{"id":7243,"date":"2023-01-14T20:46:01","date_gmt":"2023-01-14T20:46:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7243"},"modified":"2023-11-24T18:23:37","modified_gmt":"2023-11-24T18:23:37","slug":"lampara-y-silencio-de-cesar-seco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lampara-y-silencio-de-cesar-seco\/","title":{"rendered":"\u00abL\u00e1mpara y silencio\u00bb, de C\u00e9sar Seco"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Por Jos\u00e9 Ygnacio Ochoa<\/h4>\n<blockquote><p><em>Los poetas, que fingen cuando <\/em><em>quieren, no descargan a sus h\u00e9roes <\/em><em>de l\u00e1grimas.<\/em><\/p>\n<p>Montaigne, Ensayos II<\/p><\/blockquote>\n<p>Me apego a la expresi\u00f3n de Montaigne: el poeta no domina nada en lo absoluto. Solo se conmueve ante los acontecimientos. A partir de all\u00ed, todo es posible por cuanto la naturaleza humana est\u00e1 reservada para las emociones. Se modera, mas no se domina. Ella, la conmoci\u00f3n siempre estar\u00e1 all\u00ed, aparece en el momento menos esperado. Pasa con el libro de poemas de C\u00e9sar Seco <em>L\u00e1mpara y silencio<\/em> \u00abAntolog\u00eda po\u00e9tica 1987-2004\u00bb (Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, 2007) una compilaci\u00f3n que re\u00fane ocho de sus libros de poemas. Comentaremos algunas de mis impresiones del mismo. Un recorrido que comienza con <em>El laurel y la piedra<\/em> (1987-1991). Desde su comienzo con el ep\u00edgrafe de Marguerite Yourcenar ubica, en su referencialidad, al lector. Los dioses griegos no dejan de ser un mito, luego siempre ser\u00e1n rele\u00eddos para desentra\u00f1ar, en alguna medida, las interrogantes del comportamiento del hombre y su relaci\u00f3n con el entorno. Situaci\u00f3n que aparenta una l\u00f3gica muy comprensible, pero que, en el fondo es m\u00e1s complejo de lo que se muestra.<\/p>\n<p>Los dioses padecer\u00e1n de su beldad, quiz\u00e1s una de las condiciones para que se est\u00e9 dentro del rango de lo mitol\u00f3gico. La llevar\u00e1n consigo, algo que para otros ser\u00e1 un privilegio, creemos que en este caso, digo, para los dioses no. El dolor est\u00e1 incrustado como designio. En consecuencia, ser\u00e1 un misterio del inframundo como la presencia de Hades en el universo del poema o Apolo representado en su or\u00e1culo entre \u00abaire\u00bb, \u00abagua\u00bb, \u00abtierra\u00bb, y \u00absol\u00bb vocativos que designan otra realidad, la del canto po\u00e9tico, pues se invoca lo sugerido. El llamado se personaliza con la imagen figurada: [&#8230;]\u2026<em>Somos sombras entrando una dentro de la otra. <\/em>[&#8230;]\u2026luego, aparece Narciso con su castigo por el rechazo a Eco. Condenado a adorar su imagen, dicho esto, \u00a0en el poema de C\u00e9sar Seco, \u00abla luna\u00bb y \u00abel agua\u00bb se fusionan para crear otra vida, otro espejo \u2014tantos sean necesarios\u2014 en su constante reflejo de sus relaciones tormentosas dibujadas por m\u00e1scaras con los mortales y semidioses ac\u00e1 en la tierra. \u00a0En ese devenir van apareciendo los otros personajes mitol\u00f3gicos: Aquiles, Perseo (semidioses), S\u00edsifo, Hermes, Orfeo, entre muchos. Cada cual entre noches, entre idas y vueltas en las naves del poeta dan cuenta de un \u00a0\u00abcorpus po\u00e9tico\u00bb que funciona como un tamiz entre la voz del poeta \u2014quien sutilmente sugiere una relectura de los cl\u00e1sicos griegos\u2014 y el lector.<\/p>\n<p>En <em>\u00c1rbol sorprendido<\/em> (1995) si bien se mantiene el uso de vocablos como constantes: <em>luna<\/em>, <em>agua<\/em> se manifiesta otro giro en la composici\u00f3n de las figuras literarias. Nos detenemos en esas im\u00e1genes, que quiz\u00e1s son la posibilidad de que el poema perdure en el tiempo, pasado este, pasado el hombre: el poema queda. Veamos un pasaje del poema \u00abLa lengua mordida\u00bb: <em>Un d\u00eda le sale a uno \/ dejar de ser el de la casa, \/ el del mandado y del oficio; \/ Se aleja uno de ser ni\u00f1o <\/em>[&#8230;]<em>.<\/em> Parecen palabras llanas, solo que en ellas la arbitrariedad se desvanece para que se d\u00e9 paso a otras distinciones de la vida con sus lejan\u00edas, opuestos e intersecciones del rumor para descomponer el significado hist\u00f3rico de la palabra. Grecia qued\u00f3 atr\u00e1s, ahora el <em>mercado bullicioso <\/em>de mi cotidianidad como s\u00fabito es el sentir de las figuras del cielo.<\/p>\n<p>Con <em>Acto de desaparecer y aparecer <\/em>(1997) en estos poemas seleccionados de este libro nos topamos con t\u00e9rminos-palabras-vocablos-alfabeto que dejan de serlo para convertirse en otras figuras: esquivas, irresolutas, en el concierto de lo imprevisto, ya que nada est\u00e1 definido. As\u00ed es el poema. As\u00ed, como las constelaciones dejando de ser para procurar otra galaxia. Luces que se desvanecen al comp\u00e1s del sonido del instrumento de colores en el cielo. La voz po\u00e9tica de Seco da para esto, sugiere, no impone: signos que en su transitoriedad dejan de serlo para connotarse en otro signo: signo sobre signo, en tanto lectura:<\/p>\n<p><em>El pan<\/em><\/p>\n<p><em>En el mantel la luz est\u00e1 por concebirlo.<\/em><\/p>\n<p><em>Viene a decirme c\u00f3mo se vuelve rosa del bocado.<\/em><\/p>\n<p><em>Lo tomar\u00e1n mis manos.<\/em><\/p>\n<p><em>Una s\u00edlaba aceptada por amor a lo que viene.<\/em><\/p>\n<p><em>Se ha ido.<\/em><\/p>\n<p><em>No est\u00e1 en el limpio plato de silencio.<\/em><\/p>\n<p>La s\u00edlaba se descompone para ser <em>El pan<\/em>. El poeta\u00a0 comparte el alimento hecho figura po\u00e9tica para luego convertirse en la otra unidad: aquello llamado <em>amor, <\/em>la denominaci\u00f3n aceptada por la convencionalidad, ll\u00e1mese acepci\u00f3n del diccionario, desaparece \u2014<em>Se ha ido<\/em>\u2014 se desvanece esa realidad para unirse en el <em>plato<\/em> y as\u00ed compartir con la\u00a0 incondicional del <em>silencio. <\/em>Vale decir que emerge la sustancia de una identificaci\u00f3n con lo que <em>se es<\/em> y con lo que se dice, la esencia de la <em>arena<\/em>, del<em> agua<\/em> y las <em>tunas<\/em> en el poema titulado <em>Seco<\/em>, como el apellido, se visualiza la cadencia de lo nombrado, luego, otra vez el pan en <em>La casa del \u00e1rbol. <\/em>En esta secuencia de enunciados no existe plan alguno, solo es el viajar con la palabra y quedarse para siempre en otro estado: <em>El\u00a0 viento\u00a0 m\u00fasica entre los \u00e1rboles penetra. <\/em>El signo va hacia otro sentido. La designaci\u00f3n de lo nombrado en el poema va contracorriente a lo predeterminado; entonces, la expresi\u00f3n cambia en su sintaxis porque el poema es subjetividad pura. Dicho as\u00ed; el car\u00e1cter del poema que es en la voz del poeta se traslada al lector, al otro, que se identifica con el prop\u00f3sito de lo inadvertido. El canto se instalar\u00e1 para siempre en la hoja del libro: <em>El \u00e1rbol crece en medio de la noche. \/Por dentro la savia del insomnio.\/ Al tallo el viento trae remolinos <\/em>[&#8230;]<em> Sus ramas rasgan el cielo.\/ Su corteza el escenario.<\/em> [&#8230;]<em> El \u00e1rbol de la locura crece en medio de la noche. <\/em>Estos pasajes del poema dan cuenta de esas sensaciones que se visualizan, no obstante, <em>el \u00e1rbol<\/em> se expande con sus ra\u00edces. Continuada la lectura, ubicamos el poema-canto titulado <em>Plenilunio<\/em>, en \u00e9l, la palabra <em>luna<\/em> \u201428 veces en las dos primeras p\u00e1ginas que se prolonga en las siguientes cuatro p\u00e1ginas\u2014 protagoniza el recorrido que marca un ritmo, <em>luna<\/em> en todas sus formas y manifestaciones, de hoy y de siempre, <em>luna<\/em> espejo y <em>luna<\/em> m\u00eda y de todos y del poeta C\u00e9sar Seco. Vemos c\u00f3mo el t\u00e9rmino se encuentra en los recovecos de <em>mi subjetividad<\/em>, en las ventanas y huellas del otro sentido, el que no se consigue en el tumulto, entonces, la imagen me genera aquella complicidad en el interior de <em>Luna pan y pez de Jesucristo <\/em>[&#8230;] <em>Luna alta de la gloria y de los sue\u00f1os<\/em>. [&#8230;] Quiero creer que es un largo poema para la vida, para el encuentro y para la perpetuidad porque se crea una entidad con propiedades asociadas a las m\u00faltiples representaciones posibles, en este sentido cabe mencionar el t\u00edtulo del libro de Juan Liscano, <em>Espiritualidad y literatura: Una relaci\u00f3n tormentosa. <\/em>Creo que es eso, lo de lo tormentoso, siempre lo ser\u00e1. Porque lo intuitivo de la literatura no alcanza a una explicaci\u00f3n definitiva.<\/p>\n<p>En <em>Noticias de la aldea<\/em> (1993-1999) aparecen en esta selecci\u00f3n solo tres poemas. Debo confesarles que son tres poemas contundentes\u00a0 que los invito a leer. Destaco, sin \u00e1nimos de descontextualizar la totalidad de la creaci\u00f3n, para que sea un abrebocas y sugerirles la lectura, veamos, del poema titulado \u00abEl\u00edas David Curiel\u00bb: [&#8230;] <em>El vidrio del vuelo est\u00e1 en la sangre<\/em> [&#8230;] De \u00abLa vaca de Orlando\u00bb: <em>El pan de mi cerebro lo mojaba en las lecturas <\/em>y de \u00abVuelo en gir\u00f3scopo\u00bb: <em>La ciudad es hoy m\u00e1s lerda, su coraz\u00f3n truena. <\/em><\/p>\n<p>As\u00ed va toda la selecci\u00f3n, nos sorprende de manera grata. Es un libro para ser le\u00eddo con detenimiento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jos\u00e9 Ygnacio Ochoa Los poetas, que fingen cuando quieren, no descargan a sus h\u00e9roes de l\u00e1grimas. Montaigne, Ensayos II Me apego a la expresi\u00f3n de Montaigne: el poeta no domina nada en lo absoluto. Solo se conmueve ante los acontecimientos. 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