconoc\u00eda sus dotes y se abraz\u00f3 a Pati\u00f1o como si \u00e9ste lo acabara de sacar de un r\u00edo crecido.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Sin suspender completamente sus escarceos nocturnos, Alvia se someti\u00f3 a los ejercicios que Pati\u00f1o le impon\u00eda. En apenas tres meses sus piernas se hab\u00edan debilitado notablemente. Pero sus manos imprim\u00edan un rasgo a\u00e9reo al enfrentarse con la pera de goma. Tan \u00e1giles eran sus pu\u00f1os al volar hacia la pera que semejaban las alas de un tucusito, detenido y m\u00ednimamente vertical, al hundir su pico en una cayena. Pati\u00f1o estaba preocupado por la afici\u00f3n de Alvia al licor, pero confiaba en que la belleza de sus propios pu\u00f1os terminar\u00eda arrastr\u00e1ndolo, sobrio y anhelante, al cuadril\u00e1tero.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Una tarde, concluida la sesi\u00f3n de carreras en un terreno bald\u00edo que Pati\u00f1o vigilaba cron\u00f3metro en mano y la garganta ardi\u00e9ndole de gritar, los dos entraron al gimnasio. Pati\u00f1o se dirigi\u00f3 al fondo y Alvia se qued\u00f3 parado en la puerta. Estaba embobado. En uno de los ri\u00f1es saltaba, con las rodillas vendadas, la criatura m\u00e1s extra\u00f1a que \u00e9l hubiera visto desde que hab\u00eda largado los primeros pu\u00f1etazos en cualquier callej\u00f3n de su infancia. En un momento, ella advirti\u00f3 la presencia de Alvia y quiso examinarlo. El resplandor que abrasaba la puerta, a espaldas del campe\u00f3n, lo dejaba sumido en las sombras. Pero ella sab\u00eda que era \u00e9l.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Al poco rato, lleg\u00f3 Pati\u00f1o y le notific\u00f3 que un masajista vendr\u00eda una vez por semana. Le mostr\u00f3 la carta oficial. Estaba preocupado por la lasitud de los m\u00fasculos de su vientre. El masaje ayudar\u00eda pero \u00e9l ten\u00eda que hacer mil flexiones cada d\u00eda.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">\u2014\u00bfQui\u00e9n es ella? \u2014lo interrumpi\u00f3 Alvia, sin atender ni un instante al asunto del masajista. Ya Pati\u00f1o lo hab\u00eda sacado del gimnasio con leves empujones.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Pero Pati\u00f1o no lo sab\u00eda. Apenas si la hab\u00eda visto alguna vez. \u00abParece que es una de esas marimachas\u00bb. En realidad era un caso espectacular \u2014y raro\u2014 de guajira de gran estatura y enormes ojos. Por las ma\u00f1anas atend\u00eda un almac\u00e9n que su padre ten\u00eda en un barrio llamado La Rancher\u00eda, donde vend\u00eda hamacas, botas, peines y cantimploras de pl\u00e1stico a los colombianos y guajiros que trabajaban como peones en las haciendas de las inmediaciones de B\u00e9bsara. Y a las tres de la tarde se iba al gimnasio a entrenar. M\u00e1s bien, a obedecer las instrucciones que los entrenadores daban a los hombres; no hab\u00eda conseguido ninguno que quisiera conducirla a ella. A las ocho de la noche, cuando terminaba sus ejercicios, se soltaba el mo\u00f1o que llevaba muy alto en su cabeza y un estruendo de cabellos negros se deslizaba por su espalda, casi hasta la cintura. La primera vez que Alvia vio esto, sinti\u00f3 una punzada directamente en los test\u00edculos que le nubl\u00f3 la vista. Cuando se recuper\u00f3, ya ella hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">La segunda palabrota de su vida debi\u00f3 soltarla Pati\u00f1o la ma\u00f1ana que vio llegar a Alvia con Mireya de la mano. \u00abElla tambi\u00e9n va a entrenar\u00bb, le anunci\u00f3, como si fuera la cosa m\u00e1s normal del mundo. Lo primero que se le ocurri\u00f3 al entrenador fue mandarlos al carajo a los dos, pero despu\u00e9s pens\u00f3 reconfortado que aquella mujer no iba a aguantar ni la primera media hora de la sesi\u00f3n, que aquel d\u00eda iba a ser feroz. Nunca sabremos cu\u00e1l de los dos dio cabida a mayor estupefacci\u00f3n cuando vieron a Mireya sortear, con apenas una leve cortinilla de sudor en el bigote, las dificultades que Patino impon\u00eda con la impasividad de guardi\u00e1n de campo de concentraci\u00f3n. Trotes, flexiones, salto de rana, levantamiento de piernas con el torso pegado al terreno hirviente, saltos a la cuerda, saltos r\u00e1pidos, m\u00e1s r\u00e1pidos. Ante la delectaci\u00f3n de Pati\u00f1o, la presencia de Mireya en el campo, lejos de constituir un obst\u00e1culo para el entrenamiento de Manolo, era m\u00e1s bien un acicate, una mano f\u00e9rrea que iba torciendo una cuerda hasta tensarla dentro de su pecho. En muchas ocasiones, Alvia pareci\u00f3 estar a punto de dejarse caer fulminado por el cansancio y la ira, pero la danza que a su lado ejecutaba Mireya en un fragor de muslos suaves y ojos relumbrantes, le daba nuevos br\u00edos para intentar vencerla sobre la tierra, bajo un cielo despejado\u2026 y frente a la risita malvada de Pati\u00f1o.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">A Judith le hab\u00edan llegado ciertos cuentos de una mujer, bruja y medio machona, que compet\u00eda con Manolo en unas carreras que atravesaban los campos, hac\u00edan saltar la maleza y espantaban los zamuros. Pero su felicidad \u2014total por aquellos d\u00edas\u2014 le imped\u00eda pensar en otra cosa que en el entrenamiento de su campe\u00f3n y en las tetadas que prodigaba a Montrealito, como \u2014desoyendo los designios de la Pila\u2014 hab\u00edan dado en llamar a su hijo. La \u00fanica tachadura que afeaba la perfecta caligraf\u00eda de su vida eran las correr\u00edas a las que Alvia se entregaba todav\u00eda, de vez en cuando. Y eso, porque ella sab\u00eda que conspiraban contra su futuro en el boxeo mundial, no por otra cosa.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">La primera vez que Manolo y Mireya se vieron a salvo de los gritos de Pati\u00f1o, fue en un hotelito miserable, no lejos del almac\u00e9n del padre de ella. Cuando llegaron a la habitaci\u00f3n, Alvia entr\u00f3 a orinar, con la puerta del ba\u00f1o cerrada. Estando all\u00ed escuch\u00f3 el estr\u00e9pito que hac\u00eda Mireya al mover los muebles del cuarto. Cuando sali\u00f3, encontr\u00f3 la cama recostada contra una pared y la destartalada mesita de noche, decorada con un viejo radio \u2014que permanec\u00eda sonando\u2014, arrumbada en un rinc\u00f3n. Los dos ten\u00edan todav\u00eda la ropa de entrenar. Mireya fue hacia el rinc\u00f3n donde hab\u00eda dejado su enorme morral y sac\u00f3 dos pares de guantes. Antes de que Alvia se recobrara de la sorpresa, sinti\u00f3 los guantes estrellarse contra su vientre. \u00abP\u00f3ntelos\u00bb, orden\u00f3 ella mientras, a su vez, se colaba los suyos.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Cuando ambos estuvieron convenientemente enguantados se pusieron a dar saltitos, cada uno en una esquina de la habitaci\u00f3n, mir\u00e1ndose a los ojos. De afuera se escuchaban las rancheras y los vallenatos mezcl\u00e1ndose en un tercer g\u00e9nero enloquecedor. Retazos de conversaciones a gritos, en castellano y guajiro, se colaban por las paredes del verde m\u00e1s llamativo que deb\u00edan ofrecer los cat\u00e1logos de la \u00e9poca en que fue pintado el cuartucho. Sin suspender la gravitaci\u00f3n, Mireya solt\u00f3 su pelo.<\/p>\n<p>\u2014Peg\u00e1 aqu\u00ed \u2014le dijo de pronto a Alvia. \u00c9l sonri\u00f3 sin creerse la cosa.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">\u2014Peg\u00e1 aqu\u00ed \u2014volvi\u00f3 a exigir ella, se\u00f1alando con su pu\u00f1o enguantado la mejilla izquierda.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Alvia saltaba al son de un vallenato extraviado al final de la tarde. Ten\u00eda ganas de arrancarse los guantes y hacer de todos aquellos m\u00fasculos una sola masa de saliva y semen. Pero ella estaba insistiendo, con ese acento guajiro que parec\u00eda devolver las palabras despu\u00e9s de haberlas mascado largo rato y ablandado con una baba espesa. Sin anunciarlo, Alvia salt\u00f3 de su rinc\u00f3n y obedeci\u00f3. La sangre acudi\u00f3 de inmediato cubriendo la boca de Mireya y buena parte de su cara que se hab\u00eda hinchado repentinamente. Cuando la derrib\u00f3, apenas hab\u00eda liberado su mano derecha. La otra qued\u00f3 enguantada hasta que comenz\u00f3 el segundo round.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Muy pronto estos encuentros se hicieron norma. Sin contar enteramente con su anuencia, Patino comenz\u00f3 a dejarlos frente al hotel al final de cada sesi\u00f3n de ejercicios. Cuando lleg\u00f3 la etapa en que Alvia deb\u00eda volver a entrenar con otro boxeador sobre la lona, nadie pudo disuadirlo de hacerlo con Mireya. La primera vez que la inmensa muchacha estir\u00f3 el ensogado para entrar al ring, Pati\u00f1o sinti\u00f3 el helado tr\u00e1nsito de un rayo que recorri\u00f3 su columna vertebral, haci\u00e9ndolo enrojecer de verg\u00fcenza frente a los otros entrenadores e imp\u00e1vidos atletas que observaban la escena. Pero Mireya volvi\u00f3 a vencerlo en el terreno de la eficiencia. Pati\u00f1o no hubiera podido encontrar mejor contendor aunque hubiera recorrido todos los gimnasios y callejones del territorio nacional. El \u00fanico problema es que el entrenamiento transcurr\u00eda en medio de una atm\u00f3sfera de deseo tan palpable como si un tel\u00f3n de terciopelo hubiera ca\u00eddo sobre el cuadril\u00e1tero.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Las veladas con Mireya en el hotel exilaron a Alvia de los bares y de la casa que compart\u00eda con Judith. Le dej\u00f3 las fotos, el flux, la medalla, y se llev\u00f3 el resto de su ropa, un peque\u00f1o bulto que fue a parar a un rinc\u00f3n de la habitaci\u00f3n de alquiler. En ocasiones, \u00e9l y Mireya dejaban a Pati\u00f1o esperando y se iban a entrenar a donde Mireya indicaba. Se iban hasta la Sierra de B\u00e9bsara y sub\u00edan monta\u00f1as al ritmo del cron\u00f3metro que Mireya regentaba con sa\u00f1a superior a la de Pati\u00f1o. Recorr\u00edan enormes tramos del r\u00edo contracorriente para que el esfuerzo fortaleciera sus piernas y el fr\u00edo del agua templara los m\u00fasculos del vientre. Terminaron por relegar completamente a Pati\u00f1o y entregarse ellos, solos, a un perenne entrenamiento.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Por las noches, se embadurnaban de vaselina y fing\u00edan luchas cuerpo a cuerpo que los dejaban extenuados, desnudos y amagullados sobre el \u00e1spero piso de la habitaci\u00f3n del hotel. Alvia no recordaba haber sido tan feliz en toda su vida. Pero Mireya comenz\u00f3 a exigirle proezas f\u00edsicas que ning\u00fan libro ha rese\u00f1ado. Lo llevaba a extremos de agotamiento que nadie ha alcanzado fuera de un r\u00e9gimen de trabajos forzados. Por \u00faltimo, comenz\u00f3 a gritarle insultos para lograr de \u00e9l marcas superiores, lo persegu\u00eda, lo espoleaba, lo humillaba. Y lo esperaba en su lecho de cemento para seguir prob\u00e1ndolo hasta el final.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Una noche en que Alvia estaba bes\u00e1ndola en la garganta y aspirando el olor de su cabello, Mireya lo hizo levantar. Manolo le rogaba que se quedara all\u00ed, casi lloraba asegur\u00e1ndole que ya no pod\u00eda m\u00e1s, le dol\u00eda milim\u00e9tricamente cada parte de su cuerpo. Pero ella se puso a gritarle y a burlarse. Se puso de pie y le lanz\u00f3 los guantes. A Manolo no le qued\u00f3 otro remedio que obedecerla. Mireya lo azuzaba, saltando por todo el cuarto con el pelo revuelto como una nube de humo que se hubiera alzado en una monta\u00f1a de miel.<\/p>\n<p>\u2014Peg\u00e1 aqu\u00ed \u2014le dec\u00eda\u2014. Peg\u00e1 aqu\u00ed.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-justify\">Alvia se levant\u00f3 como pudo. Casi no pod\u00eda verla, s\u00f3lo distingu\u00eda una forma palpitante que lo arengaba con aquel tono de grito fraguado en una garganta potente para que cruzara un desierto. Lanz\u00f3 el primer golpe y se estrell\u00f3 contra una pared. Y as\u00ed el segundo y el tercero. Varias veces dio con los codos en la tierra mir\u00e1ndola desde abajo con ojos suplicantes. Mireya prosegu\u00eda con su danza de improperios, acerc\u00e1ndose y alej\u00e1ndose sin dejar de atizarlo con sus burlas, hasta que se detuvo frente a \u00e9l. Alvia respir\u00f3 profundo, su brazo se convirti\u00f3 en lanza solitaria que se disparara sobre un lago en calma y se hundi\u00f3 en la cara de Mireya. Cuando pudo enfocarla, ella estaba en el piso tendida, su pelo desparramado, y muy quieta. S\u00f3lo se ve\u00eda fluir un c\u00e1lido chorro de sangre que sal\u00eda de su boca.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/milagros-socorro\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<h6>*Publicados en https:\/\/ficcionbreve.org y https:\/\/vomiteunconejito.wordpress.com, respectivamente<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cambio de guardia Elisa estaba perfecta esa ma\u00f1ana. Todo en su presentaci\u00f3n correspond\u00eda a lo que se espera de alguien en su primer d\u00eda de trabajo. 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