{"id":7079,"date":"2022-12-31T21:06:42","date_gmt":"2022-12-31T21:06:42","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7079"},"modified":"2025-07-30T17:11:41","modified_gmt":"2025-07-30T21:41:41","slug":"oviedo-y-banos-y-su-historia-de-la-conquista-y-poblacion-de-venezuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/oviedo-y-banos-y-su-historia-de-la-conquista-y-poblacion-de-venezuela\/","title":{"rendered":"Oviedo y Ba\u00f1os y su Historia de la conquista y poblaci\u00f3n de Venezuela"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Julio Planchart<\/h4>\n\n\n\n<p>El prop\u00f3sito de hacer un elogio de Oviedo y Ba\u00f1os y de contribuir a mantener viva su memoria ilustre, para restarle siquiera adarmes de verdad a su afirmaci\u00f3n de que el trabajo de sacar a luz las acciones de los fundadores de Venezuela, hab\u00eda \u00abde ser poco agradecido por los que deb\u00eda ser m\u00e1s estimado\u00bb, naci\u00f3 en mi coraz\u00f3n desde el momento en que le\u00ed su Historia en mi juventud. Antes no hab\u00eda tenido la fortuna de que nadie me dijese de su m\u00e9rito insigne; por lo contrario, hab\u00eda o\u00eddo hablar de su obra de cierta manera en la cual hab\u00eda tintes despectivos, hab\u00eda visto que se le tildaba de plagiario, lo hab\u00eda o\u00eddo llamar \u00abviejo cronista\u00bb para no decirle historiador. Baralt lo hab\u00eda tachado de ser muy aficionado a \u00abmenudas relaciones de combates particulares\u00bb; mas en cierto ocasi\u00f3n lleg\u00f3 a mi poder, bien conservado y realzado su m\u00e9rito por haber pertenecido a Juan de Escalona, un ejemplar de la edici\u00f3n de su Historia hecha en Caracas en 1824, en la imprenta de Navas Sp\u00ednola; y ella me descubri\u00f3 un mundo de entretenimiento, de placer est\u00e9tico e hist\u00f3rico, de venezolanidad, como suele decirse ahora, y de amor agradecido a esta tierra, porque la escribi\u00f3 a \u00abimpulsos de agradecido\u00bb y pretendiendo satisfacer la estimaci\u00f3n que debi\u00f3 a esta Provincia. Mas, nunca pude imaginar que ese elogio lo iba a pronunciar yo, humilde y emocionado, entre tanta pompa y majestad en este recinto de donde ha radicado tanta cultura a todo el pa\u00eds, ante tan extraordinaria e ilustre concurrencia, y bajo los auspicios del se\u00f1or de Ba\u00f1os y Sotomayor, de cuyos ojos en su retrato aqu\u00ed presente, creo ver salir una paternal mirada de aprobaci\u00f3n y de aliento.<\/p>\n\n\n\n<p>Por pagar deuda de estimaci\u00f3n a la Provincia de Caracas, el n\u00facleo de nuestra actual Venezuela, escribi\u00f3 Oviedo su Historia. No era de la Provincia el historiador. Hab\u00eda visto la luz en Bogot\u00e1 a fines de 1671. Su padre, D. Juan Antonio de Oviedo y Ribas, Fiscal primero y Oidor luego de la Real Audiencia en aquella ciudad, de familia pr\u00f3cer, hab\u00edase casado en Lima con Do\u00f1a Josefa de Ba\u00f1os y Sotomayor, hermana del Obispo. Dos a\u00f1os despu\u00e9s de nacido Oviedo muri\u00f3 el padre y Do\u00f1a Josefa torn\u00f3 a Lima, donde moraban parientes de calidad suyos y de su marido. Vendr\u00eda luego quiz\u00e1s a Santa Marta siendo ni\u00f1o a\u00fan donde ocupaba su t\u00edo don Diego, la Silla episcopal; vino despu\u00e9s a Venezuela, seg\u00fan parece cuando apenas ten\u00eda 15 a\u00f1os, y aqu\u00ed vivi\u00f3 hasta su muerte, aqu\u00ed fund\u00f3 familia que dio varones ilustres a la patria, aqu\u00ed aument\u00f3 su fortuna y trabaj\u00f3 en la cosa p\u00fablica y aqu\u00ed fund\u00f3 el pedestal de su fama escribiendo su Historia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la colonia todos los espa\u00f1oles-americanos eran uno. Ocurr\u00eda como en la Gran Colombia, para neogranadinos, ecuatorianos y venezolanos. No pod\u00eda haber los distingos actuales de nacionalidad. As\u00ed Oviedo puede decirse americano y lo fue en el sentido m\u00e1s elevado de la palabra: bogotano por nacimiento, lime\u00f1o por su familia y su ni\u00f1ez y caraque\u00f1o por haber vivido desde la adolescencia en la ciudad. Resultaba as\u00ed un ciudadano anticipado de la gran confederaci\u00f3n de pueblos americanos so\u00f1ada por el Libertador.<\/p>\n\n\n\n<p>Vino a Venezuela muy joven, casi un ni\u00f1o. Por lo general los historiadores colocan su venida en el a\u00f1o de 1684 con su t\u00edo el Obispo don Diego de Ba\u00f1os. En este caso el futuro exhumador de la memoria de los Conquistadores de Venezuela, lleg\u00f3 a Caracas cuando ten\u00eda apenas 13 a\u00f1os. No obstante, hay un dato curioso \u2014el \u00fanico concretamente autobiogr\u00e1fico\u2014 en su Historia: al hacer la descripci\u00f3n del lago de Maracaibo y referirse a los pueblos de indios fundados en las propias aguas del lago, a los cuales debe Venezuela su nombre diminutivo y quiz\u00e1s risue\u00f1o en la intenci\u00f3n de Ojeda, dice el historiador que entre ellos, uno de los pocos precariamente existentes en 1686 cuando estuvo en el Lago, era el de Moporo. No se entiende qu\u00e9 podr\u00eda estar haciendo, como no fuese un viaje, en lugar tan apartado un jovenzuelo en edad delicada y conveniente m\u00e1s para las aulas que para visitar lugares lejanos, inc\u00f3modos, desapacibles y a\u00fan peligrosos. El adolescente, es lo m\u00e1s probable, ven\u00eda a Caracas acompa\u00f1ado de su hermano mayor Diego Antonio. Quiz\u00e1s el viaje, largo y dif\u00edcil por tierra, era menos ocasionado a accidentes que por un mar en donde podr\u00eda sobrevenir alguna nave pirata o enemiga. Por ese dato, entre otros, el bi\u00f3grafo de Oviedo, el finado y nunca bien sentido Dr. Caracciolo Parra Le\u00f3n, ilustre miembro de esta Academia, coloca la entrada de aqu\u00e9l en Venezuela en 1686.<\/p>\n\n\n\n<p>Si ven\u00eda de Santa Marta, en donde el Obispo ocupaba, antes que la de Caracas, la silla episcopal, \u00bfcu\u00e1ndo dej\u00f3 Oviedo el hogar materno? La madre ver\u00eda partir al hijo, ni\u00f1o a\u00fan y para no verlo m\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 influencia tendr\u00eda en su car\u00e1cter esa circunstancia? Si fue en Caracas en donde el ni\u00f1o entr\u00f3 a la casa de su t\u00edo a ser pupilo y educando y a estar con \u00e9l hasta su muerte, al pasar por Moporo deb\u00eda de venir de Lima. Qu\u00e9 viaje entonces tan considerable, qu\u00e9 surcar de mares, cu\u00e1nta monta\u00f1a transpuesta, cu\u00e1ntos inmensos r\u00edos esguazados, qu\u00e9 de llanuras de hondos e inescrutables horizontes pasar\u00edan por la visi\u00f3n de aquel ni\u00f1o inteligente, curioso y de alma art\u00edstica. Este viaje \u00bfno preparar\u00eda su alma para despu\u00e9s comprender los ingentes trabajos de los conquistadores? \u00bfNo valorar\u00eda hondamente as\u00ed, la intensa fuerza de voluntad y de energ\u00eda necesarias para echarse a recorrer valles y monta\u00f1as, pasar r\u00edos y luchar con los indios, de aquellos estupendos hombres de la Conquista? \u00bfEn el viaje del ni\u00f1o no estar\u00eda el abono que fecundar\u00eda luego su imaginaci\u00f3n de hombre para escribir su Historia?<\/p>\n\n\n\n<p>Viniese Oviedo de Lima o de Santa Marta, por el dato aludido y por otros que indica Parra Le\u00f3n, h\u00e1cese evidente que lleg\u00f3 a Caracas en 1688. Aqu\u00ed mor\u00f3 51 a\u00f1os de su vida, porque en esta villa muri\u00f3 sin haber salido de ella. Quiz\u00e1s hiciera alg\u00fan viaje al interior de la regi\u00f3n: a San Sebasti\u00e1n de los Reyes, donde tuvo posesiones ganaderas; a otros lugares, con el fin de ver los que hab\u00eda de describir en su Historia. M\u00e1s, de todas maneras, Oviedo fue un sedentario.<\/p>\n\n\n\n<p>La villa, a su llegada, por haber vivido en Lima, la primera ciudad entonces de Am\u00e9rica, debi\u00f3 de parecerle poca cosa. Ya \u00e9l a la edad de 15 a\u00f1os ser\u00eda adolescente capaz de comparar y observar. La poblaci\u00f3n de Caracas era muy escasa. Luis Alberto Sucre dice que Berrotar\u00e1n, el buen Gobernador, a fines del siglo mand\u00f3 hacer el censo de la villa y hall\u00f3 que en ella s\u00f3lo hab\u00eda 6.000 habitantes, mas esa escasez se deb\u00eda en parte a ausencia de muchas familias por huirle a las persecuciones, primero de Jim\u00e9nez de Enziso, el mal Gobernador, luego de las del juez de \u00e9ste, Bravo de Anaya. Hu\u00edanle tambi\u00e9n los habitantes a epidemias. Mas, de todas maneras, alcanzar\u00edan apenas a 8.000 los habitantes. Con tan poca poblaci\u00f3n no ser\u00eda muy bella la ciudad ni muy suntuosos y ricos sus edificios, pero s\u00ed como siempre hermoso y apacible su paisaje y grato su clima.<\/p>\n\n\n\n<p>A estar al amparo de un personaje principal\u00edsimo en la villa ven\u00eda el ni\u00f1o acompa\u00f1ado de su hermano Diego, de quien guard\u00f3 recuerdo, tan exquisito y agradecido y por ello es de suponerse que el mayor tratase con cari\u00f1o al m\u00e1s peque\u00f1o. Llegaba tambi\u00e9n a casa muy principal, el palacio del Obispado, la misma donde se halla hoy el Arzobispado. Hab\u00edala adquirido el Cabildo eclesi\u00e1stico pocos a\u00f1os antes de la llegada del se\u00f1or de Ba\u00f1os a ocupar la silla episcopal, de Luis de Bol\u00edvar, bisabuelo del Libertador.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal como se halla el Palacio, aunque es hiperb\u00f3lico llamarlo as\u00ed y m\u00e1s valdr\u00eda decirle \u00abcasa grande y vetusta\u00bb, conserva vestigios de c\u00f3mo pudo ser entonces. La disposici\u00f3n de su planta es probablemente hoy la misma: los pilares que sustentan los techos de los corredores tienen del barroquismo de la \u00e9poca, aunque rudo e incipiente como podr\u00eda serlo en una pobre villa americana. El patio principal, el que se encuentra inmediatamente a la entrada actual del p\u00fablico, es muy caracter\u00edstico y muy interesante y resulta curioso el que tenga cierta similitud en su disposici\u00f3n, si bien es mucho m\u00e1s amplio, con el actual patio de los granados de la casa de Bol\u00edvar. El Palacio es una curiosa muestra de la arquitectura colonial de fines del siglo XVII en Caracas. Oviedo lleg\u00f3, pues, a una mansi\u00f3n, si no suntuosa, tal como algunas de la ciudad virreinal, a una de las mejores y principales del lugar, en donde las comodidades ser\u00edan las mayores que podr\u00edan hallarse en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>En Lima debe de haber aprendido Oviedo las primeras letras y los primeros rudimentos de lat\u00edn. Aqu\u00ed, a la sombra cultural del Obispo, seguir\u00eda su aprendizaje. Fue el se\u00f1or de Ba\u00f1os un hombre apasionado por la cultura y un propulsor de ella entre nosotros. Organiz\u00f3 el Seminario, siguiendo su construcci\u00f3n empezada por su antecesor, el Obispo Gonz\u00e1lez de Acu\u00f1a, fundando c\u00e1tedras de filosof\u00eda, de artes y de m\u00fasica y se regocijaba, en cartas al Rey, de los adelantos de la juventud, demostrados en las conclusiones p\u00fablicas de artes en las que hab\u00eda muy lucidas r\u00e9plicas entre los que cursaban aqu\u00e9llas el Colegio Seminario.11 Para todo ello pag\u00f3 deudas de manera de poder contraer otras y proseguir lo empezado; se defendi\u00f3 victoriosamente ante el Rey de torcidas acusaciones y logr\u00f3 que se pagase, como no se hab\u00eda hecho antes, el 3% de las Capellan\u00edas, ordenado por el Concilio&nbsp; de Trento, para sustentar seminaristas. Asisti\u00f3 a la f\u00e1brica del Colegio, vecino del Obispado y sito entonces en donde hoy se halla el Palacio de Justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>La ense\u00f1anza y la educaci\u00f3n eran su norte; y as\u00ed al sobrino le hizo recibir clases de los maestros mismos del Seminario. Quiz\u00e1s aqu\u00e9l asistir\u00eda en calidad de oyente a las lecciones que se daban en \u00e9l; quiz\u00e1s recibir\u00eda clases particulares de los maestros, que tendr\u00edan a gusto ense\u00f1ar al sobrino de Su Ilustr\u00edsima, tanto m\u00e1s cuanto \u00e9ste era despierto y sin duda aplicado y buen disc\u00edpulo. Ciertas familias pudientes de Caracas manten\u00edan en sus casas alg\u00fan preceptor para la ense\u00f1anza de sus hijos, costumbre confirmada por Parra Le\u00f3n cuando explica que el Dr. Andr\u00e9s Bravo de la Laguna gan\u00f3 por oposici\u00f3n las clases de Ret\u00f3rica en el Seminario y advierte que este profesor viv\u00eda en la casa del Capit\u00e1n Manuel Felipe de Tovar, a cuyos hijos ense\u00f1aba privadamente la Gram\u00e1tica. No hab\u00eda menester el Obispo, para la educaci\u00f3n de su sobrino, hacer la misma cosa, puesto que a los preceptores los ten\u00eda en casa.<\/p>\n\n\n\n<p>El ambiente del palacio obispal estaba impregnado de cultura. Exist\u00eda en el Palacio una excelente Biblioteca tra\u00edda de Europa y legada al Seminario por el obispo antecesor del se\u00f1or Ba\u00f1os, el tambi\u00e9n notable propulsor de la cultura, se\u00f1or Gonz\u00e1lez de Acu\u00f1a. En ella se encontraban obras de Luis de Vives, de Mariana, de Belarmino, de Domingo B\u00e1\u00f1ez, de Su\u00e1rez, las poes\u00edas de G\u00f3ngora, los salmos de David, las obras de Juan de la Cruz y de Granada; las de Virgilio y Horacio; las de Plat\u00f3n y S\u00e9neca y muchas otras.2 All\u00ed el joven encontrar\u00eda pasto a su curiosidad intelectual y se ir\u00eda formando la vocaci\u00f3n de escribir y el estilo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n Oviedo form\u00f3 una biblioteca. Sus lecturas, a juzgar por las obras de ella, lo muestran como hombre aficionado a la Historia, al Derecho, al arte militar y a las bellas letras. Es significativo para inquirir la calidad de su estilo, que entre sus libros estuviesen las poes\u00edas de G\u00f3ngora y las obras de Graci\u00e1n; pero no es el momento de desarrollar este tema. Su obra demuestra que su vocaci\u00f3n lo inclinaba m\u00e1s a lo literario, a buscar la belleza y no los principios y la doctrina. Se halla a sus anchas cuando describe y narra. En su vida demostr\u00f3 ser hombre que sab\u00eda busc\u00e1rsela y colocarse bien sin necesidad de una profesi\u00f3n. Una vocaci\u00f3n literaria desv\u00eda del ejercicio profesional y un esp\u00edritu pr\u00e1ctico y concreto lleva a buscar el acomodo en la vida de una manera m\u00e1s r\u00e1pida y m\u00e1s libre que por el camino del ejercicio met\u00f3dico de una profesi\u00f3n. De a\u00f1adidura, la que podr\u00eda ejercer Oviedo habr\u00eda de llevarlo o al sacerdocio o a las leyes. Aqu\u00e9lla, evidentemente, no lo tentaba, como tampoco ejercer una notar\u00eda, y para ser funcionario de una Real Audiencia no hab\u00eda lugar en Caracas; y \u00e9l debi\u00f3 quedarse en ella cuidando a su pariente el Obispo, quien le hac\u00eda las veces de padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Caracas hubiera podido ser una villa de ambiente tranquilo. Un esp\u00edritu po\u00e9tico bien podr\u00eda hoy imagin\u00e1rsela apaciblemente egl\u00f3gica. Hall\u00e1base esta corta urbe bien abastecida por los productos de los campos circundantes, retirada de los lugares del mundo donde se debat\u00edan violentamente los intereses en pugna en esa \u00e9poca y padeciendo s\u00f3lo de cuando en cuando las consecuencias de la lucha. Hab\u00eda en ella un progreso social y cultural lento, pero seguro; y las creencias religiosas uniformes contribu\u00edan a la paz de los esp\u00edritus; mas, no obstante, la vida de la colonia no era tranquila. La de los pueblos transcurre, como la de cada uno de los humanos, entre penalidades y azares. Si las luchas entre los dos poderes coloniales: el Gobernador y el Obispo, pertenec\u00edan ya m\u00e1s a la historia que a la realidad de entonces, si las escandalosas y temibles competencias del Obispo Mauro de Tovar con el Gobernador Ruy Fern\u00e1ndez de Fuenmayor ya no se repet\u00edan, gracias, precisamente, al esp\u00edritu de bondad y de paz de los Obispos que lo siguieron, entre los cuales se contaba como muy bondadoso, culto y pac\u00edfico, el se\u00f1or de Ba\u00f1os, no por eso dejaba de haber motivos de serias preocupaciones e intranquilidades.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra, como ahora y como siempre, atormentaba entonces al mundo. La rivalidad entre los Austrias y los Borbones era la causa principal de ella. No le importaba a ninguna de las dos casas \u2014aunque encarnaban, es verdad, en cierto modo, los intereses de sus respectivos pa\u00edses\u2014 la desolaci\u00f3n y la ruina de la humanidad si resultaban de este tormento ventajas para una de ellas. Toda disminuci\u00f3n del poder de los primeros representaba un aumento del de los segundos y viceversa. La rama espa\u00f1ola de los Austrias era la principal y la m\u00e1s rica de \u00e9stos y hall\u00e1base en decadencia, y as\u00ed como el Austria espa\u00f1ol de ese momento, Carlos II, era d\u00e9bil y degenerado, Luis XIV hab\u00eda resumido en s\u00ed todas las cualidades de la familia borb\u00f3nica y, ambicioso guerrero conquistador, ve\u00eda en Espa\u00f1a un opulento rival decadente, del cual pod\u00eda y deb\u00eda aprovechar, movi\u00e9ndole guerra, pedazos del Imperio que peligraba disolverse.<\/p>\n\n\n\n<p>Las colonias, por fuerza, ten\u00edan que padecer con tan largas luchas de la Metr\u00f3poli, interrumpidas apenas por cortos intervalos, y ellas mismas tuvieron que defenderse de incursiones en las cuales, a veces, se combinaban intereses de las naciones contrarias a Espa\u00f1a con los del bandolerismo bucanero. Son c\u00e9lebres en el filibusterismo y pirater\u00eda, en los 30 \u00f3 40 a\u00f1os \u00faltimos del siglo XVII, el franc\u00e9s Gramont, el ingl\u00e9s Morgan, el Olon\u00e9s y Miguel el Vasco, y muchos otros.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero, en 1680, aunque nuestras ciudades no eran ricas y por consiguiente presa apetitosa, se apoder\u00f3 de La Guaira apresando a la guarnici\u00f3n y su jefe, Cipriano de Alberro, y llev\u00e1ndoselos prisioneros, si bien tuvo que retirarse herido, con un machetazo en el cuello, ante la reacci\u00f3n de los hombres salvados y dispersos de la guarnici\u00f3n, reunidos y dirigidos por el Capit\u00e1n Juan de Laya; y por el temor de la gente armada que de Caracas ven\u00eda a socorrer al puerto.3 Morgan, en 1669, saque\u00f3 a Maracaibo y Gibraltar y logr\u00f3 un bot\u00edn bastante cuantioso, que, seg\u00fan el Prof. Haring, puede calcularse en 60.000 piezas de ocho y 500 cabezas de ganado, adem\u00e1s de los objetos y la plata robada. Ya el Olon\u00e9s y Miguel el Vasco hab\u00edan saqueado la villa en 1667.<\/p>\n\n\n\n<p>En el mismo a\u00f1o en que lleg\u00f3 Oviedo a Caracas pudo ver las manifestaciones de angustia de la comunidad ante la amenaza de un desembarco enemigo; y el apercibimiento, en la plaza mayor, de los Capitanes caraque\u00f1os y su tropa que sal\u00edan a contener la posible invasi\u00f3n. A la hora del alba, desde los balcones de la casa obispal, su t\u00edo, su hermano Diego y \u00e9l y la servidumbre de la casa, ver\u00edan c\u00f3mo el Gobernador Diego Melo de Maldonado, el Sargento Mayor Domingo Baltazar Fern\u00e1ndez de Fuenmayor y otros jefes, distribu\u00edan lanzas, picas, espadas, arcabuces y diferentes armas a los vecinos que se aprestaban a marchar.4 No dejar\u00eda de haber alg\u00fan cl\u00e9rigo de esp\u00edritu militar que se apercibiese tambi\u00e9n y gente de la servidumbre del Obispo. Luis Alberto Sucre cuenta c\u00f3mo, por medio de un sistema de fogatas, se anunciaba a Caracas desde La Guaira, la cercan\u00eda de barcos desconocidos que pudiesen ser atacantes, y c\u00f3mo fue empleado en este caso. El sistema es antiqu\u00edsimo: Esquilo, en las primeras escenas del \u00abAgamen\u00f3n\u00bb, lo eleva a alta poes\u00eda tr\u00e1gica con las lamentaciones del centinela que, noche y d\u00eda, en una torre, deb\u00eda anunciarle a los ad\u00falteros Egisto y Clitemnestra la toma de Troya y el pr\u00f3ximo arribo de Agamen\u00f3n, el marido enga\u00f1ado y luego asesinado, y con la descripci\u00f3n del sistema hecho por aquella mujer l\u00fabrica, airada y vengativa de la muerte de su hija Ingenia. Tambi\u00e9n con \u00e9l se anunci\u00f3 en Inglaterra la llegada a las costas de la Isla de la Armada Invencible y vencida.<\/p>\n\n\n\n<p>Por las fogatas prendidas por los vigilantes, indios probablemente, quiz\u00e1s m\u00e1s sufridos que el personaje de Esquilo, se supo en Caracas que cinco naves enemigas se avecinaban a La Guaira. Si la expedici\u00f3n no tuvo mayores consecuencias, porque los enemigos se desviaron del puerto, desembarcaron en Chuspa y luego se reembarcaron, habiendo efectuado s\u00f3lo peque\u00f1as depredaciones, debi\u00f3 s\u00ed alterar los \u00e1nimos de las familias de la poblaci\u00f3n y, seguramente, muchas comenzaron a hacer preparativos para esconder, enterrar o llevarse al interior del pa\u00eds los objetos de m\u00e1s riqueza y aprecio. En el palacio obispal y en la Iglesia comenzar\u00edan a prepararse para el resguardo de las cosas sagradas y de las comodidades del Obispo y sus familiares. A la inteligencia del adolescente le impresionar\u00eda este acontecimiento, y lo recordar\u00eda luego cuando tuvo que hablar, al escribir su Historia, de la invasi\u00f3n de los filibusteros ingleses a Caracas en 1595, dirigidos por Amyas Preston aunque \u00e9l crey\u00f3 que el Jefe hab\u00eda sido el c\u00e9lebre y poem\u00e1tico Drake.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro elemento de alteraci\u00f3n del ambiente de tranquilidad proced\u00eda de la lucha pol\u00edtica, originada de la incompetencia, desarreglo y del prop\u00f3sito de aprovechamiento personal, m\u00e1s all\u00e1 de lo debido, de algunos Gobernadores. Cuando Oviedo lleg\u00f3 a Caracas gobernaba Diego Melo de Maldonado. No guarda la historia memoria de que su gobierno fuese malo, pero s\u00ed del de su sucesor, Diego Jim\u00e9nez de Enziso, marqu\u00e9s del Casal, Gobernador de 1688 a 1692. Era venal el Marqu\u00e9s y envi\u00f3 a los pueblos del interior agentes suyos para que los gobernasen, contraviniendo los derechos que aqu\u00e9llos ten\u00edan de serlo por su Ayuntamiento, y s\u00f3lo con el fin de meterles pleito a los vecinos ricos y arreglarse luego con ellos mediante dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s lo sustituy\u00f3 por un a\u00f1o Bravo de Anaya, Oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo, enviado por \u00e9sta para averiguar los malos hechos del Marqu\u00e9s y a condenarlo si resultaban ciertos. Mas el enviado result\u00f3 tan perverso gobernante como el anterior y procedi\u00f3 de la misma mala manera. Gente principal de Caracas, con el fin de evitar ultrajes, se retir\u00f3 a sus haciendas y a otros pueblos. No deb\u00eda estar el Obispo muy tranquilo en la casa obispal en esta ocasi\u00f3n, aunque hubo de mantener buenas relaciones con Enziso; y as\u00ed arregl\u00f3 en 1691, que se le pagasen, por la Real Hacienda, los estipendios de los curas doctrinarios. En 1687 fueron librados por mandato de \u00abSus Altezas\u00bb, los indios de la Provincia, de prestar un servicio personal a los encomenderos de tres d\u00edas en cada semana, cambi\u00e1ndoles esa obligaci\u00f3n por la de un tributo anual, que en un principio fue de 17 pesos y cuatro reales y luego se rebaj\u00f3 a la mitad. As\u00ed se libraron los ind\u00edgenas de la servidumbre a que aqu\u00ed se les hab\u00eda reducido desde la conquista. Los encomenderos deb\u00edan pagar los estipendios de los curas que ense\u00f1aban la doctrina a aqu\u00e9llos y al librarlos de la servidumbre, sus due\u00f1os, naturalmente, dejaban de cargar con la obligaci\u00f3n de su ense\u00f1anza. Ahora se sacar\u00eda la paga de lo que tributasen los indios; y este negocio se trat\u00f3 entre el Marqu\u00e9s del Casal y don Diego de Ba\u00f1os y Sotomayor.5<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, no dejar\u00eda de hacerle \u00e9ste alguna advertencia al Marqu\u00e9s, primero, y luego a Bravo de Anaya, con la consideraci\u00f3n debida a quien era Gobernador y discreta por evitar rozamientos que pod\u00edan degenerar en competencia, y no dejar\u00eda de apoyar, moralmente siquiera, las reclamaciones de los lesionados contra ambos malos gobernantes; y no dejar\u00eda tambi\u00e9n Oviedo de desaprobarlos prudentemente, aunque debiera mantener buenas relaciones con ellos. Con Bravo de Anaya las mantuvo, a lo menos con su viuda, D\u00f1a. Ana Micaela de Ortega, quien vivi\u00f3 en Granada, en Espa\u00f1a, porque fue apoderado de sus bienes en la Provincia, como consta del testamento de Oviedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en su Historia hay frases indicativas de c\u00f3mo \u00e9l reprobaba la tiran\u00eda de los malos gobernantes. Al narrar c\u00f3mo el teniente Francisco Calder\u00f3n, conquistando de la tribu de los quiriquires las regiones del este de Caracas, tuvo una controversia con sus oficiales y soldados sobre la fundaci\u00f3n de una villa en el Valle de T\u00e1cata, y por la oposici\u00f3n de \u00e9stos, puso presos a Juan Riveros, Sebasti\u00e1n D\u00edaz, Juan de G\u00e1mez y otros, tilda ese atentado con estas frases: \u00abque tan antiguo como todo esto es en las Indias pasar plaza de delito, aun la m\u00e1s rendida s\u00faplica de un s\u00fabdito, pues en no condescendiendo ciegamente al antojo irregular de un superior, no hay reparo que no se atribuya a atrevimiento, ni recurso que no se grad\u00fae de desacato\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En la frase \u00abque tan antiguo como todo esto es en las Indias\u00bb alude Oviedo a lo que acontec\u00eda aqu\u00ed en su tiempo y ha acontecido en otros. Ah\u00ed est\u00e1 plenamente manifestado el resentimiento criollo con los gobernantes espa\u00f1oles, que de grande moci\u00f3n sirvi\u00f3 para la marcha de los hechos de nuestro historia y tantas consecuencias tuvo en ella. Al escribirlas, Oviedo hizo s\u00edntesis en su memoria de muchas cosas vistas en los tiempos de Enziso, Bravo de Anaya, Ca\u00f1as y Merino, Betancourt y Castro y otros gobernantes de la Provincia durante la vida del historiador.<\/p>\n\n\n\n<p>No eran estos solos los cuidados que pod\u00edan preocupar a un hombre de la colonia: cuidados, motivos de prevenci\u00f3n y temor son de todos los tiempos, mas cada uno de ellos tiene los suyos propios. A los de la guerra, del filibusterismo, a los provenientes de malos gobiernos, se a\u00f1adir\u00eda el estado sanitario de la poblaci\u00f3n. Caracas, desde que se fund\u00f3 ha tenido enfermedades peculiares y perennes: los catarros, las enfermedades del est\u00f3mago. Ya en el primero de todos los informes que sobre Caracas se hizo, el del Gobernador Juan de Pimentel en 1572, cinco a\u00f1os despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, se pone de manifiesto que ciertas causas de insalubridad han sido permanentes en la villa desde sus comienzos. Probablemente exist\u00edan desde entonces las parasitarias. Las pestes de viruela, que no han venido a dominarse sino a principios del siglo XX, eran anteriores a la conquista del centro; y es curioso anotar que, seg\u00fan la informaci\u00f3n del Gobernador Pimentel, fuesen los naturales aficionados a las bebidas alcoh\u00f3licas, uno de los vicios m\u00e1s extendidos y m\u00e1s da\u00f1inos a nuestra raza. El Gobernador se expresa de esta manera:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEl sitio e valle desta ciudad de Santiago de Le\u00f3n se tiene por mas enfermo que sano, por los vientos que en \u00e9l corren. Como dellos se dixo en el tercero cap\u00edtulo, las enfermedades m\u00e1s generales son rromadizo y catarros continos, que suelen dar dos vezes en el a\u00f1o y a la entrada y salida del ynvierno; y c\u00e1maras que las m\u00e1s vezes quiebran en su sangre; y estas no son muy ordinarias. Los catarros son m\u00e1s malos a la entrada del ynvierno que a la salida por que con las lluvias nuevas se rrevuelven las quebradas y r\u00edos, como descienden destas sierras y vienen m\u00e1s asentadas, quebrantadas y crecidas y poco asoleadas, hazen mucha ynpresi\u00f3n esta enfermedad, y m\u00e1s en los naturales, porque del catarro, como tienen costumbre de ba\u00f1arse siempre, s\u00e1ltales en dolor de costa y este se les abiva con el ma\u00edz jo jo to que es tierno y con lo mucho que beven en las borracheras. Despu\u00e9s que esta ciudad se fund\u00f3 a \u00e1vido biruelas y saranpi\u00f3n que llev\u00f3 la tercera parte de los naturales desta provincia y fue esta enfermedad general en toda esta governaci\u00f3n y fuera della los naturales dizen avellas \u00e1vido otras vezes.\u00bb <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es tambi\u00e9n indicio de la escasa salubridad del lugar la mortalidad infantil, que quiz\u00e1 pueda estimarse precisamente por las defunciones de los hijos de nuestro historiador. De los diez hijos habidos en su matrimonio, cinco murieron en edad temprana; y esto es muy significativo respecto al estado de salud del lugar, si bien no se conoc\u00edan reglas de higiene suficientes en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Terribles pestes visitaron a Caracas en los comienzos de la estada de Oviedo en ella, en la \u00e9poca de Bravo de Anaya y en parte de la del Gobernador Berrotar\u00e1n, hubo epidemia de viruela unida a la del v\u00f3mito negro. De esa \u00e9poca viene la leyenda del limonero del Se\u00f1or de la esquina de Miracielos. El obispo y su sobrino tomaron parte activa en una de las esperanzas que pone la comunidad cuando se halla afligida por males como las epidemias, las guerras, los terremotos y otras calamidades p\u00fablicas: las rogativas al Se\u00f1or y los santos. La fundaci\u00f3n de la actual Iglesia de Santa Rosal\u00eda se debe a las diligencias del se\u00f1or de Ba\u00f1os y Sotomayor para conjurar las pestes.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de los intranquilizadores acontecimientos causados por las enfermedades, y los malos gobiernos de Enziso y Bravo de Anaya, tuvo la colonia d\u00edas de reposo y de adelantos con el gobierno de don Francisco de Berrotar\u00e1n, quien fue Gobernador modelo, como pocos entran en la cuenta de los muchos que han dirigido el pa\u00eds, tanto en la colonia como en la Rep\u00fablica. Sab\u00eda Berrotar\u00e1n y practicaba las reglas del Cat\u00f3n de D. Quijote a Sancho cuando \u00e9ste se iba de Gobernador a la \u00cdnsula Barataria. Tan bueno fue el nuestro que el Rey en recompensa le hizo merced del t\u00edtulo de Marqu\u00e9s del Valle de Santiago. \u00c9ste, por el a\u00f1o de 1700 se cas\u00f3 con D\u00f1a. Luisa Catalina de Tovar y Mijares de Sol\u00f3rzano. Por tal uni\u00f3n, Oviedo y Ba\u00f1os se emparentaba con el Marqu\u00e9s, porque ya el historiador estaba casado, desde hac\u00eda dos a\u00f1os, con la se\u00f1ora D\u00f1a. Francisca Manuela de Tovar y Mijares. Ambas se\u00f1oras eran de linaje preclaro: D\u00f1a. Luisa Catalina, hija de Manuel Felipe de Tovar B\u00e1\u00f1ez y Mendieta y de Mar\u00eda Mijares de Sol\u00f3rzano; D\u00f1a. Francisca Manuela, de Antonio Tovar Pacheco, hijo del primer matrimonio del anterior, y de Francisca Mijares de Sol\u00f3rzano, hermana de la segunda mujer de don Manuel Felipe. As\u00ed que la de Oviedo ven\u00eda siendo sobrina de la de Berrotar\u00e1n por parte de padre y prima hermana por parte de madre. Este parentesco nos demuestra c\u00f3mo se un\u00edan en c\u00edrculos estrechos las familias de alcurnia de la colonia.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"1694\">\n<li>Manuel Felipe, el abuelo de la mujer de Oviedo, nacido en Madrid, vino a Venezuela en 1640 con sus dos hermanos: Ortu\u00f1o y Mart\u00edn y su t\u00edo Fray Mauro de Tovar, el Obispo cuyas competencias con los Gobernadores de su tiempo han dado tanto qu\u00e9 decir a la historia de la colonia. D. Manuel Felipe se cas\u00f3 en 1646 con D\u00f1a. Juana Pacheco y Maldonado, de una noble y rica familia de Trujillo. De esta rama ven\u00eda la mujer de Oviedo. Hab\u00eda nacido en el mismo a\u00f1o que \u00e9ste, en 1671, y a los 20 a\u00f1os se hab\u00eda casado con su pariente materno Jacinto Pacheco y Meza, del cual hubo un hijo que vino a ser luego el primero de los Condes de San Javier. D. Jacinto muri\u00f3 en diciembre de 1694. Ya para marzo de 1698 la viuda se casaba con el historiador.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En el testamento de Oviedo y Ba\u00f1os, otorgado en 1739 por su hijastro el Conde y su viuda, ya anciana de 68 a\u00f1os, comisionados por el testador, se dice que cuando \u00e9ste se cas\u00f3 no hab\u00eda llevado al matrimonio bienes ningunos conocidos, sino un negro, su paje, llamado Juan de C\u00e1diz, y algunas pocas alhajas de su uso.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta uni\u00f3n, descontando el amor que seguramente entr\u00f3 en ella, como lo prueban su normalidad y los muchos hijos resultantes, constitu\u00eda una buena colocaci\u00f3n para Oviedo; la viuda llevaba 70.000 pesos al matrimonio, cantidad que representaba una fortuna en aquella \u00e9poca. Pertenec\u00eda D\u00f1a. Francisca Manuela a una de las principales familias de la Provincia, de extensas relaciones de parentesco con gente de alcurnia en toda ella. Si el t\u00edo lo trajo a Caracas para encaminarlo en la vida, con este matrimonio obten\u00eda asiento conveniente y provecho sin descuidar la honra. Para D\u00f1a. Francisca Manuela era tambi\u00e9n ventajoso el matrimonio: Oviedo hab\u00eda venido a Caracas, lo mismo que D. Manuel Felipe el abuelo de aqu\u00e9lla, a buscar asiento a la sombra y favor de otro obispo. El linaje del novio val\u00eda por el de ella. Adem\u00e1s, ya se evidenciaban en el joven las condiciones que luego lo hicieron uno de los notables de Caracas, entre los cuales deb\u00eda ya de sobresalir su ingenio; y si con escasos bienes de fortuna al casarse, pod\u00eda recibir algunos por herencia de sus parientes; y de a\u00f1adidura la viuda hab\u00eda menester quien mirase por sus haberes y le cuidase a su hijo; y no escogi\u00f3 mal a este respecto.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00f1a. Francisca debi\u00f3 de ser mujer bien parecida, a lo menos fue una naturaleza vigorosa, puesto que vivi\u00f3 87 a\u00f1os. A los 27, cuando se cas\u00f3 con Oviedo, hall\u00e1base en la plenitud de su vida y seguramente con este hermoso aspecto que da a la mujer joven la maternidad. De Oviedo no nos quedan indicios respecto a su traza. De su t\u00edo el Obispo existe un retrato y la estatua genuflexa, en madera, de la capilla de Ntra. Se\u00f1ora del P\u00f3pulo de Catedral. Lo saliente en ambos es la inteligencia de los ojos, de una mirada so\u00f1adora y profunda, y la nariz aguile\u00f1a, muy pronunciada en la estatua. Si acaso alguien quisiese hacer un retrato imaginario del historiador, podr\u00eda utilizar esos dos rasgos y darles cierta energ\u00eda y bondad a la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en la villa de Caracas, para fines del siglo XVII, hab\u00eda riqueza en el vestir, en quienes pod\u00edan tenerla. Bien lejos se hallaban los tiempos en que los habitantes de Venezuela, aun los m\u00e1s importantes, se hallaban astrosos y mal vestidos, tal como lo indica el Licenciado P\u00e9rez de Tolosa en su memoria al Rey6 cuando fue a juzgar a El Tocuyo, en 1546, al atroz Gobernador Carvajal. O como en tiempos del Tirano Aguirre, a quien el traje de los soldados de Guti\u00e9rrez de la Pe\u00f1a y Diego Garc\u00eda de Paredes, sus contrincantes, le aguzaba el sarcasmo y por su indumento, los denominaba \u00abencaperuzados\u00bb representando a los suyos la pobreza de los servidores del Rey, que tan poca paga obten\u00edan cuando por adorno llevaban tan indecentes alhajas.<\/p>\n\n\n\n<p>Oviedo, por enamorado, deb\u00eda acicalarse para visitar a la viuda, y en Caracas deb\u00eda de seguirse la moda de los trajes espa\u00f1oles, tanto por los que tra\u00edan las personas venidas de Espa\u00f1a, y sobre todo los Gobernadores y su s\u00e9quito, como por las que se usaban en centros americanos como M\u00e9jico y Lima, y principalmente en el primero, con el cual ten\u00eda mayor comercio la Provincia que con la misma Pen\u00ednsula. Adem\u00e1s, la propagaci\u00f3n de las modas del vestir es cosa tan sutil, que parece como si se difundiera por medios telep\u00e1ticos. En esa \u00e9poca en Espa\u00f1a ellas hall\u00e1banse influidas por la francesa desde la elevaci\u00f3n de Carlos II al trono. El traje usual masculino compon\u00edase, seg\u00fan algunos autores, de casaca de manga corta, y ancha bocamanga de encajes; la corbata de lo mismo, la cual ven\u00eda a sustituir la antigua golilla; el pantal\u00f3n corto, abotonado hacia la rodilla; el sombrero de tres candiles, que se llevaba con el pelo suelto y el calzado de punta casi cuadrada, de cuero negro, tac\u00f3n a menudo te\u00f1ido de rojo y hebilla de gran tama\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Casa de Bol\u00edvar existe un retrato de Juan Mijares de Sol\u00f3rzano, primer Marqu\u00e9s de Mijares, pintado en 1701. Tiene \u00e9ste la cara completamente afeitada y el pelo largo hasta los hombros. Una capa le llega hasta la rodilla y el pantal\u00f3n lo mismo; la media de lana o algod\u00f3n; la zapatilla de punta roma con broche dorado. La antigua golilla hab\u00eda sido sustituida por un cuello bajo de encajes, de donde sale una corbata sin lazo sobre la pechera, tambi\u00e9n de encajes, y debajo de la capa el jub\u00f3n ya convertido en chaleco, de gran abertura como para dejar ver la camisa y semejante al chaleco de la casaca actual. El Marqu\u00e9s de Mijares en este retrato llevaba espad\u00edn y guantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Oviedo fijaba su atenci\u00f3n, al describir a Caracas, en las flores de los jardines de las casas, diciendo de \u00e9stas: \u00abson tan dilatadas en los sitios, que casi todas tienen espaciosos patios, jardines y huertas, que regados con diferentes acequias que cruzan la ciudad, saliendo enca\u00f1adas del r\u00edo Catuche, producen tanta variedad de flores que admira su abundancia todo el a\u00f1o\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Palacio Arzobispal existe todav\u00eda una de esas huertas. All\u00ed deb\u00eda cultivarse entonces variedad de flores. El mencionarlas indica el gusto de Oviedo por ellas, y no ser\u00eda impropio pensar que el amante, acicalado con un traje nuevo y rico y seguido de Juan de C\u00e1diz, llevase a su pretendida un bello ramo de flores cogido en el jard\u00edn del Palacio, portado por el paje.<\/p>\n\n\n\n<p>En febrero de 1699 naci\u00f3 el primero de los hijos de Oviedo y de D\u00f1a. Francisca Manuela, a quien pusieron el nombre de Diego Jos\u00e9 y muri\u00f3 peque\u00f1o. El \u00faltimo, una ni\u00f1a, de nombre Francisca Ignacia, naci\u00f3 en 1713 y tambi\u00e9n muri\u00f3 en la ni\u00f1ez. Los que vivieron se llamaron: los varones, Juan Antonio y Francisco Javier. El primero naci\u00f3 en 1701 y el segundo en 1711. Las hembras, Rosal\u00eda, naci\u00f3 en 1700; Rosa en 1708, y Mar\u00eda Isabel en 1710.<\/p>\n\n\n\n<p>Un a\u00f1o despu\u00e9s de casado, Oviedo entr\u00f3 a formar parte del cuerpo que ejerc\u00eda la funci\u00f3n pol\u00edtica y gubernativa propiamente vern\u00e1cula en la colonia: el Cabildo. Fue nombrado all\u00ed Alcalde de segundo voto junto con el capit\u00e1n Alejandro Blanco Villegas, de primero. All\u00ed no tuvo actuaci\u00f3n resaltante, como no fuera la de defender el derecho a voto de los Alcaldes, ganando su compa\u00f1ero y \u00e9l la decisi\u00f3n favorable y definitiva del Rey.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1703 compr\u00f3 el cargo de Regidor perpetuo de la ciudad de Caracas, \u00bfpag\u00f3 por \u00e9l la cantidad de 54.000 maraved\u00eds ($ 200)?; pero a fines del mismo a\u00f1o lo renunci\u00f3, porque habiendo enloquecido el Gobernador Ponte y Hoyo y resultado de ello divisi\u00f3n sobre qui\u00e9n deb\u00eda gobernar mientras durase la incapacidad del Gobernador, o lo sustituyese otro, Oviedo, por su calidad de sobrino del Obispo, prefiri\u00f3 dejar el cargo seguramente por consejos del t\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1706 ocurri\u00f3 la muerte de Su Ilustr\u00edsima. Este acontecimiento debi\u00f3 de afectar profundamente el esp\u00edritu de Oviedo: fallec\u00eda, puede decirse, su padre, porque no lo es solamente el que lo engendra a uno, sino tambi\u00e9n el que lo cuida, lo educa, lo ilustra, lo conduce en la vida y le da ejemplo, fuerza y medios para vivirla: el padre engendrador de Oviedo hab\u00eda muerto cuando \u00e9ste ten\u00eda dos a\u00f1os y el Obispo fue quien hizo todo aquello por \u00e9l. Por otra parte, trat\u00e1base de la muerte de un hombre eminente por sus talentos, su amor a la cultura propia y de los dem\u00e1s, por sus obras de progreso durante veinte a\u00f1os que gobern\u00f3 la Iglesia venezolana, por sus virtudes cristianas y porque supo evitar siempre el escollo en el cual tropezaron obispos anteriores: el de las luchas y competencias con los Gobernadores; o en los que encallaron los obispos posteriores: el de tomar parte a favor del Gobernador en luchas contra el Ayuntamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El respeto y el amor ofrendado por el sobrino al Obispo lo manifest\u00f3 aqu\u00e9l de palabra al decir que durante los veinte a\u00f1os que vivi\u00f3 con \u00e9l, m\u00e1s le hab\u00eda servido como criado que como sobrino, y tambi\u00e9n con hechos. Prueba de su cari\u00f1o fue darle a su primer hijo el nombre de Diego, el mismo del Obispo y d\u00e1rselo a bautizar, y de respeto el de continuar sus obras.<\/p>\n\n\n\n<p>El triste acontecimiento, sin embargo, le confer\u00eda una suerte de mayoridad. Hasta entonces hab\u00eda sido el sobrino del Obispo, aunque hubiese ocupado ya cargos de importancia. Su comportamiento en ellos estaba condicionado, como en el caso de la renuncia a la regidur\u00eda, por las conveniencias de su t\u00edo y el obispado. Ahora era cabeza efectiva de familia y la muerte misma de Su Ilustr\u00edsima le tra\u00eda responsabilidades, como la de hacer respetar el testamento de aqu\u00e9l, al cual se opon\u00eda el Cabildo Catedralicio, para obtener todos los bienes del Obispo para la Iglesia, hasta el punto de querer impedir las mejoras y continuaci\u00f3n de las obras de la capilla de Nuestra Se\u00f1ora del P\u00f3pulo. Al hablar Oviedo en su Historia de la fundaci\u00f3n de Caracas y del estado de su crecimiento para la \u00e9poca en que \u00e9l viv\u00eda, dice al tratar de la Catedral:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abFuera de las cinco Naves, adornan su edificio cuatro Capillas de particulares Patronatos, que unidas al lado de la Ep\u00edstola, forman otra nave separada, la una dedicada a la Trinidad Sant\u00edsima que labr\u00f3 y dot\u00f3 el Proveedor Pedro Jaspe de Montenegro, natural del reino de Galicia y regidor que fue de esta ciudad; en otra se venera el Portento de los Milagros de San Nicol\u00e1s de Bari, colocado en ella a impulsos de la ardiente devoci\u00f3n que le profes\u00f3 D\u00f1a. Melchora Ana de Tobar, viuda de don Juan Ascanio y Guerra, Caballero de la orden de Santiago; la de Nuestra Se\u00f1ora del Pilar de Zaragoza dot\u00f3 y mand\u00f3 fabricar el Bachiller don Joseph Melero, De\u00e1n que fue de esta Catedral; y la de Nuestra Se\u00f1ora del P\u00f3pulo, fundaci\u00f3n del Ilustr\u00edsimo se\u00f1or Obispo don Diego de Ba\u00f1os y Sotomayor, que la dat\u00f3 en nueve mil trescientos pesos, renta anual de un Capell\u00e1n que la sirve: descansan en ella las cenizas de tan venerable Prelado, donde su estatua, hincada de rodillas al lado del Evangelio, mantiene la memoria de su piadoso celo: su f\u00e1brica de b\u00f3veda, con todas las galas que permite el arte, habiendo muerto Su Ilustr\u00edsima antes de acabarla, perfeccion\u00f3 el autor de esta Historia, por haberle sucedido en el patronato de ella, como sobrino suyo.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La Capilla h\u00e1llase a la izquierda y junto de la fundada por Jaspe de Montenegro, donde yacen hoy, por haber pasado por herencia a los abuelos del Libertador, los restos de algunos de ellos y los de su mujer Mar\u00eda Teresa Toro y Alaiza; donde yacieron los suyos, hasta que, creado el Pante\u00f3n, fueron trasladados a \u00e9ste. La Capilla de Nuestra Se\u00f1ora del P\u00f3pulo se usa desde la \u00e9poca del Obispo como Sagrario de la Catedral. En el fondo est\u00e1 el altar, dorado, de lindas proporciones, peque\u00f1o si se le compara con los de las capillas vecinas; incrustado en la pared y dividido en dos cuerpos, los escaparates de ambos limitados por peque\u00f1as y preciosas columnas salom\u00f3nicas. En el de abajo h\u00e1llase pintada en una tela peque\u00f1a, la imagen de Nuestra Se\u00f1ora delante de un peque\u00f1o trono de plata.<\/p>\n\n\n\n<p>Este escaparate est\u00e1 oculto en parte por el Sagrario donde se guarda el Sant\u00edsimo Sacramento. En el cuerpo de arriba hay una cruz de plata. El fondo de la Capilla tiene forma elipsoidal. De lado y lado del altar, dos ventanales cubiertos de vidrios de colores, le dan luz. A la izquierda, en una gran hornacina, en cuyo fondo est\u00e1 pintado el escudo familiar del Obispo, cuyo mote es: \u00ab<em>Justitia et pax osculatae sunt in te<\/em>\u00ab, h\u00e1llase su estatua en madera y de hinojos ante un reclinatorio. El altar, los ventanales y el sagrario est\u00e1n adornados con cortinajes purp\u00fareos. En el primer cuerpo de la Capilla, en donde se colocan los devotos al Sant\u00edsimo, hay dos escudos de madera sobre las paredes: uno repite el del Obispo y el otro es el de Oviedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Parra Le\u00f3n, quien busc\u00f3 y estudi\u00f3 gran cantidad de documentos para su biograf\u00eda de Oviedo, expone muy bien las dificultades que opuso el Cabildo Catedralicio al historiador representado por el cl\u00e9rigo Pedro Su\u00e1rez de Z\u00fa\u00f1iga, en la ejecuci\u00f3n del testamento del se\u00f1or de Ba\u00f1os y en el patrocinio y conclusi\u00f3n de la Capilla. As\u00ed la realizaci\u00f3n de los mandatos testamentarios del Obispo vino a ser una carga de dinero, trabajo y desazones para su sobrino. \u00c9ste al fin lleg\u00f3 a una transacci\u00f3n favorable con los \u00abempecinados capitulares\u00bb y obtuvo en definitiva el patronato de la Capilla por real c\u00e9dula.<\/p>\n\n\n\n<p>En ella descansan sus restos, si el tiempo ya no los ha reducido a polvo; y a ella h\u00e1llase tambi\u00e9n como a su Historia, vinculado su nombre en la posteridad, de tal modo que esta Academia, a fin de rememorarlo justamente, no ha escogido, ni pod\u00eda escoger, otro sitio sino la Capilla, para colocar una l\u00e1pida recordatoria, el a\u00f1o pasado en el d\u00eda aniversario de la muerte del pr\u00f3cer.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1710 volvi\u00f3 a formar parte del Cabildo como Alcalde ordinario, junto con don Juan Bol\u00edvar y Villegas. Gobernaba entonces la Provincia, desde 1706, don Fernando de Rojas y Mendoza, quien, seg\u00fan cuenta Luis Alberto Sucre, se ejercit\u00f3 en moralizar y mejorar las costumbres, continuando en ello al marqu\u00e9s del Valle de Santiago, en su segundo gobierno. Public\u00f3 de nuevo por bando las ordenanzas de aqu\u00e9l, respecto a que no anduviese por las calles, despu\u00e9s del toque de \u00e1nimas, gente de baja cala\u00f1a y menos en tropa y no formasen corrillo, proveyendo a que no hubiese garitos, y las heridas y muertes no quedasen ocultas, y a evitar otras malas costumbres. No dejaba de haber elementos en la incipiente villa de Caracas para formar, si hubiese habido quien la escribiera, una cr\u00f3nica picaresca como \u00abEl Carnero\u00bb, del bogotano Juan Rodr\u00edguez Freile.<\/p>\n\n\n\n<p>Un a\u00f1o despu\u00e9s de haber sido nuestro historiador Alcalde ordinario, vino por Gobernador Francisco Ca\u00f1as y Merino, gobernante concupiscente, codicioso, desordenado y violento, capaz de todas las malas acciones posibles, las cuales denunciaron los regidores y el Rey castig\u00f3 debidamente al culpable. Fueron estos d\u00edas de angustia y desaz\u00f3n para la colonia. No se sabe qu\u00e9 parte tomar\u00eda Oviedo en la lucha contra Ca\u00f1as y Merino, pero s\u00ed que algunos parientes suyos fueron maltratados y aprisionados por el b\u00e1rbaro gobernante. El estar bajo el mando de uno tal como Ca\u00f1as y Merino es siempre motivo, aunque sus acciones no lleguen a lesionarnos directamente, de desagrado y molestia. La tiran\u00eda y la violencia del mandatario producen un ambiente de pesar y tristeza y, como no sea posible reaccionar con probabilidades de \u00e9xito, inclina el \u00e1nimo al pesimismo y a la depresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas, en estos a\u00f1os debi\u00f3 de estar ocupado Oviedo y Ba\u00f1os en la formaci\u00f3n de su Historia, la cual le cost\u00f3 tiempo y trabajo efectivos. Desde 1703, seg\u00fan parece, aunque Parra Le\u00f3n cree mejor la fecha de 1710, le hab\u00eda, encomendado el Cabildo el estudio de sus Actas y la formaci\u00f3n de notas en las cuales se enumerasen los diversos Gobernadores de la Provincia, los Alcaldes de Caracas y se anotasen los hechos principales, de los cuales hicieran memoria esas Actas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el libro de las capitulares del Ayuntamiento de Caracas, la de 22 de abril de 1765 expresa que el Conde de San Javier hizo presentes dos libros, adquiridos de Francisco Javier de Oviedo, para uso del Ayuntamiento, en los cuales se conservaba memoria de las reales determinaciones y de los hechos m\u00e1s notables desde la fundaci\u00f3n de la ciudad. El primero llegaba hasta 1702, hab\u00eda sido formado por Oviedo y Ba\u00f1os, y el segundo por Juan Luis de Escalona hasta 1722.<\/p>\n\n\n\n<p>En los Boletines de esta Academia, de los a\u00f1os 1923 y 24, se public\u00f3, con el t\u00edtulo de \u00abOr\u00edgenes Nacionales\u00bb, un resumen de las actas de los Cabildos, de las cuales se dec\u00eda en el ep\u00edgrafe que se trataba de un cuaderno de notas aut\u00f3grafas de Oviedo y Ba\u00f1os, escritas para la composici\u00f3n de su Historia, perteneciente el cuaderno al acad\u00e9mico se\u00f1or Francisco Jim\u00e9nez Arraiz. Comienza ese conjunto de noticias en 1588 y debe de terminar en 1702, si fueron escritas al a\u00f1o siguiente, mas la publicaci\u00f3n en el Bolet\u00edn se interrumpi\u00f3 de repente. Se trata muy probablemente de uno de los dos libros presentados al Ayuntamiento por el Conde de San Javier, o al menos una copia del estudio encomendado a nuestro historiador. En \u00e9l quiz\u00e1s est\u00e1 el fundamento y el est\u00edmulo de Oviedo para llegar a escribir su Historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Oviedo tuvo en mucho al escribirla, el trabajo que ella le cost\u00f3: se ufana en varias ocasiones de haber registrado archivos y examinado papeles. En la dedicatoria a su hermano Diego Antonio, despu\u00e9s de contar bellamente la an\u00e9cdota del vaso de agua presentado por tres \u00abinvencibles soldados\u00bb al Rey David y haberlo \u00e9ste estimado en mucho, y a su vez ofrecido a Dios, s\u00f3lo por \u00abhaber sido sacada el agua de la cisterna de Bel\u00e9n a costa de la fatiga y trabajo de aquellos tres capitanes\u00bb, dice: \u00abAdmita V. S. la corta v\u00edctima de mi rendido obsequio, haci\u00e9ndola digna ofrenda de sus aras, no por lo que contiene, sino por el imponderable trabajo y continuadas tareas que me ha costado sacar de la cisterna del olvido en que estaban sepultados, por violencia de la omisi\u00f3n y rigores del descuido, los memorables hechos de aquellos valerosos espa\u00f1oles, que dan materia para tejer la narraci\u00f3n de esta historia\u00bb. En el pr\u00f3logo al lector insiste Oviedo en que el trabajo para disponer la obra fue grande, siendo preciso revolver todos los archivos de la Provincia para buscar material y cotejar los instrumentos antiguos.<\/p>\n\n\n\n<p>En la pedantesca Aprobaci\u00f3n de la Historia, hecha en Madrid por el Licenciado D. Manuel Isidoro de Mirones y Benavente, se habla con encomio tambi\u00e9n del desvelo del autor en solicitar materiales para la perfecci\u00f3n de su obra, registrando los archivos de la ciudad de Caracas. Hay que darles fe a estas aseveraciones, o si no caer en las dudas sobre la probidad intelectual de Oviedo en que incurren Ar\u00edstides Rojas y Gonzalo Pic\u00f3n Febres; y tenerlo por hombre un tanto vanidoso, y jactancioso de la calidad documental de su Historia. Trabaj\u00f3, sin duda, bastante en ella. M\u00e1s tarde, si la atenci\u00f3n de este ilustre y paciente auditorio no se ha cansado, me he de permitir expresar el modo de qu\u00e9 se val\u00eda para completar la relaci\u00f3n de los sucesos que sus modelos hab\u00edan narrado incompletamente, procurando probar que las aseveraciones de Oviedo nac\u00edan de justo orgullo y no de vanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El a\u00f1o de 1723 se imprimi\u00f3 la primera parte de la Historia en Madrid, en la imprenta de D. Gregorio Hermosilla. Los primeros ejemplares de la obra llegar\u00edan a Caracas meses despu\u00e9s: Al saber que el libro hab\u00eda aparecido en Madrid, Oviedo experimentar\u00eda gran curiosidad y anhelo de que llegase a sus manos; y a su llegada intensa emoci\u00f3n e \u00edntima alegr\u00eda. El buen letrado estima la obra de su pensamiento ya en su concretaci\u00f3n tipogr\u00e1fica como un hijo inmaterial al que se le debe amor y cuidado y al cual, si viene de otro pa\u00eds, se le recibe con placer. Con cu\u00e1nto deleite examinar\u00eda las p\u00e1ginas del libro; c\u00f3mo sentir\u00eda los errores cometidos en la impresi\u00f3n; con qu\u00e9 gusto colocar\u00eda un volumen en su biblioteca junto a otros ya inmortales. Luego mandar\u00eda llamar a sus amigos: al Can\u00f3nigo Alonso de Escobar y a Ruy Fern\u00e1ndez de Fuenmayor para que viesen y entregarles el ejemplar correspondiente. Con satisfacci\u00f3n ver\u00edan ambos sus versos laudatorios impresos en el mismo cuerpo de la Historia, y la familia y otros amigos celebrar\u00edan el \u00e9xito de la empresa de Oviedo y la bondad de su libro, que para la Caracas culta y pr\u00f3cer, ser\u00eda un acontecimiento el ver impresas en p\u00e1ginas tan finamente escritas las haza\u00f1as de los fundadores de la Provincia, de los cuales descend\u00eda mucha parte de aqu\u00e9lla. Trat\u00e1base de una obra que elevaba el nivel intelectual de la Provincia y era abono al germen creciente del sentimiento de patria.<\/p>\n\n\n\n<p>No ser\u00eda descaminado imaginar que muchas de las familias amigas de la de Oviedo fueron a visitarlo y a congratularse con \u00e9l y su gente por el lauro alcanzado, y tambi\u00e9n no lo ser\u00eda pensar que la celebraci\u00f3n se concretar\u00eda en alg\u00fan suntuoso banquete: mesas de caoba de Santo Domingo de pata cabriolada; manteler\u00eda de ricos bordados en cuya fina labor eran extremadas las manos femeninas espa\u00f1olas y criollas; bandejas y platos de recia y colorida loza espa\u00f1ola; rica vajilla de plata labrada; manjares en los que extremar\u00edan sus conocimientos culinarios las hacendosas mujeres de la familia ayudadas de amigas y secundadas por esclavas. Tambi\u00e9n contribuir\u00edan al mayor lucimiento y esplendor del banquete los manjares enviados de regalo por esos amigos y parientes. No faltar\u00eda all\u00ed la recitaci\u00f3n por el propio autor, el can\u00f3nigo Escobar, de sus resonantes versos laudatorios:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Coronado le\u00f3n de cuyos rizos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>altivas crenchas visten el copete<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Don Ruy Fern\u00e1ndez de Fuenmayor dir\u00eda sus d\u00e9cimas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Santiago, m\u00e1s que a Losada<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a Oviedo debes dichosa,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>pues por \u00e9ste eres famosa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>si por aqu\u00e9l conquistada<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Otros tambi\u00e9n mostrar\u00edan su ingenio en laudes y elogios. En 1722 nuestro historiador hab\u00eda sido nombrado de nuevo Alcalde ordinario de primer voto. Esta elecci\u00f3n en s\u00ed no constitu\u00eda cosa extraordinaria, pero si el tiempo acercaba acontecimientos que transformar\u00edan la colonia, dar\u00edanla mayor ser y desviar\u00edan los forcejeos entre Obispos y Gobernadores, y Alcaldes y los mismos por poseer mayor o menor poder y conservar fueros concedidos desde los comienzos de la colonia, hacia luchas de m\u00e1s hondura econ\u00f3mica y de conceptos m\u00e1s amplios, las cuales hab\u00edan de ser factores determinantes de la magna lucha de nuestra Independencia y formaci\u00f3n de la nacionalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando eligieron a Oviedo Alcalde, comenzaba tambi\u00e9n el gobierno de don Diego Portales y Meneses. \u00c9ste, arbitrario, inquieto y enemigo del privilegio de los Alcaldes de gobernar la Provincia en ausencia del Gobernador, al ausentarse de la ciudad para visitar las del interior, cometi\u00f3 su cargo al Obispo Don Juan Jos\u00e9 de Escalona y Calatayud. Aquel privilegio lo hab\u00edan obtenido los Alcaldes en 1675 cuando la audiencia de Santo Domingo, por la muerte del Gobernador Don Francisco D\u00e1vila Orej\u00f3n, nombr\u00f3 de interino a Don Juan Padilla Guardiola y Guzm\u00e1n. El Cabildo desde luego no acept\u00f3 el nombramiento y reclamaron los Alcaldes, entonces Don Manuel Felipe de Tovar y Don Domingo Galindo y Zayas, al Rey, el cual por una C\u00e9dula les confiri\u00f3 el privilegio de sustituir al Gobernador cuando faltase. La reclamaci\u00f3n fue fundamentada en el que obtuvo en 1560 el Procurador Sancho Brice\u00f1o, de que los Alcaldes gobernasen la ciudad correspondiente si por alguna causa no hubiese Gobernador en la Provincia. Oviedo, volviendo por tan estimado y \u00fatil privilegio, junto con su compa\u00f1ero Don Jos\u00e9 Carrasquer, protest\u00f3 y reclam\u00f3 al Rey, el cual por otra c\u00e9dula confirm\u00f3 la facultad y desaprob\u00f3 la infracci\u00f3n efectuada por Portales y el se\u00f1or de Escalona.<\/p>\n\n\n\n<p>Este privilegio del Cabildo, a pesar de las dificultades opuestas a su desarrollo por la natural mala voluntad de gobernadores y la desconfianza de la Corte, fue el germen fruct\u00edfero de uno de los factores del movimiento del 19 de abril de 1810 inicial de nuestra Independencia, esto es, la f\u00f3rmula en la cual t\u00e1citamente se apoy\u00f3 el Cabildo para constituirse en Junta que, conservando los derechos del Rey, gobernase en lugar de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Si los Alcaldes pod\u00edan, cuando faltase, sustituir al representante del Rey, cuando este \u00faltimo faltase a su vez del gobierno de Espa\u00f1a y sus colonias, como ocurri\u00f3 cuando Napole\u00f3n destronaba los reyes de la Pen\u00ednsula para poner en su lugar a uno ileg\u00edtimo, al no reconocerlo bien pod\u00edan esos Alcaldes y el Cabildo, sustituir en el gobierno al leg\u00edtimo si el representante se invalidaba al pretender gobernar a nombre del ileg\u00edtimo. Las f\u00f3rmulas son de una utilidad tal que, en muchos casos, una ha permitido, apoyada en elementos tradicionales, enderezar hacia un orden nuevo uno ya caduco. De esa infracci\u00f3n y de la enemiga constante del Gobernador y el Obispo contra el Ayuntamiento, dimanaron perturbaciones y trastornos que alcanzaron casi caracter\u00edsticas de guerra civil, los cuales se complicaron con las gestiones preliminares de la instalaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana en Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la lucha entre Portales y el Ayuntamiento, llegaron a Caracas dos agentes de la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana: Beato y Olavarriaga. El Cabildo mir\u00f3 con buenos ojos la instalaci\u00f3n de un organismo comercial que promet\u00eda aumentos y mejoras. Portales mostr\u00f3se enemigo de la instalaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, muy probablemente porque ciertos miembros del Ayuntamiento eran partidarios de ella. Oviedo lo era tambi\u00e9n y, sin duda, hab\u00eda estudiado con los agentes las condiciones en que se instalar\u00eda la Compa\u00f1\u00eda. Ellos lo buscar\u00edan porque, por su posici\u00f3n social, sus relaciones de parentesco con la gente m\u00e1s notable de la colonia y su actuaci\u00f3n en la pol\u00edtica municipal \u00bfa qui\u00e9n mejor que a \u00e9l pod\u00edan dirigirse? Oviedo ver\u00eda tambi\u00e9n las ventajas que de momento reportar\u00eda la instituci\u00f3n de un organismo de las condiciones y prop\u00f3sitos de la Guipuzcoana, y la ventaja para la Colonia de las relaciones directas y frecuentes con la Pen\u00ednsula. Desde 1700 a 1728 s\u00f3lo arribaron, viniendo de Espa\u00f1a en expedici\u00f3n comercial, cinco barcos a las costas de Venezuela. Las relaciones mercantiles de la Provincia, antes de la Guipuzcoana, con la Metr\u00f3poli se hac\u00edan por M\u00e9xico. En caso parecido, con respecto a Europa, estuvo la Rep\u00fablica hasta muy avanzado el siglo XIX. La medida de elevar en un 30 % los derechos de aduana de las mercanc\u00edas tra\u00eddas de las Antillas tuvo los mismos efectos, en cuanto a comunicaciones en el siglo pasado, que el funcionamiento de la Guipuzcoana en el XVIII.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, uno de los anhelos seculares de los venezolanos ha sido el aumento de poblaci\u00f3n, y el aumento e intensificaci\u00f3n de la agricultura. La Guipuzcoana ofrec\u00eda ambas cosas; podr\u00eda traer gente experta en las labores de los campos, como efectivamente ocurri\u00f3 con Don Antonio Arvide y Don Pablo Orendain, los que introdujeron la siembra del a\u00f1il en Venezuela, cultiv\u00e1ndolo en los valles de Aragua. La Guipuzcoana, adem\u00e1s, pondr\u00eda coto al trato il\u00edcito: el contrabando, que a\u00fan hoy es un serio problema para Venezuela, fue durante la colonia un azote; y su represi\u00f3n, motivo de muchos trastornos como los ocurridos en el occidente de la Provincia cuando la gobern\u00f3 Don Manuel Betancourt y Castro, entre 1716 y 1720, y como los que ocurrieron luego porque la Compa\u00f1\u00eda redujo las proporciones del trato.<\/p>\n\n\n\n<p>Oviedo debi\u00f3, pues, ser en un principio partidario de la Compa\u00f1\u00eda. Muchos de sus parientes fueron accionistas de ella y muy probablemente pidi\u00e9ronle opini\u00f3n respecto a sus negocios. El vicio que en s\u00ed llevaba la Instituci\u00f3n, esto es, el de la exclusividad, el cual confiere una potestad que conduce siempre al abuso, no pod\u00eda Oviedo juzgarlo claramente. En esa \u00e9poca el monopolio era norma de toda instituci\u00f3n comercial, y la libertad del comercio no fue concebida como m\u00e1s propia para el adelanto efectivo sino a\u00f1os bastantes despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas frases de Don Andr\u00e9s Bello son una s\u00edntesis precisa de los bienes y males que la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana report\u00f3 al pa\u00eds: \u00abpor una de aquellas combinaciones pol\u00edticas, m\u00e1s dignas de admiraci\u00f3n que f\u00e1ciles de explicar, se vio la provincia de Venezuela constituida en un nuevo monopolio, tan \u00fatil en su instituci\u00f3n como ruinoso en sus abusos, a favor del cual empez\u00f3 a salir de la infancia su agricultura; y el pa\u00eds, conducido por la mano de una Compa\u00f1\u00eda mercantil, empez\u00f3 a dar los primeros pasos hacia su adelantamiento\u00bb.7<\/p>\n\n\n\n<p>No volvi\u00f3 a figurar Oviedo entre los alcaldes despu\u00e9s de lo acontecido con el Gobernador Portales y el se\u00f1or de Escalona. Supo defender con energ\u00eda el derecho del cargo ejercido por \u00e9l, mas luego se alej\u00f3 de una posici\u00f3n en la cual deb\u00eda figurar como cabeza en momento de perturbaci\u00f3n y alboroto y de ejercicios contrarios a las autoridades superiores de la Provincia. Volvi\u00f3, pues a la vida privada pero desde all\u00ed pod\u00eda ejercer, por medio del consejo y de su autoridad, acci\u00f3n beneficiosa. \u00bfDedicar\u00edase entonces tambi\u00e9n a perfeccionar el segundo volumen de su Historia, a estudios literarios y militares? &nbsp;Varios libros sobre el arte militar ten\u00eda en su biblioteca. Ya en 1706 pose\u00eda el grado de Capit\u00e1n. En un asiento de contabilidad de la tesorer\u00eda de la Real Hacienda, referente a un pago hecho a \u00e9l como apoderado del Marqu\u00e9s del Valle de Santiago, se le nombra con ese grado. En 1728, el Gobernador Carrillo de Andrade lo elev\u00f3 a Teniente general: Oviedo en su Historia se complace en describir los movimientos militares de los conquistadores contra los indios, y los de las huestes de \u00e9stos. Muri\u00f3 el procero historiador el 22 de noviembre de 1738.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo dicho hasta ahora por m\u00ed respecto a Oviedo y Ba\u00f1os y todo lo dicho por otros antes y lo que se dir\u00e1 despu\u00e9s, no tendr\u00eda importancia ni inter\u00e9s si no fuese porque Oviedo escribi\u00f3 con noble estilo y animaci\u00f3n extraordinaria una historia de la Conquista y comienzos de la poblaci\u00f3n de nuestro pa\u00eds. As\u00ed, pues, lo verdaderamente interesante en la vida de Oviedo, cualesquiera que hayan sido sus hechos, es el haber escrito su Historia. Notable atributo del talento el de hacer vivir en la posteridad la memoria de un hombre, ya sea un pr\u00f3cer o un p\u00edcaro, un linajudo se\u00f1or o un plebeyo, si lo utiliz\u00f3 debidamente y lo manifest\u00f3 en determinados momentos de su vida. El haber sido bueno y diestro en la vida, el haber sabido mantenerse en la propia posici\u00f3n social y acrecentarla, el haber sabido labrarse una fortuna, el haber cumplido con brillo sus deberes en el Cabildo y con su familia, parientes y amigos, el haber amado esta tierra que lo acogi\u00f3 y lo hizo suyo, no le hubiesen conferido a Oviedo el derecho a que se hablase de \u00e9l en esta ocasi\u00f3n y otras muchas, mas le bast\u00f3 poseer el don del estilo y la unidad de pensamiento suficiente para escribir un buen libro y haberle dedicado pacientes horas a componerlo para que hoy se le recuerde, se estudien los documentos relacionados con su vida y se le considere como uno de nuestros inmortales. El examen, pues, de las condiciones de su Historia, debiera ser lo m\u00e1s interesante en esta disertaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Oviedo historiaba con un concepto semejante al de los antiguos. La Historia, tal como se concibe hoy, es uno de los adelantos del siglo XIX. La que escrib\u00edan los historiadores anteriores a este siglo no era compleja y profunda como la moderna. S\u00f3lo estudiaban las grandes fuerzas hist\u00f3ricas en acci\u00f3n: el individuo, las guerras y sus movimientos estrat\u00e9gicos, los acontecimientos dependientes de la voluntad humana y los conflictos y sus consecuencias. La filosof\u00eda de la historia era incipiente y sencilla. Los antiguos narraban los hechos y deb\u00edan hacerlo con elegancia y pureza. La historia, seg\u00fan una s\u00edntesis de Cicer\u00f3n, formaba parte de la elocuencia. A esta s\u00edntesis lleg\u00f3 el gran orador porque los antiguos practicaron s\u00f3lo esa forma de la historia. Esta era as\u00ed una rama de la literatura, un g\u00e9nero elocuente, bello con la belleza de un bajo relieve: un arte y no una ciencia. Los padres de ella en el mundo antiguo fueron Herodoto y Tuc\u00eddides: el primero esencialmente narrativo, hall\u00e1base todav\u00eda cerca de la epopeya; el segundo narraba tambi\u00e9n y era disc\u00edpulo de sofistas maestros de elocuencia. Esta forma de la historia se prolonga hasta nuestros d\u00edas, mas antes se escrib\u00eda siempre bajo el signo de este concepto y en \u00e9l se amparaba Oviedo, natural e ineludiblemente.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro historiador escribi\u00f3 su libro con el objeto de sacar de las cenizas del olvido las memorias de aquellos valerosos espa\u00f1oles que conquistaron la Provincia. Hab\u00eda en su prop\u00f3sito una idea de loa y sentimiento de admiraci\u00f3n. Ese prop\u00f3sito deb\u00eda llevarlo anarrar y elevar las acciones de los fundadores. As\u00ed, pues, ten\u00eda que buscar en los instrumentos a su alcance la relaci\u00f3n de las acciones de esos hombres. Los archivos de la Provincia apenas si las guardaban; se ve\u00eda forzado, pues, a dirigirse a los documentos que buenamente pudiese hallar y a los cronistas que las hab\u00edan consignado: Fray Pedro Sim\u00f3n, el Obispo Piedrah\u00edta, Herrera en sus D\u00e9cadas, Juan de Castellanos, Gil Gonz\u00e1lez en su Teatro Eclesi\u00e1stico, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas, el gu\u00eda de Oviedo por la intrincada selva de los primeros hechos de la conquista fue Fray Pedro Sim\u00f3n, Provincial de la orden de San Francisco, quien estuvo en Venezuela a principios del siglo XVII, y por medio de la tradici\u00f3n oral y por las relaciones existentes, form\u00f3 una historia prolija en donde no se distinguen bien los hechos esenciales e importantes de los secundarios, con un estilo cuyo curso es lento. Pero la obra del Provincial, estimable y respetable, bien merec\u00eda que se le resumiese y se contasen los hechos consignados por \u00e9l con un estilo de m\u00e1s movimiento y m\u00e1s conciso y se completasen y mejorasen. As\u00ed lo realiz\u00f3 Oviedo en la primera parte de su Historia, si para considerar este caso la dividimos en dos: la correspondiente a los acaecimientos anteriores a la conquista de los Caracas y los relativos a los de \u00e9sta.<\/p>\n\n\n\n<p>Abrevi\u00f3 y mejor\u00f3 la narraci\u00f3n del Provincial: evit\u00f3 lo in\u00fatil, lo lento y difuso, lo transform\u00f3 en una narraci\u00f3n movida y clara y los datos consignados por aqu\u00e9l los complet\u00f3 y mejor\u00f3 siempre que pudo. As\u00ed por ejemplo, Pedro Sim\u00f3n asevera que cuando Spira regres\u00f3 a Coro, despu\u00e9s de su larga jornada por los Llanos, hall\u00f3 de Gobernador al Dr. Navarro. Oviedo, en el Cap\u00edtulo VII del libro II, afirma que no fue tal porque Spira nunca dej\u00f3 de ser Gobernador hasta su muerte y que la Audiencia no pod\u00eda enviarle sucesor porque no le compet\u00eda el nombramiento. Se fundamenta nuestro historiador para esta afirmaci\u00f3n en papeles propiedad de su contempor\u00e1neo Don Lorenzo de Ponte y Villegas, descendiente de Juan de Villegas, a quien Spira dej\u00f3 nombrado por Gobernador en su lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando en el Cap\u00edtulo I del libro IV habla de la misi\u00f3n de Sancho Brice\u00f1o a Espa\u00f1a, en la cual \u00e9ste como Procurador de la Provincia deb\u00eda solicitar del Rey algunas concesiones favorables, y obtuvo, entre otras, la de que los Alcaldes pudiesen gobernar en sus respectivas ciudades en ausencia o por muerte del Gobernador, a\u00f1ade la explicaci\u00f3n de c\u00f3mo de all\u00ed dimana el privilegio de la ciudad de Caracas de gobernar sus Alcaldes en lo pol\u00edtico y militar a la Provincia entera por la misma causa.<\/p>\n\n\n\n<p>La narraci\u00f3n del Provincial de los hechos y fechor\u00edas del Tirano Aguirre en Venezuela es muy pormenorizada e interesante. Oviedo la sigue en su disposici\u00f3n y detalles hasta el punto de consignar, seguramente por sentido de lo dram\u00e1tico y gusto por lo colorido, el pormenor insignificante de c\u00f3mo los vecinos de Valencia y el Capit\u00e1n Pedro Bravo, de M\u00e9rida, echaron a los perros, porque ofend\u00edan ya el olfato, las manos cortadas al cad\u00e1ver de Aguirre, que les hab\u00edan tocado a los unos y al otro en la distribuci\u00f3n de los cuartos. Mas a\u00f1ade otros pormenores, como los que se refieren a la actuaci\u00f3n de Pedro Alonso Galeas, muy pintorescos y llenos de inter\u00e9s. Este Capit\u00e1n que vino a Venezuela, mal de su grado, porque en ello le iba la vida, en la cohorte de Aguirre, se escap\u00f3 de ella, ayud\u00f3 al vencimiento del Tirano, figur\u00f3 luego aqu\u00ed como persona principal y contribuy\u00f3 a la conquista de los Caracas, dej\u00f3 descendencia que pose\u00eda papeles relativos a las haza\u00f1as de su antepasado. Oviedo los vio y con ellos perfeccion\u00f3 lo narrado por Fray Pedro Sim\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A la parte de su Historia correspondiente a la conquista de los Caracas, no se le conoce modelo cierto. El Capit\u00e1n y acad\u00e9mico Fern\u00e1ndez Duro, el editor de la impresi\u00f3n espa\u00f1ola de 1885 del libro de Oviedo, la considera como la parte efectivamente original de \u00e9l y lo mismo Caracciolo Parra Le\u00f3n en su biograf\u00eda. Mas Ar\u00edstides Rojas no la estimaba as\u00ed: en sus \u00abOr\u00edgenes Venezolanos\u00bb afirma haber existido una cr\u00f3nica hist\u00f3rica de la conquista de la Provincia de Caracas escrita en versos por un soldado poeta de nombre Ulloa, que conten\u00eda los acontecimientos de ella desde el primer viaje de Fajardo a las costas de Chuspa hasta la sumisi\u00f3n de los indios quiriquires en 1579. El ayuntamiento de Caracas favoreci\u00f3 la empresa de Ulloa pidi\u00e9ndole a Garci-Gonz\u00e1lez de Silva y a Juan Riveros que dieran datos al soldado poeta. Esta afirmaci\u00f3n del amable y eminente investigador de nuestra historia dio motivo a Gonzalo Pic\u00f3n Febres para escribir un art\u00edculo denominado \u00abEl historiador Oviedo y Ba\u00f1os fue un plagiario\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de los razonamientos de este cr\u00edtico, severos hasta el extremo, no hay tal cosa. Llamarlo plagiario indica olvido de c\u00f3mo se escrib\u00eda la historia antes del siglo XIX, aunque siendo de esta centuria, nuestro Tuc\u00eddides: el gran historiador Baralt, procedi\u00f3 de la misma manera que Oviedo. Ambos se hallaban imposibilitados de proceder con el respeto absoluto por el documento aut\u00e9ntico, por el hecho directamente tomado de las fuentes y trasmitido sin intermedio. Si hubiesen tenido ese respeto, ni Oviedo ni Baralt hubiesen podido escribir sus bell\u00edsimas y util\u00edsimas obras. La veracidad y originalidad de Herodoto tambi\u00e9n se ha negado, hasta el punto de que, para el orientalista ingl\u00e9s Mr. Sayce, el historiador griego copiaba impudentemente sin citarlos, a los log\u00f3grafos y ge\u00f3grafos anteriores a \u00e9l, especialmente a Hecateo \u00aba prop\u00f3sito del cual se comportaba como un rival de mala fe y plagiario celoso\u00bb.8 La tesis del cr\u00edtico venezolano con respecto a Oviedo es semejante a la del orientalista ingl\u00e9s respecto a Herodoto.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy probablemente existi\u00f3 la cr\u00f3nica de Ulloa \u2014quiz\u00e1s exista en alg\u00fan archivo espa\u00f1ol\u2014 y muy probablemente Oviedo la tuvo a la vista para formar la parte de su Historia correspondiente a la conquista de los Caracas y fundaci\u00f3n de la ciudad. Hay en esa parte algo que abona la intervenci\u00f3n en ella de Garci-Gonz\u00e1lez de Silva a trav\u00e9s de otra relaci\u00f3n: all\u00ed se narran sus hechos muy especialmente y se pondera su valor hasta el punto de que el mismo Oviedo duda de la verdad de alguno de ellos y hace salvedad al narrarlo, como el de la haza\u00f1a del acicate consignada en el Cap\u00edtulo XII del Libro VI, por la cual el c\u00e9lebre conquistador se libr\u00f3 \u00e9l y libr\u00f3 a su cu\u00f1ado Francisco Infante de morir a manos de los indios de T\u00e1cata. El que Oviedo no citase a Ulloa, si efectivamente ten\u00eda a la vista su cr\u00f3nica, no fue seguramente por d\u00e1rselas de original. La originalidad no se conceb\u00eda en su tiempo lo mismo que en los actuales y la costumbre de citas precisas \u2014y m\u00e1s la de un manuscrito al cual se consideraba como documento\u2014 no se ha introducido entre los historiadores y escritores sino en \u00e9poca reciente. Oviedo proced\u00eda de buena fe al aseverar que hab\u00eda revuelto los archivos de la Provincia. Debe tenerse en cuenta que su afirmaci\u00f3n se refiere no s\u00f3lo a la parte conocida de su Historia sino tambi\u00e9n a la segunda parte y en \u00e9sta no ten\u00eda modelos posibles. Para la primera, toma como fondo de su Historia lo ya narrado por cronistas anteriores y documentos a su alcance le sirven para rectificarlo. No de otra manera deben interpretarse estas frases de su \u00abPr\u00f3logo al lector\u00bb: \u00abEl trabajo que he tenido para disponer la obra ha sido grande, siendo preciso revolver todos los archivos de la provincia para buscar materiales y cotejando los instrumentos antiguos, sacar de su contexto la substancia en qu\u00e9 afianzar la verdad con que se debe hacer la narraci\u00f3n de los sucesos, pues sin dar cr\u00e9dito a la vulgaridad con que se refieren algunos, he asegurado la certeza de lo que escribo en la aut\u00e9ntica aserci\u00f3n de lo que he visto\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso absurdo de no haber laborado la materia prima de su Historia asegurando la certeza de lo escrito con el examen de documentos, seleccionar y resumir con gusto tan exacto y delicado, darle calidad superior de estilo a lo dicho por viejos cronistas y elevarlo a materia art\u00edstica perenne, es labor encomiable, as\u00ed como la de ciertos traductores que le ponen a la obra traducida el sello de su estilo. \u00c9ste es esencial y primordial en la obra de Oviedo, y muy significativo de la calidad de nuestra cultura en el comienzo del siglo XVIII. Si Oviedo pensaba hacer obra \u00fatil al escribir su Historia, como lo logr\u00f3, porque ella nos sirve para saber claramente los modos c\u00f3mo principiaron los fundamentos de nuestra nacionalidad y porque ha servido para la ilustraci\u00f3n de otros historiadores, tambi\u00e9n hizo obra art\u00edstica llena de encanto, nobleza e inter\u00e9s y ello por poseedor del don del estilo y haberlo empleado con sencillez y energ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El suyo es apropiado a la materia expuesta y tiene dos condiciones esenciales que producen ese encanto: la calidad pict\u00f3rica y la musical. Oviedo se deten\u00eda complacido en la descripci\u00f3n de ciertos cuadros en donde lo pintoresco es primordial: por ello se entretiene en la de batallas singulares, seg\u00fan el reproche de Baralt. En su Historia, si la narraci\u00f3n se lleva con justa ilaci\u00f3n y unidad, a los acaecimientos principales se les involucra pormenores que podr\u00edan abreviarse y a\u00fan darse de mano; y ello con tan fina habilidad que en vez de empecer adornan y embellecen. Podr\u00eda dar ejemplos, pero basta abrir el libro al acaso para encontrar la comprobaci\u00f3n de lo dicho. Esta manera se acent\u00faa desde el Libro V en adelante: All\u00ed comienzan a narrarse los hechos de la conquista de los Caracas y fundaci\u00f3n de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>A menudo introduce tambi\u00e9n breves reflexiones morales que le sirven para indicar con justedad las causas de las acciones y tambi\u00e9n las emplea injert\u00e1ndolas en un s\u00edmil, como en este caso: refi\u00e9rese a los r\u00edos que alimentan al lago de Maracaibo y despu\u00e9s de citar los m\u00e1s caudalosos, se expresa as\u00ed: \u00aby otros muchos, que despreciados por peque\u00f1os pasan por la suerte de desgraciados, pues como corren a la vista de poderosos ni hay quien les sepa el nombre ni quien les busque el origen\u00bb. Esta manera de referirse a cosa tan concreta como son las corrientes de agua, es sumamente ingeniosa y mueve a una sonrisa. Cabe en la clasificaci\u00f3n de Graci\u00e1n: agudeza por semejanza sentenciosa. Ambos modos de usar las reflexiones morales le dan al estilo mucho colorido.<\/p>\n\n\n\n<p>Se complace tambi\u00e9n en ver las cosas con cierto sentimiento admirativo. Se nota m\u00e1s especialmente esta calidad en la descripci\u00f3n de regiones y ciudades. As\u00ed en la de la Provincia tiende al elogio de las cualidades sin se\u00f1alar los defectos, de tal manera que da de ella una impresi\u00f3n casi paradis\u00edaca. Ya en la obra de Oviedo comienza a exagerarse la belleza y la riqueza de Venezuela. En ella muy bien pudo nuestro Cecilio Acosta hallar inspiraci\u00f3n para su lapidaria hip\u00e9rbole: \u00abAqu\u00ed son los cielos palacios de luz y de zafir; tienen los mares por asiento perlas; pisan las bestias oro y es pan cuanto se toca con las manos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese mismo concepto informa la descripci\u00f3n de Caracas. Para \u00e9l el valle avile\u00f1o es tan f\u00e9rtil como alegre, tan ameno como deleitable; \u00absu temperamento es tan del cielo que sin competencia es el mejor de cuantos tiene la Am\u00e9rica, pues adem\u00e1s de ser muy saludable, parece que lo escogi\u00f3 la primavera para su habitaci\u00f3n continua, pues en igual templanza todo el a\u00f1o, ni el fr\u00edo molesta ni el calor enfada, ni los bochornos del est\u00edo fatigan, ni los rigores del invierno afligen\u00bb. No he citado por citar solamente, sino para poner de resalto la musicalidad del estilo. Todas las frases que componen el final de este per\u00edodo son versos.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed mismo a menudo se hallan \u00e9stos al final de los p\u00e1rrafos de cada cap\u00edtulo. Cuando habla de las producciones de la Provincia, al terminar el que se refiere a ellas, dice al tratar del ganado caballar: \u00aby mulas cuantas bastan \u2014para el traj\u00edn de toda la Provincia\u2014 sin mendigar socorro en las extra\u00f1as\u00bb. Al terminar la narraci\u00f3n referente a la jornada de vuelta a Coro de los soldados de Alf\u00ednger, termina el p\u00e1rrafo respectivo haciendo alusi\u00f3n a la inutilidad de la expedici\u00f3n de aquel Gobernador de esta manera: \u00absin que de ello se siguiese otro provecho que haber dejado asoladas \u2014con inhumana crueldad\u2014 cuantas provincias pisaron\u00bb. Podr\u00eda multiplicar los ejemplos, mas al parecer \u00e9stos bastan y prueban que Oviedo le aplicaba el o\u00eddo a su prosa con grande empe\u00f1o y atend\u00eda tanto al ritmo que al fin de cada p\u00e1rrafo, por la natural excitaci\u00f3n cerebral dirigida en ese sentido, se le trasmutaba la prosa en verso.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo pintoresco, lo colorido y lo musical distinguen la prosa de Oviedo y constituyen las cualidades caracter\u00edsticas de ella. Tales cualidades provienen del ambiente literario americano en que se produjo. En Am\u00e9rica entonces se efectuaba el mismo fen\u00f3meno literario que en los siglos XIX y XX en el cual nuestras letras se han desarrollado plenamente. Si en Europa, especialmente en Francia y Espa\u00f1a, de donde vienen directamente las influencias directrices de nuestra literatura, aparece el romanticismo, aqu\u00ed se dan obras con esa caracter\u00edstica; y lo mismo el naturalismo y realismo, parnasianismo, simbolismo; y llegamos as\u00ed a la \u00e9poca presente de surrealismo, si de surrealistas pueden calificarse las producciones de varios poetas del momento. Toda \u00e9poca tiene su modernismo. El de la de Oviedo estaba constituido por una conjunci\u00f3n del culteranismo y el conceptismo cuyos resultados eran, tanto en la prosa como en el verso, las tres cualidades enunciadas. Las generaciones de la \u00e9poca no conceb\u00edan que el verso o la prosa fueran buenos si no las pose\u00edan; y se aplicaban con m\u00e1s o menos \u00e9xito, seg\u00fan los grados de talento y capacidad de trabajo, a conseguirlas. La prosa de Oviedo es una manifestaci\u00f3n elevada de ellas. Aunque el culteranismo y el conceptismo son dos contrarios en esencia y en sus manifestaciones puras: G\u00f3ngora y Quevedo, ambos son elementos del barroquismo general de la \u00e9poca y en el trascurso de ella se mezclan y confunden. El m\u00e1s sutil y entendido de los conceptistas, Graci\u00e1n, admiraba al m\u00e1s espl\u00e9ndido de los culteranos: G\u00f3ngora, y hallaba sus poes\u00edas apropiadas a la teor\u00eda de aquella escuela. \u00abAgudeza y arte de ingenio\u00bb lo cita como ejemplo y lo tiene por el poeta m\u00e1s agudo e ingenioso de su tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el culteranismo fuese como lo considera el genial don Marcelino Men\u00e9ndez y Pelayo \u2014quien lo sent\u00eda como una heterodoxia literaria\u2014, y como lo consideran sus seguidores, una poes\u00eda toda palabras huecas y humo y bombolla, no hubieran podido juntarse y buscarse las dos escuelas, mas D. Marcelino pecaba de apasionado. Una diatriba vehemente, llena de vivos reproches y a\u00fan con alguna tergiversaci\u00f3n, le dedica a G\u00f3ngora y al gongorismo en la \u00abHistoria de las Ideas Est\u00e9ticas en Espa\u00f1a\u00bb; y, sin embargo, en G\u00f3ngora a\u00f1adidas a las de un gran l\u00edrico, hab\u00eda las mismas cualidades que el gran cr\u00edtico e historiador le halla a Graci\u00e1n: originalidad de invenci\u00f3n, estro sat\u00edrico, bizarr\u00eda de expresiones nuevas y pintorescas; vida, movimiento y efervescencia continua de imaginaci\u00f3n. El G\u00f3ngora de las \u00abSoledades\u00bb y el \u00abPolifemo\u00bb, lo mismo que Graci\u00e1n, ata de&nbsp; pies y manos el juicio, sorprendiendo por raras ocurrencias y excentricidades y pudo exagerar el gusto hasta el punto de derrochar un caudal de ingenio como para ciento. G\u00f3ngora a D. Marcelino le ataba el juicio y le desataba la vehemencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con raz\u00f3n l\u00facida, Her\u00e1clito, el remoto fil\u00f3sofo griego, afirma que en su desarrollo los seres y las cosas fluyen como la corriente de un r\u00edo. La vida es movimiento: todo crece, se desarrolla y muere, todo marcha, mas no siempre en progreso, en muchas ocasiones el espacio en el cual puede moverse es limitado; y as\u00ed en una \u00e9poca se presenta en la evoluci\u00f3n de una de las manifestaciones componentes de la vida espiritual, una modalidad determinada y le sucede otra cuyos elementos son distintos y contradictorios de los de la anterior. Luego se vuelve a la primera manifestaci\u00f3n, despu\u00e9s se repite la contradictoria y as\u00ed a trav\u00e9s de las edades. Ello ocurre con el concepto que informa las artes y las letras. Despu\u00e9s de la \u00e9poca cl\u00e1sica griega aparece la alejandrina; despu\u00e9s de la edad de oro latina: Virgilio, Horacio, Tito Livio, aparece lo que se ha llamado la decadencia: Ovidio, los S\u00e9necas, Lucano. Despu\u00e9s del florecimiento equilibrado de las letras en Europa, se presentan el marinismo, el eufuismo, el preciosismo, el gongorismo y conceptismo. Todo ello depende de una ley natural e ineludible.<\/p>\n\n\n\n<p>La lucha entre los contradictores de las escuelas extremas resultantes del barroquismo espa\u00f1ol: gongorismo y conceptismo, y \u00e9stas, fue larga e hizo correr mucha tinta, impelida por la vehemencia, como sangre en una cruenta batalla. Al fin vencieron las extremas izquierdas literarias: Am\u00e9rica entonces ya formaba parte de la corriente de las letras europeas y era conceptista y gong\u00f3rica. La mejor y m\u00e1s ingeniosa po\u00e9tica culterana fue escrita por el lime\u00f1o Andr\u00e9s Espinosa Medrano, \u00abApolog\u00e9tico\u00bb del \u00abPolifemo\u00bb y de las \u00abSoledades\u00bb. Don Pedro de Peralta y Barnuevo, uno de los m\u00e1s ilustres escritores coloniales peruanos, contempor\u00e1neo de Oviedo, policient\u00edfico, ling\u00fcista, poeta e historiador, se gastaba al escribir caudales de gongorinas altisonancias. Nuestro Oviedo, bien enterado de las cosas literarias de su tiempo, no pod\u00eda dejar de hallarse influido por esa manera de escribir.<\/p>\n\n\n\n<p>A un lector ordenado que comience a examinar el libro por el principio, le dar\u00eda la Historia de Oviedo la impresi\u00f3n de entrar en una barroca selva literaria. Hallar\u00edase primero con la dedicatoria del autor a su hermano D. Diego Antonio de Oviedo y Ba\u00f1os, entonada hasta el punto de que pudiera tenerse por pedantesca, si el buen gusto de Oviedo no lo hubiese contenido en l\u00edmites justos y si no tuviese al final el bell\u00edsimo s\u00edmil del cual ya hemos hablado, de comparar la ofrenda a su hermano con la del vaso de agua que presentaron tres capitanes a David. Luego hallar\u00eda la Aprobaci\u00f3n del Licenciado D. Manuel Isidoro de Mirones y Benavente: documento pedantesco sin atenuantes; se encontrar\u00eda con las poes\u00edas laudatorias en las cuales interesan especialmente y son las mejores las del Can\u00f3nigo Alonso Escobar y la de Ruy Fern\u00e1ndez de Fuenmayor. El Can\u00f3nigo segu\u00eda definidamente la escuela en boga, mas se muestra airoso en el manejo del ritmo; algunas de sus cuartetas son elegantes y es curioso que su lectura recuerde la celebrada enumeraci\u00f3n de Bello en su Silva para describir las producciones de la zona t\u00f3rrida. Tambi\u00e9n Fuenmayor manej\u00f3 el octos\u00edlabo en su loa con habilidad y soltura: ambos muestran que la cultura po\u00e9tica entre nosotros en esa \u00e9poca de la colonia era avanzada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, el barroquismo que podr\u00eda impresionar al ordenado lector imaginado se atenuar\u00eda al comenzar a leer la prosa misma de Oviedo. \u00c9ste, contenido por el asunto y dirigido por un notorio buen gusto, supo moderar las extravagancias de la escuela dominante: en \u00e9l los adornos no exceden del fondo de la narraci\u00f3n ni la empecen.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se hallasen los originales de la segunda parte de la Historia, podr\u00edan entonces comprobarse de modo palpable en Oviedo las condiciones esenciales al historiador: en ella hubo de obtener por s\u00ed mismo, sin intermediarios, la narraci\u00f3n, sac\u00e1ndola de documentos y tradiciones; ya en este caso se encontraba sin gu\u00eda. Mas de esta segunda parte, ofrecida por Oviedo expl\u00edcitamente en el final de la primera, no podemos hablar sino por conjeturas y el \u00fanico problema que ella plantea es el de su existencia. Algunos dicen haber visto y le\u00eddo el manuscrito. Ar\u00edstides Rojas afirma su destrucci\u00f3n por un miembro de la familia Tovar en el siglo XIX. Una nota del historiador Francisco Javier Yanes en un ejemplar de la edici\u00f3n de Navas Sp\u00ednola, puede interpretarse como si Yanes lo hubiese visto, mas es evidente que no lo utiliz\u00f3 al escribir su historia de Venezuela.9<\/p>\n\n\n\n<p>H\u00e1llase fuera de discusi\u00f3n el que esa segunda parte fuese publicada. El autor de las \u00abLeyendas Hist\u00f3ricas\u00bb en \u00abUn mito biogr\u00e1fico\u00bb demostr\u00f3 de manera palmaria que nunca lo fue. Entremos ahora en el campo de la duda y pregunt\u00e9monos si fue escrita. La dificultad de realizaci\u00f3n de ella era mucho mayor que la de la primera. La imaginaci\u00f3n de Oviedo y su facilidad de estilo hall\u00e1banse en este caso supeditadas por la materia y su organizaci\u00f3n y por la escasez y mediocridad de los hechos salientes. En este punto hab\u00eda estado muy a sus anchas en la primera parte. Hab\u00eda en \u00e9l posiblemente un elemento de decepci\u00f3n y falta de est\u00edmulo para continuarla: en las primeras l\u00edneas del cap\u00edtulo I de la primera parte, al decir los motivos por los cuales emprendi\u00f3 la tarea de escribirla, expresa que le asist\u00eda el conocimiento de que hab\u00eda de ser poco agradecida de los que deb\u00eda ser m\u00e1s estimada. No obstante, no cabe duda de que la realizara dado el car\u00e1cter empe\u00f1oso de Oviedo y sus muchas afirmaciones respecto a los trabajos de haber revuelto los archivos de la Provincia. En la Aprobaci\u00f3n del Licenciado Mirones hay un p\u00e1rrafo muy significativo a este respecto:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn el cuerpo de la Historia se han ofrecido ocasiones en que las haza\u00f1as de los antepasados de la nobil\u00edsima familia con quien se halla aliado, o las piadosas memorias que fund\u00f3 el Ilustr\u00edsimo Se\u00f1or D. Diego de Ba\u00f1os, dign\u00edsimo Obispo de Caracas, t\u00edo del autor, dejaren correr la pluma a los elogios; pero arregl\u00e1ndose a la ley <em>Neque suspicio gratiae sit in scribendis<\/em>, en igual fiel, sin que a su \u00e1nimo lo alterasen los v\u00ednculos del parentesco, ha sabido publicar sin distinci\u00f3n, seg\u00fan el m\u00e9rito de cada cual, lo que la fama en el templo del honor debe manifestar para su gloria.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>En la primera parte no tiene Oviedo oportunidad para hacer el elogio de los antepasados de la familia con quien se hab\u00eda aliado, ni de las piadosas memorias de su t\u00edo el Obispo. Mirones parece haber visto la segunda parte de la Historia y probablemente cuando escribi\u00f3, no record\u00f3 bien lo que hab\u00eda le\u00eddo en una parte y en otra: as\u00ed pues, si los originales existen todav\u00eda, quiz\u00e1s se hallen en Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha estimado como la dificultad principal para la publicaci\u00f3n de la segunda parte, y a ello se ha atribuido su destrucci\u00f3n, el que entre los acontecimientos notorios de la Provincia en el siglo XVII est\u00e1n los de las competencias entre Obispos y Gobernadores, sobre todo las de Fray Mauro de Tovar y Ruy Fern\u00e1ndez de Fuenmayor. Entre estos acaecimientos hubo uno doloroso e interesante como materia para una novela, en el cual el Obispo extrem\u00f3 sus rigores contra una familia cuyos miembros principales eran partidarios del Gobernador y enemigos personales del Obispo.<\/p>\n\n\n\n<p>Oviedo era persona prudente y cuidadosa del buen nombre de las familias notables de Caracas; y muy probablemente no se extender\u00eda en este asunto. Asimismo han procedido, a\u00fan hoy, varios historiadores, cuanto m\u00e1s Oviedo perteneciente a la familia del Obispo y amigo de descendientes de la tan duramente tratada por aqu\u00e9l. Verdad es que en la primera parte no tuvo inconveniente en narrar expl\u00edcitamente la vil conducta del Alcalde de Borburata y de su yerno, con respecto al Tirano Aguirre, de los cuales hab\u00eda en Caracas descendencia en los tiempos de Oviedo. M\u00e1s hay que tener en cuenta que esos hechos hab\u00edan sido narrados antes por Fray Pedro Sim\u00f3n y no ata\u00f1\u00edan a la familia del historiador. Por esto me he inclinado a creer inexacta la afirmaci\u00f3n de Ar\u00edstides Rojas relativa a la incineraci\u00f3n de los originales de la segunda parte; y aqu\u00ed llego hasta manifestar la esperanza de que una b\u00fasqueda intensa y bien dirigida dar\u00eda por resultado el hallarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, con este estudio no he pretendido \u00absacar de la cisterna del olvido\u00bb la ilustre memoria de Oviedo: ya otros lo han hecho con tino y belleza; s\u00f3lo he deseado con \u00e9l aportar un tosco guijarro al edificio de la gloria del padre de la historia venezolana. As\u00ed se ha llamado tambi\u00e9n a Herodoto en relaci\u00f3n con la historia universal. M\u00e1s de una semejanza le he hallado al pr\u00f3cer historiador caraque\u00f1o con el halicarrnasense lue\u00f1e y perenne. Al hacer este acercamiento hay, sin embargo, que guardar las distancian entre la madre de las ciencias y de las artes del mundo occidental y una aldea asentada en un mundo incipiente a las orillas de un mar de nombre apenas conocido en la geograf\u00eda hist\u00f3rica, y entre un escritor, s\u00edmbolo glorioso de Grecia extraordinaria y magn\u00edfica, y uno a quien buscamos justamente glorificar en nuestro peque\u00f1o mundo intelectual vern\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>Herodoto fue padre de la historia, porque la sac\u00f3 de los dominios de la epopeya y de la logograf\u00eda y le dio ciertos caracteres, plenamente logrados luego por Tuc\u00eddides y Polibio. Mas \u00e9stos no los hubiesen alcanzado si antes no hubiese escrito su obra el autor de \u00abLos nueve libros de la Historia\u00bb. H\u00e1llase \u00e9ste a medio camino entre los log\u00f3grafos y los historiadores efectivos. As\u00ed mismo Oviedo est\u00e1 entre los cronistas y Baralt, a quien m\u00e1s atr\u00e1s llam\u00e9 nuestro Tuc\u00eddides, pensando ya en esta equiparaci\u00f3n, y los historiadores actuales. Todos para informarse de los hechos de la conquista recurrieron a su obra, sobre todo Baralt, el cual en ocasiones dej\u00f3 entre los per\u00edodos de su estupenda prosa, frases de Oviedo por su hermosura y porque conven\u00edan lindamente a la armon\u00eda de aqu\u00e9llos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cronistas vieron con ojos espa\u00f1oles los hechos narrados por ellos; Oviedo los mira con ojos venezolanos. En las reflexiones que de cuando en cuando inserta en su narraci\u00f3n est\u00e1 el inter\u00e9s y el sentido del criollo y, sobre todo, am\u00f3 esta tierra y dej\u00f3 demostraci\u00f3n de ello escribiendo su Historia como no lo hicieron otros venezolanos por nacimiento y con ra\u00edces venezolanas m\u00e1s hondas en el tiempo. El gusto por el estilo sugerente y adornado es cosa muy venezolana y se repite en la historia literaria con caracteres muy definidos: los escritores m\u00e1s glorificados entre nosotros son los que gustan del saboreo de la palabra. Oviedo por su vida y por el hecho esencial de ella es un venezolano t\u00edpico y su gloria nos pertenece.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 CARACCIOLO PARRA, <em>La Instrucci\u00f3n en Caracas<\/em>, 1567-1725.<\/p>\n\n\n\n<p>2 PARRA LE\u00d3N, op. cit.<\/p>\n\n\n\n<p>3 Luis A. SUCRE, <em>Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>4 En un libelo de 1734, de Pedro Garc\u00eda de Segobia, apoderado de labradores, pulperos, arrieros y le\u00f1adores, quienes representaban contra unos impuestos creados por el Ayuntamiento de Caracas, de acuerdo con una Real C\u00e9dula, para la construcci\u00f3n de dos puentes: uno sobre el Caroata y otro sobre el Catuche, en los alegatos, entre otras cosas en apoyo de que los tributos no se deben imponer en las cosas precisas y necesarias en cuya producci\u00f3n y venta se entiende la gente pobre, se dice que s\u00f3lo los morenos, los pardos, los forasteros y los blancos pobres concurr\u00edan a la llamada a alguna expedici\u00f3n militar (toque de cajas) cit\u00e1ndoseles con sus armas, p\u00f3lvora, municiones suficientes y mantenimientos todo a su costo. Si esto ocurr\u00eda en 1734, no dejar\u00eda de ser lo mismo en a\u00f1os anteriores. Los soldados de a pie ser\u00edan sin duda de las clases indicadas por Segobia. Del expediente en donde se halla ese libelo posee una copia el Dr. Vicente Lecuna, quien se la ha facilitado al autor de estas l\u00edneas<\/p>\n\n\n\n<p>5 <em>Rese\u00f1a Hist\u00f3rica de la Real Hacienda en Venezuela<\/em>. JULIO C. BOLET, <em>Bolet\u00edn de la C\u00e1mara de Comercio de Caracas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>6 V\u00e9ase a FERN\u00c1NDEZ DURO, ap\u00e9ndices de su edici\u00f3n de la <em>Historia de Oviedo y Ba\u00f1os.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>7 Tomado de un <em>Resumen de la Historia de Venezuela<\/em>, de ANDR\u00c9S BELLO, citado por JUAN VICENTE GONZ\u00c1LEZ en su <em>Historia del Poder Civil.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>8 <em>Historia de la Literatura Griega<\/em>, por ALFREDO y MAURICIO CROISET.<\/p>\n\n\n\n<p>9 V\u00e9ase <em>Bibliograf\u00eda Venezolanista<\/em>, de MANUEL S. S\u00c1NCHEZ.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-planchart-loynaz\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Planchart El prop\u00f3sito de hacer un elogio de Oviedo y Ba\u00f1os y de contribuir a mantener viva su memoria ilustre, para restarle siquiera adarmes de verdad a su afirmaci\u00f3n de que el trabajo de sacar a luz las acciones de los fundadores de Venezuela, hab\u00eda \u00abde ser poco agradecido por los que deb\u00eda ser [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":7080,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7079"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7079"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7079\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16943,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7079\/revisions\/16943"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7080"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7079"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7079"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7079"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}