{"id":7024,"date":"2022-12-20T00:23:30","date_gmt":"2022-12-20T00:23:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=7024"},"modified":"2023-11-24T18:23:54","modified_gmt":"2023-11-24T18:23:54","slug":"nuevos-modelos-canonicos-en-el-cuento-modernista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/nuevos-modelos-canonicos-en-el-cuento-modernista\/","title":{"rendered":"Nuevos modelos can\u00f3nicos en el cuento modernista"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"autor\" style=\"text-align: right;\">Douglas Boh\u00f3rquez<\/h4>\n<p class=\"normal\">Como sucede con otros g\u00e9neros (la poes\u00eda, novela, la cr\u00f3nica, el ensayo), el modernismo reformula los c\u00e1nones del relato en Hispanoam\u00e9rica. Nada escapa a la crisis y a la cr\u00edtica de las formas. El cuento modernista deriva por supuesto de la noci\u00f3n de relato costumbrista y naturalista pero implica a la vez una profunda modificaci\u00f3n y re-estructuraci\u00f3n del mismo. Con el modernismo se operan cambios fundamentales en la noci\u00f3n de literatura y en la noci\u00f3n de intelectual. Este tiende hacia una conciencia cr\u00edtica de su oficio y hacia una cierta profesionalizaci\u00f3n del mismo, lo cual incide en un cambio esencial en las pautas o c\u00e1nones de la elaboraci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p class=\"normal\">El narrador modernista ya no quiere y no se conforma solo con relatar historias. Desea escribirlas, configurar un arte y una po\u00e9tica que otorgue belleza, consistencia est\u00e9tica y literaria a esas historias. Quiere algo m\u00e1s que describir \u201ccuadros\u201d de la vida p\u00fablica y social o construir escenas m\u00e1s o menos \u00e9picas o pintorescas, rom\u00e1nticas, de un paisaje id\u00edlico o buc\u00f3lico. Ser\u00e1 as\u00ed como el relato se convierte en cuento, en escritura narrativa, lo que implica un artesanado de la forma narrativa en la medida en que precisamente el escritor modernista va creando una po\u00e9tica, un nuevo arte de narrar que genera, frente al costumbrismo, al naturalismo, frente la est\u00e9tica del romanticismo un nuevo canon est\u00e9tico y literario.<\/p>\n<p class=\"normal\">Este nuevo canon confiere a los discursos narrativos una progresiva autonom\u00eda literaria, a trav\u00e9s precisamente de una cada vez m\u00e1s acentuada conciencia art\u00edstica de la forma. Lo que denominamos cuento en su acepci\u00f3n moderna en Hispanoam\u00e9rica es por lo general, un g\u00e9nero h\u00edbrido que se constituye como tal, a partir precisamente de una conciencia cr\u00edtica de las formas. El cuento modernista supone un trabajo del discurso sobre la base de una an\u00e9cdota, que se expande hacia nuevos territorios de la imaginaci\u00f3n, de la sensibilidad, de los sentidos. Esto va aparejado con un nuevo rol social que el escritor va a ocupar en las sociedades hispanoamericanas, que aunque de un modo desigual entre s\u00ed y con respecto a Europa, se modernizan [2]. En el \u00e1mbito est\u00e9tico sin embargo, a\u00fan cuando el modernismo supone una trasgresi\u00f3n y relectura del archivo de la tradici\u00f3n, su configuraci\u00f3n, sabemos, no es unitaria o monol\u00edtica.<\/p>\n<p class=\"normal\">En Venezuela, como en general ocurre en Hispanoam\u00e9rica, el proceso del cuento modernista acusa al menos, dos tendencias o c\u00e1nones principales. Una tendencia o canon esteticista que podr\u00edamos representar en dos figuras modernistas esenciales: Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez (1871 &#8211; 1927) y Pedro Emilio Coll (1872 &#8211; 1947) y un canon o tendencia m\u00e1s bien social y\/o sat\u00edrica representada en la destacada y controversial figura de Rufino Blanco Fombona (1874 &#8211; 1944).<\/p>\n<p class=\"normal\">Las antolog\u00edas y la cr\u00edtica literaria venezolana especializadas los asumen como autores fundacionales de nuestra modernidad literaria, dado el car\u00e1cter renovador de sus escrituras, lo que implica por lo tanto la postulaci\u00f3n de un nuevo canon y una nueva est\u00e9tica para el relato en Venezuela. En este criterio coinciden algunos de los m\u00e1s reputados y prestigiosos analistas de nuestra literatura como Mariano Pic\u00f3n Salas, Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina, Domingo Miliani o Dilwyn Ratcliff [3], entre otros . A\u00fan cuando pudieran se\u00f1alarse otras significativas figuras del relato modernista venezolano, como Pedro Cesar Dominici (1872 &#8211; 1957) o cercanos al modernismo como Julio Rosales (1885 &#8211; 1970) estos tres autores representan de modo emblem\u00e1tico estas dos tendencias divergentes de la narrativa modernista venezolana. Lo corrobora de este modo la ya cl\u00e1sica y rigurosa Antolog\u00eda del Cuento Venezolano de Guillermo Meneses que abre sus p\u00e1ginas con la selecci\u00f3n de un cuento de cada uno de estos tres autores [4].<\/p>\n<p class=\"normal\">Para Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez la significaci\u00f3n m\u00e1s profunda del modernismo se vincula a un cierto re-descubrimiento de la naturaleza y de la condici\u00f3n m\u00edstica del ser humano [5]. En este sentido para \u00e9l el nuevo canon del modernismo, que involucra una reacci\u00f3n frente al naturalismo y al positivismo, es ante todo un canon espiritual, implica la recuperaci\u00f3n de una belleza m\u00edstica, del esp\u00edritu. Toda su prosa renovadora es, en buena medida, persecuci\u00f3n de una nueva est\u00e9tica que debe surgir de una revelaci\u00f3n del \u201calma\u201d de los seres, de las cosas, de la naturaleza. Sus Cuentos de Color (1899) quieren ser expresi\u00f3n de esa suerte de estado interior, m\u00edstico, que pueden ocultar y configurar momentos, sujetos, situaciones.<\/p>\n<p class=\"normal\">As\u00ed, el cuento inicial de este libro, denominado \u201cCuento Azul\u201d narra la historia de dos religiosos (un monje y una beata) que, habi\u00e9ndose amado intensamente, intentan purificar sus vidas a trav\u00e9s del retiro asc\u00e9tico, religioso. La simbolog\u00eda m\u00edstica del azul, color emblem\u00e1tico del modernismo, est\u00e1 ligado aqu\u00ed, como es obvio, a la idea de purificaci\u00f3n, de ascetismo. Refiri\u00e9ndose al monje, el narrador se\u00f1ala que \u201cPoco a poco limpi\u00f3 su alma hasta dejarla blanqu\u00edsima y pulcra como las paredes de su celda\u201d [6]. Se trata pues, de una historia de amor m\u00edstico narrada con un leve tono de iron\u00eda. La muerte de los dos amantes y su ascensi\u00f3n al cielo, rodeados de \u00e1ngeles y v\u00edrgenes, parece significar un juego par\u00f3dico con toda una literatura medieval, religiosa y con respecto a la literatura rom\u00e1ntica, idealizante del amor er\u00f3tico, carnal.<\/p>\n<p class=\"normal\">\u201cCuento Rojo\u201d es tambi\u00e9n un cuento de tema amoroso. Renzi, uno de sus personajes centrales, es un artista seductor que se enamora de Irma, una bella acr\u00f3bata de circo que ha llegado de Mil\u00e1n. El rojo alude a la violencia de una escena amorosa entre Renzi e Irma pero es tambi\u00e9n y fundamentalmente un s\u00edmbolo pict\u00f3rico. Detr\u00e1s de la violenta escena amorosa est\u00e1 la escena de una pintura cl\u00e1sica. Dir\u00edamos que el cuento ha sido concebido como el juego de dos discursos o \u201ccomposiciones\u201d est\u00e9ticas. La escena pasional, rom\u00e1ntica, se mira ir\u00f3nica y par\u00f3dicamente en la escena pict\u00f3rica, en el \u201cfresco pintado en el cielo del saloncito en el que un s\u00e1tiro as\u00f3mabase por entre unos rosales&#8230;[y] debi\u00f3 re\u00edr con la m\u00e1s sarc\u00e1sticas de sus muecas al ser testigo de aquella tr\u00e1gica escena humana\u201d [7].<\/p>\n<p class=\"normal\">Tambi\u00e9n en \u201cCuento Blanco\u201d, relato de la memoria y la nostalgia, le interesa a D\u00edaz Rodr\u00edguez, a trav\u00e9s del personaje de la Abuela, del juego de sus sensaciones y percepciones, construir un universo afectivo y emocional. Sus relatos, vemos, ya no son s\u00f3lo descripciones \u00e9picas o meras narraciones de acontecimientos. Se quieren ejercicios de escritura po\u00e9tica, fundados en la memoria personal, en la inteligencia sensitiva. \u201cAzul p\u00e1lido\u201d rompe el canon del relato tradicional que se centra en la narraci\u00f3n de una an\u00e9cdota para desplegarse como un mon\u00f3logo interior, como una met\u00e1fora reflexiva sobre el amor. Este, como en general ocurre en el modernismo, se asimila al azul, representaci\u00f3n simb\u00f3lica de la infinitud, de la pureza, de lo celestial.<\/p>\n<p class=\"normal\">Pero tambi\u00e9n este reiterado \u201cazul\u201d de D\u00edaz Rodr\u00edguez parece dialogar con diversos matices expresivos de la pintura cl\u00e1sica. En efecto los t\u00edtulos de cada uno de estos cuentos tienen una evidente significaci\u00f3n pict\u00f3rica y emotiva. Son c\u00f3digos de un saber pict\u00f3rico, aluden a una cultura cl\u00e1sica, human\u00edstica, a la par que responden a un juego de relaciones entre sensaci\u00f3n, percepci\u00f3n y emoci\u00f3n. En este sentido el modernismo de estos Cuentos de Color concibe la cultura y la literatura misma como di\u00e1logo de formas y percepciones emotivas. Si bien los modelos son los de la pintura y cultura cl\u00e1sicas, \u00e9stos son asumidos desde una subjetividad que se abre a lo sensorial, a un diverso registro de emociones y percepciones est\u00e9ticas y espirituales. Esto hace de la escritura modernista de D\u00edaz Rodr\u00edguez una escritura de la ambig\u00fcedad, del juego de sentidos y significaciones, que se opone abiertamente al canon del relato naturalista y\/o costumbrista y por lo tanto al canon de un realismo documental.<\/p>\n<p class=\"normal\">A D\u00edaz Rodr\u00edguez le interesa el proceso mismo de la creaci\u00f3n, desde su concepci\u00f3n emotiva o mental hasta su realizaci\u00f3n como pr\u00e1ctica de escritura [8]. En \u201cRojo P\u00e1lido\u201d el personaje, un escritor procedente de la ciudad, se recluye en la soledad de una casona rural para planificar y escribir su obra. Hay ya en \u00e9l la idea y la praxis del escritor como artesano de la forma, como profesional del oficio. Sus cuentos, como este \u201cRojo P\u00e1lido\u201d pueden ya expresar significaciones metaficcionales. Este cuento, a la vez que insiste en el tema amoroso, es tambi\u00e9n una reflexi\u00f3n sobre la condici\u00f3n humana del escritor, desgarrado entre sus pulsiones creadoras y sus deseos amorosos. Tambi\u00e9n la m\u00fasica cl\u00e1sica y la mitolog\u00eda grecolatina son c\u00f3digos que se entrelazan en la plural y a veces par\u00f3dica trama de sentidos de estos cuentos. As\u00ed por ejemplo el \u201cCuento verde\u201d se desdobla en otro discurso narrativo, de car\u00e1cter m\u00edtico, que refiere el origen de la m\u00fasica. La an\u00e9cdota se convierte pues, muchas veces, en D\u00edaz Rodr\u00edguez, en un pretexto de escritura po\u00e9tica y aleg\u00f3rica. La an\u00e9cdota contin\u00faa imantando al lector, en esa suerte de relaci\u00f3n encantatoria que le es propia a todo relato, pero sabemos que tras de ella se esconde una preocupaci\u00f3n esencial en torno al trabajo de la forma.<\/p>\n<p class=\"normal\">Y es precisamente la f\u00e1bula lo que le otorga a estos cuentos de D\u00edaz Rodr\u00edguez su car\u00e1cter aleg\u00f3rico, en la medida en que sirve a\u00fan a criterios de orden did\u00e1ctico o moralizante. En \u201cCuento verde\u201d un amigo narra a otro, la f\u00e1bula de la conversi\u00f3n mitol\u00f3gica de la bella Siringa en flauta, para que huya de la seductora voz de Teresa Marzuchelli y evite as\u00ed ser pose\u00eddo por el \u201cmaleficio\u201d de su belleza. Tambi\u00e9n el cromatismo de estos Cuentos de color involucra una retoma y re-escritura par\u00f3dica de t\u00f3picos, colores y formas can\u00f3nicas de la literatura y pintura cl\u00e1sicas. Lo constata en este mismo \u201cCuento verde\u201d la visi\u00f3n cl\u00e1sica, pict\u00f3rica (idealizada) del paisaje natural y la presencia de Teresa Marzuchelli como mujer fatal [9]. As\u00ed, el paisaje se ha transfigurado en D\u00edaz Rodr\u00edguez en un \u2018estado de alma\u2019: expresa las percepciones y matices emotivos de los personajes. M\u00e1s que la condici\u00f3n rural o urbana de \u00e9stos, importa la situaci\u00f3n sensorial, an\u00edmica y la \u201ccomposici\u00f3n est\u00e9tica\u201d que dibujan.<\/p>\n<p class=\"normal\">Pedro Emilio Coll, de alg\u00fan modo lo hemos indicado, es otra de las figuras fundacionales del modernismo venezolano. Su obra narrativa, aunque m\u00e1s bien breve, se ajusta a una b\u00fasqueda que apunta a la concisi\u00f3n y perfecci\u00f3n formales. Uno de sus cuentos m\u00e1s conocidos \u201cEl diente roto\u201d revela la iron\u00eda y escepticismo propios de su escritura. Centraremos nuestra atenci\u00f3n en su libro El paso errante (1948), selecci\u00f3n de algunos de sus cuentos y ensayos m\u00e1s connotados [10]. Observador y lector atento de la cultura y la literatura europeas y particularmente francesa de su tiempo, tal como lo reflejan sus ensayos y cuadernos de notas, para Coll el modernismo fue fundamentalmente un arte de la percepci\u00f3n emotiva, de la captaci\u00f3n sensible del mundo. As\u00ed, refiri\u00e9ndose a Baudelaire observa que \u201clo bello, lo misterioso, lo tr\u00e1gico cotidiano y contempor\u00e1neo es el verdadero modernismo\u201d [11]. Su b\u00fasqueda, como en D\u00edaz Rodr\u00edguez, se funda en la representaci\u00f3n del mundo interior, en transfigurar eso que \u00e9l denomina un cambiante y sinuoso \u201cpaisaje del alma\u201d, que da raz\u00f3n de ser a su po\u00e9tica. \u00c9sta se abre a un amplio, moderno y diversificado espectro de lo bello. Para Coll el escritor es un inestable viajero de s\u00ed mismo (de all\u00ed el t\u00edtulo El paso errante) que toma nota de su errancia interior, de las \u201csensaciones fugaces\u201d que el conocimiento de s\u00ed mismo y del mundo exterior le permiten captar.<\/p>\n<p class=\"normal\">Sus ensayos pueden adquirir un tono narrativo o sus relatos en muchas ocasiones tienen un matiz reflexivo e ir\u00f3nico, lo que nos hace pensar en su obra como una manifestaci\u00f3n de literatura h\u00edbrida, que recurre al di\u00e1logo de g\u00e9neros para expresar su heterogeneidad y diversidad. De este modo sus \u201cSoliloquio I\u201d y \u201cSoliloquio II\u201d a\u00fan cuando predomina en ellos el tono ensay\u00edstico, adquieren la forma de mon\u00f3logos o tragicomedias en los que el autor adopta la m\u00e1scara de Arlequ\u00edn y Mefist\u00f3feles para reflexionar ir\u00f3nicamente en torno a la condici\u00f3n misma del escritor concebido como sujeto sensible que observa y capta sensorialmente el espect\u00e1culo del mundo. Escuchemos a Arlequ\u00edn en una suerte de ir\u00f3nica enunciaci\u00f3n metaficcional:<\/p>\n<p class=\"cita\">Si el autor me ha escogido para anunciar esta tragicomedia sin pies ni cabeza, como la vida, d\u00e9bese tal vez a que su pensamiento es tan abigarrado como mi traje, hecho seg\u00fan sab\u00e9is, con recortes y desperdicios de lujosos vestidos. [12]<\/p>\n<p class=\"normal\">Estos \u201cSoliloquios\u201d revelan pues la admiraci\u00f3n de Pedro Emilio Coll por las figuras reflexivas, pero tambi\u00e9n carnavalescas, tragic\u00f3micas de Arlequ\u00edn y Mefist\u00f3feles y expresan el modo de ser de una obra que se desliza constantemente de la representaci\u00f3n est\u00e9tica, narrativa, figurativa, a la reflexi\u00f3n de tono filos\u00f3fico, ensay\u00edstico, lo cual involucra como es evidente, una trasgresi\u00f3n de los c\u00e1nones del relato realista tradicional (costumbrista, criollista, naturalista). Estos textos, a la vez que admirativos y un tanto eleg\u00edacos, proponen adem\u00e1s una cierta iron\u00eda con respecto a la figura del escritor que adopta las m\u00e1scaras de Arlequ\u00edn y Mefist\u00f3feles y debe ocuparse de \u201cseres anodinos cuya sed de goce se colma con una gota de agua azucarada&#8230;\u201d [13]. Fausto es representado par\u00f3dicamente a partir del modelo de Goethe, como un deseoso insaciable que busca saberlo y poseerlo todo. La producci\u00f3n de Pedro Emilio Coll, m\u00e1s que expresarse en un g\u00e9nero determinado (ensayo, relato o comedia) es siempre una escritura culta, alusiva, oblicua, que avanza en una suerte de experimentaci\u00f3n h\u00edbrida, postulando as\u00ed un canon o modelo textual novedoso en relaci\u00f3n a la forma y mecanismos narrativos tradicionales o institucionales de su momento.<\/p>\n<p class=\"normal\">Pedro Emilio Coll no quiere narrar ni describir el mundo, quiere m\u00e1s bien interpretarlo. Y la trasgresi\u00f3n de los c\u00e1nones y g\u00e9neros formales (relato, ensayo, cr\u00f3nica) le sirve a este prop\u00f3sito, pues lo que busca no es instituir un modelo sino practicar un arte de la percepci\u00f3n y de la composici\u00f3n art\u00edstica. De all\u00ed que apele a ese humor ir\u00f3nico y par\u00f3dico que le permite reelaborar formas y repensar los c\u00e1nones del realismo tradicional. Sus cuentos ya no son fieles representaciones de la realidad. \u00c9l mismo los denomina \u201ccuentos imaginarios\u201d en la medida en que desean fundarse en la imaginaci\u00f3n, en la posibilidad del sue\u00f1o, en un sentido del humor que, aunque apele a\u00fan al lenguaje e imaginario de lo rural o popular evade el tono y car\u00e1cter edificantes propios del realismo costumbrista. La cr\u00f3nica y la parodia constituyen ya parte esencial de esta re-elaboraci\u00f3n imaginaria de lo real.<\/p>\n<p class=\"normal\">Este car\u00e1cter h\u00edbrido de una escritura narrativa que se desliza subrepticiamente entre lo real y lo ficticio puede en ocasiones incluso adquirir un tono cuasi fant\u00e1stico tal como ocurre en \u201cCuentos del Padre\u201d, perteneciente a la trilog\u00eda de \u201cLas Divinas Personas\u201d en el que los personajes (el Eterno, el \u00e1ngel Azael, Sat\u00e1n, Job) aluden par\u00f3dicamente a los c\u00e1nones b\u00edblicos, o como ocurre en el \u201cCuento del Hijo\u201d, perteneciente a la misma trilog\u00eda, en el que un personaje, la negra Higinia, tiene sue\u00f1os y revelaciones divinas.<\/p>\n<p class=\"normal\">Tambi\u00e9n en el cuento \u201cOpoponax\u201d, suerte de parodia con respecto a los c\u00e1nones del romanticismo de fin de siglo, el personaje Andr\u00e9s comienza a recordar cuando cre\u00eda ver \u201cel espectro de su padre\u201d y rememora las visiones er\u00f3tico-fant\u00e1sticas que en Paris tuvo de mujeres y \u00e1ngeles en el nocturno y cuasi on\u00edrico \u00e1mbito de una taberna de Montmartre.<\/p>\n<p class=\"cita\">Andr\u00e9s se sent\u00f3 junto a una mesa de m\u00e1rmol&#8230; un perfume intenso se extendi\u00f3 de pronto cerca de \u00e9l, como si un frasco de opoponax se hubiese derramado sobre sus labios, aspirando aquel aroma carnal, Andr\u00e9s vio a su lado una mujer alta y ondulante, la boca pulposa, c\u00e1rdenas las ojeras, los pechos arrogantes levantaban el abrigo de pieles siberinas, de donde emerg\u00eda una cabeza de \u00e1ngel boticellesco que la org\u00eda hubiese desgre\u00f1ado&#8230; [14]<\/p>\n<p class=\"normal\">Estas visiones er\u00f3ticas, cuasi fant\u00e1sticas que ocurren en Paris contrastan concientemente con la descripci\u00f3n realista del paisaje de una Caracas semi &#8211; rural, custodiada, encerrada entre monta\u00f1as. Coll, como parte del asunto de cuento, trae a colaci\u00f3n una discusi\u00f3n entre j\u00f3venes &#8211; intelectuales sobre pintores realistas y pintores fant\u00e1sticos, en la que se alude a una traducci\u00f3n que supuestamente har\u00e1 Andr\u00e9s de los peque\u00f1os poemas en prosa de Charles Baudelaire. Este cuento tiene mucho de cr\u00edtica ir\u00f3nica y par\u00f3dica con respecto al ambiente afrancesado de los j\u00f3venes escritores modernistas venezolanos de inicio del siglo XX, pero tambi\u00e9n de cr\u00edtica par\u00f3dica a la literatura de tono egl\u00f3gico, pastoril que a\u00fan se escribe para esos a\u00f1os y que se expresa a trav\u00e9s de la carta que env\u00eda Sergio a sus amigos.<\/p>\n<p class=\"normal\">Los cuentos de Coll ya no son relatos en un sentido can\u00f3nico, tradicional, apuntan m\u00e1s bien a la configuraci\u00f3n de lo que Barthes denomina textos, que puestos en relaci\u00f3n con los c\u00e1nones del romanticismo y realismo costumbristas propios del siglo XIX, resultan novedosos precisamente por su dise\u00f1o h\u00edbrido, por la b\u00fasqueda formal y la experimentaci\u00f3n y el juego ir\u00f3nico y par\u00f3dico que implica su elaboraci\u00f3n como escritura fundada en la percepci\u00f3n y captaci\u00f3n sensorial de lo real.<\/p>\n<p class=\"normal\">Rufino Blanco Fombona (1874-1944) representa la vertiente divergente del nuevo canon esteticista que postula el modernismo en Venezuela y en general en Hispanoam\u00e9rica. En este sentido, m\u00e1s que un esteta se nos antoja un moralista pues a diferencia de D\u00edaz Rodr\u00edguez y de Pedro E. Coll le interesa la literatura m\u00e1s como un discurso \u00e9tico &#8211; pol\u00edtico, que como discurso obsedido por el cuidado de la forma. A\u00fan cuando comparte con ellos un mismo gusto por lo cosmopolita y un mismo af\u00e1n y admiraci\u00f3n por la belleza, su concepto de la literatura involucra una prevalencia de lo vital frente a lo puramente est\u00e9tico [15]. Es precisamente este desaf\u00edo de ese modernismo esteticista su particular posici\u00f3n frente al canon, su manera de entender y practicar el cuento, lo que quisi\u00e9ramos destacar.<\/p>\n<p class=\"normal\">Si D\u00edaz Rodr\u00edguez y Pedro E. Coll hacen del cuento un instrumento de realizaci\u00f3n art\u00edstica, un registro de ideas y un modo de percepci\u00f3n sensorial, muy cercano a la sensibilidad europea, los Cuentos Americanos [16] de Blanco Fombona resultan m\u00e1s bien \u00e1speros, aut\u00f3ctonos e incluso imperfectos. En ese universo de formas y actitudes heterog\u00e9neas que fue el modernismo, sabemos que D\u00edaz Rodr\u00edguez y Pedro E. Coll convergen en lo que podr\u00edamos considerar un rasgo caracterizador del modernismo can\u00f3nico hispanoamericano como lo fue la voluntad de estilo.<\/p>\n<p class=\"normal\">Es frente a esa voluntad de estilo que se define por la b\u00fasqueda obsesiva de la perfecci\u00f3n formal que los Cuentos americanos de Rufino Blanco Fombona nos resultan \u201c\u00e1speros\u201d e \u201cimperfectos\u201d. Es esta \u2018aspereza\u2019, \u2018autocton\u00eda\u2019 e \u2018imperfecci\u00f3n formal\u2019 lo que lo coloca precisamente al margen de esa tendencia esteticista que busc\u00f3 imponerse como la tendencia predominante del modernismo hispanoamericano [17].<\/p>\n<p class=\"normal\">M\u00e1s que cuentos, en tanto que universos est\u00e9ticos perfectos, acabados, estos Cuentos Americanos de Blanco Fombona pueden ser le\u00eddos como relatos en los que prevalece la experiencia de vida. Experiencia de vida que en el caso de estas narraciones involucra un modo de ser de una cultura y una posici\u00f3n \u00e9tica frente al mundo, frente a la vida. En Blanco Fombona la representaci\u00f3n de lo real se traduce en representaci\u00f3n de lo que es para \u00e9l una cultura y una identidad americanas y m\u00e1s espec\u00edficamente, en algunos de estos relatos en una identidad, un modo de ser venezolano. Advirtiendo sin embargo que no se trata de relatos costumbristas o criollistas pues hay en ellos una perspectiva m\u00e1s universal y cr\u00edtica, de b\u00fasqueda de un lenguaje propio, que los distingue de la visi\u00f3n mim\u00e9tica, a ratos localista y en general edificante, del costumbrismo y de buena parte del criollismo. Pero hay si, un desaf\u00edo de la est\u00e9tica idealizante y culterana del modernismo esteticista. Se trata de relatos que se afilian a lo que pudi\u00e9ramos considerar la tendencia americanista del modernismo.<\/p>\n<p class=\"normal\">Son relatos que a\u00fan cuando se afincan y\/o exploran un modo, unos rasgos de car\u00e1cter propios de lo venezolano, no se pierde en ellos de vista esa perspectiva de lo universal que otorga la exploraci\u00f3n tambi\u00e9n de la condici\u00f3n humana, el registro del \u201calma\u201d, de la subjetividad, de ese amplio espectro de la sensibilidad que define al modernismo como un movimiento art\u00edstico y literario universal. As\u00ed en un relato como \u201cEl catire\u201d observamos al campesino de la hacienda venezolana, trabajador y un poco maleante tambi\u00e9n, por lo que est\u00e1 tambi\u00e9n presente el registro de su personalidad. \u201cEl catire\u201d es un zagalet\u00f3n un tanto perturbador que es entregado por sus padres a una comunidad de campesinos para los trabajos propios del campo. \u201cEn la colonia [de campesinos] lo apodaron el \u2018catire\u2019 por su cabeza pelirroja, sus ojos zarcos y su rostro de blancura desva\u00edda, amarillenta y pecosa\u201d [18]. Al lado de su descripci\u00f3n f\u00edsica como empe\u00f1oso trabajador est\u00e1 tambi\u00e9n la descripci\u00f3n de su personalidad: a la vez que pon\u00eda todo su esfuerzo y empe\u00f1o en las tareas del campo entonaba \u201cal son de la guitarra, corridos y galerones\u201d [19]<\/p>\n<p class=\"titulo2\"><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p class=\"notas\">[1] Este trabajo forma parte de una investigaci\u00f3n m\u00e1s amplia que se realiza gracias al auspicio del Consejo de Desarrollo Cient\u00edfico, Human\u00edstico y Tecnol\u00f3gico de la Universidad de los Andes.<\/p>\n<p class=\"notas\">[2] An\u00edbal Gonz\u00e1lez a prop\u00f3sito de la novela modernista hispanoamericana se\u00f1ala como \u00e9sta se convierte en ficci\u00f3n de la figura del intelectual: \u201cnarraciones acerca del papel del intelectual en el mundo moderno, a la vez que reflexiones en torno a la relaci\u00f3n entre literatura y sociedad, espec\u00edficamente entre un movimiento literario, el modernismo, y la cambiante sociedad hispanoamericana en la que surge\u201d (A. Gonz\u00e1lez. \u201cLa novela modernista y los or\u00edgenes del intelectual moderno en Hispanoam\u00e9rica\u201d en La novela modernista hispanoamericana p12. Madrid. Gredos. 1987).<\/p>\n<p class=\"notas\">[3] Este cr\u00edtico se\u00f1ala adem\u00e1s la presencia en el escenario del cuento modernista venezolano de autores como Alejandro Fern\u00e1ndez Garc\u00eda, Rafael Silva y Carlos Paz Garc\u00eda (Cf. Dilwyn F. Ratcliff. \u201cModernismo: el cuento\u201d en La prosa de ficci\u00f3n en Venezuela. Trad. Rafael Di Prisco. p.183-197. Caracas. 1966. Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela). Por su parte Medina refiri\u00e9ndose al surgimiento del modernismo en Venezuela se\u00f1ala que \u201cla preocupaci\u00f3n art\u00edstica en la prosa se manifiesta en hombres como Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, Pedro Emilio Coll y Rufino Blanco Fombona, que representan la vanguardia combatiente de la nueva escuela\u201d (Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina. Noventa a\u00f1os de literatura venezolana. p12. Cronolog\u00eda y bibliograf\u00eda: Horacio Jorge Beco. Caracas. 1993. Monte Avila).<\/p>\n<p class=\"notas\">[4] Se\u00f1ala Meneses que \u201chemos colocado la zona aduanera del pasado en el hito ilustre que marca el nombre de Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez. Con este escritor se incorpora a nuestra literatura el cuento, tal como lo entendemos hoy&#8230;\u201d. Guillermo Meneses. \u201cPrologo\u201d en Antolog\u00eda del cuento venezolano. p12. Caracas. 6\u00aa edici\u00f3n. 1996. Monte Avila.<\/p>\n<p class=\"notas\">[5] Cf. Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez \u201cPar\u00e9ntesis modernista o ligero ensayo sobre el modernismo\u201d en Varios. Est\u00e9tica del modernismo hispanoamericano. Selecci\u00f3n, edici\u00f3n y presentaci\u00f3n: Miguel G\u00f3mez. Caracas. 2002. Biblioteca Ayacucho. Col. Claves de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p class=\"notas\">[6] Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez. Cuentos de Color p.8. Caracas, 1972. Monte Avila. Col. El Dorado.<\/p>\n<p class=\"notas\">[7] Ibid p.24<\/p>\n<p class=\"notas\">[8] En el sentido que semi\u00f3logos como Barthes y Kristeva le confieren a este t\u00e9rmino.<\/p>\n<p class=\"notas\">[9] Para An\u00edbal Gonz\u00e1lez hay todo un conjunto de t\u00f3picos que forman parte de lo que \u00e9l denomina el \u201ccanon de la escritura modernista\u201d. Se evidencia en la novela modernista pero tambi\u00e9n se manifiesta en otros g\u00e9neros. Esos t\u00f3picos son para Gonz\u00e1lez, entre otros: el interior, el museo, la biblioteca, la mujer fatal, el \u2018spleen\u2019 vital\u201d (Cf. An\u00edbal Gonz\u00e1lez. Ob cit p.26).<\/p>\n<p class=\"notas\">[10] Pedro Emilio Coll. El paso errante. Pr\u00f3logo: Mario Brice\u00f1o Iragorry. Ep\u00edlogos de Key Ayala y Eduardo Carre\u00f1o. Caracas. 1948. Ministerio de Educaci\u00f3n Nacional. Biblioteca Popular Venezolana.<\/p>\n<p class=\"notas\">[11] Pedro E. Coll. Modernismo y est\u00e9tica: cuaderno in\u00e9dito. Edici\u00f3n, pr\u00f3logo y notas: Hector Jaimes. Caracas. 1999. Tropykos.<\/p>\n<p class=\"notas\">[12] Pedro Emilio Coll. \u201cSoliloquio I\u201d y \u201cSoliloquio II\u201d en El paso errante. p. 12-13.<\/p>\n<p class=\"notas\">[13] Ibid. p.215.<\/p>\n<p class=\"notas\">[14] Pedro E. Coll. \u201cOpoponax\u201d en El paso errante. p.93.<\/p>\n<p class=\"notas\">[15] El 12 de abril de 1906 dice de s\u00ed, en lo que quisiera fuera al morir, su peque\u00f1a nota necrol\u00f3gica: \u201c&#8230;No se sabe si fue moral o inmoral o amoral. Pero \u00e9l se tuvo por moralista, a su modo. Puso la verdad y la belleza -su belleza y su verdad- por encima de todo&#8230; En cuanto al arte, crey\u00f3 siempre que se pod\u00eda y deb\u00eda ser original&#8230;\u201d (Rufino Blanco Fombona. \u201cCamino de imperfecci\u00f3n\u201d en Diarios de mi vida. p.152. Selecci\u00f3n y pr\u00f3logo: Angel Rama. 2\u00aa edici\u00f3n. 1991. Caracas. Monte Avila.<\/p>\n<p class=\"notas\">[16] Rufino Blanco Fombona. Cuentos americanos. Pr\u00f3logo: Oscar Rodr\u00edguez Ortiz. Caracas. Monte Avila. 1997.<\/p>\n<p class=\"notas\">[17] Jim\u00e9nez corrobora este se\u00f1alamiento \u201cNo se niega la bullente y a\u00fan contradictoria vitalidad cosmovisionaria (y tem\u00e1tica) del modernismo ni se incurre en formalismo, cuando se asume que aqu\u00e9l, el modernismo, cristaliz\u00f3 ante todo y sobre todo en una experiencia del lenguaje, en un estilo -o tal vez, con mayor precisi\u00f3n, en una definida voluntad de estilo&#8230;\u201d (Jos\u00e9 Olivio Jim\u00e9nez. \u201cEl ensayo y la cr\u00f3nica del modernismo\u201d en Varios. Historia de la literatura Hispanoamericana. Tomo II. p.540. Madrid. 1987. C\u00e1tedra.<\/p>\n<p class=\"notas\">[18] Rufino Blanco Fombona. Cuentos americanos. p.63.<\/p>\n<p class=\"notas\">[19] Ibid.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/douglas-bohorquez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Publicado en: Esp\u00e9culo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid, 2006.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Douglas Boh\u00f3rquez Como sucede con otros g\u00e9neros (la poes\u00eda, novela, la cr\u00f3nica, el ensayo), el modernismo reformula los c\u00e1nones del relato en Hispanoam\u00e9rica. Nada escapa a la crisis y a la cr\u00edtica de las formas. El cuento modernista deriva por supuesto de la noci\u00f3n de relato costumbrista y naturalista pero implica a la vez una [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":7026,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7024"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7024"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7024\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8128,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7024\/revisions\/8128"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7026"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7024"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7024"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7024"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}