{"id":7442,"date":"2023-02-17T23:54:59","date_gmt":"2023-02-17T23:54:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7442"},"modified":"2024-01-19T22:33:33","modified_gmt":"2024-01-19T22:33:33","slug":"la-esposa-del-dr-thorne","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-esposa-del-dr-thorne\/","title":{"rendered":"La esposa del Dr. Thorne (fragmentos)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Denzil Romero<\/strong><\/h4>\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p>A la hora en punto prevista de aquel s\u00e1bado, 30 de agosto de 1828, d\u00eda de Santa Rosa de Lima, patrona de Am\u00e9rica, y de los santos Pelayo, Arsenio y Silvano, m\u00e1rtires, como bien recordara el muy Reverendo Arzobispo de Bogot\u00e1 doctor Fernando Caicedo al inicio de la reuni\u00f3n, declar\u00f3se abierta la sesi\u00f3n instalatoria del Consejo de Estado que, en lo adelante, suplir\u00eda al Congreso Nacional, por obra del Decreto Org\u00e1nico que S.\u00a0E. Sim\u00f3n Bol\u00edvar, Libertador Presidente de la Rep\u00fablica de Colombia, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera, promulg\u00f3 tres d\u00edas antes para llenar el vac\u00edo de poder congresal producido; en uso de sus facultades legales confer\u00eddales por la Magistratura Suprema que hab\u00edale otorgado el pueblo \u00ab<em>a causa de los derechos esenciales que siempre se reserva para libertarse de los estragos de la anarqu\u00eda, y proveer de modo posible a su conservaci\u00f3n y futura prosperidad<\/em>, &amp;., &amp;., &amp;.\u00bb, y a fin de que \u00e9l, el h\u00e9roe, el padre, el colombiano m\u00e1s capacitado y de mayor poder, &amp;., &amp;., &amp;., \u00ab<em>consolidara la unidad del Estado, restableciera la paz interior e hiciera las reformas que considerara necesarias<\/em>\u00bb, &amp;.,&amp;., &amp;.<\/p>\n<p>Un rayo de luz vesperal lluvioso se filtra por la ventana del sal\u00f3n e ilumina la escu\u00e1lida y terrible figura de quien tiene en sus manos la m\u00e1xima autoridad de la Rep\u00fablica. \u00a1Aqu\u00ed estoy!, parec\u00eda decir mudamente al tiempo que disparaba los fusilazos de su personalidad hipn\u00f3tica sobre el resto de los consejeros presentes en la capital y con los cuales habr\u00eda de celebrarse la ceremonia instalatoria: Jos\u00e9 M.\u00aa del Castillo y Rada, Presidente del Consejo de Ministros y, por tal, tambi\u00e9n nombrado Presidente del de Estado; Jos\u00e9 Manuel Restrepo, Secretario del Interior; General Rafael Urdaneta, Secretario de Guerra; Estanislao Vergara, Secretario de Relaciones Exteriores; Nicol\u00e1s M. Tanco, Secretario Interino de Hacienda; am\u00e9n del ya nombrado Arzobispo de Bogot\u00e1 y de Jos\u00e9 Rafael Revenga, Francisco Cuevas, Joaqu\u00edn Mosquera, Jer\u00f3nimo Torres, F\u00e9lix Valdivieso y Mart\u00edn Santiago Icaza.<\/p>\n<p>Los presentes no pueden eludir el estremecimiento que provoca aquel rostro demacrado cuyos ojos, no obstante, conservan un fulgor insolente. Cierto era que el poder de su personalidad se proyectaba sobre el grupo como chispas que, fulm\u00edneas, saltan en una fuslina.<\/p>\n<p>A la cabeza del gran mes\u00f3n de caoba, con columnas torneadas sobre dos tr\u00edpodes de patas de curva cabriol\u00e9s, inicia el discurso de instalaci\u00f3n. Mide el efecto de sus palabras como si dirigi\u00e9rase a una multitud congregada m\u00e1s all\u00e1 de las paredes del gran sal\u00f3n tapizadas con colgaduras de seda amarilla que llegan hasta el techo, m\u00e1s all\u00e1 de los listones de terciopelo azul p\u00e1lido que festonean los cuatro lados de la pieza, m\u00e1s all\u00e1 de las ventanas recubiertas de cortinas color paja o del riqu\u00edsimo enmaderado repleto de doradas molduras y bajorrelieves de personajes griegos. S\u00ed, por el tono encendido de la voz y la copiosidad de sus gestos desmesurados, dirig\u00edase a una muchedumbre imaginaria y no s\u00f3lo a los honorables consejeros, sus adl\u00e1teres all\u00ed congregados.<\/p>\n<p><em>\u2014\u00a1Colombianos! \u2014dijo como quien inicia una proclama\u2014. Las voluntades pol\u00edticas se hab\u00edan expresado en\u00e9rgicamente por las reformas institucionales de la Naci\u00f3n: el Cuerpo Legislativo cedi\u00f3 a vuestros mandatos ordenando convocar la Gran Convenci\u00f3n, para que los representantes del pueblo cumplieran con sus deseos, constituyendo la Rep\u00fablica conforme a nuestras creencias, a nuestras inclinaciones y a nuestras necesidades: nada quer\u00eda el pueblo que fuera ajeno de su propia esencia. Las esperanzas de todos se vieron, no obstante, burladas en la Gran Convenci\u00f3n, que al fin tuvo que disolverse, porque d\u00f3ciles unos a peticiones de la mayor\u00eda, se empe\u00f1aban otros en dar las leyes que su conciencia o sus opiniones les dictaban. La Constituci\u00f3n de la Rep\u00fablica ya no ten\u00eda fuerza de ley para los m\u00e1s: porque aun la misma Convenci\u00f3n la hab\u00eda anulado, decretando un\u00e1nimemente la fuerza de su reforma. Penetrado el pueblo entonces de la gravedad de los males que rodeaban su existencia, reasumi\u00f3 la parte de sus derechos que hab\u00eda delegado: y usando desde luego la plenitud de su soberan\u00eda, provey\u00f3 por s\u00ed mismo a su seguridad futura. El Soberano quiso honrarme con el t\u00edtulo de su Ministro, y me autoriz\u00f3, adem\u00e1s, para que ejecutara sus mandamientos. Mi car\u00e1cter de Primer Magistrado me impuso la obligaci\u00f3n de obedecerle, y servirle aun m\u00e1s all\u00e1 de lo que la posibilidad me permitiera. No he podido por manera alguna denegarme, en momento tan solemne, al cumplimiento de la confianza nacional: de esta confianza que me oprime con una gloria inmensa, aunque al mismo tiempo me anonada, haci\u00e9ndome aparecer cual soy.<\/em><\/p>\n<p>A sabiendas de que los dados estaban echados y de que era \u00e9l el \u00fanico verdadero poder existente en Colombia, S.\u00a0E. quiso lucir comedido, tom\u00f3 un trago de agua y, con especial afectaci\u00f3n, continu\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014<em>\u00a1Colombianos! Me obligo a obedecer estrictamente vuestros deseos leg\u00edtimos<\/em> \u2014y, mirando de frente al muy Reverendo Arzobispo de Bogot\u00e1 que, arrellanado en un sill\u00f3n de copete rococ\u00f3, ech\u00f3 la cabeza hacia atr\u00e1s como para ganar m\u00e1s altura y se sonri\u00f3 sard\u00f3nicamente al recordar las antiguas andanzas mas\u00f3nicas de S.\u00a0E., su fama de librepensador, la eliminaci\u00f3n de los conventos menores y sus otras no pocas arremetidas en contra del clero y la Santa Madre Iglesia\u2014. <em>Proteger\u00e9 vuestra sagrada religi\u00f3n como la fe de todos los colombianos, y el C\u00f3digo de los buenos: mandar\u00e9 a haceros justicia por ser la primera ley de la naturaleza y la garant\u00eda universal de los ciudadanos<\/em>.<\/p>\n<p>Y sin olvidar el desbarajuste financiero que exist\u00eda en la Rep\u00fablica, la pesada deuda externa, el descenso de la renta, la improductividad de las mejores tierras de cultivo, las secuelas de la guerra, el desabastecimiento, el hambre y el desempleo, algo se vio obligado a decir tambi\u00e9n sobre la penosa situaci\u00f3n econ\u00f3mica. Dado el momento no pod\u00eda hacerse el sueco, aunque as\u00ed lo hubiese preferido:<\/p>\n<p><em>\u2014Ser\u00e1 la econom\u00eda de las rentas nacionales el cuidado preferencial de vuestros servidores; nos esmeraremos por desempe\u00f1ar las obligaciones de Colombia con el extranjero generoso.<\/em><\/p>\n<p>Tampoco pod\u00eda pasar por alto los crecientes comentarios de sus enemigos sobre las supuestas pretensiones mon\u00e1rquicas que \u00e9l ten\u00eda y su af\u00e1n de perpetuarse en el poder como si fuese \u00e9ste, en verdad, un lecho de rosas:<\/p>\n<p><em>\u2014Yo, en fin, no retendr\u00e9 la autoridad suprema sino hasta el d\u00eda que me mand\u00e9is devolverla; y si antes no dispon\u00e9is otra cosa, convocar\u00e9 dentro de un a\u00f1o la Representaci\u00f3n nacional.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bb\u00a1Colombianos! No os dir\u00e9 nada de libertad; porque si cumplo mis promesas, ser\u00e9is m\u00e1s que libres, ser\u00e9is respetados; adem\u00e1s, bajo la dictadura, \u00bfqui\u00e9n puede hablar de libertad? \u00a1Compadezc\u00e1monos mutuamente del pueblo que obedece, y del hombre que MANDA SOLO! <\/em><\/p>\n<p>P\u00e1lido y no sin cierta agitaci\u00f3n, S.\u00a0E. recibi\u00f3 los aplausos y zalemas de los honorables consejeros. Despu\u00e9s, medit\u00f3 un tanto sobre las ideas contenidas en el discurso y las felicitaciones recibidas y pens\u00f3 para s\u00ed que todos, \u00e9l y los consejeros, eran unos c\u00ednicos redomados. Se sent\u00eda casi una hiena, una hiena estercolera. Nunca antes en su vida hab\u00eda pronunciado un discurso tan obsceno. Y para conformarse pens\u00f3 que la obscenidad era inseparable de la pol\u00edtica. Inmediatamente, exhort\u00f3 a los se\u00f1ores consejeros para que continuasen sesionando a fin de debatir el Reglamento Interno del Consejo, pidiendo permiso para retirarse.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Compadezc\u00e1monos mutuamente del pueblo que obedece, y del HOMBRE QUE MANDA SOLO!\u00bb, la obscenidad y la pol\u00edtica, la libertad y la dictadura, la monarqu\u00eda y la rep\u00fablica, eran ideas que ahora le bull\u00edan en la mente. Se sent\u00eda apesadumbrado, como si una inminencia hosca le cercara, como si el pan se le quemase en la puerta del horno, como si la resaca de todo lo sufrido se le hubiese empozado en el alma. Ve\u00edase a s\u00ed mismo un d\u00eda ya sin ojos, sin nariz, sin orejas, relleno de negror, ya sin aullido. No eran f\u00e1ciles las circunstancias que hab\u00eda vivido en los \u00faltimos meses. Hay horas as\u00ed en la vida, se consol\u00f3. Las horas de <em>Los Heraldos Negros<\/em> que nos manda la muerte. La hora en la que <em>Nada altera el desastre<\/em>. Horas en las cuales todo lo que ocurre tiene algo de <em>Apocalipsis<\/em> y uno se siente inclinado a decir no importa qu\u00e9 o, quiz\u00e1 mejor: <em>Silencio. Aqu\u00ed todo est\u00e1 vestido de dolor riguroso<\/em>.<\/p>\n<p>A duras penas subi\u00f3 la escalera principal y alcanz\u00f3 la puerta de su alcoba.<\/p>\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Vamos, amigo!\u00bb, se dijo S.\u00a0E. con mucha altivez, al tiempo que ve\u00eda su imagen reflejada en un espejo de la antec\u00e1mara. \u00bfHasta cu\u00e1ndo quiere estar triste?, se pregunt\u00f3. Mal que bientodo ha salido a la medida de sus deseos. Colombia subsiste. Los federalistas, Santander a la cabeza, no han podido salirse con la suya. La Convenci\u00f3n nefanda termin\u00f3 por disolverse. Todos los pueblos le aclamaron a usted y le pidieron que se convirtiera en su salvador. El mando supremo est\u00e1 en sus manos. Hay chismorreos en su contra. Pero \u00bfqu\u00e9 importan los chismorreos?<\/p>\n<p>Se mantuvo frente al espejo un rato m\u00e1s tratando de darse \u00e1nimo. A la postre, trat\u00f3 de encontrar otra escapatoria. Busc\u00f3 acomodo en un asiento cercano a la estufa de may\u00f3lica blanca rematada con un amorcillo arrodillado. C\u00f3modo se sinti\u00f3, entonces, con el calor que desprend\u00edase del calentador. \u00a1Qu\u00e9 bueno un poco de tibieza en la fr\u00eda noche bogotana! Todas las noches bogotanas, incluso las estivales, son de una friura intensa. Con el bienestar del calentamiento, procur\u00f3 escudarse en la memoria. Y porque la memoria tiene una decidida inclinaci\u00f3n a lo heroico, diose a recordar sus anteriores triunfos: los de la Campa\u00f1a Admirable, cuando, exiliado y sin recursos, se vino a Cartagena de Indias para conseguirlos y con la precaria ayuda recibida pudo reconquistar por ejemplo Venezuela, y por ejemplo sus grandes batallas: Boyac\u00e1, G\u00e1meza, Pantano de Vargas, Carabobo, Jun\u00edn y Ayacucho; el incre\u00edble Paso de los Andes, s\u00f3lo comparable (quiz\u00e1) con el Paso de los Alpes por An\u00edbal; sus no menos deslumbrantes aciertos pol\u00edticos: el Congreso de Angostura, la fundaci\u00f3n de Colombia, la creaci\u00f3n de Bolivia, su victoria diplom\u00e1tica frente a San Mart\u00edn, y la Campa\u00f1a del Per\u00fa\u2026<\/p>\n<p>Mas, por una elemental ley de asociaci\u00f3n mnemot\u00e9cnica, tambi\u00e9n pens\u00f3 en Napole\u00f3n. Y el Napole\u00f3n que se le vino a la mente no fue el gran capit\u00e1n del principio, el de las casi milagrosas campa\u00f1as italianas y el de la conquista de Egipto, sino, justo, el Napole\u00f3n de la derrota, el que arrastr\u00f3 a los ej\u00e9rcitos franceses hasta el fondo de las nieves para ser aniquilados por los rusos, el que dirigi\u00f3 aquella guerra solapada y sucia contra Espa\u00f1a, el de Waterloo y Santa Elena; el Napole\u00f3n que hizo decir a Mol\u00e9, uno de sus antiguos <em>auditeurs<\/em>, que \u00e9l \u00abse preocupaba mucho menos de dejar detr\u00e1s de \u00e9l una raza, una dinast\u00eda o la dignidad de un pueblo, que un nombre que no tuviera igual y una gloria que no pudiera ser excedida\u00bb; el que exig\u00eda a Gros, excelso pintor, que retirase de sus cuadros a los generales \u2014de los que se sent\u00eda celoso\u2014 y requer\u00eda ser pintado en el centro; el que se hizo coronar emperador por el propio papa y, en un acto de soberbia inusitado, le quit\u00f3 la corona para pon\u00e9rsela \u00e9l mismo (tal como lo pintara David); el que durante la Consagraci\u00f3n, hiciese circular por las calles de Par\u00eds una estatua monumental colocada sobre un carro, una estatua de \u00e9l mismo, desnudo y coronado de laureles; el que, al parecer, tambi\u00e9n necesitaba la gloria del cuerpo, la perfecci\u00f3n de los m\u00fasculos, de su espalda, de sus nalgas\u2026 Ese peque\u00f1o hombre p\u00e1lido, a quien el poder hab\u00eda hinchado de grasa, con un vientre prominente y un pichirilo \u00ednfimo, aunque para magnificarlo se hiciese retratar siempre con la mano entre la abotonadura de la casaca desabrochada como tratando de dar la impresi\u00f3n de que por lo puro largo ten\u00eda que sosten\u00e9rselo hacia arriba\u2026 Ese pedestal de la soberbia y el exhibicionismo, con su \u00abN\u00bb puesta en todas partes, como un sello, marcando los orinales, las vajillas, los monumentos, los hombres, la historia\u2026 El mismo que nombr\u00f3 reyes y pr\u00edncipes a sus m\u00e1s ineptos hermanos, generales y parientes, a Pepe Botella, a Murat, a Bernardotte\u2026<\/p>\n<p>No. En aquellos momentos de inseguridad y apesadumbramiento, cuando ten\u00eda el m\u00e1ximo poder y sent\u00eda tambi\u00e9n la m\u00e1xima inconformidad y el mayor de los miedos, no pod\u00eda S.\u00a0E. celebrar el recuerdo de Napole\u00f3n, sobre todo si sus enemigos empe\u00f1\u00e1banse en compararlos, Bol\u00edvar igual a Napole\u00f3n, Napole\u00f3n igual a Bol\u00edvar, por medio de h\u00f3rridos pasquines y periodicuchos, en sus conjuras y en sus comadreos. Jam\u00e1s hab\u00eda pensado \u00e9l en el poder omn\u00edmodo. Caricaturesco habr\u00edase sentido disfrazado de rey. S\u00f3lo las circunstancias actuales pod\u00edanlo colocar en el trance desafortunado de tener que abochornar la libertad conquistada por sus propias manos. Equivocados estaban y estar\u00e1n quienes pretendieron o pretendan en adelante presentarlo frente a una historia como \u00abYo, Bol\u00edvar Rey\u00bb. Por eso busc\u00f3 un solaz distinto, una diferente manera de consolarse, otro esparcimiento para disipar las putas preocupaciones que malhadadamente depar\u00e1bale esta nueva dictadura.<\/p>\n<p>Temiendo aturullarse sobre la poltrona por el peso de la desdicha, decidi\u00f3 buscar un libro para dedicarse a la lectura. Con pasos resueltos lleg\u00f3 hasta el armario holand\u00e9s de dos cuerpos, el inferior como una c\u00f3moda panzuda, con marqueter\u00eda floral, donde sol\u00eda guardar sus libros de cabecera. No pod\u00eda acostarse sin leer aunque fuese un par de p\u00e1ginas. Y all\u00ed, en el armario de la antec\u00e1mara, guardaba los libros de todos los d\u00edas. Casi maquinalmente, tom\u00f3 <em>Las aventuras del joven Werther<\/em>, en la traducci\u00f3n francesa de Sevelinges, con un retrato del h\u00e9roe de Goethe hecho por Boilly. S.\u00a0E. ten\u00eda la \u00edntima convicci\u00f3n de que ese retrato del personaje goethiano parec\u00edase al suyo de juventud que, miniatura sobre marfil, hab\u00edanle hecho en Madrid apenas entrado el siglo y que \u00e9l regal\u00f3 a su esposa Mar\u00eda Teresa y, despu\u00e9s de la viudez, a su suegro don Bernardo. Lo del parecido tal vez ven\u00eda por el natural desorden del cabello, aunque no por la peque\u00f1a boca amarga, carente de esa lasciva sensualidad de los labios tan notoria en su rostro de aquellos d\u00edas\u2026<\/p>\n<p>De vuelta al asiento cercano a la estufa, acarici\u00f3 el bello volumen que hall\u00e1base encuadernado a la inglesa, como todos los suyos, especificando bien el canto amarillo, con un lindo papel jaspeado. Ten\u00eda la man\u00eda de las esterotipias, s\u00ed\u2026, la encuadernaci\u00f3n de los libros a la inglesa, el canto amarillo, el papel jaspeado, o aquella que otrora tuvo de ponerse guantes de cabritilla para dormir y la de lavarse las manos con leche serenada y polvillos de tiza seca, o la no menos odiosa de quebrarse los nudillos de los dedos cuando encontr\u00e1base nervioso, la de andar desnudo por la casa, o la de dormir tambi\u00e9n desnudo con un almohad\u00f3n entre las piernas\u2026, \u00bfpor qu\u00e9 entre las piernas y no bajo el brazo o sobre la barriga? No pudo concentrarse en la lectura. Espoleado por una s\u00fabita erecci\u00f3n se dio a pensar en Manuela. Al poco deliraba. Nada de qu\u00e9 sorprenderse. Era \u00e9l, por su temperamento esencialmente rom\u00e1ntico, un hombre de delirios. \u00bfAcaso no hab\u00edase envuelto en el manto de Iris para subir a la atalaya del universo? \u00bfAcaso no hab\u00eda conversado, entonces, con el propio dios Kronos bajo el semblante de un viejo cargado con el despojo de las edades?<\/p>\n<p>Tr\u00e9mulo, sudoroso, se descubri\u00f3 musitando:<\/p>\n<p>\u00abAhora voy a estar contigo, querida, solamente contigo el resto de la noche. Voy a pensar solamente en ti, a quererte y a adorarte en nuestro sitio de amor. Calla, desn\u00fadate y cierra los ojos. Besar\u00e9 tu pelo desplegado sobre la almohada entre una nube de aroma y tu frente albarina como un r\u00edo de cristal, tan limpia como un campo raso, rotunda como las umbelas de la primavera; tus p\u00e1rpados henchidos como la maternidad, adormilados quiz\u00e1 por el cansancio de la espera, y tus labios abrasados aunque pudorosos, \u00a1no los cierres, por piedad, entreabiertos d\u00e9jalos, que celebren la llegada del placer! Tambi\u00e9n besar\u00e9 tus senos. Los besar\u00e9 como a dos semillas \u00e1cidas y ciegas. Y estrechar\u00e9 tu cintura hasta hacerla volar como una palabra que se pierde en el aire hasta volverse un fruto. Har\u00e9 en la noche un claro de sol para su vuelo, un c\u00edrculo de im\u00e1genes que asciendan con esa lentitud de las horas quemadas al ritmo del coraz\u00f3n. Y tus manos. D\u00e9jalas que recorran mi cuerpo. \u00a1Ay tus manos cargadas de rosas! Son m\u00e1s puras tus manos que las rosas. Y entre las hojas blancas surgen lo mismo que pedazos de luceros, que alas de mariposas albas, que sedas c\u00e1ndidas. \u00bfSe te cayeron de la luna? \u00bfJuguetearon en una primavera celeste? \u00bfSon de alma?\u2026 Tienen el esplendor vago de lirios de otro mundo; deslumbran lo que sue\u00f1an, refrescan lo que cantan. Mi frente se serena, como un cielo de tarde, cuando t\u00fa, como tus manos, entre sus nubes andas; si las beso, la p\u00farpura de brasa de mi boca empalidece de su blancor de piedra de agua. Tus manos entre sue\u00f1os atraviesan, palomas de fuego blanco, por mis pesadillas malas, y a la aurora me abren, como con luz de ti, la claridad suave del oriente de plata\u2026 Horizontal, s\u00ed, te quiero. M\u00edrale la cara al cielo, de cara. D\u00e9jate ya de fingir un equilibrio donde lloramos t\u00fa y yo. R\u00edndete a la gran verdad final, a lo que has de ser conmigo. Quiero amarte, Manuela. \u00a1Amar, amar, amar, ser m\u00e1s, ser m\u00e1s a\u00fan! \u00a1Amar en el amor, refulgir en la luz!\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>Ir\u00eda hasta donde Manuela, esperante all\u00e1 en la Quinta de Bol\u00edvar: una vasta y bella morada de dimensiones burguesas que los bogotanos regal\u00e1ranle a \u00e9l por suscripci\u00f3n popular, a ra\u00edz del triunfo de Boyac\u00e1. Situada en la parte alta de la ciudad, como a veinte cuadras del Palacio de Gobierno, sobre una ondulaci\u00f3n que antes no era m\u00e1s que un arenal, y rodeada de olmos, campeches, macutenos, paniaguas, zorroclocos, sa\u00facos, cerezos, alcaparros y \u00e1lamos de Italia, era el lugar adecuado, si todo sal\u00eda bien, para pasar los a\u00f1os finales de la vida. \u00a1Con Manuela! \u00a1Claro est\u00e1 que con Manuela! No por casualidad la inscripci\u00f3n que la distingu\u00eda desde la \u00e9poca de la Colonia rezaba: \u00abMi delicia es amar\u00bb. Realmente trat\u00e1base de una linda casa, con la mole del Monserrate detr\u00e1s y ese estilo acriollado que tom\u00f3 entre nosotros la austera arquitectura residencial espa\u00f1ola. Manuela, adem\u00e1s, manten\u00edala correctamente y con sus jardines bien cuidados, llenos de macetas, surtidores y fuentes de m\u00e1rmol blanco y pajareras repletas de cotorras, guacamayas, tucanes y otros p\u00e1jaros multicolores, y hasta la presencia de un travieso osito amaestrado como en el decorado de una novela de Bernardin de Saint-Pierre.<\/p>\n<p>S\u00ed, ir\u00eda hasta donde Manuela; pese a que nada hab\u00edale advertido a sus <em>gardes de corps<\/em>; pese a la lluvia mantenida que ca\u00eda desde la media tarde y que s\u00f3lo ahora comenzaba a amainar; pese al hecho de que a\u00fan no hab\u00eda concluido la sesi\u00f3n del Consejo de Estado y que, quiz\u00e1, pudiesen percatarse los honorables consejeros de su no presencia en Palacio. Ir\u00eda sin uniforme y a pie, para no ser advertido. Buena falta le hac\u00eda caminar a fin de disminuir la tensi\u00f3n, y caminar bajo la lluvia le gustaba. Entr\u00f3 a la c\u00e1mara para cambiarse de atuendo. Al poco, sali\u00f3 de nuevo: chaqueta parda sin bolsillos, calzones verdes, fina corbata de seda marfil con chispitas color esmeralda y rojo \u00f3xido, bast\u00f3n-paraguas, botas leonadas, todo esto y el embutido de una capa de cuero abrochada con embozo y contraembozo. Presto, sali\u00f3 a la calle. Con un adem\u00e1n displicente rechaz\u00f3 la oferta de los guardias de la porter\u00eda para que alguno de ellos le acompa\u00f1ara. A buen seguro Manuela me lo reprochar\u00e1, pensaba bajo el dosel de su paraguas ingl\u00e9s a tiempo que chapoteaba con sus botas leonadas en los charcos de las aceras. Tunante, \u00bfc\u00f3mo lo has hecho? No sabes cuidarte. No debes olvidar tus bronquios y tus pulmones enfermos. \u00bfY si pescas una gripe? \u00bfQu\u00e9 tal si pescas una gripe? Adem\u00e1s, solo. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n tus edecanes? \u00bfD\u00f3nde anda el coronel Fergunson? \u00bfD\u00f3nde Ibarrita? No debiste hacerlo. La conspiraci\u00f3n en tu contra crece d\u00eda por d\u00eda. \u00bfY qu\u00e9 tal si te hubiesen pescado los conspiradores?\u2026 No le importaban ahora los conspiradores y mucho menos la lluvia. Nadie pensar\u00eda que aqu\u00e9l que transitaba embozado en una capa negra y debajo de un paraguas, a esa hora de la noche, por el centro de Bogot\u00e1, sumido entre la niebla, era, pod\u00eda ser, el Libertador-Presidente. Nadie lo pensar\u00eda. Por lo dem\u00e1s, le gustaba caminar bajo la lluvia. Lo hizo de ni\u00f1o en su hacienda de San Mateo. Lo hizo otras muchas veces a lo largo de su vida militar. Record\u00f3 aquella ma\u00f1ana del a\u00f1o 2, en Madrid, cuando march\u00f3 cuadras y cuadras, por la corredera alta de San Pablo, bajo un aguacero torrencial, para llegar al encuentro con Mar\u00eda Teresa que esperaba por \u00e9l. \u00a1Qu\u00e9 lejos estaba todo aquello! Hab\u00edan transcurrido veintis\u00e9is a\u00f1os\u2026 y toda una tormentosa vida. Ahora, era Manuela quien lo esperaba.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/denzil-romero\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Denzil Romero 1 A la hora en punto prevista de aquel s\u00e1bado, 30 de agosto de 1828, d\u00eda de Santa Rosa de Lima, patrona de Am\u00e9rica, y de los santos Pelayo, Arsenio y Silvano, m\u00e1rtires, como bien recordara el muy Reverendo Arzobispo de Bogot\u00e1 doctor Fernando Caicedo al inicio de la reuni\u00f3n, declar\u00f3se abierta la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":7443,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7442"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7442"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7442\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10917,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7442\/revisions\/10917"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7443"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7442"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7442"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7442"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}