{"id":7347,"date":"2023-02-02T19:19:57","date_gmt":"2023-02-02T19:19:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7347"},"modified":"2023-11-24T18:23:20","modified_gmt":"2023-11-24T18:23:20","slug":"manuel-diaz-rodriguez-o-el-estilista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/manuel-diaz-rodriguez-o-el-estilista\/","title":{"rendered":"Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez o el estilista"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Luis Beltr\u00e1n Guerrero<\/strong><\/h4>\n<blockquote><p><em>El arte perfecto \u2014asegura Oscar Wilde \u2013 es perfectamente in\u00fatil. Si; in\u00fatil como las rosas.<\/em> Enrique G\u00f3mez Carrillo<\/p><\/blockquote>\n<p>Por satisfacer una gallarda apuesta de juventud contra\u00edda con un compa\u00f1ero en un rinc\u00f3n de Lombard\u00eda, el joven m\u00e9dico Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, luego de perfeccionar sus estudios en Par\u00eds y Viena, se inicia involuntariamente en las letras con <em>Sensaciones de viaje<\/em> (1896), suelto y garboso haz de estampas que mostr\u00f3 a las gentes de habla espa\u00f1ola el esp\u00edritu y el paisaje de un villorrio del Lago Mayor, de Venecia, Florencia Roma, N\u00e1poles, Constantinopla, maravillando a unos y escandalizando a otros, sea por el dominio y la gracia del lenguaje como por la composici\u00f3n armoniosa y pl\u00e1stica, la visi\u00f3n sutil de cosas y figuras, el fresco recuerdo de de v\u00edvidas peripecias, cual si hubiese advenido a una nueva conciencia de la vida y del arte por un retomo a la naturaleza, campesina o citadina, europea u oriental, con m\u00edstico sentido religante del objeto y el sujeto.<\/p>\n<p>Esta faz religiosa del modernismo, interpretada por el nuevo sacerdote de la verdad y la belleza, fue tenazmente perseguida, acaso porque al autor se le iban demasiado los ojos tras la antig\u00fcedad gent\u00edlica y renaciente, confundiendo las org\u00edas ces\u00e1reas con las pontificias, sin ver otras ruinas que las paganas, con olvido de las catacumbas.<\/p>\n<p>Ya est\u00e1 el escritor, desde su primer libro, armado caballero de la mejor prosa de su tiempo \u2013 Unamuno lleg\u00f3 a apreciarla m\u00e1s que la de Rod\u00f3 \u2013; ha surgido como Palas Atenea de la cabeza de Zeus; merecer\u00e1 el premio anual de la Academia Venezolana de la lengua; pero tambi\u00e9n el lindo \u00e1lbum ser\u00e1 inmolado en el <em>Index librorum prohibiturum, <\/em>\u00fanico \u00a0testimonio nacional que all\u00ed con <em>inri<\/em> aparece, peregrina propaganda de herej\u00eda obtenida merced a la Suprema Congregaci\u00f3n encargada de extender y purificar por la fe, por iniciativa de nuestro (hasta ayer) m\u00e1s notable Arzobispo, palad\u00edn violento y celoc\u00edsimo, quien, desde el m\u00e1s all\u00e1, no s\u00e9 con cu\u00e1les sentimientos, habr\u00e1 visto que el \u00faltimo Concilio reform\u00f3 y limit\u00f3 las atribuciones de aquel organismo pontificio, no obstante que en la literatura actual se multiplican proclamas decididas, m\u00e1s pornograf\u00edas y obscenidades sin disculpa de hermosura verbal.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1898, D\u00edaz Rodr\u00edguez publica su segundo libro de viajes, <em>De mis romer\u00edas<\/em>, cubierto por un velo de precoz nostalgia, acaso por la memoria de irrepetibles aventuras, algunas iluminadas por pupilas agarenas, cabe el B\u00f3sforo o el Albaic\u00edn. M\u00e1s que en cuadros o monumentos, deti\u00e9nese el artista en evocar fugaces amor\u00edos al rescoldo de intimas emociones. De ahora en lo adelante, el escalpelo del pretenso cirujano s\u00f3lo se aplicar\u00e1 a las almas, agreg\u00e1ndose as\u00ed un nombre m\u00e1s, no ciertamente el menor ni mucho menos el \u00faltimo, a la pl\u00e9yade de m\u00e9dicos literatos con que cuenta Venezuela, desde la Colonia con Vicente Salias y Jos\u00e9 Domingo D\u00edaz, hasta los Ar\u00edstides Rojas, Lisandro Alvarado, Gabriel Mu\u00f1oz y Lazo Mart\u00ed.<\/p>\n<p>Entre unas y otras impresiones de viandante, las <em>Confidencias de Psiquis<\/em> aparecen en 1897. Son fantas\u00edas, algunas bajo el pretexto epistolar, en las cuales el bistur\u00ed se aplica a la disecci\u00f3n de sentimientos de pasi\u00f3n y voluptuosidad. No faltan resortes al psic\u00f3logo, pero el cuidado escrupuloso de f\u00f3rmulas de belleza por la belleza misma, ocultan jorobas del alma con pulcros cendales que a veces impiden conmover el \u00e1nimo, si bien est\u00e9ticamente lo persuaden al socaire de exquisito Fausto. Nace entonces el cuento en nuestras letras. No es ya simple escena costumbrista, f\u00e1bula, leyenda, novela corta o poema, aunque harto participe de la poes\u00eda por el exceso de vestidura regia. Es ya boceto, escorzo, planteamiento narrativo que propone y resuelve en s\u00edntesis, una faceta de humanidad.<\/p>\n<p>Los colores deslumbran la generaci\u00f3n modernista. Santiago Key Ayala publica en el n\u00famero segundo de <em>Cosm\u00f3polis<\/em> una p\u00e1gina titulada <em>Tornasol<\/em>, en la que se explican y magnifican todos los colores, perfumes, colores y sonidos se responden en las <em>Correspondencias<\/em> de Baudelaire. No obstante, si Verlaine aconseja la m\u00fasica ante todo, recomienda el matiz, no el color. En los <em>Cuentos de color<\/em> (1899) de D\u00edaz Rodr\u00edguez, pueden debilitar la acci\u00f3n suntuosos paramentos, pero es imposible negarles jerarqu\u00eda est\u00e9tica; ser\u00e1n siempre testimonios de una \u00e9poca, sin que puedan desmerecer porque var\u00eden sensibilidad y gusto, que est\u00e1n lejos de ser fijos e inmutables. Tambi\u00e9n son lujuriosas de ornamento las manufacturas de Benvenuto. \u201cEl Cuento Gris\u201d, conflicto entre el amor maternal y la impotencia cient\u00edfica, es el puente a otros tres cuentos posteriores \u2014\u201cLas ovejas y las rosas del padre Seraf\u00edn\u201d, *\u00c9gloga de verano\u201d, \u201cM\u00fasica b\u00e1rbara\u201d\u2014 en donde el artista se desprende de la impasibilidad parnasiana y de opulentos s\u00edmbolos, humaniza el estro, y escoge francamente la v\u00eda nacional como medio para logros universales. Ya lo hab\u00eda hecho abundantemente en el g\u00e9nero Urbaneja Achelpohl, con m\u00e1s amor franciscano por sus criaturas pero con menos recursos de cultura y expresi\u00f3n. El padre Seraf\u00edn, con su imponente e impotente candor, volver\u00e1 a aparecer en Peregrina. Esa sola figura inmarcesible prueba que D\u00edaz Rodr\u00edguez no tuvo un odio eclesi\u00e1stico fosilizado.<\/p>\n<p>Cuando los Cuentos de color se escribieron, se exaltaba la neurosis como una virtud; y hac\u00eda tiempo que Lastenio Sanfidel nos hab\u00eda mostrado su padecimiento del mal del siglo en <em>Z\u00e1rate<\/em>. Ren\u00e9 Ghil, en su Tratado del verbo, discurre sobre el valor crom\u00e1tico de los vocablos. Rimbaud asegura que la A es negra, la E blanca, la I roja, la O azul, la U verde, como fondo de oc\u00e9ano. Ren\u00e1n pronuncia su plegaria ante la Acr\u00f3polis cuando comprende su perfecta belleza. Paul de Saint Victor glorifica el hacha del campesino griego que hab\u00eda desenterrado, en Milo, el m\u00e1rmol augusto. El disc\u00edpulo de Paul Bourget, de quien despu\u00e9s renegar\u00e1 D\u00edaz Rodr\u00edguez, es el prototipo de la novela psicol\u00f3gica. Pedro-Emilio Coll aceptaba que el simbolismo decadente era una enfermedad digna de figurar en el cuadro patol\u00f3gico de las letras, pero no como signo de agotamiento, porque los maestros comienzan locos y terminan genios. Simbolismo, pict\u00f3rico, son los movimientos espirituales del d\u00eda. Grecia est\u00e1 en el Louvre mil veces representada, pero basta una sola: Venus Victrix. Es la flor de la cultura europea la que trasplantan y enriquecen los modernistas, llevando al solar espa\u00f1ol nuevos alientos. Lo ex\u00f3tico o lo antiguo sirvieron de est\u00edmulo a lo original. Aristocratismo, anarquismo, idealismo, son contrase\u00f1as. Toda escuela y todo tiempo tienen su ret\u00f3rica; el coraje est\u00e1 en despojarse oportunamente de la guardarrop\u00eda convencional para fortalecer la propia autenticidad. El modernismo torci\u00f3 el cuello a una elocuencia: la de la prosa y el verso espa\u00f1oles del siglo XIX, pero inaugur\u00f3 otra.<\/p>\n<p>\u201cAutor de cuentos no superados hasta hoy en lengua espa\u00f1ola\u201d, dice Blanco Fombona de D\u00edaz Rodr\u00edguez, y saber que es quisquilloso el opinante. Del cuento pasa D\u00edaz Rodr\u00edguez a la novela en continua fiebre de creaci\u00f3n. <em>\u00cddolos rotos<\/em> (1901) es la primera. Si el autor es un m\u00e9dico que Europa y una apuesta fanfarrona convirtieron en literato, Alberto Soria es un ingeniero que all\u00e1 se transform\u00f3 en escultor. Desarraigado, hipersensible, v\u00edctima del mal metaf\u00edsico, regresa a la patria con nobles proyectos de arte. Ha olvidado la dura realidad de su tierra; en la ausencia se han suavizado las aristas de la pobreza, el retraso y la incultura de un pueblo pal\u00fadico, sujeto a b\u00e1rbaros caudillismos, todo en contraste con las Romas, Vienas o Lutecias. Acababa de triunfar otra \u201crevoluci\u00f3n\u201d m\u00e1s, como para completar el centenar despu\u00e9s de la emancipaci\u00f3n. La novela es una s\u00e1tira, como antes lo hab\u00eda sido <em>Todo un pueblo<\/em> de Miguel Eduardo Pardo, pero no escrita como \u00e9sta con realismo chabacano, sino con las mayores galas de la escritura art\u00edstica, sin llegar a la marqueter\u00eda artificiosa y vacua. Hay una fluente espontaneidad en la expresi\u00f3n, como si la careta de una t\u00e9cnica se hubiera hecho cara. \u201cCaso ejemplar de prosa que discretamente, mesuradamente, se desliza entre los escollos del preciosismo que no sabe novelar y el naturalismo que novela sin saber\u201d, dice Anderson Imbert.<\/p>\n<p>Soria y el doctor Emaz\u00e1bal sue\u00f1an con la regeneraci\u00f3n de la patria. Tres mujeres descuellan entre los caracteres dibujados con firmeza: Rosa, la hermana malcasada de Soria, que rumia en silencio su fracaso; Mar\u00eda, la novia pura, desinteresada, enga\u00f1ada cruelmente; y sobre todo, Teresa Far\u00edas, alma complicada, sensual y beata, olorosa a incienso y mandr\u00e1gora, como que la mezcla de la voluptuosidad y la fe, y el uso de temas religiosos sin pizca de creencia, se heredan de Flaubert. Los dem\u00e1s son una serie de figuras grotescas por su bajeza; el periodista, el militar, el pol\u00edtico, el acad\u00e9mico, el se\u00f1orito, el aspirante al presupuesto, individualizados con rasgos netos. Al trav\u00e9s de una red de intrigas y cuadros de costumbres, llega el momento de la guerra, cuando los soldados ocupan la Academia de Bellas Artes, y sacian sus retenidos instintos sobre las estatuas, destruyendo, entre otras, la obra maestra de Alberto Soria. El escultor, descubierto en su infidelidad a la novia, por \u00e9sta y su propia hermana, y ante el espect\u00e1culo de las esculturas, violadas y destrozadas, lanza un <em>finis patriae<\/em> desolador. Grito entra\u00f1able que intenta corregir y alertar, tal la expresi\u00f3n de Juan Vicente Gonz\u00e1lez en la meseniana a Toro: \u00a1Ha muerto el \u00faltimo venezolano! Pesimismo distinto al de los soci\u00f3logos positivistas. Pesimismo doloroso y patri\u00f3tico que impresa en pos de un remedio. Optimismo parad\u00f3jico. Falta, s\u00ed, la nota de fe en el triunfo del bien y la justicia, a fin de evitar \u00a0la conclusi\u00f3n de una dantesca desesperanza. Si algo distingue precisamente a Gallegos es esta voluntad de optimismo que caracteriza sus obras maestras.<\/p>\n<p>El m\u00e1ximo virtuosismo de estilo en D\u00edaz Rodr\u00edguez culmina en <em>Sangre patricia<\/em> (1902), cuyo t\u00edtulo original, m\u00e1s propio, era <em>Uvas del tr\u00f3pico<\/em>. Mejor que <em>\u00cddolos rotos<\/em>, m\u00e1s cuidada, m\u00e1s concisa, m\u00e1s po\u00e9tica la concept\u00faa don Miguel, quien particularmente subraya el m\u00e9rito del relato sobre la vida, ideales y andanzas del m\u00edstico y m\u00fasico Alejandro Mart\u00ed, que desgajado de la novela, constituir\u00eda de por s\u00ed, un admirable trozo literario. Tulio Arcos, el principal protagonista de Sangre patricia, descendiente de conquistadores, colonizadores y libertadores, es un ser raro que no siente ni piensa como la mayor\u00eda de sus compatriotas. Como Alberto Soria, es otro desterrado voluntario en Par\u00eds. Ante la patria en bancarrota, los personajes principales de las novelas de D\u00edaz Rodr\u00edguez, t\u00edmidos, inteligentes, hiperest\u00e9sicos, so\u00f1adores, con medios de fortuna para vivir fuera y sin car\u00e1cter para afrontar la oposici\u00f3n y la lucha en el medio cerril del nacimiento, se evaden, fugan, Tulio se ha casado por poder con su antigua novia de Caracas, Bel\u00e9n Montenegro, pero el matrimonio no se consuma porque la novia muere en la traves\u00eda oce\u00e1nica. Lo dem\u00e1s son los modos y maneras de c\u00f3mo Arcos trata de recobrarse de su dolor, en trama de bien trenzada unidad: conversaciones con amigos, viajes, homenaje floral sobre las ondas que arropan la sirena, hasta que, de regreso a Caracas, Tulio se lanza al mar, a desposarse en su verde fondo, el verde de la \u00faltima esperanza, nuncio de esquizofrenias suicidas. No olvidemos que D\u00edaz Rodr\u00edguez ha completado sus estudios m\u00e9dicos en Viena, en donde Freud comienza a publicar sus teor\u00edas sobre el psicoan\u00e1lisis y el subconsciente. La sirena es el objeto simb\u00f3lico al cual traslada Arcos a su sensualidad reprimida de psic\u00f3tico. A este respecto la novela inicia rumbos. Como poem\u00e1tica, s\u00f3lo en 1920 aparece en Am\u00e9rica otra que pudiera con ella rivalizar: <em>Als\u00edno<\/em>, del chileno Pedro Prado. Ambos, Arcos y el ni\u00f1o con alas, se arrojan al infinito; uno a las olas; el otro, al cielo.<\/p>\n<p>A los 31 a\u00f1os ha publicado seis obras D\u00edaz Rodr\u00edguez. Sus recursos familiares le han permitido constante permanencia en Europa, primero dos a\u00f1os seguidos, y luego otras jiras, de mediados del 95 a mediados del 96, y el viaje de novios, del 99 al 901. Ha adquirido y perfeccionado idiomas: franc\u00e9s, italiano, alem\u00e1n, ingl\u00e9s, hecho muy importante en un momento en que la literatura espa\u00f1ola estaba anquilosada, sin mensaje. Se ha consagrado \u00edntegramente a las letras y alcanzado fama en todo el \u00e1mbito de la lengua. \u201cEsp\u00edritu de excepci\u00f3n, de los pocos que forman la naciente y limitada aristocracia mental de nuestra Am\u00e9rica\u201d, dice de \u00e9l Rub\u00e9n Dar\u00edo. En el a\u00f1o en que <em>Sangre patricia<\/em> aparece, la muerte del padre (\u00a1Qu\u00e9 padrazo!: rudo creador de fortuna, auspicia generosamente una vocaci\u00f3n desinteresada) obliga a D\u00edaz Rodr\u00edguez a trasladarse al campo, al frente de una finca agr\u00edcola. Durante siete a\u00f1os, sus posibles econ\u00f3micos si \u201cno pasaron de ser los mismos de cualquiera corriente mayordomo venezolano de finca r\u00fastica\u201d, estuvo muy lejos de pasar necesidades. (Por entonces Zumeta en Nueva York, no bast\u00e1ndole para sostenerse el periodismo pol\u00edtico, torc\u00eda tabaco en una casa de hu\u00e9spedes.) Ya est\u00e1 cabalmente formado el estilista, con el vario resorte de las lenguas para penetrar en literaturas extranjeras, y en la hacienda, con el reposo para releer sus cl\u00e1sicos espa\u00f1oles, y meditar largamente. Vendr\u00e1 el examen de conciencia. Observa que los bucarales no s\u00f3lo tienen el dosel florido de la cima, sino, abajo, el rancho, que cobija hambre, promiscuidad, suciedad, vicio, y eso no ha sido tocado por la literatura. \u00a1Matemos la ret\u00f3rica! exclama, y comienza su confesi\u00f3n extraordinaria:<\/p>\n<p><em>Hemos sacrificado la obra al instrumento, o m\u00e1s bien, trabajando el instrumento nos hemos olvidado de la obra, de suerte que, sin haber ni siquiera esbozado esta, hemos trabajado tanto aquel, que hoy nos vemos con las manos embargadas por un instrumento maravilloso pero in\u00fatil. Hemos acabado en efecto, por crear, a fuerza de cultura de superficie, un estilo d\u00factil, bello, grande, multiforme y sin fragancia, que es rica flor de vanidad, ni m\u00e1s ni menos.<\/em><\/p>\n<p>Ha comprendido que no se escribe s\u00f3lo con el talento, sino tambi\u00e9n con el car\u00e1cter. Reflexiona sobre la vanidad y el orgullo, aquella que vive del palmoteo de la galer\u00eda, y estotro, que no ha menester halagos, y si acepta el aplauso es a beneficio de inventario. Deti\u00e9nese en analizar la idea de la ciencia, y llama sabios a quienes sorprendieron bajo la apariencia de los fen\u00f3menos alguna s\u00edntesis fecunda \u2013 Laplace, Lamarck, Darwin \u2013 semejantes a los creadores del arte, dejando entrever que su m\u00e1xima aspiraci\u00f3n ser\u00eda ser sabio y artista. B\u00farlase de la cr\u00edtica psiqui\u00e1trica de Max Nordau, que ha llevado al descr\u00e9dito la cr\u00edtica cient\u00edfica. Contempla el espect\u00e1culo del cerro, ductor de fortaleza, y de los ca\u00f1averales y cafetales, ambiente aromoso y musical de Chacao. Recorre las espirales de la historia de la cultura y encuentra dos tendencias: el retorno a la naturaleza y el misticismo, coincidentes en las \u00e9pocas de renovaci\u00f3n art\u00edstica, como le parece ser el caso del Modernismo, teniendo por arquetipos el verso de Verlaine, la prosa de Macterlinck, el D&#8217;Annunzio de <em>Las v\u00edrgenes de las<\/em> <em>rocas<\/em>, el Wilde de <em>De Profundis<\/em>, el Rub\u00e9n de <em>El reino interior<\/em> y algunos <em>Cantos de vida y esperanza<\/em>, el Valle Incl\u00e1n de las <em>Sonatas de primavera y de oto\u00f1o<\/em>. Misticismo es la revelaci\u00f3n de lo espiritual en el hombre y en las cosas. Descompone y rearma la tr\u00edpode conceptual de Taine \u2014raza, medio, momento\u2014 y concluye en el fracaso de ese m\u00e9todo al encontrarse con el genio o ante irreductibles diferencias individuales. Descubre en la rudeza y generosidad espa\u00f1olas, s\u00edntomas de pueblo ni\u00f1o en vez de degenerado, y por tanto, ante la perspectiva de in\u00e9ditos horizontes. Exalta a los disc\u00edpulos de Loyola tanto como lo fueron Teresa y ambos Luises, perseguidos por el fanatismo oficial. Temas que constituyen la esencia, rica en ideas y novedosas de <em>Camino de perfecci\u00f3n<\/em> (1908), fruto del contacto con la naturaleza virgen, a la sombra del \u00c1vila, en el goce de plena independencia mental, econ\u00f3mica y pol\u00edtica, y del encuentro con el yo verdadero y profundo, sensible a los aspectos m\u00e1s crudos y dolientes de la realidad: propicio en la soledad y el recogimiento a elevarse a las esferas m\u00e1s puras.<\/p>\n<p>De <em>Camino de perfecci\u00f3n<\/em> dijo Rod\u00f3 que era \u201cdigno, en verdad, del glorioso recuerdo que su nombre evoca, por la indeficiente del estilo y la serenidad, de sombra y frescura, de la meditaci\u00f3n\u201d. D\u00edaz Rodr\u00edguez ha sido siempre calificado de estilista. El novelador estilista del modernismo, porque Rod\u00f3 es, por antonomasia, el Maestro, el Orientador. El estilo es una manifestaci\u00f3n de la personalidad. Dante dec\u00eda que la naturaleza le hab\u00eda otorgado un bello <em>stile<\/em>. Pero, a m\u00e1s de la huella general del genio del autor, la expresi\u00f3n art\u00edstica se halla al servicio de un tema. Fondo y forma, son, sin embargo, diferentes. La una emana del otro. El verdadero escritor resiste la prueba de fuego de que, borrada su firma, se reconozca la paternidad. Esteticismo es una est\u00e9tica de segundo grado, preciosismo, exageraci\u00f3n del estilo hasta hacerlo \u201cmanera\u201d, \u201coficio\u201d, taracea artificiosa, hojarasca, recarga hasta lo barroco (constante hist\u00f3rica), multiplicaci\u00f3n de medios secundarios como aliteraciones y retru\u00e9canos; abundancia de im\u00e1genes, aunque cada una sea aisladamente valiosa. No porque sus joyas sean aut\u00e9nticos diamantes y esmeraldas, rub\u00edes y zafiros, puede la hermosa usarlas todas de una vez. El tratamiento del lenguaje tiene un elemento personal intransferible, pero tambi\u00e9n un sello temporal que depende del valor y sentido que en cada circunstancia se otorgue al hombre. Conf\u00fandese en la voluntad de estilo, intenci\u00f3n, instinto, expresi\u00f3n. D\u00edaz Rodr\u00edguez ha abusado en sus cuentos y novelas de la primera \u00e9poca, de la p\u00farpura, el oro, las flores. Su est\u00e9tica era la de la belleza por la belleza misma, con el auxilio de todas las artes: poes\u00eda, m\u00fasica, pintura, hasta escultura y arquitectura, con la cual logr\u00f3 efectos de magia verbal que se cuentan entre los prodigios de la lengua. No negaremos que en ocasiones recae en el esteticismo, pero no al extremo de que las palabras carezcan del respaldo de una sensaci\u00f3n o un concepto. Si \u00e9l se anticip\u00f3 a considerar in\u00fatil su instrumento, este acto de humildad en tan soberbio art\u00edfice, nos obliga a puntualizar que nunca fue est\u00e9ril la belleza, cuyo rostro bifronte esconde la bondad. Hoy se abusa de las malas palabras en un alarde truculento: existe un nuevo preciosismo con signo distinto. Fe\u00edsmo cuya faz invisible es casi siempre una p\u00e9rfida voluntad de vicio. Jam\u00e1s el tratamiento del lenguaje debe llegar a una elaboraci\u00f3n desproporcionada entre forma y fondo. El relativo equilibrio entre idea y expresi\u00f3n, entre sentimiento y verbo, es lo cl\u00e1sico en todas las escuelas. Artista docto y complejo, D\u00edaz Rodr\u00edguez (muy insolente en la vida, pulqu\u00e9rrimo en el arte), consider\u00f3 que:<\/p>\n<p><em>(&#8230;) el estilo es para el arte el licor de los dioses, la \u00fanica sangre que da la vida imperecedera, el \u00fanico secreto aroma que hace triunfar del espacio y del tiempo a la obra de arte.<\/em><\/p>\n<p><em>Generalmente, esa extra\u00f1a man\u00eda (del estilo) consiste en trabajar con un tanto orgullo, aspirando a imprimir la personalidad en el estilo propio, escribiendo sin idioteces ni muletillas, de suerte que la voz m\u00e1s fina y certera encaje en la imagen m\u00e1s bella y justa, y todas las palabras queden en tal guisa dispuestas, que cada cual, sin perjuicio de las otras, venga a su tiempo a exhalar en la frase o en el verso la rec\u00f3ndita m\u00fasica de su alma.<\/em><\/p>\n<p>El asunto impone la forma espont\u00e1neamente. El peligro est\u00e1 en forzar los moldes a recibir determinados contenidos. El g\u00e9nero, muerto que goza de buena salud, tiene su importancia. El estilo de D\u00edaz Rodr\u00edguez, sint\u00e1cticamente compuesto de largos p\u00e1rrafos, comprende muchas oraciones incidentales. Otros escritores, Azor\u00edn principalmente, ensayaron el p\u00e1rrafo corto a la francesa, no sin que despu\u00e9s P\u00e9rez de Ayala y Ortega volvieran por los fueros a las luengas cl\u00e1usulas, aracaizantes en el primero y neologizantes en el segundo. Parejas y tr\u00edadas de adjetivos junto a multiplicadas y sim\u00e9tricas formas verbales decoran su frase. Es la onda del p\u00e1rrafo ciceroniano resurrecta, s\u00f3lo que lo recorre cierto nerviosismo subjetivo, una musicalidad diferente, agolpadas sinestesias; se trata de una nueva elocuencia, muy diferente a la de Castelar, Donoso o Men\u00e9ndez y Pelayo, pero, hasta cierto punto, dentro de la misma horma tradicional, amplio sosiego sin \u00e9nfasis de Fray Luis de Granada. Estilistas cuidadosos en nuestra literatura lo han sido el culterano Oviedo y Ba\u00f1os, el neocl\u00e1sico Baralt. Pero el vino vertido en los vasos modernistas tiene otras embriagadoras esencias, desde el refinamiento delicuescente de las hasta sensaciones hasta el iris que se torna gama y orquesta, esmalte o relieve. Son las cosechas de la revoluci\u00f3n americana finisecular, y el modernismo fue, antes de convertirse en escuela, actitud, tendencia, movimiento receptivo de todo lo raro y peregrino, cambio de estado espiritual. La poes\u00eda, las impresiones de viaje, el discurso, el ensayo, en menor proporci\u00f3n el cuento, admiten f\u00e1cilmente miniadas, damasquinadas vestiduras. No as\u00ed la novela, espejo de la vida, que no es las m\u00e1s veces fragancia, m\u00fasica, delicadeza. Se reaccion\u00f3 contra el naturalismo por sus excesos, pero una considerable dosis de realismo es siempre necesaria en la novela, porque la vida misma \u2014fondo, asunto\u2014 dicta su forma ajena al lujo o la pudibundez. De ah\u00ed que las novelas de D\u00edas Rodr\u00edguez t\u00edpicamente modernistas \u2013 \u00cddolos rotos, Sangre patricia \u2013 no obstante su permanente valor hist\u00f3rico (museal dir\u00eda el prejuiciado; pero en los museos est\u00e1 lo mejor del arte del pret\u00e9rito), como reveladoras de un tipo cultural, suscitan sin embargo la duda sobre su permanencia persuasiva.<\/p>\n<p>Prosa la m\u00e1s perfecta de cuantas puedan haberse escrito es la de Anatole France. Y sin embargo, sus novelas se han olvidado durante largo tiempo, con perjuicio incluso de la obra del cr\u00edtico, que cuenta singulares valores y a la que no afecta el supuesto absurdo defecto de la perfecci\u00f3n. \u201cOh monstruo de la belleza, no eres eterno\u201d, exclamaba Apollinaire. \u00bfNo ha disminuido la admiraci\u00f3n universal por Rafael, tenido como el m\u00e1s perfecto de los antiguos dioses de la pintura? Gajes acaso de la torturada sensibilidad de nuestros tiempos que ha ligado a peores consecuencias, ojal\u00e1 pasajeras: el elevar a canon absoluto la est\u00e9tica de la fealdad, la \u00e9tica del vicio, la apoteosis de lo sensorial ingrato,<\/p>\n<p>De 1902 a 1920, D\u00edaz Rodr\u00edguez, en contacto con la naturaleza, vuelve las miradas al paisaje y al hombre venezolanos, reforma su teor\u00eda literaria; concibe, aunque publique mucho despu\u00e9s, su <em>Peregrina o El pozo encantado<\/em>, cuyo nombre primigenio, <em>Barro criollo<\/em>, \u00a0indica claramente orientaci\u00f3n vern\u00e1cula. Se mantiene erguido y recoleto ante la tiran\u00eda. De entonces son los <em>Sermones l\u00edricos<\/em>, que tambi\u00e9n podr\u00edan llamarse <em>Sermones c\u00edvicos<\/em>, recogidos en volumen en 1918. Exalta a P\u00e9rez Bonalde, a Ferm\u00edn Toro, a Cecilio Acosta, no s\u00f3lo como valores literarios sino como valores morales: de ah\u00ed la resonancia pol\u00edtica que alcanza por el hecho de s\u00f3lo nombrarlos intencionadamente. Se enorgullece de ser acusador, no acusado. Habla ante los estudiantes y elogia el candor; hace el paneg\u00edrico del general Antonio Paredes, palad\u00edn de la juventud, v\u00edctima de la tiran\u00eda capitolina. A la ca\u00edda del caudillo es, desde luego, solicitado por las fuerzas que se dicen renovadoras. Con Andara, Arcaya, Zumeta y Blanco Fombona, proyecta un nuevo partido pol\u00edtico que encauce democr\u00e1ticamente al pa\u00eds y frene la barbarie. <em>El Progresista<\/em> se llamar\u00e1 el ef\u00edmero vocero. Al mismo tiempo aparece <em>La Alborada<\/em> \u2014 Gallegos, Planchart, Rosales\u2014 proclamando los nuevos ideales de decencia republicana. Los mismos que revivir\u00e1n, con varia suerte, en 1936 y 1958. Los prop\u00f3sitos pol\u00edticos de 1909 no prosperaron. Requerido, como era natural, para el servicio p\u00fablico, fue sucesivamente, con breves interregnos, Vicerrector de la Universidad Central, Director del Ministerio de Educaci\u00f3n, Canciller, Senador, Jefe de Misi\u00f3n Diplom\u00e1tica, Ministro de Fomento, Presidente de Nueva Esparta y Sucre. Tuvo fama de ser administrador honesto y capaz. Proyect\u00f3 como legislador la primera Ley de Montes y Aguas. Como Canciller tuvo la iniciativa de un Congreso de Neutrales. No puede discutirse su buena fe.<\/p>\n<p><em>Peregrina<\/em> es el hermoso y tr\u00e1gico idilio en donde una bella muchacha campesina ofrenda su vida en aras del amor. Aparece en 1922, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de <em>Sangre patricia<\/em>, por donde se ve cuanto perjudica la actuaci\u00f3n p\u00fablica al activo artista literario de los primeros tiempos. Rectificado el credo est\u00e9tico, el novelista de la ciudad se transforma en el novelista del campo. Novela de r\u00fasticos del valle de Caracas, la geograf\u00eda impone un marco criollo, que \u00e9l conoce hasta sus \u00faltimos recovecos: hacendado, pintar\u00e1 un cong\u00e9nere; sus peones le servir\u00e1n de modelo. Un trozo de la Venezuela rural, revelado por un m\u00e1ximo artista en la plenitud de sus facultades, con tema corriente y human\u00edsimo: el amor de dos hermanos por una misma mujer, pretexto para la descripci\u00f3n de tipos humildes de nuestro pueblo, y sobre todo, del paisaje de lo que es hoy Altamira y Parque del Este. Si <em>Mar\u00eda<\/em> es el arquetipo de la novela rom\u00e1ntica hispanoamericana, <em>Peregrina<\/em> lo es de la novela modernista y criollista al propio tiempo. Hibrido feliz. No ha tenido la fortuna de aqu\u00e9lla, pero merec\u00eda tenerla. Peregrina es una nieta tropical de Luc\u00eda, y es raro que artista tan dado a la evasi\u00f3n en el espacio, no se haya evadido en el tiempo, y cultivado de consiguiente la novela hist\u00f3rica, como lo hizo Manzoni, fugitivo de lo circundante, sea por desgano o temor del presente, sentimientos que sin duda animaron a D\u00edaz Rodr\u00edguez. La evasi\u00f3n es una constante en la dramaturgia occidental. Shakespeare y Racine sit\u00faan sus personajes fuera de sus patrias y de su tiempo. Tambi\u00e9n nuestro pobre romanticismo gusta de la evasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de que puedan recogerse y publicarse sus cartas, quien quiera conocer rasgos autobiogr\u00e1ficos de D\u00edaz Rodr\u00edguez, sus reacciones ante personas y sucesos, sus simpat\u00edas y diferencias, deber\u00e1 ir a\u00a0 los <em>Sermones l\u00edricos<\/em> y a su libro p\u00f3stumo <em>Entre las colinas en flor<\/em>. Aprenderemos que su pesimismo, mal interpretado como odio a Caracas, es una franca expresi\u00f3n de amor, como lo fue en Joaqu\u00edn Costa, a quien tanto quiere y trata en una pensi\u00f3n parisiense; advertiremos la enemiga entre \u00e9l y Pio Baroja, contrapuestos en vida y obra, y la hermandad con Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, desde la publicaci\u00f3n de sus primeros versos; presenciaremos su encuentro, en una cima del Spluga, con Carducci, a quien amaba tanto como a Pirandello, cuya mano estrecha en el teatro; en cambio ve finalmente a D&#8217;Annunzio engolfado en un balbuceo sibilino y senil; veremos c\u00f3mo descubre la esencia de la teor\u00eda spengleriana de la cultura en Leopardi; comenta las ideas de Keynes sobre las consecuencias econ\u00f3micas de la paz, considerando a Europa como un todo; muestra al desnudo su afecto y admiraci\u00f3n por el genio alem\u00e1n, que estima superior al franc\u00e9s; traduce a Peter Altenberg y corrige a Ricardo Baeza a; sobre Hauptmann; rechaza con acritud a Francisco Garc\u00eda Calder\u00f3n (con quien rivaliza en la sucesi\u00f3n de Rod\u00f3), al que juzga lacayo galo, y ante\u00a0 cuya prosa exclama: \u201c\u00a1Cu\u00e1n lejos estamos de un Rod\u00f3, de un Zumeta! \u00a1Cu\u00e1n lejos nos hayamos de la Am\u00e9rica Hispana!\u201d; los alemanes son para \u00e9l, como para Emerson, y al contrario de Dar\u00edo, los griegos modernos, que piensan por Europa; los norteamericanos, modernos fenicios; el franc\u00e9s, si como individuo poco vale, como naci\u00f3n es grande y generoso; al contrario el ingl\u00e9s, que individualmente vale mucho, es el pirata de los pueblos. De estas y otras lecciones de psicolog\u00eda social, se pasa a la exaltaci\u00f3n en el ensayo, no ya en la mera impresi\u00f3n de viaje, de Roma, imperial y diuturna, que suscita el juramento en el Monte Sacro y une el destino de Bolivar al doble y uno sino de universalidad y catolicidad.<\/p>\n<p>Italia fue la patria de adopci\u00f3n de D\u00edaz Rodr\u00edguez. Pint\u00f3 sus ciudades, sus aldeas, sus ruinas. La impar magnificencia de su escenario, el ingenuo sortilegio de sus muchachas, le cautivaron, acaso porque all\u00ed iba de vacaciones, en tanto que en Paris se consum\u00eda en los hospitales, frente a las mesas de disecci\u00f3n y los laboratorios. Reconoc\u00eda \u201cla gracia embrujadora de Par\u00eds\u201d, y la deuda con la revoluci\u00f3n francesa, en punto a nuestra independencia, pero nunca padeci\u00f3 de galicismo mental o idiom\u00e1tica, junto con detestar a \u201clas inepcias de todos que Alcan el editor propala en forma de vol\u00famenes\u201d.<\/p>\n<p>So\u00f1aba a Italia como gu\u00eda de la nueva latinidad, y la am\u00f3 tanto como a Venezuela. Se\u00f1al\u00f3 una sutil semejanza entre Caracas y Florencia. Hubo un momento terrible, el d\u00eda en que el cable anunci\u00f3 que Italia le hab\u00eda declarado la guerra a Austria, cuando llega a creer que por fuerza debe renunciar a ese amor. Sinti\u00f3 estremecerse los muros de Roma agitados por el esp\u00edritu de Goethe y oy\u00f3 temblar a Venecia con la agon\u00eda de Wagner. Durante la primera guerra europea est\u00e1 de parte de Alemania, lo que no dej\u00f3 de causarle perjuicios pol\u00edticos. Se dice redact\u00f3 editoriales de <em>El Eco Alem\u00e1n<\/em>. Pasada la guerra (que no es a su entender la \u00faltima sino la primera de las guerras universales, por lo cual es prudente que la repetici\u00f3n del fen\u00f3meno nos encuentre organizados y comport\u00e1ndonos como un todo a los hispanoamericanas) vuelve a Italia como Ministro de Venezuela, y se reenciende la brasa de su viejo hechizo. La estatua del Libertador en Roma es iniciativa suya.<\/p>\n<p>No fue cosmopolita superficial; de esos internacionalistas que por tener todas las patrias no tienen ninguna, ni aspir\u00f3 a ser un ciudadano del mundo con el matiz pol\u00edtico que los t\u00e9rminos implican. Como humanista, sus patrias culturales primeras son Grecia y Roma. Grecia revive en Alemania, Roma se reencarna en la moderna Italia. Luego Espa\u00f1a, de cuyas Islas Canarias proced\u00eda como primer hijo de una pareja de inmigrantes. De Espa\u00f1a conoc\u00eda intensa y extensamente su arte y literatura de todos los tiempos. All\u00ed fue divulgado y escarnecido, m\u00e1s divulgado en vida que el propio Rod\u00f3. <em>La Revista Nueva<\/em> del patriarca Ruiz Contreras, reprodujo sus <em>Cuentos de color<\/em>, que Benavente llevara por todas las pe\u00f1as. Hubo quien le tachase de imitador de Valle Incl\u00e1n, cuando <em>\u00cddolos rotos<\/em> y <em>Sangre patricia<\/em> se publicaron antes que las <em>Sonatas<\/em>. Fue un hispanoamericano completo. Como Delegado a la Conferencia Panamericana de Buenos Aires en 1910, en compa\u00f1\u00eda de Zumeta, conoci\u00f3 a la capital del Plata, donde abraz\u00f3 a Lugones, y sigui\u00f3 a Montevideo, donde le agasaj\u00f3 Rod\u00f3. Vio en Buenos Aires la urbe futura del mundo latino, perdido por Par\u00eds papel semejante. Malsano le parec\u00eda que compar\u00e1semos nuestro pa\u00eds con los europeos de superior cultura, en vez de hacerlo con los de su misma edad hist\u00f3rica y pol\u00edtica \u2013 Argentina, Chile, Uruguay \u2013 a fin de encontrar en el balance, \u201cno la tristeza del desaliento sino el acicate del est\u00edmulo\u201d.<\/p>\n<p>Si para Rub\u00e9n la patria \u201csumma\u201d \u2014que llama Pedro Salinas \u2013 es la latinidad, no podr\u00eda decirse lo mismo de D\u00edaz Rodr\u00edguez por cierta menor estima a Francia, dada su adhesi\u00f3n germ\u00e1nica. Podr\u00eda s\u00ed hablarse de una magnipatria espiritual greco-romana, antigua y moderna, sumando al mundo greco-latino la nueva Grecia, Alemania. Felizmente no pudo llorar frente al horrendo crimen de ver a los esclavos de Nietzsche destrozar la t\u00fanica de Elena. No fue un europeo completo, por sus prejuicios contra Inglaterra y Francia. Tuvo el sentimiento de la Am\u00e9rica una, ense\u00f1anza de la generaci\u00f3n de 1810. En los finales de su existencia, despu\u00e9s de haber viajado por los llanos de Arauca y del Apure, y visitado Cuman\u00e1, Margarita y Ciudad Bol\u00edvar, reproch\u00e1ndose, reafirma ardorosamente su nacionalismo y piensa en escribir una novela del Llano. Cre\u00eda deseable que<\/p>\n<p><em>[&#8230;] se inculcara en el ni\u00f1o de la escuela el deber en que est\u00e1 de conocer su pa\u00eds primero que otro alguno y no hacer como hemos hecho hasta ahora, cuando sin conocer nuestro pa\u00eds, sin conocer bien ni la misma regi\u00f3n donde nacimos, nos vamos directamente a Par\u00eds o Nueva York. Primero nuestro pa\u00eds, luego las grandes naciones del continente, hermanas nuestras por la raza y el origen, de las que mucho tenemos que aprender, y por \u00faltimo empezando por Espa\u00f1a, las grandes naciones latinas de Europa. As\u00ed nos evitar\u00edamos muchos desarraigos dolorosos, tanto para nuestro propio personal desarrollo como para el mejoramiento de nuestra vida nacional.<\/em><\/p>\n<p>Vuelve por los fueros de la latinidad, Espa\u00f1a en primer t\u00e9rmino. Espa\u00f1ol por <em>ius sanguinis<\/em>, su se\u00f1ora madre, que no sab\u00eda firmar, lo educ\u00f3 en las mejores virtudes de la raza, Cas\u00f3 con una hija de don Eduardo Calca\u00f1o, cuya casa llam\u00f3 Torres Caicedo \u00abnido de ruise\u00f1ores\u201d, Con tan brillante parentela de poetas, acad\u00e9micos, pol\u00edticos, se movi\u00f3 en c\u00edrculos se\u00f1oriales de la mejor sociedad caraque\u00f1a. En cuanto a costumbres, pensaba como godo, y cuidaba m\u00e1s de la leche que del caf\u00e9 en punto a alianzas matrimoniales. Uno de sus sucesores en el se\u00f1or\u00edo de la mente palabra, Mariano Pic\u00f3n Salas, escribir\u00eda por 1927: \u201cComo soy joven y tengo cierta pasi\u00f3n por la cultura porque no desciendo de mulatos, en Chile no he querido entregarme a divagaciones nostalgiosas\u201d. Bello, Baralt y Andr\u00e9s Eloy Blanco cantaron a la monarqu\u00eda. Hasta no hace mucho, ni aristocracia, ni aristarqu\u00eda ni siquiera oligarqu\u00eda eran malas palabras. Am\u00f3 a Caracas, a cuya vera naci\u00f3 en una hacienda del Este. Descubri\u00f3 est\u00e9ticamente al \u00c1vila, antes que Manuel Cabr\u00e9 lo hiciera con el pincel. Am\u00f3 a Venezuela no con cicater\u00eda sino con generosidad; porque malhadado sea el patriotismo que se alimenta del odio de otros pueblos, Celebr\u00f3 la belleza, la mujer y la patria en el discurso de mantenedor de los primeros Juegos Florales de Caracas, del cual es este fragmento, joya del sentimiento patri\u00f3tico:<\/p>\n<p><em>Enriquecidos con el respeto y el amor a las otras patrias, debemos nosotros amar y cultivar la nuestra. Amadla y cultivadla con suma de amor, limpio como de ciza\u00f1a el trigo, del m\u00e1s leve resabio de odio que, siendo a veces entre hermanos m\u00e1s profundo, siempre es m\u00e1s est\u00e9ril. Amadla y cultivadla en el trabajo y para el bien, y eso basta. Sobre todo no despert\u00e9is, ni mucho menos adul\u00e9is el celo demasiado vivo de los unos, ni la suspicacia mal\u00e9vola de los otros. Las m\u00e1s radicales diferencias llegan a resolverse en la perfecta armon\u00eda. Y los m\u00e1s contrarios en apariencia y m\u00e1s distantes vienen a ser a veces los aliados mejores en el esfuerzo com\u00fan: Pueden carb\u00f3n de Barcelona y cobre de Lara encenderse y brillar juntos en la misma cruzada redentora contra la barbarie y el destierro, la indomitez brav\u00eda del Apura apoyarse en el genio civil y emprendedor de Maracaibo dentro de una misma aspiraci\u00f3n al bienestar y la justicia, y el llano salir hasta acordarse con el mar, como ya una vez a la vera del mar se acordaron, sobre el \u00e1pice de un momento sereno de bella y candor, en la agon\u00eda de Lazo Mart\u00ed, el dulce poeta pampero. As\u00ed el racimo de Cuman\u00e1 y el tierno recental de los llanos comparecen un\u00e1nimes en el sacrificio de una misma liturgia de amor; sobre la inclemencia del \u00e1rido m\u00e9dano de Coro llover\u00e1n su frescuras las frondas de\u00a0 R\u00edo Negro; la perla de Margarita desmayar\u00e1 la ternura de su oriente sobre el coraz\u00f3n berroque\u00f1o del \u00c1vila, y todas las diferencias dispersas acabar\u00e1n por fundirse en la total armon\u00eda de la Patria fuerte y una, desde el mar que le ci\u00f1e la frente a guisa de corona hasta la selva que al sur le perfuma los pies, y desde el oro que, escondido en tierra guayanesa, alguna vez nos enga\u00f1\u00f3, hasta el oro mejor de la espiga que brilla y cuaja al sol de la Cordillera, enhiestos picos resplandecientes de nieve y luz, debajo de un her\u00e1ldico vuelo de c\u00f3ndores, atalayan y recuerdan perpetuamente, como lecci\u00f3n de constancia, voluntad y se\u00f1or\u00edo, el derrotero que, en la roca perenne y en la perenne ego\u00edsta, se labr\u00f3 a trav\u00e9s de Am\u00e9rica y del mundo el empe\u00f1o heroico de los primeros venezolanos.<\/em><\/p>\n<p>Poeta de la prosa lo fue tambi\u00e9n del verso: \u201ccopa castellano \u2014 con resabios de m\u00facura criolla\u201d. Nueve son los sonetos que integran Las <em>\u00c9glogas del \u00c1vila<\/em>: seis en metro endecas\u00edlabo, rigurosamente cl\u00e1sicos; tres en alejandrinos al modo modernista. El soneto IX est\u00e1 dirigido a un criticastro, y surge de una actitud defensiva, como inicialmente <em>Camino de perfecci\u00f3n<\/em>, que pretendi\u00f3 ser una etopeya de Don Perfecto, cr\u00edtico retardatario en quien muchos ve\u00edan a su ilustre t\u00edo pol\u00edtico don Julio Calca\u00f1o, y termin\u00f3 por alejarse noblemente de su objetivo inicial, para ser un breviario de ciencia y arte, de verdad y de belleza, de est\u00e9tica y moral, en el que Oscar Wilde y San Francisco se hermanan. El soneto lll, el mejor de todos, tiene el mismo car\u00e1cter. H\u00e9lo aqu\u00ed:<\/p>\n<p><strong><em>Lo que el poeta dice al \u00c1vila, o el soneto del orgullo<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Como t\u00fa, que al tumulto de los mares<\/em><\/p>\n<p><em>impones el silencio de la altura<\/em><\/p>\n<p><em>se alza la impavidez de mi bravura<\/em><\/p>\n<p><em>encima de un tumulto de jaguares.<\/em><\/p>\n<p><em>Como t\u00fa, si te muerde los ijares<\/em><\/p>\n<p><em>la roza, y tus barrancos empurpura<\/em><\/p>\n<p><em>desde\u00f1o la traidora mordedura, <\/em><\/p>\n<p><em>con que el odio quem\u00f3 mis calca\u00f1ares.<\/em><\/p>\n<p><em>Y tambi\u00e9n como t\u00fa que, indiferente,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Oh mi padre inmortal del Infinito<\/em><\/p>\n<p><em>a la diadema azul pones la frente,<\/em><\/p>\n<p><em>ni voy tras de la Glor\u00eda, ni la evito:<\/em><\/p>\n<p><em>que no en vano mi esp\u00edritu valiente<\/em><\/p>\n<p><em>sali\u00f3 de tus canteras de granito.<\/em><\/p>\n<p>D\u00edaz Rodr\u00edguez fue muy calumniado, en vida y a\u00fan despu\u00e9s de muerto: por su posici\u00f3n econ\u00f3mica y social que causaba natural envidia a sus compa\u00f1eros literarios, en su mayor\u00eda bohemios y paup\u00e9rrimos; por su actitud pol\u00edtica, primero de apartamiento, luego de participaci\u00f3n, en ambos casos sujeta al denuesto; por su propia grandes, que le produjo tantos detractores como imitadores, caudal de orfebres u or\u00edfices que s\u00f3lo alcanz\u00f3 a desacreditar la escritura art\u00edstica. Entre las especies que se lanzaban para molestarle estaban la imitaci\u00f3n a D&#8217;Annunzio. Desde 1923, en <em>Los Americanistas<\/em>, Luis Arag\u00f3n, escritor peruano, rechaz\u00f3 el aserto. Que haya logrado en espa\u00f1ol, periodo de ritmo semejante al del poeta italiano, es simple cuesti\u00f3n de t\u00e9cnica. Lo que no se puede imitar es el alma. Jos\u00e9 Antonio Calca\u00f1o, pariente cercano de D\u00edaz Rodr\u00edguez, dice que Fogazzaro, Carducci, Leopardi, Papini, eran, entre los italianos, m\u00e1s de su mundo que el Arc\u00e1ngel de Pescara. D\u00edaz Rodr\u00edguez, en su carta a Max Henr\u00edquez Ure\u00f1a sobre las <em>Influencias literarias en la Am\u00e9rica Espa\u00f1ola<\/em>, ha expuesto con mayor lucidez el problema de las influencias, de las que no desprende ni superioridad en el influyente ni inferioridad en el influido. En escritor de tan varia y universal cultura, con base cient\u00edfica previa y visi\u00f3n de muchas latitudes, las influencias \u2013 como en Rub\u00e9n, como en Picasso \u2013 han sido m\u00faltiples, pero debidamente asimiladas.<\/p>\n<p>Cierto que como novelista no se fug\u00f3 en el tiempo, y s\u00f3lo en el espacio, dejando aquella tarea al argentina Larreta en <em>La gloria de Don Ramiro<\/em>, pero D\u00edaz Rodr\u00edguez no s\u00f3lo fue un estudioso de nuestra historia patria sino que tuvo, incluso, ideas personal\u00edsimas. Consideraba que el historiador no deb\u00eda tener otras restricciones que las de la probidad y la verdad, y tuvo la valent\u00eda de exhibir su admiraci\u00f3n por el conquistador y su desd\u00e9n por el indio; estimaba p\u00e9rfido a Guaicaipuro, prefiniendo a Tamanaco y Paramaconi; a\u00fan m\u00e1s, crey\u00f3, bajo la influencia del conde de Gobineau, que \u201cmuchos fen\u00f3menos de nuestra vida constitucional y pol\u00edtica no se pod\u00edan entender sin la perfecta amoralidad negra, sin la casi siempre amoral y alma mulata\u201d, por lo cual acaso estuvi\u00e9ramos irremisiblemente condenados, por las sucesivas conquistas de la pardocracia, desde la Independencia, habiendo llegado al principio de su triunfo en la Federaci\u00f3n, y estando en su \u00e9poca cerca del apogeo. Ninguno de los positivistas venezolanos lleg\u00f3, en cuanto a raza, a creer tan ciega y erradamente en la superioridad de la blanca, y menos a dudar del porvenir hist\u00f3rico dada la simbiosis de nuestras tres progenies, que garantizan paz e igualdades sociales en grado paralelo a su mayor y contante entrecruzamiento. La superioridad racial fue la a\u00f1agaza de los pueblos sajones para justificar su pretenso destino manifiesto de dominaci\u00f3n sobre nuestros pueblos, retrasados no por fatales circunstancias geogr\u00e1ficas o \u00e9tnicas, ni menos por constituci\u00f3n org\u00e1nica inferior, sino por desenvolvimientos hist\u00f3ricos accidentales, como los triunfos guerreros, que concentraron la riqueza y el poder, creadores de cultura, en pueblos determinados. Las \u201ccivilizaciones son mortales\u201d, y en proceso indetenible, razas y culturas se desplazan y suceden en sus hegemon\u00edas. Nadie sostiene hoy la superioridad intr\u00ednseca de ninguna raza, como tampoco es superior un ser sobre otro, sino sencillamente diferentes. Olvidemos esos devaneos de D\u00edaz Rodr\u00edguez, y admiremos el m\u00e9todo y la penetraci\u00f3n \u2013 aparte de su dicci\u00f3n impecable \u2013 con que abord\u00f3 temas hist\u00f3ricos como <em>Roma y Sim\u00f3n Bol\u00edvar<\/em>, <em>La Batalla de Jun\u00edn<\/em>, y sobre todo, el Discurso de ingreso a la Academia Nacional de la Historia sobre la significaci\u00f3n de Ayacucho, contestado por Gil Fortoul, profeta de sus triunfos. Por lo dem\u00e1s, tales devaneos fueron superados en los Motivos de meditaci\u00f3n, en donde no solo se reconoce nuestra pr\u00f3vida democracia, sino se atisba el triunfo universal de una forma de socialismo.<\/p>\n<p>En el pr\u00f3logo definitivo a las Poes\u00edas escogidas de Andr\u00e9s Mata (el que escribi\u00f3 D\u00edaz Rodr\u00edguez no fue utilizado por Mata, disgustado por la alusi\u00f3n a su \u201cinveterada pereza casi heroica\u201d ), Ventura Garc\u00eda Calder\u00f3n, repitiendo a Vargas Vila y acaso por halagar al director del diario donde colaboraba, desliz\u00f3 estas flechas: \u201cMientras sus compa\u00f1eros de academia (de Mata) imitaban con descaro las \u00f3peras de Rub\u00e9n Dar\u00edo o, en confidencias de psiquis, disimulaban con abundancia abusiva de palabras su avaricie mental\u201d. Ni Rufino fue un \u201cimitador\u201d de Rub\u00e9n, menos Mata; ni D\u00edaz Rodr\u00edguez carec\u00eda de ideas, sino que tuvo copia de ellas, expres\u00e1ndolas con alt\u00edsimo decoro, y se mantuvo al tanto del m\u00e1s moderno y v\u00e1lido pensamiento. Ni como creador en la ficci\u00f3n ni como ensayista estaba obligado a inventar doctrinas ni a organizarlas en sistema, si bien en sus p\u00e1ginas sobre la Vanidad y el Orgullo y en el razonamiento contra Taine existen, impl\u00edcitos, pensamientos que pudieran desarrollarse y llevarse a m\u00e1s lejanas conclusiones. No tuvo temperamento ni aficiones de fil\u00f3sofo, ni era menester lucirse en ejercicios metaf\u00edsicos para los cuales quiz\u00e1s todav\u00eda no ha llegado la hora ni en Espa\u00f1a ni en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Sus cuentos, que llegan a confundirse con los poemas en prosa, se distinguen de sus novelas por las mismas razones generales que ha dado Alberto Moravia: personajes no ideol\u00f3gicos, vistos en escorzo o en forma directa seg\u00fan las necesidades de una acci\u00f3n limitada en el tiempo y en el lugar, trama lo m\u00e1s simple posible, que recaba su complejidad de la vida misma y no de la orquestaci\u00f3n de una ideolog\u00eda (como s\u00ed sucede en la novela); \u201cpsicolog\u00eda en funci\u00f3n de los hechos y no de las ideas\u201d (preponderantes en algunos de sus personas como Alejandro Mart\u00ed), cualidades de la ficci\u00f3n breve que la definen y apartan, no s\u00f3lo en cantidad, de la novela. Chejov, Maupassant, Quiroga, Pocaterra, grandes cuentistas, no fueron afortunados en la novela, porque \u00e9stas se resuelven en cuentos largos. D\u00edaz Rodr\u00edguez abord\u00f3 ambos g\u00e9neros, y en su momento, y en su idioma, lleg\u00f3 en ellos a m\u00e1xima altura. Evolucionan naturalmente los g\u00e9neros (sin que esto implique progreso), y la novela, en contra de una pretendida defunci\u00f3n, cada d\u00eda se renueva con m\u00e1s fuerza y vitalidad.<\/p>\n<p>Vitalidad, movimiento, reflejo del suceder imaginativo paralelo a la realidad, son condiciones de los grandes novelistas. Claridad, pureza, correcci\u00f3n, propiedad, las tiene D\u00edaz Rodr\u00edguez, no ciertamente crudeza, dinamismo. Su genio innato y el ambiente en que se mov\u00eda, lo inclinaron a un estilo m\u00e1s repujado que sobrio. Harto dif\u00edcil subrayar en D\u00edaz Rodr\u00edguez vicios de lenguaje, solecismos, tautolog\u00edas o repeticiones. Pueden sin embargo se\u00f1alarse muchos pecados en Cervantes o Baroja. El <em>Persiles<\/em>, la obra mejor escrita divino manco, dista mucho del Quijote; en aquellas aventuras hiperb\u00f3licas todo es trama y estilo, faltan los prototipos de humanidad que tantas veces hablan con desali\u00f1o y desenfado, Azor\u00edn indic\u00f3 que la fuerza de Baroja reside en el contacto con lo concreto, derivada acaso de su \u201cfrecuentaci\u00f3n con los de la hampa\u201d que D\u00edaz le censur\u00f3. Sin ese conocimiento no existiera la picaresca. Los t\u00e9rminos selectos y refinados matar\u00edan la novel\u00edstica barojiana. No por ello Baroja carece de estilo, lo tiene egregio, como es singular su personalidad, y el m\u00e1s adecuado a su tem\u00e1tica. Tambi\u00e9n lo tiene, connatural y personal\u00edsimo, Unamuno, sin que hubiera participado de las estilizaciones modernistas. Estilo no es estilismo; est\u00e9tica no es esteticismo. Los grandes novelistas, Fielding, Defoe, Scott, Balzac, Dickens, Stendhal, res incorrectos; y de todos los g\u00e9neros, la novela es \u201clo que menos se presta para los ejercicios del estilo\u201d. Baroja tiene raz\u00f3n. S\u00f3lo encuentro una excepci\u00f3n a la regla: Flaubert, pero no olvidemos que si su forma era perfecta, tambi\u00e9n era escueta,<\/p>\n<p>El rango de D\u00edaz Rodr\u00edguez en las letras americanas, en la literatura espa\u00f1ola, ser\u00e1 siempre de primera categor\u00eda. Al lado de Rod\u00f3 como ensayista; junto a Valle Incl\u00e1n como novelista. Por \u00e9l y por otros m\u00e1s \u2014Urbaneja, Gallegos, Teresa de la Parra, Uslar, D\u00edaz S\u00e1nchez\u2014 Venezuela alcanz\u00f3 un d\u00eda el t\u00edtulo de \u201cpa\u00eds de novelistas\u201d. Si los a\u00f1os que dedic\u00f3 a la actividad p\u00fablica los hubiera consagrado, en medio m\u00e1s hospitalario para la acci\u00f3n intelectual, al s\u00f3lo empe\u00f1o de escribir, la dimensi\u00f3n de su obra y el resplandor de su nombre ser\u00edan impredecibles. As\u00ed como lleg\u00f3 al criollismo, \u00bfhubiera advenido a otras formas de expresi\u00f3n inusitada como Valle Incl\u00e1n, precursor del tremendismo con los esperpentos? Evoluciona la personalidad y con ella la \u00edndole de la producci\u00f3n, de acuerdo a la intensidad y calidad de la vida. Apartado en su hacienda propia, \u201cSan Jos\u00e9\u201d (no la de su padre, \u201cLos Dolores\u201d), me complace imaginarlo reposado en una mecedora frente al \u00c1vila, contemplando un crep\u00fasculo fugitivo, mientras relee a su dilecto Juan Ram\u00f3n: \u201cVino, primero pura \u2014 vestida de inocencia \u2013; y la am\u00e9 como un ni\u00f1o\u201d (<em>Sensaciones de viaje, De mis romer\u00edas<\/em>), \u00abluego se fue vistiendo \u2014 de no s\u00e9 qu\u00e9 ropajes\u201d (<em>\u00cddolos rotos, Sangre patricia<\/em>), \u201cleg\u00f3 a ser una reina \u2014fastuosa de tesoros\u201d &#8230; Las palabras casi no se oyen: &#8230; \u201cMas se fue desnudando. . . Se qued\u00f3 con la t\u00fanica \u2014de su inocencia antigua&#8230; Y se quit\u00f3 la t\u00fanica \u2014y apareci\u00f3 desnuda toda\u201d&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del grito \u00a1Matemos la Ret\u00f3rica! comenz\u00f3 en todos los \u00f3rdenes, \u00edntimos y extr\u00ednsecos, una transformaci\u00f3n. Hay sobriedad en <em>Peregrina<\/em>, si no toda la deseable; menos adornos y muchas ideas cabalmente expresadas en <em>Camino de perfecci\u00f3n<\/em>; y casi todos los <em>Sermones l\u00edricos<\/em> son francamente insuperables. A estas fuentes acudir\u00e1n los amantes de la belleza, los que quieran purificarse en castalias de fervor por nuestra naturaleza y sus gentes, y sin duda regresaran espiritualmente renovados.<\/p>\n<p>Naci\u00f3 Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez el 28 de febrero de 1871. Muri\u00f3 en Nueva York el 24 de agosto de 1927. No quiso el destino de las v\u00edrgenes prudentes. Pero era tanta la pureza del ciudadano y del patriota, tan rectos los principios de honestidad en que se form\u00f3, que esos 19 a\u00f1os de servicio p\u00fablico no arrojaron sobre \u00e9l ni una sombra que afectara su condici\u00f3n moral. El pueblo asisti\u00f3 a sus funerales. Sobre su tumba habl\u00f3 un gran poeta incorruptible: Jos\u00e9 Tadeo Arreaza Calatrava. Otros caballeros intachables \u2014Key Ayala, Luis Correa, Paz Castillo, Andr\u00e9s Eloy Blanco, Jacinto Fombona Pachano\u2014 dejaron, en la prosa y en el verso el testimonio de su homenaje.<\/p>\n<p>Tampoco le abandon\u00f3 la juventud, que rechaz\u00f3 los falsos maestros, aunque se deje enga\u00f1ar a veces temporalmente. La Confederaci\u00f3n de Estudiantes de Venezuela celebr\u00f3 una sesi\u00f3n solemne en su honor. Comprend\u00eda sin duda la juventud que si no hab\u00eda alcanzado la proceridad del Maestro, a igual altura que Rod\u00f3, Varona, o Palacios, tampoco tuvo, en el momento definitivo, m\u00e1culas que afearan su nombre. Le falt\u00f3 un punto de abnegaci\u00f3n y hero\u00edsmo. Como hombre y como artista, el defecto capital de D\u00edaz Rodr\u00edguez es haber sido excesivamente fiel a su tiempo. Pero nadie puede lanzar sobre su tumba un pedrusco. Aspir\u00f3 como ninguno a hacer obras eternas y a dirigir conductas. Dentro de las limitaciones de su car\u00e1cter, de su medio y de su tiempo, deja una obra perdurable, M\u00e1s de cien p\u00e1ginas suyas no se marchitar\u00e1n. Su externa elegancia cubr\u00eda una mayor elegancia \u00edntima. El penacho sobre la frente pensadora, pareciera, como en el verso de D\u00edaz Mir\u00f3n, plumaje que cruz\u00f3 el pantano sin marcharse,<\/p>\n<p>Quien quiso a la juventud y fue por ella correspondido hasta la muerte, seguir\u00e1 siendo ejemplo y venero. Porque jam\u00e1s es est\u00e9ril el milagro de la belleza.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luis-beltran-guerrero\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Beltr\u00e1n Guerrero El arte perfecto \u2014asegura Oscar Wilde \u2013 es perfectamente in\u00fatil. Si; in\u00fatil como las rosas. Enrique G\u00f3mez Carrillo Por satisfacer una gallarda apuesta de juventud contra\u00edda con un compa\u00f1ero en un rinc\u00f3n de Lombard\u00eda, el joven m\u00e9dico Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, luego de perfeccionar sus estudios en Par\u00eds y Viena, se inicia involuntariamente [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":7348,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7347"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7347"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7347\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7622,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7347\/revisions\/7622"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7348"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7347"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7347"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7347"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}