{"id":7062,"date":"2022-12-28T00:20:24","date_gmt":"2022-12-28T00:20:24","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7062"},"modified":"2024-08-05T21:29:30","modified_gmt":"2024-08-05T21:29:30","slug":"rastro-general-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rastro-general-seleccion\/","title":{"rendered":"El rastro del general (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Juan Manuel Parada<\/h4>\n<p><strong>El rastro del general<\/strong><\/p>\n<p>El General, despu\u00e9s de girar la manzana del rev\u00f3lver, tir\u00f3 del gatillo y cerr\u00f3 los ojos apunt\u00e1ndose la sien. Al chasquido hueco y fallido le sigui\u00f3 la brisa caliente que bailaba en sus orejas. Sudaba la nariz del General, esa nariz aguile\u00f1a que con tanto orgullo elev\u00f3 en su \u00e9poca de gloria. Porque un General como \u00e9l debi\u00f3 levantar la nariz, la barbilla y la pistola cuando enfrent\u00f3 al enemigo.<a name=\"more\"><\/a><\/p>\n<p>Se levant\u00f3 a cerrar la ventana. Mir\u00f3 por encima de los arbustos que bordeaban la carretera y clav\u00f3 la vista en el sembrad\u00edo que se extend\u00eda m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>-Cabr\u00f3n.<\/p>\n<p>Dijo desganado cuando un caballo se detuvo en frente y el jinete lo mir\u00f3 por debajo del sombrero. Sab\u00eda el General que hab\u00eda un solo hombre capaz de mirarlo as\u00ed, un solo cabr\u00f3n que no teme. Y lo matar\u00eda otra vez, y otra m\u00e1s y otra y otra, porque un cabr\u00f3n es cabr\u00f3n hasta despu\u00e9s de morirse y se merece un balazo en el cielo de la boca.<\/p>\n<p>Se zamp\u00f3 un trago de ron y volvi\u00f3 sobre la silla. Por un momento sinti\u00f3 que todo le era ajeno, tanta medalla y diploma, tanta foto en la pared con ministros y mujeres. Y record\u00f3 el General sus largas guerras y haza\u00f1as. Im\u00e1genes aceitosas que le inflamaban el pecho. Como la vez que invit\u00f3 a los treinta guerrilleros, disque para negociar, disque para la amnist\u00eda\u2026 y habiendo firmado el trato dio una se\u00f1al a la tropa para que los masacraran. Porque un ganador se inclina sobre la espalda de otros, pensaba entonces el General cuando lo condecoraban o le ascend\u00edan de rango, y ah\u00ed \u00e9l, con sus bigotes espesos y esos lentes tan oscuros luciendo la charretera que brillaba bajo el sol.<\/p>\n<p>Entonces se arrellan\u00f3 y evit\u00f3 cerrar los ojos cuando record\u00f3 la frase que le dijo ese cabr\u00f3n antes que lo fusilaran. No porque temiera el General, era fastidio m\u00e1s bien de recrear la imagen de un rastro de sangre dibuj\u00e1ndole los pasos, ese arrollo viscoso que le segu\u00eda a toda hora desde que se despertaba. Y se le manchaba la hacienda de sangre por todas partes, y si algo odiaba el se\u00f1or era el desastre y el caos. As\u00ed fue que consigui\u00f3 llegar donde hab\u00eda llegado, acallando al bullicioso, aplastando a los alzados.<\/p>\n<p>Encendi\u00f3 una vela y apag\u00f3 la lamparilla. Le gustaba acompa\u00f1arse de las sombras. Era como si cada objeto cobrara vida debajo de su mano al ponerle fuego a la mecha. Esa sensaci\u00f3n de poder, ese sentirse creador le reconfortaba un poco.<\/p>\n<p>Cuando la fetidez le envolvi\u00f3 el rostro, retorn\u00f3 sobre el recuerdo. Entonces hab\u00eda atrapado a los nueve revoltosos que se resist\u00edan al orden, enemigos de la patria a los que atrap\u00f3 en la selva. Revive con nitidez cuando vio que uno de ellos, el m\u00e1s joven, se cag\u00f3 en los pantalones. \u00a1Culicagao pues, tir\u00e1ndosela de patriota! pens\u00f3 con burla y le hizo arrodillarse. Se lami\u00f3 el bigote negro y, mir\u00e1ndole por encima de los lentes, le peg\u00f3 un tiro en la sien, porque el miedo le da asco, mucho m\u00e1s que cualquier cosa.<\/p>\n<p>Mira las balas sobre el escritorio y se dice que ahora s\u00ed deber\u00eda cargar el arma. No soporta la humedad en el culo y en las piernas, ni el olor a mierda que le aprieta la nariz y, aunque le hiere saberse as\u00ed, indefenso, aminorado, le place que despu\u00e9s de todo el destino est\u00e1 en sus dedos.<br \/>\nVuelva a girar la manzana del rev\u00f3lver.<\/p>\n<p>-Dispara cobarde.<\/p>\n<p>Le dice levant\u00e1ndose del suelo con la cara partida a golpes, el morral terciado al hombro y los ojos dilatados. El General se limpia el sudor encendiendo un cigarrillo. Lo mira a trav\u00e9s del humo y se guarda la pistola. Sabe que ya no puede humillarlo, que no le teme a la muerte. Ni los cad\u00e1veres abaleados, ni las torturas, ni \u00e9l, le hacen que tenga miedo.<\/p>\n<p>-Cabr\u00f3n.<\/p>\n<p>Masculla el General entre dientes dej\u00e1ndolo a sus espaldas. No querr\u00eda matar con sus manos a un cabr\u00f3n que no le teme. Pero antes de salir escuch\u00f3 la sentencia que lo persigui\u00f3 por siempre, esa, la de un rastro viscoso dibuj\u00e1ndole los pasos, sigui\u00e9ndole a todas partes, delatando su maldad. Luego, en el pared\u00f3n improvisado para el fusilamiento, el tipo lo mir\u00f3 con un asco que le dio risas al General.<\/p>\n<p>Ahora, con el pa\u00f1al repleto de mierda y las piernas orinadas, se pegar\u00eda un balazo justo al lado de la oreja. Porque un General como \u00e9l deb\u00eda morir con honor.<\/p>\n<p>Cuando la manzana dej\u00f3 de girar y sub\u00eda el arma hacia su cabeza con el dedo en el gatillo, una mujer lo detuvo, sin mucho af\u00e1n, como acostumbrada a ese juego de la pistola sin balas. Y una vez m\u00e1s, en manos de la criada fiel, el anciano General se deja limpiar el culo y cambiar los pantalones, callado y sumiso, asqueado por la hediondez y por el rastro de mierda que va dejando a su paso.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p><strong>Un tal Numas<\/strong><\/p>\n<p>Cuando Numas oy\u00f3 las botas de los militares hundi\u00e9ndose en las hojas secas que cubr\u00edan el camino, sinti\u00f3 una grieta en su centro. Se hab\u00eda alejado del grupo para contemplar la llanura entregado a las reflexiones, y el sol, cortado a la mitad por la l\u00ednea del horizonte, extend\u00eda su sombra hasta m\u00e1s all\u00e1 del recuerdo, donde yacen los temores. Los compa\u00f1eros se replegaron sabana adentro apenas sintieron al enemigo, tal como Numas les indic\u00f3 seg\u00fan los principios de la guerra asim\u00e9trica. Todos, menos Zapata, se deslizaron en una canoa hacia las entra\u00f1as del r\u00edo; pero Numas, contradiciendo sus propias \u00f3rdenes, fue capturado por no correr.<\/p>\n<p>Ahora, encerrado en un calabozo, Numas despierta de la golpiza. Las primeras luces del d\u00eda se cuelan por los agujeros del techo y se aferra a ellas como a la verdad m\u00e1s concreta de su vida. De no tener esas miserias de luz, piensa, caer\u00eda en un abismo absoluto y denso como el olvido.<\/p>\n<p>Porque si a algo le teme (o eso pens\u00f3 hasta ayer) es a pasar por la vida como uno m\u00e1s en el arroyo humano de la historia; simple fecha de nacimiento, sin rostro ni rastro.<\/p>\n<p>Zapata, quien se hab\u00eda trepado a un sam\u00e1n, vio regresar a los militares arrastrando a Numas como a un perol. No pod\u00eda creer que lo hubieran atrapado. \u201cSin \u00e9l se jode la lucha\u201d<em>, <\/em>pens\u00f3. Numas se abandona a la idea de que fue un acto de gallard\u00eda cubrir a los suyos mientras hu\u00edan, pero recuerda c\u00f3mo se le agrietaron las convicciones apenas oy\u00f3 a los soldados. Solt\u00f3 el fusil y, con un tropel de gemidos en la garganta, se arrodill\u00f3 clavando los ojos en las botas sucias del capit\u00e1n; a las que parec\u00eda rogarles un golpe, \u201cpero por favor me perdonan\u2026 ya s\u00e9 que estuvo mal alzar a los campesinos\u2026 me golpean y resuelto\u201d. Y cuando recibi\u00f3 la patada en el pecho, casi se sinti\u00f3 feliz de que no fuera un balazo.<\/p>\n<p>Ahora, tirado sobre su espalda, duda de las convicciones que lo sosten\u00edan en la lucha por las tierras; ambiciones, tal vez: esa necesidad de trascender, de dejar el oficio de periodista para ser como Fabricio, como Argimiro o el Che; piensa Numas adolorido, y se da cuenta de que quiso imitar sus vidas pretendiendo ignorar sus muertes.<\/p>\n<p>En ese momento los hombres, liderados por Zapata, planean su rescate entre tragos de aguardiente y porciones de chim\u00f3: \u201cSin \u00e9l se jode la lucha\u201d<em>, <\/em>repite Zapata y, masticando una rama seca que cogi\u00f3 del matorral, les cuenta c\u00f3mo Numas enfrent\u00f3 a los militares, hiriendo a varios, matando a uno, hasta que qued\u00f3 sin balas y fue capturado cuando casi le corta el cuello al capit\u00e1n que los lideraba. Los hombres, emocionados con la historia, estaban resueltos a hacer el asalto para rescatar al l\u00edder. Nadie como ellos conoc\u00eda esas sabanas, ning\u00fan militar pod\u00eda moverse en la noche como lo har\u00eda un llanero, ni navegar el r\u00edo en medio de la oscuridad con la habilidad de ellos.<\/p>\n<p>En cosa de horas la historia de c\u00f3mo Numas enfrent\u00f3 a los militares corri\u00f3 por la llanura, creciendo de rancho en rancho, inflam\u00e1ndose en sus bocas: \u201cNumas les cort\u00f3 el cuello a casi todos los soldados\u201d. \u201cLleg\u00e1ndoles por detr\u00e1s cuando menos lo esperaban\u201d. \u201cSe enfrent\u00f3 a una tropa tan solo con su pu\u00f1al\u201d. \u201cLo cogieron, cansado y herido, luego de cruzar el r\u00edo, nadando\u2026\u201d.<\/p>\n<p>\u201cPero pens\u00e1ndolo bien (se dice Numas comprobando con el tacto los hematomas en la cabeza, la sangre en su cara, los labios rotos) si me sum\u00e9 a esta causa fue movido por ideales. El problema (se sigue diciendo el hombre que yace en el suelo, sudoroso y febril) es que tu lucha estaba en el diario, con los art\u00edculos y la novela. \u00bfC\u00f3mo te atreviste a tomar las armas, t\u00fa, hombre de teor\u00edas, repleto de libros? M\u00edrate ahora, resquebrajado y solo\u2026 porque si lo piensas bien, ellos huyeron como cobardes; en verdad les ordenaste no combatir frente a frente, replegarse, \u00a1pero no dejarte solo!, a ti, quien los visibiliz\u00f3 con los reportajes y luego organiz\u00e1ndolos en milicias. Qu\u00e9 ingenuo, Numas, si quer\u00edas trascender era mejor la novela; con ella, aunque hubieras revelado los asesinatos de campesinos, no tendr\u00edas ning\u00fan problema. Ya sabes que en ese pacto con el lector, hasta lo cruel se hace bello; incluso, la misma \u00e9lite que atacas hoy te llevar\u00eda en sus hombros, porque una novela es inofensiva, Numas, es masturbaci\u00f3n est\u00e9tica. Un fusil, en cambio, desaf\u00eda sus bolsillos. (Se arquea y vomita. Est\u00e1 tembloroso, demasiados golpes en la cabeza y el est\u00f3mago). No, Numas, otra vez equivocado. Coger el fusil fue correcto \u00bfacaso olvidas la miseria que viste cuando los entrevistabas? \u00bfY la muerte de El\u00edas, en la primera invasi\u00f3n? \u00bfPod\u00eda una novela redimirlos? \u00bfY qui\u00e9n me redime a m\u00ed? \u00a1T\u00fa mismo! Cuando vengan a interrogarte les escupir\u00e1s el rostro y no dir\u00e1s una palabra. Tu camino a la redenci\u00f3n es que antes de ser fusilado puedas mirar a sus ojos, orgulloso, porque no vendiste a nadie. Morir\u00e1s limpio, y aquel arrebato de miedo que presenciaron los militares se esfumar\u00e1 en sus cigarros\u201d.<\/p>\n<p>Numas sigue vomitando y oye unas pisadas cerca del calabozo. Vienen por \u00e9l, y aunque conoce los mecanismos de los que se valen para obtener informaci\u00f3n, se pone en pie y alza el rostro. Cuando abren el portal la luz abarca cada rinc\u00f3n. Ve una silueta humana recortada bajo el dintel, flanqueada por otros hombres a los que tampoco se les distingue m\u00e1s all\u00e1 del uniforme. Imagina que lo llevar\u00e1n en un helic\u00f3ptero y lo arrojar\u00e1n al mar, luego de clavarle alfileres bajo las u\u00f1as o atenazar sus tetillas; a\u00fan as\u00ed no hablar\u00e1. Sabe que mientras m\u00e1s intensa sea la tortura m\u00e1s inmaculada ser\u00e1 su muerte. Pero otra vez el v\u00f3mito le hace arquearse y esta vez descubre, gracias a la luz, sangre. Recuerda las s\u00faplicas de la noche anterior cuando ped\u00eda con los ojos que lo golpearan, y se siente tan asqueado que desea un balazo ya. Pero el milico se da la vuelta y cierra el portal tras de s\u00ed, neg\u00e1ndole tambi\u00e9n ese derecho.<\/p>\n<p>Numas se desploma y, arropado por la penumbra, se desangra poco a poco. Sue\u00f1a una y otra vez con su propio fusilamiento y con un interrogatorio donde le cortan la lengua porque no delata a nadie; pero en los segundos de lucidez se descubre muriendo como un cobarde, sin derecho a redimirse, pasando al olvido como uno m\u00e1s en el arroyo infeliz de la historia, como el tal Numas que tuvo miedo. Desde el momento en que el capit\u00e1n decidi\u00f3 no torturarlo, dej\u00e1ndolo morir de muerte, pas\u00f3 al estado donde se rebasa el dolor f\u00edsico del martirio y se ingresa al dolor moral. El final se le viene encima y tiene la certeza de una vida plana, cuyo \u00fanico relieve fue el temor que lo dobleg\u00f3 la tarde que lo agarraron. Mientras eso reflexiona, el capit\u00e1n juega cartas con los soldados y Zapata planifica un rescate peligroso que no llega a concretar.<\/p>\n<p>Pero en cada persona que escuch\u00f3 la historia de aquel hombre y su cuchillo, del tal Numas que enfrent\u00f3 a los militares cuando nadie se atrev\u00eda, germina el mito del h\u00e9roe, del m\u00e1rtir que seguir\u00e1 inspir\u00e1ndoles la lucha.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-manuel-parada\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Manuel Parada El rastro del general El General, despu\u00e9s de girar la manzana del rev\u00f3lver, tir\u00f3 del gatillo y cerr\u00f3 los ojos apunt\u00e1ndose la sien. Al chasquido hueco y fallido le sigui\u00f3 la brisa caliente que bailaba en sus orejas. Sudaba la nariz del General, esa nariz aguile\u00f1a que con tanto orgullo elev\u00f3 en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":7063,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7062"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7062"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7062\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12620,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7062\/revisions\/12620"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7063"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7062"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7062"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7062"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}