{"id":7396,"date":"2023-02-09T21:05:32","date_gmt":"2023-02-09T21:05:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7396"},"modified":"2023-11-24T18:23:02","modified_gmt":"2023-11-24T18:23:02","slug":"primavera-nocturna-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/primavera-nocturna-fragmentos\/","title":{"rendered":"Primavera nocturna (fragmentos)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Juli\u00e1n Padr\u00f3n<\/h4>\n<p>Amaneci\u00f3 en la pieza de la cl\u00ednica. Por la ventana de su habitaci\u00f3n Bernardo ha visto disolverse la niebla del alba. Los \u00e1rboles han desenterrado sus ramazones, y sobre las ramas floreci\u00f3 el coraz\u00f3n de los p\u00e1jaros y su alegre trinar. Una enfermera uniformada de blanco le ha tra\u00eddo la sonrisa de los buenos d\u00edas. El se ha levantado y metido en el ba\u00f1o. Luego ha entrado el doctor, ordenando a la enfermera que lo prepare para la operaci\u00f3n. Sobre la cama, cuan largo es, ella ha comenzado a afeitarle el pubis. Despu\u00e9s extiende sobre el abdomen una capa de mercurocromo y sobre la capa roja coloca una gasa. \u201c\u00bfEst\u00e1s nervioso?\u201d El ha respondido \u201cNo\u201d, con una voz tr\u00e9mula por el fr\u00edo de la ducha.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Bernardo se siente despierto, pero no como el que acaba de dejar de dormir. Se siente conscientemente despierto, con la lucidez del que tiene el cuerpo y el alma despiertos. Siente que a trav\u00e9s de su piel, desde dentro, la conciencia vigila. Ahora entra en la habitaci\u00f3n una camilla rodante. Le dicen que se acueste en ella. Luego lo cubren con una s\u00e1bana blanca y le preguntan si quiere que le venden la cara, como si lo fueran a pasar por las armas. El se siente h\u00e9roe y responde que no. Su padre lo encomienda a Dios. La enfermera hace rodar la camilla, que atraviesa el umbral, recorre el pasadizo y se introduce en el ascensor. Desciende unos segundos y sale al segundo piso que tiene el suelo de caucho verde. En el recibo hay unas damas que lo miran con piedad. El busca entre ellas a una amiga que hab\u00eda visto antes en la consulta, y no la encuentra. \u201cDebo ir muy p\u00e1lido.\u201d La camilla rueda sobre el lin\u00f3leo del segundo piso y se detiene a la puerta de la sala de cirug\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Un estudiante se acerca a infundirle valor. La enfermera no lo abandona y le alisa el cabello con un movimiento atristado que pretende ser caricia. Por la puerta de resortes de la sala de cirug\u00eda entran y salen personas. La enfermera se despide y le jura que saldr\u00e1 con felicidad. A su lado, Frau Friedlander llena de \u00e9ter una m\u00e1scara. Luego toma la camilla y la introduce en la sala de operaciones. Lo primero que ve es un reloj de pared y una gran l\u00e1mpara el\u00e9ctrica que derrama su luz sobre la mesa operatoria. Inclinados sobre sendos lavamanos los tres cirujanos se hacen la asepsia. Visten blusas blancas esterilizadas y se cubren la cara con m\u00e1scaras que dejan libres los ojos. De la camilla lo trasladan a la mesa. El ayudante lo hace sentar mientras prepara una inyectadora. Otro se sit\u00faa frente a \u00e9l, lo sujeta con todo el cuerpo y le ordena poner los codos sobre las rodillas y apoyar la cabeza en su pecho. El primer ayudante dice: \u201cTercera y cuarta lumbar\u201d, mientras se acerca con una larga aguja y le palpa las v\u00e9rtebras. Luego introduce la aguja en el raquis. El siente que un fr\u00edo intenso ha penetrado en su m\u00e9dula, al tiempo que una gota de l\u00edquido se desliza hacia el coxis. Lo dejan un rato sentado y despu\u00e9s lo acuestan, \u201cMueva los pies.\u201d Los mueve. Al cabo de unos minutos: \u201cLevante los pies\u201d. Vano intento, pues los siente tan pesados que le es f\u00edsicamente imposible.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>El cirujano se acerca y comienza a desprenderle la gasa del abdomen. El mira la esfera del reloj: son las diez menos cuarto. Col\u00f3canle ante la cara una pantalla que le impide verse el vientre. Sobre el est\u00f3mago dormido siente correr el filo del bistur\u00ed como una bola de hierro. Los dedos del\u00a0 cirujano posan en su piel sus pesadas masas. Le sajan los tejidos. Toneladas de gasa caen a secarle la sangre. Las pinzas le prensan como garfios De pronto un chisguete de sangre salta al aire en surtidor alegre y roc\u00eda el pecho y la m\u00e1scara del segundo ayudante. \u201cPinza\u201d, dice el cirujano.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Siente en su \u00e1nimo un alud de angustia. Mira la esfera del reloj. Ha transcurrido una hora. Le vienen n\u00e1useas cuando los pesados dedos del cirujano se siembran en su vientre. Se queja. Se queja m\u00e1s fuerte. \u201cCuente y no piense en la operaci\u00f3n.\u201d \u201c\u00a1Ay!&#8230; Uno&#8230; dos.. tres&#8230; cinco&#8230; siete&#8230; diez&#8230; \u00a1Ay!\u201d Vuelve a quejarse m\u00e1s fuerte. \u201cTenga calma, ya falta poco.\u201d \u00c9l reprime los quejidos, pero a los pocos instantes vuelve a quejarse de nuevo. \u201c\u00bfQu\u00e9 te duele, por qu\u00e9 te quejas si t\u00fa no debes sentir nada?\u201d \u201c\u00a1Ay!&#8230;\u201d \u201cCuente, cuente y no piense en la operaci\u00f3n.\u201d Vuelve a hacerse el tranquilo,<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Las n\u00e1useas le repiten y le inundan el cuerpo de cobard\u00eda. El estudiante acerca a su boca un ri\u00f1\u00f3n de vidrio donde arroja un l\u00edquido sanguinolento. Se desespera. Se queja entonces m\u00e1s fuerte. \u201cHay muy poco\u00a0 pulso.\u201d \u201cInyecte adrenalina.\u201d \u201cBistur\u00ed.\u201d \u201cPinzas.\u201d \u201cCatgut n\u00famero 2.\u201d Desesperado mira la esfera del reloj. Ha transcurrido otra hora.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Siente todas las huellas sobre el vientre. Las manos de los cirujanos, las gasas, las pinzas, el \u00e9ter. El \u00e9ter cae en sus entra\u00f1as abiertas como fuego l\u00edquido, incendi\u00e1ndole las v\u00edsceras m\u00e1s profundas. \u201cBistur\u00ed el\u00e9ctrico.\u201d \u201cCatgut n\u00famero 1.\u201d \u201cGuantes.\u201d \u201cPinzas.\u201d Su pecho se inunda de desesperaci\u00f3n. \u201cDoctor, estoy sintiendo la sutura.\u201d \u201cDale un poco de \u00e9ter.\u201d \u201cTrate de terminar as\u00ed, porque tiene un pulso miserable.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Mira la esfera del reloj. Se queja, en el colmo del dolor. Ha transcurrido otra hora. Siente que han empezado a coser los tejidos musculares. Grita desesperadamente. Pide que le den un poco de \u00e9ter. Lo mandan a contar todav\u00eda, pero no puede pasar de cinco. Al fin le colocan la m\u00e1scara de \u00e9ter y se la quitan con taca\u00f1er\u00eda para volver a pon\u00e9rsela. El aspira profundamente a fin de quedarse dormido. Poco a poco se va calmando. Siente que se queja con menos dolor. El tic del reloj cae como un martillo de goma sobre un gong de cobre, y se va lejos a darle la vuelta a la esfera \u2014\u00bfterrestre?\u2014 para encontrar el tac. Los sonidos se van acercando m\u00e1s unos a otros hasta adquirir una velocidad extraordinaria. Entre un sonido y el siguiente ya casi no media sino un espacio de tiempo tan \u00ednfimo\u00a0 que no lo medir\u00edan los m\u00e1s finos cron\u00f3metros. S\u00f3lo su o\u00eddo vigilante puede realizar esta mensura. Pronto se acabar\u00e1 todo para \u00e9l, y a pesar de la m\u00ednima distancia entre un sonido y el inmediato, llegar\u00e1 un instante en que oiga el tic y ya sus o\u00eddos no atrapen el tac. S\u00fabito. siente que el ruido del martillo de goma cae sobre el gong de cobre, y es como si la goma hubiera absorbido todos los ruidos y sonidos del mundo (&#8230;).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Bernardo despierta bajo las s\u00e1banas, sobre la cama de aquella habitaci\u00f3n con n\u00famero de cuarto de hospital. Brazos de enfermeras y practicantes a\u00fapan su cuerpo magullado, dolorido, asesinado. Voces lastimeras consuelan sus suspiros que se quejan en el cielo de los enfermos, y a su blando timbre el coraz\u00f3n se le enternece y desde el fondo de su pecho unas l\u00e1grimas asoman a sus ojos cuando los abre. Llora. Ante \u00e9l, a los pies del lecho, est\u00e1 su padre. Tiene el rostro triste y casi gime. A su alrededor, sobre \u00e9l, los brazos debajo de \u00e9l, anda la enfermera con sus ojos llorosos, su uniforme blanco y sus manos enternecidas acarici\u00e1ndole la frente y los cabellos. Mientras tanto, \u00e9l se queja m\u00e1s fuerte de lo que le duele, como si todo aquel ambiente compasivo predispusiera sus sentimientos al dolor. Mil, un mill\u00f3n de alfileres con punta de saetas le cruzan el pecho, le rasgan la piel, le cosen las v\u00edsceras, le desgarran los nervios. Es un cobarde San Sebasti\u00e1n atado con s\u00e1banas y supliciado con flechas de gasas y adhesivos sobre un potro de met\u00e1licos puntos de sutura. \u00bfQu\u00e9 habr\u00e1n hecho los cirujanos de la tabla de su pecho, del pelo de su vientre, del rafe de su cuerpo, del sol de su ombligo? Niquelada cicuta, cesta de Mois\u00e9s, cantos del gallo de la Pasi\u00f3n, eterno dolor de Mar\u00eda, virgen antes, en y despu\u00e9s del Hombre y del Ni\u00f1o. Tira una piedra en el agua y podr\u00e1s comprender el misterio. Y todav\u00eda aqu\u00ed, sobre el b\u00edceps, su condecoraci\u00f3n de cruzado caballero de la cirug\u00eda: la aguja de la jeringa que le trae sedantes y alivios. \u00bfA qu\u00e9 vienes t\u00fa, la Madre, con Marta y Mar\u00eda? \u00bfQu\u00e9 vienen a hacer con esas manos de rosas y con esa sonrisa de sufrimiento y de consuelo? \u00bfPor qu\u00e9 lo levantan como si no lo levantaran, t\u00fa, Marta, y t\u00fa, Mar\u00eda, cuando tanto le duele y m\u00e1s van a dolerle sus dolores, mientras t\u00fa, la Madre, lo arrullas sin voz en el b\u00e1lsamo de ese impalpable sudario de la cuna de tus brazos, florecidos de algodonales amarillos y perfumados y suaves \u00f3leos?<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>La tarde comienza a caer en la atm\u00f3sfera del cuarto como la sombra de una enorme mariposa antediluviana que se viniera aproximando a la tierra desde un remoto planeta errante y muerto. Y Bernardo la siente aproximarse m\u00e1s en cada minuto, esperanzado y desesperanzado, la siente llegar la noche, noche sin sue\u00f1o ni oscuridad, en la brillante cauda de aquel cometa peri\u00f3dico que en su \u00faltimo viaje dej\u00f3lo en el vientre de su madre. El es hijo del mentado Halley y lo tiene por estrella. \u00bfNo lo visteis la \u00faltima vez que amenaz\u00f3 la tierra? Cuentan que era hermoso como un gallo que canta en la madrugada, en la cabeza una estrella de cuatro puntas, una de las cuales se alarga y ensancha progresivamente su aspa luminosa por los cielos deslumbrados, buscando el camino de la V\u00eda L\u00e1ctea, y forma la cauda que va a perderse en el firmamento. Cuando su madre en vela, temerosa porque se iba a acabar el mundo, sal\u00eda al campo de madrugada, \u00e9l se asomaba a sus ojos a contemplar all\u00e1 en el oeste la estrella del cometa, que con su enorme cola barr\u00eda los mundos del firmamento, Entonces \u00e9l era un reto\u00f1o &#8211; que irrump\u00eda de las entra\u00f1as de su madre su canto de gallo por entre la madrugada. Ahora es un cometa que en el cielo de este cuarto proyecta la sombra de su avidez de agua sobre la blancura del uniforme de la enfermera, y de su costado izquierdo el dolor mana la clarinada de un grito sediento de su propia voz.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Primero siente ganas de beber. Pide agua y la enfermera le responde que no puede tomarla. A medida que transcurren las horas, crecen las ganas, pide agua y la enfermera contesta que le han prohibido d\u00e1rsela. Los labios comienzan a sec\u00e1rsele y ruega que le den de beber. Entonces la enfermera llama al m\u00e9dico, que viene y dice que no puede tomar ninguna bebida ni comida por espacio de cuarenta y ocho horas. La lengua principia a beberse lentamente la saliva y cuando las gl\u00e1ndulas no pueden \u00abatender m\u00e1s a la demanda de su avidez, la lengua empieza a enquistarse en la aridez de la boca, como un pez sorprendido por el verano en la orilla del ca\u00f1o, cuando el lodo se endurece y lo aprisiona. Luego que toda la boca se seca, la mucosa comienza a resquebrajarse, primero los labios, despu\u00e9s las enc\u00edas y por \u00faltimo la lengua. Es como si los dientes fueran de pronto a saltar con el estallido de la carne. Se tiene una peque\u00f1a sensaci\u00f3n de dolor. Todos los m\u00fasculos comienzan a cobrar de las partes l\u00edquidas, los humores y la sangre. Y despu\u00e9s que la sangre se pone espesa, el cuerpo empieza a vivir de sus h\u00edgados, y la lengua y el cielo de la boca principian a desle\u00edrse entre los labios, que erosionan como a la playa las olas del mar. Duele y no se sabe d\u00f3nde, y la desesperaci\u00f3n enturbia el cerebro para producir confusi\u00f3n en las facultades mentales donde tiene su asiento la locura. \u00a1Si amaneciera! Entonces le inyectan litros de suero fisiol\u00f3gico que vuelven tumores las piernas. Tarde, la enfermera comienza a acariciarle los labios con un trocito de hielo, que se disuelve al ponerse en contacto con la fiebre de la boca, y cuyo l\u00edquido no alcanza a llegar al est\u00f3mago porque de todas las mucosas de las v\u00edas digestivas le salen al paso ej\u00e9rcitos de c\u00e9lulas sedientas que estaban emboscadas, agazapadas. Es la media noche. Afortunadamente ya tiene la suficiente humedad en la lengua par\u00e1 rogarle a la enfermera que le ponga en los labios otro pedacito de hielo. \u00a1Cu\u00e1ndo amanecer\u00e1!<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Las s\u00e1banas se calientan bajo la espalda, entre el fuego de su fiebre y el sinapismo de un lienzo de caucho. \u00a1S\u00ed amaneciera! Trata de voltearse hacia la derecha o hacia la izquierda y el peque\u00f1o esfuerzo le arranca un grito de dolor. Y -se siente tan cansado que no puede conciliar el sue\u00f1o. \u00a1Cu\u00e1ndo amanecer\u00e1! Tan martirizado est\u00e1 que si se queda inm\u00f3vil le duele; si trata de moverse, du\u00e9lele; de espaldas o de costado se cansa hasta el dolor, y si se queja le duele tambi\u00e9n. \u00a1Si amaneciera! Por fin se ha ido quedando semidormido, vencido por el cansancio, por la sed, por el dolor, y de pronto, cuando ya comenzaba a perder la noci\u00f3n de la realidad, so\u00f1\u00f3 que estaba bueno, que ten\u00eda ganas de toser, y tosi\u00f3 con todas sus fuerzas. Y el tremendo dolor que interrumpi\u00f3 su sue\u00f1o le arranc\u00f3 un grito salvaje. Y ha llorado un llanto cobarde, cuyas l\u00e1grimas decoloraron la noche y tendieron en el alambre de sus ojos la s\u00e1bana blanca del amanecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>\u00c1brese la puerta y aparece en ella la buena enfermera que le prodiga sus cuidados y ternuras. Se acerca a su lecho a saludarlo y lo acompa\u00f1a en sus lamentaciones. Despu\u00e9s comienza a hacerle el aseo cotidiano, ya pesar de la compasi\u00f3n de su cari\u00f1o, el menor movimiento le produce los m\u00e1s lacerantes dolores. Y al final, ante su deseo de que no lo deje, ella le dice, mientras pasa las manos por sus cabellos: \u201cNo te voy a dejar, porque ahora soy tu enfermera especial\u201d. \u00c9l le estrecha las manos agradecido, y ya no se siente tan s\u00f3lo ni tan. abandonado.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Ahora entra el doctor, le hace las rutinarias preguntas de costumbre y con palabras entusiastas expresa su contento por el buen \u00e9xito de la operaci\u00f3n. Le comunica que ya est\u00e1 fuera de peligro porque han pasado las primeras cuarenta y ocho horas. \u201cAhora te vamos a dar un lavado de est\u00f3mago \u2014le dice\u2014, para que empieces a tomar alimentaci\u00f3n liquida.\u201d Y sobre una mesa comienzan a desfilar metros de goma roja, ri\u00f1ones de vidrio, jofainas y jarras de peltre numeradas con un guarismo rojo y llenas de agua bicarbonatada.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>La puerta se ha cerrado tras el m\u00e9dico. La enfermera permanece con \u00e9l, vuelve a arreglar la cama y lo abriga rog\u00e1ndole que se quede tranquilo y trate de dormir. Pero \u00e9l ya no puede conciliar el sue\u00f1o ante el tormento que lo han hecho padecer, y se queja lastimeramente. Al fin, bajo la mano de la enfermera se van apaciguando sus sensaciones dolorosas y principia a sentirse mejor que antes. Y piensa que ha de sobrevivir a estos sufrimientos que lo condujeron al borde de la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>All\u00ed permanece su padre, con el desvelo en el semblante y en la actitud de quien reza silenciosamente. La enfermera gira alrededor del cuarto y conforta a su padre dici\u00e9ndole que ella har\u00e1 las veces de la madre junto al hijo. El padre se despide y se va, consolado Y agradecido. La enfermera queda junto a \u00e9l y le pone una mano sobre los ojos, mientras deja caer en su coraz\u00f3n piadosas, sedativas palabras: \u201cDu\u00e9rmete, Bernardo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Ha cerrado los ojos para complacerla. \u00bfPero c\u00f3mo va a poder dormir si tiene miedo de quedarse muerto?<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Todav\u00eda est\u00e1 la mano sobre sus ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Un relojillo de arena que ella guarda en uno de los bolsillos del uniforme, sale a andar sobre su mano. Antes le ha metido en la boca un term\u00f3metro y, mientras la columnilla de mercurio asciende bajo su lengua, con la otra mano le toma el pulso y mira el relojillo sostenido entre el pulgar y el \u00edndice. La fina arena comienza a caer de la ampolla superior a la inferior a trav\u00e9s de la cintura de cristal, y es como si de pronto aquella arena hubiera adquirido vida y no fuera una sustancia mineral, sino sangre caliente. Al mismo tiempo comienza a sentir el latido de su pulso contra la yema del dedo de la enfermera, las palpitaciones del coraz\u00f3n, la afluencia de su sangre por las venas, a trav\u00e9s de todo el cuerpo, como si estuviera envuelto en una red fr\u00e1gil y, sin embargo, poderosa. Sus sienes se botan de orilla a orilla. La yugular se hincha como el pescuezo de un gallo que canta. Sobre su conciencia est\u00e1 pasando el tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>As\u00ed a las ocho de la ma\u00f1ana, as\u00ed a las cuatro de la tarde. Y luego ir anotando estas observaciones en un papel cuadriculado. Y despu\u00e9s ya no verlo a \u00e9l, ya no fijarse en \u00e9l, sino que ahora, cuando el m\u00e9dico entra, antes de mirarlo fija su vista en aquel papel cuadriculado. Entre tanto la arena del reloj pasa de una ampolla a la otra, desliz\u00e1ndose por la cintura del cristal con una vida incre\u00edble en una sustancia inorg\u00e1nica. Pero afortunadamente el tiempo tambi\u00e9n pasa, a pesar de que el reloj no lo se\u00f1ala cuando queda sobre la mesa y toda la arena se ha depositado en el fondo de la ampolla inferior. Pasa el tiempo, y aunque no lo registre ning\u00fan cron\u00f3metro, todos sus sentidos, todos sus sentimientos, todo su cuerpo est\u00e1 sintiendo pasar el tiempo sobre \u00e9l, y a medida que transcurren los segundos, \u00e9l se siente resucitar y lleno de euforia presiente que pronto vendr\u00e1 a visitarlo una mujer.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>En las altas horas de la noche Bernardo despierta. Por la ventana la oscuridad penetra en su cuarto, sus brazos innumerables cargados de los aromas y sonidos que flotan entre las plantas y el c\u00e9sped del jard\u00edn. All\u00e1 se adivina erguida en el aire la silueta de un \u00e1rbol dormido, y de pronto, cuando la brisa baja del cerro con su carga de olores campesinos, el \u00e1rbol dormido entre la noche se despierta y estira sus miembros. Y ese ruido de ramas y hojas viene hasta su cama y recorre la piel de su rostro con sus dedos serenados. La palmera del patio enreda la brisa entre sus palmas y la mece en una nana arrulladora para lanzarla sobre el \u00e1rbol despierto, que comienza nuevamente a dormirse. Y cuando estos efluvios cargados de los aromas de la noche parecen alejarse entre la oscuridad hacia la ventana de otro enfermo, llega a sus o\u00eddos el ruido del motor de la refrigeradora el\u00e9ctrica, que autom\u00e1ticamente cobra energ\u00eda a los cables para helar la naranja de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Es ya la media ma\u00f1ana en el cielo que cubre la azotea de la cl\u00ednica. Pero entre las paredes de su cuarto est\u00e1 la ma\u00f1ana entera. Rosa ha venido no s\u00f3lo a verlo, sino que despu\u00e9s de irse ha de permanecer con \u00e9l en la presencia de ese ramo de su nombre que le trajo y ha colocado sobre la mesa. Ella recuerda los encuentros pasados, pero su voz tiene un extra\u00f1o acento de quien se despide para no volver. \u00c9l le dice que est\u00e1 muy hermosa, que es una flor m\u00e1s bella que su nombre, y que ahora m\u00e1s que nunca est\u00e1 enamorado de ella. Sonr\u00ede y le expresa su confianza en el restablecimiento de su salud, en que pronto se volver\u00e1n a ver, y qui\u00e9n sabe entonces lo que puede pasar. Y todo eso lo est\u00e1 diciendo con su cara morena, son su cuerpo joven, delgado y flexible como una rama verde. De pronto su rostro y su cuerpo y sus ojos se le aparecen con aquella tentadora expresi\u00f3n de cuando beb\u00eda y bailaba en sus brazos. Ella se acerca a decirle adi\u00f3s. No obstante, cuando la puerta se cierra tras ella, la huella de su mano perfumada permanece sobre la de \u00e9l y desde la mesa las flores de su nombre lo contemplan.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>La salud inunda de bienestar el cuerpo y el esp\u00edritu\u00a0 de este enfermo que se halla tendido en una cama de hospital. Ahora la enfermera le presenta un espejo y \u00e9l se mira su rostro en el cristal. Las mejillas hundidas comienzan a llenarse y de su piel empieza a disiparse aquella nube de humo l\u00edvido. Las fuerzas menores vienen de cuando en cuando a acompa\u00f1arlo, y ya puede realizar alrededor del cuarto peque\u00f1os viajes maravillosos. El cambio de la alimentaci\u00f3n l\u00edquida por la s\u00f3lida ha puesto a trabajar a aquel hombre flojo y cobarde que tiene miedo de volver a ser su est\u00f3mago. As\u00ed debe sucederle a los ni\u00f1os cuando la madre los desteta y les sustituye la leche tibia y blanca por frutas y pescados: le empiezan a nacer los dientes can\u00edbales.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>La tarde est\u00e1 cayendo entre el cuarto en la muerte de ese hacecillo de luz solar que hace vivir las part\u00edculas de polvo del aire. Como si alguien hubiera cerrado la ventana por donde se colaba, o corrido la cortina sobre alguna rendija, el prisma luminoso se ha fugado herido y ha ido a morir sobre el c\u00e9sped del jard\u00edn. Sus ojos se acomodan entonces a la suave luz del libro y lee algunas p\u00e1ginas. En aquel lirismo literario comienza a reencontrar su alma asesinada .<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Ya la noche habr\u00e1 salido a viajar por los caminos del mundo. La tierra, removida por los cascos de las recuas dolientes, comenzar\u00e1 a sentir el b\u00e1lsamo de la penumbra que se vierte sobre todos los senderos. \u00a1Cu\u00e1nta ternura no derramar\u00e1 la noche sobre las plantas, para que la enfermiza luz de la luna no hiera con sus rayos los p\u00e9talos de las flores silvestres!<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Ahora se ha quedado tan triste que piensa que no va a poder resistir tama\u00f1a soledad. Sin embargo, dentro de su coraz\u00f3n comienza a nacer el amor universal. Ama a todo el mundo y es amado por todos los seres de la humanidad. Desde la hermosa y fuerte Fraulein hasta la \u00faltima enfermera lo llaman \u201cEl Rey de la Cl\u00ednica\u201d. Y \u00e9l las llama \u201cMis novias\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>El piensa que es un suicida en potencia. Por eso ama con apasionado amor a todos los suicidas de su ciudad y del mundo. \u00a1Ah, c\u00f3mo siente ahora no poder marchar sobre sus pies para hacer lo que hac\u00eda antes, cuando estaba bueno! Cuando sin amor, solo y sin amor, caminaba por las calles de la ciudad yendo a detenerse en los puentes m\u00e1s altos. Entonces, con su intenci\u00f3n escondida en lo m\u00e1s hondo de la conciencia, se paseaba por las orillas, para darle envidia a los futuros suicidas que no ten\u00edan el valor de afrontar la tentaci\u00f3n del vac\u00edo, la belleza lejana del v\u00e9rtigo cubierto de yerba desde la baranda. Para provocarle sospechas a toda esa gente llena de cordura, que teniendo desbaratado el cuerpo por las hambres y el esp\u00edritu desierto por su amores fracasados, se conforman con echarse a dormir, a vivir bajo los puentes, sin querer lanzarse desde arriba, desde el cielo de la baranda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>\u00a1Y c\u00f3mo, atado a estas s\u00e1banas calientes, piensa sin remedio en sus manos! Sus manos que se le entregaban en el saludo, pero que hu\u00edan temerosas del apret\u00f3n que la invitaba a acompa\u00f1arlo, a aprender a quererlo por todos los sitios de la tierra. Quer\u00eda, porque \u00e9l sabe que lo deseaba y que lo quer\u00eda, pero ten\u00eda miedo, un sagrado miedo a quererlo demasiado y a entreg\u00e1rsele, ella, que anhelaba entreg\u00e1rsele. Pero est\u00e1 a punto de conseguir lo que se propon\u00eda con su orgullo. Se ha hecho inmortal. Sus manos, su sonrisa, sus moment\u00e1neos abandonos, sus palabras, donde era sabia para poner el amor, est\u00e1n aqu\u00ed, en bajorrelieve sobre la corteza de su coraz\u00f3n. Y, entre tanto, prefiri\u00f3 entregarse a otro a quien no amaba, dej\u00e1ndolo con la promesa perjura. \u201cUstedes los artistas, recuerda que le dijo a la hora de la despedida, derrumban toda creaci\u00f3n humana cuando la poseen. Yo te quiero tanto que prefiero no entregarme a ti, para que me quieras toda tu vida.\u201d Y se alej\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>El piensa que es un suicida en potencia. \u00bfNo recuerda aquella vez que vieron juntos a \u201cMayerling\u201d? Sobre sus manos firmaron un pacto de suicidio por amor, despu\u00e9s del amor, y a la hora de la posesi\u00f3n ella fue cobarde. Y desde entonces \u00e9l lleva en el bolsillo una bala de plomo, con sus iniciales y las de ella entrelazadas, que alg\u00fan d\u00eda encontrar\u00e1 su blanco. Alguna vez, cuando se sienta tan solo que ya no lo acompa\u00f1e ni siquiera el recuerdo de su sonrisa, tendr\u00e1 el valor necesario para detener por s\u00ed mismo, con la misma mano que apretaba la suya, la marcha de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Hoy el m\u00e9dico le ha permitido ir a convalecer a su casa, luego de quince d\u00edas de hospitalizaci\u00f3n. Esta ma\u00f1ana, despu\u00e9s de darse una corta ducha de agua tibia, estuvo a punto de desmayarse de debilidad por el peque\u00f1o esfuerzo realizado. Esta misma tarde se ir\u00e1 a la pensi\u00f3n, donde tendr\u00e1 que pasar un mes m\u00e1s acostado, encarcelado entre cuatro paredes solitarias. La enfermera ha comenzado a hacer la maleta, con un aire triste que le impide re\u00ed como otras veces. Antes, cuando entraba en su cuarto por las ma\u00f1anas, d\u00e1bale los buenos d\u00edas con una canci\u00f3n en los labios. Hoy entr\u00f3 sin cantar, tratando de fingir una alegr\u00eda que armonizara con la que supon\u00eda lo embargaba: \u201cBernardo, ya est\u00e1s bueno y por fin te ir\u00e1s\u201d. Las dem\u00e1s snfermeras han venido a despedirse y a lamentar el amor que se les va. Despu\u00e9s vino Fraulein, la amada Fraulein, y dijo al entrar con deportiva alegr\u00eda y femenina voz alemana: \u201cSe nos va el Rey de la Cl\u00ednica\u201d.<\/p>\n<p>Todas estas demostraciones de cari\u00f1o lo han conmovido profundamente, y ya casi est\u00e1 por arrepentirse, desear\u00eda permanecer unos d\u00edas m\u00e1s aqu\u00ed donde lo han querido gentes extra\u00f1as. De pronto recuerda que no tiene casa donde ir, que su madre est\u00e1 lejos, que de ma\u00f1ana en adelante tendr\u00e1 que permanecer echado en una cama cualquiera y hacerse \u00e9l mismo todas las atenciones que hasta aqu\u00ed le han prodigado manos femeninas. Al atardecer llega un autom\u00f3vil a buscarlo. Entre Fraulein y las enfermeras lo conducen al ascensor y lo acompa\u00f1an hasta la portezuela del autom\u00f3vil. Y all\u00ed se despide de todas, dej\u00e1ndoles en las manos su agradecido coraz\u00f3n. Ahora va por las calles, donde le salen al paso las luces de las bombillas el\u00e9ctricas y de los avisos luminosos de la ciudad. Atr\u00e1s quedan los \u00e1rboles y el c\u00e9sped de la cl\u00ednica, y m\u00e1s all\u00e1 el verde de los campos. Todav\u00eda tiene tiempo de contemplar la figura del \u00c1vila, esfumada en el anochecer. Y, de pronto, en el umbral de la libertad, se le humedecen los ojos de l\u00e1grimas, temeroso de la vida.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julian-padron\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juli\u00e1n Padr\u00f3n Amaneci\u00f3 en la pieza de la cl\u00ednica. 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Una enfermera uniformada de blanco le ha tra\u00eddo la sonrisa de los [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":7398,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7396"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7396"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7396\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8771,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7396\/revisions\/8771"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7398"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7396"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7396"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7396"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}