{"id":7320,"date":"2023-01-28T20:29:33","date_gmt":"2023-01-28T20:29:33","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7320"},"modified":"2023-11-24T18:23:21","modified_gmt":"2023-11-24T18:23:21","slug":"el-sargento-felipe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-sargento-felipe\/","title":{"rendered":"El sargento Felipe (cap\u00edtulo I)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Gonzalo Pic\u00f3n Febres<\/h4>\n<p>En cuanto el alba comenzaba a deshojar sus frescas rosas en las puertas del Oriente, Felipe se incorporaba en la troje de maporas que le serv\u00eda de lecho, rezaba con fervor sus oraciones de costumbre, se levantaba con gran prisa, se amarraba el cuchillo de monte en la cintura, se encasquetaba el gran sombrero de cogollo, y no sin llamar antes a Gertrudis su mujer y a su hija Encarnaci\u00f3n, se sal\u00eda al patiecito de la casa, en cuyo pintoresco alrededor desplegaba el platanal los pabellones verdeoscuros de sus hojas, blanqueaban los naranjos con su gran florecimiento de azahares, cacareaban las gallinas sigui\u00e9ndole las huellas al gallo rubicundo, bramaban fuertemente los becerros por la ausencia de las vacas, y corr\u00eda con ronco estruendo la quebrada por debajo de las enormes hojas del fibroso malang\u00e1. En cuanto lo ve.an apuntar en el marco de la puerta, los perros corr\u00edan a encontrarle, y dando saltos de alegr\u00eda verdadera, y poni\u00e9ndole las patas en el pecho, y agitando la cola vertiginosamente, le llenaban de caricias. Felipe se los quitaba de encima con una manotada, con un formidable puntapi\u00e9 o con una interjecci\u00f3n harto sonora, y se dirig\u00eda resueltamente a la quebrada. Pon\u00eda el sombrero en una piedra, se hincaba sobre el c\u00e9sped de la orilla, se lavaba la cara hasta pon\u00e9rsela encendida con la frialdad del agua, y met\u00eda la cabeza con delicia bajo el chorro cristalino. Aquella operaci\u00f3n duraba cerca de diez minutos, al cabo de los cuales se volv\u00eda a la casita seguido de los perros retozones, y se enjuagaba el rostro con un pedazo de liencillo que guindaba de una cuerda en el angosto corredor, desempe\u00f1ando all\u00ed el alto encargo de toalla.<\/p>\n<p>Luego tomaba por el sendero abierto entre matas de guinea lustrosas como seda, y sal\u00eda hasta el tranquero, cuyos palos, alisados por el frecuente manoseo y humedecidos por el sereno de la friolenta madrugada, descorr\u00eda poco a poco. Arrojando raudales de vapores por las narices h\u00famedas, lleno el pelaje de cadillos y lustrosas garrapatas, brillantes los ojazos de cari\u00f1o maternal, con la cabeza soberbiamente erguida, mirando a todos lados con el ansia de descubrir los becerrillos y henchida de leche la sonrosada ubre, las tres vacas entraban all\u00ed mismo al pasitrote. Detr\u00e1s de ellas regresaba Felipe, y al mirarlas tan gallardas, tan bonitas, tan redondas de gordura, el coraz\u00f3n se le ensanchaba de satisfacci\u00f3n dulc\u00edsima, las palabras cari\u00f1osas se le escapaban de la boca, y charloteando sonre\u00eddo con las espl\u00e9ndidas matronas, las amarraba de las patas traseras contra un palo, las palmeaba en las ancas con estr\u00e9pito, y soltaba incontinenti uno a uno a los nerviosos becerrillos, que se pegaban de las ubres con tal fuerza y decisi\u00f3n, que en breve los chorros de la leche se les sal\u00edan provocativos por los lados del hocico. A poco Felipe les enajenaba el gran deleite, y tomando la enorm\u00edsima totuma, e inclinando la rodilla en tierra, comenzaba el repiqueteo delicioso del orde\u00f1o, a tiempo que la boca se le aguaba de placer. Cruz\u00e1ndose ca\u00edan los dos chorros en la vasija formidable, y la espuma iba creciendo, blanca como la nieve intacta, reflejando en sus burbujas los esplendores de la vivida ma.ana, incitando el apetito del amarrado recental y dej\u00e1ndose trocar en gorda nata por el fr\u00edo. Cuando ya la totuma se llenaba, la cog\u00eda Encarnaci\u00f3n y la vaciaba en el gran cuenco donde deb\u00eda cuajarse para convertirse en queso fresco y esponjoso, queso a prop\u00f3sito sin duda para regalar el gusto m\u00e1s exigente y descontentadizo.<\/p>\n<p>Para entonces ya sal\u00eda por la chimenea-ennegrecida la columna de humo indicadora del fuego del hogar. El cual ard\u00eda, devorando con sus lenguas de oro la chamiza retostada por el sol y cantando con su chisporroteo el himno del trabajo, a tiempo que Gertrudis mol\u00eda sobre la piedra las arepas, que la m\u00facura silbaba sobre las topias del fog\u00f3n, que el gato dorm\u00eda arrellanado en el blando coj\u00edn de la ceniza, y que Encarnaci\u00f3n iba y ven\u00eda de la cocina al corredor, lavando escrupulosamente y acomodando en los rodetes de junco las j\u00edcaras redondas para servir el desayuno. Mientras que estaba listo este, Felipe se iba al cobertizo donde dorm\u00eda el pollino moro, y le echaba una brazada de guinea; daba una vuelta por la ancha corraliza donde gru\u00f1\u00edan los marranos, y les picaba el malang\u00e1; se acercaba al frondos\u00edsimo naranjo donde rumiaba el toro negro, y le daba su raci\u00f3n de ricos v\u00e1stagos de pl\u00e1tano. Volv\u00eda entonces al corredor de la casita, y se sentaba muy contento en el banco de madera, con los pies empapados del roc\u00edo, dulc\u00edsimo de genio, salpicada la frente de sudor.\u00a0 Un sol espl\u00e9ndido inflamaba las cumbres de los montes; un aire puro y oloroso a pimpollos nuevecitos garruleaba entre los \u00e1rboles; una alegr\u00eda vibrante y expansiva inundaba los espacios; una \u00e9gloga sonora resonaba en lo profundo de las selvas, en la m\u00e1sica del valle, en el arpa de cuerdas cristalinas del cequi\u00f3n. Aquello era la fiesta del follaje, el entusiasmo de la gran naturaleza, el espont.neo j\u00fabilo del p\u00e1jaro y la fronda, del c\u00e9firo y el agua, del color y de la luz.<\/p>\n<p>Gertrudis sal\u00eda hasta la puerta de la cocina y llamaba a su esposo al desayuno. El laborioso campesino se acomodaba en un rinc\u00f3n sobre una troje, y su mujer le pon\u00eda por delante la gran j\u00edcara de caf\u00e9 arrellanada en su rodete, el plato azul donde blanqueaba el reques\u00f3n, una cazuela colmadita de sabroso revoltillo, y una redonda arepa que se dejaba comer sola por lo gustosa y blanda. Felipe devoraba el desayuno con apetito extraordinario, y sal\u00eda muy orondo a recorrer las sementeras del conuco. Se compon\u00eda este de seis cuadras de terreno compradas poco a poco a fuerza de econom\u00eda y perseverancia, regadas por el cequi\u00f3n que bajaba de la cumbre, y sembradas todas ellas de caf\u00e9, sin que faltara por all\u00ed uno que otro barbecho donde el ma\u00edz reci\u00e9n plantado ostentaba los penachos de sus hojas. Con amor como de padre, Felipe compon\u00eda los cercados con esmero, reparaba las cercas de retorcidos palitroques, desyerbaba los surcos donde el monte crec\u00eda con lujuria, dejaba limpiecitas las callejuelas del caf\u00e9, colocaba un espantajo en los barbechos del ma\u00edz y las verduras para asustar a los pericos, resembraba las matas de continuo y recog\u00eda los frutos. A las doce regresaba con su azad\u00f3n al hombro, con los calzones arrollados, chorreando de sudor y silbando de alegr\u00eda como el p\u00e1jaro en la selva. El coraz\u00f3n no le cab\u00eda dentro del pecho.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del almuerzo se sentaba a la puerta de la casa en el banco de madera, y se pon\u00eda a desgranar las mazorcas del ma\u00edz, a fabricar alpargatas de cocuiza, a tejer sombreros finos de cogollo, o a torcer gordos mecates. Todo ello cuando a\u00fan no hab\u00eda llegado la cosecha de caf\u00e9, que le embargaba todo el tiempo, porque en cogerlo de las matas, descerezarlo en el cilindro, secarlo y conducirlo en el pollino a la hacienda de don Jacinto Sandoval para beneficiarlo, se le iba todo el d\u00eda Afortunadamente, Gertrudis y Encarnaci\u00f3n le ayudaban lo indecible en sus faenas, eran trabajadoras incansables, sab.an aprovechar el tiempo con positivos resultados, y gastaban en vestirse lo menos que pod.an. Eran ellas las que hac.an de comer, las que cos.an y aplanchaban, las que recolectaban buena parte del caf\u00e9, y las que se ocupaban en otros menesteres necesarios cuando las horas alcanzaban para desempe\u00f1arlos.<\/p>\n<p>Al anochecer com.an, y luego se sentaban a la puerta de la casa. Felipe cog\u00eda el cinco, y rasgue\u00e1ndolo con suma habilidad, arrancaba de las cuerdas sabrosos galerones. Los perros vigilaban entre tanto, gru\u00f1\u00edan los marranos en la repuesta corraleja, el toro rumiaba lentamente debajo del naranjo, el pollino se hartaba de malojo all\u00ed. En el cobertizo, zumbaba la quebrada con mon\u00f3tono rumor entre las m\u00e1rgenes de rocas, los grillos chirriaban en contorno su penetrante cavatina, y Encarnaci\u00f3n y Gertrudis, sentadas en el pretil del corredor, fumaban con deleite su tabaco. Como a las siete y media se recog\u00edan a la salita, en cuya tapia fronteriza se destacaba el altar abigarrado como .l solo, presidido por San Isidro el labrador: delante de .l se arrodillaban, y en seguida rezaban el rosario con fervoroso culto, encabezado por Felipe. A las ocho se acostaban.<\/p>\n<p>Vestidos con la ropa dominguera, los d.as de fiesta se dirig\u00edan al cercano pueblecito de Maraure, asiento de la mejor y m\u00e1s bonita iglesia parroquial que en aquella regi\u00f3n se alza, porque, adem\u00e1s de ser muy nueva, tiene c\u00fapula en el presbiterio, lujoso altar de m\u00e1rmol, dos torrezuelas de mamposter\u00eda, front\u00f3n churrigueresco de lo mismo y p\u00falpito de madera tallada con primor. En Maraure o\u00edan misa, visitaban a algunos conocidos, compraban en las pulper.as lo que necesitaban durante la semana, y con la tarde, cuando ya el sol se pon\u00eda, regresaban al conuco, pero no sin echarse Felipe en la garganta alguno que otro golpe de aguardiente. Los d.as de mercado, Felipe iba al pueblo de seguro, con el cargado pollino por delante, para vender los frutos que con prodigalidad maravillosa le ofrec.an las sementeras. A horcajadas sobre el burro, cantando de alegr\u00eda y punto menos que borracho, volv\u00eda con la noche convertido en una pascua, y en manos de Gertrudis depositaba desde luego el estupendo pa\u00f1uelo de madres, en cuyas puntas ven\u00edan amarrados los dineros de la venta. Gertrudis lo cog\u00eda con ojos \u00e1vidos, no sin dar gracias a Dios desde lo \u00edntimo del alma, y en seguida lo guardaba en lo m\u00e1s hondo del arc\u00f3n, un inmenso ba\u00fal de madera bien curada \u2014 hasta de tres varas de largo y con tama.as cerraduras\u2014 donde la previsiva esposa depositaba sin remedio todo lo que en la casa ten\u00eda alg\u00fan valor.<\/p>\n<p>Ello es lo cierto que Felipe era feliz, porque adem\u00e1s de que a nadie le deb\u00eda ni un centavo, las escrituras de sus compras no ten.an por donde echarles zancadillas, su mujer le quer\u00eda mucho y le ayudaba en todo, Encarnaci\u00f3n se volv\u00eda loca por satisfacerle en las cosas m\u00e1s menudas, el vecindario le estimaba por su rara hombr\u00eda de bien, las sementeras le rend.an como para guardar de sus productos un si es no es todos los a\u00f1os, y cada d\u00eda que pasaba era m\u00e1s grande su esperanza de poder aumentar la propiedad que a fuerza de trabajo hab\u00eda logrado conseguir en el transcurso de los a\u00f1os. Ensanchar con otras cuadras el conuco, hacer de teja la cocina, casar muy bien casada a Encarnaci\u00f3n, obtener algunos otros animales de servicio, porque el borrico y el novillo no le alcanzaban para nada, y comprar una mula de silla baratona, era el ensue\u00f1o que en su alma lat\u00eda a todas horas con refulgente brillantez. Si la fortuna le soplaba, si Dios no le mandaba alg\u00fan trastorno, si el caf\u00e9 Le segu\u00eda dando como en los a\u00f1os anteriores y si en muchos no hab\u00eda guerra en el pa\u00eds, el Cristo de La Pascua y San Isidro el labrador permitir\u00edan que \u00e9l realizara sus deseos.<\/p>\n<p>Cuando sal\u00eda a recorrer las sementeras; cuando echaba a caminar por entre las frondosas arboledas del caf\u00e9; cuando se paraba largo rato a contemplar la prodigiosa lozan\u00eda con que el ma\u00edz iba creciendo en los barbechos; cuando los racimos de pl\u00e1tanos sol\u00edan arrancarle por lo hermosos una exclamaci\u00f3n de j\u00fabilo, y percib\u00eda muy orondo la maciza redondez de los marranos, y se hac\u00eda cargo de lo que le produc.an en quesos ya muy solicitados los abundantes orde\u00f1os de las vacas, no pod\u00eda menos que sentirse satisfecho, darle gracias a Dios por sus pr\u00f3digas mercedes, y estimularse para perseverar en las faenas de su peque\u00f1a propiedad.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gonzalo-picon-febres\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gonzalo Pic\u00f3n Febres En cuanto el alba comenzaba a deshojar sus frescas rosas en las puertas del Oriente, Felipe se incorporaba en la troje de maporas que le serv\u00eda de lecho, rezaba con fervor sus oraciones de costumbre, se levantaba con gran prisa, se amarraba el cuchillo de monte en la cintura, se encasquetaba el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":7321,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7320"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7320"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7320\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7330,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7320\/revisions\/7330"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7321"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7320"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7320"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7320"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}