{"id":7210,"date":"2023-01-14T12:15:46","date_gmt":"2023-01-14T12:15:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7210"},"modified":"2024-09-07T20:50:53","modified_gmt":"2024-09-07T20:50:53","slug":"alberto-arvelo-torrealba-la-pasion-del-llano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/alberto-arvelo-torrealba-la-pasion-del-llano\/","title":{"rendered":"Alberto Arvelo Torrealba: La pasi\u00f3n del llano"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Carmen Mannarino<\/h4>\n<p><em>Para ti, joven lector, han sido escritas las anteriores biograf\u00edas de <\/em><em>R\u00f3mulo Gallegos<\/em><em>, <\/em><em>Francisco Tamayo <\/em><em>y <\/em><em>Luis Beltr\u00e1n Prieto Figueroa<\/em><em>, la presente y las de otros venezolanos del siglo XX, que seguir\u00e1n apareciendo.<\/em><\/p>\n<p><em>Porque s\u00e9 que comienzas a sentir la inquietud acerca de qu\u00e9 ser\u00e1s cuando llegues a adulto, te proporcionamos el contacto con distintas vidas que se relacionan por la dedicaci\u00f3n a una obra art\u00edstica, cient\u00edfica, literaria, educativa, social, deportiva, etc. y la digna conducta ciudadana. En cada una apreciar\u00e1s a la persona en crecimiento, con sus virtudes y defectos, felicidad y desdicha, pasi\u00f3n y lucha por realizarse en esta misma tierra nuestra.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy conocer\u00e1s la vida de <\/em><em>Alberto Arvelo Torrealba<\/em><em>, hombre de inmensa pasi\u00f3n por el llano, sabio y poeta de esa tierra y su habitante, por cuya originalidad se le reconoce como una de las mayores voces nacionales y cuya poes\u00eda forma parte del sentimiento y la expresi\u00f3n de los llaneros.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>C.M.<\/em><\/p>\n<p><em>El horizonte y yo vamos <\/em><\/p>\n<p><em>solos por la llana tierra:<\/em><\/p>\n<p><em>me enlaz\u00f3 todos los rumbos <\/em><\/p>\n<p><em>su audacia de soga abierta.<\/em><\/p>\n<p><em>En las cantas fugitivas <\/em><\/p>\n<p><em>dichas y af\u00e1n se me quedan:<\/em><\/p>\n<p><em>las labro a punta de gozo <\/em><\/p>\n<p><em>las pulo a punta de penas.<\/em><\/p>\n<p><strong>Tierra de inmensa planitud<\/strong><\/p>\n<p>El llano es tierra de inmensa planitud con horizonte que se aleja y se aleja a medida que la transitamos. Plantarse en medio de \u00e9l es sentir que s\u00f3lo la inmensidad existe, con sol o luna que parecen estar al alcance de la mano. Adem\u00e1s colores, olores y sonidos cambiantes, de acuerdo con la sucesi\u00f3n de las horas y con una u otra estaci\u00f3n del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Las dos terceras partes del territorio venezolano son sabana. Por ella corren vientos viajeros: unos transportan las semillas, los alisios regulan el clima por unas horas, otros se forman donde ha habido quemas. Viento barin\u00e9s es llamado uno ocasional que desde la Cordillera Andina se dirige a Calabozo, v\u00eda Barinas. <em>El barin\u00e9s es viento de presagios<\/em>, dice la poeta Luz Machado, pues anuncia la lluvia.<\/p>\n<p>R\u00f3mulo Gallegos la describi\u00f3 con la hermosura de su prosa. As\u00ed comienza su novela <em>Cantaclaro: la sabana arranca del pie de la cordillera andina, se extiende anchurosa, en silencio acompa\u00f1a el curso pausado de los grandes r\u00edos solitarios que se <\/em><em>deslizan hacia el Orinoco <\/em>\u2026 Muchos poetas han cantado al llano, desde Andr\u00e9s Bello en su <em>Silva a la agricultura: \u2026. el llano \/ que tiene por lindero el horizonte. <\/em>Francisco Lazo Mart\u00ed en la <em>Silva Criolla <\/em>dice:<\/p>\n<p><em>El llano es una ola que ha ca\u00eddo, <\/em><\/p>\n<p><em>el cielo es una ola que no cae<\/em>.<\/p>\n<p>Un poeta actual, Eugenio Montejo, expresa la horizontalidad de esa tierra diciendo que es <em>donde la \u00fanica monta\u00f1a es uno mismo \/ o su caballo<\/em>. Y Alberto Arvelo Torrealba, su m\u00e1s tenaz cantor, la describe con sus propios elementos:<\/p>\n<p><em>Cuando esta tierra anda en uno <\/em><\/p>\n<p><em>legua y legua son el paso.<\/em><\/p>\n<p><em>M\u00e1s all\u00e1 del lagunazo <\/em><\/p>\n<p><em>sigue el infinito abierto<\/em>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se lleg\u00f3 a preguntar si:<\/p>\n<p><em>\u00bfSer\u00e1 el inm\u00f3vil el potro <\/em><\/p>\n<p><em>y lo fugaz la llanura?<\/em><\/p>\n<p>Otras veces enreda los sentimientos en la vegetaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Esp\u00e9rame, palmasola,<\/em><\/p>\n<p><em>palma del camino, esp\u00e9rame, <\/em><\/p>\n<p><em>que quiero zurcir nostalgias <\/em><\/p>\n<p><em>con m\u00fasica de tus pencas.<\/em><\/p>\n<p>El drama que impone a los hombres el rigor de esa tierra lo resumi\u00f3 en un di\u00e1logo de dos personajes novelescos: Santos Luzardo (<em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em>) y Arturo Cova (<em>La vor\u00e1gine<\/em>):<\/p>\n<p><em>Se toparon los vaqueros, <\/em><\/p>\n<p><em>muertos de sol los caballos.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; \u00a1Hermano, ah tierra bien sola!<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; \u00a1Ah tierra bien dura, hermano!<\/em><\/p>\n<p>El llano en la primera mitad del siglo XX impon\u00eda largas traves\u00edas al hombre sobre su caballo, \u00edngrimo, como si fuera el \u00fanico humano que lo habitara; siempre con cuchillo al cinto para defenderse de cualquier peligro animal o humano, porsiacaso (morral) a cuestas con el condumio necesario para calmar el hambre o aplacar la sed, camino a la faena cotidiana en los hatos. Era tambi\u00e9n llano de misterio, de mitos y leyendas, y siempre de coplas espont\u00e1neas para distraer la soledad y recordar ausencias, porque cualquier llanero es coplero. Con raz\u00f3n R\u00f3mulo Gallegos escribi\u00f3: <em>Pero quien dice la sabana, dice el caballo y la copla. La copla errante<\/em>.<\/p>\n<p>El chaparro, con el tallo retorcido por su fiera resistencia a la falta de agua y a las quemas, es buen s\u00edmbolo del aguante del llanero ante la inclemente realidad donde desarrolla su vida. Era llano sin electricidad, sin caminos, con paludismo y sin asistencia m\u00e9dica; donde los largos trayectos se ganaban a trote de sobresaltos y atravesando r\u00edos. Con noches llenas de temor por un posible aparecimiento de La Llorona y, en la alta madrugada, por el terror\u00edfico silbido de El Silb\u00f3n que hasta muertes s\u00fabitas ha ocasionado. Pero era y es tambi\u00e9n llano de jolgorios con aguardiente y m\u00fasica propia, de joropo y de contrapunteo, con los que la vida ruda se ablanda en expansi\u00f3n de alegr\u00edas y sentimientos. Ese fue el llano de la infancia y primera juventud de Alberto Arvelo Torrealba, el del siempre deseado regreso.<\/p>\n<p><strong>Un llano igual y distinto<\/strong><\/p>\n<p>En la sabana del estado Barinas, como en la de Portuguesa y parte de Apure, la uniforme vegetaci\u00f3n baja adquiere por el occidente matizada verticalidad, pues en ese territorio comienzan las elevaciones de la Cordillera de los Andes y hay sitios desde donde se divisan las monta\u00f1as meride\u00f1as. En los d\u00edas claros, si ha habido nevadas, se puede contemplar el Pico Bol\u00edvar con su corona de nieve. Tambi\u00e9n se hallan rastros de civilizaciones ind\u00edgenas: petroglifos, mont\u00edculos (cerros construidos por el hombre) y calzadas: impresionante obra de ingenier\u00eda.<\/p>\n<p>El llano de Barinas tiene un pasado de gran prosperidad agr\u00edcola, ha sido y es llano que invita a la labranza de su tierra pr\u00f3diga, que abriga bosques madereros y codiciada fauna de caza. Es llano atravesado por r\u00edos abundosos de peces, muchos de ellos navegables, llano con riqueza de aguas subterr\u00e1neas. Tierra de ganader\u00eda de carne, de orde\u00f1o en peque\u00f1a cuant\u00eda y de cantas. Tierra que sufre cada a\u00f1o, como el resto del llano, los rigores de la sequ\u00eda en verano:<\/p>\n<p><em>Me dio l\u00e1stima el pajal<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfqu\u00e9 hace con tanto roc\u00edo <\/em><\/p>\n<p><em>sin una gota de verde <\/em><\/p>\n<p><em>para su luto amarillo?<\/em><\/p>\n<p>y de las inundaciones en invierno:<\/p>\n<p><em>En Puerto Nutrias a veces <\/em><\/p>\n<p><em>est\u00e1n las calles azules:<\/em><\/p>\n<p><em>parecen una guitarra<\/em><\/p>\n<p><em>con bordones de agua dulce<\/em>.<\/p>\n<p>y donde por igual se vive anualmente una primavera de la naturaleza y de los sentidos, cuando con las primeras lluvias de marzo o abril se pasa del triste espect\u00e1culo de las quemas a un nuevo reverdecer.<\/p>\n<p>Sabana con apenas 1 habitante por Km2, con pueblos diseminados cerca de los cuales corr\u00eda siempre un r\u00edo o por lo menos un ca\u00f1o. Las peque\u00f1as poblaciones del piedemonte barin\u00e9s, en el occidente, tienen aspectos y costumbres andinas .Territorio cuyas dos geograf\u00edas juntan el r\u00edo Santo Domingo y otros r\u00edos paralelos, en sus descensos de monta\u00f1a a llano, antes de caer en el Apure en sus trayectos hacia el mar. Donde las dos culturas suelen convivir en horas de musical regocijo, porque el habitante del piedemonte exterioriza sus sentimientos en notas melanc\u00f3licas con acompa\u00f1amiento de viol\u00edn y cuatro, y el de la sabana expande con orgullo su canto en coplas, con acompa\u00f1amiento de cuatro y maracas. Coplas que muchas veces se multiplican en contrapunteos, en los que las improvisadas coplas de cada uno de los dos cantantes (a veces m\u00e1s) se van sucediendo alternadamente y cada intervenci\u00f3n comienza con el \u00faltimo verso de la del contrario. Donde apenas el palmar avisa la existencia de agua y es alivio para la vista cansada de la horizontalidad sin variaciones, y donde el espinito brinda colorido y aroma en la \u00e9poca de su floraci\u00f3n y se mustia en la sequ\u00eda:<\/p>\n<p><em>Espinito pura espina <\/em><\/p>\n<p><em>sin hojas y medio seco<\/em><\/p>\n<p><em>cuando vengan las gar\u00faas <\/em><\/p>\n<p><em>te reto\u00f1ar\u00e1n luceros<\/em>.<\/p>\n<p><strong>El ancestro Arvelo<\/strong><\/p>\n<p>Es indispensable mencionar una y otra vez el apellido Arvelo cuando de cultura literaria se trata, en Barinas y en Venezuela. Hombres y mujeres de varias generaciones y ramas de la familia han sido promotores de veladas art\u00edsticas, y m\u00e1s abundantemente, poetas. Los hijos de Alberto Arvelo Torrealba: Alberto y Mariela Arvelo Ramos, cultivan hoy la palabra literaria. Rafael, hermano del poeta, reuni\u00f3 sus cr\u00f3nicas en el libro: <em>Guayabitas sabaneras <\/em>(1976).<\/p>\n<p>A Alberto Arvelo siendo ni\u00f1o lo mandaban a pasar temporadas y a curar sus fiebres pal\u00fadicas a Barinitas, al cuidado de unas primas mucho mayores que \u00e9l: Mercedes, Lourdes y Enriqueta Arvelo Larriva. De tanto ir all\u00e1 se fue involucrando en los sucesos familiares. Cuenta el primo Luis Alejandro Angulo Arvelo que su madre, Lourdes, angustiada por la suerte del primo Herman, que se encontraba gravemente enfermo, envi\u00f3 en busca de noticias al ni\u00f1o Alberto, de 6 a\u00f1os, casa de un t\u00edo que viv\u00eda en el extremo diagonal de la plaza. El ni\u00f1o regres\u00f3 en carrera y gritando: -\u00a1<em>Se mudi\u00f3<\/em>! \u00a1<em>Se mudi\u00f3<\/em>! Quiz\u00e1s fue su primera intuici\u00f3n de lo tr\u00e1gico de la muerte. Tambi\u00e9n participaba de las actividades art\u00edstico-literarias que se suced\u00edan en la casa de los primos hermanos, en las que se representaban peque\u00f1as obras de teatro, se hac\u00edan cuadros vivos y se recitaban poemas. Alberto tom\u00f3 parte en algunas con la lectura de sus primeros poemas y posiblemente lleg\u00f3 a actuar. En las visitas que Compa\u00f1\u00edas de Variedades hac\u00edan a Barinitas presenci\u00f3 n\u00fameros que inclu\u00edan coplas alusivas a personas del lugar. En Barinas fue actor y autor en veladas preparadas pro la madre y la hermana Mar\u00eda Lorenza. La primera versi\u00f3n de <em>Florentino y El Diablo<\/em>, en los a\u00f1os 30, fue una pieza de teatro escrita en verso y en prosa, que se represent\u00f3 en Sabaneta, Dolores y Libertad, y en ella Florentino sufre de amor por Maruja y es tambi\u00e9n retado por el Diablo. Lo testimonia V\u00edctor Mazzei G.<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s, coincidieron en la casa de Barinitas los tres grandes poetas de la familia: Alberto Arvelo Torrealba, m\u00e1s Alfredo y Enriqueta Arvelo Larriva, en reuniones tan animadas como candentes, seg\u00fan testimonia Luis Alejandro Angulo.<\/p>\n<p>En esa casa sol\u00edan hacer escala ilustres hombres que iban de paso para los Andes o de esa regi\u00f3n regresaban; en una especie de homenaje del afecto al famoso poeta y luchador, Alfredo Arvelo Larriva, v\u00edctima de prisiones y destierros. Mientras tanto, Enriqueta permanec\u00eda en la casa solariega modelando la voz de sus poemas. Alberto cre\u00f3 una poes\u00eda bien distinta a la de ambos y a la de su madre, en correspondencia con su vocaci\u00f3n de trovador: <em>Echando atr\u00e1s la memoria, en examen minucioso, me doy cuenta de que hab\u00eda en m\u00ed desde ni\u00f1o, una invencible vocaci\u00f3n que yo llamar\u00eda trovadoresca<\/em>. Esto es, a la manera de los trovadores en la Edad Media europea: poetas cultos cuyas composiciones o trovas eran acogidas por el pueblo y muchas veces cantadas. Se explica entonces la dedicaci\u00f3n de Alberto Arvelo al romance <em>Florentino y El Diablo<\/em>, obra que trata de dos trovadores.<\/p>\n<p>Como en Venezuela antes de la explotaci\u00f3n petrolera la riqueza proven\u00eda de la tierra, los Arvelo, como otras familias pose\u00edan fincas agropecuarias cuyas ganancias les permit\u00edan vivir con holgura. El t\u00edo preferido de Alberto, Nicandro, era due\u00f1o de la llamada \u201cSanta Elena\u201d, en los alrededores de Barinas, y cerca estaba \u201cGuamito\u201d, la del t\u00edo Alfredo. Pero sucedi\u00f3 que el caudillismo multiplicado que sigui\u00f3 a la Guerra Federal, que exig\u00eda entrega de bienes para la satisfacci\u00f3n de necesidades y ambiciones, m\u00e1s los saqueos y pr\u00e9stamos nunca pagados, los redujeron a la pobreza. El poeta siempre vivi\u00f3 con sobriedad. No busc\u00f3 riquezas materiales. Es conocido que de los cargos p\u00fablicos sali\u00f3 m\u00e1s pobre que cuando se encarg\u00f3. Mientras otros funcionarios se mudaron a lujosas mansiones, \u00e9l permaneci\u00f3 con orgullo en la casa que pagaba por cuotas. <em>Cuatro alambradas de cielo alinderan mi heredad y une la manga del viento al oriente con mi alar<\/em>. Es la respuesta a la pregunta de si ten\u00eda un hato, que le hizo Orlando Araujo en una entrevista imaginaria.<\/p>\n<p>\u201cLos abuelos gerifaltes\u201d es un poema de Alfredo Arvelo Larriva, donde refiere la condici\u00f3n de fundador de la ciudad del abuelo de origen vasco y su colaboraci\u00f3n con el ej\u00e9rcito patriota, durante la Guerra de Independencia en la regi\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Al barin\u00e9s don Rafael Mar\u00eda <\/em><\/p>\n<p><em>Arvelo y Casta\u00f1eda Isarrandiaga <\/em><\/p>\n<p><em>Bol\u00edvar dio la dura prez que halaga <\/em><\/p>\n<p><em>su ardor de juventud y gallard\u00eda<\/em>.<\/p>\n<p>Cuando el abuelo se gan\u00f3 el grado de Comandante de Caballer\u00eda con su haza\u00f1a guerrera, inici\u00f3 una tradici\u00f3n liberal en la familia, la cual han honrado con su conducta no pocos descendientes. Alfredo Arvelo Larriva fue prisionero de Juan Vicente G\u00f3mez, Alberto Arvelo Torrealba tambi\u00e9n. Estuvo preso en un calabozo del Castillo \u201cLas Tres Torres\u201d de Barquisimeto, por sumarse, en 1929, a la rebeli\u00f3n del General Jos\u00e9 Rafael Gabald\u00f3n, el Rebelde del Santo Cristo. Poeta\u00a0 al\u00a0 fin, ese\u00a0 a\u00f1o gan\u00f3 el\u00a0 certamen de <em>El Heraldo<\/em>, de Barquisimeto, con el poema autobiogr\u00e1fico \u201cAires de tierra llana\u201d. Galante como era, la rosa de oro del galard\u00f3n se la dio a guardar a Mar\u00eda, hija de su amiga Teresa Gabald\u00f3n.<\/p>\n<p>En un estado y una ciudad arruinados por avatares hist\u00f3ricos, de escasa cultura art\u00edstica, la familia Arvelo ha establecido una tradici\u00f3n de arte y espiritualidad: especie de frescor como el del palmar en medio de la sabana carente de vegetaci\u00f3n alta. Ese ancestro familiar y las peculiaridades de origen geogr\u00e1fico fueron determinantes en el surgimiento y desarrollo de la personalidad y de las dos pasiones de Alberto Arvelo Torrealba: el llano y la poes\u00eda. Para \u00e9l <em>ser llanero es un gran limpiador de males de la piel, de la sangre, del esp\u00edritu y el gran poeta es la conciencia de una colectividad<\/em>. Ambas definiciones son adecuadas al hombre y al poeta.<\/p>\n<p><strong>Las distintas vocaciones<\/strong><\/p>\n<p>El nacimiento en Barinas, el 3 de septiembre de 1905, en el hogar formado por Pompeyo Arvelo Rend\u00f3n y Atilia Torrealba Febres de Arvelo, signific\u00f3 para Alberto Arvelo Torrealba despertar al mundo en un ambiente familiar culto y con abolengo social. Los padres, adem\u00e1s del amor, compart\u00edan el inter\u00e9s por el arte y la literatura, lo que hizo de la vivienda familiar, casa de poes\u00eda, de m\u00fasica, de libros y de veladas. La biblioteca de la casa le nutri\u00f3 desde ni\u00f1o el esp\u00edritu y le brind\u00f3 la oportunidad de comenzar a hacerse el lector que siempre fue. M\u00e1s de una vez record\u00f3 p\u00fablicamente c\u00f3mo su padre se sacrificaba para adquirir todos los n\u00fameros de <em>El Cojo Ilustrado<\/em>, importante revista cultural que se edit\u00f3 en Caracas (1892-1915) y que mucho contribuy\u00f3 a su formaci\u00f3n literaria. A una carta enviada a Rosa Benigna Ramos Calles, en 1934, la acompa\u00f1\u00f3 de revistas y de un ejemplar de <em>Platero y yo<\/em>: <em>Me parece tan primorosa y sugestiva (la edici\u00f3n) que me acorde de usted<\/em>. Con ella cas\u00f3 despu\u00e9s en Acarigua, el 26 de febrero de 1936 y fund\u00f3 un bello hogar.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Atilia motivaba la rutina dom\u00e9stica siendo promotora de veladas en su casa y escribiendo poemas. <em>Cantares y leyendas <\/em>es el t\u00edtulo del libro que public\u00f3 en 1927. Alberto reconoc\u00eda que: <em>Mi madre contribuy\u00f3 a mi inclinaci\u00f3n por el arte y la belleza<\/em>. <em>Aislada en su medio y su cultura, escrib\u00eda poes\u00eda<\/em>. Tambi\u00e9n asociaba a esa vocaci\u00f3n la lectura del \u00e1lbum de recortes, con poemas sacados de peri\u00f3dicos y revistas, que conservaba su hermana Mar\u00eda Lorenza.<\/p>\n<p>La personalidad de do\u00f1a Atilia se hac\u00eda sentir en la ciudad de Barinas y en otras poblaciones del estado, hasta el punto que varias leyendas se crearon alrededor de su persona. Jos\u00e9 Le\u00f3n Tapia la hizo personaje de su novela <em>Tierra de Marqueses <\/em>(1977) y relata como duraba tiempos encerrada en su casa blanca escribiendo poemas y c\u00f3mo su fama de poeta atra\u00eda gentes de varios lugares a pedirle que les escribiera versos para sus novias. Tambi\u00e9n dice que ella, mientras cuidaba los claveles, los lirios blancos, los malabares, les hablaba al igual que a lo arrendajos, cristofu\u00e9s, paraulatas y garzas rojas que permanec\u00edan en jaulas de su jard\u00edn, mientras los alimentaba. Y era capaz de mantenerse en vigilia esperando la madrugaba en que floreciera y perfumara la Dama de noche. La m\u00e1s extravagante leyenda es la de cuando afirm\u00f3 que dos extranjeros rubios que hab\u00edan llegado a la c\u00e1rcel de la ciudad desde la selva del r\u00edo, eran el Archiduque de Austria y su criado de confianza, quienes escaparon de la corte para correr la aventura de la riqueza de Am\u00e9rica. Les dieron tratamiento de nobles, hasta que fueron enviados a Caracas para que se aclarara la duda.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la personalidad de do\u00f1a Atilia se hizo sentir en la conducta del hijo. Cuando en 1918, junto con dos compa\u00f1eros, Alberto fund\u00f3 <em>Ecos de la Escuela Roscio<\/em>, un peri\u00f3dico que rese\u00f1aba noticias de la ciudad de Barinas, a ella no le agrad\u00f3 que le atribuyeran los poemas de su v\u00e1stago, como hab\u00eda sucedido en el n\u00famero 2 con <em>Una vaquita lebruna<\/em>, y el peri\u00f3dico no lleg\u00f3 al cuarto n\u00famero. El\u00a0\u00a0\u00a0 padre\u00a0\u00a0\u00a0 como\u00a0\u00a0\u00a0 empleado\u00a0\u00a0\u00a0 p\u00fablico\u00a0\u00a0\u00a0 devengaba\u00a0\u00a0\u00a0 lo\u00a0\u00a0\u00a0 necesario\u00a0\u00a0\u00a0 para\u00a0\u00a0\u00a0 el mantenimiento de la\u00a0 familia. Adem\u00e1s, don Pompeyo alent\u00f3 su esp\u00edritu de aventura acompa\u00f1ando a su hermano Nicandro en tres o cuatro expediciones de negocios a R\u00edo Negro, en la Guayana Venezolana. Esa zona de explotaci\u00f3n cauchera era, a principios del siglo XX, un atractivo para ir a tentar fortuna. Como dichas expediciones eran frecuentes y los Arvelo Angulo eran 26 hermanos, en todas ellas siempre hab\u00eda alg\u00fan miembro de la familia. Don Pompeyo, m\u00e1s tarde, cont\u00f3 al hijo Alberto los riesgos y peligros vividos entonces, con detalles sobre las dificultades de los viajes de ida y de regreso. El hijo, cuando se hizo escritor, exterioriz\u00f3 la emoci\u00f3n retenida a causa de esos relatos: <em>Bajo ese influjo, navegante de las blancas vaguadas imaginativas, fui de todo coraz\u00f3n un cauchero<\/em>.<\/p>\n<p>Cauchero fue Alberto Arvelo s\u00f3lo en el deseo de la aventura. En su realidad de infancia y juventud en la sabana fue nadador a pie de r\u00edos profundos, pescador que caminaba por los playones de los r\u00edos con arp\u00f3n al hombro, dispuesto a la pesca en pozos hondos. Tambi\u00e9n fue jinete desbocado, con el torso desnudo, bajo la lluvia. Se iba al hato de un t\u00edo y al no m\u00e1s empezar el aguacero, se quitaba la ropa y montaba un potro en pelo, a galope, bajo el agua:<\/p>\n<p><em>Confundi\u00e1nse en lluvia la llanura y el cielo.<\/em><\/p>\n<p><em>Y goc\u00e9 el ba\u00f1o al raso, sobre el caballo en pelo, <\/em><\/p>\n<p><em>por la pampa, al galope, bajo el rudo chubasco<\/em>.<\/p>\n<p>(\u201cBa\u00f1o al raso\u201d)<\/p>\n<p>Una vez gan\u00f3 un concurso de nataci\u00f3n y la persona que le entreg\u00f3 el premio, consistente en un juego de bellos colgaderos de hamaca, le dijo: Usted aprendi\u00f3 a nadar en chorreras (donde la corriente del r\u00edo es m\u00e1s fuerte). A lo que el poeta respondi\u00f3: -\u00bfY c\u00f3mo lo sabe? Y su interlocutor: &#8211; Porque el que aprende a nadar as\u00ed, nada con el pecho afuera. Era su manera preferida de nadar, pues as\u00ed cortaba la avalancha de las aguas con el filo del pecho.<\/p>\n<p>Lo de cazador era combatido por la familia, pero \u00e9l no resist\u00eda la tentaci\u00f3n: <em>Me fugaba con la escopeta a cazar. Yo ten\u00eda muy buena punter\u00eda, y dejaron de <\/em><em>reproch\u00e1rmelo, porque cuando gastaba un real en p\u00f3lvora, tra\u00eda a la casa una pieza de dos bol\u00edvares<\/em>. Cuenta que se iba bajo el sol caliente y permanec\u00eda hasta la noche, en un chinchorro colgado entre dos chaparros, esperando la oportunidad propicia para hacer el disparo. Una vez en Moritas, en una ribera del r\u00edo Bocon\u00f3, \u00e9l y dos compa\u00f1eros, luego de una jornada de ocho horas, pescaron m\u00e1s de cien kilos de cachamas y chernas (especie igual o superior a las truchas). Tambi\u00e9n, entre los rudos aprendizajes de hombre de llano, lleg\u00f3 a ser un certero tirador de cuchillo y muy habilidoso para dirigir pedradas adonde apuntara.<\/p>\n<p>Paralelamente a esos deportes y distracciones propios de los llaneros, la persona taciturna, con cara de distra\u00eddo, penetraba calladamente en la interioridad de las personas; reflexionaba acerca de lo hermoso y lo tr\u00e1gico de la vida en el llano y sobre posibles soluciones a los males que presenciaba. En otro aspecto, su formaci\u00f3n cultural le se\u00f1alaba el derrotero del estudio sistematizado para adquirir una profesi\u00f3n universitaria. Cont\u00f3 que alguna vez quiso ser m\u00e9dico <em>para andar recorriendo el llano, los ca\u00f1os y los r\u00edos, curando al pueblo de sus grandes males<\/em>. En 1929 se inscribi\u00f3 en la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, pero fue expulsado por causas pol\u00edticas. Era uno de los estudiantes de la rebeli\u00f3n contra la dictadura de Juan Vicente G\u00f3mez, de 1928. Despu\u00e9s no continu\u00f3 esos estudios. Luis Beltr\u00e1n Prieto Figueroa fue testigo del sablazo recibido entonces por el poeta en un dedo de la mano, que le dej\u00f3 marca. La decisi\u00f3n por la Medicina hab\u00eda sido consecuencia de la inmensa admiraci\u00f3n que sent\u00eda por el m\u00e9dico, guerrillero y poeta Francisco Lazo Mart\u00ed, quien dedic\u00f3 su vida a ser activo combatiente contra la dictadura de Juan Vicente G\u00f3mez, m\u00e9dico al servicio de todos los que, en la geograf\u00eda del llano insalubre de principios del siglo XX, requirieran de su ciencia, y poeta cantor del llano.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Alberto Arvelo lleg\u00f3 a pensar en la m\u00fasica como medio de encauzar su vocaci\u00f3n de servicio. Se dispuso a aprender a tocar guitarra y cuatro; pero \u00e9l mismo declar\u00f3 que no logr\u00f3 aprender a tocar la guitarra ni a darle al cuatro ritmo criollo. En la musicalizaci\u00f3n que hizo de un poema de Leopoldo Lugones se detuvo su carrera musical. Y en cuanto al baile, le gustaba el joropo, pero dicen que lo bailaba muy mal. Tambi\u00e9n le atra\u00eda el tango.<\/p>\n<p>Al final se decidi\u00f3 por estudiar Derecho, lo m\u00e1s cercano a su vocaci\u00f3n literaria, entre las escasas opciones profesionales que Venezuela pod\u00eda ofrecer en la \u00e9poca. Lo cierto es que se gradu\u00f3 en 1936 de Doctor en Ciencias Pol\u00edticas en la Universidad Central. Seguramente la constataci\u00f3n de los males sociales, tan presentes en el llano, le se\u00f1al\u00f3 la utilidad del conocimiento en materia de leyes, puesto que le permitir\u00eda contribuir a la superaci\u00f3n del primitivismo que all\u00e1 imperaba. No estuvieron fuera de la decisi\u00f3n las ense\u00f1anzas recibidas del Maestro R\u00f3mulo Gallegos en el Liceo \u201cCaracas\u201d, en cuanto a la necesidad de que Venezuela comenzara a sustituir por normas legales el imperio de la fuerza bruta o ley del m\u00e1s fuerte. Adem\u00e1s de que vivi\u00f3 de su profesi\u00f3n de Abogado, bien \u00fatil le fueron sus conocimientos legales en el desempe\u00f1o de cargos p\u00fablicos como: Secretario de Gobierno del Estado Portuguesa (1937), Gobernador del Estado Barinas (1941-44); C\u00f3nsul en Paris, Embajador en Bolivia (1952) y en Italia (1953), Ministro de Agricultura y Cr\u00eda (1953-55). A pesar de que en la madurez lleg\u00f3 a declarar p\u00fablicamente: <em>Tal vez hubiese resultado mejor m\u00e9dico que lo que soy como abogado<\/em>. Era solamente un decir.<\/p>\n<p>Para ser poeta, su mayor y m\u00e1s aut\u00e9ntica vocaci\u00f3n, le bastaba la remembranza de su vida llanera, siempre motivo de emoci\u00f3n y reflexi\u00f3n. A la sabidur\u00eda de la tierra de origen y de su habitante la volvi\u00f3 poes\u00eda; no poes\u00eda espont\u00e1nea como la del llanero com\u00fan que versifica con facilidad, sino poes\u00eda trabajada con esmero y con apoyo en la cultura literaria adquirida por cuenta propia y sin tregua. La suya es poes\u00eda que surgi\u00f3 del llano y de \u00e9l extrajo todas las im\u00e1genes con que expresa la esencia de la tierra y el sentir del llanero, y que va a \u00e9ste como d\u00e1diva interpretativa de \u00e9l mismo en su entorno, y va tambi\u00e9n a todo hombre sentimental y sensible a lo tel\u00farico:<\/p>\n<p><em>El cerro sale a lo llano, <\/em><\/p>\n<p><em>la noche a la ma\u00f1anita,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfHasta cu\u00e1ndo ir\u00e9 yo a andar <\/em><\/p>\n<p><em>tu recuerdo sin salida?<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>Llanos, y llanos, y llanos <\/em><\/p>\n<p><em>cruc\u00e9 por ir a \u201cTu olvido\u201d <\/em><\/p>\n<p><em>y tras tanto caminar<\/em><\/p>\n<p><em>llegu\u00e9 a \u201cTe quiero lo mismo\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>Los dos por la tierra larga<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; noche azul y silenciosa- <\/em><\/p>\n<p><em>Me sent\u00ed jag\u00fcey la vida <\/em><\/p>\n<p><em>entre la luna y la novia.<\/em><em><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Yo aprend\u00ed en tierra abismada <\/em><\/p>\n<p><em>lecci\u00f3n que no tuvo treguas:<\/em><\/p>\n<p><em>ir enga\u00f1ando las leguas <\/em><\/p>\n<p><em>con el silbo y la tonada.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>La ciudad marquesa venida a menos<\/strong><\/p>\n<p>El estado de antigua riqueza agropecuaria, que exportaba tabaco, a\u00f1il y caf\u00e9, por la red fluvial de su territorio, famoso en el mundo por la calidad de sus productos, en el siglo XIX tuvo una ciudad blasonada y marquesa. El escudo enviado por la Corona espa\u00f1ola se conserva como s\u00edmbolo de un ilustre pasado. Del Marqu\u00e9s de las Riberas del Bocon\u00f3 y Masparro, Jos\u00e9 Ignacio del Pumar, quedaron las ruinas de su palacio y el recuerdo de su contribuci\u00f3n a la causa emancipadora.<\/p>\n<p>Los edificios de data colonial en el centro de la ciudad de Barinas han sido testigos y sujetos en el tiempo del paso de la prosperidad a la ruina y de la ruina a la reconstrucci\u00f3n: la Casa del Cabildo, hoy Casa de la Cultura; la Catedral, el Palacio del Marqu\u00e9s, hoy Casa de Gobierno; la casa de los Pulido, hoy Museo \u201cAlberto Arvelo Torrealba\u201d (desde 1981). Los destrozos de la Guerra Federal, en 1859, de la que se dec\u00eda que los hombres \u201cpeleaban como tigres y desaparec\u00edan como fantasmas\u201d, incluyeron la quema de la ciudad. En la cercana Santa In\u00e9s se libr\u00f3 una brillante batalla por la estrategia desarrollada por Ezequiel Zamora. En el escudo del estado figuran el nombre de esa batalla y el lema: <em>Dios y Federaci\u00f3n<\/em>. Debido al desastre y la pobreza las casas de tejas fueron sustituidas por viviendas de bahareque y techos de palmas, degradando el aspecto de la ciudad y las condiciones de la vida familiar. En estas \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XX es cuando se constata un impulso de conversi\u00f3n en moderna ciudad. Barinas, al fin, se recupera, como el Estado, de su largo decaimiento.<\/p>\n<p>Oyendo los relatos de las remotas glorias en \u00e9poca de la Independencia, de la pasada prosperidad del Estado Barinas, de la ciudad y de la familia, creci\u00f3 Alberto Arvelo Torrealba. Los destinos paralelos de abolengos y riquezas devenidos en pobreza y aislamiento fueron su realidad.<\/p>\n<p><strong>El profesor inolvidable<\/strong><\/p>\n<p>Por el entusiasmo y la sapiencia con que trataba los temas de clase, Arvelo Torrealba fue un profesor inolvidable. Por frecuentes olvidos de las horas de comienzo de las clases se presentaba tarde, alargaba la clase ocupando el horario de otros profesores y los alumnos se pon\u00edan nerviosos ante la situaci\u00f3n. Acostumbraba usar sus propios poemas en las clases de literatura y no faltaban las humoradas dichas con cara seria, como buen humorista que era. Manuel Rodr\u00edguez C\u00e1rdenas record\u00f3 en un discurso que gentes de paso se deten\u00edan a o\u00edrlo frente a la ventana que separaba al aula de la calle y al final, aplaud\u00edan.<\/p>\n<p>Siendo presidente del Consejo T\u00e9cnico del Ministerio de Educaci\u00f3n (1940) un grupo de ex alumnos del liceo \u201cLisandro Alvarado\u201d de Barquisimeto solicit\u00f3 un audiencia para plantearle un grave problema que confrontaban con un profesor. Arvelo les facilit\u00f3 el viaje a Caracas, los oy\u00f3 y dialog\u00f3 con ellos. La decisi\u00f3n fue tomada a favor de los alumnos y el profesor fue destituido.<\/p>\n<p>Ya graduado de bachiller, para distraer el ocio por la universidad cerrada, se fue a Barinas y trabaj\u00f3 como maestro. Al regreso a Caracas fue profesor en los colegios: \u201cSagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u201d, \u201cLos Dos Caminos\u201d, \u201cSan Pablo\u201d, \u201cSucre\u201d, y de los liceos: \u201cAndr\u00e9s Bello\u201d, \u201cFerm\u00edn Toro\u201d, \u201cCaracas\u201d y el Instituto Pedag\u00f3gico. La c\u00e1tedra y el tribunal se alternaron con naturalidad en su vida. El Derecho lo ejerci\u00f3 hasta el final de sus d\u00edas.<\/p>\n<p>Como Presidente del Estado Barinas fund\u00f3 en Barrancas el Internado Rural \u201cEl Libertador\u201d (IREL) <em>con miras a que los j\u00f3venes aprendieran un oficio provechoso y no se quedaran varados en sus esperanzas<\/em>. Se les ense\u00f1aba a sembrar, mec\u00e1nica de tractores, canto y amor por Bol\u00edvar y otros valores de la patria. Fue famoso el Conjunto Coral del IREL. Acostumbraba ir all\u00e1 semanalmente de visita con ropa de llanero, cuatro en mano y copla a flor de labios. A \u00e9l le gustaba ponerse alpargatas, franela y sombrero pelo \u00b4e guama, cada vez que pod\u00eda. As\u00ed recibi\u00f3 a una periodista, en el fundo \u201cUverito\u201d de su cu\u00f1ado, que lo fue a entrevistar por haber ganado el Premio Nacional de Literatura. En la ciudad usaba sombrero borsalino.<\/p>\n<p>Antes de que en Israel se crearan los kibbutz o escuelas-talleres agr\u00edcolas, antes de la fundaci\u00f3n en el pa\u00eds del Instituto Nacional de Cooperaci\u00f3n Educativa (INCE), en 1942, Arvelo Torrealba concibi\u00f3 esas instituciones agr\u00edcolas y artesanales a fin de preparar como trabajadores a j\u00f3venes sin recursos para seguir estudios. El IREL fue clausurado poco despu\u00e9s de su renuncia como Presidente del Estado Barinas.<\/p>\n<p>Refiri\u00f3 una vez Ra\u00fal Blonval la respuesta que le dio el Presidente Arvelo cuando fue a pedirle empleo mientras ingresaba en la universidad: &#8211;<em>Como Bachiller no sabes hacer nada. En Venezuela los Bachilleres o son mujiquitas o son maestros: te voy a nombrar maestro del IREL (Ecos del Llano, <\/em>mayo<em>, <\/em>1971<em>)<\/em>.<\/p>\n<p><strong>La pasi\u00f3n fluvial<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Recorro las etapas de mi vida. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Estos son mis r\u00edos<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(G. Ungaretti, trad. A.A.T.)<\/p>\n<p>En el llanero la huella interior de la tierra extendida es inseparable de la mutable presencia de los r\u00edos que la surcan. El haber crecido oyendo a toda hora el r\u00edo Santo Domingo, que corr\u00eda a cien metros de la casa <em>sonajero en las noches de verano, atronador en las de invierno<\/em>, familiariz\u00f3 a Alberto Arvelo Torrealba con las aguas fluviales. <em>Cada quien va a lo que le gusta. A mi hermano le gustaban los toros y result\u00f3 coleador, a mi me ha gustado siempre el agua<\/em>. Consideraba que su predilecci\u00f3n por los r\u00edos era cosa de herencia. Su padre para hacerse cauchero se iba de r\u00edo en r\u00edo desde Barinas hasta el Orinoco, y en San Fernando de Atabapo se introduc\u00eda en la selva, en curiaras.<\/p>\n<p>Las remembranzas de los a\u00f1os de infancia y juventud se le presentaban empapados de aguas con nombres de ca\u00f1os y de r\u00edos: Guanare, Caipe, Pag\u00fcey, Bocon\u00f3, Masparro. Sus riberas y corrientes supieron de sus disfrutes de nado, de pesca, de navegaciones, y tambi\u00e9n de muchas contemplaciones. El paso Juan Pablito, en el Santo Domingo, fue el preferido en la ni\u00f1ez, por la fuerte chorrera y el hondo remanso que all\u00ed encontraba. En las piraguas que constru\u00eda con sus compa\u00f1eros, con ca\u00f1as bravas sujetas con lianas, hac\u00eda de Armador. Varias veces en las aventuras hubo naufragios, pero la destreza de los nadadores impidi\u00f3 la tragedia.<\/p>\n<p>Con orgullo dec\u00eda que antes de obtener el certificado de Primaria Superior y de familiarizarse con los escritores cl\u00e1sicos que lo formaron, ya hab\u00eda aprendido a nadar con personal estilo y a dirigir la canoa entre carameras (restos de troncos de \u00e1rboles en la corriente de un r\u00edo). Como canoero practicaba el riesgo de ir de un extremo a otro de la embarcaci\u00f3n y volver corriendo hacia el extremo inicial, para ganar espacio. Tambi\u00e9n condujo, por puro placer, la canoa \u201cMucuritas\u201d del Concejo Municipal y en ella sol\u00eda desplazarse por la margen izquierda del Santo Domingo. En el breve recorrido de Torunos a El Real llevaba a veces a las hermanas y a algunas amigas. A los 20 a\u00f1os versific\u00f3 la impresi\u00f3n de uno de esos paseos, cuando la curiara le parec\u00eda <em>cual un bendito tronco \/ que hubiese echado rosas \/ en la mitad del r\u00edo<\/em>.<\/p>\n<p>De viaje por Europa, a la vista de cada r\u00edo recordaba, por comparaci\u00f3n o contraste, los r\u00edos de Venezuela. Contemplando diez barcazas que transitaban el Sena parisino, m\u00e1s peque\u00f1o que el Orinoco y el Apure, reflexionaba sobre la vida flotante que podr\u00edan tener los r\u00edos nacionales. Recorriendo el Beni, al mando de una embarcaci\u00f3n y en compa\u00f1\u00eda de cinco embajadores, en Italia, sinti\u00f3 hondas resonancias de la naturaleza de origen: <em>Qu\u00e9 maravillosa similitud en las l\u00edneas y la luz del paisaje; qu\u00e9 hermandad en la riqueza, en la pre\u00f1ez de porvenir, en la solidez y el abandono. Ante el fluvial embrujo, un rezago de juventud me sacudi\u00f3 los m\u00fasculos y me pas\u00e9 el r\u00edo dos veces bajo el pecho desnudo<\/em>. En un atardecer lo lleg\u00f3 a navegar solo, en curiara. Es que en cualquier parte, la pasi\u00f3n fluvial lo pose\u00eda.<\/p>\n<p>Desde tempranos a\u00f1os comenz\u00f3 a pensar y a documentarse sobre la importancia hist\u00f3rica y la potencialidad de los r\u00edos del occidente del pa\u00eds, y en 1952, <em>Caminos que andan <\/em>(Panorama y destino del Oeste Venezolano), dio cuenta de esa preocupaci\u00f3n, mientras se desempe\u00f1aba como Embajador en Bolivia. El libro, dijo en 1971, era <em>un libro que se qued\u00f3 en La Paz y ahora vuelve a Venezuela<\/em>. Los maltratos de salud le hac\u00edan sentir que estaba viviendo sus \u00faltimos a\u00f1os, raz\u00f3n por la que deseaba que fuera conocido lo m\u00e1s pronto por sus coterr\u00e1neos. Con cu\u00e1nta angustia y amor lo revisaba y ampliaba para la edici\u00f3n que har\u00eda la Gobernaci\u00f3n del Estado Barinas. Le correspondi\u00f3 al poeta Carlos Augusto Le\u00f3n, su frecuente visitante, testimoniar ese \u00faltimo empe\u00f1o del poeta y complacerle en la lectura de algunos cap\u00edtulos. Desde la postraci\u00f3n a la que lo hab\u00eda reducido la diabetes, exterioriz\u00f3 en el di\u00e1logo su pasi\u00f3n por los r\u00edos del llano, las aventuras en ellos y la preocupaci\u00f3n porque dejaran de ser fuerza amenazante para el hombre y se les pudiera regresar a la condici\u00f3n de navegables.<\/p>\n<p>Ni las noticias \u00faltimas sobre su enfermedad, nada buenas, le disminuyeron el humor que el poeta acostumbraba desplegar en el trato familiar y amistoso. Al no m\u00e1s serle amputada la pierna izquierda hizo enviar a un amigo y colega un telegrama: <em>Pata condenada a muerte. Apelaci\u00f3n denegada. Sentencia ejecutada al amanecer<\/em>. En familia dec\u00eda: <em>Barinas ya tiene su cojo<\/em>. Tambi\u00e9n expuso la posibilidad de que la pierna amputada pudiera serle sustituida por un trozo de \u00e1rbol de sus llanos, para as\u00ed estar de nuevo en contacto con la tierra y otra vez florecieran sus versos.<\/p>\n<p>Ni \u00e9l ni ninguno de los que estaban a su lado pensaron que \u00e9sa ser\u00eda su \u00faltima tarde. Muri\u00f3 al amanecer del 28 de marzo de 1971. La muerte se adelant\u00f3 al homenaje que le preparaban en Barinas con motivo de la reedici\u00f3n de <em>Caminos que andan<\/em>, que sali\u00f3 ese mismo a\u00f1o y fue presentado sin su presencia. En esas p\u00e1ginas est\u00e1 \u00edntegro el hombre fluvial y el llanero de serias preocupaciones por un destino de prosperidad para su tierra y para Venezuela. Menos mal que cuando, en 1966, el Colegio M\u00e9dico de Barinas le rindi\u00f3 un homenaje por haber ganado el Premio Nacional de Literatura, el poeta le pidi\u00f3 a Jos\u00e9 Le\u00f3n Tapia: <em>Re\u00faneme ma\u00f1ana a mis amigos de infancia y juventud que van quedando, pues quiero conversar con ellos sobre lo que nos ha unido siempre<\/em>. Y se celebr\u00f3 una ternera en el hato \u201cGarzas\u201d de Guillermo Febres (el Meneno del poema infantil) con los viejos amigos, incluido el patr\u00f3n de \u201cMucuritas\u201d y cantadores de Santa In\u00e9s. Fue un emotivo encuentro para revivir el sabor de la tierra nativa y actualizar recuerdos. El \u00faltimo que tuvo en tierra barinesa. Como Albertico estaba en Europa, al recibir la fatal noticia viaj\u00f3 de Colonia a Par\u00eds, busc\u00f3 la casa que hab\u00edan habitado, la escuela en la avenida George V, y frente a ellos permaneci\u00f3 horas recordando su vida de infancia junto al padre y los versos que \u00e9l acostumbraba repetir.<\/p>\n<p><strong>Los caminos que andan<\/strong><\/p>\n<p>A la pasi\u00f3n fluvial, sum\u00f3 Alberto Arvelo la preocupaci\u00f3n fluvial. La angustia por el descuido de los r\u00edos: talas en sus cabeceras, mal uso como portadores de desechos, lo hizo adquirir conocimientos conservacionistas. En la restituci\u00f3n de esos \u201ccaminos que andan\u201d ve\u00eda una nueva prosperidad para el occidente del pa\u00eds. Los pensaba otra vez uniendo poblaciones y facilitando el traslado de gentes de <em>la tierra sin humus <\/em>(la monta\u00f1a), a la que consideraba tierra de promisi\u00f3n: <em>No hay derecho a que el hombre marchite lo mejor de su vida recogiendo cosechas m\u00ednimas, cuando apenas a 100 kms. de sus descarnados sembrad\u00edos hay comarcas ociosas donde podr\u00eda percibirlas \u00f3ptimas, con margen para dedicarle algunas horas al riego espiritual de los secanos \u00edntimos\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Cuando fue Presidente del Estado Barinas orden\u00f3 el dragado y despeje de los principales r\u00edos, a pesar de los escasos 60.000 bol\u00edvares mensuales de presupuesto. Un d\u00eda le cont\u00f3 emocionado a su exalumno Francisco Vera Izquierdo que hab\u00eda visto construyendo un bongo a orillas del Masparro, lo que no hab\u00eda sucedido en los \u00faltimos 50 a\u00f1os. Tambi\u00e9n se interes\u00f3 en hacer campa\u00f1a antipal\u00fadica.<\/p>\n<p>En la lectura de <em>Caminos que andan <\/em>est\u00e1 presente el escritor de serias reflexiones sobre geograf\u00eda, econom\u00eda, pol\u00edtica y habitante de su tierra entra\u00f1able, quien ni en el exterior desaprovech\u00f3 oportunidades para divulgar las condiciones de la naturaleza de la tierra llana como factor de progreso. En el pr\u00f3logo alerta: <em>No ha dejado de parecer extra\u00f1o que siendo yo abogado y no ge\u00f3grafo ni economista, versado en hojas de c\u00f3digos y no de agrestes espesuras, diplom\u00e1tico a veces y nunca anotador de coordenadas, coplero, sembrador de espinas y <\/em><em>espinelas (coplas), haya escogido como tema de mi primer libro de ensayos \u00e9ste de tan complejo fondo y trascendencia, como es el de nuestra proyecci\u00f3n neoecon\u00f3mica de los Llanos Occidentales<\/em>. Lo que suced\u00eda es que la pasi\u00f3n de Arvelo por el llano era t\u00e1nta y m\u00faltiple, que no descuid\u00f3 ning\u00fan aspecto para su total conocimiento.<\/p>\n<p><strong>El gran poeta de las coplas cultas<\/strong><\/p>\n<p>El ni\u00f1o Luis Alberto, que as\u00ed se llamaba por haber nacido el d\u00eda de San Luis, pas\u00f3 toda una noche en vela componiendo su primera copla:<\/p>\n<p><em>El canoero del Caipe <\/em><\/p>\n<p><em>le dijo al del Bocon\u00f3:<\/em><\/p>\n<p><em>mi r\u00edo es m\u00e1s grande que el tuyo <\/em><\/p>\n<p><em>y al otro no le gust\u00f3.<\/em><\/p>\n<p>Ya su mente y su esp\u00edritu comenzaban a ser habitados por la geograf\u00eda del llano y sus personajes de leyendas, a los que inmortaliz\u00f3 en su poes\u00eda. El mito de Florentino y el Diablo fue el m\u00e1s persistente, como veremos. A otros, como el Canoero del Caipe, los trat\u00f3 en un solo poema, en este caso, impactante. La estrofa inicial resume el drama:<\/p>\n<p><em>Al canoero del Caipe,<\/em><\/p>\n<p><em>que era un catire apure\u00f1o, <\/em><\/p>\n<p><em>le quit\u00f3 el amor de golpe <\/em><\/p>\n<p><em>quien lo quiso tanto tiempo<\/em>.<\/p>\n<p>Ese primer desvelo po\u00e9tico tambi\u00e9n fue el inicio de la familiaridad con la copla: estrofa generalmente de cuatro versos de ocho s\u00edlabas (octos\u00edlabos) cada uno, en la que dos de los versos riman entre s\u00ed y los otros dos quedan libres.<\/p>\n<p>Unos 30 a\u00f1os transcurrieron entre esa primera copla y <em>Cantas <\/em>(1933), el libro de la revelaci\u00f3n como m\u00e1ximo poeta del llano. Fue el libro de la sorpresa ante una poes\u00eda motivada por la sabana y escrita en las formas de la poes\u00eda popular, pero distinta. Al libro lo consider\u00f3 Mariano Pic\u00f3n Salas un <em>verdadero <\/em><em>acontecimiento nacional<\/em>. Humberto Cuenca dijo: <em>el paisaje del joropo y el corr\u00edo va a tener puerta de entrada en nuestra literatura culta. Cantas <\/em>ha conservado su importancia por el modo particular de cantar al llano y a su habitante, desde las dos interioridades siempre reunidas. El abundante uso de la segunda persona del singular con la sabana y con la gente, refleja la intimidad que el poeta estableci\u00f3 con ambos:<\/p>\n<p><em>Sabana de secos tallos\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De puro mirar el llano<\/em><\/p>\n<p><em>uno te aprendi\u00f3 a querer\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 tus claros ojos verdean<\/em><\/p>\n<p><em>en boca de tu mujer\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 porque tienen las ternuras<\/em><\/p>\n<p><em>en lomo de tus caballos.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 del color de lo que sue\u00f1an.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 120px;\"><em>C\u00f3mo tendr\u00e1s de congojas <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 120px;\"><em>que ya no te quedan <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 120px;\"><em>ni hojas arbolito sabanero.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 120px;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>El poeta no se queda en la pura contemplaci\u00f3n del paisaje, sino que lo trata como a un ser humano:<\/p>\n<p><em>La trocha pelada y fija\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y digo a la Virgen<\/em><\/p>\n<p><em>el MAC nos subi\u00f3 la leche\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Madre milagrosa:<\/em><\/p>\n<p><em>el INOS nos subi\u00f3 el agua\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 l\u00edbrame del mundo,<\/em><\/p>\n<p><em>y el Municipio los frentes.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 del Diablo y de Rosa.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(Aguinaldo familiar)<\/p>\n<p>En los m\u00e1s o menos 30 a\u00f1os transcurridos entre la primera copla y Cantas, se creci\u00f3 el poeta. Mucho ejercicio de escrituras, muchas lecturas: las novelas de R\u00f3mulo Gallegos, Ricardo G\u00fciraldes, Jos\u00e9 Eustasio Rivera; la poes\u00eda de Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez, Francisco Lazo Mart\u00ed, m\u00e1s los autores cl\u00e1sicos; muchas meditaciones, hasta alcanzar su personal\u00edsima expresi\u00f3n, distinta a la de la multitud de versificadores de sabana que lanzan sus coplas en cumplimiento de aquel: <em>me van saliendo los versos \/ como agua de manantial. <\/em>Ellos miran la sabana en su paisaje y costumbres, o en comparaci\u00f3n con alg\u00fan sentimiento. Alberto Arvelo Torrealba halla en cualquier elemento del paisaje pasiones y sentimientos, y trama sus comportamientos con sentires y estados del esp\u00edritu humano:<\/p>\n<p><em>Mi madre bord\u00f3 en cari\u00f1os <\/em><\/p>\n<p><em>su rosaleda fragante:<\/em><\/p>\n<p><em>le pagaron poda y riego<\/em><\/p>\n<p><em>con hondo amor los rosales.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>C\u00f3mo se fue la gar\u00faa, <\/em><\/p>\n<p><em>c\u00f3mo se vino el verano, <\/em><\/p>\n<p><em>c\u00f3mo se estira a lo lejos <\/em><\/p>\n<p><em>el canto del taro-taro.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>El amor abunda en las coplas de Arvelo Torrealba, siempre involucrado en la naturaleza del llano:<\/p>\n<p><em>Me cogi\u00f3 la noche negra\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Este campo que t\u00fa cargas<\/em><\/p>\n<p><em>en los esteros de Arauca\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 todo en ti, guarique\u00f1ita.<\/em><\/p>\n<p><em>y me fui para tus ojos\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Tan ca\u00f1a dulce tu boca,<\/em><\/p>\n<p><em>por la pica de una canta.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 tan jag\u00fceyes tus pupilas!<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\"><em>\u00a1C\u00f3mo se ponen de amargos <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\"><em>los mediod\u00edas llaneros!<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\"><em>(Se puso a so\u00f1ar la sombra, <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\"><em>se acord\u00f3 de tus cabellos).<\/em><\/p>\n<p>Otras coplas de Cantas expresan ideas, mueven a pensar:<\/p>\n<p><em>Qui\u00e9n es por fin, quien se queja <\/em><\/p>\n<p><em>cuando el fuego lame el agua,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfo el agua porque se quema <\/em><\/p>\n<p><em>o el fuego porque se apaga?<\/em><\/p>\n<p><em>Lejos rezongan los cardos <\/em><\/p>\n<p><em>tristes porque no reto\u00f1an:<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; Si al rosal siempre lo riegan,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfqu\u00e9 gracia es que tenga rosas?<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Para mentiras el pueblo, <\/em><\/p>\n<p><em>para verdad la llanura. <\/em><\/p>\n<p><em>Cuando ves la luna entera <\/em><\/p>\n<p><em>ves no m\u00e1s que media luna.<\/em><\/p>\n<p>Y no faltan en el libro temas de inter\u00e9s para los ni\u00f1os, bien porque el poeta les invent\u00f3 un poema, como en el caso de \u201cMeneno\u201d.<\/p>\n<p><em>Meneno, esta ma\u00f1anita <\/em><\/p>\n<p><em>el pollinito lanudo <\/em><\/p>\n<p><em>corriendo en el callej\u00f3n<\/em><\/p>\n<p><em>se gan\u00f3 a todos los burros.<\/em><\/p>\n<p>o porque trat\u00f3 un tema del folklore para ellos, como es el caso de T\u00edo Conejo: <em>Vida de T\u00edo Conejo \/ yo la cuento y t\u00fa la cantas<\/em>.<\/p>\n<p>A partir del verso octos\u00edlabo y la copla, en <em>Cantas <\/em>Arvelo invent\u00f3 la \u201ccanta\u201d, a la que defini\u00f3 as\u00ed: Las saetas populares atra\u00edan mi inter\u00e9s, y la copla se hizo canta, forma micropoem\u00e1tica por m\u00ed ideada, en que la cuarteta del medio sugiere unos compases de cuatro, entre las dos voces de un contrapunteo breve y estilizado breve y estilizado. En la canta N\u00ba 31 el poeta usa nombres de lugares del llano para expresar la soledad y los recuerdos:<\/p>\n<p><em>Me voy por esta sabana<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; arpa que afin\u00f3 el silencio \u2013 <\/em><\/p>\n<p><em>duros bancos de \u201cVoy Solo\u201d <\/em><\/p>\n<p><em>caminito de \u201cAgua Lejos\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>Rinconada de \u201cLos Bueyes\u201d <\/em><\/p>\n<p><em>arenales del \u201cOlvido\u201d \u2026 <\/em><\/p>\n<p><em>En el alma de estos nombres <\/em><\/p>\n<p><em>le \u201cflori\u00f3\u201d pena al camino.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>Caminito de \u201cAgua Lejos\u201d <\/em><\/p>\n<p><em>sembr\u00e9 una palma de olvidos <\/em><\/p>\n<p><em>y me reto\u00f1\u00f3 recuerdos<\/em>.<\/p>\n<p><em>Que Dios lo tenga en la gloria, en un sepulcro de cantas<\/em>, se limit\u00f3 a decir Miguel Otero Silva cuando muri\u00f3 Alberto Arvelo Torrealba.<\/p>\n<p><strong>Tambi\u00e9n poeta de romances y d\u00e9cimas<\/strong><\/p>\n<p>Por la decidida preferencia del poeta por el octos\u00edlabo y sus combinaciones propias de la expresi\u00f3n del llanero: copla, romance y d\u00e9cima, en el pasado quedaron definitivamente el soneto y los versos y estrofas con otras medidas. ya en <em>Cantas<\/em>, despu\u00e9s de las 45 \u201ccantas\u201d, aparecen usados el romance: \u201cOjos color de los pozos\u201d, \u201cEl Canoero del Caipe\u201d; y la d\u00e9cima en \u201c\u00c1lbum de Mariela\u201d. Antes, en <em>M\u00fasica de Cuatro <\/em>hab\u00eda anunciado un libro de romances, que no public\u00f3.<\/p>\n<p>De unidades de cuatro d\u00e9cimas est\u00e1 compuesto <em>Glosas al cancionero <\/em>(1940). En cada poema el autor glosa alguna copla popular, una suya o una de otro autor. Como es caracter\u00edstico en las glosas, cada estrofa concluye con un verso de la copla escogida. En ellas el poeta mostr\u00f3 igualmente la riqueza de su canto \u00fanico, la imaginaci\u00f3n para poetizar a su manera el universo escogido, el conocimiento del idioma castellano tanto culto como popular-regional y la lograda destreza para versificar:<\/p>\n<p><em>Cont\u00e1ndole los luceros<\/em><\/p>\n<p><em>a la noche millonaria<\/em><\/p>\n<p><em>atraviesa solitaria<\/em><\/p>\n<p><em>la copla por los esteros <\/em><\/p>\n<p><em>Los caminos sabaneros <\/em><\/p>\n<p><em>van como \u00e1nimas en pena. <\/em><\/p>\n<p><em>La luna finge en la arena <\/em><\/p>\n<p><em>la estela de una piragua:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 malo el mundo sin agua!<\/em><\/p>\n<p><strong><em>dice la garza morena<\/em><em>.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>No me preguntes la clave <\/em><\/p>\n<p><em>de mis cantares dispersos;<\/em><\/p>\n<p><em>si yo muy bien se que en versos <\/em><\/p>\n<p><em>la mujer es la que sabe.<\/em><\/p>\n<p><em>Mas si te me quedas grave, <\/em><\/p>\n<p><em>si tu madre te mand\u00f3<\/em><\/p>\n<p><em>a que me digas que no,<\/em><\/p>\n<p><em>yo con la vida hecha zarza <\/em><\/p>\n<p><em>cantar\u00e9 como la garza:<\/em><\/p>\n<p><strong><em>ahora s\u00ed me muero yo.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Son las dos \u00faltimas d\u00e9cimas de la glosa de la copla popular:<\/p>\n<p><em>Canta el patico yaguaso:<\/em><\/p>\n<p><em>la laguna se sec\u00f3. <\/em><\/p>\n<p><em>Dice la garza morena:<\/em><\/p>\n<p><em>ahora s\u00ed me muero yo.<\/em><\/p>\n<p>Fue nativista Alberto Arvelo, t\u00e9rmino que corresponde a los poetas que expresan lo genuinamente venezolano, seg\u00fan el mismo lo aclar\u00f3.<\/p>\n<p><strong>La obsesi\u00f3n de Florentino y el Diablo<\/strong><\/p>\n<p>De la magia de la sabana escogi\u00f3 Arvelo Torrealba el mito de Florentino y el Diablo para convertirlo en romance propio. De los m\u00e1s de 30 a\u00f1os que dedic\u00f3 obsesivamente a hacer versiones del poema resultaron tres principales: la primera, en 1940 (1\u00aa. ed. <em>Glosas al cancionero<\/em>) , con 280 versos; la segunda, en 1950 (2da. ed. <em>Glosas <\/em>\u2026.) con 460 versos y la tercera, en 1957 (<em>Florentino y el Diablo<\/em>), con 1.500 versos. En el pr\u00f3logo del libro donde reunieron las tres versiones (1985) los dos hijos opinan: <em>Fue escrito y expandido tres veces, con tal severidad de transformaciones, con tantos versos renacidos o incorporados a cada una de las tres versiones, que casi podr\u00eda hablarse de tres poemas distintos con unos versos comunes y un tema permanente<\/em>. Despu\u00e9s Arvelo s\u00f3lo escribi\u00f3 poes\u00edas sueltas. El propio hijo le reclamaba por carta un nuevo libro, le dec\u00eda que todos los venezolanos que hab\u00eda conocido en Argentina se sab\u00edan alguna copla suya, sent\u00edan a Venezuela en sus versos.<\/p>\n<p>El mito de Florentino y el Diablo existe en otros pa\u00edses del continente con geograf\u00eda de sabana, y tiene distintos finales y nombres de personajes. En Argentina, por ejemplo, se llama Santos Vega, quien al ser derrotado por el Diablo muere triste y avergonzado. En Venezuela, en cambio, Florentino, con inteligencia y astucia, le gana al Diablo antes que \u00e9ste lo haga su presa:<\/p>\n<p><em>El Diablo<\/em><\/p>\n<p><em>Ceniza ser\u00e1 su voz, <\/em><\/p>\n<p><em>rescoldo de muerto af\u00e1n <\/em><\/p>\n<p><em>sed ser\u00e1 su \u00faltima huella <\/em><\/p>\n<p><em>n\u00e1ufraga en el arenal, <\/em><\/p>\n<p><em>humo ser\u00e1n sus caminos, <\/em><\/p>\n<p><em>piedra sus sue\u00f1os ser\u00e1n, <\/em><\/p>\n<p><em>carb\u00f3n ser\u00e1 su recuerdo, <\/em><\/p>\n<p><em>lo negro en la eternid\u00e1, <\/em><\/p>\n<p><em>para que no me responda<\/em><\/p>\n<p><em>ni se me resista m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Capit\u00e1n de la Tiniebla<\/em><\/p>\n<p><em>es quien lo viene a buscar.<\/em><\/p>\n<p>Florentino se restea al aceptar la invitaci\u00f3n del misterioso personaje que una noche de tormenta se aparece para invitarlo a contrapuntear, y tuvo la ocurrencia de alargar el canto hasta las primeras luces del alba, cuando invoca una retah\u00edla de v\u00edrgenes y santos:<\/p>\n<p><em>Florentino<\/em><\/p>\n<p><em>Mucho gusto en conocerlo <\/em><\/p>\n<p><em>tengo se\u00f1or Satan\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Zamuros de la Barrosa <\/em><\/p>\n<p><em>salgan del Alcornocal<\/em><\/p>\n<p><em>que al Diablo lo cogi\u00f3 el d\u00eda <\/em><\/p>\n<p><em>queri\u00e9ndome atropellar.<\/em><\/p>\n<p><em>S\u00e1came de aqu\u00ed con Dios <\/em><\/p>\n<p><em>Virgen de la Soled\u00e1,<\/em><\/p>\n<p><em>Virgen del Carmen bendita, <\/em><\/p>\n<p><em>sagrada Virgen del Real, <\/em><\/p>\n<p><em>tierna Virgen del Socorro, <\/em><\/p>\n<p><em>dulce Virgen de la Paz, <\/em><\/p>\n<p><em>Virgen de la Coromoto, <\/em><\/p>\n<p><em>Virgen de Chiquinquir\u00e1, <\/em><\/p>\n<p><em>piadosa Virgen del Valle, <\/em><\/p>\n<p><em>Santa Virgen del Pilar,<\/em><\/p>\n<p><em>Fiel Madre de los Dolores, <\/em><\/p>\n<p><em>dame el fulgor que t\u00fa das, <\/em><\/p>\n<p><em>San Miguel d\u00e1me tu escudo, <\/em><\/p>\n<p><em>tu rej\u00f3n y tu pu\u00f1al,<\/em><\/p>\n<p><em>Ni\u00f1o de Atocha bendito, <\/em><\/p>\n<p><em>Sant\u00edsima Trinid\u00e1.<\/em><\/p>\n<p>Entonces el Diablo, se\u00f1or de las tinieblas, huye espantado y Florentino termina ganador en la contienda po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Arvelo respet\u00f3 la historia del mito recogido de la tradici\u00f3n oral. Los dos protagonistas, al igual que otros personajes literarios, fueron sus \u00edntimos compa\u00f1eros, hasta el punto que a seis de ellos y <em>a todos los grandes corazones que palpitan en los libros de Am\u00e9rica <\/em>dedic\u00f3 <em>Glosas del Cancionero<\/em>. A Florentino y al Diablo los trataba como a seres vivientes, los juzgaba, los unificaba en un com\u00fan amor a la belleza y con ellos ejercitaba su humor. En carta a Antonio Est\u00e9vez (Acarigua, 6-12-61) le confes\u00f3 lo acosado que se sent\u00eda por los dos para que siguiera la porf\u00eda, pero, afirma, no lo iban a lograr. El m\u00e1s interesado era el Diablo <em>porque no se conformaba con haber perdido la batalla<\/em>, pues: <em>s\u00e9 que el jinete del trote sombr\u00edo anda diciendo por los hatos de Barinas que pedir\u00e1 la nulidad del poema, porque en su \u00faltimo canto hubo milagro, patentizado en adelanto fraudulento de la aurora<\/em>\u201d<\/p>\n<p>El poeta confesaba su preferencia por el Diablo, a quien cre\u00eda: <em>m\u00e1s hondo, m\u00e1s po\u00e9tico, m\u00e1s m\u00fasico, m\u00e1s humano en las resonancias de la tragedia y la amargura<\/em>; mientras que Florentino le parec\u00eda <em>m\u00e1s fresco de lirismo, m\u00e1s \u00e1gil de epigrama, m\u00e1s sabio de imagen pechera, m\u00e1s brujo de rasgueo en las cuerdas, m\u00e1s rico de atropello en el cantar<\/em>.<\/p>\n<p><strong>La imponente Cantata<\/strong><\/p>\n<p>El Maestro Antonio Est\u00e9vez, nativo del llano, maravillado por el romance <em>Florentino y el Diablo<\/em>, compuso la <em>Cantata Criolla, Florentino el que cant\u00f3 con el Diablo<\/em>. Al fin encontraba realizado su deseo de que la naturaleza y la cultura llaneras pudieran ser sentidas por cualquier ser humano, de cualquier lugar del mundo, a trav\u00e9s del arte.<\/p>\n<p>La forma de la cantata le fue adecuada, puesto que ella re\u00fane m\u00fasica instrumental y voces. La descripci\u00f3n musical de la tierra plana est\u00e1 realizada con notas largas en un marco de pocas y recias notas cortas, y como fondo: un persistente ritmo de cabalgadura, y a veces, tonadas de orde\u00f1o. Los sonidos del agua y del viento, producidos por instrumentos, completan la descripci\u00f3n. De seguidas, un ritmo acelerado de joropo acompa\u00f1a el contrapunteo de los dos solitas: un tenor (Florentino) y un bajo (el Diablo), quienes cantan los versos del romance de Arvelo Torrealba. Para los grandes momentos el compositor utiliz\u00f3 fragmentos de m\u00fasicas religiosas: en la invitaci\u00f3n a cantar hecha por el Diablo a Florentino, se oye el \u201cDies irae\u201d (D\u00eda de Ira\u201d: canto del oficio de difuntos; en la huida del Diablo al sentirse derrotado, el \u201cAve Maris Stella\u201d (Salve, Estrella los Mares). El 25 de julio de 1954 una multitud colm\u00f3 la capacidad del Teatro Municipal de Caracas para presenciar el estreno de la Cantata Criolla, dirigida por el propio Antonio Est\u00e9vez. Se desbord\u00f3 la emoci\u00f3n en gritos y muy prolongados aplausos. Hab\u00eda nacido una de las obras musicales que proyectar\u00eda el ser nacional en el mundo. Ella figura entre las m\u00e1s representativas de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p><strong>El llano otra vez en prosa<\/strong><\/p>\n<p>En el \u00faltimo libro: <em>Lazo Mart\u00ed, vigencia en lejan\u00eda <\/em>(1965) , Arvelo volvi\u00f3 al tema del llano con escritura en prosa, bella prosa. Esta vez para la interpretaci\u00f3n de la \u201cSilva criolla\u201d de Francisco Lazo Mart\u00ed<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n le ocup\u00f3 varios a\u00f1os de viajes de Caracas al llano para observar la vida de las plantas y animales que aparecen en el poema; hizo adem\u00e1s indagaciones entre campesinos y visitas a los pueblos y sabanas donde hab\u00eda estado el poeta. Lleg\u00f3 a constatar que el espinito florece en octubre y no en mayo y junio, como se cree. En cuatro nidos de cucaracheros que se hizo conseguir, comprob\u00f3 que adentro hab\u00eda plumas de turpiales, porque el turpial le roba el nido al cucarachero: <em>conquistar con la fuerza y la osad\u00eda \/ nidos para el invierno los turpiales<\/em>.<\/p>\n<p>El laborioso trabajo de Arvelo Torrealba concluy\u00f3 en 1965. Ni una enfermedad lo detuvo: redact\u00f3 la segunda parte desde la cama, boca abajo y con la m\u00e1quina de escribir en suelo. Con el libro obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en 1966.<\/p>\n<p><strong>Una poes\u00eda errante<\/strong><\/p>\n<p>El pueblo se ha apropiado de la poes\u00eda de Alberto Arvelo Torrealba. M\u00fasicos y cantores del llano van de pueblo, de sabana en sabana, cantando sus coplas y romances, combinando sus versos con los de las propias invenciones. Por eso del romance <em>Florentino y el Diablo <\/em>hay m\u00e1s de cuarenta versiones, aun cuando la edici\u00f3n estuvo agotada durante 25 a\u00f1os.<\/p>\n<p>El nombre del poeta recibe trato de hermandad entre la gente del llano. Muchos de sus versos y coplas son parte del habla cotidiana de los llaneros. Algo excepcional trat\u00e1ndose de una poes\u00eda culta.<\/p>\n<p>La satisfacci\u00f3n que, si le fuera posible reconocer, le producir\u00edan los homenajes de estatua, calle y museo con su nombre en Barinas, Distrito ep\u00f3nimo con capital en Sabaneta (desde 1975), quiz\u00e1s no igualar\u00eda en Alberto Arvelo Torrealba la emoci\u00f3n de que su poes\u00eda forme parte de la expresi\u00f3n sentimental de quienes la motivaron. En Alberto Arvelo Torrealba se cumpli\u00f3 su temprana vocaci\u00f3n de juglar, de trovador.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Caracas, 1996<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda fundamental<\/strong><\/p>\n<p>Angulo Arvelo, Luis Alejandro: <em>El fauno cautivo<\/em>. Biograf\u00eda de Alfredo Arvelo Larriva. Caracas: Monte \u00c1vila, 1985.<\/p>\n<p>Araujo, Orlando: <em>Contrapunteo de la vida y de la muerte<\/em>. Ensayos sobre la poes\u00eda de Alberto Arvelo Torrealba. Caracas: Edic. En la raya, 1975.<\/p>\n<p>Arvelo Torrealba, Alberto: <em>Caminos que andan<\/em>. 2da. ed. aumentada. Gobernaci\u00f3n y Asamblea del Estado Barinas. 1971.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: <em>Cantas<\/em>. Caracas. Lit. y Tip. \u201cLa Torre\u201d, 1940.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: <em>Florentino y el Diablo<\/em>. Barinas: 90 a\u00f1os del Poeta Alberto Arvelo Torrealba, 1995. (Contiene las tres versiones principales del poema).<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: <em>Glosas al cancionero<\/em>. Caracas. Lit. y Tip. \u201cLa Torre\u201d, 1940.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: <em>Lazo Mart\u00ed, vigencia en Lejan\u00eda<\/em>. Ensayo de an\u00e1lisis estil\u00edstico sobre la Silva Criolla. Caracas: INCIBA-Biblioteca Popular Venezolana, 1965.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: <em>Obra Po\u00e9tica<\/em>. Pr\u00f3logo. Alexis M\u00e1rquez Rodr\u00edguez. Caracas: U.C.V., 1967 (Contiene la \u00fanica edici\u00f3n de \u201cRetazos de un poemario extraviado en la c\u00e1rcel\u201d.<\/p>\n<p><em>Breve<\/em> <em>Antolog\u00eda<\/em> <em>Regional<\/em> <em>de<\/em> <em>Alberto<\/em> <em>Arvelo<\/em> <em>Torrealba<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila, 1972.<\/p>\n<p>Febres Rodr\u00edguez, Humberto: <em>En negra orilla del mundo<\/em>. 2\u00aa. ed. Barinas: Fundaci\u00f3n Cultural Barinas, 1995.<\/p>\n<p>M\u00e1rquez Rodr\u00edguez, Alexis: <em>Aquellos mundos tersos<\/em>. An\u00e1lisis de la poes\u00eda de Alberto Arvelo Torrealba. Caracas: Editorial Arte, 1966.<\/p>\n<p>Mazzei Gonz\u00e1lez, V\u00edctor: <em>Los Florentinos<\/em>. Caracas: La Casa de Bello, 1987.<\/p>\n<p><em>Hemerograf\u00eda m\u00ednima<\/em><\/p>\n<p>D\u00edas Sosa, Carlos: \u201cAlberto Arvelo Torrealba. El gran poeta es la conciencia de una colectividad\u201d. Foro en: En <em>El Nacional<\/em>. Caracas (7-2-66) Cuerpo C.<\/p>\n<p>Papel Literario de El Nacional. Caracas (22-9-85), (Edici\u00f3n dedicada a Alberto Arvelo Torrealba con motivo de los 80 a\u00f1os de su nacimiento).<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carmen-mannarino\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carmen Mannarino Para ti, joven lector, han sido escritas las anteriores biograf\u00edas de R\u00f3mulo Gallegos, Francisco Tamayo y Luis Beltr\u00e1n Prieto Figueroa, la presente y las de otros venezolanos del siglo XX, que seguir\u00e1n apareciendo. 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