{"id":7191,"date":"2023-01-13T21:38:23","date_gmt":"2023-01-13T21:38:23","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7191"},"modified":"2023-11-24T18:23:38","modified_gmt":"2023-11-24T18:23:38","slug":"bajo-las-hojas-de-israel-centeno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/bajo-las-hojas-de-israel-centeno\/","title":{"rendered":"\u00abBajo las hojas\u00bb, de Israel Centeno"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Por Jos\u00e9 Ygnacio Ochoa<\/strong><\/h4>\n<p>La novela de Israel Centeno <em>Bajo las hojas<\/em> (Alfaguara, 2010) se sit\u00faa en <em>Londres<\/em> (primer cap\u00edtulo) como espacio f\u00edsico y real. Luego caemos en cuenta que Julio, su protagonista, tiene puesta su mirada en Caracas. Que para los efectos del desarrollo de la historia es\u00a0 igual. No es suficiente estar con Victoria en la cama del hotel de Camden Town de Londres. \u00c9l conjuga su pasado con las heridas en su espalda que se traduce en un presente aparente. Es la erotizaci\u00f3n de un momento alucinador con el dolor del recuerdo en sus v\u00e9rtebras. Se cruzan los poetas le\u00eddos, Gerbasi y Vallejo, sobre todo este \u00faltimo, poeta a quien menciona media docena de veces y quien\u00a0 aparece continuamente en el deambular de su pasado: Pasado y presente en un escritor que busca su <em>voz particular <\/em>con la escritura. El ideal de la escritura no se corresponde con un presente de la novela lleno de ausencias e imposibilidades que s\u00f3lo Julio podr\u00e1 remediar, eso creemos, veremos en <em>Un hombre viejo y encorvado me ve desde la puerta<\/em> (segundo cap\u00edtulo) qu\u00e9 acontece en el devenir de la historia de la novela. Lancelot y Ginebra, Almod\u00f3var, Freud, Keats y Carl Jung se cruzan en este camino incierto en la vida de un escritor que est\u00e1 en el anonimato. Su amigo Rub\u00e9n Tenorio, exguerrillero e investigador privado, se visualiza en su retrospectiva en aquellas cuitas por la Caracas de \u00e9l. Porque cada habitante de la ciudad tendr\u00e1 una manera particular de sentirse caraque\u00f1o. En el fondo son diferentes. No existe otra posibilidad. Otro misterio es la presencia de <em>Los Argonautas Jungianos de los \u00daltimos D\u00edas<\/em>. No sabemos si llegan para restituir el equilibrio de las emociones desde el inconsciente.<\/p>\n<p>La historia\u00a0 toma cuerpo, en tanto la lectura. Es como si todos estuvi\u00e9ramos bajo\u00a0 una observaci\u00f3n constante por alguien que est\u00e1 en un sue\u00f1o. La noci\u00f3n del arquetipo cobra relevancia con\u00a0 la experiencia del protagonista para redefinir un rostro desde un sue\u00f1o alqu\u00edmico. Ser\u00e1 entonces la b\u00fasqueda de un origen que se descubre en buena medida con las conjeturas del inconsciente. Est\u00e1 acompa\u00f1ado de una entidad \u2014sombra-sabio\u2014 que se materializa con la imaginaci\u00f3n del personaje, lo persigue o mejor lo acompa\u00f1a para decir <em>algo<\/em>. Busca explicaciones del <em>yo soy<\/em>, la voz que le dicta:<em> hay que sacar lo de adentro para ser habitados por la palabra<\/em> (p. 54) es la inversi\u00f3n del espejo para reconocer la dualidad en el <em>no tiempo.<\/em> Viaje que atestigua sucesos de un supuesto escritor fracasado que encuentra en la palabra un espacio interior, lo no visto, lo no tangible pero muy cierto por cuanto la palabra lo registra como el signo: Caracas, Londres, el Cementerio General del Sur. Estar\u00e1 acompa\u00f1ado por D\u00e9meter, Safo, Ant\u00edgona, Ulises y el hombre de color verde como el duende son espacios y personajes que lo transforman como materia org\u00e1nica en escritura. Espacios reales y personajes que intercambian cuadros esc\u00e9nicos en su memoria. El drama se expresa desde adentro en microsecuencias desde la memoria de Julio que interviene en el exterior. Los sue\u00f1os fragmentados, al servicio del lector, entonces pueden ser la clave para llegar a una existencia subyacente. Luego, Julio vuelve a Londres. El evento (nacimiento-muerte-separaciones), las figuras (dios\/diablo-padres-el h\u00e9roe\/sabio) o el motivo (creaci\u00f3n\/destrucci\u00f3n-im\u00e1genes) como elementos arquet\u00edpicos desaparecen. Londres es la explicaci\u00f3n. Caracas es su otra naturaleza. El personaje una contradicci\u00f3n como la vida convertida en una asimilaci\u00f3n c\u00f3smica.<\/p>\n<p>Es una escritura en constante desarrollo: <em>El parque est\u00e1 en el fondo <\/em>(tercer cap\u00edtulo). Ella, la escritura, se\u00a0 devela\u00a0 desde los sue\u00f1os de su infancia, desde las evocaciones como\u00a0 el simple hecho de caminar por las calles de Londres <em>oscura<\/em> y<em> amarilla<\/em>. Londres es un inicio para Julio: <em>iba con la cara pegada al ment\u00f3n, de vez en cuando se deten\u00eda y miraba hacia los lados, buscaba reconocerse en el paisaje, reconocer algo, a alguien, esa tarde-noche le era familiar, lo sabemos, transitaba an\u00f3nimo<\/em>\u2026(p. 86)\u2026pero no todo va en sentido cronol\u00f3gico, prefigurado, no. Existen saltos en la historia o en la memoria de Julio. Julio no permite que el narrador contemple su pasado de manera lineal. El personaje adquiere autonom\u00eda o lo pretende. Qui\u00e9n habla. Qui\u00e9n cruza los poemas de Neruda en otro <em>contexto discursivo<\/em>. Thatcher, Al Qaeda, Gorbachov\u00a0 quedan en el recuerdo, Julio no, pues vuelve a Europa transcurrido el tiempo procurando la palabra para una historia. Aunque piense en Ana y en Tania, le dice a Victoria que piensa en ella. Victoria cataloga a Julio de <em>nadie<\/em>, \u00e9l es <em>nadie<\/em>. Aparecen personajes extra\u00f1os, que luego desaparecen, personajes que le golpean y hasta lo increpan. Julio y Victoria permanecen juntos f\u00edsicamente, pero sus pensamientos van en otras direcciones. Una suerte de soledad convocada por una necesidad del argumento de la novela. Las piezas van movi\u00e9ndose seg\u00fan el no retorno de los pasos de Julio: No puede regresar. Lo intenta, mas no lo logra. Es una confusi\u00f3n de tiempos y espacios en la vida del personaje.<\/p>\n<p>La narraci\u00f3n est\u00e1 cercana al lector. \u00c9ste la huele, la siente. Entonces, Rub\u00e9n Tenorio vuelve en <em>Mar\u00eda Inmaculada<\/em> (cuarto cap\u00edtulo) para darle sentido a la historia de la novela: <em>Su novela ha sido una y no la conduce a ninguna parte, una novela no debe ser conducida porque una novela no se mueve, una novela es y crece,\u2026 se expande, se estrella, se hace tortilla, en eso pensaba Rub\u00e9n Tenorio; ha sido el oficio de su vida, juntar otras novelas y convertirlas en una, en la que escribe y no termina de escribir\u2026(<\/em>p. 129).\u00a0 Se convertir\u00e1 en el <em>encantador<\/em> <em>(\u00bfcham\u00e1n?)<\/em> de la trama, en donde personajes, historias y ambiente\u00a0 ser\u00e1n on\u00edricos con la inmensidad de un espacio \u00edntimo. Podr\u00e1 ser un mundo posible para \u00e9l en tanto la inverosimilitud arropa los fragmentos que contengan met\u00e1foras de la vida. La historia toma significaci\u00f3n en tanto la interpretamos por fragmentos. La totalidad est\u00e1 en la lectura. La estrategia, de existir, est\u00e1 en los signos que van apareciendo, no como categor\u00edas establecidas, no, en todo caso es la fuerza del significado de la palabra puesta en un campo simb\u00f3lico, a partir de ese momento la escritura coloca de un lado el sometimiento riguroso para asimilar el otro sentido: <em>La otra disposici\u00f3n de la palabra<\/em>. Es la b\u00fasqueda del escritor y por consiguiente, la b\u00fasqueda del lector. Es una suerte de par\u00e1bola cruzada por una larga l\u00ednea dispuesta en el papel (elemento figurado),\u00a0 en donde proliferan giros po\u00e9ticos, embelesos, distracciones, ca\u00eddas, desencuentros, despedidas, frases con un performance de instantes y momentos\u00a0 envueltos en un encanto,\u00a0 en donde se cavila la aparici\u00f3n-desaparici\u00f3n del mundo. Lo descrito anteriormente no es gram\u00e1tica para el estudio, es en todo caso, el sentido de los signos que nos orientan a un mundo sugerido de la po\u00e9tica. No se ignora la palabra, se redescubre en la novela de Centeno. Atendiendo a los conceptos y teor\u00edas establecidas podr\u00edamos afirmar que es un viaje sin retorno, pero sucede que, y as\u00ed lo asumimos, esta experiencia lectora es un encanto a la desintoxicaci\u00f3n de los estados de \u00e1nimo. Se relega el concepto establecido y se dispone un vocabulario alterno con un contexto emocional diferente: la lectura. Dicho lo anterior, el alfabeto de Centeno est\u00e1 en separarse del sentido habitual para acercarse a otras claridades dispuestas en el espejo de la escritura. Rub\u00e9n Tenorio (como personaje constructor) lo corrobora en la mirada de los personajes. Un espejo que debe visualizarse desde el <em>adentro<\/em>, debe refractar la memoria al considerarse el texto como un s\u00edmbolo de la evocaci\u00f3n de los sentidos en la interpretaci\u00f3n al desnudo de las palabras. Cada palabra es una distinci\u00f3n con v\u00ednculos sin miserias. Ser\u00e1 una nueva vida que proviene de lugares insospechados. La escritura nos seduce. No hay excesos y si acaso lo hubiere, el personaje los asume como su s\u00edmbolo inmaterial: <em>espiritual<\/em>. No habr\u00e1 razones, ni m\u00e9todos. Cada lector encontrar\u00e1 el modo, como lo he conseguido yo desde mi experiencia como lector.<\/p>\n<p>El hecho de habitar en un espacio nos lleva a la evocaci\u00f3n de la palabra y esta a su vez, nos lleva a un destino. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el espacio, es el pa\u00eds, en\u00a0 la casa o en el lugar de trabajo? El espacio estar\u00e1 en la respiraci\u00f3n de Mar\u00eda Inmaculada, en el cristal empa\u00f1ado de una historia inconclusa, quiz\u00e1s con la muerte. Creada por el <em>relator, <\/em>\u00bfotro personaje? Cuando leemos frases como: \/\u2026<em>ambos pasearon por el callej\u00f3n polvoriento<\/em>\u2026\/\u2026<em>como dos luci\u00e9rnagas por la calle<\/em>\u2026\/\u2026<em>con la brisa de polvo y de basura\u2026\/\u2026faroles sin bombillos<\/em>\u2026\/\u2026 <em>tu covacha a orillas del Guaire<\/em>\u2026\/qu\u00e9 me dejan estas palabras, nada alentador, aunque el otro significado se lo dar\u00e1 el lector porque en estas frases est\u00e1 la otra vida, la que no se descubre ante lo se\u00f1alado, es lo tangible ante al olor de la lectura, ella lo suaviza, lo permea en la madrugada o en cualquier hora del d\u00eda. Lo que intentamos decir es que la lectura lo humaniza. El desgarro, el maltrato o el feminicidio se visualiza, no es pretender hacer un acto aleccionador, pero es una realidad que adquiere un\u00a0 nombre por v\u00eda de la historia de esta novela.\u00a0 Rub\u00e9n Tenorio indaga, investiga para escribir un final sin derrotas. En <em>Los hongos del alma<\/em> (cap\u00edtulo cinco) volvemos a encontrarnos en Londres. Julio escribe una historia que no est\u00e1 aprobada por los otros relatores. Pretende cambiarla. Los sue\u00f1os y la realidad se cruzan intermitentemente. Las separaciones, los desconciertos y un mundo en donde est\u00e1 un libreto a seguir son alterados por Julio. Es como si los hongos estuvieran en la memoria de los personajes y estos luchan para deslastrarse de la conciencia que les ha correspondido vivir. Es decir, cada personaje contiene su historia. En consecuencia cada historia tiene una intenci\u00f3n dibujada por el relator. La inconsciencia los asalta de momentos y en esos sobresaltos la vida les cambia. La realidad los separa pero los sue\u00f1os los une y lo que es sue\u00f1o para otros para Julio es su verdad: Dora (acompa\u00f1ante y protectora) y\u00a0 Bill (el cazavampiros) personajes que son incorp\u00f3reos al resto: son personajes que le dan fortaleza a Julio para seguir desarrollando la historia. Los olores y sabores\u00a0 ayudan a crear la imagen en la memoria de Julio.<em> En Cuando el bosque se mueva<\/em> (cap\u00edtulo seis) es como si todo fuese un virus. Todo se trata de una <em>realidad intervenida<\/em>. Vuelve el inconsciente y la figura del arquetipo. Perspicacias en la utilizaci\u00f3n de los referentes, tal es el caso cuando nombra al poeta venezolano Rafael Cadenas con su poema <em>Derrota, <\/em>(muy celebrado en su momento). Creo que siempre quedamos expuestos cuando no estamos en el contexto deseado. El hombre por su naturaleza esquiva se comporta as\u00ed. Pues, sucede como los personajes de la novela. Vamos quedando sin piel y nos enfrentamos ante la muerte, mejor dicho, ella nos irrumpe desvalidos ante tanta verdad junta. Si relacionamos elementos pol\u00edticos con creencias espirituales est\u00e1s combinaciones son peligrosas y delicadas \u2014tema de otra conversaci\u00f3n\u2014. Los resultados no ser\u00e1n halagadores: <em>El poder relata la historia. La historia no relata al poder<\/em> (p.316).\u00a0 El libreto est\u00e1. Los personajes procuran librarse de ello. Rub\u00e9n Tenorio en <em>Primavera en Adelaide <\/em>(cap\u00edtulo siete y \u00faltimo) no logra mantener ese gui\u00f3n establecido. Julio se sobrepone y logra alcanzar <em>la voz<\/em> que en primer cap\u00edtulo le era esquiva. Altera el final para que Rub\u00e9n Tenorio escriba otra historia. Cada personaje comporta un espejo diferente por consiguiente ser\u00e1n como si actantes y relator son uno por momentos. Historias marcadas por la presencia \u2014lo f\u00edsico\u2014 y por las ausencias\u00a0 \u2014lo inmaterial\u2014. Personajes que contienen su propia intensidad y magnitud que merecen ser\u00a0 desentra\u00f1ados con la lectura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jos\u00e9 Ygnacio Ochoa La novela de Israel Centeno Bajo las hojas (Alfaguara, 2010) se sit\u00faa en Londres (primer cap\u00edtulo) como espacio f\u00edsico y real. Luego caemos en cuenta que Julio, su protagonista, tiene puesta su mirada en Caracas. Que para los efectos del desarrollo de la historia es\u00a0 igual. 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